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TOP 7: Casas Encantadas en el Cine

1.- Al Final de la escalera / The Changelling, 1980 (Peter Medak): Uno de los máximos exponentes del cine de fantasmas contemporáneo, y sin duda el más influyente (Poltergeist, The Ring, Dark Water, Los Otros, El Orfanato…) de todos ellos. Lúcida mixtura entre el cine de casas encantadas y el policiaco, la historia de este músico colapsado por un drama personal que se traslada a una nueva vivienda para reencontrarse consigo mismo, se verá perturbada por la presencia de un fantasma infantil que exige un ajuste de cuentas con el tipo más poderoso de la ciudad. Extraordinaria en cuanto a la dirección artística, brillante en cuanto al fondo, The Changelling destaca por su ausencia de efectismos y por su delicado equilibrio formal (música, montaje, trabajo de cámara), siendo una de sus más destacables marcas de identidad la utilización de objetos cotidianos como elementos desencadenantes del terror más absoluto (en la retina: una pelota humedecida bajando por una escalera, una silla de ruedas desvencijada, un espejo roto…). Una película magnífica.

2.- ¡Suspense! / The Innocents, 1961 (Jack Clayton): La mejor de las adaptaciones de la novela Otra vuelta de tuerca de Henry James, autor-renovador del género de fantasmas en su vertiente gótica, también es la que más ríos de tinta ha dejado correr, fundamentalmente, por su cariz ambiguo y onírico. Cinta parabólica y perversa, representación despiadada de la educación y de los valores nefastos que de vez en cuando la edifican, The innocents (obviaremos el absurdo título español, con signos de admiración incluidos) The Innocents no es sino la historia de una obsesión, narrada desde un punto de vista subjetivo (extraordinaria Deborah Kerr en uno de los mejores papeles de su carrera), hermosamente fotografiada por Freddie Francis y dirigida con brío por Jack Clayton, responsable último de esta obra de fantasmas y otros demonios internos, contenidos en el seno de una casa que custodia un terrible secreto. Los rigores de la represión moral se vomitan en forma de paranoia sufrida por una institutriz con exceso de celo, demostrando que los verdaderos fantasmas no se ocultan en el interior de una mansión aislada, envuelta en brumas y recuerdos, sino en el cerebro de uno mismo, esperando a que bajemos la guardia.

3.- La casa encantada / The haunting, 1963 (Robert Wise): Uno de nuestros artesanos favoritos firma esta obra a medio camino entre el drama psicológico y el cine de terror, basándose en el relato “The Haunting of Hell House”, de la escritora Shirley Jackson. Las angulaciones de cámara, los contrapicados, las composiciones de plano y la puesta en escena se convierten en las herramientas que utiliza Wise para transmitir el clima de inquietud y terror que desprende toda la cinta, transformando la casa de la colina que da origen a la historia en un auténtico edificio enfermo, diríase que fantasmagórico, incluso aunque entre sus muros no se ocultará presencia espectral alguna. Bellamente fotografiada (esto es habitual en el género), poseedora de un sutil erotismo (protagonizado por algunos rebrotes lésbicos), sabe mantener en todo momento la ambigüedad de su propuesta, representando el punto de inflexión de un subgénero, el de casas encantadas, que continuará en la década de los setenta con filmes como Terror en Amytville, Pesadilla Diabólica o La Leyenda de la Casa del Infierno, su más que digna sucesora.

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21/05/2008 11:29 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: El Top del Cronicón Hay 3 comentarios.

El Top del 2007: a.k.a. “EL MAMOTRETO”

1 Promesas del Este: De villanos y de héroes, y de héroes villanos.

 

 

Promesas del Este nos devuelve a un Cronenberg virulento pero maduro, que renuncia en su nuevo Cine a las imbricaciones abstractas que otrora definieron la Nueva Carne, perfecto narrador de una historia cuyos epítomes y arquetipos se nutren de los del cine negro, actualizados aquí con las formas de la mafia rusa londinense y con los modos, también reconocibles, de los Corleone de las películas de Coppola. Pero al contrario de lo que ocurre en El Padrino, Cronenberg no pretende diseccionar la naturaleza del poder y la familia, sino contarnos la intrahistoria y motivaciones de una serie de personajes que se ven inmersos en la convulsión que provoca la existencia de un diario delator en el bolso de una madre adolescente recién muerta.

 

El McGuffin, de la misma naturaleza física que el de El Libro Negro de Verhoeven, no solo provocará el cisma anunciado sino que servirá de objeto de denuncia implícita de una realidad tantas veces alejada de los noticiarios. Si bien la denuncia de la actuación de estas mafias solo sirve de contexto, más y cuando de su relato no tarda en adueñarse la imponente presencia de un gran Viggo Mortensen, colmado de matices y registros, dando vida a un pérfido asesino, de vez en cuando chofer, un ángel guardián, en realidad, de oscuro pasado y noble pose, que ejerce de conciencia reparadora no porque los acontecimientos aquí narrados le hayan producido una transformación en su conciencia, sino porque esos son sus modos, incluso cuando se saben corrompidos por el tipo de vida que ella.

