mini-reseñas 2014 (I)

Publicado: 23/09/2014 12:49 por bango en críticas

Apenas tengo tiempo para nada salvo para transcribir alguna mini-reseña a vuela-pluma: 

The Machine (2013) de Caradog W. James.

Mezcla de "Blade Runner", "Terminator 3" y "Splice" (casi una precuela de todas ellas), los primeros setenta minutos de "The Machine" de Caradog W. James son realmente excelentes. No lo es tanto su conclusión, más previsible y prototípica. Pese a todo, una cult-movie a (re)descubrir urgentemente.

 

El viento se levanta (2013) de Hayao Miyazaki 

“El viento se levanta” es tan poética, romántica y deslumbrante como cabía esperar, película de inspiración clásica a propósito de un ingeniero soñador que, como ocurría en “Brazil” de Terry Gilliam, bien podía haber sido (o ser) cualquiera de nosotros, inmerso en un ecosistema repleto de elementos que no puede controlar, por ejemplo, esa capacidad auto-destructiva que nos define como especie. La tragedia personal y colectiva, en fin, planea alrededor de aquel tipo como uno de aquellos aviones de papel plásticamente idealizados que, afanosamente, se empeña en construir durante toda su vida. Suena, así mismo, a despedida. A obra final. A lección vital (y vitalista). Miyazaki ignora, como tantos otros, que en el mundo del Cine, en sus películas y personajes, en sus músicas y fotogramas, muchos de ellos embebidos de pinceladas esplendentes, no existe lugar alguno para el adiós sino para el hasta luego. Justamente eso que nos invitará a (re)visitar su obra ad aeternum.

 

Maléfica (2014) de Robert Stromberg 

"Maléfica" da (solo) un poco menos de lo que puede, y puede mucho. Y "Al filo del mañana" da mucho más de lo que tiene, y no es poco (lo que tiene). Ambos se constituyen en claros ejemplos de lo que puede dar de sí un blockbuster cuando se quiere. Y cuando se quiere se puede. Es el caso, en ambos casos, y vaya si nos alegramos.

 

The Double (2013) de Richard Aoyade 

..Y luego está "The Double" de Richard Ayoade que trata de buscar su estilo en el de otros (en el de Gilliam de "Brazil", en el de Jonze de "Como ser John Malkovich", en el de los Coen de "Barton Fink", etc.) tomando como excusa la obra homónima de Dostoievski y lo cierto es que no sale mál parado de ello ofreciendo como resultado, su película, un pastiche kafkiano singularmente auditivo en que lo sarcástico y lo pesadillesco parecen caminar en la misma dirección. No es poco, hablamos de otra de las películas del año (pasado).

 

El amanecer del Planeta de los Simios (2014) de Matt Reeves 

Más que correcta esta Amanecer el planeta de los simios (igual que ocurría con la anterior, una de mis preferidas de la saga) del más que correcto director Matt Reeves. Donde allí parecían asomar retazos de ciencia ficción de perfil humanista (sabiamente adicionado por un epílogo apocalíptico-genocida absolutamente en boga con el género distópico en la actualidad), ahora se ha convertido en puro cine de aventuras de ribetes antropológicos (y algún que otro tour de force ejemplar). En términos metacinéfilos, además, augura otra dura pugna dicotómica entre dos bastiones autorales que parecen condenados a enfrentarse más adelante, esos actores de acción real (muchos de ellos caricaturizados en exceso) con esos simios digitalizados que tan bien se expresan (y sin necesidad de usar palabra alguna) y mueven.

 

Los guardianes de la galaxia (2014) de James Gunn 

Los Guardianes de la Galaxia: Pastiche lúdico de inspiración ochentera que mezcla arbitrariamente la estética (y algunos escenarios) de Firefly (y/o Serenity) o Las Crónicas de Riddick, con el tono burlón, casi paródico, de The Ice Pirates de Stewart Raffill. Naturalmente se queda a medio camino de todo: ni resulta una space opera memorable, ni una película de aventuras exoplanetaria de perfil antropológico, ni, mucho menos, una comedia cómplice embebida de personajes carismáticos, pero cumple sobradamente con el principal propósito que la financió (y que ya anticipaban todos sus avances): dos horas de diversión en vena para todos los públicos, cimbreante y dinámica como pocas, contenida a pesar de lo que pueda parecer en un primer visionado, respetuosa para con su público potencial, incluso ingeniosa en la resolución de alguna de sus subtramas (dentro de lo que se puede y debe pedir a un producto así). Un poco al estilo de las muy reivindicables películas que de Star Trek realizara el bueno de J.J.Abrams recientemente pero con un mapache que habla en lugar de Spock, y 170 millones de dólares que también saben lucir de día... Desde luego, no es mala carta de presentación en estas lides para el director de (la nada desdeñable) Tromeo y Julieta.

 

Honeymoon (2014) de Leigh Janiak

Muy bien "Honeymoon" de Leigh Janiak, un tour de force entre recién casados (nadie discutiría su condición si no supiésemos que en realidad se trata de una ficción) que dosifica inteligentemente la aparición de sus elementos más fantásticos (y/o misteriosos) al mismo tiempo que reflexiona sobre la pareja y sus servidumbres cambiantes. Sombras acechantes, maquillajes filamentosos, auto-mutilaciones ováricas, embriones xiloformes... Una película (y una directora) a descubrir (por ejemplo, en Sitges 2014).

 

The Signal (2014) de William Eubank 

Y bien, solo, "The Signal" de William Eubank, segunda película de director de "Love" quien, como ocurría con aquélla, no acaba de concretar en un producto de veras indiscutible todas las buenas ideas (argumentales, formales, conceptuales) que siempre apunta entre líneas. Así las cosas, esta historia de adolescentes (enamorados) subsumidos en una zona stalkeriana, como ratas de laboratorio, que no dejan de hacerse preguntas sobre su cambiante condición, destaca por su decidida apuesta por resultar trascendente en cada plano, incluso cuando el argumento se fuga hacia territorios más trillados dentro del género de ciencia ficción (y acción), con Laurence Fishburne como tótem (y epítome). Como añadido, "The Signal" también se apunta a la moda de esa nueva carne postmoderna (también presente en las estupendas "Afflicted" o "Chronicle", y en la menos estupenda "The amazing Spiderman 2" de Mark Webb) protagonizada por adolescentes en plena metamorfosis hormonal (o maquinal, que lo mismo da) que acaban de descubrir, de primera mano, que el mundo de los mayores es justamente... esa misma mierda que imaginaban.

