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Horror

"Nothing is more fantastic than the human brain. Fear, horror, terror are in us. Rightly or wrongly, we all carry in us a felling of guilt. Cruelty flows in our blood, even if we have learned to master it... Now, a good horror films is one that best awakens our old dormant instincts". Jacques Tourneur.
Carpenter revivido
Parece que no va a volver nunca pero sus seguidores no dejamos de intuirlo en la mitad de las producciones de cine fantástico actuales. Con un agravante: sus imitadores ya no ofrecen coartada alguna ni mucho menos una máscara. Ahí nos queda The Mist, extraordinaria película de Frank Darabont, repleta de momentos plenamente carpenterianos, incluida su obsesiva fijación por Lovecraft. Pero, ocurre lo mismo con Shyamalan y El Incidente, una película imperfecta pero llena de jugosos matices y secuencias a la altura de los más grandes, especialmente de Tourneur o Alfred Hitchcock, que también acoje sustratos del Cine de Carpenter, especialmente relacionados con su espíritu. El colofón lo pone Doomsday (una cinta que dará que hablar -negativamente- pero que yo defenderé a capa y espada), la última película del gran Neil Marshall, en la obra-homenaje-a-carpenter por excelencia, repleta de un sinfín alusiones a su cine (especialmente a 1997... Rescate en nueva york), a su persona (uno de los personajes se llama Carpenter) o a los props que alguno de sus personajes (como el parche del ojo de la protagonista de evidentes reminiscencias snakepliskkianas) haría universal.

El Cine continúa su perpetuo proceso de fagocitación asimilando los dejes de aquellos que lo hicieron grande. Y Carpenter siempre fue uno de ellos. Como Hawks. Otro que debiera sentirse orgulloso de todo esto.
El hombre con rayos X en los ojos
Se prometió no ver más allá del infinito. Y no pudo cumplirlo.

Algún día os hablaré de esta extraordinaria película.
The Day the Earth Caught Fire
En El Día que la Tierra se incendió, Val Guest se olvida de Quatermass pero no de la ciencia ficción paranoica. Aquí no hay extraterrestres sino una excusa pacifista más que gozosa (el eje de la Tierra se ha girado como consecuencia de la explosión simultánea de dos bombas atómicas en ambos polos y nuestro planeta se acerca irremediablemente hacia el sol) que le sirve al bueno de Val Guest (lo he dicho más de una vez: un excelente director de Cine tremendamente infravalorado) para desarrollar una historia realista y comprometida, narrada desde un punto de vista periodístico pero sin negar la atención del espectáculo, ejemplificado aquí en los sucesivos desastres (nieblas impertinentes, tormentas eléctricas, calor infrahumano) que sirven de síntoma a la gran catástrofe que está por llegar.

El prólogo y el epílogo son excelentes. Más aún su plano final, ambiguo y honesto, con pocas dudas uno de los mejores del género. Entremedias queda la historia de amor (no exenta de cierto grado de erotismo) entre un escritor separado y una bella telefonista (magnífica Janet Munro) y un modo de entender la ciencia ficción catastrofista que haría sonrojar de vergüenza a individuos castrados de talento como Michael Bay.
Una cinta magnífica y recomendable que se merece un análisis más profundo, sin duda alguna, que el que precede a estas líneas. Otro día, quizá.
Próximamente... La Noche de Halloween...
Y Michael Myers

La gran putada
─ Al menos ha muerto por una buena causa.
─ ¿Qué causa es esa?
─ La libertad.
─ Aclárate las neuronas pardillo. ¿Crees que luchamos por la libertad? Esto es una matanza. Y si me van a reventar las pelotas por una palabra... mi palabra es "putada".

Universo Miyazaki
En preparación

¿Pío-pío-pi?
Billy Pilgrim ha volado fuera del tiempo.
Billy se ha acostado siendo un viejo viudo y se ha despertado el día de su boda. Ha entrado por una puerta en 1955 y ha salido por ella en 1941. Ha vuelto a traspasar esa puerta y se ha encontrado en 1963. Ha visto su nacimiento y su muerte muchas veces, según dice, y viaja al azar hacia cualquier momento de su vida. Eso dice.
Billy es espástico en cuanto al tiempo; no puede controlar lo que va a sucederle y sus excursiones no siempre son divertidas. Vive en constante temor, dice, pues no sabe nunca qué parte de vida le va a tocar representar al momento siguiente.

El arte y la guerra
La preservación del Arte frente a la Guerra en forma de metáfora resumidora de buena parte de la cinematografía de Frankenheimer, no sólo uno de los grandes revolucionarios del medio provenientes del mundo de la televisión, también uno de los que más hicieron para perpetuarlo en nuestras retinas.

[John Frankenheimer -en francés ]
La secuencia: Primera Plana
Hay en Primera Plana/The Front page, Billy Wilder (1974) una secuencia que me gusta especialmente.
Un hombre condenado a muerte se escapa de sus captores el día antes de su ajusticiamiento. Mientras toda la ciudad lo esta buscando, la policía aprovecha para limpiar sus trapos sucios, por ejemplo, ajusticiando a un grupo de anarquistas en mitad de la noche. Entretanto, a nuestro amigo, herido por una bala perdida, le ha dado tiempo a esconderse solo a unos metros de donde le tenían preso, en concreto, en la sala de prensa que ocupan aquellos que van a radiar/retransmitir la ejecución.
El protagonista, un periodista a punto de retirarse interpretado con pulcritud por Jack Lemmon, le ayuda a ocultarse en el buró-escritorio de uno de sus colegas de profesión, en ese momento y como los demás, pendiente de las palabras del alcalde en el vestíbulo de la prisión. El periodista promete seguir ayudándole con la esperanza de poder contar en exclusiva la historia de su huida, en realidad, pretende ir publicando noticias y entrevistas de su persona que, en último caso, pongan en evidencia la incompetencia (de otro lado manifiesta) del Marshall y del Alcalde.
El reo mancha el escritorio con su sangre que el periodista se apresta a limpiar de inmediato para que nadie se de cuenta. Para ello utiliza uno de sus pañuelos que, cuidadosamente, dobla y vuelve a introducir en su chaqueta.
Cuando el periodista dueño del escritorio llega a la sala de prensa se empeña en abrirlo para escribir su crónica. Lemmon reacciona con varias excusas dilatorias que impiden, en primer término, al otro periodista escribir su información. En ese momento, Lemmon parece controlar la situación pero una última exigencia obliga al escritor a abrir definitivamente su buró. Cuando el reo está a punto de ser descubierto por el grupo, el personaje interpretado por Lemmon, reacciona súbitamente poniendo el pañuelo sobre el rostro del escritor y haciéndole ver que sufre de una hemorragia nasal que hay que cerrar rápidamente, enviándole al baño para que se cure y, tras él, envía a su imberbe ayudante al que secuencias antes Lemmon había advertido que aquel periodista al que acompaña debía ser la última persona con la que debiera coincidir en un cuarto de baño (insinuando, irónicamente, su supuesta condición homosexual).
Todavía sigue siendo una de las soluciones argumentales más divertidas que recuerdo.
Gwemoul: The Host (avance)
Una monster movie -con todos los ingredientes necesarios como para serlo- en la cual lo que menos importa al director es el monstruo, solo puede resultar una película de gran categoría. Y The Host no es, en absoluto, una excepción...

Un masaje en el pie
6. INTERIOR DEL ASCENSOR – POR LA MAÑANA
VINCENT: ¿Qué hizo? ¿Se la folló?
JULES: No, no, no, nada de eso. No fue nada tan malo.
VINCENT: ¿Qué pasó entonces?
JULES: Le dio a ella un masaje en el pie.
VINCENT: ¿Un masaje en el pie?
Jules asiente con la cabeza: «Sí».
VINCENT: ¿Y eso fue todo?
Jules asiente de nuevo con la cabeza: «Sí».
VINCENT: ¿Y qué hizo Marsellus?
JULES: Envió a un par de tipos adonde vivía el samoano. Lo sacaron a la terraza de su apartamento y le hicieron volar el culo por encima del balcón. El negro cayó cuatro pisos. Abajo había una especie de jardín cerrado con cristal, como los invernaderos. El negro lo atravesó. Desde entonces tiene problemas para hablar.
Se abren las puertas del ascensor. Jules y Vincent salen.
VINCENT: Es una maldita lástima.

7. INTERIOR. PASILLO DEL EDIFICIO DE APARTAMENTOS – POR LA MAÑANA
Jules y Vincent avanzan decididos por el pasillo.
VINCENT: A pesar de todo, quien juega con fuego, se quema.
JULES: ¿Qué quieres decir?
VINCENT: No se le da un masaje en el pie a la nueva esposa de Marsellus Wallace.
JULES: ¿No crees que tuvo una reacción un tanto exagerada?
VINCENT: Probablemente, Antwan no esperaba que Marsellus reaccionara de ese modo, pero tenía que esperar alguna reacción.
JULES: Sólo fue un masaje en el pie. Eso no es nada. Yo le daría un masaje en el pie a mi madre.
VINCENT: Eso es como ponerle las manos encima a la nueva mujer de Marsellus Wallace de una forma demasiado familiar. No es tan malo como comerle el coño, pero estás en el mismo terreno de juego.
JULES: Eh, eh, alto ahí. Comer el coño a una zorra y darle un masaje en el pie no es lo mismo.
VINCENT: No he dicho que sea lo mismo, sino que es el mismo terreno de juego.
JULES: Tampoco es el mismo jodido terreno de juego. Mira, quizá tu método de dar masaje sea distinto al mío, pero tocarle los pies a la dama y meterle la lengua en su cueva más secreta no es el mismo terreno de juego, no es la misma liga, ni siquiera es el mismo jodido deporte. Los masajes en el pie no significan una mierda.
VINCENT: ¿Has dado alguna vez un masaje en el pie?
JULES: No me hables a mí de eso. Soy un maestro dando masajes en el pie.
VINCENT: ¿Das muchos?
JULES: Joder, sí. Tengo mi propia técnica. Ni siquiera hago cosquillas.
VINCENT: ¿Le has dado alguna vez un masaje en el pie a un tipo?
Jules lo mira durante un largo rato. Se muestra enojado.
JULES: Que te jodan.
Echa a caminar por el pasillo. Vincent, sonriente, camina un poco por detrás de él.
VINCENT: ¿Cuántos?
JULES: Que te jodan.
VINCENT: ¿Me darías a mí un masaje en el pie? Estoy un poco cansado.
JULES: Será mejor que te calles. Empiezo a estar harto. Eh, ésta es la puerta.
Los dos hombres se detienen delante de una puerta que ostenta el número «49». Susurran entre sí.
JULES: ¿Qué hora es?
VINCENT (comprueba su reloj).: Las siete veintidós de la mañana.
JULES: Todavía no es la hora. Esperemos un poco.
Se apartan un poco de la puerta, situándose uno frente al otro, y siguen hablando en susurros.
JULES: Mira, el hecho de que yo no le dé un masaje en el pie a un hombre no le hace a Marsellus tener derecho a arrojar a Antwan desde lo alto de un edificio sobre un jodido invernadero y fastidiarle su jodida habla al negro. Eso no está bien, hombre. Si algún hijo de puta me hiciera eso a mí, sería mejor que me paralizara algo más que el habla, porque lo mataría.
VINCENT: Yo no digo que él tuviera razón, pero tú dices que un masaje en el pie no significa nada, y yo digo que sí. Le he dado millones de masajes en el pie a un millón de mujeres y todos significaron algo. Actuamos como si no, pero tienen un significado. Eso es lo cojonudo del asunto. Estas cosas sensuales continúan y nadie habla de ellas, pero uno lo sabe, ella lo sabe, el puto Marsellus lo sabía y Antwan debería haberlo sabido...
[Quentin Tarantino: Pulp Fiction, 1994]
El hombre, el monstruo y el olvido
Esta tarde, devorado por la desidia, me tropezaba con el visionado de una de mis películas favoritas: El Hombre y El Monstruo (Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, 1931).

Pocas veces se recuerda al georgiano Rouben Mamoulian como el gran creador de Cine que siempre fue, director visionario, hombre orquesta, perfecto conjugador de talentos, cineasta innovador, inventor de fórmulas, re-elaborador de técnicas cinematográficas aún en uso.
Generalmente subyugado por el aviejamiento de su contenido conceptual (a pesar de ser uno de los maestros de lo implícito), el cine de Rouben Mamoulian, sin embargo, sigue estado plenamente vigente en el análisis de sus soluciones formales: planos subjetivos prolongados, pantalla dividida en dos, elipsis en transposición, transiciones sincopadas, planos circulares, profundidad de campo, superposiciones de planos, flashback oníricos, dirección de arte expresionista, montaje simbólico y narrativo... son algunas de las argucias técnicas diseñadas por Mamoulian para vencer el aspecto teatralizado y estático de las primeras películas sonoras.
El Hombre y el Monstruo ofrece un catálogo documentado de todas estas técnicas, revolucionarias del todo punto en la producción norteamericana anterior a 1931, a las que añade un contenido conceptual en el que evoca la dualidad del individuo, provocado por la castración imperante en la sociedad que lo contiene, como parte de un entramado repleto de erotismo y violencia. Un magnífico ejemplo de la breve pero apasionante cinematográfica de uno de los nuestros, de vez en cuando olvidado, cineasta maldito pero eterno: Robert (Rouben) Mamoulian.
De gozos, pozos e injusticias
a) Bien. Esta vez no habrá ensañamiento. El propio Scorsese es el primero en saber que su premio es exagerado, impropio, en cierto modo, una especie de provocación. Más que nada porque este año se habrán estrenado más de una veintena de películas mejores que la suya. Ron Howard, director de la vilipendiada Una Mente Maravillosa y miembro, como aquél, de la generación de los setenta (aunque en su faceta como actor), al fin podrá descansar tranquilo: ya hay alguien que lo puede hacer peor... y demostrarlo. Además era predecible: por eso subieron a entregárselo Coppola, Lucas y Spielberg. Para justificar su presencia, se presentaron ganadores de anteriores ediciones. A lo que Lucas preguntó: “Entonces, ¿qué hago yo aquí?”. González-Iñarritu sabía la respuesta pero trataba de mantener la calma (y la deportividad) esperando, goloso, el premio a la mejor película.
b) Aquí se sorprendió hasta Scorsese. Su película se había hecho un hueco en el firmamento cinematográfico. Ya no lo recordarán por ser el director de Malas Calles, Taxi Driver, Toro Salvaje, Godfellas, Casino o Gangs of New York... sino por ser el responsable del primer remake de una cinta hongkonesa que logra ganar el Oscar a la mejor película. Iñarritu volvía a la realidad: Estados Unidos todavía no está preparado para que un mexicano triunfe, sin discusión, en su ceremonia más universal. Paciencia. Con Scorsese ya obtuvieron recompensa todos los que se lo merecían. Nicholson, mientras tanto, se descojonaba.
c) Para entonces, ya veis, The Departed ya se había llevado dos premios más: El de montaje que fue para Telma Schoonmaker, habitual de Scorsese y de los Oscars y viuda del gran Michale Powell; y William Monahan, que se llevó el Oscar al mejor guión adaptado... [risas enlatadas]
d) Por supuesto: no había habido ninguna sorpresa destacable en toda la noche. Ganó Helen Mirren por su papel de Reina de Inglaterra, unos meses después de haber encarnado para la pequeña pantalla el papel de Elizabeth I, y veinticinco años después de interpretado a Morgana con mayor ardor que contención. El momento hilarante de la noche, sin embargo, estaba por venir: y es que todas las actrices disfrutaron de su correspondiente recordatorio audiovisual con la forma de un fragmento representativo de su labor en los filmes... a excepción de Penélope Cruz, a la que recordarón, sí, en un momento de su película ciertamente castrador: el playback del “Volver” de Estrella Morente... Nadie pudo contener la sonrisa.
e) Como tampoco lo hizo Al Gore, el segundo ganador de la noche, con una cuota de pantalla solo comparable a la de la presentadora, Ellen Degeneres (más adusta de lo esperado) y a la de Jack Nicholson (que, por supuesto, seguía descojonándose). Gore hizo campaña y ecologismo: nos recordó nuestro futuro sonrojante y su verborrea imparable, y olvidó al lado de los suyos lo mal que le supo perder... en los tribunales. Perdió, por cierto, Jesus Camp, un documental acojonante y acongojante, una suerte de terror en formato docudramático muy en la linea de los mejores trabajos de Michael Moore.
f) Los españoles bien, gracias. Ni Borja (Cobeaga) ni Javier (Fesser y Navarrete) ganaron pero sí lo hicieron la dirección artística y el maquillaje de El laberinto del Fauno. Esto es más que meritorio. Primero, por ser una producción española. Segundo, y visto lo visto, por ser una producción mexicana.
Ellos se lo pierden, claro.
Ante-Crónica
Éramos pocos y faltaba Pe. Es decir, Penélope, o lo que es lo mismo: La Raimunda. El mejor personaje parido por Almodóvar, un cineasta esencialmente autocomplaciente y sobrevalorado que recupera en Volver, sin embargo, algunos de los mejores segmentos de su obra, en especial, los fantástico-costumbristas que definían a su historia más recordada. Sí. Claro, Qué he hecho yo para merecer esto.
Eso mismo debe pensar Scorsese. Favoritos para todos menos para mí con una de sus peores producciones y, sin duda, la más arquetípica, The Departed, una película que tiene el absurdo privilegio de contener el mayor número de interpretaciones sobrepasadas de la historia... A pesar de Leo, sí, y su esfuerzo por imitar a De Niro: algo que no hace en Diamantes de Sangre y por eso se lo agradecen, cómo no, nominándole. Otra más. Pronto tocará su turno.
Porque aquí se trata de hacer cola. Por eso ninguno de los que apoyan a Éramos Pocos lo hacen con Binta y la gran idea, que es un buen corto, incluso mejor corto que el de Borja Cobeaga, a pesar de que ambos comparten la inequívoca condición de ser obra honesta y mordaz.
Es una buena noticia para el País de la Industria Cinematográfica que No Existe, éste, como lo es para México el hecho de que tres de sus mejores directores acaparen por sus películas tantas y tan gozosas nominaciones. Mi favorito era Cuarón, no por casualidad olvidado, ya lo sabéis, pero me conformaría con ver ganar unas cuantas estatutillas a El Laberinto del Fauno y Babel, dos películas irregulares pero personalísimas, que merecen, seguramente más que otras, las bondades y dividendos de un reconocimiento como éste, un ceremonial de carácter universal, a pesar de que todos sepamos que, en realidad, no es sino un aparatoso artefacto mercadotécnico.
Al igual que el Cine, sí. Pero aquél con tres segundos de retraso.
Zwarboek: Verhoeven regresa por sus fueros (I)
(Total Recall + Mata Hari)/( La Lista de Schindler-Erik.Oficial de la Reina)=El libro negro

Hiperbólico
Hipérbole: Figura retórica que consiste en una exageración intencionada con el objetivo de plasmar en el interlocutor una idea o una imagen difícil de olvidar.

¡Ándale con las nominaciones!
Salma Hayek presentaba, no por casualidad, las nominaciones a los Oscars con la sonrisa de aquella que se sabía emocionalmente recompensada de antemano si no con un reconocimiento personal (dietas aparte) sí con el reconocimiento de aquellos a los que representa y/o, en su defecto, quiere. Lanzó un exabrupto exagerado, como estaba en el guión, por la nominación de Penélope Cruz, cuya carrera y cuenta corriente se presumen más que envidiables, y se sintió satisfecha del éxito de algunos de sus compatriotas, en especial, de Alejandro González-Iñarritu, director de una cinta magnífica desde cualquier punto de vista: Babel.
No cabe duda de que el ceremonial Hollywoodiense se ha convertido en una plataforma ilusoria de expansión y vindicaciones multiculturales donde incluso los negros o los inmigrantes hispanos obtienen su parte del pastel (con todo lo que representa en las condiciones políticas actuales). Es una ficción, claro, porque estamos hablando de Cine pero representa un antiguo ideal en el que incluso los sueños más inverosímiles, de repente, parecen conquistables... incluso para las minorías (minorías en cuanto a su relación con los cetros de poder, se entiende).
México, sin duda alguna, singulariza los mimbres patrióticos de esta (re)conquista. El trío de cineastas encabezado por Iñarritu y secundado por el talento y talante de Cuarón y Del Toro (respectivamente), lideran una revolución eminentemente transgresora: su Cine no solo NO renuncia a su calidad de espectáculo de masas, sino que se ve impregnado de un cierto toque autoral, asimilable (aunque no equiparable... todavía) a la Generación de los Setenta. Es un Cine que fusiona los intereses del autor, productor y espectador en un único contenedor, una obra cinematográfica, capaz de llegar a un amplio espectro poblacional... y dejarlo satisfecho.
Es una Revolución, ya lo digo, cuya génesis puede perpetrase a finales del próximo mes de febrero. Yo no la veré y como siempre, prometeré no hablar de ella y, también como siempre, negaré esta promesa preso de la indignación provocada por la concesión de un premio importante a una película tan mejorable e irregular como The Departed. No digo que Scorsese no merezca el reconocimiento mediático que otorga la dichosa estatuilla pero, con pocas dudas, debería obtenerlo con un vehículo con el cual pueda sentir el orgullo de merecerlo.
Aunque, vaya, tampoco está nada mal pertenecer al mismo club que Hitchcock, Tourneur, Lang, Frankenheimer... o Cuarón.
The Leopard Man: Un Tourneur menor también es un clásico
Una de las películas más fascinantes de Tourneur...

...poseedora de alguna de las mejores secuencias rodadas por un cineasta (como la del primer asesinato) acostumbrado a rodar secuencias más que formidables...

...Los cinéfilos le debemos un reconocimiento crítico generalizado, sin duda alguna.

Otro de los Inmortales
Es, claro, Humphrey Bogart...
"General, tenga cuidado con su hija. Ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo estaba de pie".
...El único actor del mundo capaz de enunciar este diálogo sin sumergirse en los cenagosos registros de la parodia.

Y, precisamente, por eso (y por un par de decenas de películas más) siga siendo un Inmortal.
La analogía del árbol y el cineasta caducifolio: el texto
Enero cuesta siempre, más allá de las servidumbres derivadas del consumismo devastador. Es un mes de propósitos que poco a poco se van desvaneciendo, dinamitados por las interferencias, las dudas, los desvelos o la enfermedad. A febrero apenas llegan los aventureros y los insensatos, e incluso estos últimos tienen complicada su entrada lúcida en el mes siguiente, marzo, más que nada por que ya gastaron lo que les quedaba por gastar: su voluntad.
Abril, sin embargo, echa raíces al albor resplandeciente de unas ideas que brotan en primavera como las hojas de los árboles caducifolios y, como éstas, apenas si llegan al otoño afectadas por el frío del ambiente, es decir, por la indiferencia, construyendo en la superficie boscosa una especie de hojarasca intelectual cuyos restos se sedimentan en condiciones adversas junto a cortezas de decepción y astillas de fracaso.

A los cineastas que se presentan al público cebados por el impacto de sus primeras obras, les ocurre lo mismo que a los árboles caducos: se pervierten de verde, en cheque o en efectivo, en sus inicios y se pasan el resto del año o de su existencia viviendo de las rentas. Lo difícil, como veis, no es brotar sino permanecer íntegro ante el acoso del invierno y más aún, asegurarse un futuro en las lóbregas estepas de la vida en los márgenes de un río donde además de juncos y nenúfares habitan parásitos y depredadores con aspecto y modos de buitres, cuando no de gusanos... En realidad, el verdadero reto lo asumen los árboles perennes. Su fruto, en nuestro caso, su Cine se define como una carrera de fondo: no buscan tanto rellenar un estómago necesitante sino forjar una carrera indiscutible, más que eso, respetable.
Lo pensaba, claro, esta mañana en que mi sobremesa se sublimaba con las imágenes de una película de ideología detestable y apostura absorbente: El triunfo de la voluntad. Quizá Leni Riefensthal también se viera seducida por los poderosos encantos de los medios puestos a su disposición por un aparato ideológico al que debía defender y promocionar solemnemente. Supongo que con los años, mientras sus hojas y desconsuelos se esparcían por la sabana africana, la pobre Leni se hartaba de degustar, en su paladar octogenario, a qué sabe el desabrido presente de aquella que no quiso renunciar... cuando pudo.
Pero el tema iba de árboles y de metáforas, de acomodo y de ambiciones, de oportunidades perdidas y de carreras de fondo, de éxitos de un solo día y de fracasos continuados, de deseo encontrado y de anhelos perdidos, de bosques y de selvas, en definitiva, que dejan de serlo al abrigo de un cambio climático definido por la especulación y la codicia; precisamente hoy, ya veis, al que a uno le aprieta el comienzo de año y se siente, de repente, un híbrido desconcertante, mezcla de insecto y de planta, una especie kafkiana de árbol.
Pero para ser árbol, sea caduco o sempiterno, antes que nada hay que dejar de ser arbusto, qué digo arbusto, una semilla diseminada en este bosque impenetrable, a duras penas explorado, donde apenas a unos pocos osados... les llega el oxígeno.
La analogía del árbol y el cineasta caducifolio
La cara oculta de la Navidad...
...la oculta Gizmo en su seno...

...con unas alitas de pollo de por medio. Dante y sus metáforas.
La sorpresa
Atención señores: es, como poco, la película del año:

Fantasía romántica
Es, con pocas dudas, uno de los más rápidos de cuantos flechazos ha originado el Séptimo Arte, y viene precedido de un diálogo, definitivamente, inmortal, entre una bella Princesa Árabe y un Príncipe vagabundo que se hace pasar por genio...
- ¿De dónde habéis venido?
- Del otro lado del Tiempo para encontraros.
- ¿Desde cuándo estáis buscando?
- Desde el principio del Tiempo.
- ¿Hasta cuándo pensáis quedaros?
- Hasta el fin del Tiempo.
Son, naturalmente, June Duprez y John Justin en:

El Ladrón de Bagdad.
Ba(v)eando
Ayer, viendo Diabolik en la tele, no dejaba de pensar en la gran cantidad de ilustres seguidores (declarados o no) que acumula el bueno de Mario Bava de toda su obra.

Y no todos relacionados con su proto-slasher Bahía de Sangre...

La lucidez de Videodrome
Recientemente me he vuelto a reconciliar con el Videodrome de David Cronenberg, film que repudié durante bastante tiempo, y que a día de hoy se ha convertido en una de las películas más impactantes, necesarias e imprescindibles para conocer y comprender (y disfrutar) la filmografía de este singular cineasta canadiense.
Y es que a medida que las imágenes de la película se aviejan, sus ideas cobran sentido y fuerza, adquiriendo vigencia en una sociedad altamente tecnificada, cada vez más dependiente y necesitada de estímulos externos que satisfagan y/o complementen nuestros sentidos.

Videodrome no solo se rebela como un antecedente lúcido y despiadado de esa incomprendida obra maestra que es eXistenZ (y que también se convertirá en cinta de culto con el paso del tiempo), sino que se rebela como una film altamente reflexivo en su análisis sociológico sobre la modernidad que, además, se adelanta a su tiempo.
Es Nueva Carne (quizá uno de sus mayores exponentes) pero también una película de género conspiranoico (a lo Taxi Driver) que constituye, hoy ya puedo decirlo, uno de los mayores hitos de la década de los ochenta.
En fin, que si tuviera algo de tiempo le dedicaría un ensayo como es debido.
Mujer y Pantera
No es McBeth sino Irene Dubrovna...

Pero tampoco la sientan muy bien los celos...
Un Wilder menor sigue siendo un Wilder con mayúsculas
Estaba escribiendo la crítica de una película, finalmente, prescindible (a pesar de sus ejemplares tres cuartos de hora iniciales –ya os contaré algo sobre ella-) Plan de Vuelo: Desaparecida, cuando se cruzó frente a mis ojos el comienzo de los títulos de una película cuyo fin terminó por desviar mi atención: “Directed by: Billy Wilder”.
La película parecía aviejada y respondía a una temática que, de ningún modo, asociaba a la cinematografía del director. Enseguida indagué sobre el título (Five Graves at Cairo) y me dispuse a visionarla, con la esperanza de degustar de una pieza, sino perdida, sí del todo punto ninguneada por un cinéfilo, éste que escribe, al que definitivamente aún le queda mucho Cine que ver; más aún: que descubrir.
En mitad del desierto avistamos un tanque aliado arrastrándose por las dunas, con apariencia descontrolada. Una rápida visita al interior nos desvela el por qué: sus ocupantes yacen muertos, quizá acribillados por las armas del Mariscal Rommell cuyo avance se antoja imparable por esas tierras norteafricanas. No tardamos en advertir, sin embargo, que uno de los ocupantes acaba de despertar y confuso, se apresta a salir del tanque, quedando al cuidado de un sol abrasador, en mitad de un desierto que amenaza con devorarlo. Con las escasas fuerzas que lograr reunir, comienza a arrastrarse en dirección a la nada, esperando encontrar en el horizonte, las huellas de la civilización que le salve.
Y las encuentra, aunque no del modo deseado, en un antiguo hotel que antes había servido de cuartel a los británicos, y que ahora ondea banderas nazis...
Wilder apoya la causa propagandística con una película sobre el heroísmo: es una película menor dentro de su filmografía pero, sin embargo y quizá por ser obra suya, conserva momentos extraordinarios (muchos de ellos relacionados con el trabajo de Erich Von Stroheim), otros hilarantes (todos ellos relacionados con el dueño del Hotel) que hacen recomendar el visionado de una película que al igual que el Ser o no ser de Lubitsch, saca un gran partido a la confusión de identidades (el protagonista se hace pasar por un camarero cojo –fallecido en el bombardeo del día anterior- que trabajaba para los alemanes para descubrir los planes de Rommell en su mismísima habitación) y al carácter cómplice de una relación amorosa cuyas peculiaridades se supeditan, y de qué manera, a las servidumbres imparables de la Guerra.
El epílogo, prescindible pero tolerable dado el carácter adoctrinador que dimana toda la película, tampoco logra sabotear el recuerdo de una película que desconocía y que, por el contrario, me deja con el mejor de los sabores posible: el sabor de un Cine de carácter inmortal.
Aunque menor.
Quemando... Cine
“Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia. Con su casco simbólico en que aparecía grabado el número 451 bien plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagrador y la casa quedó rodeada por un fuego devorador que inflamó el cielo del atardecer con colores rojos, amarillos y negros. El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas. Quería, por encima de todo, como en el antiguo juego, empujar a un malvavisco hacia la hoguera, en tanto que los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía.” Ray Bradbury: Fahrenheit 451
La posesión y tenencia de libros está prohibida. Una brigada de bomberos se encarga de hacer buscarlos, encontrarlos y calcinarnos con un propósito, eminentemente, socializador. Ese es el trabajo de Montag hasta que un día, un encuentro casual con su vivaz vecina, Clarisse, le hace cuestionarse su realidad, la de su esposa, la de la comunidad aséptica en donde habitan...
“Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma. Si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del Cine”. François Truffaut
La de Fahrenheit 451 es una sociedad perfectamente reconocible: la televisión (interactiva, por cierto) forma parte de la familias hasta el punto en que interacciona con ella, haciendo partícipe de su propuesta comunicativa a la propios televidentes: juntos forman un enjambre sometido a los dictámenes de los poderosos.
La seguridad del colectivo deviene en un control sutil, no tanto en cuanto a su libertad de movimiento sino al control de las emociones; y qué mejor modo de evitarlo que prohibiendo la identificación literaria: el conocimiento de vivencias y existencias ajenas definidas por el amor, la aventura, la superación, la intriga política...
Toda obra de ficción se identifica por un deseo y por los pasos que se siguen para satisfacerlo: proscribiendo la literatura se niega la posibilidad de obtener (e incluso conocer) un deseo ajeno a las normas preestablecidas.
“Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo lowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía”. Ray Bradbury: Fahrenheit. 451
La película de Truffaut sobrevive al paso del tiempo por la contundencia y efectividad de algunas de sus mejores secuencias:
a) Una maestra de escuela humillada y reprendida socialmente por sus alumnos.
b) Una mujer (robotizada, como llega a insinuar su esposo) que delata a su marido por no acepta su heterodoxia.
c) Una anciana que prefiere inmolarse junto a sus libros que ver quemado su contenido.
d) La comunidad de hombres-libro que, finalmente, da sentido y explica el significado de la historia.