Sorprende, de esta nueva etapa del cine de Cronenberg, su capacidad para construir ecosistemas cerrados, de apariencia estanca y aires claustrofóbicos, no ya porque la mente del protagonista sea un obstáculo para liberarse (como ocurría en Spider) sino por que su presente, tanto o más como su pasado, ejerce de atenazador yugo; un yugo esencialmente espiritual del que resulta casi imposible escapar, al menos sin enfrentarse con uno mismo, Promesas del Este es, pues, al igual que Una Historia de Violencia, una fábula sórdida y metafórica, un cuento contemporáneo repleto de personajes convertidos en sombras y de otros situados en el borde mismo de un precipicio donde ya no queda lugar para la vuelta atrás. Y donde la violencia ejerce de resorte inquietante que activa las conciencias de los personajes o los mantiene en alerta, siempre en guardia, aumentando la sensación de desasosiego que desprende cada secuencia.

La violencia expuesta, explícita y de vez en cuando insoportable, apenas representa, sin embargo, una mínima porción de su argumento. La contundencia con la que se define y la fisicidad con la que se resuelve evoca alguno de los pasajes míticos del séptimo arte, especialmente, el asesinato de la cocina de Cortina Rasgada. Sobre este recuerdo, Cronenberg construye una de las mejores secuencias de su Cine en un salón termal trufado de azulejos y toallas húmedas y de un trío de asesinos voraces que luchan, cuán depredadores en celo, de liberarse de aquello que los ha convertido en bestias.

Poco queda ya del Cronenberg entregado a la reformulación de los apotegmas metafísicos que definían sus primeras películas, pero mucho de un cineasta cuya labor narrativa ha ido evolucionando hasta convertir su nombre en un reclamo, y su trabajo en una las propuestas más atractivas y estimulantes del año.

Es lo que tienen las grandes historias. Y ésta que protagoniza Naomi Watts y Viggo Mortensen lo es, sin lugar a dudas.

Lo más destacado: que la tercera vía creativa iniciada por Cronenberg en la irregular Una Historia de Violencia, haya encontrado una continuación cuyo éxito artístico nos haga esperar con expectación su siguiente obra.

Lo menos destacado: el (chirriante) discurso final en el embarcadero.

Calificación: 9

 

2 La Vida de los Otros: hombres buenos y esos que no lo son tanto

Y por encima de nosotros en el hermoso cielo estival

había una nube, que contemplé mucho tiempo;

era muy blanca y tremendamente alta

y cuando volví a mirar hacia arriba, ya no estaba

Berthold Brecht


La vida de los otros... es la que él no tiene. ¿Quién? Hauptmann Gerd Wiesler (en adelante y no por casualidad: HGW) un espía de la Stasi, la policía gubernamental de la RDA, en el cercano (y orweliano) año de 1984: el año del boicot a los juegos de Los Ángeles. Su función: la vigilancia del poeta Georg Dreyman, un elemento subversivo, o eso dicen al menos los altos funcionarios del Partido, uno de los cuales desea mantener un romance con la novia de aquel al que acechan: la bella actriz teatral, Christa María Sieland.

Dreyman no sólo es el poeta del pueblo, también lee a Brecht y el Der Spiegel, y defiende a sus camaradas delante del Ministro Bruno Hempf. Lo que no sabe es que lo vigilan. Aquel que lo hace, lo hace con todas las de la ley justo encima de su propio hogar. Escucha lo que dice, las sintonías que toca en el piano, cuando folla con su mujer. Vive su vida a través de la vida de aquél que espían: eso le aleja de la objetividad. E interfiere. Primero porque pretende dar satisfacción a su inmediato superior. Después, porque comienza a ser partícipe de aquello que defienden y promueven los espiados: por ejemplo, su reivindicación absoluta de la expresión libre, su derecho manifiesto a poder vivir como son.

No todo el mundo soporta el acecho del Gobierno. El mejor amigo de Georg terminar por ahorcarse. La moraleja es insensible: la opresión intelectual conlleva el suicidio. El artista lo sabe y lo investiga: reacciona escribiendo un artículo vindicativo que terminará por publicarse en Occidente. El descubrimiento de su autoría lo llevaría a la cárcel… o a su exterminio. Todos lo saben. “Todos” también incluye a su novia.

Christa María mantiene una relación con el Ministro de cultura creyéndose su protegida. Pero el amor que siente por el poeta la hace desatender al político. El desprecio hacia el poderoso es el primer síntoma de la muerte. Entonces, HGW vuelve a tomar cartas en el asunto y mueve sus piezas para evitarla: pero el Sistema posee largos tentáculos; de repente, duda de que incluso él mismo pueda salvarse.

Florian Henckel von Donnersmarck es el director. Gana el Oscar a la mejor película extranjera por delante de El Laberinto del Fauno y no se inmuta. Ambas comparten un desprecio explícito por la arbitrariedad. La cinta alemana además se nutre de enunciados tremendistas, vagamente cercanos: habla del horror y de la falta de la libertad como conceptos ligados entre sí; de la represión ejercida por el poder coercitivo como medio para perpetuar su dominio; de los ideales perdidos y/o subvertidos; de la opresión psicológica como elemento desencadenante del suicidio; del contestatarismo implícito al sentimiento artístico; de la obligada implicación de todos los estamentos sociales para conseguir el cambio. Y lo hace con texturas y paisajes monocromáticos, tiñendo de gris y desesperanza una realidad desencantada, la mayoría de las veces saboteada por un aparato policial siniestro que no solo coarta la libertad del individuo sino que la arrincona.