 

Boyhood (2014) de Richard Linklater

En cuanto a Boyhood, sensaciones enfrentadas. POR UN LADO, su aspecto telefilmesco, su acabado formal, la convencionalidad aparente de sus planos; taras habituales definitorias del cine de Linklater en general y de todas sus películas desde A scanner Darkly en particular. POR OTRO LADO, a) más allá de la osadía intrínseca de su propuesta que no aporta mucho más que constatar los cambios morfológicos de los protagonistas (no distintos a cualquier otra serie televisiva de larga duración tipo Aquellos maravillosos años o Cuéntame), b) la presencia, siempre agradable, de Patricia Arquette caracterizada (y peinada) como si de su personaje de la serie "Medium" se tratase (salvo por la ausencia de fantasmas, algunos tramos, y la mayoría de los encuadres y discusiones protagonizados por esa familia disfuncional me han recordando a la serie), y c) la irregularidad resultante de una narración fragmentada y episódica, HAY que reconocer al director el indudable mérito de construir a partir de los momentos de una vida (o de una infancia), y una sola idea central (ese transcurrir del tiempo que nos va modelando hasta hacer de nosotros mismos lo que "ahora" somos), una película enteramente disfrutable, reflexiva y lúcida. Realidad en vena en formato digerible que tanto gusta a cierto sector crítico, y también a mi: cada vez más acomodado en la degustación de productos light... ma non troppo.

 

Lo mejor del 2013

Publicado: 21/01/2014 09:44 por bango en críticas

"’Expediente Warren. The Conjuring’ es, de largo, la cinta de terror (y sustos) del último lustro; un ejercicio de precisión tensional absolutamente reivindicable que, literalmente, pone los pelos de punta (como bien podrían atestiguar los apoya-brazos de las butacas a las que se aferraban insistentemente los espectadores que cohabitaban a mi lado en la sala del cine, seguramente víctimas de un desperfecto cardiaco casi irreversible); pura artesanía demiúrgica de aromas y texturas clásicas (y clasicómanas) al servicio de una trama manida, sí, repleta de clichés característicos, también, que, sin embargo, no desmerecen ni uno solo de sus aciertos, casi todos referidos a la interpretación, puesta en escena y dirección. Película sorprendente a todas luces, cinta de culto por méritos propios, en realidad, la excusa reivindicativa que financia estas líneas y que consagra a James Wan no ya como uno de los directores más interesantes de su generación en cuanto a reinvención de todo un subgénero se refiere (junto a Ti West y Rob Zombie), también como un tipo capaz de llevar a cabo este propósito (con alguna excepción puntual que le perdonamos aprovechando el entusiasmo suscitado por esta película) utilizando recursos narrativos y expresivos de toda la vida". 

 

 

"Y vuelvo a ’Gravity’, sí. Que es casi lo mismo que decir que vuelvo al espacio. De hecho, es lo más cerca del espacio que voy a estar alguna vez. Después de haber superado el impacto inicial que provoca el manierismo del primero de sus planos secuencias y la constatación evidente de que el espacio tridimensional así filmado puede transformarse en un personaje más de una película (en realidad, en el protagonista sucinto de la misma por mucho que la verborrea fatalmente cómplice de Clooney y, sobre todo, los monólogos interiores o no de Sandra Bullock parezcan insistir en lo contrario), nos queda una película que, más allá de lo que ofrece argumentalmente, al menos en un plano consciente, respeta con cierto denuedo los clichés característicos de los géneros clásicos.


’Gravity’ no es una película de ciencia ficción al uso, pero sí es un thriller al uso, una cinta de suspense al uso, un drama intimista cuyo desarrollo busca una reparación existencial al uso, una película de aventuras al uso, una space movie memorable. Es un cúmulo de tantas cosas y tan virtuosamente narradas que cualquier esfuerzo, por mi parte, por minusvalorarla (mohines de Sandra Bullock incluidos) es poco menos que perder el tiempo". 

 

Leer artículo completo en septimovicio.com

De Cine y otras calumnias

Publicado: 14/08/2013 18:53 por bango en cinefilia

Malos tiempos para la lírica, también para este Cronicón, inmerso , como su dueño, en una temporada sabática que amenaza con durar más de la cuenta, si no ya convertirse en inexorable. Y es que el Cine no ha tenido mucho que decir en lo que llevamos de  verano más allá de Mud, el último trabajo de Jeff (Take Shelter) Nichols, o  de James Wan,  si bien éste lo hace en otra división, con ese refrito de expedientes de los Warren preñado de clichés y convenciones subgenéricas que, contra todo pronóstico, funciona como una película de terror rotunda, seguramente gracias a su acertada mezcla de elementos costumbristas, ambientación setentera y justas (y justificables) dosis de tensión. También habría que destacar la última película del veterano Neil Jordan, Byzantium,  que funde el espíritu (y esquemas argumentales) de, por este orden,  Entrevista de un Vampiro, Déjame Entrar y Rise: Cazadora de Sangre con ese habitual buen gusto estético-narrativo  al  que otrora nos tenía acostumbrados el director de En Compañía de Lobos.  Todas ellas sufren el acecho estival de los blockbuster de turno, con más o menos éxito, casi siempre con Marvel o DC Comics como sagaces promotores (de mayor a menor interés: El Hombre de Acero, Iron Man 3, Lobezno Inmortal), cuando no de raras (por marcianas) excepciones,  sobre el papel condenadas al fracaso, como bien podía haber sido el caso de Guerra Mundial Z de Marc Foster que, por cierto, apenas si guarda parecido con la novela que dice adaptar, o ese Pacífic Rim de Guillermo del Toro que, a su vez, supone el regreso del director mexicano a la actualidad fanófila tras haber pasado prácticamente el último lustro intentando sacar a flote sus proyectos más personales y ambiciosos; una cinta incomprendida solo a medias, ruidosa actualización del subgénero mecha (cuánto se echa de menos en esta película al Doctor Infierno, por cierto) que se beneficia, aún de forma somera, de esos esforzados añadidos lovecraftianos dispuestos estratégicamente  por el director para ganarse el plácet de cierto sector crítico. Como sus demás parientes, Pacific Rim también se empeña en destrozar, casi pornográficamente, los símbolos y edificios más representativos de las ciudades de turno, que es justamente lo que Hollywood ha venido haciendo en los últimos tiempos con el Capitolio (si bien no parece haberlo hecho con intenciones metafóricas no deja de ser significativo los denodados medios empleados para llevar a buen puerto esta idea), con dos películas de acción non sense: la primera (y más cimbreante), Objetivo: La Casa Blanca, obra y gracia del simpar Antoine Fuqua y la segunda y  peor (y ya me pesa), Asalto al Poder, por cuenta de un habitual del subgénero, Roland Emmerich,  en la que quizá sea si no su película menos subversiva sí, al menos, la más difícilmente defendible en términos analíticos y que, sin embargo,  lleva a la gran pantalla ese pensamiento casi populista de querer depurar responsabilidades a los políticos de turno, al menos desde un plano emocional (cualquier otro camino parece ya utópico),  derribando los símbolos que refrendan su estatus (precisamente, ese que generosamente le regala la propia ciudadanía cada cuatro o cinco años).    