No es difícil pensar que el propio Truffaut elevara el mensaje de Fahrenheit 451 a la defensa del medio de expresión cinematográfico y que como aquel personaje de su película acabara incinerándose junto a tan fascinantes obras artísticas.
“Puedo añadir que el cine ha sido en mi adolescencia una clase de refugio; por ello le tengo un amor casi religioso. No puedo tener por un hombre político el mismo interés que por los cineastas que admiro, y creo firmemente que, en la historia de Inglaterra del siglo XX, Charles Chaplin es más importante que Winston Churchil”
Un bosque en el espacio
Es el futuro pero bien podría ser el presente.

Los bosques son una utopía en una tierra devastada por la infertilidad y el desierto.
En el espacio, sin embargo, sobreviven los restos de un ecosistema que, otrora, dominara la faz del planeta... exiliados en una camada de naves que viajan por el Sistema Solar en espera de una decisión definitiva que resuelva su destino.
Entre medias: un botánico concienzado trata de preservar los restos naturales ante la amenaza de una orden que decreta la inminente destrucción del proyecto, aliándose con los únicos habitantes de la nave que parecen comprender lo que está en juego: los robots.

Es Naves Misteriosas de Douglas Trumbull; mucho más que un clásico de la Ciencia Ficción.
Clásicos polanskianos
Semana de clásicos ésta que culmina, y mi regazo cinéfilo se revela satisfecho por lo recién visto: el día de ayer, dos películas de Polanski (Rosemary’s Baby y El Baile de los vampiros), a cuya degustación debió sumarse una tercera, también del susodicho, Macbeth, si a mi “vhs” no se le hubiera ocurrido... devorarla.
Entre medias una certeza incorrompible: siguen siendo las películas que eran, es decir, tal y como la recordaba un cerebelo, el mío, tantas veces infectado de idealismo maniqueo y, por ello, acostumbrado a alabar generosamente aquello que recuerdo sobresaliente y, por el contrario, habituado a despreciar (si no públicamente –por pereza-, sí personalmente –por principios-) aquello que considero y juzgo lamentable, es decir, mejorable.

a) “El baile de los vampiros” es un film definitivamente hilarante, sustentado sobre el trabajo cómplice de Jack MacGowran; una comedia sedimentada sobre la eficacia y plasticidad del gag físico (tan propio del cine mudo como inexistente en la actualidad) por encima del verbal, y por su condición de obra gótica concebida al albor del éxito de los filmes de la Hammer, pero subvirtiendo y transgrediendo todas sus constantes, en la misma época en que todas esas constantes (y arquetipos) seguían vigentes (y seguían siendo exitosas). Irregular dentro de su abrumadora brillantez, conserva momentos impregnados de sana y grata genialidad: un desternillante modelo cómico, ejemplo y modelo de lo puede y debe ser una obra que, por encima de todo, respeta y venera aquello que parodia.

b) Rosemary’s baby es una película claustrofóbica que entronca con buena parte de la cinematografía anterior del cineasta y que funciona a varios niveles, siendo la visión paranoica la más representativa -a pesar de su espantoso título castellano-, y recordada (a pesar de que algunos poster se empeñaban en sugerirnos lo contrario ). Sus virtudes, naturalmente, incontables: paradigma de dosificación de la información presentada al espectador, importancia del punto de vista en la narración como eje determinante de la misma, utilización de un limitado entorno geográfico como un elemento más del guión...
Ambas contaron con la música de Krzysztof Komeda, un prometedor músico también cercenado por la tragedia al igual que otros de los integrantes del “Miscellaneous crew” de ambas obras. El Cine crea los mitos pero también las películas. Y algunas son inolvidables...
Como éstas.
Ser... comedia
El otro día (son)reía alegremente en un pase televisivo de Ser o no ser de Ernst Lubitsch, no solo disfrutando de la enorme causticidad de sus actores, sino porque sigue manteniendo intacta su condición de engranaje perfecto al servicio de una historia, esencialmente, satírica, que no renuncia ni a uno solo de los valores cinematográficos que siguen haciendo de ella una de las mejores comedias del Siglo XX.
El argumento ya lo conocéis: en la Polonia 1939 una compañía de teatro prepara la representación de una obra irónica que tiene como protagonista a un Adolf Hitler de caricatura. Previendo una rápida invasión, los responsables del teatro obligan a cancelar la función justo antes del estreno, proponiendo a cambio la reposición de la obra estrella de la compañía, Hamlet. Con la invasión germana, la trouppe se disuelve integrándose, en su totalidad, en la Resistencia, para la que trabajan utilizando la técnica que mejor conocen: sus notables registros para la actuación y el camaleonismo.
Las situaciones ingeniosas se resuelven imparables en una sucesión de sketchs sumamente inspirados que funcionan como compartimentos estancos dentro de una estructura global de ascendencia lúcida, supeditada a la elaboración de un discurso mordaz y sumamente irreverente (a pesar de la sutileza con la que Lubitsch lo presenta).

De ritmo ágil y diálogo perspicaz, el guión de Ser o no ser basa su comicidad en la confusión y el malentendido (del que no rehúye ni siquiera en su título), jugando con la apariencia y la teatralidad de la puesta en escena y, por supuesto, haciendo un sitio para uno de los running gags más divertidos del séptimo arte. Pero ya no cuento más: ésta tenéis que verla.
Guest, in memorian
Ha pasado desapercibido su fallecimiento salvo en el caso de Spaulding por quien me entero (por cuenta de su macabro contador de muertos), pues sí, del óbito del gran Val Guest, a los 95 años, seguramente, el cineasta que rescatara a la Hammer de la ignominia en aquellos tiempos arcanos en que el bueno de Terence Fisher todavía no tenía muy definida su condición de gran narrador cinematográfico, de maestro del cine de género.
Director de El Experimento del Dr. Quatermass, Quatermass II y de Cuando los dinosaurios dominaron la tierra (atención, con J.G. Ballard en los créditos creativos), también sería uno de los directores elegidos para el primer acercamiento filmográfico (ahora objeto de remake) al personaje creado por Ian Fleming, James Bond.

Como veis, la foto que ilustra el artículo no es de Val Guest sino de una de sus más inolvidables películas pero, qué queréis que os diga, después del partido de anoche (y sobretodo, después de su resultado), debéis permitirme al menos una alegría.
Totalmente autocomplaciente.
Sueños sobre... celuloide
Se avecina un período creativo de índole intenso por estos lares (habitualmente ociosos) que culminará, en unos meses, con varios proyectos germinales, todos ellos apasionantes, que deberán fortalecer mi aun exiguo bagaje curricular; cuestión (autoexigida) imprescindible (y necesaria) para afrontar y defender objetivos futuros de mayor calado y pretensión.
He optado por hacer lo que siempre hago en estas ocasiones: llenar el carro de adrenalina cinefílica encontrada en productos que poco o nada tendrán que ver, finalmente, con el tema objeto de la ficción, no ya solo para evitar posibles influencias (nunca oportunas en estos casos), sino para ensanchar notablemente mi espectro fílmico, por ejemplo, a) completando cinematografías de autores imprescindibles (como Sam Peckinpah, Roman Polanski o David Cronenberg), b) dándole una segunda oportunidad a productos, a priori, poco satisfactorios (pero sin pasarse: tampoco le tocó el turno esta vez a El Diario de Bridget Jones 2), cuando no escandalosamente estetas y ruidosos (Ghotika, Vidocq); c) buceando en el catálogo de rarezas en busca de soluciones argumentales entusiastas e ingeniosas (La Galaxia del Terror, Battle Beneath the Earth, Los Héroes del Tiempo...); d) revisitando clásicos de aires ineludibles (El Increíble hombre menguante, Los Sobornados, Retorno al Pasado...); analizando/diseccionando/devorando obras de autor con la esperanza de encontrar algún sustrato de genialidad, de inventiva, que hasta ese momento (me) hubieran podido pasar inadvertidos...
Ampliando, en definitiva, el calado cinematográfico-cultural de quien esto escribe, dando cabida a un tipo de propuestas filmográficas, digamos, eclécticas para extraer de ellas la substancia (seguramente etérea) que las identifica y define; aquella cuya naturaleza se entiende en términos de fluidez y empatía: materia indispensable para crear/concebir –ahí es nada- esto que tanto nos gusta.
Los 101 mejores guiones... americanos
Otra lista más, para el debate y la reflexión, esta vez de la mano del Sindicato de Escritores de América, sobre los 101 mejores guiones de la Historia del Cine que podéis consultar aquí y aquí .
Es una lista partidista, sí, y naturalmente, apenas si queda algún reducto para cinematografías y escritos procedentes de culturas cinéfilas, digamos, menos influenciadas por la industria hollywoodiense... Pero sólo me chirrían tres películas: Al filo de la noticia, Jerry McGuire y Shakespeare in love que sustituiría, sin más dilación, por La Noche de Halloween, La Noche de los Muertos Vivientes y Brazil.
Difícil elección
La verdad es que no sabría por cual decantarme...

[mañana Crítica]
Proximamente...
No. No he estado de vacaciones, pero sí he podido sacar algo de tiempo para ver alguna película (Underwolrd 2: Evolution, El Castillo Ambulante, V de Vendetta, Requiem por un sueño), algunas de las cuales tendrán su correspondiente reseña en este, vuestro, Cronicón.

En el set...
...también se hace Historia del Cine.


La fábrica de la inmortalidad
Coinciden en estas fechas varios obituarios que, independientemente de la mayor o menor atención mediática, despiertan el interés de muchos de nosotros, aficionados fanófilos habituados a acordarnos de los vivos... cuando mueren.
El último, un artesano pero también cineasta, Richard Fleischer, autor de un par de obras ahora consideradas de culto por la contemporaneidad como Los Vikingos o El Estrangulador de Rillington Place (no me cansaré de decirlo: un film sobresaliente), pero también director de una de las películas fundamentales de una infancia, la mía, sometida a los irrestibles influjos de la televisión: “Cuando el destino nos alcance (Soylent Green)”, una adaptación de la novela de Harry Harrison, que anticipa la mayoría de las claves que, conceptualmente, más me interesan a la hora de afrontar el visionado o lectura de una obra de ciencia ficción distópica.
Fleischer no inventó nada en su marciana capacidad de dejar a las historias fluir, de dejarlas, digo, buscar y encontrar su propio camino dentro de un tipo de cine, el de género, tantas veces mancillado por la indiferencia de los Notables, y como Frankenheimer, sufrió el desprecio, sino ya el olvido, de esa misma comunidad aficionada que un día le dio trabajo y lo dotó de un Nombre (reconocible aunque no reconocido) dentro de las inabarcables prerrogativas definitorias del trabajo artesano.
En fin, uno de esos artistas de los que absorbemos, interiorizamos sus ideas, y que homenajeamos someramente cuando mueren. Y que de vez en cuando recordamos y vindicamos como dignos representantes de una forma de expresión artística, ésta, el Cine, acostumbrada a fabricar continuamente, personas e iconos inmortales.
Corrupción
“Cargos por corrupción?, ¿corrupción? Corrupción es la intromisión del Gobierno en el funcionamiento del Mercado por medio de regulaciones... Eso dijo Milton Friedman, y ganó un condenado Premio Nóbel. Si tenemos leyes en contra de ella, es precisamente para poder salirnos con la nuestra. La corrupción es nuestra protección. La corrupción hace que nos sintamos más cómodos y seguros. La corrupción es la razón por la que usted y yo estamos hablando tranquilamente, y no peleándonos en la calle por un trozo de carne. La corrupción... es la razón por la que ganamos”
Se lo dice Danny Dalton a Bennet Holyday antes de que el segundo confirme ante sus superiores al primero como chivo expiatorio de un gran caso de... corrupción. Es otra muestra, claro, de la mordacidad presente en Syriana, ya lo dije ayer: próximamente en esta pantalla amiga.
Gira y gira
Me recomiendan fervientemente El Cielo Gira de Mercedes Álvarez, el film documental que estrenan esta noche en La 2, y al que Jorge Mouro de Pedro (Miradas.net) definió (en una excelente crítica , por cierto) como...
"...el acontecimiento cinematográfico más importante ocurrido en este dichoso país en mucho tiempo"
Palabras elogiosas que, sin duda, elevan la espectación hacia el visionado de un documental, de otro lado, sumamente premiado y reconocido.
Veremos... Y os contaré, claro.
Lang, Brecht y la Libertad
Lo dice un padre a su hija en la ineludible y reivindicable "Los verdugos también mueren" de Fritz Lang.
"La Libertad no es como uno de esos bienes que se poseen como un sombrero o un trozo de azúcar. La Libertad se adquiere luchando por conseguirla. Te acordarás de mi porque encontré mi muerte en esta bella batalla".
Suena a Brecht, porque es Brecht.

Resaca
1) Paul Haggis repite como guionista de una película ganadora del premio más importante (que añade al de mejor guión original) y eso significa varias cosas. Una: que su siguiente película (y de Eastwood) estará en la próxima quiniela de los Oscars. Otra: que sus próximos guiones se cotizarán más que generosamente.
2) Ang Lee, gana el premio que ya merecía por Tigre y Dragón. Nunca me ha gustado excesivamente el cine de este hombre, pero sí lo encuentro diferente (y de vocación imprevisible) dentro de la ortodoxia creativa que suele definir el cine contemporáneo. Y me gusta Hulk, por supuesto, a pesar de su exagerada y ruidosa resolución.
3) El Síndrome de Connelly (el premio a la actriz que interpreta a la mujer del biografiado) le tocó esta vez a Reese Whiterspoon, esa estupenda actriz que siempre hace de si misma (desde Freeway a Election pasando por...), y que en versión original, y como bien nos cuenta REFO, suena tan, tan... En fin, hubiera sido peor si hubiera estado Renee Zellweger de por medio.
4) La pugna entre Hayao Miyazaki y Tim Burton la ganó... Nick Park. Me encantan los duelos en los que acaba ganando el juez.
5) Memorias de Kong: los premios, digamos, más técnicos se repartieron alicuotamente entre la fenomenal King Kong de Peter Jackson y la poco más que intrascendente Memorias de una Geisha, ese remake de Chicago perpetrado por el bueno de Rob Marshall que, en unos días y en forma de crítica, se asomará a éste, vuestro, blog.
6) La politización de los argumentos objeto de nominación y sus buenas dosis de denuncia socio-conspiranoica, da buena cuenta del talante progresista y necesario que define a alguno de los creadores más satisfactorios e ineludibles del actual panorama hollywoodiense. McCarthy debe estar revolviéndose en su tumba y yo me alegro, por descontado.
7) No hubo Oscar para Alberto Iglesias ni para John Williams (sorprendentemente, porque es difícil hacerlo mejor). Y tampoco para Hisaishi por su mayestática composición de El Castillo Ambulante. Claro que este último no estaba nominado. Nota del autor: no sé por qué.
8) Ya se que son causas perdidas pero no por ello debemos olvidarlas; son las preguntas sin respuesta de cada año:
¿De verdad no sería más justa la presencia de los actores y actrices en una única categoría que no diferenciara una interpretación en función del sexo de la persona que la ejecuta, tal y como ocurre, faltaría más, en el resto de categorías?
¿Por qué se consiente una categoría como mejor película de animación aceptando tácitamente que no pueden competir, de igual a igual, con el resto de películas nominadas?
¿Por qué la mayoría de las películas seleccionadas para la categoría de mejor película extranjera en lengua no inglesa desprenden un cierto tufillo antropológico? ¿Rpresenta esa selección el buen cine que se hace en el resto del mundo, más allá de la lengua de Shakespeare?
¿Se sentirá compensado George Clooney por el premio al mejor actor secundario en lo que parecía ser el año Clooney? ¿Qué opinará Jake Gyllenhall del asunto?
¿Por qué sigo escribiendo este tipo de contra-crónicas cuando año tras año me canso de manifestar que, efectivamente, no volveré a centrar mis letras en el resumen de una ceremonia mercantilista y vacua como esta, en un espectáculo televisivo y mercadotécnico que tiene que ver más con la moda y la superficialidad que con el Cine y sus variaciones gozosas?
El meme de los cinco
Cinco lugares donde morir felizmente:
No pienso en morirme. Las letras son inmortales. Y yo soy mis letras.
Cinco series de televisión:
1) V de Kenneth Johnson.
2) El Misterio de Salem’s Slot de Tobe Hooper
3) The Shield de Shawn Ryan.
4) Expediente X de Chris Carter
5) Dr. Who de Sydney Newman.
Cinco películas inolvidables
1) Brazil de Terry Gilliam
2) El Viaje de Chihiro de Hayao Miyazaki
3) Bram Stoker’s Drácula de Coppola
4) El Ejército de las Tinieblas de Sam Raimi
5) Vinieron de dentro de... de David Cronenberg.
Cinco libros imprescindibles:
1) Drácula de Bram Stoker.
2) La Voz de los Muertos de Orson Scott Card.
3) La Trilogía de los Trípodes de John Christopher.
4) América de James Ellroy.
5) Los Desposeídos de Ursula K. Leguin.
Cinco canciones inmortales
1) Settle for Nothing de Rage Against the Machine.
2) A un Dios de Reincidentes.
3) No Kiero Participar de Soziedad Alkoholika
4) The End de The Doors
5) The Unforgiven de Mettalica.
Cinco trabajos interesantes
No. No hay ningún trabajo interesante.
Cinco bloggers a quien paso el testigo:
Solo a uno: A Manuel Márquez , por lógica correspondencia.
La insobornable amistad
Se ha hablado siempre de Río Bravo como un paradigma del cumplimiento del deber, con ese John Wayne (John T. Chance: uno de los pseudónimos favoritos de John Carpenter) entregado a una causa suicida: mantener preso al hermano del cacique de turno en espera de que llegue el juez, mientras la comisaría y sus aledaños son atacados y asaltados por una hornada de asesinos a sueldo dispuestos a liberar al susodicho a cambio de una o dos monedas de oro.

Wayne se entrega a su deber haciendo honor de su carácter idealista donde a buen seguro ocupa un lugar predominante un inexcusable sentimiento de justicia. Pero cuando secuestran a Dean (Dude) Martin las prioridades mutan: ya no le importa poner el riesgo su deber sino salvar a su amigo. No es la primera vez que lo hace. Lo salva también cuando derriba la escupidera, objeto metafórico de sumisión y decadencia a la que el bueno de Dean Martin se ve condenado por cuenta del alcoholismo y el desamor; y también lo hace cuando a pesar de todo y todos lo convierte en alguacil a sabiendas que no podrá permanecer sobrio por mucho tiempo ni mucho menos oponer gran resistencia en la sanguinaria batalla que se avecina.
Martin, contra pronóstico, encuentra en esa amistad el estímulo que necesita para mantenerse sobrio cuando más le hace falta, claro está, a su amigo, a pesar de que el síndrome de abstinencia le hace cuestionarse, continuamente, su integridad y valía...
La película se enriquece notablemente alimentada por esa constante necesidad que tienen todos los protagonistas de poner a prueba y defender sus respectivas amistades. Exigencia que, en último término, le costará la vida al encargado de la diligencia, minutos después de haber ofrecido su ayuda a Wayne, "un viejo amigo". Pero no acaba ahí: el joven pistolero, Colorado Ryan (Ricky Nelson y su guitarra) al servicio del encargado de la diligencia ofrecerá también su ayuda al Sheriff con un argumento más que convincente: defender lo que hubiera defendido... el encargado, de otro lado, un gran amigo de su padre.
Es curioso que este género, el western, tantas veces alimentado por la rivalidad y el duelo, encuentre en este vínculo fraternal una excusa complaciente para regenerar continuamente un argumento, de otro lado, cimentado sobre las constantes del cine de acción y de asedios. Pero eso es lo que define al western: su continua reinvención dentro de los límites y entornos geográficos que lo (con)forman.
Por eso es un género tan apasionante, claro.
Un tipo gordo de Los Ángeles
Después de varios días perturbado por un virus de ascendencia griposa, y mientras continuó empleando buena parte de mi, de otro lado, escaso tiempo libre, invirtiendo en quimeras, que diría Sabina, no puedo anunciar todavía que este cronicón cinéfilo, habitualmente actualizado cada dos días, recuperará su ritmo de artículos habitual.
Para compensarlo, de algún modo, recupero del archivo alguno de sus mejores pasajes, en este caso, una frase extraida del film Collateral (thriller negro de aires depalmianos que me gusta más cuanto más lo veo -y eso a pesar de sus fallos de guión e inverosimilitudes hitchcockinanas), que ofrece bien y las claras como se las gastas el amigo Michael Mann cuando se centra:
- Te diré la verdad. Pretendía que me llevaras sin enterarte de nada pero el gordo se colocó ante la ventana y cayó en picado. Pasamos al plan B, ¿sigues respirando? Tenemos que ser prácticos, improvisar, adaptarnos al medio, adaptarme, echarle el morro. Y sí, siempre hay que montárselo lo mejor posible.
- Pero... ¿de qué me habla? ¡Acaba de tirar un hombre por la ventana!
- No lo he tirado. Se ha caído.
- ¿Qué le había hecho?
- ¡Qué...?
- ¿Qué le había hecho ese tipo a usted?
- Nada. No le conocía.
- ¿Y así por las buenas va usted y le mata?
-¿Qué pasa? ¿Para matar a un tipo hay que conocerle? –el taxista niega con la cabeza-. Max... Somos seis mil millones de hombres en el planeta y tú te desquicias por un tipo gordo.
- ¿Quién era...?
- Eso que mas te da: ¿has oído hablar de Rwanda?
- He oído hablar de Rwanda...
- Allí mataban a miles de personas cada día; no se había matada tan deprisa y a tanta gente desde Nagashaki e Hiroshima. ¿Te afecta eso, Max?, ¿eres socio de Amnistía Internacional o de Oxfone? ¿De Salvar a las Ballenas o de Greenpeace? No. Pero me cargo a un tipo gordo de Los Ángeles y te cabreas.
- ¡Pero no conozco a nadie en Ruanda!
- Ni al tío del maletero...
- ¡Oh, Dios mío!
Mememanías
Que no se me olvidó el tema del meme . El incitador ha sido, esta vez, Manuel Márquez , y para no perder la costumbre, me apresto a satisfacerlo de inmediato:
El tema son las manías, mis manías. Huelga decir que podía escribir un libro al respecto sin atisbo alguno de exageración o encomienda pero, en fin, improvisaré para evitarlo:
- 1) No soporto las películas protagonizadas por Renee Zellweger y, en especial, El diario de Bridget Jones y secuela. Si alguna vez quieres provocarme, ya sabes: alaba sus mohínes delante de mi.
- 2) Si me cuentas el final de una película tardaré una semana en hablarte. Si lo repites una segunda vez, un mes. Si lo haces cuatro veces, no hará falta que deje de dirigirte la palabra: ya no estaré allí para escucharte.
- 3) Una vez superada una etapa de la adolescencia con auténticos brotes obsesivos compulsivos a lo Jack Nicholson de Mejor... Imposible, esto es: no pisar las rayas de las aceras, contar los pasos que me quedan hasta la siguiente, escudriñar los vasos buscando algún residuo de presencia humana anterior..., puedo presumir de una conducta más o menos normalizada con dos únicas excepciones: mirar dos veces, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, cada vez que voy a cruzar por una calzada donde circule algo más pesado que yo; e indagar, verificar, descubrir y divisar todas las salidas de cualquier establecimiento cerrado al que entre por primera vez segundos después de haber entrado... Esto lo llamo el "Síndrome Cube".
- 4) Mis desayunos son rituales absolutamente automatizados. Tanto, que he tenido que dejar de desayunar para no sentirme apresado por la rutina.
- 5) Hay pocas posibilidades de que te invite al cine alguna vez pero si lo hago tienes que tener en cuenta varias cosas: olvídate de las palomitas; no me interesa saber quién es el malo ni mucho menos alabar tus virtudes vaticinadoras en mitad de una proyección; tómate un jarabe para la tos; no me pidas que te explique el entramado y mucho menos después de haber visionado Mullholand Drive...
¿Qué a quién le endoso yo el meme? A quien quiera, faltaría más. Ese es el lema de la blogosfera: "uno puede hablar... de lo quiera".
Y yo sin ver Munich todavía. ¡Mierda!
Nunca es tarde...
Iba a escribir la contracrónica habitual de la última ceremonia goyesca y me he encontrado con una pantalla inmensamente blanca y muy pocas cosas que añadir a lo ya dicho, visto, sabido.
Y es que ante la ausencia de una película indiscutible, se ha optado por premiar aspectos significativos de cada obra, otorgando un rancio protagonismo a la única triunfadora de la noche: La vida Secreta de las Palabras que, según me cuentan, poco tiene que ver con Rompiendo las olas de Von Trier y sí, mucho, con el resto de la filmografía de Isabel Coixet, lo cual ya es algo. Veremos.
Lo cierto es que este año el cine español no ha levantado grandes expectativas artísticas, presentándose como un año de transición en espera de que los grandes reclamos nominales del séptimo arte ibérico, a saber, Almodovar, Amenábar y Medem, unidos a las dos superproducciones (Alatriste y Tirante El Blanco) del año, logren compensar el traspies y polémica surgidos a partir del estreno y éxito de la anacrónica (y ciertamente reprochable) Torrente 3.
Con todo, y tras cuatro horas de absurdo y reiterado ceremonial, la gala transcurrió por el más categórico de los aburrimientos, basando todo su interés en la (poco atinada) comicidad de unos actores-presentadores embebidos de lisonjas impostadas y chistes con poca gracia, algún vestido atrevido diseñado para llamar la atención de los espectadores ajenos al mundillo cinéfilo, y la sensación ineludible de que lo mejor seguían siendo las imágenes de archivo y, sin lugar a dudas, aquellas secuencias de películas que una vez formaron parte de este circo audiovisual... y lo dignificaron.
En fin, más de lo mismo y con menos apostura de la habitual, la confirmación de que, efectivamente, el cine español debe someterse a los designios imparables de la autocrítica, cuestión, digo, que debe resolver también en cuanto a la concepción y forma última que deben tomar sus festejos y conmemoraciones. Y nunca es tarde...
Sueños goyescos II
Desde el infierno
Todo esto viene a colación precisamente porque acabo de volver a ver Spiderman 2. Los más veteranos lectores de este Cronicón Cinéfilo, recordaréis la crítica y la valoración, más bien despiadada (en comparación a lo que se destila en un garito virtual, éste, acostumbrado a cohabitar con el panegírico), sin duda, por debajo de sus verdaderos méritos (que son muchos: lo sabía entonces y lo repito ahora) y cualidades. Este nuevo visionado subscribe (podía no haberlo hecho, no creáis: la segunda vez suele ser de índole crítica) todas las virtudes comentadas en aquel entonces y subraya alguna más evidente, como por ejemplo el hecho incuestionable de ser un más que digno producto de entretenimiento familiar a todas luces dominado por la lucidez narrativa, incluso en aquellos momentos de fastuosa (y tantas veces incontrolable) y muchas veces prescindible acción pirotécnica.
Esa cualidad, justamente exigible a este director (y no, por ejemplo, a Rob Bowman o Poul Anderson), demuestra que el acomodo sigue, sin embargo, fagocitando buena parte de su talante transgresor, de su condición de heredero contemporáneo del mejor Tex Avery, cualidades que demuestra, y de qué manera, en la necesaria e ineludible secuencia de la matanza del quirófano: tres minutos de gozosa trasgresión formal donde el bueno de Raimi recupera la cámara subjetiva, el montaje simbólico, primario, cuasiexpresionista, la planificación fragmentaria y efectiva, el humor negro de complicidad irrestible (“¿Hay algún mecánico en la sala?”, comenta un cirujano armado de una sierra quirúrgico-industrial momentos antes de amputar los implantes maquinales del Dr. Octopus), puro cartoon de ascendencia bizarra que, directamente, toma sus fuentes de la propia cinematografía de Raimi y, en concreto, de sus dos mejores productos: El ejército de las tinieblas y Darkman.
En esta secuencia, también de aires Cronenbergianos (por cierto, protagonizada por el más cronenbergiano de los antagonistas de Spiderman), Raimi nos da una buena muestra de lo bien que sabe hacerlo cuando deja de lado el compromiso con lo previsible, con lo que sus productores esperan de él como inocuo satisfacedor de gustos prefabricados, de historias inanes y complacientes.