El cineasta novel invierte en contención y en contemplación: y a cambio nos ofrece pasajes cinematográficos magníficos. El cenit: la Sintonía para un Hombre Bueno interpretada al piano por el escritor para apaciguar la rabia de un duelo maldito.

Pero lo que más nos interesa es su reflexión sobre el propio medio cinematográfico. En especial, sobre su carácter voyeaur. Y es que Wiesler no es más que otro de los espectadores de la historia y por tanto, propenso a emocionarse, incluso a cambiar sus hábitos y conductas o allanar su ideología... Pero al contrario que el espectador convencional, HGW conserva el privilegio de la alteración de la vida de aquellos a los que observa, hasta convertirse en una especie de ángel custodio, de guardián. Este policía atormentando se siente identificado por aquel que espía cuando descubre que su principal temor no es sino la misma soledad que él sufre.

Porque de soledad versa esta película. De ahí su magnífico título y conclusión.

Lo más destacado: Su contención y ausencia de efectismos.

Lo menos destacado: lo que le cuesta al director encontrar (aunque finalmente lo hace) un digno colofón a su historia.

 

 

3 Zwarboek: El libro Negro de Verhoven

Desmitificación de raigambre individualista del mundo de los héroes y los postulados cínicos que los encumbran, Zwarboek, El Libro Negro, redunda en el ideal cinematográfico del cineasta holandés, en especial, su desprecio explícito contra aquellos que deciden los destinos personales, ofreciendo un retrato de la humanidad inclemente que define al hombre como una suerte de animal superviviente, de vez en cuando depredador, de vez en cuando carroñero, que pesca en río revuelto esperando extraer de él una ventaja que además le confiera poder sobre aquellos que lo perdieron. El hombre, también en esta película, se convierte en aquello contra lo que combate, no porque quiera sacar partido de la desigualdad sino porque se sabe, temporalmente, bien posicionado en la pirámide alimenticia.

Film situado en las antípodas de Lista de Schindler (otra lista de judíos con objetivos diametralmente opuestos) Zwarboek, nos ofrece una nada complaciente versión de la Historia y los axiomas exagerados que la definen, para narrar las desdichas de una joven judía alemana, oculta, como el resto de su familia aunque en diferentes estancias, en el seno de una comunidad católica holandesa, en mitad de la Segunda Guerra Mundial. Una serie de azarosas desgracias la convertirán en la única superviviente de una matanza maldita que la acabará convirtiendo en miembro de la resistencia activa contra la ocupación alemana, primero, y después en una agente infiltrada en un cuartel de la GESTAPO, donde tratará de llevar a cabo una misión financiada a partes iguales por el deseo de venganza y el instinto de conservación.

Traiciones, sexo, violencia, humillación, degradación y ventajismo se juntan, como en las mejores cintas de Verhoeven, para forjar una obra contundente y dramática, inconformista e insaciable, que transforma el recuerdo romántico de la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial hasta definirse, y ya era hora, como la película definitiva sobre un tema tantas veces idealizado; en realidad, el cineasta europeo hace lo mismo que hizo con la Edad Media en Los Señores del Acero: no conformarse jamás.

Una gran película.

Lo más destacado: su inconformismo y voracidad y una magnífica conclusión (alargada, afortunadamente, para no dejar cabos sueltos) que subraya su discurso moral (el lobo es un lobo para el hombre) y calado categórico.

Lo menos destacado: que haya pasado desapercibida para casi todos.

 

 


 

4 Death Proof: El suicidio de Tarantino

Tarantino se divierte y nos divierte con esta propuesta meta-cinéfila que evoca algunos pasajes de la road movie-explotation de los años setenta. Su gran labor narrativa y su pasión iconoclasta, contrasta con el demérito artístico de las películas que homenajea (nada nuevo pues, a aquel lado del atlántico). Death Proof se convierte por cuenta de la pasión del cineasta, en una cinta excesiva, onanista y autocomplaciente: la última palabra del director antes de encaminar sus pasos hacia la horca. Si sobrevive a esto, tenemos cineasta de autor para rato.

 

5 Ratatuouille: la gran esperanza norteamericana en el campo de la animación.

Brad Bird regresa por sus fueros de la mano de la productora Pixar, quien pone toda su técnica y buen hacer en el campo tridimensional, al servicio de un guión adulto y repleto de aristas subcontextuales, que se disfruta por todos los miembros de la familia y también por los críticos de cine, que no la tienen, a pesar de que algunas de las proclamas de la cinta aboguen por su exterminación. Brillante en todas sus secuencias, exuda un aire de superioridad incontestable respecto a casi todas sus competidoras en el ámbito de la animación digital. Es, de largo, la cinta de animación del año.

 

6 Planet Terror: hedor de grindhouse.

 


 

Desparrame descontrolado de hemoglobina, sexo y cachondeo, Planet Terror es un escupitajo cinéfilo que oculta en el paroxismo que definen sus imágenes un homenaje travieso a uno de los subgéneros más reconocibles del cine de terror: el cine de zombis. En la retina quedan muchas de sus secuencias, pero nos quedamos con su parodia de Viscosidad de William Sachs, con la polla derretida de Tarantino como insólito leitmotiv. No se hará nunca una película igual.