Mientras llega la cuarta (sí, cuarta) parte del Roddick de David Twohy, uno de mis directores de cabecera con permiso de Neil Marshall (quien, por cierto,  tiene en cartera uno de sus proyectos más apasionantes de la próxima temporada: The Last Voyage of the Demeter), y la penúltima (esto es un deseo) obra de Miyazaki, que ya ha reventado las taquillas de Japón y que a buen seguro me reconciliará con el Cine de Animación de perfil alto, uno no puede permanecer al margen de lo que ocurre en el ecosistema en el que habita, casi siempre hastiado por las corruptelas lamentables que nos rodean a todos los niveles, observando, de momento desde la barrera,  cómo se destruyen sine die conquistas socio-laborales (muchas de ellas bicentenarias) en pro de intereses cada vez menos subrepticios con la connivencia paccionada de políticos de medio pelo, cazafortunas de gomina y corbata y demás vividores que, al mismo tiempo que convierten una profesión de servicio público en un cortijo privado (y/o privatizado)  tratan de reequilibrar las rentas (¿lo adivináis?) de esos mismos banqueros que ayudaron a perpetuar este nuevo modus vivendi.  Entretanto la Iglesia sigue tomando posiciones de ventaja en un campo de juegos sagazmente pergeñado por sus dadores desde hace milenios, cuan Lannisters de turno, mientras el mundo cultural se ahoga (y aburre) por falta de patrocinios y voluntad generalista; un caldo de cultivo ideal para que nuestras neuronas, cada vez más hiper-ventiladas gracias a elementos de consumo que no necesitamos, se perviertan de ideogramas conformistas, adocenados y sumisos tratando por todos los medios no ya de (r)evolucionar el mundo que nos han dejado, que es lo que nos tocaría generacionalmente,  si no de quedarnos como estamos, por muy amenazados/erosionados que sintamos nuestros cimientos existenciales.

Por fortuna, este fin de semana empieza La Liga…

Actualidad

Publicado: 24/01/2013 16:57 por bango en Otros temas

"Sobre todo examinen lo habitual. No acepten sin discusión las costumbres heredadas. Ante los hechos cotidianos, por favor, no digan: 'Es natural'. En una época de confusión organizada, de desorden decretado, de arbitrariedad planificada y de humanidad deshumanizada... Nunca digan: 'Es natural', para que todo pueda ser cambiado." Bertolt Brecht. 

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 La primera vez que supe de “8” de Raúl Cerezo no llevaba por título “8” sino “11”, y no era más que un proyecto improvisado, como el mismo cineasta confesara tiempo después,  tras una conversación casual vía msn con quien esto firma.  La idea primigenia respondía a nociones puramente kubrickianas (numerología, geometría espacial…) que, de forma sucinta, ocultaba en sus márgenes un componente social, sin duda el punto más transgresor de un argumento cuyos primeros brotes parecían dispuestos a virar, al menos conceptualmente, el sentido por el que hasta ese mismo momento había discurrido la filmografía del director, como bien sabemos, tradicionalmente desposeída de epítomes arquetípicos. Quizá buscando una liberación emocional, además de técnica, respecto de sus anteriores trabajos, el propio Cerezo me confirmaría meses después, cuando ya había dado a conocer la idea germinal a gente de su confianza (hablamos de mayo de 2006), que el proyecto, de pretensiones controladas (la duración no sobrepasaría los tres minutos, el plan de rodaje se reduciría al mínimo, etc),  respondería a lo que entonces se denominaba "cine de guerrilla” (hoy casi un anacronismo); el objetivo: microespacios internáuticos de amplia difusión pero escasa resonancia crítica (quizá debida a su condición de producto de "usar y tirar").  Cerezo prometió ese día varias cosas y, afortunadamente, sólo cumplió la última (y vaya si se lo agradezco).

Haciendo caso omiso a mis desacertadas observaciones de entonces, que abogaban por dar espacio en su filmografía a proyectos de envergadura menor cuya difusión a gran escala le proporcionaran un mayor renombre inter-pares, aquel “11“ prototípico quedó relegado al olvido rápidamente, al menos tal y como se concibiera en aquel momento, dando paso, sólo unos años más tarde, a este “8” cimbreante que ahora nos ocupa y que sólo hereda del anterior su idea de base: un cumpleaños, un deseo, un pasado reciente con el que ajustar cuentas;  de la diferencia entre ambas versiones, notable,  justamente es de lo que voy a hablaros en las siguientes líneas. 

Y es que “8” no es sólo mucho más de lo que “11” prometía, aunque se hubiera sido capaz de llevar a buen puerto las propuestas más viscerales que Raúl Cerezo insinuaba entre líneas, es la culminación evidente de un modo de entender el Cine, en su modalidad más corta, en el que cada plano (y cada composición de plano) tiene su sentido; los detalles se pulen hasta el hartazgo, también obsesivamente (no hay más que echar un vistazo a su making off); la narrativa se reinventa y se adecúa y se deforma y moldea al antojo de un director de orquesta que no sólo respeta sesudamente su entramado, también pone todo su esfuerzo para que dicho entramado llegue al espectador más inquieto en las mejores condiciones posibles. 