Es un momento cinéfilo brillante, imprescindible, que traiciona en parte al resto de la película, que sabotea su esencia primigenia (por fortuna) para recordarnos que tras ese espíritu aparentemente acomodado ruge el gemido de una bestia que pretende escapar de la trivialidad... que trata de salir del Infierno.
Estetas
Inducido por alguno de vuestros comentarios referidos al último post veo la posibilidad de hincarle el diente a un debate más que controvertible:
Y es que se han introducido varios conceptos todos ellos referidos al conflicto existente entre la forma y el fondo, entre la estética y la ética, entre el impacto extrasensorial y a la apelación a la inteligencia del espectador... Y sí, soy el primero en gritarlo a los cuatro vientos: el cine no es sino una sinergia consecuente de la conjugación -en un mismo receptáculo creativo- de varias de las expresiones artísticas dominantes en la contemporaneidad: desde la pintura a la fotografía, pasando por la música, la arquitectura o la literatura, y dentro de ésta, por alguno de los géneros y derivaciones que la conforman: el teatro, la epopeya, el cómic...
Según esta concepción romántica, el Cine deja de ser Cine (al menos deja de serlo en un sentido artístico) en cuanto alguna de estas expresiones artísticas faltan, o faltan de algún modo sustancioso. Azrael sugiere un ejemplo refiriéndose al movimiento Dogma, y es que, ¿qué interés cinematográfico puede tener una obra cuyos principales resortes se basan, precisamente, en la negación de buena parte de los sustratos artísticos conformadores del Séptimo Arte (música no ambiental, fotografía, códigos genéricos...)? Pero, ¿eso significa que las limitaciones ejercidas sobre el proceso de creación de una obra conlleven una renuncia tácita a su cualidad artística? Respondo con otra pregunta: ¿Es menos arte el Guernika de Picasso por renunciar expresamente a la policromía?, ¿tendría la misma repercusión histórico-pictórica si estuviéramos hablando de una obra empapada de color? Puede que sí. Pero, ¿acaso no le corresponde al artista proponer las fronteras de su Arte?
El dogma es un cine castrado, de acuerdo, pero ¿esto implica que no estemos hablando de Cine? Nos gustará o no; nos convencerá o no; satisfacerá nuestras expectativas o no..., pero ¿hemos de despreciarlo sistemáticamente sin poner sobre la mesa alguna otra consideración o argumento?
¿Y la forma? ¿Una forma dominante sobre un fondo controvertible puede resultar seductora? A aquel que diga NO de forma tajante, le invito a que me explique "el fondo" de un par de obras de Kandinski. Pero vuelvo al Cine, ¿podemos reprocharle algo a una película que asuma ab initio su prevalencia técnica sobre la argumental? ¿Acaso la búsqueda del placer y beneplácito del espectador no incluye un cierta satisfacción de sus sentidos, vista incluido? Es más, y entendido desde el punto de vista contrario: ¿acaso no son más reprochables aquellas películas que, sin motivo presupuestario de por medio, ningunean por vagancia la cuestión formal?
Muchas preguntas y pocas respuestas. Y una certeza que se abate sobre las demás: un artista propone un juego. Hay quien entra en él y juega, y hay quien no entra en él, y no juega. ¿Debemos lincharlo por proponer el Juego?
Dos mejor que uno
Vale, pues parecen que son dos los proyectos cinematográficos en los que está metido John Carpenter: El 13th apostol (de goloso argumento, por cierto) y Psychopath (en paralelo a la producción de un videojuego con el mismo título y argumento).

Y es que ya no saben cómo provocar más a mi impaciencia.
El secundario
Hoy toca revisión de alguno de los mejores fragmentos del Pulp Fiction de Quentin Tarantino, en este caso, la aparición de Harvey Keitel (El Lobo), solucionador de problemas profesional, y actor al que le debe, y mucho, el propio cineasta norteamericano.

EL LOBO (Keitel): Tú eres Jimmie, ¿verdad? ¿Es esta tu casa?
JIMMIE (Tarantino): Sí.
EL LOBO (extiende la mano).: Soy Winston Wolf. Soluciono problemas.
JIMMIE: Bien, porque tenemos uno.
EL LOBO: Eso he oído decir. ¿Puedo entrar?
JIMMIE: Por favor.
(...)
EL LOBO: Buen trabajo, caballeros. Pero todavía no hemos terminado.
JIMMIE: Parece mentira que sea el mismo coche.
EL LOBO: Bueno, no empecemos a chuparnos las pollas todavía. Se ha terminado con la fase uno de la operación, la limpieza del coche. Lo que nos lleva directamente a la fase dos. La limpieza de vosotros dos.
(...)
EL LOBO: Muchachos, poneros a trabajar.
El Lobo y Jimmie se dan media vuelta y se dirigen al dormitorio, dejando a Vincent y a Jules en la cocina.
VINCENT [Travolta] (dirigiéndose a su espalda).: Un «por favor» sería agradable.
El Lobo se detiene y se da media vuelta.
EL LOBO: ¿Cómo has dicho?
VINCENT: He dicho que un «por favor» sería agradable.
El Lobo da un paso hacia él.
EL LOBO: A ver si lo entiendes a la primera, amigo. No estoy aquí para decirle «por favor» a nadie. Estoy aquí para deciros lo que hay que hacer. Y si la autoconservación es uno de los instintos que posees, será mucho mejor que lo hagas, y rápidamente. Estoy aquí para ayudar. Si mi ayuda no es apreciada, os deseo mucha suerte, caballeros.
JULES: Las cosas no son así, señor Wolf. Su ayuda es claramente apreciada.
VINCENT: No quería faltarle al respeto. Simplemente, no me gusta que nadie me ladre órdenes.
EL LOBO: Si soy cortante, es porque el tiempo es un factor importante. Pienso con rapidez, hablo con rapidez y necesito que actuéis con rapidez si es que queréis salir de esto. Así que, por favor, con azúcar encima si os complace, pero limpiad el jodido coche.
(...)
JIMMIE: Tienes que comprender algo, Winston. Deseo ayudar a tus muchachos y todo eso, pero estas son mis mejores sábanas. Fue un regalo de boda de mi tío Conrad y mi tía Ginny, y ellos ya no están con nosotros...
EL LOBO: ¿Me permites que te haga una pregunta, si no te molesta?
JIMMIE: Desde luego.
EL LOBO: ¿Eran millonarios tu tío Conrad y tu tía Ginny?
JIMMIE: No.
EL LOBO: Bien, pues tu tío Marsellus sí lo es. Y estoy seguro de que si tío Conrad y tía Ginny fueran millonarios, no te habrían regalado un dormitorio completo, algo que tío Marsellus está más que dispuesto a hacer. (Saca un rollo de billetes.) A mí me gusta el roble. Eso es lo que hay en mi dormitorio. ¿Y a ti Jimmie? ¿Te gusta el roble?
JIMMIE: El roble está bien.
(...)
Mañana seguimos...
Canijo... pero matón
Pero, ¿qué hacéis ahí?, ¡corred a verla! (No os arrepentiréis)

[Ya os contaré]
Contrapicados
A veces, una simple historia de fantasmas, se convierte en un hito del cine de terror si sabes colocar la cámara en su sitio:


Y dejar el resto a la imaginación...
Doble proyecto del tándem Eastwood-Spielberg
Vía El Pais.es leo, entusiasmado, la posibilidad de que Clint Eastwood ruede, de forma paralela a su proyecto actual, una segunda superproducción sobre Iwo Jima, esta vez desde la óptica japonesa y como aquélla también producida por Steven Spielberg... y con un generoso presupuesto a sus espaldas...
Con esto Eastwood no sólo presume de ser el cineasta más prometedor del actual panorama hollywoodiense (sí, a sus 75 años), sino de ser, sin duda, el más inconformista y polifacético de todos ellos.
En fin, que empezamos una nueva cuenta atrás. ¡Qué grande es el Cine!, amigo Garci.
Reinventado Cine
Carpenter no inventó nada. En realidad, La Cosa, escrita por el debutante Bill Lancaster (sí, un auténtico hijo de... Lancaster) no era más que un caro remake de La humanidad en peligro de el dueto Niby/Hawks que, a su vez, adaptaba el relato de John W. Campbell “Who goes there?” con una cierta fidelidad y bastantes dosis de paranoia militarista, en la más paranoica aún década de los 50.
Sin embargo es una obra casi indiscutible dentro de una filmografía (controvertible pero apasionante) dedicada casi por entero a reinventar las constantes del cine fantástico. El tema de La Cosa, la invasión alienígena en su versión suplantadora, también funciona en su vertiente espectacular con unos imaginativos, angustiosos y funcionales F/X modelados por un Rob Bottin (que todavía cautivan en estos tiempos dominados por el grafismo pixelado y la falta de mesura), que debía competir, conscientemente o no, con una monster movie alienígena que sólo unos años antes había conseguido un éxito más que considerable: Alien. De hecho, buena parte del atractivo actual de esta película (de otro lado, fallida a nivel comercial en su momento) no tiene nada que ver con el parecido argumental con este precedente (que a su vez arrastraba un buen número de influencias y referentes, y no sólo cinematográficas) sino que viene dado por el estimulante uso de la intriga de la suplantación de roles, insisto, tan definitoria del género en los años 50, y en cómo ésta se hace protagónica de la historia hasta que la propia historia fenece arrasada por el ímpetu de MacReady.

Viéndola hoy día, es fácil reconocer buena parte de las constantes de la cinematografía de Carpenter, en especial, el grupúsculo amenazado por una entidad poderosa de naturaleza incomprensible, que tiene que regenerarse sobre si mismo para poder conseguir la supervivencia de los más avispados de sus miembros. Podíamos estar hablando aquí de Asalto en la Comisaría del distrito 13 o La Niebla o El Príncipe de las Tinieblas o Fantasmas de Marte, y todas ellas, como también ésta, nos remitirían a Río Bravo o a El Álamo o a La Noche de los Muertos Vivientes... Y, sin embargo, todas ellas son reconocibles en su individualidad, al conservar atractivos rasgos singulares dentro de una historia global basada en estereotipos temáticos y conceptuales (en el caso que nos ocupa: la llegada de un extraterrestre a la Tierra -algo que también ocurría en E.T., como bien sabéis.)
El Cine, en fin, busca en su pasado aquellos temas que una vez lo conformaron (también por eso existen los remakes y readaptaciones), pero son los grandes genios de este mundillo, adivinamos, ingrato, quienes tienen que volver sobre sus pasos para poder poner las cosas en su sitio, y reinventarlo. Que es justo lo que lleva haciendo Carpenter desde hace treinta años.
La Cosa... juega al ajedrez
Para mí, uno de los grandes finales de la historia del Cine.

Lo es gracias a MacReady, que lleva un buen número de horas persiguiendo a un extraterrestre mutante que tiene la perversa afición de asumir, como propia, la forma y la conciencia del ser vivo con el que toma contacto.
Es superviviente, aunque intuimos que por pocas horas, de un ecosistema terriblemente hostil. De hecho: es lo más hostil que puede imaginar un guionista para con sus personajes: una tormenta de hielo antártica; un ente asesino que puede ser cualquiera de los miembros del grupo -perros incluido- que permanecen aislados en la base; una paranoia colectiva que envuelve a todos los ocupantes de la misma; un helicóptero saboteado para evitar que la amenaza se extienda más allá del continente contaminado...
Para sobrevivir, piensa, ha tenido que recurrir al ejercicio de un arquetipo puramente carpenteriano: al personaje individualista, desposeído de modales y sentimientos que, sin embargo, se rebela contra su destino -no ha tenido otra opción- con todos los medios posibles a su alcance; poniéndole las cosas difíciles a La Muerte.
MacReady (que sólo unas horas antes había tenido que a) ejercer el liderazgo de un grupo dominado por la paranoia y, b) soportar sobre sus hombros la sospecha de unos compañeros que, atemorizados, le llegaron a considerar la Amenaza contra la que estaban luchando), yace ahora junto al último superviviente de una cacería sanguinolenta y destructiva sin saber siquiera si ha acabado ya con el Problema. Pero ya nada importa en estas últimas horas de la noche, minutos después de la gran explosión, cuando es más consciente que nunca que la contienda no dejará testigos; testigos, digo, que puedan contarlo, advertir al resto de la humanidad lo que puede ocultarse entre el fuego.
Ambos personajes se sienten vigilantes y vigilados. El Otro puede ser el Ente. Pero han decidido ofrecerse una tregua, una especie de pacto, como en El Séptimo Sello (de hecho, en el guión de la película que pulula por internet se llega a insinuar esta posibilidad puramente cinéfila en uno de los últimos pasajes del film:
MACREADYIf we’ve got any surprises for each other.Whe shouldn’t be in any condition to do anything about it.(beat) You play, chess?
Teoría reforzada, si cabe, con la constante presencia del juego del ajedrez en todo su metraje). Las llamas que han devastado la estación científica pronto desaparecerán presas del frío. Nuestros dos amigos se convidan a sentarse, sin embargo, a ver qué pasa. Ya no queda otra cosa por hacer. En unas semanas, la Cosa reposará bajo el hielo junto al cadáver de uno, o de los dos hombres que lo intentaron.
Esperando, sí. Esperando.
Esa también la he visto
Llevo más de tres semanas sin ver una película que no haya visto ya en una ocasión anterior, sin renovar mi bagaje cinéfilo, por tanto, ajeno a los neologismos que, en estos momentos, inundan las carteleras cinematográficas. Y lo que es peor. De momento no siento el gusanillo de "lo nuevo". Y eso que en mi colección de películas pendientes, se acumulan como ineludibles, los visionados de La Novia Cadáver de Tim Burton (dicen que cada vez más repetitivo) o Una historia de Violencia del gran Cronenberg (dicen que cada vez menos Cronenberg) o The Dark de John Fawcett (dicen que más convencional que en Ginger Snaps) o Match Point de Woody Allen (dicen que su regreso al panteón de los cineastas imprescindibles).
No debería ser noticia; el Arte se disfruta por repetición: un cuadro, una música, una fotografía, alcanzan su verdadero cenit en la contemplación incontinente, en la adoración de la obra a la que se mira, admira o escucha una y otra vez, como si de una liturgia se tratara; buceando en la forma y en la textura, en las nuevas sensaciones que desprende la existencia de una obra producida allí donde osa fusionarse el Arte con el talento.
Tampoco es el caso de alguna de la decena de películas que he visto en estas últimas semanas, tres de las cuales, sin embargo, sí que me gustaría destacar (aunque cada una a su modo):
a) Nosferatu de Herzog, en versión original subtitulada, con Klaus Kinski embebido de vampirismo y (per)turbación, redundando en la posibilidad de que todo se trate de un sueño, narrando la historia de Drácula desde un punto de vista decadentista y patético, entendiendo el amor y el deseo como la única panacea posible a la que agarrarse (vivos, muertos y no muertos) en una Sociedad infectada de peste y anclajes morales.
Es una película fascinante a pesar de que, efectivamente, no es la gran obra que yo recordaba; fascinación que se incrementa, si cabe, por la enigmática voz y mirada de Klaus Kinski en un papel que se adapta enteramente a su medida y presencia, a los andares de esa bestia con alma de actor que durante un par de décadas protagonizó la cinematografía, cada vez más discutible, del alemán Werner Herzog.
b) Extraños en un tren: Hitchcock, Chandler, Highsmith, Tiomkin... dando forma y substancia a uno de esos absurdos guiones basados en el suspense propiciado por dos objetos (en este caso, unas gafas y un mechero) que el demiurgo convertía, con la precisión de un artesano perturbado, en una obra maestra del cine diletante y de entretenimiento.
Dos hombres entrecruzan sus pies y destinos en un tren; uno, rico perturbado, castrado por un padre poderoso y humillador; el otro, un exitoso tenista, enamorado de la hija de un Senador, comprometido con ella y por ella víctima de su ex-mujer quien no sólo no quiere formalizar el trámite de divorcio sino que amenaza con comprometerle su futuro.
Un partido de tenis virtual en el que uno, el perturbado, idea un siniestro plan: deshacerse del problema de la contraparte. Y el otro, pobre sufridor, falso culpable, arquetipo de personaje hitchcockniano, ejerce de víctima propiciatoria de las situaciones de suspense ideadas por el gran Hitchcock.
c) Persecución mortal de Rowdy Herrington. No. No es el alcohol el que promueve este texto. Ésta la habéis visto todos. Una exploitation de intriga y acción al servicio de un Bruce Willis con pelo que como ocurrirá con El último Boyscout de Tony Scott o La Jungla de Cristal III de John McTiernan serán vistas dentro de veinte años como representantes paradigmáticas del género en la década de los noventa, similar a lo que ocurre, en la actualidad, con las revisiones de la obra de acción setentera de Clint Eastwood, Lee Marvin o Steve Mcqueen. Que no. Que no exagero...
Cine de evasión, prescindible, cuestionable, en fin, pero que de vez en cuando se asoma en la televisión y no molesta, en una tarde cualquiera, también ésta, mancillada por la apatía y el naufragio.
Críticas benevolentes
Alguien de vosotros me escribió un amable e-mail, recientemente, censurándome sobre lo que es una tangible realidad, un hecho irrefutable en el día a día de este Cronicón Cinéfilo, y es que rara vez aparece en el blog una crítica negativa.
Es cierto y no lo es, naturalmente. Sí han aparecido críticas negativas, a saber: La Pasión de Cristo ; Van Helsing y Constantine . Críticas benevolentes: Alejandro Magno , Elektra ... y alguna de cariz exagerado (también reprendidas por algunos otros). Pero la verdad es que no puede haber muchas más: a) no suelo (ni debo) perder el tiempo en escribir sobre una película que no me ha gustado (es lo bueno que tiene escribir lo que a uno le dé en gana; lo malo es que no te lo remuneran, podéis imaginarlo; b) no creo que desprestigiar el esfuerzo (aun fallido) de un tercero a base de improperios y textos despectivos tenga que ser la base ideológica de un sitio, este blog, financiado exclusivamente por la pasión cinéfila; c) pienso que es más meritorio rescatar lo que es bueno de lo que es malo, que desprestigiar lo bueno ensalzando lo que tiene de malo que suele ser definitorio de buena parte del Cine actual, por cierto, algo que todos sabemos y que, por lo tanto, no hace falta que lo repitamos continuamente y d) no en todas las películas sale Renne Zellweger.
Bien. Como veis, todo el párrafo anterior ha versado sobre una serie de conceptos subjetivos fácilmente simplificados con un "bueno" o con un "malo". Y, en realidad, todo se basa en esto. En el gusto. Esto me gusta. Esto no me gusta. Esto os gustará. Esto no. No pretendo sentar cátedra. Ni tan siquiera aconsejar. Si escribo una crítica es porque me sirve para recordar la película en el futuro. Si lo hago con un pretexto literario es porque además deseo compartir esa opinión con todos vosotros y que, si acaso, alguien pueda sentirse identificado con un párrafo evocador, con alguna de las imágenes, temas, que destaco o resalto. Nada más.
"Todo parece gustarte". Sí y no. Tengo un amplio gusto. Me gusta Carpenter y el cine musical, Fritz Lang o Ken Loach. Sigo disfrutando con cualquier película de la hexalogía galáctica y no tengo reparos en afirmar que los visionados televisivos de Solaris de Tarkovski y Dersu Uzala de Kurasawa fueron fundamentales en mi infancia. Pero eso no quiere decir que me guste todo. Por ejemplo: acabo de ver Transporter 2 y es igual de infumable que la primera. Es más, es igual de infumable que 60 segundos, A todo gas 2, Taxi 3... Una pena. Porque Bullit, A quemarropa o Harry El sucio también es cine de acción y no se parece nada a eso. ¿Qué puedo hacer? ¿Criticarlo?
No. El tiempo es oro.
Cine vampirizador
El Cine, de vez en cuando, obligado por las salidas de tiesto y la melancolía, necesita echar mano de sus referentes, actualizarlos, remozarlos, para –volviendo a los orígenes- sentirse renovado y rejuvenecido; captar, digo, la esencia de Eso que una vez lo definió. Por eso suele acudir al cine clásico y más allá de éste: a sus mitos, para dejar constancia del paso del tiempo y de cómo éste se comporta a la hora de ofrecer una nueva visión sobre un tema tan clásico como siempre fue, y ya pongo un ejemplo, el vampirismo.
No descubro nada. Si me gusta el Cine es porque una vez me interesó Lugosi, Fisher, Malone, Harrington y, naturalmente, Coppola y ese Drácula de diseño que un día cambió la concepción que hasta entonces tenía de lo que podría llegar a dar de si el espectáculo cinematográfico entendido como un Arte Total, como un arte multifacetado donde la literatura, la música, la fotografía, el teatro, la arquitectura... se fundieran entre sí dando como resultado un Todo sinérgico, subyugador, seductor, irresistible...
El Cine ejerció, sobre mí, ese poder de fascinación ineludible del que os hablo, quedando, pues, vampirizado en el acto, engolado por la demiúrgica música de Kilar, por el ritmo frenético e imparable de esa historia universal rejuvenecida por cuenta de Coppola bajos los hoscos designios del artesanazgo, esta vez sí, más embriagadores y fascinantes que nunca.
Cine y Vampirismo caminaban de la mano. Otra vez. Y esta vez para atraparme.

El Infierno
Aprovecho la coyuntura (mi PC vuelve a funcionar tras un par de días en la U.V.I. y Blogia 2 sigue mejorando -y de qué modo) para rememorar uno de los lúcidos episodios de una gran y recomendable película: Sin City .

Hablan Lucille (la agente de la condicional envuelta en sombras) y Marv (el tipo rudo envuelto en vendas):
- ¿Has vuelto a las andadas?
- Un problema con la poli.
- ¿No te habrás cargado a alguno?
- Que yo sepa no. Pero tardará en olvidárseles. Te lo aseguro.
- ¿Cómo demonios le cuento esto ahora a la comisión?
- No tienes por qué contárselo, esta vez no. No hablamos de una pelea en un bar... ni de que algún cretino haya quemado a alguien con gasolina. ¡Esto es gordo!
- ¿No deberías tomarte otra pastilla?
- ¡No quiero que nada me deja atontado! ¡La sangre va a correr, te lo aseguro! Como en los viejos tiempos, ¡los malos tiempos!, los días del todo y nada han vuelto. No tengo elección y estoy preparado para la guerra.
- La cárcel fue un infierno. Será la perpetua esta vez.
- El INFIERNO es vivir día a día sin saber la razón de tu existencia. Pero se acabó. Le ha costado la vida a alguien que se portó bien conmigo... Pero he salido del infierno. ¡Sé lo que tengo que hacer!
Uranio embotellado
Todo ello, aleado con notables cotas de suspense, de nuevo, protagonizado por objetos que asumen un protagonismo irracional y memorable (las llaves de una bodega, las botellas de la cosecha de 1934), diseñados para secundar un argumento increíble (pero eficaz) en torno a un macguffin que vuelve a reunir algunos de los tópicos (con)formadores de su filmografía: madre castradora y dominante (sobretodo de cara a la nuera); mujer enamoradiza y sufridora; concilio de malos aficionados a las conspiraciones geopolíticas...
Cine próximo a las vertientes emocionales definitorias del film noir a lo Fritz Lang, Encadenados representa el enaltecimiento del Amor en el Cine de Alfred Hitchcock sólo igualado (aunque desposeído de la reciprocidad necesaria para que pueda definirse como película esencialmente romántica) por varios segmentos de Vértigo que, al igual que ésta, aún conserva el carácter de película claustrofóbica, psicológica y enfermiza.

Es Encadenados, una de las cumbres del mejor cine de todos los tiempos.
Esperanza
Una de ellas, Utopía de María Ripoll, un film fallido pero arriesgado, que presume de cromas alterados e imágenes trucadas, montaje alambicado y pretensiones shyalamanistas, en torno a un argumento sugerente, el que protagoniza un oráculo perturbado por su magno poder, un ángel de la guarda existencialista condenado a sobrevivir a una cotidianidad que le hace conocedor del futuro de los hombres y mujeres que lo circundan.

Me gustan sus mimbres: lo que cuenta y cómo lo cuenta. Pero no me gusta el resultado final (ojo, no el final sino la sensación que desprende su visionado en conjunto) ni el uso arquetípico (e incluso prescindible) de alguno de sus personajes y subtramas. Es y quiere (y logra ser) diferente: y eso es motivo de aplauso. Hay director(a) y talento en Utopía. Y la consistencia se alcanza con el tiempo.
La siguiente película, una auténtica sorpresa: fría, precisa, intrigante: El Segundo Nombre de Paco Plaza, un film de género desafectado de efectismos y trivialidades, con ecos a La Semilla del Diablo de Polanski y al cine de su colega y colaborador Jaume Balaguero, con quien comparte sobriedad narrativa, atmósferas inquietantes y tensión creciente. Una obra soberbia y paradigmática que el tiempo y las retrospectivas podrán (re)situar donde merece. Por mi parte, debo encontrar algo de tiempo para escribirle una crítica como es debido.

Algo se mueve en el cine de género en España. Es sólo una isleta de esperanza inmersa en un barrizal de cine previsible y tremendista. Nada, en fin, que no podamos resolver (y superar) con esfuerzo, talento y aptitud.
Hollywood
Allen: "Zelig ha vendido a Hollywood por una buena cantidad de dinero la historia de su vida. Cuando estalla el escándalo, el estudio cinematográfico pide la devolución del dinero. Zelig sólo puede devolver la mitad, ya que se ha gastado el resto. Furioso, el estudio le devuelve sólo la mitad de su vida. Se quedan con lo mejor y sólo le devuelven las horas de sueño y de comida".
Errol Flynn: "En Hollywood tienen mucho respeto por los muertos y ninguno por los vivos."
Jane Fonda: "Sí, trabajar en Hollywood da una cierta experiencia en el campo de la prostitución."
Marilyn Monroe: "En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma."
El avion absurdo

François Truffaut - Vuelvo a la escena del avión en el desierto. El aspecto seductor de esta escena reside en su misma gratuidad. Es una escena vacía de toda verosimilitud y de toda significación; el cine, practicado de esta manera, se convierte realmente en un arte abstracto, como la música. Y ésta gratuidad, que a menudo se le reprocha, constituye precisamente el interés y la fuerza de la escena. Esto era perfectamente indicado por el diálogo cuando el campesino, antes de subir al autocar dice a su Cary Grant, refiriéndose al avión que comienza a evolucionar desde lo lejos: "¡Mire! Un avión que fumiga y, sin embargo no hay nada que fumigar...". El avión no fumiga nada y no habría que reprocharle nunca la gratuidad en sus films, pues practica la religión de la gratuidad, el gusto por la fantasía fundada en el absurdo.
Alfred Hitchcock - El hecho es que este gusto por el absurdo lo práctico de manera totalmente religiosa.
El propio Truffaut, añadiría años más tarde en "Las Películas de mi vida" (1976):
"Para mantener a lo largo de sus películas ese desequilibrio que engendra una tensión nerviosa, Hitchcock se ve obligado lógicamente a sacrificar la mayoría de las escenas indispensables en un film psicológico (escenas de planteamiento, nudo y desenlace) porque le aburre mortalmente rodarlas. Hitchcock se siente, pues, inclinado a descuidar la verosimilitud de la intriga, e incluso a odiarla, sobre todo desde que existe una generación de espectadores, falsamente preparados, que no admiten más que argumentos que sean creíbles histórica, sociológica y psicológicamente."
¿Y qué nos da a cambio? Dos horas de emoción superlativas.
Estos son tiempos modernos
Para compensar el “esfuerzo”, Chaplin regala las primeras palabras de su Cine: “¡Más rápido!”, una breve alocución del vagabundo (que el discurso de El Gran Dictador se encargaría de completar elocuentemente) y un sinfín de imágenes y secuencias memorables que se resumen en la final.

Según la lista Kobal, la sexta mejor película de todos los tiempos. Esta vez no seré yo quien le lleve la contraria.
El hombre que sabía demasiado: sinfonía de suspense
...Utilizándolo al servicio de la historia (es decir, fiel a sus principios). Por eso, la ama de casa en que se ha convertido una gran cantante por cuenta del amor que profesa a su marido médico (y que le obliga a cambiar su residencia de Londres, donde ha cosechado un gran éxito en el teatro, por una provinciana ciudad estadounidense) conseguirá salvar a su familia con las notas de una canción, aprovecho ya para decirlo, mítica e inolvidable... (Ni a Spielberg se le hubiera ocurrido semejante exaltación de la Familia).
...El tributo a Doris Day no se acaba con la canción, dejando para la retina cinéfila, un momento de cierta altura interpretativa (habida cuenta de que tenía que mantener intacto su enlacado peinado) cuando un contenido y cerebral James Stewart la comunica que, efectivamente, el hijo de ambos ha sido raptado esa misma tarde...

...Superado el entorno exótico del zoco de Marrakesh (sin renunciar ni a un sólo de los elementos de suspense habituales: personas que ocultan secretos inconfesables, mcguffins motivantes de la acción, agentes secretos tiznados de negro, un hombre corriente perseguido por el misterio, sospechosos y asesinos por doquier...), Stewart y Day se dirigen a Londres en busca de su hijo, topándose en el camino con alguna de las secuencias más inspiradas de la filmografía del cineasta, destacando -por encima de todo (literalmente)- aquella en que James Stewart logra escapar del interior de una iglesia a través del hueco de un campanario al que accede, pues sí, escalando por el cordaje de la campana (una secuencia afectada de un gran sentido metafórico).
Y, por descontado, la célebre secuencia de los platillos orquestales, rodada de forma majestuosa, con el único acompañamiento de una partitura musical. Ya lo sabíamos pero Hitchcock nunca duda en demostrarlo: el suspense es un artificio que puede prescindir de la palabra sin perder ni un ápice de su eficacia y credibilidad.
"El hombre que sabía demasiado" inicia una etapa exitosa en la filmografía hitchcockniana que logrará encadenar sus mejores y más reconocibles obras, presumiendo no ya sólo de gran conocedor de los dispositivos que sustentan el suspense (en realidad nunca había dejado de hacerlo), sino de director calculador fabricante de divertimentos a granel que siempre fue.
En fin, que uno no se cansa nunca de glosar la filmografía del Maestro...
El vagabundo y el arte emocional


Esta vez os aviso con tiempo.
Wise: el último ciudadano
Precisamente, porque permanecerá al margen de este tipo de informaciones (exceptuando su anecdótica labor en la dirección de Star Trek), me gustaría destacar la labor de Wise en algunos notables productos de género como Nadie puede vencernos (uno de los hitos de uno de los subgéneros que más me interesan: el cine boxístico, protagonizado por el no menos inolvidable Robert Ryan) o El Ladrón de Cadáveres (ambas para la RKO). Pero no se quedó ahí. Coaligado con las servidumbres del talento aplicado a la narración genérica, el bueno de Wise abordaría la dirección de Ultimátum a la Tierra, una cinta de ciencia ficción antagónica de cuantas emanaban de unas productoras, en aquellos años, desvirtuadas por la labor paranoica de McCarthy. (En el recomendable blog de Javier podéis disfrutar de una aguda reflexión sobre esta genial película).