 

 

7 Beowulf: preciosista actualización de una leyenda.

Talentoso poema épico de ascendencia digital y amenos resultados que le sirve al bueno de Zemeckis para demostrar su decidida voluntad por cambiar los modos narrativos del mainstream. Beowulf es una película irregular y anticlimática, que utiliza la infografía para seducirnos con paisajes excelsos y campos nevados, y también con el rostro cambiante de aquellos personajes corrompidos por el paso de la edad. Sus magníficas secuencias de acción, y la belleza de alguno de sus pasajes, especialmente los protagonizados por las formas y labios renderizados de Angelina Jolie, hacen de esta apócrifa actualización de la leyenda de Beowulf, la película homérica de la temporada.

 

 

8 Cartas de Iwo Jima: el retorno del cine clásico.

De nuevo Eastwood y de nuevo el buen cine: contenido, contundente, reparador. Una vuelta de tuerca a las batallas existenciales provocadas por la Segunda Guerra Mundial, cuya demonización nunca consiente Eastwood, gracias sobretodo, a la voluntad de los actores japoneses. El cine clásico, en manos de Eastwood, demuestra estar más vivo que nunca, en este apéndice perspicaz de la no menos notable Banderas de Nuestros Padres.

 

 

9 [REC]: el gimnick es el concepto

Una película con hechuras y empaque de un reportaje televisivo, convertido gracias a su paso por Sitges en el auténtico sleeper de la temporada. Ni la propuesta ni los temas de los que se nutre esta película presentan novedad alguna en el género de terror pero su modesto punto de partida y desarrollo, y su apuesta para someter a un calvario al espectador perturbando todos sus sentidos, hacen de esta película de Paco Plaza y Jaume Balagueró, la mejor cinta de horror del año, un auténtico tour por el pasaje del terror de un parque de atracciones cualquiera, con el añadido de unas butacas y casi setenta minutos de duración. Lógica derivación de las dos obras previas de sus autores, Para entrar a vivir y Cuento de Navidad, fragmentos catódicos de índole suculento de esa serie nonata, también de culto, llamada Historias para no dormir, únicamente se resiente por la impostura de alguna de sus interpretaciones y por la consecuente repetición de situaciones.

 

 

10 Persepolis: animación de perfil alto.

Corrección y esteticismo al servicio de una historia docudramática de aires historicistas y resultado aleccionador, que no necesita de la animación para buscarse un lugar en el corazón del espectador medio. La trascendencia formal de Persepolis contrasta con la sobriedad de sus elecciones dramáticas en una historia esencialmente empática y controvertible únicamente para el espectador menos cosmopolita.

 

 

11 Los Simpsons: el triunfo de la familia catódica.

Tan irreverente como siempre, Los Simpsons (La Película) funciona como una suerte de capítulo alargado del serial televisivo creado, al igual que ésta, por el inimitable Matt Groening; sin embargo, su mordacidad y lucidez siguen vigentes así como la actualización de alguno de sus más reconocibles gags (especialmente los acaecidos en la parroquia). Todo junto, bien montado y agitado, y acelerado a un ritmo de locos, nos sirve para definir esta historia sin historia, moderna y animosa versión del slapstick caústico. Y es que Los Simpsons, señores, también son historia… del Cine.

 

 

12 Apocalypto: ampuloso delirio sobre la naturaleza humana y los miedos que la desvirtúan.

A Gibson le pone la provocación (y yo no iba a ser menos con el subtítulo que acompaña a este análisis): por eso se muestra rotundo en las propuestas y ensoñaciones que, de vez en cuando, financia para propugnar no ya los valores que lo definen como persona (más o menos resumidos en la defensa ultraortodoxa de los valores familiares de ascendencia cristiana) sino para construir (autoconstruirse más bien) una cinematografía hiperbólica y expuesta que, en ningún caso, deja al espectador indiferente, le guste o no lo que visiona.

Con esta premisa, poco hay en la película que nos recuerde su hipótesis de partida, una recreación de los últimos días de la cultura y civilización maya, y sí, mucho, de un cine absolutamente emocional pero adrenalínico, provocador pero desperfecto, que se define a través de la mezcla de géneros y artificios, de convenciones y arquetipos, en aras a conseguir un resultado con pretensiones autorales, sí, pero terriblemente desequilibrado y partidista; un resultado, decía, capaz de movilizar una opinión pública de índole dicotómica en la que tanto aduladores como detractores contribuyan (queriéndolo o no) a engrandecer el ego y, por extensión, la cuenta corriente de un director al que no le hace falta, ni mucho menos, instalarse en los impostados designios de la sobrevaloración (como ya le ocurrió con Braveheart).

Como aquélla, Apocalypto es una película de aventuras esencialmente climática que no tarda en olvidarse de sus fuentes históricas para recrearse en la eterna lucha entre el perseguido y el perseguidor, entre los valores tradicionalistas y aquellos que lo ponen en riesgo para saciar la necesidad alimenticia (o no) del colectivo. Funciona a duras penas como film metafórico, con ese imperio decadente víctima de su propia voracidad, pero sí lo hace como viaje iniciático al interior de una civilización milenaria asfixiada por las intemperancias y la voracidad, protagonizado por un joven perteneciente al más idealizado de cuantos poblados mayas se atrevieron a describir los antropólogos/historiadores. Asistimos, en este contexto, a la cotidianidad de un grupo de cazadores (y sus familias) subsumidos en un bosque hostil pero generoso con aquellos que mantienen intacto su status quo. La irrupción violenta de un grupo de guerreros en el poblado, y el secuestro de todos los adultos con fines, digamos, litúrgicos, sirve como elemento desencadenante de todo lo que vendrá después: la peregrinación forzada al epicentro (urbano) de la civilización maya, y la persecución de índole vengativa que provoca la huida de uno de los capturados que a) por un lado, se niega a aceptar su condición de víctima expiatoria y b) trata de rescatar a su familia del pozo inmundo en el que se escondieron durante el asalto.