Ejercicio de estilo 

No tanto buscando un trabajo experimental (que tantas veces termina saboteado por soluciones narcisistas) como un ejercicio de estilo que al mismo tiempo que cuente una historia (la elección de “cuenta”, como verbo en esta frase, no es en absoluto casual) identificable como de género (o de subgéneros, habida cuenta su idiosincrasia), sirva a un propósito evocador previsto ab initio, Raúl Cerezo  e Ignacio Aguilar (como director de fotografía, uno de los principales activos de los que se sustenta el corto) conciben "8" a partir de constantes identificaciones visuales y atmosféricas de carácter nostálgicas, siempre con la década de los ochenta (o de últimos años de los setenta como se empeña en refrendar su carga cromática) como principal referente. Si en la reciente (y estupenda) Cabin in the Woods, Drew Goddard (convertido, quizá pretendiéndolo, en una suerte de émulo-puente entre Whedon y J. J. Abrams), manipula la memoria cinéfila del espectador (y los clichés a ella asociados) para completar, sinérgicamente, su propuesta filo-nostálgica, Cerezo y Aguilar evocan a la retina de ese mismo espectador recreando paisajes y atmósferas plenamente ochenteras en el plano visual, si no directa sí subrepticiamente reconocibles, desplegando todo un compendio de ornamentos narrativos y fotográficos tendentes a sumir en ese ambiente alusivo un argumento que es, pese a todo, profusamente atemporal, incluso ageográfico, en su concepción primigenia. 

Un musicometraje de terror 

La celebración (nocturna) del cumpleaños del pequeño de la familia actúa de catalizador de un entramado en forma de clímax cuyo prólogo, en justicia, podría haber pertenecido a una obra de mayor duración. Pervertida de elementos arcanos, casi siempre insinuados, que laceran y condicionan dicha reunión, la fiesta se ve rápidamente violentada por la irrupción sorpresiva de un conjuro en ciernes que amenaza con mutar, sine die, el carácter y personalidad del niño protagonista. Víctima de una dicotomía ingobernable que pretende hacer de él lo que la mitad de su familia quiere, el niño desafía a sus demonios internos (y también a sus deseos) frente a las velas de una tarta que encierra, en su naturaleza, una solución aviesamente reparadora. El argumento se (re)pliega, de este modo, alrededor de una decisión (el sacrificio de un padre que puede ser, igualmente, un maltratador o una simple víctima, la oveja negra de la familia o un quiste benigno que insidiosamente se empeñan los otros en extirpar), cuyos principales epítomes el espectador debe completar como bien quiera siguiendo el camino trazado por el director mediante sugerencias de indudable calado polanskiano. 

Preñada de resonancias musicales (hiberbolizadas convenientemente gracias a los efectos de sonido)  que remiten, al mismo tiempo, a la (proto)obra de Penderecki y a la  de Ligeti (no por casualidad, dos de los músicos habitualmente ligados a la filmografía de Stanley Kubrick), la composición barroca del valenciano Voro García (mezclada para la ocasión el equipo técnico responsable del sonido) engalana más que eficazmente  toda la narración, constituyéndose no ya sólo en la guinda de un pastel ya de por si suculento, sino en un segmento más que significativo (y goloso) de ese mismo pastel, tal es su grado de expresividad y alcance descriptivo. 

Autoría manifiesta

Escribía quien esto firma, tiempo atrás y a propósito de Escarnio, que en la obra de Cerezo "se destaca(ba), sobremanera, una composición formal severamente adulterada que reforzaba su condición de obra de terror personalísima, de cinta planificada y autoconsciente, subyugada por el protagonismo absoluto de la composición de plano y por un cierto regusto a cine de género que se niega a renunciar a su condición de (pequeña) obra de autor”. Es curioso que la mayoría de los valores allí descritos, entonces tan evidentes como hoy, se repitan, seis años después, en su siguiente trabajo, con una mayor perfección intrínseca si cabe, ofreciendo, por el mismo precio, una genial simbiosis entre fotografía, montaje (en paralelo, siempre in crescendo) y dirección, y un score musical en perfecta consonancia con las imágenes filmadas; ambos caracteres aproximan más a “8” al trabajo del animador ruso Garri Bardin que a los propios cortos musicales de Disney que parecen ser sus referentes; una rúbrica singularmente reconocible en sus dos últimos trabajos que, en segundo término, confiere a “8” de Raúl Cerezo ese cariz autoral que ya se atisbaba, más que someramente, en su obra anterior.  

No menos importante (e igualmente identificable en términos autorales) es la continua relevancia que, en sus guiones, asumen los objetos (amuletos auto-lesivos, cajas de regalos, llaves encintadas, joyeros que salvaguardan fotos ajadas, aldabas barrocas, tartas de cartón piedra, muñecos que encierran -más allá de sus costuras- cambios generacionales) que protagonizan la acción, así como la minuciosa proliferación de elementos (objetuales o no) de indudable ascendencia narrativa que enriquecen notablemente el entramado (las uñas afiladas, las manos huesudas, las miradas abyectas, las gemelas kubrickianas, las nieblas atmosféricas…), servidos en una mise en scène apabullante en la que cada plano (y cada detalle que aparece en él) adquiere por si mismo una considerable enjundia, lo que va a intensificar su disfrute en ulteriores visionados, más y cuando esa misma puesta en escena recargada se ve aderezada, vuelvo a insistir en ello, de un montaje in crescendo que dinamiza toda la acción.  

Quizá el rasgo técnico que más adecuadamente ilustra la evolución del propio Cerezo como cineasta incontestable es su control del tempo narrativo (de nuevo apoyándose en el montaje, pero también en el “fuera de plano”), no ya solo consintiendo en su narración jugosas rimas visuales (por ejemplo, el humo de las velas encadenado a la aparición repentina de la niebla), también demostrando un férreo control de la cadencia rítmica que exuda el corto hasta su misma conclusión, especialmente ejemplificada en la secuencia en el que el joven protagonista resuelve la dicotomía de marras.  Así las cosas, "8" termina por constituirse en el mejor trabajo, hasta la fecha, del director, y en uno de los mejores cortos del año (pasado); un cortometraje de apenas trece minutos de duración que no necesita en su desarrollo palabras extemporáneas ni elucidaciones subrayadas pero sí gestos y miradas cómplices de todos aquellos que lo protagonizan, y una dirección firme, y decidida, particularmente empeñada en manifestar la eficacia (y la excelencia) cinematográfica de la comunicación no verbal. Cine-Cerezo en estado puro; es decir, justo lo opuesto a lo que uno entiende por “cine de guerrilla”. 