Tras pasar por el cine bélico (Las ratas del desierto o Torpedo), el peplum alimenticio (Helena de Troya), o el Western (Sangre en la Luna con Robert Mitchum y La ley de la horca, con James Cagney), Wise encontraría un cómodo soporte en productos ideológicamente asociados a los Oscars. El drama Quiero Vivir (un vehículo al servicio de Susan Hayward en forma de alegato –más que efectivo- contra la pena de muerte: una película magnífica de plena actualidad, por cierto), y el musical West Side Story (un éxito notable al que le cuesta asimilar el paso del tiempo), preludiarían el colosal éxito de Sonrisas y Lágrimas, película de explícito título castellano que, sin embargo, tampoco lograría rescatar de la tantas veces injusta etiqueta del artesanazgo al trabajo del director.
Su paso por el musical armónico y bienintencionado dará paso a un tríptico catastrofista de decreciente interés formado por El Yang-Tsé en Llamas, La Amenaza de Andrómeda (basada en la novela de Crichton) y Hindenburg, y dos películas de terror (cada vez más olvidables): The Haunting (una de las historias más conocidas y plagiadas de la cinematografía de terror post-monstruosa) y Las dos vidas de Audrey Rose (basada en la novela homónima del hoy olvidado Frank DeFellita con un primerizo Anthony Hopkins con el rostro enrojecido...).
De éste grupo me quedo con La Amenaza de Andrómeda, la historia de una paranoia narrada contra las convenciones del ritmo que nos ofrece a un Wise experimentador, degustador del cine de catástrofes tremendista; un producto descriptivo y anticonvencional que se constituye en uno de las películas más influyentes (a nivel formal) y paradigmáticas de la ciencia ficción de los setenta.

En fin. Se va el último de cuantos habían participado en Ciudadano Kane. Ya no hay testigos. El tiempo se encargará de abatir a un hombre, ya muerto, y de hacer revivir a la leyenda. Así de grande es el Cine.
Gilliam vuelve por sus fueros

Suspense frenético
El argumento es evocador: una barriada londinense de apostura setentera (peinados incluidos) oculta entre sus fauces la presencia de un frutero reprimido con mentalidad de psicópata; un aficionado a los estrangulamientos con corbata que siembra de pistas falsas todo el mercado al objeto de imputar todos los asesinatos que comete a uno de sus mejores amigos...

Alguna de las secuencias de Frenesí consiguen hacerse un hueco entre las mejores de su filmografía como la lucha con el cadáver en el interior del camión de patatas o las escenas de los dos asesinatos donde el talento de Hitchcock, maestro de la narración por excelencia, se muestra en todo su esplendor. El primero se ejecuta en tiempo real, de manera explícita, y especialmente contundente (carácter escabroso que ya había experimentado, con éxito, en Cortina Rasgada en la célebra secuencia del Horno): la víctima sufre, se resiste y finalmente sucumbe al ímpetu de su agresor. La música brilla por su ausencia. Hitchcock sigue sabiendo cómo estremecer...
El segundo presume de todo lo contrario basando sus armas en la elipsis, la implicitud y la sugerencia. La cámara acompaña a los protagonistas (víctima y verdugo) hasta la misma puerta de la habitación y ahí comienza a retroceder, dejándolos a merced el uno del otro, hasta que retoma la cotidianidad de un barrio londinense que vive al margen de la atrocidad que está a punto de cometerse dejando para la posteridad el plano-secuencia por excelencia.
Frenesí, la última obra maestra de Alfred Hitchcock, conserva buena parte de los arquetipos y constantes de su filmografía (Falsos Culpables, víctimas rubias propiciatorias, indagaciones policíacas, asesinatos en tiempo real, problemas para deshacerse del cadáver... y puro y duro Suspense), eso sí, llevados hasta el último extremo y enriquecidos con gruesos retazos de humor negro (las pruebas que persiguen al falso culpable llegan a rozar, incluso, la parodia) e hilarante humor inglés (protagonizado por un Inspector de Policía sin gaznate de gourmet) que acompañan y edulcoran un argumento de naturaleza sádica dispuesto para espectadores ávidos de emociones fuertes.
Errores de guión en beneficio de un entramado de puro suspense no desvirtúan, ni mucho menos, la última obra maestra del gran Alfred Hitchcock. Por cierto, un habitual en estas huestes cronicófilas.
La Soga y el exhibicionismo
Adaptar la obra de teatro de Patrick Hamilton como si realmente se tratara de una obra de teatro (incluido el tiempo real), le supone al tío Hitchck un primer quebradero de cabeza si no quire renunciar a alguno de sus artificios de suspense. Más y cuando uno de sus arquetipos habituales: el falso culpable, queda descartado con su explícita e incontenida escena inicial. De otro lado, la trampeada única secuencia de la que presume el film le imposibilita utilizar uno de los recursos que, todavía hoy, definen al cine de suspense: el uso narrativo del montaje.
“Textualmente, cuando pienso en ella, me doy cuenta de que era completamente estúpido porque rompía con todas mis tradiciones y renegaba de mis teorías sobre la fragmentación del film y las posibilidades del montaje para contar visualmente una historia”.
Hitchcock utiliza la técnica al servicio de la narración alterando los fondos de la ciudad, desplazando muebles y decorados para que la cámara pudiera moverse con toda naturalidad por el apartamento. La cámara (la mastodóntica Dolly) y los operadores y técnicos debían moverse en absoluto silencio. Las tomas debían repetirse una y otra vez debido a lógicos problemas de iluminación en la que sería la primera película en Color del maestro inglés.

Pero La Soga no sólo destaca por su apartado formal cediendo buena parte de su interés en el tratamiento otorgado al contenido. El McGuffin, el cadáver dentro del baúl (centro de atención de toda la película), y las motivaciones que definen la actitud de los dos protagonistas, una deformación del mito del Superhombre en el que los protagonistas asocian el ideal de Nietzsche con el ejercicio de la libertad más absoluta (una libertad malentendida que les permite disponer de las vidas de los demás únicamente para demostrar su supuesta superioridad intelectual), serán los pilares controvertibles sobre los que se van a sustentar la base ideológica del film.
No se queda ahí. Hitchcock insinúa una relación homosexual entre los dos estudiantes. Los detractores del film sugieren un tratamiento homófobo al identificar dicho carácter con el propio asesinato; teoría alucinatoria según la cual, sólo unos depravados como ellos serían capaces de cometer dicho crimen. En realidad, y visto en la actualidad, el carácter homófobo, incluso misógino del film, queda al margen de la interpretación final de la película y, seguramente, de su propia concepción. Porque lo que realmente interesa a Hitchcock es el carácter exhibicionista de su sustrato argumental:
No hay crimen perfecto si no hay crimen. Y no hay crimen si nadie, excepto el cadáver, sabe que se ha producido. El maestro aprobará o reprobará el trabajo de sus alumnos única y exclusivamente cuando los propios alumnos le entreguen los deberes. La cena supone un desafío intelectual que sigue el esquema narrativo de las “migas de pan” del cuento de Hansel y Gretel. Dan pistas a su maestro para que los cojan: uno, llevando su “juego criminal” hasta el paroxismo. El otro, soportando la certeza de que, al final, el maestro resolverá el juego.
El cadáver siempre está presente en escena, incluso comen encima de él en una fiesta donde también está invitado el propio padre del fallecido. Hitchcock comienza a superarse a si mismo.
Aniversarios, decisiones y... Cine
Pasó el huracán.
Decisiones: Va llegando el momento de tomar decisiones. Va llegando el momento de tomar decisiones. Va llegando el momento de tomar decisiones. Va llegando el momento de tomar decisiones...
No tengo pizarra como Bart pero también tiene un propósito adoctrinador. A ver si un día de estos me animo. Y tomo la jodida decisión.
Cine: Recientemente he visto dos películas: Pauline en la Playa, de Eric Rohmer, ya sabéis, una de las películas cuyo guión se estudia en las escuelas del cine y cuyo visionado solo es obligatorio si se ve en versión original: es, pues sí, un drama burgués, bien interpretado, con personajes que se mueven con admirable naturalidad, y que sabe aguantar el paso del tiempo (me refiero a la historia, claro, no el vestuario).
También he visto El Maquinista de Brad Anderson. Una historia de género de aires enfermizos. Conclusión: se merece crítica aparte.
Las cosas de... Spaulding

"Una mañana disparé a un elefante en pijama. No tengo la menor idea de cómo se metió allí"
Decálogo del guionista en paro
2) No plagiarás el último éxito de la temporada ni lo intentarás.
3) No despreciarás el cine de género de calidad.
4) Renunciarás a escribir productos para toda la familia.
5) Negarás la posibilidad de proyectar un vehículo narrativo para el lucimiento de la estrella de turno.
6) No permitirás que el director firme la co-autoría del guión a pesar de las tres palabras que añadirá al final de la película.
7) No reescribirás el texto de la actriz principal bajo ningún concepto.
8) Olvidarás incluir escenas de ducha.
9) Declinarás desarrollar series y personajes para la televisión.
10) Reflexionarás sobre tu verdadera condición en cada reparto de pizza, enciclopedia vendida o teléfono móvil ofertado que realices...
A veces hay que hacer una excepción
En realidad, todo forma parte de una leyenda que todos creemos a pie juntillas. ¿De que otro modo, sino, encontrariamos la motivación suficiente para continuar escribiendo nuestros proyectos ilusorios? Así empezó Sam Raimi, John Carpenter, George A. Romero, Martin Scorsese, Brian de Palma... y Robert Rodríguez. Ahí voy.
Nunca me interesó lo más mínimo la filmografía de Robert Rodríguez desde que una vez disfrutara sólo tangencialmente con varios segmentos de El Mariachi. No es que me pareciera sobrevalorada: sencillamente, me costó entender la mayor parte de sus parlamentos. Algo, por cierto, que no debe ser una tara insuperable para el deleite de una película como bien demuestra, sin ir más lejos, Amores Perros... Después de su primer film, el bueno de Rodríguez contó con el apoyo y afecto de la industria que lo da de comer posibilitando un buen número de obras exitosas a nivel comercial y un par de apéndices más a esa historia suya de mariachis aficionados a los subfusiles que tanto me cuesta disfrutar... Con sólo una excepción resañable (The Faculty) y un par de películas infantiles poco menos que insignificantes, las sensaciones que deja su filmografía es de futilidad, el visionado de sus películas, poco menos que la indeferencia..
En fin, un prólogo poco esperanzador para la película que estoy a punto de ver en un par de horas. Ya os contaré.
Sólo un botón
No hace falta más. Sólo hace falta apretar un botón para que todo el planeta perezca devastado por la radiactividad. ¿No se lo creen? ¿Alguien de vosotros recuerda el final de "Regreso al Planeta de los Simios"? Dicen que allí no hubo un “día después”.
Algo parecido supondrá el fin de la humanidad. Y lo será en manos de un vaquero texano con la bomba nuclear bajo sus pelotas sobre un fondo transparente que rezuma puro genio kubrickiano. Y lo será también en Australia, en aquella playa paradisiaca, donde Ava Gardner y Fred Astaire se emborrachan por última vez esperando que llegue el efecto irremisible de esa nube maldita.
Porque sólo hace falta un botón.
Esto también lo sabían los generales estrategas de Juegos de Guerra y entregaron el poder del mundo a una computadora ludópata cuya única vinculación con la realidad estribaba en ganar la próxima partida. Nada nuevo. Una entidad silícica demente y una devastación nuclear son elementos habituales en nuestros divertimentos cinematográficos favoritos. En los dos primeros Terminator, se jugaba con la posibilidad de retardar el apocalipsis con una buena dosis de adrenalina. En la última, sin embargo, el hongo nuclear se recreaba en una devastación imparable. Ni tú ni yo llegaríamos al búnker a tiempo pero si lo consiguiéramos sería mejor dejar las ilusiones para las películas: a Claire Danes siempre le gustaron los tipos altos...
Eran robots, no terroristas, para desgracia de Tom Clancy o de ese Jack Ryan con cara de Ben Affleck, sin traje de superhéroe ni suegro perforador petrolífero al lado, pero con ese claro afán inexplicable de querer salvar al mundo de sus excesos por cuenta de la bandera que más se está empeñando en condenarlo... En fin, tampoco habrá sitio para los aliados, servidores de la Reina o no, con licencia para matar o no, en el panteón de las naciones salvadoras por mucho que se empeñen en combatir contra organizaciones criminales de aires espectrales (Octopussy, Goldfinger) adictas a las cabezas nucleares. Las farsas sólo funcionan en la ficción. Palabra de Shakespeare.
¿Por qué no lo conseguirán? Porque siempre habrá candidatos para pulsar el botón en la hoguera de las vanidades... Y entonces el apocalipsis será engendrado... Y la caja de pandora abierta para disfrute y deleite de los agoreros, oráculos tremendistas o humanoides alienígenas, enviados de los planetas vecinos con voz y rostro de Klaatu, cansados de repetir a los humanos que deben cambiar sus políticas, que deben madurar sus sociedades, rebajar las disputas, proteger el hábitat que los da de comer y acomoda, “no persistir en el error”, elevando su voz por encima de la nuestra, dándonos –aun- un ultimátum en aquel día en que la Tierra... se detuvo.

Entonces sólo nos quedará huir de esa bestia vengadora que surgirá del mar, sea japonesa o afrancesada, ese monstruo de los tiempos remotos con andares y rabo de Godzilla, dispuesta a arrasar con lo que pueda, esta vez, sabiendo que debe devolver al hombre tres cuartas partes de su voracidad y espíritu destructivo. Y, naturalmente, debemos buscar a los nuestros, vivir nuestra cotidianidad plenamente, aprender a disfrutar de las pequeñas cosas, encontrar en el calor humano el verdadero sentido de nuestra espiritualidad, esperar a que venga el viento - como hacía aquella pareja de ancianos al son de las canciones de David Bowie- para llevarse mucho más que nuestros recuerdos...
Ese día tampoco conseguiremos nuestra salvación. Pero dejaremos una huella en el Universo como prueba irrefutable de que una vez intentamos rebelarnos contra nuestro destino.
Lecciones de vida y boxeo (parte II)
Frankie: Esa mujer no hace nada de lo que le digo.
Eddie: ¿Quieres un consejo?
Frankie: ¿Cuál...? –se da la vuelta y observa a su interlocutor que tiene sus pies sobre la mesa de su despacho-: Oye, ¿y tus zapatos?
Eddie: Me estoy aireando los pies.
Frankie: (sorprendido) ¡Tienes unos agujerazos en los calcetines!
Eddie: No son tan grandes...
Frankie: ¿No te di dinero para unos nuevos?
Eddie: Estos me los pongo para dormir. A mis pies les gusta airearse por las noches.
Frankie: ¿Y por qué los llevas también de día?
Eddie: Porque mis calcetines de día tiene más agujeros...
Frankie: Pues... Si te doy un poco más de dinero... cómprate unos nuevos, por favor.
Eddie: La idea me seduce, pero... No puedo asegurártelo. Quizá me vaya al hipódromo.
****
Frankie: Padre, el de hoy ha sido un gran sermón. Me ha hecho llorar.
Padre Horvak: Qué es lo que hoy te desconcierta
Frankie: Pues lo de siempre. Lo de un Dios que son tres dioses.
Padre Horvak: Frankie, la mayoría de gente entiende que es una cuestión de Fe.
Frankie: ¿Es como una mezcla de avena, trigo y pasas metido en una gran taza?
Padre Horvak: ¿Estás aquí delante de mi Iglesia, para comparar a Dios con el muesli? Solo vienes aquí para aturdirme... Esta mañana no lo conseguirás.
Frankie: Pero estoy confuso.
Padre Horvak: No lo estás.
Frankie: Sí lo estoy.
Padre Horvak: Entonces la respuesta es que sólo hay un Dios. ¿Algo más...? Estoy ocupado.
Frankie: ¿Qué es el espíritu Santo?
Padre Horvak: Una expresión del amor de Dios.
Frankie: ¿Y Jesús?
Padre Horvak: El hijo de Dios. No te hagas el estúpido.
Frankie: Pero entonces él que es. Le convierte eso en semidios?
Padre Horvak: ¡Esos no existen, gilipollas pagano! (Cambia de tema:) ¿Has escrito a tu hija?
Frankie: Por supuesto.
Padre Horvak: ¡Estás mintiéndole a un cura! ¿Sabes qué? Tómate un día libre... ¡Mañana no vengas a misa!
Lecciones de vida y boxeo
"Solo conozco a un hombre contra el que no querría pelear. Cuando le conocí ya era el mejor arreglacortes del mundillo. Empezó a hacer de entrenador y manager en los años 60 pero nunca perdió su rumbo. A veces no hay nada que hacer. El corte es profundo y está cercano a un hueso. Quizá haya alguna vena perforada o simplemente no puedes meterle el coagulante hasta el fondo. Existen muchas combinaciones de coagulantes para las distintas capas de carne. Y Frankie sabía trabajar con todas ellas"

"A Frankie le gustaba decir que el boxeo es un acto antinatural. En el boxeo todo va al revés: a veces la mejor manera de dar un puñetazo es retrocediendo. Pero ha retrocedido demasiado... Y se ha acabado el combate"
"Algunos decían que lo más importante que puede tener un púgil es corazón. Frankie decía: a un boxeador que sólo tenga un buen corazón sólo le espera una paliza"
"A la gente le encanta la violencia. Cuando ven un accidente reducen la velocidad para ver si hay muertos. Son los que dicen que son amantes del boxeo. No tienen ni idea de lo que es. El boxeo es cuestión de respeto. De ganarte el tuyo y de quitárselo al contrario".
"Les enseñas como deben colocar las piernas debajo de los hombros... Para formar boxeadores debes decaparles para llegar hasta la madera pelada. No puedes simplemente decirles que se olviden de lo que sepan. Deben olvidarse de todo hasta la médula. Cansarles tanto que sólo te oigan a ti, que sólo oigan tu voz; que sólo hagan lo que tú digas y nada más".
"Enseñarles como mantener su equilibrio y limitárselo al contrario. Como generar impulso empezando con el dedo del pie derecho y como flexionar las rodillas cuando lanzas un punch. Como boxear retrocediendo para que el otro no quiera ir a por ti. Entonces tienes que volver a enseñárselo todo. Una vez y otra, y otra vez más. Hasta que crean que nacieron así".
Leer crítica de Million Dolar Baby en El Cronicón.
La tierra tiembla

Serie B autoconsciente, monster movie cinéfila y divertida, cinta de humor travestida de película de ciencia ficción, el film de Ron Underwood colecciona una serie de momentos hilarantes, varios diálogos antológicos y un cierto sentido de la comicidad (entre los personajes, y entre éstos y los espectadores).

Gusanos gigantescos, sismógrafos enloquecidos, becarias enamoradizas y un pueblo redneck sometido a los caprichos de la evolución definen esta película de culto cuyas derivaciones ya acumulan hasta tres partes más. Intentos inanes de superar la tremenda comicidad dimanante de la actuación de sus dos grandes protagonistas: Kevin Bacon y Fred Ward. [Y para los carpenterianos, un papel secundario para uno de su habituales: Victor Wong.]
Absorbiendo nuestra fuerza vital

Actualización “metafísica” de alguno de los grandes clásicos de la Ciencia Ficción clásica como La guerra de los Mundos de Byron Haskin o Qué Sucedió Entonces?, de Roy Ward Baker, la película sigue ofreciendo un buen puñado de imágenes sugerentes en forma de: estaciones espaciales de orientación clarkiana, vampiros siderales dormitando en ataudes de cristal, cometas contenedores de secretos ocultos, ensoñaciones idealizadas con andares y senos de Mathilda May, rayos cósmicos de aires destructores, viandantes orates poseídos por la histeria...

Una gozada.
Una película posterior, Species, heredaría buena parte de las soluciones visuales y conceptuales de Lifeforce con idéntico sabor y textura. Pero faltaba John Dykstra (en los f/x), y sobretodo, Tobe Hooper, otro de los directores de la “Generación Alternativa” al que le costó, y de que manera, superar el desmedido éxito de su estruendosa opera prima.
Todavía cuelan las precuelas
Por alusiones clasicómanas, otra imprescindible de los 70, La noche de Halloween, producida por profesionales menos habituados a los modernismos, sobrevive a duras penas entre delirio y delirio con secuelas infinitas cuyo único propósito se resuelve remarcando las propuestas ya descritas en el film original... Tú y yo tenemos la respuesta: ¡Con lo fácil que sería lo de la precuela!
En fin, que todo esto venía a cuento de Batman Begins... Mañana os pongo la crítica.
Sobre los pasos de otros
b) Spielberg sigue los pasos de Hitchcock en Duel como John Carpenter o George A. Romero hacían lo propio con Howard Hawks. A todos les une una misma respuesta emocional: ser agradecido con sus Maestros.
c) Todos estos directores hallaron en la televisión o en los cines de barrio la clase práctica más gozosa de cuantas formaban parte del plan de estudios de la carrera de Cine. Hoy, 12 de julio de 2005, sigue ocurriendo lo mismo.
d) Si en Europa Erice reflexionaba sobre la mitificación de los monstruos en la infancia, los representantes de la generación de los 80 hacían lo propio con las sesiones dobles de los cines de barrio. Del Matinee de Joe Dante al Cinema Paradiso de Tornatore, como véis, solo hay un paso.
e) Cuando Tobe Hooper o Chuck Russell revisionaban en los años 80 clásicos de la ciencia ficción de los 50 lo hacían amparándose en sus recuerdos cinéfilos, creando textura cinematográfica allí donde otros habían sembrado fragmentos de obras/historias entrañables. La falta de pretensiones de ambos (homenajeado y homenajeador) refuerza su inequívoca condición de cine de perfil bajo pero también de Cine exonerado de pretensión, singularmente disfrutable y ameno.

f) A Quentin Tarantino lo define una cinematografía violenta alimentada por visionados incontrolables de cine de consumo, cine ruidoso e insbustancial que, sin embargo, funciona a modo de semillero creativo para deleite y disfrute de las nuevas generaciones. Las fuentes creativas de Tarantino sirvieron para redefinir las bases del cine explotaition de los noventa a expensas de que alguien se vuelva a atrever a hacer Cine del cine menos valorado.
La partida de ajedrez

Caballero: "¿Porqué, al menos, no me es posible matar a Dios en mi interior?. ¿Porqué prefiere vivir en mí de una forma tan dolorosa y humillante, puesto que yo le maldigo y desearía expulsarlo de mi corazón?. ¿Sabes?. Estoy a punto de llegar a una conclusión... Creo que Dios es una especie de realidad engañosa, de la cual los hombres como yo no podemos desprendernos... Por eso yo quiero saber. No deseo creer. Ni suponer, sino saber... Deseo que Dios me tienda la mano, ver su rostro y que me hable”.
Muerte: “Pero se calla”.
Caballero: “Así es... Le grito en medio de la noche, pero es como si no hubiera nadie en ningún sitio”.
Muerte: “Puede que no haya nadie”.
Caballero: “Sí, ya lo he pensado. Pero, en ese caso, la vida sería un horror absurdo. Nadie es capaz de vivir con la muerte ante sus ojos y creyendo que todo ha de desembocar en la nada más absoluta”.
Muerte: “La mayor parte de los hombres no piensan ni en la muerte ni en nada”.
Leer más (más que recomendable):
"Ingmar Bergman. Celuloide Obsesivo" (VV.AA./Revista Tijeretazos, 2004 - 33 pag.)
"Apuntes sobre el Cine de Bergman" de Alfredo Garmendia (Revista Tren de Sombras, 2004 - 16 pag.)"
El Apéndice Prospectivo
El apéndice prospectivo:
1.- El Arquetipo amoroso:
En el listado de temas prospectivos que, en su momento, elegí como arquetípicos de esta apasionante rama de la ciencia ficción cinematografiada, descarté, por subsidiario, uno de los subplots más utilizados en todos los géneros objeto de representación dramática: el romanticismo. Me equivoqué. Dos recientes obras, Código 46 de Michael Winterbotton y 2046 de Wong Kar-Wai, retoman la constante amorosa no ya sólo como un apéndice secundario de unos argumentos mayores trufados de acción y f/x sino como leitmotiv primario, justificador de todo el proyecto, motor necesario e ineludible del desarrollo de ambas películas.

No son una excepción: Metrópolis, Fortress, Brazil, Ghost in the Shell, Mad Max, THX 1138, Inteligencia artificial, El Show de Truman y por encima de las demás, Abyss, están claramente inspiradas en esta constante romántico-amorosa que, naturalmente, merece como la que más formar parte de esta vetusta, ahora ya lo sé, recopilación dogmática.
Corregido queda.
2.- La Seducción Visual:
A medida que los efectos especiales avanzan en el campo de la renderización de carácter realista, que las técnicas de CGI consiguen animar a las masas como insectos en un enjambre digital, aumentan, también, las posibilidades de la infografía en el desarrollo de las películas prospectivas (puede verse en los decorados detallistas de las ciudades y paisajes del futuro) y, por ende, en la espectacularidad y relevancia de todo lo filmado. Sin embargo, los primeros pasos dados en este sentido parecen apostar únicamente por el plano contextual, deseando dar empaque y textura modernista a unos entramados menores (casi siempre camuflados en thrillers de acción), compensando con espectáculo vanal y arquitectura modernista la mayoría de las lagunas definitorias de buena parte de estos filmes de ciencia ficción.
La Forma y el Fondo, como tantas otras veces, se enfrentan también en este género en eterna búsqueda de un equilibrio que, por un lado, reavive el interés del público (y de la crítica) por unos conjuntos temáticos que, ya en su día, posibilitaran obras magníficas como 2001 o Blade Runner y, de otro, aleje inexorablemente al género de las cenagosas marismas del cine de consumo.
3.- La Bella y la Bestia:
La notable dicotomía existente entre la novela y el cine prospectivo encuentra un singular consuelo en el gran éxito que la Bestia (el Cine) ha podido disfrutar más allá de su condición de producto estrictamente fanta-científico (sobretodo en su vertiente iconográfica y visual) en contraste con el fuerte componente endogámico, cuasi-clandestino, pésimamente difundido de la Bella (la literatura), contenedora de historias fascinantes y fascinadoras y, sin embargo, condenada a sobrevivir a su coetaneidad por cuenta y riesgo de unos pocos, veneradores entusiastas todos ellos de una vertiente literaria exiliada de los circuitos de distribución oficialistas y/o rentables.
En este sentido, el Cine, arte popular y recurrente por excelencia, ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos rebajando su nivel dogmático y aumentando, en proporciones similares, su apostura de cine de consumo, de explotaition lúdica y, eminentemente, olvidable. Desposeído de trascendentalidad, pues, asumiendo su condición de producto alimenticio, ha conseguido encontrar un hueco en el corazón del público medio. Los efectos especiales, ya lo sabéis, ponen el resto...
4.- El Futuro Presente:
En perpetua espera de que la adaptación para el cine de El Juego de Ender y La Sombra de Ender por obra de Orson Scott Card (que debiera suponer el regreso de Wolfgang Petersen al género de Ciencia Ficción) se convierta en tangible realidad, en las próximas semanas (y meses) llegarán a nuestras carteleras tres obras prospectivas que, de algún manera, revitalizarán las Constantes objeto de nuestro estudio con ingentes dosis de adrenalina:
a) La Isla/The Island del terrible y temido Michael Bay apostará fuerte (y seguramente con oportunista polémica) por el tema de la clonación, enfrentando a dos réplicas humanas, conocedoras de su condición de taller de repuestos orgánicos, contra la sociedad hipócrita que las ha fabricado. Como de Michael Bay podemos esperar cualquier cosa, y pocas positivas, esperamos este producto con una cierta cautela pero con el convencimiento de saber que se convertirá en uno de los blockbuster del verano...
b) The Fountain de Darren Aranofsky, la gran esperanza blanca de la ciencia ficción contemporánea y, según se anuncia, uno de los mejores guiones realizados para el celuloide (también se convertirá en una Historia Gráfica) llegará en navidades contándonos la odisea de un hombre, superviviente a tres edades temporales diferentes (o eso dice su pressbook), con un único y edificante propósito: encontrar el elixir de la vida que permita rescatar a su mujer de las siniestas garras de la Enfermedad...
c) La apuesta española (aunque sea en cuanto a capital de producción) será Rottwailer, remake de El Perro de Isasi Isasmendi (una de las películas favoritas de quien esto firma) que a su vez adaptada el relato homónimo de Vázquez Figueroa, y que narrará la historia de una persecución a muerte entre un perro robotizado y un running man de aires yanquis en una Iberia futurista, decadente e insana, con la inmigración como testigo contextual.
En fin, disfrutad del género: por lo que queda por venir y por lo que ya ha venido. Por lo segundo, el Diccionario debe servir para abrirles el apetito y despertad su interés por esta apasionante temática. Respecto a lo primero... pues habrá tiempo para analizarlo, naturalmente.
Nos vemos en los cines.
La madriguera de conejos
NEO: ¿Qué verdad?
MORFEO: Que eres un esclavo, Neo. Igual que los demás, naciste en cautiverio, naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar... Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos...