El argumento es tan simple como abrupto/apabullante su resultado en un film con pretensiones ejemplificantes que obtiene su mayor virtud de un clímax de más de una hora de duración sustentado en la eficacia de una persecución tal y como hicieran en su momento películas tan estimables como El Malvado Zaroff, La Presa o Depredador. Sin embargo, lo mejor de Apocalypto se oculta en los márgenes de la propia película, en algunos segmentos, directamente, extrapolados del cine fantástico (tal y como sucediera en La Pasión de Cristo), una especie de subtrama alternativa que comienza con un eclipse endemoniadamente rápido (y cuya exégesis fundamenta buena parte de los postulados hiperbólicos que definen a toda la cinematografía de Gibson), y que continúa con los vaticinios de una niña-oráculo que los guerreros encuentran en el bosque, a los pies del cadáver de su madre y como ella, víctima de una enfermedad seguramente contagiosa que, de repente, la hace presagiar todo y cuanto va a ocurrir en lo que queda de metraje, por ejemplo, el último elemento de género fantástico que define al film: la transfiguración del protagonista en un auténtico jaguar en la mejor tradición del cine de transfiguraciones animales y, en especial, al remake El Beso de la Pantera, una película que comparte con este Apocalypto su genuina condición de tripi cinematográfico.

Es decir: que pudo ser peor de lo que es.

Lo más destacado: su carácter absolutamente contracorriente, la utilización emocional de los escenarios y la coherencia con la que despacha sus últimas secuencias.

Lo menos destacado: su discurso maniqueo, el carácter estereotipado/idealizado de los personajes, su falta de equilibrio y de contención.

 

 

 

13 El orfanato: el sabor del miedo.

El éxito de su acertada campaña promocional no debería subestimar la valoración de una cinta repleta, sí, de lugares comunes y reconocibles, de previsible resolución y ritmo cadencioso, una opera prima que se destaca, sin embargo, por camuflar como obra comercial una historia esencialmente triste y desesperanzada, que se regocija de la pérdida y de las infructuosas búsquedas que la financian, y que retoma algunos de los temas ya presentes en algunas de las obras de M. Night Shyalaman, en especial la naturaleza protagonista de los objetos y los entornos.

 

 

14 Stardust: una bonita historia.

 


 

Brillante (diréis: “nunca mejor dicho”) y bienintencionada andanada de talento puesto al servicio de una historia cuya estructura e intenciones evoca el recuerdo de La Princesa Prometida y de aquellas cintas e historias añejas que a ésta inspiraron. Recordada, sobretodo, por los excesos excéntricos de dos actores venidos a menos (Robert de Niro y Michelle Pfeiffer), Stardust ganará con los años y con los visionados, por querer pertenecer a otro tiempo, y demostrarlo.

 

 

15 Arma fatal: hilaridad y redundancia.

Especie de remake de Shaun of the Dead que otorga grandes dosis de sofisticación y planificación narrativa allí donde aquélla ofrecía originalidad y talento. La diferencia se compensa, sin embargo, por la gran cantidad de cuitas meta-cinéfilas que el espectador ochentero es capaz de reconocer en todas y cada una de las secuencias, y por algunos momentos ciertamente jocosos subsumidos en un argumento más que delirante que mezcla, con cierta inventiva, el espíritu de dos obras de culto: Point Break y The Wicker Man.

01/01/2008 21:57 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: El Top del Cronicón Hay 9 comentarios.

Top 7: Cine de vampiros

Top siete vampírico:

1

"Drácula" de Bram Stoker (Bram Stoker’s Dracula, 1992): Preciosista y romántica actualización de la novela de Stoker que rehúye alguno de sus tópicos y estiliza todos los demás, ayudándose de unos decorados suntuosos (al estilo Powell-Pressburguer) y de un maquillaje y vestuario esplendente que ornamentan un entramado plagado de aventuras, amores imposibles, sexo soterrado e instintos animales. El imperfecto guión de James V. Hart se convierte, en manos de Coppola, en una obra esencialmente bella y gozosa, que se disfruta con todos los sentidos gracias al talento de Wojceah Kilar o Eiko Ishioka y, naturalmente, de este cineasta aficionado a los vinos que, haciendo las veces de artesano, propicia una película profundamente sincopada que se adelanta varios lustros a su época, casi tanto como el carácter contestatario de Mina Murray.

 

2

Vampiros" de John Carpenter (John Carpenter’s Vampiros, 1999): Western de terror de apostura insolente y ritmo endemoniado, Vampiros de John Carpenter servirá de excusa al cineasta de Carthidge para actualizar el mito llevándolo al terreno que mejor conoce: personajes carismáticos, pocos diálogos, respuestas cínicas y atardeceres hermosamente fotografiados… Todo ello reunido en rededor de un argumento construido con vistas a converger en un clímax que a) por un lado resuelva un duelo entre antagonistas con la claridad expositiva habitual y, de otro, b) reafirme a Carpenter como el gran discípulo de Hawks que todos sabíamos que era.