J. P. Bango 

Al borde del abismo

Publicado: 13/07/2012 19:29 por bango en sin tema
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En el mismo borde del precipicio trata de recordar aquel tipo cómo ha llegado hasta ahí. Pero no logra recordarlo. Al menos, no lo hace con la precisión que demanda la propia situación en la que está sumido, quizá inexorablemente. Tanto le abruma encontrarse frente al abismo que ni siquiera ha reparado, hasta aquel mismo momento, que sus pies desnudos rozan abiertamente el risco, y que sus ropas, antes lustrosas, cuelgan ahora raídas y asiladas, de su enjuto cuerpo, como si ya no le pertenecieran. Piensa que si en aquel abismo hubiese existido un espejo en el que poder mirarse seguramente no se reconocería. Y a buen seguro que no le falta razón. De hecho, y aunque tampoco logra recordar el momento exacto en que ocurrió, hace ya mucho que dejó de reconocerse. A estas alturas, sin embargo, ya no le importa. Como tampoco importan los motivos que le han llevado hasta allí. O la causa. O los responsables. Si es que hay responsables. Quizá porque sabe que él es tanto o más culpable que cualquiera. Y, en cualquier caso, él y sólo él va a ser la víctima. Todavía temeroso de su destino pese a que se sabe próximo a su final, le sobrevienen numerosos recuerdos del pasado. En el primero de ellos ve a uno de aquellos tipos estampado en una foto electoral. Es un hombre estrangulado con su propia corbata, que parece de saldo, intelectual solo en sueños, barbado y paleto a partes iguales, tan mal gestor como buen amigo de aquellos que lo han alzado en su pedestal. Entonces los recuerdos se suceden de forma abrupta en la mente de aquel que mira al precipicio. De vez en cuando, cree recordar, el hombre de la barba sonríe aviesamente mientras reclama para sí aplausos que no merece antes de dar la espalda a una realidad que, por sus actos, parece despreciar continuamente. Al lado de él se acumulan hombres y mujeres preñados, de igual modo, de corbatas y de bolsos de diseño, de sonrisas falsas y de carteras rebosantes, de tarjetas de crédito o de créditos pendientes de dar a quien no puede devolverlos, mientras pugnan entre sí por hacerse con el mejor puesto en la foto. Pero en el encuadre no entran todos. Faltan aquellos que han financiado sus campañas, los que permanecen en la sombra manejando los hilos, o en el sillón del consejo de administración de turno, los directores de los periódicos que, interesadamente, les ayudan a tirar del carro, los que ciegan a la opinión pública o los que la corrompen, los que buscan jugosos contratos públicos a precio de saldo, los que pretenden comprar lo público, siempre y cuando todavía sea rentable; faltan, claro, los maridos y mujeres y niños y amigos y primos de los primos de buena parte de aquellos que, pudiendo salir en la foto o, incluso saliendo, quieren apartarse del ruido mediático para no llamar mucho la atención. Faltan, claro, los-que-no-pueden-nombrarse, con corona o sin corona, con rosario o sin rosario, con divisas en el extranjero o sin divisas en el extranjero. Faltan, también, todos aquellos que van a sacar tajada del río revuelto. Entonces, nuestro hombre se ve a sí mismo en ese mismo río revuelto, nadando a duras penas entre la corriente, tratando de evitar que la deriva lo lleve justo hasta el mismo sitio donde han ido a parar los primeros despojos, los más débiles, procurando sacar la cabeza de un lodazal cada vez más cenagoso y profundo, deseando encontrar la cordura en mitad de una bruma existencial que no sólo opaca sus neuronas, también amenaza con destruir todo aquello en lo que siempre ha creído. Naturalmente, no está sólo en su lucha. El fango rebosa de hombres caídos, de parados de larga duración, de universitarios infravalorados, de arribistas que ya no pueden volver a serlo, de jóvenes que se han visto forzados a emigrar en busca de su futuro, de tipos que ya no creen en el Futuro, de investigadores a los que les ha costado demasiado llegar a fin de mes, de becarios sobreexplotados, de funcionarios frustrados, de hombres desahuciados empeñados ad infinitum generación tras generación, de jubilados arruinados por culpa del director de una sucursal bancaria, de proyectos artísticos que se ahogan en el limbo, de cultura cercenada con propósitos caprichosos, de hombres que han perdido, antes incluso que su esperanza,  los derechos sociales, sanidad y libertad. Y es en ese mismo momento cuando nuestro amigo se da cuenta de que no ha llegado sólo al acantilado. A su izquierda y, sí, también a su derecha, esperan no menos de veinticinco millones que, como él, bordean el precipicio con sus pies desnudos. Todos tienen frío. Todos se preguntan por qué han llegado hasta allí.  Todos visten, igual que nuestro amigo, ropas desusadas, peinados de saldo, móviles de última generación, pins de greenpeace; algunos todavía mantienen a sus hijos sobre sus brazos,  tratando de evitar que no pisen el suelo húmedo; alguno, aunque son los menos, incluso osan mirar hacia atrás, quizá esperando un rescate... A todos les une el deseo de posar los dos pies en el vacío, toda vez que ya han perdido todo aquello que les quedaba justo en el mismo momento que el viento que arrecia a su espalda trae al presente la voz, quizá alentada por los mercados financieros, de ese que-os-jodan maldito. Entonces nuestro amigo siente la tentación de cerrar su puño al mismo tiempo que sus dientes y sus esfínteres y elevarlo al aire buscando la complicidad de una utopía pero enseguida se da cuenta de que ya no hace falta ningún puño al aire para dar la cara por un hombre; hace falta ese hombre y voluntad para enfrentarse al viento. Y a ese pensamiento repentino se une el pensamiento repentino de otro en idénticas circunstancias, y al de éste otro que, a su vez, se une al de otro que ni siquiera queda ya cerca de nuestro hombre, y a éstos se unen los pensamientos repentinos de aquella familia de los niños, los de aquel que esperaba el rescate, los del investigador hastiado, los del funcionario perdido, los del becario sobreexcitado y los de aquella otra chica que portaba la chapita de Greenpeace. Y así, casi sin darse cuenta, aquellos hombres van dando la espalda al abismo. Incluso comienzan a alejarse de él. Primero un metro. Luego dos. Luego cinco mil. Ahora es el tipo de la corbata el que tiene miedo. También comienzan a tener miedo aquéllos que quisieron salir en la foto...