La Paradoja Publicitaria
“Independence Day”, decía, “por primera vez, en televisión, la versión extendida...”. ¡Y gratis!
Parece mentira pero es cierto. ¿De verdad quieren que la gente vea una versión extendida de Independence Day? ¿Se atreven a decirlo? ¿Cuál será la próxima? ¿Bridget Jones 2 en 3D? ¿Ace Ventura 2 subtitulada? ¿Hermana, pero qué has hecho... en Scope? ¿Annie Hall muda?
En fin, mañana todo volverá a ser como siempre. Yo, sometido a una rutina stajovista. Ellos, compensando con balsámica ración de refrescos los excesos de su fiesta del día de la Independencia...
El tercer hombre también era lúcido

Hoy es día de listas y listados, de frases míticas y de frases sobrevaloradas...
También forma parte de éste, nuestro divertimento artístico favorito.
La cadena... cinéfila
1.- Número de películas:
Una videoteca con 6391 títulos como maese Spaulding me haría el segundo tipo más feliz del planeta ;)
Pero no es el caso. Tengo muchas, muchísimas, menos de la que me gustaría. No colecciono películas (por problemas presupuestarios, principalmente) pero sí colecciono recuerdos. Con los recuerdos, emociones y sensaciones desprendidas del visionado de éstas se podían editar varios libros, eso sí.
2.- Última película comprada:
Alien, el montaje del director y el montaje estrenado en salas, con sus buenos minutos de extras y su sonido remasterizado. Gran film, ya os digo.
3.- Última película vista:
Cazadores de mentes: interesante. Si saco algo de tiempo escribiré la crítica. Como anticipo: un tour de force entre investigadores forenses de aires superdotados con Diez Negritos como telón de fondo argumental. Tiene el aire desenfnrenado de Deep Blue Sea y la apostura intrascendente de un buen producto de serie B. Me gustó.
4.- Cinco películas cuyo visionado repites con frecuencia:
Elegir cinco es despreciar buena parte de los varios centenares de películas ineludibles que sirvieron para forjar la cinefilia que hoy me define. En fin, haré de tripas corazón para complacer el sentido vouyerístico de esta cadena:
a) Brazil: La verdad es que podía haber elegido Los Héroes del Tiempo o 12 monos, las otras dos vertientes de un tríptico gilliamniano dominado por la fantasía y la imaginación cinematografiada que alcanza con este Brazil un glorioso cénit y por ello: una de las películas más personales y vanguardistas de la Historia del Cine.
b) Drácula de Bram Stoker: Para alguien que adora la cinematografía vampírica escoger el Drácula por Coppola por encima del Vampiros de John Carpenter (una obra maestra), Las Novias de Drácula de Fisher, Las tres Caras del Miedo de Mario Bava o el Nosferatu de Herzog puede parecer una herejía, pero esta obra, acaramelada si se quiere pero visualmente fascinante, conceptualmente frenética, foma parte de mi colección de mitos particular.
c) El Ejército de las Tinieblas: De nuevo me cuesta elegir entre tres películas que componen parte de mi singular acervo cinematográfico, esta vez, con un cineasta como Sam Raimi de por medio. Elijo El Ejército de las Tinieblas por encima de Posesión Infernal o Darkman (igual de reivindicables), porque es una de las películas más divertidas y cimbreantes que recuerdo: la serie B más gozosa del último tercio del Siglo XX, la verdad. Y su primera media hora: ejemplar, toda una lección de un Cine de un cineasta, definitivamente, venido a menos.
d) El Viaje de Chihiro: una película imprescindible en cualquier videoteca que se precie. Una obra cumbre en la historia del cine. Sobran las palabras pero no la música de Joe Hisaishi. Su visionado, lo repetiré un millar de veces más, es poco menos que una experiencia mística.
e) La quinta la dejo abierta. Poned la que queráis: me vale cualquier película de Carpenter, Lang, Hitchcock, Cronenberg, Loach o Polanski y muchas de las de Kubrick, Hawks, Eisenstein, Allen, Berlanga, Medem o Spielberg.
Nótese que si la pregunta fuera: “¿qué películas se llevaría a una isla desierta?”, las respuestas evolucionarían hacia obras, digamos, más hedonistas y/o concupiscentes. Vosotros me entendéis.
5.- Señores a los que le paso el testigo:
Voy a ser poco original. A Luis, claro, si puede, pues tiene entre manos proyectos más que interesantes y mucho menos tiempo del que le gustaría (mañana te pongo un enlace). Y a Javier Iglesias: vuelve a la blogosfera... pues a encadenarse toca.
Vivir en la utopía:
Sin embargo, aun pienso que es posible.
b) Es cierto que no he acudido con una gran prodigalidad al cine y que mis desacertadas elecciones deberían haber intuido este pronóstico negativo pero, en lo que va de año, la decepción parace haberse posado en un estamento cinéfilo, más que nunca, demasiado (de)pendiente del talento de la vieja guardia.
Bueno, son inmortales, ¿no?
c) Incluso los que pertenecemos a una generación educada en la veneración incontinente de filmes como Indiana Jones y el Templo maldito, Los Goonies, El secreto de la Pirámide, Dentro del Laberinto, Cristal Oscuro o Juegos de Guerra, echamos cada vez más en falta una mayor dosis de hetedoroxia, productos que logren sorprendernos, ¡desarrollos argumentales que sobrevivan a las dos semanas de su estreno!
Será una paranoia nuestra, seguro.
d) Somos muchos, sí, los que leemos y escribimos, los que vemos y visionamos, los que disfrutamos y nos movemos en torno a una idea que convierte nuestra atracción natural hacia el vouyerismo ficcionado en un arte recurrente, popular y disfrutable. Pero cada día que pasa, tenemos la sensación de que el precio ticket es demasiado caro. La solución: una nueva película de Clint Eastwood.
Llegará.
e) De acuerdo: nuestra responsabilidad como espectadores-sustentadores de este negocio cinematográfico es garantizar su continuidad en el firmamento de las artes de masas, promocionado y promoviendo aquellas ideas que no sólo supongan una transgresión formal o conceptual de lo arquetípicamente conocido sino que además se resuelvan como productos especialmente lúdicos y vibrantes (también a nivel emocional).
Existen, por supuesto.
De Palma adapta a Ellroy

Vuelve Brian de Palma y ésta vez no se anda con tonterías: adapta a James Ellroy en The Black Dahlia.

Y sí. Con Scarlett Johannson en el reparto.
El día D
¡Y va la puta araña de los cojones y me inyecta su puñetero veneno en medio del párpado! ¡Hoy! ¡Precisamente, hoy! ¡El día D! ¡Grrrrrrrr! ¡Con la entrada en el bolsillo...! ¡Y con un ojo hinchado! Solo falta que me mire un tuerto...
Tendré que romper los espejos, claro.
Allen en el diván

«Trato de reflejar el vacío de la existencia. Ese vacío es el problema de raíz sobre el que se desarrolla una realidad tan desagradable. En poco tiempo envejecemos y no tenemos ni idea de nuestro objetivo en la vida».
Cannes y rutina
a) El Cine Español se queda fuera de la sección a competición... ¿Y van...?
b) ¿Por qué a muchos no nos extraña?
c) La selección es más que
d) No me olvido de David Cronenberg (A history of violence). Éste se merece un aparte en este Cronicón ;)
e) En la categoría "Clásicos" se presta especial atención al dueto Powell & Pressburger. Se confirma que algunos directores de aventuras contemporáneos irán de incógnito y con papel de notas...
f) Que sí... Que también Kim Ki-Duk estrena cinta (Hwal: The Bow)... Al final conseguirán que yo vea una de sus películas.
g) ¡Quién
En fin, hora de dormir, hora de soñar.
Panegírico de aniversario
Desparramó una semilla donde debió germinar el futuro del Cine de Género, con herederos y admiradores (de Spielberg de Duel y Tiburón, al Curtis Hanson de Bad Influences; del Brian de Palma de Fascinación al Shyalaman de El Bosque), con aficionados de toda edad y condición arrodillados ante el altar que representa su pasado. Pero se quedó en semilla ante la ausencia de un abono que canjeara las millonarias inversiones de los financiadores en productos digeribles y/u originales. Pero dejó el recuerdo, claro, y un millón de imágenes admirables...
Su cine era, ante todo, una experiencia gozosa, evasiva, polifacética, sempiterna. Una clase magistral que acechaba a nuestro subconsciente con aires manipuladores y pulso de cirujano.
Fue uno de los mitos de este arte cinematográfico, reconocido y reconocible por (casi) todos, poseedor de una filmografía ejemplar y sumamente prolífica ubicada en las vertientes del cine de género, al que dotaba de una apostura sugerente y sugestiva, de unos subplots integrados en otros más convencionales y artificiosos que, naturalmente, sembraba con tan variadas e reflexivas propuestas que enriquecían el resultado global del film.
Si hoy me preguntáis por mi favorita, dirigiré mis elogios hacia Frenzy, y ese aspecto de cine setentero que anticipaba alguna de las proclamas que luego acogería como propias los serial killer del futuro. Pero si me preguntáis mañana, cambiaré; no porque no lo tenga claro sino porque cada nuevo visionado renueva el sentido de su leyenda.
Dentro del... laberinto


Ays!, la infancia...
Efectivamente, Solo se vive una vez
Mañana, por cortesía de Garcia y acólitos, tocará el turno de Sólo se vive una vez/You Only Live Once, segunda película norteamericana de Lang (también con Sylvia Sydney de protagonista); un policiaco (antecedente del Cine Negro que definiría con Los Sobornados o La Mujer del Cuadro) extraordinario, cimbreante, frenético, fatalista, arrebatador e irrepetible que aun conserva momentos de delicado sentido cinematográfico, textura de obra maestra sempiterna.
Y todos, la hayáis visto o no, recordaréis su final ad eternium.

Fritz Lang forever.
Breve Encuentro

Antes de que Julia Roberts o Renee Zellweger desvirtuaran las historias de amor en el Cine, el Cine daba forma a una de las cintas de amor más inolvidables.
Es Breve Encuentro. Lo íntimo llegó antes de lo épico en el universo David Lean."
La Tumba India: el baile de la cobra

Si no lo habéis visto, hoy es un buen día para hacerlo.
El cameo del gran manipulador
Una de sus mayores aficiones (seguramente la más onanista) fue la del cameo. Estas dos páginas (en inglés; en alemán) ofrecen una exhaustiva recopilación de sus apariciones. La mayoría de ellas dotadas de una gozosa atracción por la ironía.
La prueba:

La sospecha sube por la escalera
Ese final, precisamente, propiciaría el disgusto del propio Hitchcock, sumamente autocrítico con su obra y más que disgustado por el final impuesto por los amables productores de la RKO, tal y como le explicara después a Truffaut. Pero para la retina dejó más de una escena memorable...

François Truffaut: Cuando Cary Grant sube la escalera, está muy bien.
Alfred Hitchcock: Hice poner una luz en el vaso de leche.
François Truffaut: ¿Un proyector dirigido hacia la leche?
Alfred Hitchcock: No, dentro de la leche, dentro del vaso. Porque era necesario que fuera sumamente luminoso. Cary Grant sube la escalera y era preciso que no se mirara más que a ese vaso.
...Y el inicio de su relación profesional con Cary Grant. Es Sospecha. Un Hitchcock menor: plenamente disfrutable; sumamente ambiguo.
JDC: El Vaso de Leche
Es inevitable. Sucede en todas las clases jerarquizadas y, más aún en aquéllas que se sustentan desde tiempos inmemoriales en las prebendas de la fe y los impuestos, en los gobernantes y en los generales. Al contrario que los grandes personajes que deben su popularidad a su talento o su trabajo (Hitchcock, Picasso, Shostakovich), aquéllos suelen caracterizarse por alcanzar su santidad con un simple nombramiento, la solemnidad por un título tiznado en carmesí, su futuro por cuenta de un pasado oportunista y despótico.
Los Papas no han sido muy cinematográficos: en la retina es fácil recordar a El Cardenal o Las Sandalias del Pescador, alguna hagiografía (técnicamente hablando) olvidable y un par de obras maestras: Amén de Costa Gavras (el Papa actúa por omisión) y El Padrino III de Francis Ford Coppola.

Precisamente, de ésta última quiero destacar una gran secuencia (dentro de una linea argumental que apoyaba una teoría conspirativa de ascendencia didáctica): la de una taza de té que se posa sobre una mesilla que anticipa una de las elipsis más informativas de la historia del Cine Contemporáneo.
El modo en que Coppola narra la escena tiene mucho que ver con una de las secuencias más famosas de la cinematografía hitchcockniana canjeando el té de aquélla por un vaso de leche iluminado de modo refulgente. En fin, esto se trataba de un juego: ¿de qué película de Hitchcock os estoy hablando?
Los diez mandamientos de un guionista de éxito.
2) No tomarás decisiones creativas en vano (o el desempleo llamará a tu puerta).
3) Santificarás los gustos del público (y amén).
4) Honrarás el trabajo de Dalton Trumbo o Leigh Brackett.
5) No serás original (ni lo intentarás).
6) No dejarás de escribir remakes, biopics o adaptaciones de comics (los alquileres no se pagan sólos)
7) No escribirás películas autocomplacientes (tu gusto es solamente tuyo)
8) No visionarás películas de Quentin Tarantino ni las promocionarás.
9) No despreciarás ninguna secuela (ni siquiera la de Bridget Jones!)
10) No codiciarás a la novia de tu director (al fin y al cabo, él es la estrella)
Talante, recuerdos y sabotajes
Si hubiera ocurrido hace poco más de un año, esta visita...

...quizás me hubiera hecho pensar en un sabotaje. Pero no, amigos: debemos suponer que se trata de un fallo técnico, casual y, esperemos, subsanable.
En fin, estos días que se avecinan están repletos de recuerdos cercanos, algunos dolorosos, todos ellos fundamentados en la incertidumbre. Y supongo que El Cronicón lo notará. Cuestiones importantes, trascendentales, en mi vida han pasado por estas fechas, uno, dos, tres, cuatro años atrás. Y, a buen seguro, y dado que mi existencia se rige por una rutina stajovista en la que las fechas adquieren una gran importancia, será difícil que pueda pasarlas por alto. Intentaré, no obstante, que en la medida de lo posible no se vea alterada la cinefilia que suele animar e impulsar a estas (vuestras) páginas.
Palabra de Kubrick

Fauna
Los héroes ganan las batallas y se quedan con el mejor de los botines. Ellos escuchan la música, su música, y esparcen su melena al viento. Besan a la chica, de tu parte, y cabalgan contra el ocaso poniendo fin a una aventura. Saben que el público les quiere. Saben, claro, que paga(rá) por verlos.
Los otros también saben aunque no son sabios. Conocen las llaves de la manipulación y se entregan a ella sin miramientos. Son alquimistas: convierten el Arte en dinero. También son magos, sí, pues hacen magia: de otro modo no se explica que alguien pague lo que paga por ver a ya sabéis quién haciendo amigas en las cárceles de Tailandia, y pueda dormir sin remordimientos. Ay.
Luego estamos nosotros. Los listos. Sabemos tanto de Cine que hacemos de cada crítica una aventura literaria, de nuestros parlamentos y textos una doctrina que seguir. Nuestra profesión es sólo una afición y de ella hacemos partícipes a nuestros lectores. Creemos, ya véis, que tenemos lectores. No sólo nos puede el orgullo sino también la vanidad y el exceso de ego. Firmamos nuestras críticas y las ponemos estrellitas, tomates o números. También dormimos a pierna suelta.
Todos (ellos y nosotros) adquirimos nuestro sentido entorno a él.
Sí. Él.
Letras, Cine y... Pasión
No creo que haya que enfrentarse a un papel en blanco. Hay que acercarse a él, olvidar la idea de oposición, de conquista, de sometimiento. El papel en blanco (la pantalla del ordenador, si queréis) no es sino un intermediario entre tus sentidos (posibilitados por la expresión) y el universo que te rodea. Es un medio, no un objeto. No se rellena, se utiliza. El carácter gozoso que define a la escritura se viene abajo con este tipo de insinuaciones que, proyectadas desde medios oficiales, desnaturaliza el proceso espontáneo de la escritura. Un niño no debe pensar que el folio es su enemigo. Los escritores no tienen enemigos antes de ponerse a escribir. Ven y escriben. Interpretan y escriben. Sienten y escriben. Un niño ve, interpreta y siente. El folio en blanco le permitirá capturar todo eso en formato celuloso (o digital). Nada más. Y nada menos.
Yo no recuerdo cuando comencé a capturar mis pensamientos, alegrías, frustraciones, proyectos, en papel. Recuerdo haber escrito una historia de naufragios, submarinistas y tesoros escondidos en mi época de preescolar (seguramente embriagado de una película de Michael Anderson: Misterio en el barco perdido, dado que el título era similar y encontrado recortes referidos a aquellas fechas que demuestran que había sido emitida por televisión) y que me costaba demasiado trabajo ajustar mi deficiente caligrafía a mi, por aquel entonces, desbordada e influenciable imaginación. Escribir era lento y los resultados, mediocres. En ningún caso satisfacían mis exigencias como lector y, claro está, disentían de lo que realmente pretendía expresar. No era una frustración pero acababa de descubrir que la imaginación y la escritura caminaban por caminos difícilmente convergentes y que el procedimiento en sí tenía tanto de arte como de oficio. Y mi oficio de niño era... ser niño.
Mientras la dialéctica planteada entre las ideas y mis letras se apaciguaba con la edad y el conformismo, me encontré de bruces con un universo visual fascinante, repleto de imágenes inolvidables, de historias magníficas que pasaban de un suspiro; un universo poseedor de una textura, al mismo tiempo, personal y amena. Os lo he contado varias veces ya: el Cine se convirtió en compañero de mis tardes y desvelos. Disfrutándolo, viviéndolo... todo era posible.
El Cine aparcó mi interés por las letras pero no lo enterró. Ocurrió la noche en que el equipo de fútbol dirigido por Vicente Miera se acababa de alzar con la medalla de Oro en los JJ.OO. de Barcelona en una transmisión simultánea con un estadio olímpico que también vibraba con un éxito increíble: el oro de Cacho. Días antes, había visto una película, a decir verdad, fabulosa: El Secreto de la Pirámide de Barry Levinson, y sentía unas ganas ineluctables de transmitir, de capturar, aquellas sensaciones. Animado por el célebre gol de Kiko (entonces Quico) me puse a escribir la que todavía recuerdo como mi primera crítica de cine. Tan amateur como los textos que sigo escribiendo, la gozosa sensación que experimenté con la redacción de aquel escrito (todavía perdido aunque sigo buscándolo) acabaría por reunir en un mismo contexto dos de los tres divertimentos que hoy día me conforman.
El tercero, os lo podéis imaginar, me reunirá esta noche frente a un televisor portando un corazón férvido. Con un poco de suerte, Del Piero no tendrá su día.
Contradicción vital en Cayo Largo

"La cabeza siempre dice una cosa y la vida nos dice otra. Siempre pierde la cabeza"
Repercusiones
b) El biopic más inspirado de cuantos se presentaban en la Gala era de Mar Adentro y por eso se llevó un premio, aun menor (en el conjunto de la Ceremonia), merecido. Amenábar se dedicó a repartir halagos por doquier con una gran generosidad y talante resumido en un discurso tan planificado como el resto de su filmografía. En fin, enhorabuena Amenálabar, Ameldavar, Aménabar ;)
c) No pude disfrutarla en su integridad por capricho de Morfeo (y de una cita hospitalaria inexcusable) pero me cuentan que la Ceremonia fue terriblemente aburrida, políticamente ultracorrecta y harto previsible. En este contexto prerrevolucionario... parece lógico que Drexler no encontrara acomodo para sus letras y ritmos. En fin, la canción no parece nada del otro mundo pero, a buen seguro y una vez seleccionada, merecía algo más que la forzada interpretación efectuada a dúo por Antonio -cuando digo no me siento culpable- Banderas y Santana.
d) Dicho lo cual, aventuro una profecía damasiana: los directivos acabarán con sus propias televisiones.
e) Los Increíbles se consagró como la segunda vencedora de la noche (y protagonista de uno de los únicos gags afortunados). Tuvo que competir en una categoría injusta y se defendió con una loable dignidad. También debió llevarse el premio al mejor guión original aunque, más que nada, para que el bueno de Charlie Kauffman no empiece a creérselo más de la cuenta y convierta su próxima película en algo (más) indescriptible.
f) Hillary Swank necesitaba una resurrección y el amigo Clint la propició. No debe volver a errar sus tiros a la hora de seleccionar nuevos proyectos porque su currículum no se lo podrá permitir. Yo siempre votaría por Kate Winslet aunque no hiciese películas...
g) La diferencia entre un director de cine que se cree el Rey del Mundo y otro que, siéndolo, resuelve sus discursos y éxitos colectivos por el camino de la modestia, se define por la cara de Clint Eastwood a la hora de subir a recoger sus premios. Lo bueno es que tiene ganas de más (de ahí su mensaje a Sydney Lumet). Lo mejor es que estaremos aquí para disfrutarlo.
Abrigaos todo lo que podais!
Vivir el Cine... de Ciencia Ficción (y II)
En la década de los 80, dos razas extraterrestres ayudaron a completar mi infancia cinéfila: una, recuperaba en plena era reaganiana la idea de la invasión alienígena en formato catódico. V de Kenneth Johnson colapsaría las televisiones de medio mundo con un argumento de aire retro y sumamente adictivo (y que algunos siguen viendo como una metáfora de la emigración más allá del Rio Grande). Otra, posibilitaría que el bueno de John Carpenter dejara para la posterioridad la mejor adaptación de una novela de Wyndham y, de paso, uno de los ejemplos más afortunados en la noble labor de conjugar el género de terror con el de la SF propiamente dicha: La Cosa. Pero aún me quedaba por descubrir la película de culto por excelencia: Blade Runner.

Con el film de Ridley Scott el Cine no sólo hacía justicia con la obra de Dick (uno de los grandes), sino con sigo mismo, reinventando las constantes del tech noir cinematografiado con una labor de producción donde el Todo potenciaba cada una de las estimables Partes que parcelaban (conceptual y argumentativamente) la película. El cine de ciencia ficción encontraba en la intriga y la acción una vía de escape ciertamente embriagadora y en la obra del recién fallecido Dick, una nueva redefinición del género, otra vez, con el Mito de Prometeo de por medio.
Los 90, ay, supondrían el apogeo exagerado de los efectos especiales. Se volvió a Dick, sí, pero esta vez de la mano del excesivo Verhoeven y donde debía haber sarcasmo, había violencia, intrigas conspiracionales, acción irrefenable. Es un buen film este Total Recall, no creáis, con sus juegos de identidades, sus realidades virtuales, su Marte mutante... Pero no es suficiente para definir a toda una década como tampoco lo fue la segunda parte de Terminator, con su gran éxito y sus efectos digitales, con la historia de esas máquinas que reclaman del futuro una cuota de dominancia excesiva.
La década pertenecerá a Matrix, a pesar de contar con el mismo argumento (y soluciones visuales) que la película precedente. Pertenecerá a Neo y sus sosias, especímenes místicos de un mundo feliz inventado con propósitos meramente energéticos. Como Star Wars, el film de los hermanos Wachowski recogerá de aquí y de acullá para crear su propio universo conceptual: así podemos encontrar en Matrix referencias al Anime japonés, a las religiones (cristianas, budistas, musulmanas), al mundo cyberpunk, al cine de acción asiático, a la mística, a la filosofía simplificadora de origen Gaarderiano, a la mitología griega (o no), a James Cameron y sus robots pro-evolucionistas... Y por extensión: a Elegidos adictos a la resucitación espontánea, a virus (artificiales) dispuestos a liberar a la tierra de sus plagas humanísticas, a arquitectos de ascendencia kubrickiana aficionados a los juegos de Rubbick, a oráculos que siempre saben el final de la película. Matrix se erigio, en definitiva, en una miscelánea de ascendencia popular que, a modo de revoltijo, serviría a los hermanos Wachowski para crear el gran referente genérico y visual (discutible, sí, pero referente) de la última década del Siglo XX.
En fin, mientras se alargaban más de la cuenta los títulos de créditos del Solaris de Soderbergh y habiendo repasado, mentalmente, más de un Siglo de obras de ciencia ficción cinematografiadas, aún me faltaba conocer la respuesta a la pregunta que había originado mi ensoñación. Pero no quise cesar la rememoración, ya veis, sin encontrándome con Spielberg y su Inteligencia Artificial, con David y su osito de peluche robotizado convertidos en el último vestigio de una humanidad anegada en su propio destino.

Justo en ese momento descubrí el carácter inabarcable del género, sus grandes dosis de heterodoxia, su indudable capacidad para cautivar a nuestros intelectos, el inagotable catálogo de imágenes e ideas fascinantes que lo definen. También supe que seguía sin saber porqué me gustaba... Pero, visto lo visto, ya os podéis imaginar que tardará en dejar de hacerlo.
Vivir el Cine... de Ciencia Ficción (Parte I)
Lo pensaba justamente el otro día, en mitad de la proyección del Solaris de Soderbergh, actualización en versión edulcorada de la colosal obra de Lem (también convertida en película de culto gracias al no menos recordado Andrei Tarkovski), de muchas pretensiones y difuso resultado. Entonces me dio por rememorar varias películas de ciencia ficción que, de algún modo, habían sido substanciales en mi vida de espectador y que además, habían resultado paradigmáticas no ya sólo para el género homenajeado sino para la historia de la cinematografía en sí. Después me di cuenta de que muchas de esas obras reunían una virtud aún más contundente: habían trascendido su ámbito puramente genérico.
Trabajando en esta idea, y ya olvidadas las enormes posibilidades argumentales alrededor del planeta Solaris que nuestro amigo Soderbergh despreciaba por doquier, comencé a recomponer un cuadro sincrónico recopilador de las obras que, a mi juicio, mejor representaban las pautas mencionadas. Me puse a escribir, como veis, pensando en los pioneros: en Meliere y su Viaje a la Luna (1902), en Segundo de Chomón y su Hotel Eléctrico...; y llegué a la década de los años 20 encontrándome con una sociedad dominada por tiranos hedonistas que campaban a sus anchas en un campo sembrado de sudor, libertades cerceradas, revueltas humeantes, al grito (mudo) de un robot feminoide que también anticipaba la clonación. Y me entró parecido entusiasmo del que debió sentir el cineasta alemán al filmar Una Mujer en la Luna al tiempo que sentaba las bases del expresionismo cinematográfico. Luego averigué que los discursos de Thea Von Harbour, inspiradora de ambas historias, calaron con mayor raigambre en el intelecto de su esposo, Fritz Lang, que en el de una escritora que acabaría absorbida por los desvaríos oportunistas de los miembros del partido Nazi. Llegué a la década de los 30, ya véis, abrumado de imágenes en clarooscuro, de historias que proyectaban un futuro esperanzador en una Europa sometida a los dictados de la beligerancia perpetua (aspecto, a buen seguro, inspirador de una de las irónicas novelas de Joe W. Hadelman, “La Guerra Interminable”).

Ya en los 30 me encontré con Cameron Menzies adaptando de Wells, en La Vida Futura, alguna de las proclamas más optimistas definitorias de la Eutopía, con sus taxis aéreos y sus decorados naif, con sus cielos en blanco y negro y su insolencia plástica... Después sólo quedaba encontrarme con una película deudora del fulgor romántico que animara la literatura victoriana del Siglo XIX, Frankenstein, para constatar que el cine de Monstruos comenzaba a adquirir un gran protagonismo en campos temáticos cercanos a la Ciencia Ficción (como después demostraría Alien o La Cosa). El Cine, además, deseaba coquetear con las texturas, la imagen, la referencia visual y en el lugar donde Mary Shelley había creado a una entidad no definida morfológicamente... Pierce, Freund, Whale y Karloff habían inventado a La Criatura (cuya denominación quedaría absorbida subconscientemente al nombre de su creador) y, de paso, a uno de los iconos (monstruos o no) más reconocibles del Séptimo Arte. Ay, pero comenzó la guerra...
La Segunda Guerra Mundial y el éxito de público de dos de los géneros creados ex-profeso por el mundo del celuloide: el Western y el Cine Negro, propiciaron que la Ciencia Ficción se definiera por su inexistencia apenas con un par de obras con mad doctors de por medio y, siempre, en espera de que la Guerra Fría comenzara a propiciar relatos de raigambre paranoica. Uno de ellos, La Invasión de los Ladrones de Cuerpos, film fundacional del género de invasiones en su vertiente suplantadora, utilizaba los sutiles métodos metafóricos para adoctrinarnos sobre los peligros derivados de la homogeneización sociopolítica. Muchos años después, John Carpenter, habitual trasgresor de los géneros clásicos, reutilizaría la vertiente dogmatizadora de la ciencia ficción geopolítica para construir un título sumamente heterodoxo que convertiría las proclamas reaccionarias de aquélla en los mordaces e irreverentes designios que definen a la indispensable They Live.
Fue la década de las invasiones, del temor al extraño, de los autocines y el cine teen, de La Humanidad en Peligro, Invasores de Marte o La Guerra de los Mundos. Una década en la que el género de ciencia ficción miraba al espacio... y sólo veía amenaza(s). Está concepción decididamente recelosa encontraría, en la década de los 60, la de Kubrick, una nueva vuelta de tuerca.
Contradictoriamente con el contestario ambiente juvenil (que debiera haber exigido una revisión de las paranoias colectivas), 2001 nos aleja del aura politizado característico del género reubicándolo, excepcionalmente, en su vertiente Hard. El film no sólo mira al espacio: se ubica en él para reflexionar sobre nuestra existencia, sobre nuestro sentido en un Universo, definitivamente, insondable.