 

3

"Drácula, Principe de las Tinieblas" (Dracula, Prince of darkness, 1966): Formato panorámico y una fotografía colorista pero siniestra, embebida de rojo, hemoglobina y sexo, no solo se presentan como marcas definitorias del estilo Hammer a mediados de los sesenta sino de un modo de redefinir las películas sobre monstruos clásicos que se deshace del blanco y negro y de los apotegmas morales que las delimitaban y, sobretodo, de los textos que eran origen de casi todas las películas previas de Drácula (especialmente, la adaptación teatral de Hamilton Deane que tanto lastró el trabajo de Browning) para forjarse un recorrido propio y reconocible que, en la obra que nos ocupa, alcanza un cenit incontestable, en su yuxtaposición de horror, transgresión, sexo y clímax.

 

4

"El Baile de los Vampiros" de Roman Polanski (The Fearless Vampire Killers or: pardon me, but your teeth are in my neck, 1967):  Una comedia definida por personajes estrafalarios y un Principe vampiro gay con la forma de un relato de aprendizaje de aires paródicos que culminará en un baile frente a un espejo delator; preludio genialoide de una huida por los helados bosques de Transilvania. Polanski se adueña de las texturas y color de las películas de la Hammer para construirse un divertimento que no hace reír ni da miedo, sino todo lo contrario. Su final, de inspiración wilderiana, se mantiene entre los mejores del género y Polanski, a punto de parir alguna de sus obras más atinadas, afila su pluma y talento al servicio de una historia cuya comicidad define incluso a su divertido título alternativo.

 

5

"La Máscara del Demonio" de Mario Bava (La Maschera del Demonio, 1960): Película gótica de vampiros, brujas y otros muertos vivientes reunidos en torno a la consumación de una maldición proferida contra los descendientes de una familia aristocrática. Basada en la novela corta de Nicolai Gogol, El Vij, la cinta se sostiene por la perturbadora presencia y los inmensos ojos de Barbara Steele (magníficamente fotografiados por Mario Bava), y por una serie de secuencias especialmente terroríficas (como su prólogo) y bien resueltas (como la transformación de Ada), que adornan un entramado poliédrico que admite varias lecturas subcontextuales, incluida la idea del doppelgänger.

 

6

"Nosferatu, el vampiro de la noche" de Werner Herzog (Phantom der Nacht, 1979): El Nosferatu de Murnau introducirá al personaje en el mundillo cinéfilo que La Universal, ya con los derechos de la obra de Stoker en su poder, terminaría de elevar a la categoría de icono del Siglo XX. Herzog no se olvida del Clásico de Murnau (en especial, en algunos encuadres) ni tampoco Klaus Kinski en esta historia tenebrista y bucólica, preñada de peste, ratas y desolación, que subvierten el recuerdo de la obra de Stoker (y del original de Murnau) hasta convertirlo en una película vampírica sólo en cuanto a personajes, deudora de un argumento enfermo de desesperanza y tragedia, las mismas que definen y explican su atormentado colofón.

 

7

Los Viajeros de la noche" de Kathryn Bigelow (Near Dark, 1987): Road movie existencial transmutada en película de vampiros de aires desérticos y protagonistas juveniles. No busca una actualización de los monstruos clásicos (Noche de Miedo) o trasladar sus epítomes al cine núbil (Jóvenes ocultos), sino buscarse un sitio a medio camino entre la aventura iniciática, la búsqueda personal, el relato de iniciación amorosa y el cine de autor de bajo coste. Su resultado no es el que la historia merece, debido a su condescendencia, pero la época en la que se realizó (la década de los ochenta: absolutamente despreciable para con el género vampírico) y sus texturas personalísimas hace que destaquemos esta película que no habla de la naturaleza del vampiro ni de sus orígenes depredadores sino de unos hombres convertidos en animales ávidos de sed que buscan su lugar en el mundo.

25/12/2007 20:04 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: El Top del Cronicón Hay 8 comentarios.

Top del 2006


1) Hijos de los hombres: La película de género más sorprendente, vibrante y dinámica de la década deja en la retina unos planos secuencias de vértigo, un desarrollo emocional apasionante y la sensación perpetua de estar presenciando una obra de gran trascendencia histórica. Su densidad formal termina por definir a esta cinta, claramente dichosa, cuyo atrevimiento técnico y coherencia argumental sobrepasa el trámite de su calificación mayestática. La película del año.

 

“Los subplots que lo contextualizan: la represión al emigrante; las guerras desmedidas; las capuchas sobre las cabezas de unos presos que no se sienten presos... nos recuerdan, además, que estamos en presencia de una película que se acuerda de sus fuentes y argumentos, que busca en la exploración del futuro una respuesta, a modo de reflexión, que explique nuestra más severa actualidad. Pretensión que también define a una película que pronto se habituará a resistir cualquier análisis al margen del gusto personal. Es lo que tiene ser y nacer con aires y apostura de Obra Maestra.”

 

 

 

1) El Castillo Ambulante: tardíamente estrenada en España, la última película de Miyazaki conserva lo mejor de un Cine especialmente comprometido con ofrecer al espectador aquello que anhela, dándole lo que quiere y más aún: proponiendo soluciones argumentales lúcidas e imaginativas (presentes –la puerta mágica- o no –la guerra perenne- en la novela en la que se basa) en el marco de una cinta infantil, sí, pero de raigambre antibelicista y comprometida; pilares, más que gozosos, sobre los que se sostiene este bello y emotivo canto a la amistad y a un Cine, fundamentalmente exquisito, de texturas clásicas y eviternas.