El futuro

Publicado: 26/06/2012 14:33 por bango en cinefilia

Fragmento del guión de "Johnny cogió su fusil" de Dalton Trumbo

Le había contado su secreto. Y negándoselo, ellos le habían contado el suyo. Él era el futuro. Era una imagen perfecta del futuro y ellos temían que alguien se diese cuenta de cómo era el futuro. Ya estaban previéndolo. Estaban vislumbrando el futuro. Y en ese futuro veían la guerra. Para librar esa guerra necesitarían hombres. Y si los hombres veían el futuro, no querrían luchar. Así que enmascaraban el futuro. Mantenían el futuro en un secreto quedo, callado, letal. Sabían que si la gente poco importante, que si los insignificantes veían el futuro, empezarían a hacer preguntas. Harían preguntas y encontrarían respuestas. Y a los tipos que querían que lucharan les dirían:  "Mentirosos, ladrones, hijos de puta, no queremos combatir, no queremos morir. Queremos vivir. Nosotros somos el mundo, somos el futuro y no dejaremos que nos despedacen, digan lo que digan, den los discursos que den, escriban las consignas que escriban. Recuerden bien: Nosotros somos el mundo. Nosotros lo hacemos funcionar. Hacemos el pan, la ropa y las armas. Somos el eje de la rueda, los radios, y la propia rueda. Sin nosotros serían gusanos hambrientos y desnudos. Y no moriremos. No seremos nosotros quienes muramos, serán ustedes. Ustedes, los que nos impelen a batallar. Ustedes que nos controlan a nuestro pesar. Ustedes que harían que un zapatero matara a otro. Ustedes que harían que un trabajador matara a otro. Ustedes que harían que un ser humano que sólo quiere vivir, matase a otro ser humano que sólo quiere vivir. Si nos dicen que hagamos este mundo seguro para la Democracia lo tomaremos en serio y, por Dios y por Cristo, así lo haremos. No se equivoquen. Viviremos. Estaremos vivos y caminaremos, y hablaremos y comeremos, y cantaremos y reiremos y sentiremos y amaremos,y tendremos nuestros hijos con tranquilidad, con seguridad, con decencia, en Paz".

Kocár do Vídne (1966) de Karel Kachyna

Publicado: 08/05/2012 17:12 por bango en cinefilia
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Una pequeña obra maestra... 

Roger Corman said...

Publicado: 21/11/2011 18:14 por bango en blogs de cine

"I think that to succeed in this world you have to take chances. Many of my friends and compatriots and people who’ve started with me are here tonight, and they’ve all succeeded. Some of them succeeded to an extraordinary degree. And I believe they’ve succeeded because they had the courage to take chances, to gamble. But they gambled because they knew the odds were with them; they knew they had the ability to create what they wanted to make. It’s very easy for a major studio or somebody else to repeat their successes, to spend vast amounts of money on remakes, on special effects-driven tent-pole franchise films. But I believe the finest films being done today are done by the original, innovativef ilmmakers who have the courage to take a chance and to gamble. So I say to you: ¡Keep gambling, keep taking chances!. Thank you".

Roger Corman en su discurso de agradecimiento frente a la Academy of Motion Picture Arts and Sciences. 

Los buenos y los malos

Publicado: 12/11/2011 22:49 por bango en Otros temas


"Si yo me hubiera dedicado a la política, !oh atenienses!, hubiera perecido hace mucho tiempo y no hubiese hecho ningún bien ni a vosotros ni a mí mismo." (Sócrates)

Es una lucha implacable y no tiene visos de terminar, tampoco este año. Real Madrid y F.C. Barcelona han terminado por asentarse como los dos equipos de fútbol más poderosos de Europa; lo han sido en cuanto a presupuesto y lo han sido en cuanto a potencial y aspiraciones; desde hace poco más de un año también lo son en cuanto a rendimiento, fundamentalmente debido al carácter, insaciable, de sus entrenadores respectivos. Uno representa la dinámica, la épica, la constancia, la determinación; el otro representa la solidaridad, la lírica, la avidez, el compromiso;  uno y otro se retroalimentan, se desafían, se mejoran.  Aún subsumidos en el epicentro de un torbellino, imparable, en el que sólo uno de los dos puede resultar victorioso, ambos equipos (y entrenadores) encuentran en el oponente un espejo deformante, un rival a su altura, y se esfuerzan en dar todo lo que tienen, o dan de sí,  para superarlo. Alimentando su condición duopolista, hallan estímulos suficientes para seguir adelante, para ser mejores. El ganador lo hace para perpetuarse en la victoria; el perdedor lo hace para revertir el estado de las cosas. Y no sólo ponen (mucho) dinero, (negociadas) recalificaciones, (exquisito) talento, (irreverente) pasión y  (lógico) trabajo  en el intento;  también ponen (denodado) empeño. Así las cosas, cada año resultan obsesivamente más competitivos, cada año aspiran a más (y más quieren): no es mal ejemplo para un mundo, el del fútbol, particularmente habitado por veinteañeros y treintañeros a los que les sobra todo, especialmente despreocupación y dinero.  

En Tintín: el secreto del unicornio, un demiurgo en estado de gracia (narrativa) se auto-invita a restituir el sentido de la aventura en formato animado; el intento llega, curiosamente, a través de una involución de las constantes y de los temas que sustentaban al género  en los últimos tiempos, y llega, precisamente, de la mano del cineasta que menos cuentas le debe al cine de aventuras. No es necesario, entonces, repletar la pantalla de hipogrifos renderizados sobre un fondo azul o de leones con dejes (y andares) místicos, de criaturas mitológica-marinas de origen escandinavo  o de piratas graciosos sólo por su maquillaje: hace falta ganas de hacer un producto de Aventura, de aventura de verdad, y hacerlo. Es lo que tienen los buenos, los talentosos o los mejores: una capacidad, seguramente trabajada (suelen rodearse de otros del grupo de los mejores), que les permite superarse incluso cuando ya no hace falta, cuando ya no tienen nada que demostrar (ni a nadie),  a veces contra todo pronóstico (como ha sido el caso).