2001 rebasaría toda expectativa técnica, artística y argumental hasta convertirse en una de las mejores películas de la historia del Siglo XX, reanimando la SF con temas tan fascinantes como el progreso tecnológico al servicio de la humanidad (Things to Come); la teoría de la Evolución llevada hasta límites extremos o el Mito de Frankenstein (personalizado en Hal 9000). El hombre había encontrado su verdadera identidad en el universo y el Cine de Ciencia Ficción, un espejo genialoide en el que mirarse. Pronto descubriríamos que había sido una excepción esta película tan fascinante, pretenciosa y redonda, que apenas si dejaba lugar para la competencia. Una de las que se atrevieron, El Planeta de los Simios de Schaffner, encontró una justa recuperación cinéfila el día del estreno del horroroso remake/versión que de la película (y novela de Pierre Boulleau) había ideado, el otras veces acertado pero siempre excesivo, Tim Burton.
(Mañana, la Segunda y última parte)
Malos de cine

Es Scarface, de Howard Hawks.
Belleza Mortal

Es, claro, La Mujer del Cuadro de Fritz Lang (sin escaparates de por medio).
La pista definitiva

El juego del Cine
No se puede definir el Cine sino como un conjunto de emociones expuestas para el deleite de un colectivo. Cuando un cineasta quiere algo más no es un cineasta sino un manipulador. "¿Cómo manipular?" es un asignatura de las Escuelas de Cine. Hacerlo convincentemente es el deseo de cualquier director.
Como espectador eres consciente que en la manipulación está la llave del éxito. Y aceptas el juego, te dejas reconducir, lloras, te emocionas, ríes, incluso a carcajadas; permites que te apriete el nudo del estómago... Hasta tal punto llega la connivencia con el manipulador/director que le concedes la categoría de Maestro cuando es capaz de ocultar los resortes efectivos de su manipulación. Incluso lo estudias. Lo adoras. Entonces piensas en Hitchcock, en Spielberg, en Billy Wilder. Tipos, todos ellos, capaz de de manejar a su antojo las emociones de sus espectadores. Tus emociones. Son cineastas, ya véis, que encuentran en la manipulación una forma de narración, en su eficacia una definición de Cine; en el equilibrio: su verdadera condición de maestros.
Y nosotros aceptamos tácitamente sus propuestas. Les rendimos pleitesía, simplemente, dejándonos llevar y siguiendo su juego. Nos convertimos en espectadores que aceptamos y veneramos sus guiños y complicidades...
Y hablando de juegos... Hay un grupo de cineastas que si nos hicieran ese guiño... filmarían nuestra existencia con un eterno fundido en negro. Voy a dar nombres: Raoul Walsh, Nicholas Ray, John Ford, Fritz Lang... ¿Alguno de vosotros me puede decir por qué?
Tic,tac-Tic,Tac-Tic,Tac
Sueños goyescos
Pues que el único que no ganó premio por su participación en Mar Adentro fue Benjamín Fernandez por su labor en la dirección artística (de otra parte, también bastante acertada).
En fin, el monólogo de premios contagió un tedio invencible a la gala que, aparte de serios y profundos bostezos, desvirtuó el halo sorprendente que, en teoría, debe definir a este tipo de ceremonias.
Sin sorpresa y con sueño, conocí al resto de ganadores navegando por internet en el primer albor de este mismo día. Justamente, aquí.
Pensad que al próximo año alguno de vosotros subirá al estrado a recoger su premio. Los sueños son lícitos y la Caballé inmortal. Entonces, yo me haré más eco de esta ceremonia, definitivamente, condenada a vivir tiempos mejores, presentaciones más lúcidas, espectáculo de verdad.
REFO lo explica mejor que yo.
Si quieres ser un un cineasta con futuro NO debes...:
b) Supeditar tu carrera a una estrella. Los cuernos son habituales, las demandas exageradas y el lastre creativo... una perdición.
c) Hacer mucho caso a tu orgullo. El orgullo es un concepto de la infancia cuyo significado se pierde cara a cara con un banquero o productor.
d) Ponerte a dieta: la robustez define a los cineastas más avispados. No sirve para hacer películas pero te asegura una poltrona más grande.
e) Creerte el Rey del Mundo cuando te den un Oscar por tu película más deficiente. Creerás que has puesto el nivel demasiado alto y de retirará del cine una buena temporada.
f) Actuar si no sabes (También denominado “Sindrome Fernando Colomo”).
g) Convertir tus cameos en una práctica de índole onanista. Seguro que ya lo imagináis pero éste se llama “Síndrome Shyalaman”
h) Hacer una película de superhéroes. A pesar de tu estilo, tu talento, tu capacidad, tu maestría, tu aptitud... lo único que conseguirás -por mucho que lo intentes- será hacer otra película de superhéroes.
i) Encariñarte demasiado de un personaje. Suele posibilitar la existencia de finales demasiado forzados o risibles. Osea, 28 días después.
j) Dirigir la tercera parte de Bridget Jones. Ya no es sólo por tu currículum. Imagina lo que dirían tus hijos cuando en el colegio les pregunten por la profesión de su padre.
k) Hacer una película con cualquiera de los actores de Friends. No vale la pena el esfuerzo. Será otra película de los actores de Friends.
l) Reivindicarte ante una platea de críticos de postín. Tu tienes el talento: ellos la pluma y el medio de comunicación...
Si quieres ser un buen Director debes...
b) Ocultar tu competencia narrativa con la connivencia del montador contratado por la productora. Nunca serás capaz de contarnos una buena secuencia de acción pero tendrás trabajo asegurado de la mano de Jerry Bruckheimer & Friends.
c) Sentirte independiente para escribir tus guiones y dependiente para modificarlos, tacharlos, dilapidarlos por capricho de una pléyade de adolescentes ociosos.
d) Ser productor de tus propias películas y tener vocación autocomplaciente. Si te lo montas bien, puedes incluso ganar algún Oscar con discurso pro-santoral de por medio.
e) Dejar el arte para los museos; los diálogos para Woody Allen; los sueños para Calderón.
f) Permitir que los actores se expresen libremente, sobretodo a la hora de negociar sus minutas y salarios (no te convertirá en el tipo mejor pagado del set pero los responsables de marketing de la productora se gastarán una pasta promocionando tu película al objeto de compensar el dispendio contractual).
g) Pedir más de lo que necesites aunque de manera controlada so pena de caer en "El Síndrome Wolfgang Petersen", un alemán con fama (y actitud) de artesano que pidió barcos para Troya y acabó empachado de intemperancia.
h) Contratar a Renee Zellweger para el papel de secuestrada amordazada. Conseguirás su mejor interpretación o, al menos, un monumento financiado por unos cuantos de nosotros.
i) Poner la otra mejilla, claro. (Donde pone "mejilla" podéis poner lo que queráis: la imaginación es gratis –de momento-)
j) Ser paciente con los críticos: de cine saben tanto como tú.
k) Hacer caso a los productores de tus películas tanto fuera como dentro del rodaje. James Cameron, John Carpenter o Peter Jackson han llevado este punto hasta límites (s)extremos.
l) Hablar en el Set con el tono de voz más elevado como te sea posible. No te convertirá en mejor director pero tu entorno creerá que sabes de lo que hablas.
m) Asignar tu Cine a una Escuela de colegas: pertenecerás al Todo sin tener que esforzarte demasiado en tu parte. Los de Nouvelle Vague saben de qué estoy hablando.
n) Firmar autógrafos. Abstenerse de firmar aquellos que te pidan unos tipos con corbata y gafas de sol...
o) Conceder entrevistas a la crème de la crème internáutica. No te leerá nadie pero engrandecerás tu currículum.
y p) Acudir cuando ella silbe, ay.
Un día de estos os contaré lo que no debéis hacer si queréis ser grandes cineastas ;)
El Acorazado en 625 lineas
Pero no sólo el montaje realza el cine de Eisenstein: también lo hace el simbolismo, la metáfora, la retórica aplicada sobre celuloide. Por eso sus obras se estudian en las escuelas de Cine y por eso se siguen admirando por encima del carácter revolucionario de sus primeras películas, o del contestarismo militante de las últimas.
Cine al servicio de la causa que se define, sobretodo, por el ritmo. De ahí la importancia que le otorga al montaje, a sus planos en movimiento, a los momentos de preparación del climax, a la resolución del mismo... Por eso su filmografía posterior se lo pondría tan fácil a Prokofiev: heredero melómano de las inquietudes rítmicas del cineasta y, aún hoy, uno de los mejores compositores de la historia del celuloide (y más allá).
El mejor ejemplo de la cinematografía de Eisenstein lo sigue constituyendo el Acorazado Potemkin, experiencia de carácter didáctica (también desde el punto de vista historicista, no creáis) que sobrepasa los límites de la Obra Maestra. Gozosa colección de epítetos superlativos -ya véis-, para ésta, una de mis películas favoritas que muchos de vosotros ya conocéis y otros (espero los que más) disfrutaréis en toda su penitud al objeto de saciar vuestro (maltratado, últimamente) apetito cinefílico.
Que os aproveche.


About Golden Globe Awards
b) El carácter exagerado del premio en cuestión lo otorga su propia denominación: "Globo".
c) Supongo que será cuestión de Marketing pero a la parcelación anacrónica que divide por sexos el trabajo actoral (insisto: me parece asombroso que en este nuevo Milenio aún se sigan consintiendo estos deslices conceptuales), hay que sumar la subdivisión entre Mejor Película Dramática y Mejor Película de Comedia o Musical... Cuidado con las segmentaciones de raigambre comercialoide que al final van a coexistir tantas categorías como películas presentadas a concurso.
d) Me alegro del premio concedido a Mar Adentro a pesar de que intuimos los méritos de la distribuidora norteamericana en el asunto. En fin: Javier Bardem lo borda y Amenábar vuelve a darnos una lección narrativa de carácter sobresaliente y un conocimiento de las inquietudes emocionales de los espectadores que haría las delicias del mejor Hitchcock. Buen narrador, artista multimedia, centrado... ¿No será un marciano?
e) Ya sabéis que me encanta Natalie Portman por su linaje galáctico pero darla un premio por una película en la que interpreta a una bailarina de streptease previo acuerdo para eliminar del montaje final sus escenas de desnudo... limita, ciertamente, el alcance y la gravedad de su interpretación, ¿verdad?
f) El titular es evidente: El Cine Clásico reclama su lugar en el mainstream hollywoodiense: Clint Eastwood Vs. Martin Scorsese. Una gran noticia para los directores de la generación de los 70 y una pésima para la contemporánea que nos confirma una tenue realidad cimentada en los productos de índole acomodaticios y en las inquietantes servidumbres dimanante de los terribles screen (teen) test. ¡A ponerse las pilas, toca!
g) Jaime Foxx, efectivamente, se encuentra en pleno proceso de fagocitación de la figura de Denzel Washington. Si yo fuera este último, estaría temblando: ¡incluso tiene talento!
h) Premio para Sideways que se decanta como la principal apuesta del cine ¿independiente? de cara a los próximos Oscars. Ay, ay, ay, que me huele a chamusquina...
i) Y solo ha sido el principio. El 27 de febrero, más.
Érase... Leone
Érase la historia de América a través de sus gentes, de aquellos que forjaron sus cimientos al mismo tiempo que sus arrugas. Érase la vida en Cine, el Cine enfatizado.
Érase la historia de una amistad insondable, la de un trío amoroso condenado por el tiempo; la de un tiempo pasado inexorable.
Érase la historia de un pastel... ¿verdad? Tu también la recuerdas...
Érase Leone manejando el tiempo (narrativo o no) a su antojo; un puñado de actores... inigualables; una fotografía adimentada de una música hermosa. ¡Cuatro horas fabulosas!
Érase el mejor flash-back de la historia del Cine. Érase el Cine...
Sin más palabras.

Reyes
Sin saberlo, también son carne de cineastas obstinados, coleccionistas de ego que aspiran a dictar cátedra con textos antiguos que, sin embargo, les identifican y definen. Crean imágenes dónde otros pusieron palabras; secuencias donde había teatro; arte que subyuga arte...

Todos los directores son magos, por eso reposan eternamente en sus poltronas refulgentes sin que nadie cuestione las razones que allí le acomodan.
De éstos, al menos, esperamos que este año no sigan trayendo carbón. La primera en la frente la acaba de dar Oliver Stone con Alexander (otro Rey). La primera conclusión es que su vida resulta inadaptable para el celuloide. La segunda, próximamente en el Cronicón.
10 directores para el 2005

La Guerra de los Mundos: Un remake de un film naif pero inolvidable sobre el pionero libro de Wells y la leyenda que persigue a la versión teatral del tío Orson, sirven de preludio anecdótico para el reencuentro de Spielberg con Cruise y el Cine de Ciencia Ficción (tras la fascinante versión que del original de Dick, Minority Report, pergeñaran en el 2002). Naves marcianas, extraterrestres hostiles, invasiones de carácter global y un grupo de ciudadanos concienciados darán lugar a una de los blockbuster del año que, deseamos, servirá para recuperar la credibilidad autoral que el bueno de Spielberg se empeñó en tirar por el retrete de La Terminal.
The Aviator: El tercer director de la generación de los setenta aquí comentado, Martin Scorsese, se sirve del propio cine y del pasado floreciente de uno de sus grandes magnates: Howard Hughes (un personaje habitual en las novelas de Ellroy), para vindicarse como superviviente en una industria demasiado acostumbrada a fagocitar el talento de los creadores. A su lado, Leonardo Di Caprio (en uno de los papeles hechos a su medida tras la interesante: Atrápame si puedes), Kate Beckinsale (Ava Gardner), Cate Blanchett (Katharine Hepburn) o Jude Law (Erroll Flynn) tratarán de rememorar, para el gran público, la época dorada del Hollywood de los años 30 y el guionista, el irregular John (RKO 281) Logan, la vida de uno de los empresarios texanos más controvertidos del Siglo XX.
King Kong Otro remake, esta vez de uno de los clásicos del cine de todos los tiempos, King Kong, nos ofrecerá la nueva incursión en el cine de serie A, de alto presupuesto y mayor ruido, del neozelandés Peter Jackson, lejos de la Tierra Media (y de la cansina trascendencia dimanante del día a día de sus pobladores) y cerca del olimpo de los directores mejores pagados que, al menos, nos ofrecerá un buen repertorio de efectos especiales, una caracterización simiesca de naturaleza inolvidable y una nueva relectura del mito entre Bellas y Bestias.
Million Dólar Baby: Clint Eastwood y Hillary Swank reunidos en torno a la consecución de un Óscar en una historia sobre la superación, la igualdad y el éxito. Fórmula arquetípica y un tanto desgastada que en manos de Clint Eastwood se convertirá en una película de autor, paradigmático en cuanto a narración y deudora de unas interpretaciones más que eficaces. La mejor de las versiones de Eastwood (la que se cree cineasta con talento) al servicio de una película que acumulará más de una nominación a los Oscars.
Howl’s moving castle: La película más esperada por quién esto firma, el retorno de Hayao Miyazaki al olimpo de los cineastas lúcidos tras la mayestática e inigualable El Viaje de Chihiro, promete grandes dosis de imaginación, una agraciada factura visual, un score inolvidable a cargo del marciano Joe Hisaishi y la reivindicación definitiva de Miyazaki como uno de los grandes creadores de la cinematografía mundial. Ya cuento los días...

Land of the Dead: Otro de la generación de los 70, pero esta vez en su formato alternativo (Wes Craven, John Carpenter, David Cronenberg...) retorna a la actualidad cinematográfica con un producto hecho a la medida de sus fans: muertos vivientes, tierras apocalípticas, supervivientes coaccionados por el entorno... Romero resurge en el 2005 con ganas de poner (a los muertos) las cosas en su sitio.
Batman Begins: Con la intención de arreglar el desaguisado organizado por Schumacher en las dos entregas anteriores (por no hablar del spin-off bastardo acometido por Pitof), Christopher (Memento) Nolan retoma el mito de Batman desde sus inicios con la intención de devolver al oscuro personaje a la cima de los superhéroes cinematografiados. Atención al reparto: Cristian Bale (éste será su año), Liam Neeson, Morgan Freeman, Michael Caine, Gary Oldman, Katie Holmes, Ken Watanabe y... Rutger Hauer. Expectantes, ¿eh?
Sideways: La película que acumula la mayor colección de críticas positivas, cinta indepediente del año, y mayor número de estrellitas por referencia en prensa, es un película dirigida por Alexander Payne (About Schmicht) y que, a buen seguro, encabezará la lista de nominaciones a los Oscars. Road movie a través de los viñedos californianos, de tintes redentores y tono amable, que encabezará, a buen seguro, mi lista de bluffs particular. Eso sí, atención al regreso de Virginia Madsen.
House of Flying Daggers: Ahora que la actualidad fanófila parece más que dispuesta a reverenciar los trabajos procedentes de la cinematografía asiática (que Spaulding me perdone), a saber, Takashi Miike, Wor Kar Wai o Park Chan-wook, mi propuesta es de uno de los clásicos, Zang Yhimou, y su vuelta al universo fantástico medieval (tras Hero) con La Casa de las Dagas Voladoras, película en la línea de Tigre y Dragón que ha cosechado inmejorables críticas en el mercado estadounidense y que se adivina como una de las competidoras de Mar Adentro en la categoría de Mejor Película en habla no inglesa.
El top del 2004

1) Kill Bill [vol. 1] [vol. 2]: Cine de género de autor.
2) Lost in Traslation: El triunfo del amor cinematografiado.
3) Los Increíbles : La resurrección de los superhéroes de ascendencia lúcida.
4) Mar Adentro: Talento narrativo.
5) Zatoichi: El espadachín ciego y el director de culto.
Y cinco menciones especiales:
1) Collateral (próximamente en El Cronicón): El regreso de Michael Mann.
2) El Mito de Bourne: La renovación del cine de espías.
3) Yo Robot: Hay vida más allá de Mátrix.
4) Shrek 2: Constantes cómicas.
5) Fahrenheit 9/11: La verdad duele.
El dilema de Rentboy
Podría ofreceros un millon de respuestas, todas falsas. Lo cierto es que soy una mala persona, pero eso va a cambiar, yo voy a cambiar. Es la ultima vez que hago algo así, ahora voy a reformarme y voy a dejar esto atrás, ir por el buen camino y elegir la vida, estoy deseándolo, voy a ser como vosotros. El trabajo, la familia, el televisor grande que te cagas, la lavadora, el coche, el equipo de CD y el abrelatas eléctrico, buena salud, colesterol bajo, seguro dental, hipoteca, piso piloto, ropa deportiva, traje de marca, bricolage, teleconcurso, comida basura, niños, paseos por el parque, jornada de nueve a cinco, jugar bien al golf, lavar el coche,jerseys elegantes, Navidades en familia, planes de pensiones, desgravacion fiscal, ir tirando para adelante hasta el día en que la palmes...
[Ewan McGregor en Trainspotting (Vía Cine.eol.us)]
Autoedición
Ken Loach y el cine comprometido

En los últimos años, y persiguiendo la estela renovada del guionista Paul Laverty, presume de gozar de una salud cinematográfica envidiable y como Woody Allen, de entregarnos una película formidable cada año y medio. Este año, ya lo veréis, no será una excepción. Mientras tanto voy a dejar hablar a otros (la letra cursiva) y entre todos (la letra no cursiva) os presentaremos un acercamiento cómplice al universo comprometido de este extraordinario director.
"Su cámara logra que todos los personajes, lo que dicen y lo que hacen, lo que sienten y lo que piensan, su temor y sus ilusiones, su rebeldía y su servidumbre, suenen a verdad, a realismo inteligente, a observación de primera clase" [fuente]
"Sus películas transmiten siempre compasión, alegría de vivir, humor y un gran calor humano. Y también, una mezcla de respeto y solidaridad hacia las personas que aparecen en la pantalla". [fuente]
Su cine habla de todos nosotros. Nos da voz y un lugar para vomitar nuestra desesperación en formato 16:9 con la misma eficacia que el más sólido de los documentales realistas y con la contundencia de quien conoce todas las reglas del juego. Y eso lo consigue con un particular modo de entender los rodajes: "Con Loach, el dinero y los medios, es decir, la producción, la cámara, el sonido, la decoración, etcétera, se ponen al servicio de los actores..." "Es una manera de hacer películas que tiene más que ver con vivir que con rodar, con intuir que con racionalizar, con aprender que con saber. Una manera viva, orgánica y comprometida de contar historias que tratan de transmitir emociones, sentimientos, ideales o esperanzas". [fuente]
Por eso es el mejor exponente del cine sin aditivos, político, concienciado y terriblemente humano. Y por eso da el protagonismo absoluto al individuo. Éste llora, sufre, ríe, juega a las cartas, bebe, asiste a un partido de fútbol, busca trabajo, sobrevive con naturalidad frente a las cámaras discretas y respetuosas de Ken Loach, frente a las historias de Rona Munro, Barry Hines, Jim Allen o Paul Laverty.
"En la actualidad, dentro del panorama europeo, las películas de Ken Loach se han erigido en uno de los estandartes de este discurso cinematográfico de carácter marcadamente social que pretende denunciar la manera en que la macroeconomía liberal afecta a personas pertenecientes a la clase trabajadora" [fuente] Javier M. Tarín
Porque, "Loach utiliza el arte para retratar y denunciar la explotación y las denigrantes condiciones de vida de la clase trabajadora. Un ataque a los fantasmas del pasado y a la indiferencia del presente, para prevenir que la historia se repita en un futuro próximo" [fuente]
"A pesar de lo cargante que les pueda parecer a algunos el cine de Loach, no está de más que, de vez en cuando, el cine no sea una fábrica de sueños sino un empujón hacia la realidad. A fin de cuentas, es esa una de las vocaciones irrenunciables del séptimo arte" (Juan Orellana)
"El problema es que el cine es visto básicamente como un bien, como una mercancía. No es considerado un medio de comunicación sino un producto. Es una inversión en la cual la gente que está en la industria busca conseguir recuperar las inversiones que han hecho y sacar ganancias" [fuente]
Es Ken Loach.
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La exageración de Mankiewicz

No todas se olvidan a los dos minutos, ¿verdad, Joseph?
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Diálogos "increíbles"
Bob: ¿Por qué?
Jefe: ¿Por qué que? Es-pe-ci-fi-ca.
Bob: ¿Por qué no se siente feliz?
Jefe: Pues por culpa de tus clientes. Por eso.
Bob: ¿Se han quejado tal vez?
Jefe: Podía aguantar las quejas. Lo que no aguanto es el inexplicable conocimiento que poseen de los entresijos de Insurithern. Son expertos. ¡Expertos, Bob! Se aferran a los recovecos..., salvan cualquier obstáculo...¡dominan la tediosa burocracia!
Bob: ¿He hecho algo... ilegal?
Jefe: No.
Bob: ¿Es incorrecto defender al cliente?
Jefe: La ley exige a que conteste que no.
Bob: ¡Debemos ayudar a la gente!
Jefe: ¡Pero a nuestra gente, comprendes? A nuestros accionistas en primer lugar: ¿quién se preocupa por ellos? Eh! Escucha: Una empresa...
Bob: (en voz baja) ...Es igual que un enorme reloj
Jefe: ...es igual que un enorme reloj, ¡sí me lo has leido!, sólo funciona cuando todos los pequeños engranajes encajan bien. El reloj hay que limpiarlo, lubricarlo bien y darle cuerda. Los mejores relojes tienen pivotes que encajan y engranajes que están pensados para cooperar. Hablo en sentido figurado, Bob. Sabes a lo que me refiero Con engranajes cooperativos, Bob. Bob... ¡Bob...! ¡Mírame cuando te estoy hablando Bob!
Bob: Ese hombre de ahí está en apuros.
Jefe: No cambies de tema. Estamos hablando de tu actitud.
Bob: Es que le están robando...
Jefe: Pues espero que no sea cliente nuestro.
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Nuestra eXistenZ
Es cine de Cronenberg. Cronenberg, el visionario, que diría mi amigo JIP. Un tipo acostumbrado a describir nuestra existencia a través de la relación entre el hombre y tecnología, entre la carne y el entorno que la transforma.
No puedo seguir haciendo esto, sea lo que sea, sin tener ni idea de lo que estoy haciendo.
eXistenZ habla de mundos virtuales pero reconocibles y de hombres y mujeres que sueñan lo que viven y viven soñando cambiar su realidad.

- ¿Cómo era tu vida anteriormente?
- ¿Anteriormente?
- Antes de que te la cambiara Allegra Geler...
- Ah. Llevaba una gasolinera.
- Todavía llevas una gasolinera, ¿no?
Y también habla de libertad como Mátrix. ¿O era al revés?
Esta es la jaula que tú has construido, que te mantiene atrapado y vagando en el menos espacio posible... para siempre. Escápate de tu jaula, escápate para siempre.
Y luego está Jennifer Jason Leigh...
- Quería matarte.
- Sí.
- Ya van dos en un sólo día que ha querido matarte.
- Nunca había sido tan popular.
eXistenZ, un film de David Cronenberg. Algún día os hablaré sobre ella.
Como ellos:
BORRÀS, Laura (2003). "eXistenZ, de David Cronenberg: ciberficciones para la posthumanidad". Digithum [artículo en línea]. UOC. Núm. 5. [Fecha de consulta:13 de noviembre de 2004 ] ISSN 1575-2275
Glosario de términos eXistenZiales
Crítica de Diego Brodersen para El Amante.
Crítica en Otrocampo
Crítica de Patricia Keiser
Díganme la verdad ¿todavía estamos en el juego?
Noche de Halloween
There he is, there he is! The
Bogyman
Gracias a la aparición del soporte videográfico, el cine de Terror de Serie B está a punto de sufrir una transformación de sus resortes distributivos. Carpenter, y el mercado juvenil, tendrán mucho que decir en esta revolución
El sobresaliente éxito de La noche de los Muertos Vivientes (Romero) y la Semilla del Diablo (Polanski), sólo 10 años antes del estreno de La Noche de Halloween, ha desterrado de los circuitos de serie A propuestas revisionistas del cine de terror clásico. A cambio, los cines se llenan con experiencias cinematográficas más cercanas al thriller (El Exorcista), a la parapsicología (La leyenda de la Mansión del Infierno) o incluso a la aventura (Tiburón). En este contexto aperturista, las jóvenes promesas del cine norteamericano ubican sus primeros pasos en un género, el del terror, que desea vivir en la década de los 70 otro de sus célebres intentos de reinvención. Es la década en la que cineastas como Oliver Stone (la paranoica La Mano); David Cronenberg (Vinieron de dentro de...) o Brian de Palma (Carrie) coquetean con el género sin desafectos. Es el momento que aprovecha John Carpenter para cambiar -para siempre- el concepto del Slasher.
Desde M de Fritz Lang, pasando por el cuento de terror La Noche del Cazador de Charles Laughton, El Cebo de Ladjslao Vadja, hasta la obra cumbre Psicosis, El Estrangulador de Boston o la siempre reivindicable El estrangulador de Rillingon Place, el cine de psychokiller se ha destacado por ser un Cine de rostros, un Cine donde el protagonismo se reparte, de igual a igual, entre víctima y asesino. Consciente de su propia pericia, Carpenter destierra la idea de dotar de rostro al serial killer de La Noche de Halloween, quitándose importancia, porque no encuentra un actor que represente el tormento interior que sacude al personaje protagonista.

Aliado con la falta de competencia de su director de Casting, John Carpenter propone escenificar el anonimato de la violencia utilizando una máscara como elemento formal. De repente, el psychokiller se transforma en un ser de ascendencia pseudodiabólica y rostro anónimo: cualquier persona puede ser portadora del mal en su versión más descarnada. Sin saberlo, el director neoyorquino acaba de dejar sin vocación a toda la remesa de actores que, desde niños, habían deseado interpretar el papel de psicópata en un film (quedaban aun varios años para que Anthony Hopkins reivindicara el lugar del “rostro” en el mundillo del celuloide). Y más aún: El slasher promulgado por Carpenter se olvida de desollar gargantas de prostitutas (afición indeseable que promulgaba el moralista –y victoriano- destripador de Londres), ladronas de guante blanco (Psicosis) o ciudadanos de porte british habitantes de la ribera del Támesis (Frenzy), y dirige sus pasos hacia niñeras despreocupadas, ciudadanas en todo caso de una población norteamericana que, desde la invasión del último alienígena amorfo aficionado a los cómics, se había desacostumbrado al temor propiciado por los ataques violentos.
Las reglas del juego se pervierten en un tour de force donde lo más trascendente es el lugar donde Carpenter ubica la cámara, convirtiendo al director de un plumazo en uno de los mejores narradores de suspense del actual cine norteamericano y a la película, en una de las series B más taquilleras e imitadas de todos los tiempos.
Los ojos de Lady Halcón

- ¿Sois de verdad o sois un espíritu?
- Soy... desgraciada.
Bourne: cine de espías renovado
Es un tipo de cine de acción, por ende, que se encarga de recuperar la esencia del género de espías (una evolución sofisticada del cine negro adaptada a las circunstancias psicosociales en las que la acción tiene lugar) adaptándolo a un contexto actual repleto de países desposeídos de fronteras o, cuanto menos, fácilmente traspasables (La facilidad de Bourne para cambiar de identidad y moverse a sus anchas por todo el territorio Europeo resulta claramente paradigmática de lo apuntado), de temores paranoicos de origen desconocido (cuya metáfora se representa en el propio personaje protagonista), de más fondos públicos destinados a la seguridad de lo que realmente merecen sus gestores... Es un Cine, además, que nos reencuentra con aquellas películas de perseguidos por un aparato gubernamental que los ha permitido convertirse en asesinos despiadados e implacables, individuos de naturaleza salvaje sin ninguna otra posibilidad de redención que la confrontación directa contra aquellos a los que creen causantes de sus desvelos... Naturalmente, es un cine de espías en el que un tipo como Bourne, atormentado por el recuerdo de un pasado que no logra rememorar pero imagina, se mueve a sus anchas, utilizando cualquier excusa de carácter cómplice para demostrarnos su valía como miembro destacado de una élite financiada por aquellos que reniegan de los formalismos procesales.

Herido por las heridas de una batalla que no recuerda haber comenzado, el propio Bourne se autoconvence de que la mejor defensa sigue siendo un buen ataque, algo para lo que su entrenamiento y talento, parecen haberle preparado especialmente y que sufrirán en sus carnes aquellos que osaron acosarle.
El Caso Bourne y El Mito de Bourne parecen apéndices de un mismo enunciado. La primera se resuelve sofisticada y oscura, bien dirigida pero más convencional en cuanto a entramado y la segunda se rebela como una película aun más sombría y creíble, más tentadora y despechada pero peor realizada, con un montaje que confunde el desconcierto con la funcionalidad y con una música en exceso cimbreante.
Ambas, juntas y por separado, representan un magnífico ejemplo para aquellos que pensamos que el buen cine de género aún tiene un montón de cosas que contarnos
Annie Hall en voz en off

"...y me acordé de aquel viejo chiste, ya saben, el del tipo que va a ver al psiquiatra y le dice: «Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Se cree que es una gallina». Y el médico le contesta: «Bueno, ¿y por qué no hace que lo encierren?». Y el tipo le replica: «Lo haría pero es que necesito los huevos». En fin, yo creo que eso expresa muy bien lo que siento acerca de las relaciones entre las personas. ¿Saben? Son completamente irracionales, disparatadas, absurdas y... pero, ah, creo que las seguimos manteniendo porque, ah, la mayor parte de nosotros necesitamos los huevos"
Jesús Franco en el Dia de la Hispanidad

Poseedor, como se ha dicho, de una filmografía inabarcable y de una colección de pseudónimos de origen recurrente (tantos que aunque sólo hubiera hecho una película con cada uno de ellos seguiría siendo uno de los directores más prolíficos de la cinematografía hispana), ha posado su mirada (a veces lujuriosa, a veces traviesa, a veces cinéfila, a veces trash, a veces lúcida) en todos los géneros del cine (musical incluido) con una considerable insolencia, alternando filmes de culto (Las Vampiras), con otros de éxito internacional (Necronomicón), obras de género en sentido estricto (Gritos en la noche) con pelis de caspa y fans (Killer Barbies), películas de aire tebeístico (Luke, el intrépido) con dobles versiones anticensuras (casi toda su filmografía), cine hard con afán superviviente (Una rajita para dos) con experimentos arriesgados con aroma pop (Drácula Vs. Frankenstein)... Todo ello sazonado con una actitud bohemia e irreverente que le aparta de los dictámenes oficialistas (y de su política de subvenciones) , de los premios honoríficos a su trayectoria a los que son adictos algunos de su generación, de la cuota de pantalla que su obstinación ya tendría por bien haber merecido.
No. Yo soy un director bendito. En serio, detesto las etiquetas. Prefiero que me consideren un outsider y un marginado a que me etiqueten como el director favorito del sistema.

Es Jesús Franco: uno de los artistas españoles más universales: actor, productor, guionista, músico y, sobretodo, director de más de ciento noventa títulos (que, por cierto, han generado una multitud de carteles –muchos de ellos magníficos- cuya compilación merecería, ya de por sí, un culto mesiánico hacia su obra) repartidos en las filmotecas de países como Alemania, Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y, en menor medida, España, a mayor gloria de los miles de fans (Roger Corman y Quentin TArantino, incluidos) que aun esperan que a alguien se le ocurra reivindicar en vida la figura de tan singular superviviente del estamento cinematográfico español.
Documentación y enlaces:
Videos y DVDs de Jess Franco
Entrevistas a Jesús Franco:
El Mundo
Terror Universal (entrevista de Sara Rodriguez Mata)
en CineFantastico (caché) por Sergei
entrevista de Oskar L.
Belategui
Filmografía:
IMDB
Cinefania
Culturalia
Rottentomatoes
Mañana
Por mi parte, dedicaré el día a recargar pilas necesarias para sobrevivir a una existencia cada vez más rutinaria e intolerable, donde apenas hay lugar para el desahogo y cualquier propuesta lúcida se deja corromper por el conformismo y la displicencia con la misma diligencia con la que mi reloj de pulsera deglute segundos, minutos, horas, días...