 

“El derroche creativo presente en El Castillo Ambulante, en fin, se resuelve inabarcable, no ya de un solo vistazo, sino en posteriores visionados de una historia que se mueve en torno a varios niveles de entretenimiento en función de la edad e intereses del espectador. En este sentido, El Castillo Ambulante obtiene la misma eficacia en el apartado grandilocuente (con esos vuelos majestuosos, con esos acorazados directamente salidos de un manual steam) como en el detallista (donde los objetos y las prendas de vestir adquieren un papel, eminentemente, protagonista), creando una sinergia evocadora, contenedora de momentos plenamente deslumbrantes (que quizá formen parte de lo mejor de la filmografía de Miyazaki) y de otros tantos menos dichosos (pero que no dejan de ser sobresalientes) que compensan la abrumadora sensación de estar contemplando otra obra maestra”.

 

 

2) Munich: la actualidad de oriente medio examinada a partir de uno de los acontecimientos históricos que lo definieron. Una película vibrante, multifacetada, y política que, con pocas dudas, se rebela como la película más arriesgada de su director. Por lo que a mí respecta: la  sorpresa positiva del año. 

 

“...a Spielberg le da tiempo a conjugar en un mismo espacio fílmico sustratos genialoides de cine de acción con dramas existenciales de aires redentores, retazos de ingobernable thriller político con docudramas manieristas de discurso árido, fragmentos de un cine personalísimo, en fin, que hacen de Munich una obra superlativa a la altura del mejor cine de su autor, una obra de madurez arriesgada e imperecedera, que reflexiona sobre la violencia desde términos asertivos, que no da respuestas pero si deja interrogantes dolorosos, que rehuye de su condición de cine de consumo para mostrarse descarnado y contundente al calor de una historia necesaria para comprender, entre otros asuntos, por qué el mundo es hoy... lo que es”

 

 

3) Syriana: Gaghan no deja títere con cabeza en esta aguda reflexión sobre la actualidad y los intereses ocultos que la sostienen. Una película, absolutamente, contracorriente.

 

“Syriana se resuelve como una cinta de espionaje de aires pesimistas y conspiranoicos, que analiza, con una gran profusión de datos y personajes, la situación del oriente medio actual en alguna de sus variables más controvertidas, controvertibles y subrepticias. Una obra de denuncia disfrazada de película coral transfronteriza, que admite más de una lectura y deja abiertos numerosos interrogantes para que la tertulia posterior a su visionado complemente el entendimiento y el disfrute de esta cinta que, por lo demás, presume de una excelente (y envidiable) factura técnica”.

 

 

3) V de Vendetta: Quizá la película más controvertida de esta selección también representa una reformulación de los mitos superheróicos: no se trata de liberar a un pueblo sino de sembrar los mimbres de una venganza ampulosa. Y a pesar de ello, todavía logra funcionar como fábula moral.  

 

“Película arriesgada, visceral, combativa, antisistema y contracorriente... Fábula distópica de perfil orwelliano, exaltación subversiva del poder del individuo frente a un aparato político opresor, manipulador, pararreligioso y segregacionista, en fin, V de Vendetta indaga sobre los vericuetos indeseables a los que se ven empujados algunos dirigentes incapaces de recordar quiénes fueron, para quién trabajan y a quién sirven... como ajustado contexto de una historia idealista, idealizada y romántica, presta y dispuesta para paladares con dos dedos de frente y un espíritu (aun) rebelde bajo la almohada.”

 

Menciones especiales:

A)      A Slither: Nunca una película tan mala me había divertido tanto. Por momentos, temí haberme convertido en un auténtico freak.

B)      A El Laberinto del Fauno: Película irregular pero personalísima, se queda a medio camino de todo pero no deja indiferente. Es, claro, un punto de inflexión en la carrera de un director demasiadas veces sobrevalorado.   

C)    A Poseidón: Cine de catástrofes en formato hiperbólico e hipervitaminado. No hay argumento ni pretensión de tenerlo. Y los muertos se acumulan por doquier. Wolfgang Petersen, por fin, ha comprendido el concepto de la transgresión ¡en las mismísimas entrañas del mainstream!

 

Y es que nunca es tarde, camaradas. Feliz entrada de año.

30/12/2006 22:20 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: El Top del Cronicón Hay 7 comentarios.

Top Cronicón: Cine de Fantasmas

Comienzo otra encuesta, y como aquélla, dedicada a extraer de vuestras opiniones un corpus de conocimiento sobre una de las esferas definitorias de alguna de las vertientes del cine de género, en este caso, también referida  al cine de terror y, en concreto, a una de sus modalidades más espeluznantes: el Cine de Fantasmas (por cierto, en absoluto exclusivo del cine de terror y, por supuesto, en absoluto exclusivo del cine oriental con ínfulas de modernismo).

 

 


El primer comentario, el mío.

 

26/12/2005 20:00 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: El Top del Cronicón Hay 7 comentarios.

Top Cronicón: El hombre-lobo (Resultados de la encuesta)

Es estimulante conocer las opiniones, los comentarios de aquellos que pasáis a formar parte de esta cotidianidad cronicófila y, de vez en cuando, ya véis, también sirve de materia prima para crear cinéfilos y ultragozosos post.