Entonces me acuerdo de las elecciones: dos facciones políticas que en realidad no son sino la cara de una misma moneda (clasista, insolidaria, oportunista) se enfrentan, así lo quieren los medios, por un cetro imaginario cuya potestad se reparten, no es casualidad, de forma periódica. No es, en fin, a quién-le-toca-esta-vez lo que se decide el 20N —el ganador ya ha sido establecido de antemano—  como la propia capacidad de quienes se presentan candidatos para demostrar, a aquellos que tienen que votarlos,  que pueden resultar competentes para afrontar (e intentar resolver) los problemas que ellos mismos han generado. Al contrario que otras profesiones y ámbitos, también en el deporte y la cultura como hemos visto,  donde los mejores obtienen su recompensa y sobresalen por méritos propios, en el ámbito de la gestión no hace falta ser bueno, ni acercarse a  esta cualidad, para ocupar el cargo más alto.  Los grandes gestores (los más formados, los que han sido ejemplares en sus respectivos ámbitos de competencia, los que mejores contactos -o labia, o suerte- tienen) prefieren las empresas privadas y todo lo que dichos cargos en dichas empresas privadas llevan aparejados: sueldos millonarios (en Euros), cuentas en Gibraltar (no necesariamente en Euros), amigos banqueros, yates de eslora inabordables, éxito social. No necesitan exponerse públicamente a los focos ni cuidar de las formas con modos impostados; no necesitan justificar ante los jueces la proveniencia (y conveniencia) de regalos extemporáneos; no necesitan recalificar suelos no urbanizables, ni construir campos de golf en el desierto; no necesitan nada porque ya lo tienen todo: lucen trajes a medida, fuman puros en la intimidad y hablan en inglés (idioma oficial en Islas Vírgenes) cuando hace falta, mientras disfrutan del (buen) fútbol en los palcos. Los malos gestores en cambio acaban en la política, ¿qué otra cosa sino podrían hacer?, donde se ven obligados a financiar su corazón arribista con promesas que nunca podrán cumplir (tampoco sabrían cómo hacerlo),  con amigos al otro lado del muro, con apoyos y favores que siempre hay que devolver, a veces incluso después de muerto, con insidias y otros juegos verbales de procedencia paleta. Los malos gestores tienen que aprender a hablar sin decir nada mientras reordenan a los suyos (y los intereses que defienden con uñas y dientes) alrededor de un logotipo, una música de saldo y una foto adulterada con un programa informático mientras esperan órdenes desde cualquier sitio (mejor si vienen escritas en alemán) para seguir perpetuando su modus vivendi; los malos gestores no sólo encuentran en la política el camino más corto hacia el éxito, y una buena (pero no rebosante) cuenta corriente, también encuentran el puesto de trabajo, vitalicio,  que exige una menor responsabilidad moral (y profesional) por las acciones que ejecutan.

Si entre los dos grandes equipos de fútbol de Europa, y en la actualidad, cada enfrentamiento se revela como un duelo ajedrecístico, de altos vuelos,  pleno de talento, esfuerzo y respuestas diversas, en la política los duelos directos se resuelven a las cartas, siempre de cara a la galería, mientras los beneficios (y pérdidas) se los llevan los de siempre.

Dentro de cuatro años volverá a ocurrir otra vez más: Steven Spielberg, seguramente más joven y vitalista que nunca, renovará las claves emocionales del cine de género de siempre y el Real Madrid y el Barça jugarán, de nuevo, otro partido del Siglo, siempre repletos de motivación, siempre tratando de mejorar gracias a su adversario, siempre ayudados por quienes más se benefician de lo que representan, mientras los malos negocian en los palcos (o en la platea) la posición preeminente en una foto. Y allí estaremos tú y yo para verlo, ocultos entre bambalinas, quizás en el paro, seguramente explotados, tratando de encontrar en el deporte o en la cultura, el grado de perfección constante que sólo se exigen, así mismos, los políticos... en sueños.

SUMARIO:


Sección Oficial:
The Tree of Life de Terrence Malick [pág. 6]
Melancholia de Lars Von Trier [pág. 12]
Sleeping Beauty de Julia Leigh [pág. 17]
Hara-Kiri: Death of Samurai de Takashi Miike [pág. 21]
L’Apollonide, Souvenirs de la maison close de Bertrand Bonello [pág. 26]
Le Havre de Aki Kaurimäki [pág. 30]
Hanezu de Naomi Kawase [pág. 34]
La Piel que Habito de Pedro Almodóvar [pág. 35]

Crónica:
Nuestro Cannes, año 2011 [pág. 42]

Una cierta mirada:
Hors Satan de Bruno Dumont [pág. 46]
Tatsumi de Eric Khoo [pág. 49]
Trabalhar Cansa de Marco Dutra y Juliana Rojas [pág. 53]
Miss Bala de Gerardo Naranjo [pág. 55]
Martha Marcy May Marlene de Sean Durkin [pág. 56]

Quincena de realizadores:
Code Blue de Urszula Antoniak [pág. 57]
Guilty of romance de Sion Sono [pág. 60]
La fin du Silence de Roland Edzard [pág.63]
My little Princess de Eva Ionesco [pág. 64]
En Ville de Valerie Mréjen y Bertrand Schefer [pág. 65]
El Velador de Natalia Almada [pág. 66]
Les Giants de Bouli Lanners [pág. 67]

Semana de la crítica:
Las Acacias de Pablo Giorgelli [pág. 68]
Avé de Konstantin Bojanov [pág. 69]

Mercado de Cine:
Tales of the night de Michel Ocelot [pág. 71]
Bullhead de Michael R. Roskam [pág. 76]
Target de Alexander Zeldovich [pág. 78]
The Divide de Xavier Gens [pág. 83]
Kill List de Ben Wheatley [pág. 84]
Underwater Love de Shinji Imaoka [pág. 85]
The Ugly Ducking de Garri Bardin [pág. 86]
Karen llora en un Bus de Gabriel Rojas Vera [pág. 88]
Essential Killing de Jerzy Skolimovski [pág. 90]
Attenberg de Athina Rachel Tsangari [pág. 94]
She Monkeys de Lisa Aschan [pág. 96]
Eternity de Sivaroj Kongsakul [pág. 98]
Amnesty de Bujar Alimani [pág. 100]
The Ballad of Genesis and Lady Jaye de Marie Losier [pág. 102]
Dharma Guns (The Succession Starkov) de F. J. Ossang [pág.104]
Hobo with a shotgun de Jason Eisener [pág. 106]

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Desde aquí podéis descargaros el número uno de la revista SEPTIMOVICIO, que contiene todo nuestro especial dedicado a la pasada edición del Festival de Cannes. También podéis visualizarlo desde CALAMEO

 