Ocuparé parte de mi tiempo libre revisionando la bellísima historia de El Viaje de Chihiro que, como ya os he contado en alguna ocasión, sirvió para reconciliarme con el mejor de los Cines y, si me da tiempo, con el Drácula de Coppola, que tan bien analizara Rafa Marín en su bitácora, y a la que le debo, como poco, un artículo que compense las inolvidables sensaciones que me produjo su primer visionado.
Y, naturalmente, escribiré un post dedicado a uno de los españoles más universales de cuantos se ha atrevido a engendrar la cinematografía hispana...
Pulsión y Cine
Nunca he sabido porqué mi conciencia –a la que creía- de naturaleza insurrecta, consiente sobre si misma una manipulación tras otra, ser víctima propiciatoria de demiurgos barbados aficionados a los cómics, pseudo-doctores en medicina devotos de los cuentos amorales, observadores solidarios de la sociedad que les ha tocado sufrir…
Y cuando me pregunto cómo, de alguna forma, he dejado condenar mi lucidez con ingentes dosis de adrenalina impostada, músicas cómplices y guiones de tres actos, conclusiones trilladas, previsibles, lamentables, blockbuster venales construidos por cuenta del mecenazgo de un par de banqueros… solo hallo la respuesta del silencio, imperturbable, y el impulso irresistible de compensar el desagravio con la próxima película de mi director favorito.
Osea, al que le toque serlo la próxima semana.

Pulsión: energía psíquica profunda que orienta el comportamiento hacia un fin y se descarga al conseguirlo.
Alquimistas de Cine
Si lo dice Billy Wilder...

Una Historia China de Fantasmas
Una Historia China de Fantasmas, tal y como su título español advierte, es un cuento de fantasmas cinematografiado, exonerado de toda pretensión y manierismo por cuenta de un guión rebozado de sencillez y, sin embargo, imaginativo y delirante, cimentado sobre una compilación de escenas de ascendencia hermosa, (montadas de forma intuitiva y funcional) sazonadas –no por casualidad- de un humor cómplice y sumamente grotesco.

El film de Ching Siu Tung (que finalmente, daría lugar a una trilogía) narra la historia de un joven estudiante (también cobrador de impuestos), destinado a una aldea provinciana rodeada de bosques misteriosos que ocultan cementerios y templos repletos de espectros y aparecidos. Ante la imposibilidad de costearse un alojamiento, decide pasar la noche en un templo (dicen) maldito donde, sin saberlo, tendrá su primer contacto con demonios y fantasmas, entidades sobrenaturales que desean, ante todo, saciar sus estómagos diabólicos con almas jóvenes, objetivos despreocupados de bellos espíritus con apariencia de mujer y aviesas intenciones.
Investido con el don de la impericia, sin embargo, el joven estudiante logra sobrevivir al acoso de los demonios en su primera noche y, más que eso, comienza a sentirse atraído por una hermosa fantasma que, en un acto de caridad extraordinario, se convida a perdonarle la vida. Aunque el estudiante desconoce la condición de la joven (no sólo es un espectro condenado sino que además está prometida al mismísimo Señor de las Tinieblas), se propone liberarla de la pena que la aprisiona. Cándido pero valeroso, el estudiante se aliará con un rudo luchador (habituado a las luchas con espíritus desorientados) y se adentrará hasta el mismísimo infierno para intentar salvar el alma de su amada.


Una Historia China de Fantasmas está llena de imágenes fascinantes: demonios deslenguados, vuelos imposibles, artes marciales de linaje mágico, avernos envueltos en niebla, cabezas mordedoras, túnicas extensibles hasta el infinito... Pedazos de Cine Fantástico, por encima de todo fantástico, reunidos en torno a una historia cautivadora y, definitivamente, imperecedera.
Recuerdos de Woody

Nunca había sido capaz de enamorarme, no había encontrado a la mujer perfecta; siempre había algo malo. Y entonces conocí a Doris, una mujer maravillosa, con una gran personalidad. Pero por alguna razón, no me atraía sexualmente, no me preguntes por qué. Luego conocí a Rita, un animal, indecente, problemática. Me encantaba irme a la cama con ella, pero después siempre deseaba volver con Doris. Entonces, pensé, si pudiera poner el cerebro de Doris en el cuerpo de Rita sería maravilloso. Y pensé, por qué no?. Así que preparé la operación y todo fue perfectamente, cambié las personalidades e hice a Rita una mujer ardiente, dulce, sexy, maravillosa, madura... Y me enamoré de Doris.
Via Woody Allen en Geocities
Matrix Metacinéfilo

No he venido para deciros cómo acabará todo esto. Al contrario, he venido a deciros cómo va a comenzar... Voy a colgar el teléfono y luego voy a enseñarles a todos lo que vosotros no queréis que vean: Les enseñaré un mundo sin vosotros; un mundo sin reglas y sin controles; sin límites ni fronteras. Un mundo donde cualquier cosa sea posible... Lo que hagamos después es una decisión que dejo en vuestras manos.
Vértigo y Rashomon en formato catódico
Vértigo y Rashomon supone el reencuentro con un tipo de Cine que, partiendo de una premisa sugerente, logra cumplir todas las expectativas insinuadas en el punto de partida, a costa de desarrollar el entramado desde un punto de vista original, seductor y apetecible, donde las palabras se rodean de imágenes subyugadoras, sombrías y fascinantes, y la falta de presupuesto se compensa con talento y voluntad de estilo. Un tipo de Cine que, al mismo tiempo que se aleja de los modismos y los tópicos, va acumulando a lo largo de los años una caterva de seguidores de varias generaciones y nacionalidades, iconoclastas amantes de las narraciones extraordinarias que, celosos del talento de los cineastas clásicos, se reúnen al calor de estas proyecciones con la única excusa de reconciliarse con un cine inspirado y, plenamente, satisfactorio.
Vértigo es una obra sobresaliente y descarnada, que se regodea del deseo y sus variantes perversas en la historia de un hombre frustrado que se enamora de una mujer, ya fallecida, a la que una vez creyó amar. Excusa argumental de naturaleza expiatoria que aprovecha, el bueno de Hitchcock, para dar rienda suelta a sus perversiones habituales (fetichismo conducente a la perdición, ambigüedad narrativa, tratamiento titiritero de los personajes y espectadores) a cambio de una obra artística de ascendencia mayúsculas condenada a perdurar ad eternumen las retinas de los espectadores de toda época.

Rashomon, más modesta pero igualmente trascendente, pertenece -con honores-, al club de la reivindicación perpetua tanto por su valor artístico (sus composiciones de plano están afectadas de un gran sentido expositivo) como histórico (al suponer, con su éxito en Venecia, la exportación de cine y cineastas japoneses tan necesarios como Kenji Mizoguchi o Yasuhiro Ozu), pero sobretodo, nos encontramos ante una reflexión sobre el punto de vista y la naturaleza de la humanidad ciertamente lúcida y socarrona.

En fin, un cine de alta envergadura que enriquece, sobremanera, el nivel medio de la televisión nacional con la misma diligencia con la que otros, aficionados a la usurpación de léxicos orwellianos, la emponzoñan y destruyen en beneficio de unos cuantos accionistas adictos a promover la estulticia colectiva.
Bardem se aficiona a las Copas Volpi
Será el primero de la larga lista de premios y reconocimientos que Bardem recibirá por cuenta de su excelsa interpretación en Mar Adentro, por cierto, León de Plata y Premio Especial del Jurado en La Biennale. Ninguno de los premios resultan exagerados.
Soledad

He sido tocado por el destino. Soy su prisionero. Prisionero de mi propia conciencia. El amor por la chica que siempre quise debe ser ocultado. Conmigo, siempre estará amenazada por aquellos que luchan contra mí. Sin ella, recorro un sendero solitario. Mi historia siempre tratará de la pérdida de una chica… y todos los días me pregunto, ¿Cuánto tiempo podré soportar esta soledad?
Via Cine.eol.us
Musica para la eternidad
Han muerto las personas... Es hora de que la historia comience a reivindicar sus obras. Es algo que siempre envidiaremos de los tipos de talento.
Documentación:
Sobre Elmer Bernstein:

- Su Sitio de referencia (en inglés).
- Escuchar B.S.O. de Los Siete MagníficosLos Siete Magníficos
- Selección de sus mejores banda sonoras en El Poder de la Palabra
- Entrevista de Conrado Xalarbarder en Mundobso(2004)
- Entrevista a la revista Mabuse (desde Chile).
Sobre Jerry Goldsmith:

- En memoria de Jerry Goldsmith
- Selección de sus mejores banda sonoras en El Poder de la Palabra
- Biografía de Jerry Goldsmith
Kim Basinger en la octava milla

Y a pesar de Eminem y sus frases on-the-street; de Curtis Hanson perdido la inmensidad del artesanazgo hollywoodiense; de la fotografía, impecable, de la barriada que da título al film..., lo mejor de 8 Millas sigue siendo la presencia de Kim Basinger, otrora sex symbol erótico de los 80 y hoy día, insultante madre de un rapero con una indudable crisis de identidad.
Pero, ¿qué estás haciendo con tu carrera, Curtis Hanson?
Ojos de Kubrick

El resto no es más que un sueño alimentado por los deseos de “lo que pudo ser”.

El testamento creativo del Kubrick más inspirado.
Reivindicando a David Twohy
Como guionista David Twohy se inició, a finales de los 80, en el cine fantástico de Serie B con dos de sus productos más competentes: Critters 2 y Warlock, el Brujo. Su digno trabajo en estos filmes, tuvo su confirmación con el guión de El Fugitivo (obra del otrora prometedor Andrew Davis), Waterworld (aun hoy, la mejor película de Kevin Costner, a pesar de las difícultades de su producción), y Velocidad Terminal (vibrante y, a ratos, brillante subproducto de acción y paracaidismo al servicio de Charlie Sheen). Curiosamente, su mayor desliz (imperdonable, la verdad) es su participación en la horrorosa G.I. Jane de Ridley Scott y, en menor medida, su adaptación del Impostor de Dick (dirigida por el inane Gary Fleder).
Pero si hoy en día es conocido Twohy es por su trabajo como director dedicado, con exclusividad y a la manera de Carpenter, al Cine de Ciencia Ficción.
Su primer trabajo para el cine, en este campo, fue The Arrival(que en España se tradujo con el infame y poco atrayente título de “¡Han Llegado!”), una notable revisitación del cine de invasiones alienígenas de los años 50, versión “suplantadores”, un tanto naif en sus pretensiones (Los extraterrestres, que viven en el subsuelo terrestre para rehuir el frío, tratan de aumentar la temperatura global del planeta para posibilitar una colonización más eficaz) pero entrañable y, por voluntad propia, insubstancial (The Arrival sería continuada, con irregular fortuna, por Kevin S. Tenney en un subproducto titulado The Second Arrival -que en España se tradujo como Segundo Contacto-, protagonizado por el hermano del personaje principal de aquélla, con poco carisma y menos acierto).
El segundo trabajo de David Twohy es Pitch Black, cinta de Ciencia Ficción y Terror, protagonizada (más o menos) por Vin Diesel, y que se constituye en una película sugestiva y cimbreante a costa de subvertir el género de invasiones extraterrestres. En el film de David N. Twohy (guionizado por los Hermanos Wheat -After Midnight), los humanos se convierten en casuales invasores de un planeta cuya idiosincracia desconocen por completo hasta el punto de provocar la escabechina que, de forma efectista pero siempre espectacular, acabará con los huesos de la mayoría de ellos en las fauces de unos aliens de apetito centenario. Terror, Ciencia Ficción, e Intriga, se funden en su argumento con ingentes dosis de pericia. Para entonces, Twohy se confirmaba en una figura a seguir.
La esperada Below se constituye en el tercer trabajo de David N. Twohy, inédito en España (no sabemos por qué), que narra un extraño descubrimiento consumado por los tripulantes de un submarino aliado en plena II Guerra Mundial. Siendo la película con mejores críticas de Twohy y el hecho de que esté coescrita por Darren Aronofsky, no parece haber ayudado a su difusión, algo ciertamente extraño.

Al próximo mes, si no hay novedad, se estrenará en España la segunda parte de Pitch Black (condición que se ocultará convenientemente, dado el poco éxito que en Europa tuvo la cinta de Vin Diesel), titulada Las Cronicas de Riddick, cuyo argumento e imágenes parece devolvernos al mejor David Twohy de los últimos años.
Mientras esto sucede, sus seguidores seguimos esperando la obra que lo termine de ubicar, definitivamente, en el sitio que se merece.
Quatermass fue el primer gran éxito

Es El Experimento del Dr. Quatermass, el film de Val Guest que supuso el lanzamiento definitivo de un tipo de Cine, el de la compañía Hammer, que tantas veces coqueteó con la excelencia cinematografiada.
Documentación:
El Sitio del Dr. Quatermass (en inglés)
Melodías de Seducción

La música es un referente indispensable del cine de Steven Spielberg. Más aún: se puede afirmar que juntos construyen una sinergia definitoria de todo su cine. Lo da sentido y textura: lo emparenta, en definitiva, con la expresión artística.
Esta concepción no es exclusiva, ni mucho menos, de este duo de artistas. Por extensión, podemos afirmar que la música se funde con la fotografía, la literatura, el teatro (la expresividad) y la pintura(la escenografía) al objeto de conformar lo que hoy se conoce como Cine. La música, empero, no sólo forma parte de la esencia del propio arte cinematográfico sino que además lo dota de un ritmo y una funcionalidad capaz de subrayar, sugerir o acompañar el desarrollo de un argumento de progresión dramática.
Con el afán de provocar reacciones, el creador de una obra cinematográfica apuesta por colmar los sentidos del espectador. La apuesta por el cúmulo , por descontado, requiere la destreza y habilidad del director de orquesta. Algunos forofos de la serie B (o Z) sabrán reconocer en esta pretensión los intentos vacuos de transgresores como William Castle o John Waters; especialmente este último, impulsor de una técnica del todo punto innovadora : el "odorama", la cual pretendía traspasar el olor de su escatológica película Pink Flamingos, a la sala de cine.
El cine, por ende, se constituye en un arte misceláneo. Esta concepción refundidora convierte al arte cinematográfico en una entidad artística connivente con las diferentes vanguardias propias de las artes que lo conforman. Además de acuerdo a la preeminencia de una u otra variación estilística, la adscripción a una tendencia artística u otra será más evidente: la predominancia de la fotografía y la dirección artística (pintura) dará como resultado un film onírico, expresionista, obscuro o realista. El argumento y la narración darán lugar a un género literario y teatral: intriga, suspense, comedia, drama. La música y el montaje configurarán su cadencia rítmica. La ópera, el musical teatralizado o la música clásica terminarán por adscribirlo a un género musical concreto.
El cine se define según lo expuesto como el arte total por excelencia : la musica , sin lugar dudas , como el más hermoso e imprescindible de sus complementos.
¡Música maestro!
Los dos McGuffin de Pulp Fiction

Este reloj que tengo aquí fue comprado por tu bisabuelo. Lo compró durante la Primera Guerra Mundial en una pequeña tienda de Knoxville, Tennesee. Fue llevado por el soldado Doughboy Erine Coolidge el día en que zarpó para París. Fue el reloj de guerra de tu bisabuelo. hecho por la primera empresa que fabricó relojes de pulsera, porque, hasta entonces, la gente sólo llevaba relojes de bolsillo. Tu bisabuelo llevó ese reloj durante cada uno de los días que estuvo en la guerra. Luego, una vez que hubo cumplido con su deber, regresó a casa junto a tu bisabuela, se quitó el reloj de la muñeca y lo guardó en una vieja lata de café. Y en esa lata permaneció guardado hasta que tu abuelo, Coolidge, fue llamado por su país para servir en ultramar y luchar de nuevo contra los alemanes. En esa ocasión la llamaron la Segunda Guerra Mundial. Tu bisabuelo le entregó el reloj a tu abuelo para que le trajera buena suerte. Desgraciadamente, la suerte de Dañe no fue tan buena como la del viejo. Tu abuelo era marine y resultó muerto junto con otros muchos marines en la batalla de la isla Wake. Tu abuelo se enfrentaba a la muerte y lo sabía. Ninguno de aquellos muchachos se hacía ilusiones sobre la posibilidad de salir con vida de aquella isla. Así que, tres días antes de que los japoneses ocuparan la isla, tu abuelo, que entonces tenía veintidós años de edad, le pidió a un artillero de un transporte de la Fuerza Aérea, llamado Winocki, un hombre al que jamás había visto en su vida, que le entregara el reloj de oro a su pequeño hijo, el de tu abuelo, al que tampoco había podido llegar a conocer. Tres días más tarde, tu abuelo había muerto. Pero Winocki mantuvo su palabra. Una vez terminada la guerra, visitó a tu abuela y le entregó el reloj de oro a tu padre, que por entonces aún era un niño. Este mismo reloj de oro. Tu padre llevaba este reloj de oro en la muñeca cuando su avión fue derribado sobre Hanoi. Fue capturado y encerrado en un campo de concentración vietnamita. Sabía que si sus carceleros le descubrían el reloj, se lo confiscarían. Según veía las cosas tu padre, ese reloj era tu propio derecho de nacimiento. Y estaba dispuesto a que lo condenaran antes de que cualquier ojos rasgados fuera a poner sus manos amarillas sobre el derecho de nacimiento de su hijo. Así pues, lo ocultó en el único lugar donde sabía que podía esconder algo. En el trasero. ) ¡Durante cinco largos años llevó este reloj escondido en el trasero! Luego, cuando ya estaba a punto de morir de disentería, me entregó el reloj. Yo también oculté este incómodo montón de metal en mi trasero durante otros dos años. Luego, al cabo de siete años de prisión, fui enviado de regreso a casa con mi familia. Y ahora, hombrecito, te entrego a ti el reloj.
Es, naturalmente, una de las escenas más recordadas de Pulp Fiction y, a la vez, la demostración del talento inagotable de Quentin Tarantino. Me explico: Pulp Fiction narra tres historias entrecruzadas (a saber, “Vincent Vega y la esposa de Marcellus Wallace”; “El Reloj de Oro” y “Jules, Vincent, Jimmie y El Lobo”) y en ellas, a grosso modo, intervienen dos McGuffin (objeto o situación que funciona de elemento motivador de las acciones de los personajes): por un lado, el desencadenante de la última historia (aunque en orden cronológico en el film aparezca en primer lugar), narra la recuperación de un maletín por parte de dos matones al servicio de Marcellus Wallace. Y, de otro, la existencia de un reloj de oro, de gran valor sentimental para su dueño (como se ha visto), que un boxeador deja atrás en su huída de la mafia tras haber ganado una pelea que había pactado perder previamente.
Tarantino (y su co-guionista: Roger Avary) trata sendas excusas argumentales de un modo distinto. En el caso del maletín, oculta su contenido a conciencia y como buen McGuffin, su interior sólo les interesa a sus personajes (quedando claro, incluso, que no tienen ningún problema en matar por él). En el otro caso, el del reloj de oro, Tarantino viola una de las reglas fundamentales de este tipo de artificio narrativo, explicándolo hasta el desasosiego. Y, de ambos y opuestos sentidos, sale airoso.
El por qué será objeto de estudio en las siguientes décadas.
Cine Filosofal

La linterna mágica de entonces que, aún hoy, se niega a abandonar nuestra memoria cinéfila ;D
La hora de la araña
Es, mejor dicho: debería ser la hora de hablar de Spiderman 2, de los fascinantes efectos visuales que rodean su postproducción, del protagonismo del Dr. Octopus, otrora, el único malo del serial Spiderman que mi infancia tebeística añora, de los ojos de Kirsten Dunst… Pero tampoco. O al menos no directamente puesto que hoy quería hablar de Sam Raimi, el director de la secuela que, a buen seguro, llenará los cines europeos próximamente.

En la memoria cinéfila proveniente de mi infancia ochentera perduran varios momentos que yo estimo substanciales para el crecimiento de mi pasión por este arte en movimiento, tantas veces, defenestrado por Jerry Bruckheimer. Uno de ellos, amén de un ciclo televisivo que incluyó el pase de La Máscara del Demonio y Las Tres Caras del Miedo (de Mario Bava) entre otras obras maestras, lo protagoniza el visionado de Posesión Infernal (ahora Evil Dead), el primer film de Raimi y todavía hoy: una de las propuestas más sugestivas y vibrantes del Slasher de bajo presupuesto de los 80. Algún tiempo después, cuando el Drácula de Coppola me reconciliaba con el Cine (desde entonces, en mayúsculas), tuve oportunidad de ver y disfrutar (casi como nunca antes lo había hecho) de la tercera parte de aquel film: Evil Dead III: Army of Darkness (El Ejército de las tinieblas), deslumbrante parificación entre el universo Rayharryhausiano donde, literalmente, puede suceder cualquier cosa, la Heroic Fantasy medieval, el humor (a veces incendiario) antiheróico de Bruce Campbell (un personaje de cómic de por sí) y la voluntad de estilo (encuadres, encadenados…) de un director que no parecía dejarse absorber por las, muchas veces, dudosas tendencias del mainstream.
De cómo diablos (y nunca mejor dicho) las andanzas de Bruce Campbell en busca del Necronomicón acaban en la Edad Media beowulfiana ya os hablaré otro día. Hoy sólo me queda recordar, con nostalgia, los tiempos en los que Sam Raimi rodaba su mejor film sobre superhéroes. ¿Lo adivináis?
¡Darkman!
Bellas Vs. Bestias
Que lo disfrutéis y hasta la próxima!
Os saluda, Arwen.
BELLAS CONTRA BESTIAS
Un artículo de J.P.Bango
"Once upon a time..."
Ella: exuberante pieza de coleccionista, pelirroja con padre posesivo, gitana de cabello ensortijado y sonrisa púber, rubia princesa de cuento, objeto de deseo de manzana emponzoñada...
Él: gorila de pelo en pecho secuestrado de un hábitat que lo añora, científico victoriano adicto al desdoblamiento de caracteres, jorobado guardián de Nuestra Dama, aristócrata rumano sediento de sangre, espectro devoto de la ópera...
Arquetipos legendarios que representan una dualidad imperecedera; víctimas expiatorias de una convención social fundamentada en la hipocresía. Fruto, en fin, de una herencia misógina arrastrada desde tiempos desgajados de memoria.
Ella: maniquí de ropas sugerentes, víctima involuntaria de un tipo que no sabe quien es, afectuoso reclamo publicitario de principados de revista.
Él: “repulsivo a primera vista” en su carné de identidad, sapo que oculta en sus fauces el sueño azul de una adolescente ingenua, colérico sufridor de un aspecto exterior que lo trastorna.
THE BEAST
Don't be afraid.
BEAUTY
(summoning up all her courage)
I ... I won't be afraid.
Fealdad y belleza confrontadas en un escenario dominado por la apariencia. Como en la propia realidad, las convenciones de una sociedad que promulga una perfección idealizada, se alía contra un monstruo terrible al que no se le ofrece posibilidad alguna de redención. El monstruo, sin desearlo de antemano, encuentra en aquellos postulados cínicos una justificación social para acometer sus fechorías. Triunfa, en fin, la apariencia porque nadie quiere ir más allá de la superficialidad.
Ella: de voz dulce, piel suave, mirada limpia...
Él: déspota, huraño, vengativo...
El monstruo vive en una guarida apartada del resto de la humanidad participando de un hábitat totalmente adaptado a su forma de ser y comportarse. Oscuro, brumoso, selvático, catedralicio u operístico, pero siniestro en todo caso, el orden auto-impuesto en el que el monstruo sobrevive se ve alterado por la presencia de un elemento externo (generalmente un grupo de hombres) aficionado a la destrucción de ecosistemas ajenos.
Ella: gozosa víctima de conde transilvano, hipnotizada por un amor que no comprende.
Él: cadáver torturado por los años y la melancolía, feo enamorado de la prometida del héroe.

La bella hace honor a su apelativo y pasea su rostro mayestático por cada confín de un universo ficticio enteramente dominado por su presencia. Se topa con el monstruo, en definitiva, porque no puede tener otro destino. Y lo enamora. Unas lo cogerán cariño, otras simplemente participarán de aquel enamoramiento y con la ayuda de un beso cómplice mutarán la condición grotesca del monstruo. El monstruo, ya lo habéis adivinado, se reconvierte en una entidad hermosa capaz de competir con su neo-prometida de igual a igual. La apariencia triunfa porque así lo exigen los cánones sociales pero no creáis que siempre hay hechizos de por medio:
Ella: objeto de envidia de hermanastras hurtadas de talento; cebo de bestia enamorada.
Él: diana de un héroe empecinado en serlo; mártir de una cruz que lo atenaza y de la que no puede escapar.
El carácter reprimido del monstruo le convierte en una entidad sumamente recelosa que lo alía, de forma inquebrantable, con la actitud iracunda y la sed de venganza. Además, suele coincidir en él un comportamiento arrogante e intransigente. Demasiada trasgresión, en fin, para aquellos que desprecian la heterodoxia.
Ella: enamorada de una bestia por causa de un guionista aficionado a los pastiches románticos.
Él: víctima de un alma desposeída de afecto.
Candidata al disfrute de una vida monacal, la aspirante a bella encuentra en aquel ser monstruoso un ente que, cuanto menos, se sale de lo ordinario. Hechizada por el magnetismo de los revolucionarios, la bella cree hallar en el monstruo la posibilidad de sumergirse en un mundo concupiscente que, hasta entonces, le había estado vetado.
Ella: autora de miradas cómplices y sonrisas lesivas.
Él: sueño pesadillesco de niños que tienen miedo de los armarios.
Inducida por los consejos de un tercero (prometido, padre, sacerdote o amiga) reconducirá su conducta por el más recto de los caminos... ¡ay! La bella apelará a su ternura y a su carácter empático para, aun sin aceptar su proposición, al menos forzar la rendición del monstruo de un modo menos lesivo para su integridad. Pero serán, de nuevo, las proclamas reaccionarias de los camaradas de la Bella quienes creerán que la actitud melosa de ella sólo puede provenir de un hechizo o conjuro. Y muerto el perro...
Ella: prometida virgen de héroe de diseño; hija de padre vengativo.
Él: gorila antidiluviano sin vértigo ni futuro; objetivo de un ejército de avionetas abnegado.

BEAUTY
My Beast, answer me, Beast! Oh, my Beast,
forgive me!
(She tries to lift up his head.)
Answer me, Beast. Look at me. Your glove will
revive you.
(She puts it on his right hand.)
Help me!
(She looks at him.)
I'm the monster, Beast. You shall live, you
shall live!
THE BEAST
(whispering)
It's too late.
El héroe de turno da rienda suelta a su destreza, adquirida por herencia paterna, y libera de las garras del monstruo el bello ejemplar que éste tenía cautivo. La moraleja es retrógrada y, como ya se advirtió antes, condena la actuación de aquel que actúa en contra de los dictámenes de la apariencia. Pero aquí nadie se salva pues el monstruo reivindica para sí la empatía que él mismo ningunea al enamorarse, como si de una afección enfermiza se tratase, de la más bella del lugar.
Ella: bella.
Él: feo.
Sin que nadie quiera reivindicar la figura de aquella entidad grotesca, los huesos del monstruo quedarán expuestos en medio de una plaza pública. Sometido, entonces, a juicio ciudadano pero sin la presencia de un abogado mediador, el monstruo quedará recluido en las fauces de una sociedad “modélica” que desea, ante todo, forzar la claudicación de los diferentes.
Ella: rescatada por el paradigma varón de una sociedad que se cree perfecta; receptora de las toallas de la doncella; aventurera prometida de un individuo aficionado a los parques zoológicos.
Él: individuo despojado de infancia; grotesco exiliado en un mundo que no lo tolera; víctima de un subconsciente maldito que no deja de incitarlo para que revierta el estado de las cosas.
La sociedad aplaude a su héroe, recupera a su bella y derrota, sin importarle los modos basados en el ensañamiento, al implacable monstruo. El mundo sigue sin admitir la trasgresión pero lo festeja como si se tratara de algo positivo. El monstruo ríe a carcajadas, no lo dudéis, desde esa oscura fosa donde, entre gusanos coprófagos, empieza a ser consciente de su (indirecta) victoria.
Ella: contraestereotipo caprichoso de rompe y rasga.
Él: Ogro verde aficionado a la pesca con armas químicas.
Shrek y Fionna darán un giro de 360º a las convenciones entre bellas y bestias al apostar, con una gran competencia, por la deconstrucción de los tópicos: la guapa goza de un carácter insufrible y al monstruo no le importa gozar de una apariencia deslucida. El prometido, en fin, sufre de no pocos complejos que ponen en cuarentena los valores que sus seguidores veneran. Se apuesta por la vuelta de tuerca, claro está, porque alguien tiene que reivindicar el afeamiento de una sociedad construida sobre unos pilares cada vez más ficticios.
Ella: Josette Day, Helen Chandler, Maureen O’Sullivan, Fay Wray, Mary Philbin, Barbara Shelley, Jessica Lange, Julianne Moore, Sigourney Weaver, Ingrid Bergman.
Él: Jean Marais, Charles Laughton, Lon Chaney; Boris Karloff, Bela Lugosi, Herbert Lom ; Claude Rains, Anthony Hopkins, Spencer Tracy…
Bestias y bellas. Partes unívocas de una dicotomía que encuentra en la empatía del público su fundamento. Historias fundamentadas en amores imposibles, venganzas de aires trágicos, y una riada de lágrimas cómplices de un espectador que ha encontrado, en estas historias, la excusa perfecta para recrear un universo dual donde la bondad solo gana en la ficción. Algo de lo que el Cine tiene, como sabéis, siempre mucho que decir.

Inspiraron este comentario los recuerdos de los siguientes films (entre otros):
1) LA BELLA Y LA BESTIA/The Beauty and the Best, 1946: Jean Cocteau
2) EL FANTASMA DE LA OPERA/The Phantom of the Opera, 1925: Ruper Julian
3) DRACULA/Dracula, 1931: Tod Browning
4) ESMERALDA, LA ZINGARA/ The Hunchback of Notre Dame, 1939: William Dieterle
5) SHREK/Id., 2001: Andrew Adamson, Vicky Jenson
6) KING KONG/Id., 1933: Merian C. Cooper y Ernst B. Schoedsack
7) EL DOCTOR FRANKENSTEIN/Frankenstein, 1931: James Whale
8) LA BELLA DURMIENTE/Sleeping Beauty, 1959: Clyde Geronimi
9) HANNIBAL/Id., 2001: Ridley Scott
10) ALIEN 3/Id., 1992: David Fincher
11) EL HOMBRE Y LA BESTIA/Dr. Jekyll y Mr. Hyde, 1941: Victor Fleming
BEAUTY
I don't mind being afraid ... with you*.
*Diálogos extraídos del guión de la película de Jean Cocteau: "La Bella y La Bestia"
Esperando el Fin del Mundo
La propia humanidad se entrega a este fin con desgana, casi con indiferencia. Unos creen, a fe ciega, en un milagro que actuará de salvaguarda. Otros, sin embargo, se entregan al amor, a la cristalización de los sueños postergados, a la recuperación del tiempo perdido cuando ya no queda tiempo que perder.
En la triste pero bellísima historia de Cuando el Viento Sopla, los ancianos protagonistas compensan sus justificados temores con ternura y afecto: reivindican la plenitud de la vida en un lecho de muerte anunciado y, a nosotros, espectadores de saldo con ningún vínculo con el compromiso, sin embargo, veneramos y aplaudimos la crudeza y el realismo de esta magnífica cinta de dibujos animados obra del olvidado Jimmy T. Murakami.
En fin, no hace falta transitar por los efectismos Hollywoodienses de filiación meteorítica ( Deep Impact o Armagedon), o las paranoias metafísicas made in Stephen King ( The Stand de Mick Garris), para darnos cuenta que el fin del mundo comienza y acaba en la cabeza de cada uno.
Vivir es sentir. Y que mejor forma de sentir que viviendo el Cine.
De Palma: Adorado por su pasado

Érase un hombre Atrapado por su Pasado: brillante director de actores venido a menos, autor de obras maestras indiscutibles (Scarface y Carlito's Way), discutibles (Carrie), amenas (Snakes Eyes), fallidas (Misión a Marte), de Culto (Hermanas), cinéfilas (Fascinación), vibrantes (Furia), nostálgicas (Los Intocables), de ¿miedo? (En nombre de Caín), de truño (Femme Fatale), de vicio (La hoguera de las Vanidades), de listo (Misión Imposible),invisibles (Corazones de Hierro), fundamentales (Doble Cuerpo), experimentales (El fantasma del Paraíso), reivindicables (Impacto), exitosas (Vestida para matar).
Es Brian de Palma. Y algunos sólo lo recuerdan por su pasado.
Yo lo reivindico, si señor. Y lo reivindicaré.
Fueron doce

También es un film de Robert Aldrich; una de sus típicas Obras Maestras de Acción: brutal, impactante, legendaria.
Fueron doce (John Cassavetes, Tom Busby, Jim Brown, Donald Southerland, Ben Carruthers, Clint Walker, Charles Bronson, Colin Maitlin, Stuart Cooper, Al Majioni, Trini Lopez, y Telly Savalas, junto a Lee Marvin, Ernest Borgnine o Robert Ryan), no tenían ningún futuro pero el Cine los guarda en uno de sus rincones preferidos: el de los inolvidables.
Supravaloradas
a) Sin Perdón de Clint Eastwood (Por tomarse demasiado en serio a si mismo, al personaje que el propio Eastwood interpreta y al género al que pretende homenajear; película muy alejada, además, de su obra cumbre westerniana: la paródica El Jinete Pálido).

b) L.A. Confidential de Curtis Hanson (Porque los primeros filmes del canadiense auguraban una carrera menos acomodada; porque traiciona el espíritu deconstructivo de la obra literaria del marciano James Ellroy; porque el cine negro no sólo es una fotografía monocromática, un entramado preñado de elementos corruptos y una chica bonita que gusta de exponer réplicas cómplices; porque el personaje de Bud White no puede tener la cara de perpetuo extreñimiento característica del inane Russell Crowe; careto elijahwoodiano que aun sostiene en Master And Commander: lo cual me indica, irremediablemente, que este actor no tiene solución)
c) Los Idiotas de Lars Von Trier (Porque la ruptura de las normas narrativas y el espíritu transgresor no debe implicar, en absoluto, que se trate como idioterns a los propios espectadores; por buscar morbo allí donde sus paisanos Kragh Jacobsen -Mifune- y Thomas Vintenberg -Celebration- habían logrado un cine sin adimentos transgresivo y mordaz; por quedarse a mitad de todo lo que quería contar y no reconocerlo...
Infravaloradas
a) El Padrino III: porque es la más arriesgada, comprometida, amoral de la saga; porque contiene una de las radiografías del poder más impertinentes y creíbles de lás últimas décadas, por contar con Sofía Coppola como protagonista (decisión
que, al fin y a la postre, sirvió para Winona Ryder encargara a Coppola la dirección del Drácula de Bram Stoker: caprichoso que es el mundo del cine).
b) El Exorcista II: El Hereje. Porque olvida de donde viene, se busca un propio camino y se entrega a él sin miramientos (otros secueladores deberían aprender de la valentía de Boorman: por cierto, astuto arquitecto de universos propios,
véase la estupenda Excálibur: recopilación manierista y estética del ciclo artúrico, repleta de imágenes fascinantes, oda a la fantasía legendaria... Una obra personalísima que nadie se atreve a imitar, ¿o sí?).

c) La Amenaza Fantasma de George Lucas: Por que me ayudó a reencontrarme con un cine de pretensión animosa, de naturaleza inconsciente, de desarrollo emocional. Un espectáculo sin pausa que sólo deja de tener sentido al salir de la sala de cine. Justo su esencia, como sabéis.
Lo próximo: Desmitificar.
Mirando a través de la ventana

Entonces miro a través de la ventana y me recreo de poder presenciar un paisaje que podré gozar en toda su plenitud, en unos minutos, bajo mis pies. Sin embargo, no tardo en despertarme delante de un ordenador marciano, rodeado de papeles que juro no haber puesto aquí. Enfrente de mí un tipo que me habla en una jerga proscrita de un subconsciente que sueña con no asimilarse con uno de aquellos personajes a los que tan bien comprende.
Dichosa fiebre, ¿verdad?
Locos por los trenes (de cine)
Es, naturalmente, una lista incompleta en la que hecho de menos, barriendo para casa, la mención a la película de John Carpenter: Ghost of Mars, western marciano (literalmente) que nos muestra, como tampoco podía ser menos, uno de los trenes más entrañables y fascinantes de cuantos se ha enorgullecido filmar el mundillo del Cine. Y, con el mismo énfasis, me alegro de encontrar la mención a un film magnífico: Trenes Rigurosamente Vigilados de Jiri Menzel.

Si no tenéis plan para los próximos días, coger el listado del que os hablo y, por orden alfabético, comenzar el visionado de todos estos filmes. Sólo os decepcionará el no tener tiempo material para poder hablar de éstos con la misma pasión cinéfila con la que Alfred Hitchcock filmaba un tren internándose en un túnel.
Verdoux, el aficionado

Buscando documentación autocomplaciente con la que reivindicar uno de los filmes de Chaplin más olvidados por el público (y sin embargo uno de los más apreciados por la crítica): Monsieur Verdoux, me encontré con esta singular cita..:
No es la misma sociedad quién construye armas con el único propósito de matar?. ¿No se han usado éstas para matar a mujer e incluso niños, de una manera, en verdad, científica?. Créame, como asesino de masas no soy más que un simple aficionado
...que no hace más que recordarnos la lucidez irreductible que acompañaba al Maestro aun en el crepúsculo de su carrera. Definitivamente, el Cine es inmortal.
Huidos de nosotros mismos
No nos extraña, contradictoriamente, identificarnos con la mayoría de esos protagonistas y de hacernos partícipes de sus intentos de fuga, sentirnos felices con su éxito o defraudados por su fracaso a pesar de que, la mayor parte de estos personajes, representan a tipos educados en la violencia, seguramente maltratadores, ladrones, evasores de impuestos, falsificadores de cheques o asesinos: ciudadanos en cualquier caso que, salvo excepciones de índole tendenciosa (vease El Expreso de Medianoche), han sido acusados y condenados con toda justicia en atención y mandato de aquel derecho positivo que con indiferencia y desgana votaron en las últimas elecciones.

Poco nos importan los juicios, los testigos, las familiares de las víctimas, la memoria de la víctima, el estafado, el brillante trabajo de los C.S.I..., cuando deseamos que aquel individuo, asido en lo alto de la torreta de vigilancia a un poderoso foco, recuerde su anterior vida reencarnada en forma y ojos de topo para no acertar a ver lo que estamos viendo sin interferencia alguna los millones de espectadores del film.
No es nada nuevo. Nos ocurre lo mismo con el Cine de Ladrones, incluso el día en que, tras haber pasado una agotadora mañana en la comisaría de policía volviendo a solicitar nuestro documento nacional de identidad y carnets varios sustraidos la pasada noche, nos decidimos a pasar el resto de nuestra desgraciada tarde viendo las aventuras italianas de ciertos ex-anunciantes de trajes y calzoncillos acompañados de Charlize Theron o Jennifer López.
Pero el hechizo del Cine logra, además de la identificación empática con los susodichos anunciada antes, que les reconozcamos, además, una apostura heroica y desvergonzada, o que les consintamos que se queden con la chica más guapa del lugar, que se embarquen en el mejor de los aviones rumbo a un paraiso concupiscente, o que nos cobren 6 euros por cualquier cosa porque como alguien dijo y otro escribió en cierta pared universitaria: la violencia en el cine comienza con el precio de las entradas...
En fin, unos huyen y otros roban, y algunas veces sucede que el que roba huye y alguien, celoso del talento de la casualidad, adapta los sucesos para rodarla y nosotros pagamos por verla cinematografiada conscientes, sin lugar a dudas, de que nunca nos veremos inmersos en aprieto similar ni tan apasionante. Ni siquiera los jueves en casa de la suegra... o asimilada.
Mañana, si tengo tiempo, os cuento más. Pero esta vez será de Cine. De Cine, en sentido estricto.
Lang y los Verdugos del Cine

Lang siempre ha sido uno de mis favoritos pero, sin embargo, siempre he tenido la sensación de que su carrera artística, su talante creativo, quedó ciertamente cercerado cuanto tuvo que someterse a la política de unos Grandes Estudios cuyos gestores, mediatizados por su condición mediocre, no debían sentirse muy convencidos cuando de aplicar texturas expresionistas se trataba.
En fin, no sería el último director ejecutado por el carácter mercantilista de ésta, nuestra disciplina artística preferida.
Leer entrevista a Fritz Lang (1946)
Western de artes marciales
Para los que me echan en cara la ausencia de westerns en este Cronicón ahí les dejo un diálogo entre dos de sus mitos: Doc Hollyday y Wyatt Earpp:
Doc: ¿Desea usted ayuda?
Wyatt: ¿De usted? No, gracias.
Doc: Yo también sé manejar bien las armas; lástima de que los que podrían atestiguarlo no estén en condiciones para hacerlo...
Y hablando de Western. Id a ver Kill Bill. El amigo Quentin ha vuelto a hacer una obra maestra. Bueno, la mitad de una Obra Maestra.

Mañana más.
Otra de remakes
Un remake no sólo es una vulgar copia de un film original (lo digo como si existiera algún film “original) y, ni mucho menos, lo es antes de haber visto el propio remake.
A ver si poniendo orden, se entiende mejor mi argumentación:
En función del origen de la obra objeto de remake, podemos distinguir entre:
a) Los que se basan en filmes procedentes de otras filmografías (La Jetté Vs. 12 Monkeys – Abre los Ojos Vs Vanilla Sky - The Ring Vs. The Ring
b) Los que actualizan un film introduciendo arquetipos de la coetanidad (King Kong Vs. King Kong)
c) Los que efectúa un autor sobre una obra propia anterior (El hombre que sabía demasiado Vs. El Hombre que sabía demasiado).
Todos son matizables en relación al grado de reinterpretación de la historia. Puede que se vuelva a rodar un mismo guión (Psicosis) o se produzca una reinterpretación absoluta del mismo (12 monos). Y, del mismo modo, ninguno es excluyente entre sí: El Salario del miedo (film que procede de otra filmografía) Vs. Carga Maldita (adaptación norteamericana adaptada además a los cánones de la coetaneidad del remake)

Y no sólo eso:
En atención al grado de consciencia en la ejecución del remake podemos distinguir entre:
a) Remake Inconsciente. El que extrae de un film alguna de sus soluciones formales o alguno de sus arquetipos (el maquillaje del monstruo de Frankenstein) o paradigmas (la culminación de una aventura westerniana con un plano general a contraluz del jinete alejándose hacia el horizonte).
b) Remake Consciente. El que extrae de un film alguna de sus soluciones formales o alguno de sus arquetipos con el fin de parodiarlo o homenajearlo (Los Zombies de Dan O’Bannon respecto a los de Romero)
Y más, porque si atendemos al origen de la historia la clasificación se multiplica:
c) Remake Literario: El que adaptando una versión literaria toma como base un film o un guión anterior basada en la misma obra (Robin Hood o El Planeta de los Simios). Se desvincula esta concepción de la adaptación literaria porque en esta última toma como base exclusiva la novela de la que parte (Drácula de Bram Stoker)
d) Remake Cinéfilo: El que toma como pretexto una situación de un film anterior para homenajearla. En función de la cuantía de intertextualizaciones contenidas en el film podemos hablar de: a) Homenaje (Frankenstein Vs. El Espíritu de la Colmena); b) Guiño (Los Intocables Vs. El Acorazado Potemkin); c) Autorremakes (Ghost of Mars): y de Autor (el que tomando como punto de partida la obra de otro, la adapta a sus propios cauces creativos ofreciendo de una misma historia una reinterpretación ciertamente personal y propia).
En fin, qué levante la mano el que plantee sus obras artísticas de acuerdo a las doctrinas de la originalidad absoluta.
Maestro de marionetas
Quería hoy hablar de Fantasía, de Jim Henson, del mundo de las marionetas (de ahí la cita, extraída del film Dentro del Laberinto, que encabeza este post) o muñecos, y en mi memoria se cruzó la obra, extraordinaria y minimalista, del pintor checo y ocasional Maestro del Cine de Animación, Jiri Trnka.

Los que adoren el trabajo actual de tipos como Henry Selick o la Factoría Aardman, quizá ya conozcan a Jiri Trnka. A los demás, les recomiendo disfrutar de la ilustre carrera de un director fallecido hace más de 35 años que el Cine, con la impertinencia que ya nos tiene acostumbrados, se niega a dejar caer en el olvido.
Como debe ser…
Odisea Paranóica
Lo de la paranoia no es nuevo. Con el estreno de Matrix, y sobretodo, a raíz de sus secuelas no dejé de indicar que lo de verdad se oculta tras la cinematografía de los Wachowski (aparte de una insobornable actitud por edulcorar su cine de acción por ramalazos filosóficos de perfil bajo), es un homenaje explícito y contundente al cine de James Cameron.
No exagero, no. Mátrix intertextualiza el entramado argumental de Terminator; presume de introducir en el mercado publicitario novedosas escenas de acción (Terminator 2); se recrea en la resurrección de sus dos protagonistas (como en Abyss); y se permite la insolencia de contener un espectacular salto en moto de un edificio a otro (así es, como en True Lies: Mentiras Arriesgadas). Algunas escenas de Sion tienen cierto parecido cromático a los interiores de ciertos compartimentos populistas de Titánic, y sus personajes recrean arquetipos de pose similar. (Y no son las únicas coincidencias -a ver si un día tengo tiempo...)

Me ocurre lo mismo con una semidesconocida serie que durante las últimas semanas me mantiene espectante frente al televisor. Os hablo de Odyssey 5, una producción de 2002 creada bajo la tutela creativa de Manny Cotto, y que cuenta con Peter Weller como principal protagonista. Sólo he visto los cuatros primeros episodios y, atención cinéfilos, su entramado es una apuesta apasionada por el delirio homenajeador: el primer episodio comienza con retazos de Apolo XIII, sazonados de cierto tufillo Kubrick que se remata con un implícito homenaje a 2001, Una odisea del Espacio, para a desarrollar, ya en el segundo capítulo y para sorpresa de un servidor, una historia de Ultracuerpos, al más puro estilo de invasión de los 50 (o de V o First Wave). No queda ahí la cosa, continúa con un pastiche de índole magnífica trufado de referencias a la inteligencia artificial y a la robótica (Terminator) y a la Teoría de la Conspiración (Expediente X) que culmina, en el cuarto episodio y último que he visto hasta ahora, con un homenaje fabuloso a They Live de John Carpenter.
Ya no sé que esperar del quinto. De momento, aquí dejo una reivindicación cinéfaga: Odissey 5. ¡Buscadla!
El último discurso
Leer último discurso

A vosotros, jóvenes, mi mensaje es el siguiente: Evitad la prisión. Algún día quizás uno de vosotros estará en este lugar recibiendo un premio del American Film Institute. Es lo que consiguen los niños buenos y educados
La Cuenta Atrás

Son los óscars unos premios contradictorios. Por un lado no me interesan en absoluto, y de otro, siempre acabo escribiendo de su resultado. En este caso, además, la contradicción se extendió al desarrollo de toda la ceremonia (palmarés incluido). Me explico:
En estos días inciertos se hieren personas con “fuego amigo”; las muertes se denominan “daños colaterales”; los Presidentes del Gobierno “condenan el pacifismo”; las bombas son “inteligentes”; el Ministro del Interior se santigua por actos violentos esporádicos que los Ministros de Exteriores consienten (en el exterior, eso sí) en forma de bombardeos masivos; los ataques unilaterales se redenominan “guerras preventivas” (¿qué prevén?, ¿la guerra?, ¿quienes son los precogniscentes?); se nomina (pido disculpas a la RAE) a Renne Zellweger como “mejor actriz del año...”. Si Groucho Marx levantara la cabeza no haría películas sino documentales. La realidad supera su sarcasmo. Y Luis Buñuel de
camino al paro, naturalmente (¡ah, perdón!, que no hay paro).
En este contexto historicista, la ceremonia transcurrió por el ámbito de la expectativa. Se esperaba una entrada de famosos funesta, con trajes cautelosos, mohínes serios, falta de glamour y fue más de lo mismo pero con menos metros de alfombra roja y algún vestido negro que, como contrapunto, servía para adelgazar envergaduras (exageradamente en algún caso australiano que todos podimos comprobar). Se esperaba también algo más que una palomilla plateada en la solapa (que se asimilaba a una joya, un adorno más); que Susan Sarandon se saliera más del guión; que otros se unieran a su causa. Se esperaba, en definitiva, una versión light (el “lightismo” es un invento norteamericano, no hay que olvidarlo) de esa ceremonia (irrepetible) goyesca que sirvió para reunir a los artistas españoles en torno al círculo del compromiso. Pero todo parecía impostado: 45 segundos para invertir en loas egocéntricas, agradecimientos al entorno (¿alguien contó las veces que se dio las gracias a Miramax?) y demás manifestaciones, dejaban muy poco espacio para la reivindicación (¡Ole los cojones -que me perdone también Halle Berry que no voy por ahí- de Adrien Brody!: se alargó todo lo que quiso, mandó callar a la banda de música del “saboteador” Bill Conti, soltó unas lágrimas en pro de la paz y, aprovechando el viaje –y para rehuir cualquier blacklist improvisada-, se acordó de un soldado amigo suyo que pierde su tiempo en la retaguardia kuwaití). Así las cosas, los premios “menores” (con todos mis respetos para los directores artísticos, ambientadores, trajeadores, técnicos de sonido y demás miembros de los títulos de crédito que sólo unos pocos leemos) sirvieron para sumergir la ceremonia en las marismas del tedio de la misma forma que se le negaban al film
de Scorsese los óscars que más merecía. (Eso sí: óscar para el ausente Mizayagi; para Eminem, para Golldenthal; para Conrad Hall hijo –¡Demonios!, ¿dónde se quedaron el resto de las nominaciones de Road to Perdition? ¿la habrán visto los
nominadores oficiales de la academia?)
Y en esto apareció Michael Moore y provocó el espasmo colectivo de una platea que convirtió los aplausos del principio en abucheos surrealistas (y yo, ingenuo de mí, seguía pensando en que al final llegarían las reivindicaciones). Lo mejor, el acertado y, por desgracia realista, comentario de Steve Martín. Lo peor, que se tilde de orate al más cuerdo (y empático) de todos los que acudieron a la gala.
Y llegó el “momento Almodovar” que diría aquel. Y ganó su segundo óscar. ¿Por qué sigo sin soportar su cine? ¿Qué he hecho yo para esooo? Y amortizó como nadie los 45 segundos (implicitud, que es lo que más añoro yo de su cine). En fin: yo siempre preferí “Y tu mamá también” de Alfonso Cuarón (una road movie sorprendente que hay que ver subtitulada para captar en toda su intensidad), pero igual sirve este galardón para conciliarme, al menos, con la última parte de su filmografía del manchego (aunque soy poco optimista al respecto).
Y llegó el “momento Polanski”. Lo mejor de una noche rutinaria donde los alemanes no subieron a recoger su óscar (bueno, aquí quizás sea coherencia). Para mí fue el gran triunfador, aún ausente. ¿Mejor guión adaptado, mejor director, mejor actor principal, no hacen la mejor película..? Y encima lo merecía. Lo dicho. Una ceremonia, íntegramente, contradictoria.
Siempre nos quedará... seguir protestando" .
Uff!, como pasa el tiempo...
Remakes apócrifos

Pues vale. Me niego a pertenecer al bastión de los que odian-los-remakes-por-costumbre así que, habida cuenta de que no ha sido Rene Zellweger la elegida para sustituir a Fay Wray, no se me ocurre otro motivo para sojuzgar un film que aun no he visto.
Y ahí voy: es curioso que aquellos que lanzan exabruptos por doquier cuando algún autor comete el sacrilegio de adaptar la obra de otro, se olvida de que todo el mundo cultural tiene su génesis en la multirreferencia y en la reciprocidad. Del mismo modo que no existe conocimiento que no se base en otro anterior, parece difícil admitir que una obra contemporánea pueda existir sin un referente (consciente o inconsciente) anterior. No quiero decir, sin embargo, que formen parte de mi catálogo de preferencias films tan poco estimulantes como Psycho, La Jaula de los Grillos o Vanilla Sky. Pero tampoco puedo negar de alguno de estos filmes una cierta insolencia formal, un riesgo derivado de la afrenta que supone transformar el talante creativo de otro a tu propio Universo. Además, el director adaptador se somete a juicio de comparación y se sabe obligado de dar su propia visión sobre una historia que ya existe (cuestión de consecuencias imprevisibles como bien se puede comprobar de El Planeta de los Simios).
Y lanzo un reto: ¿a ver quién se atreve a hacer un remake de un film de David Cronenberg?
(Continuará...)
Lluvia en el Corazón
"Perder a alguien por miedo. Dejar pasar el amor de verdad por temor al dolor. Malgastar la existencia y el talento en un trabajo absurdo. Guiarse por la esperanza y no por la experiencia. ¿La vida? La vida es eso que discurre mientras tratas de averiguar qué es la vida, soltó John Lennon. Se vive en un país en el que suceden cosas. Las cosas pasan y quedan en los libros de Historia. La historia personal la conforman recuerdos y personas. Las personas van y vienen. Hasta que una noche de lluvia quedan grabadas a fuego en el corazón."
Mejor que Allen, ya véis.
Dime de qué te disfrazas...
La Reina Amidala vestida de Padme acudiendo a un mercado de jedis de segunda mano; Frodo y Sam emparentados con el ropaje de los orcos en la inmediaciones de Mordor; Welles disfrazado de cadáver desaparecido en las alcantarillas de Viena; Nicholson suplantando el rol de un orate en el manicomio del Infierno; Mitchum disfrazado de párroco adicto a aquello del dejar-que-las-viudas-se-acerquen-a-mí...

Ninguno necesitó de Martes de Carnaval para congraciarse con su otro yo. Y no, ninguno de éstos podrá superar la apostura y gracejo de los disfraces de Mortadelo.
Del Mortadelo de Ibáñez, naturalmente.
Cuando Val Guest dominaba la Tierra
Director de la primera incursión de la Hammer en el ámbito fantástico, fue junto con el gran Terence Fisher, uno de los pioneros soportes creativos a sueldo de la productora británica. Su ego responde en los títulos de crédito de El Experimento del Dr. Quatermass, Quatermass II, y El día que la Tierra se incendió/The Day the Earth Caught Fire (todas ellas acompañadas de una agraciada fotografía en blanco y negro).
El éxito de aquellos filmes, más la secuela de Hace un millón de Años de la que os hablaba, propiciaron su participación en la poca exitosa Casino Royale, una película que parodiaba con exceso de verborrea y poco sentido del humor el universo (por aquel entonces, aun no del todo asentado) de la serie Bond.

Después, el paso del tiempo y el trabajo rutinario para un par de productoras televisivas se aliaron para dejar en el abandono a un tipo como Val Guest, no lo olvidemos, el tipo que puso ese collar de dientes a la no menos olvidada, Victoria Vetri.
Encadenados (y III)
Y sí. Michael Myers fue el nombre que John Carpenter puso al Asesino en Serie que protagonizó el film: La Noche de Halloween, precursora del slasher teen y película de serie B más taquillera de los tiempos hasta bien entrada la década de los noventa, y que propició toda una oleada de imitaciones (Viernes 13), secuelas (Sanguinario!) y homenajes: el más evidente, el que le propiciaría Kevin Williamson en Scream, que directamente vuelve a remitirnos a Halloween y a su protagonista principal, Jamie Lee Curtis, hija de Tony Curtis (quien a su vez había sido protagonista psicopático de un celebre film de Richard Fleisher: El Estrangulador de Boston) y Janet Leigh (la primera víctima de Norman Bates en Psicosis y autora de uno de los gritos más recordados de la historia del género).
Tanto El Estrangulador de Boston como Psicosis tienen en común el protagonismo de un serial killer de apariencia bondadosa y actitud cruel. Será precisamente Psicosis, una historia ideada inicialmente para la televisión, la que asienta en el subconsciente cinéfilo el termino psychokiller. Pero el propio Hitchcock ya había trabajado el género de los asesinos en serie anteriormente con uno de sus obras más inspiradas (si cabe): La sombra de una duda.
Lo que no cabe duda es que a Hitchcock le debe el Cine la invención del término McGuffin para definir el entramado superficial, y efectista, que sirve para ocultar un entramado sugerido, y seguramente más atractivo para el cinéfilo. Es Notorious (Encadenados), el film que protagonizaron Ingrid Bergman y Cary Grant, el paradigma de esta concepción, cuyo eje narrativo lo centra el tráfico de Uranio por parte de un grupúsculo de Nazis, pero paralelamente se gusta por poseer una de las historias de amor mejor narradas y más apasionantes de la filmografía del oriundo director nacido en Gran Bretaña que, al igual que Chaplin nacionalizado estadounidense, decidió dedicarse al Cine para poder conquistar su quimera.

Nuestra quimera.
Encadenados II
Quatermain es un apellido de gran calado cinéfilo que, por distorsión, nuestro subconsciente entronca con la primera gran obra que la Factoría Hammer dedicó al ámbito fantástico: El Experimento del Dr. Quatermass (adaptación cinematográfica del serial televisivo de la BBC creado por Nigel Kneale en 1953). Este film, al que le seguirían dos secuelas más: The X-Unknow y Quatermass and the Pit (sin duda, uno de las mejores cintas de ciencia ficción alienígena)convencería a la productora británica (y las cuentas bancarias de sus socios) de la necesidad de especializarse en un cine de género que acabaría cautivando a millones de personas a lo largo y ancho del planeta: el Fantástico.

Será precisamente uno de aquellos cautivados fans, John Carpenter, quien en 1987 y en plena postproducción de El Príncipe de las Tinieblas, se atrevió a firmar el montaje de su film con el sugerente nombre de, ¿lo adivináis?, Martin Quatermass… ¿Y en homenaje a quién?
Al Cine, naturalmente.
(continuará)
Encadenados I
Cuando unos empresarios decidieron crear una industria alrededor de aquella extravagante forma de expresión artística, y una vez que el propio arte cinematográfico se había aventurado a poseer un lenguaje propio (aun evolucionado de la fotografía o la literatura), lo hacían a sabiendas de que, tarde o temprano, esa quimera tendría que hacerse realidad. Amparada en aquella hipótesis descabellada, la Realidad comenzó a ser productiva. Hoy día podemos denominarla Primera Quimera de Oro cinematográfica.
La segunda, ya puestos en el tema, la ideó uno de los mas destacados (y mordaces) artistas del Cine, Charles Chaplin, quien allá en 1925, contó la historia de un vagabundo de inspiración romántica que en su búsqueda del dorado metal, en
tierras californianas, halló el sentido de su propia vida.

No sería el primero ni el último en afrontar tamaña hazaña.
(Continuará...)
El Poder del Cine
“ Un tipo en primer plano. Vamos a ver lo que está viendo. Supongamos que ve a una mujer con un bebé en los brazos. Ahora cortamos y recogemos su reacción ante lo que ve: él sonríe. ¿Cómo es el personaje? Es un hombre agradable, simpático… Ahora vamos a colocar un plano de una chica en bikini. Él mira. La chica en bikini. Él sonríe… ¿Qué nos parece ahora? Un viejo verde. Ya no es el mismo caballero a quien le gustaban los bebés. Ése es, para mí, el poder del cine ”

Monstruos humanos

Prohombre adherido a un cuerpo que la sociedad repudia, aprende de la observación de los humanos a los que espía que el único vínculo que puede estacionarlo en el mundo de los hombres es el amor.
Pero…
Sufre en sus carnes el desprecio de su creador, de su reflejo en el agua, y de la sociedad que lo acomoda. Y, acorralado, se convierte en un ser maldito, el monstruo al que todos temen.
El Cine y la novela de Mary Shelley al menos coincidieron en la esencia: sólo hallaremos la felicidad inmersos en un mundo que nos comprenda.
Que comprendamos.
Feliz Viernes 13, y cuidado con el amigo Jason. No sabe nada de Victor Frankenstein, de Mary Shelley, ni de Kenneth Brannagh, Jimmy Sangster, Terence Fisher, Rowland W. Lee o James Whale. Pero me cuentan que ya se está cansando de Fresita.
Por mis muelas

Ya puedo presumir de tener algo en común con estos gigantes del celuloide.
Iciar Bollain: La observadora solidaria
Cuando comencé con el blog me propuse revisarlo y evaluarlo mensualmente. La primera conclusión es que sigo. La segunda es que el próximo mes tocará evaluarlo de nuevo.

Por lo demás, ninguna sorpresa en Cinelandia. Los Goyas supusieron la consagración de Iciar Bollain y su Cine Verité. Algunos la descubrieron de niña, con El Sur. Otros de miliciana rebelde en Tierra en Libertad o de protagonista absoluta en Leo. Yo la admiro desde que leí su libro sobre Ken Loach "Un Observador Solidario", un pseudo-cuaderno de rodaje de Carla's Song que resume lo mejor del trabajo cinematográfico del británico. Iciar ha trabajado con los mejores: Erice, Borau, Loach. Y de todos tomó su mirada. Sus ojos.
Ahora es la Sociedad quien tiene la obligación de tomar buena nota.









