Attenberg de Athina Rachel Tsangari

Publicado: 16/06/2011 08:45 por bango en críticas
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La directora griega articula el argumento de “Attenberg” en torno a las tres relaciones afectivas que, en esta etapa de cambio inexorable, mantiene la protagonista con su mejor (y única amiga), con su padre (enfermo terminal) y con el extraño que llega a la ciudad dispuesto a erosionar (sin saberlo) los hilos que sustentan (y entretejen) las otras dos.  Vemos, entonces, a los protagonistas dialogando sobre sexo, muerte o amistad (sin hacer, necesariamente, uso de las palabras), expresarse como animales encima de una cama, escupir al paisaje de una ciudad costera teñida de humo y tonos grises, jugar al futbolín para iniciar un cortejo, hacer el amor con propósitos antropológicos, imitar el movimiento de los simios (y los andares de dos pingüinos) o tararear himnos existenciales (Hardy,  Tous les garçons et les filles) mientras cae la noche al mismo tiempo que se refuerzan y/o erosionan los lazos que les unen. Los vemos una y otra vez, en fin, enfrascados en su cotidianidad, mientras sus vidas y prioridades mutan esperando lo inevitable. 

Los primeros veinticinco minutos de “Attenberg” son, en verdad, sobresalientes, y resumen, de forma perceptible, las bondades y carácter de una película embebida de secuencias autoconclusivas, de diálogos preñados de ingenio, de canciones escogidas como parte de su score (de Suicide, de Francoise Hardy…), de interpretaciones especialmente loables (sobre todo en lo que refiere a sus dos protagonistas principales), de secuencias que exudan no pocas dosis de comicidad (singularmente exagerada en las escenas de sexo), de juegos lingüísticos (mímica incluida) y de adornos quinestésicos (el tacto y el olfato también participan ampliamente de la narración). Después se vuelve iterativa en sus hallazgos formales y tonales, y grave, pues los temas que trata lo son, mientras la sucesión de episodios diferentes que conforma el resto de su entramado deja al trasluz las limitaciones y virtudes de esta, tangencialmente provocadora, por momentos, genial, deliciosa y lúcida (muy lúcida), fábula griega.   

Essential Killing de Jerzy Skolimowski

Publicado: 27/04/2011 13:00 por bango en críticas
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A Mohammed lo vemos continuamente mediante planos cenitales tomados desde el helicóptero que lo persigue; como ocurre en “Figures in a Landscape” de Joseph Losey (con la que esta película guarda gran relación), el helicóptero se postula como testigo acechante de la huida del protagonista. Sin embargo, aquí no se pretende tanto convertir al helicóptero en un símbolo abstracto de poder (omnipotente) como subrayar la inmensidad (y paradójica belleza) del contexto que acoge a aquél que huye; hasta tal punto es evidente la dilatación del bosque que la huida termina de tornarse quimérica (y eso a pesar de que en su carrera hacia la libertad se sirve de varios medios de locomoción: un coche, un camión, un caballo…). La naturaleza hostil (más aún bajo los pies desnudos de un hombre del desierto); el afán de supervivencia unido a su propia confusión existencial; la presión que ejercen sobre él aquéllos que lo persiguen; la necesidad intrínseca de alimentarse en un medio yermo (sucedía lo mismo en “Van Diemen’s Land” de Jonathan auf der Heide) convierten al hombre (desorientado, confuso, famélico) en un ser salvaje; como tal, acecha, acosa y reduce de forma violenta a todos y cuantos hombres (y perros) se interponen en su camino. Tanto “Figures in a Lanscape” como “Van Diemen’s Land”  son referentes únicamente válidos en cuanto a su premisa de partida y parte de su desarrollo. Lo que distingue (y discrimina) Essential Killing de los dos referentes aludidos es su inequívoca vocación poética. Es ahí donde la cinta de Jerzy Skolimowski encuentra su principal foco de interés. También sus planos más bellos.  

La huida de Mohammed se ve continuamente asediada por insertos extemporáneos. Son secuencias breves e inmensamente líricas (nada que ver, entonces, con los flashbacks de perfil moralizante contenidos en películas menores como “127 horas” de Danny Boyle) que expresan momentos del pasado o del futuro o, simplemente, deseos (que casi siempre coinciden con aquellos instantes en que el sujeto pierde la conciencia). La constante presencia, en su argumento, de jabalís, renos y ciervos extraviados de su manada (no hay que olvidar tampoco la condición simbólica que el ciervo sugiere dentro de la iconografía musulmana) asimilan la condición del huido con la de una bestia perdida en un hábitat del que también es extranjero. Los perros y los hombres lo persiguen en grupo incluso en sueños (en la que es la mejor secuencia de una película trufada de ellas). Mientras, como superviviente, devora hormigas, cortezas de árboles, bayas de color rojo (con efectos psicotrópicos) o leche materna (es su secuencia más efectista) tratando de encontrar su sitio en una realidad que amenaza con exiliarlo para siempre de sus dominios; contra ella responde el protagonista, siempre a la defensiva, esgrimiendo un comportamiento violento, desaforado, instintivo. 

 

Amnesty de Bujar Alimani

Publicado: 27/04/2011 12:52 por bango en críticas
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Quienes cumplen sus penas en la cárcel permanecen casi siempre de espaldas, fuera de plano o, directamente, desenfocados mientras comparten cama y fluidos corporales, respectivamente, con Elsa y Sheptim. La ternura, el deseo o la pasión la guardan los dos últimos para sus encuentros extemporáneos al otro lado de la verja. Sus propias vidas, al margen de esta relación casual, se pervierten de soledad,  frustración y deseos insatisfechos. No queda ni un solo resquicio para el ejercicio de la libertad en una existencia, casi por entero, dedicada a la búsqueda de empleo (Elsa acaba de ser despedida de la fábrica textil en la que trabajaba); al racionamiento de la comida y de los afectos (todos dedicados a sus hijos), en un impertinente contexto protagonizado por una crisis laboral de apariencia irreparable, además de generalizada. Hay, sin embargo, quien encuentra un resquicio para la esperanza en mitad de este desolado paisaje de inseguridad social e infortunios familiares: amigos y familiares de Elsa y Sheptim les tienden la mano, cada uno como mejor puede, ayudándoles a buscar trabajo, a encontrar refugio o cobijo con los suyos; a huir de quienes les persiguen o a apreciar las bondades de un buen café cuando se toma con la compañía deseada...