1) En Compañía de Lobos (5 votos):

El mito del Hombre Lobo desposeído de las vertientes terroríficas (a pesar de su apariencia barroca y preciosista); toma su punto de partida en la literatura de Ángela Carter y en el propio cuento de Perrault: Caperucita, del mismo modo que después lo harían Atom Egoyan (El viaje de Felicia) o Matthew Wright (Freeway). Todavía sigue siendo la mejor película de Neil Jordan, un buen director, mejor director cuanto más cerca del cine de género (con pedigrí) se siente. Película de aires oníricos de obligada revisión trienial.

2) Dog Soldiers (4 votos):

Delirante subproducto de terror que mezcla con notable inteligencia filo-fragmentos de gore, comedia, bélico, western, aventura y ritmo cimbreante. Película descubrimiento del prometedor Neil (The Descent) Marshall, es uno de los divertimentos de serie B más desternillantes de los que recuerde haber rendido pleitesía . Y no me canso. En la retina: la secuencia del superglú

2) Aullidos (4 votos):

Una de las películas míticas de cuantas jalonan la filmografía licantrópica que será recordada ad eternum por su sincero y arrebatador plano final: algo que siempre esperamos que hiciera el amigo Urdaci. Cinta de terror y misterio, lúcida mezcolanza entre cine de Serie B y el cine de género adolescente, aún conserva la apostura de obra ineludible y transgresora, de film mítico e incuestionable. Película del otrora prometedor, luego reconvertido en hábil fabricador de productos cinéfilo-entrañables, Joe Dante. Sigue siendo su mejor cinta (con permiso de los Gremlins).

2) Ginger Snaps (4 votos):

Moderna cinta de culto travestida de película costumbrista-existencial de ascendencia adolescente (¿y van..?) que narra, de primera mano, el problema de la mocedad a modo de cuento de terror donde un par de hermanas, también amigas, sucumben a la maldición licantrópica por cuenta de un animal buscador de sangre fresca. Y sí. Hablamos de la menstruación: identificación-asociación del cambio hormonal teen similar al ya experimentado, con similares perspectivas y resultados, en el Carrie de Brian de Palma, y al igual que ésta: cinta aderezada de no pocas dosis de casquería, crisis existenciales y entorno castrador. Una película a descubrir.

3) Un hombre lobo americano en Londres (3 votos):

Quizá la primera película de terror que éste que escribe recuerda, aunque finalmente resultara ser una comedia (qué se la va a hacer): los cinco primeros minutos aún perduran, inconmovibles en mi trasnochada imaginación infantil (al igual que la secuencia de la célebre transformación). Pertenece a aquellos tiempos en que de John Landis se podía esperar a) una película generacional, b)una revisión de los códigos cinéfilos diseñada para adolescentes con dos dedos de frente y c) algo de mala uva. Tiempos pasados, claro.

4) Lady Halcón (2 votos):

Dos votos cinéfilos para la más inconvencional de cuantas historias sobre hombres-lobo ha conocido el Séptimo Arte. Reivindicación ultrarromántica del mundo de las leyendas y sus complejidades, la película de Richard Donner aún conserva el aroma de película de aventuras, de historia de amor primaria y universal de antaño. Pero, naturalmente, no deja de ser una película sobre un hombre-lobo condenado (claro, esto es habitual en el género, ya veréis) por una maldición ventajista, a los tristes efluvios del desamor perpetuo, cristalizando con hechos aquello del “tan cerca, tan lejos”. ¿El malo? El obispo por supuesto.

4) Teen Wolf (2 votos):

Comedia adolescente y menor que, sin embargo, cautivaría a toda una generación de televidentes en aquellos tiempos en que dos únicos canales vertebraban nuestra cotidianidad catódica. Vista en perspectiva, aún conserva afilados y cómplices gags de humor (ya no se hacen películas así, creedme) en una historia que, naturalmente, sirve como ineludible metáfora de los cambios provocados por la adolescencia (de ahí su título en España: De Pelo en Pecho). Justo como Ginger Snaps, pero sin su carga existencial. Todos recordamos el partido de baloncesto de marras.

4) Lobos Humanos (2 votos): Cinta de gozoso (y metafórico) argumento (por cierto, de aires carpenterianos) que traslada el mito de los hombres-lobo a los suburbios de una gran ciudad donde los crímenes de esta raza prohomínida de ascendencia indígena,  pasan bastante desapercibidos en la idisiosincracia de una comunidad habituada a despreciar el destino de los desharapados. Cinta cuasi-olvidada, seguramente de culto, y una de mis favoritas: queda dicho. 

23/12/2005 22:58 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: El Top del Cronicón Hay 2 comentarios.

Por mis muelas 2

En fin, en espera de que mi dolorida corona dental me permita reencontrarme con la realidad,  sin distracciones farmaceúticas de por medio, os recuerdo que podéis seguir votando en el Top-Cronicón sobre cuáles son vuestras películas favoritas en relación al tema propuesto: sigue vigente El Cine y El hombre-lobo.

 

 


 

30/11/2005 22:15 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: El Top del Cronicón Hay 2 comentarios.

Top Cronicón: El hombre-lobo

Un ambiente rural; una maldición; una mordedura de una bestia salvaje en mitad de una noche coronada por una redonda e inevitable luna llena; un hombre que debe elegir, sobrevivir a la dicotomía que envuelve y define a una existencia, definitivamente, saboteada por el peso de una leyenda tan antigua e inclemente como el propio vampirismo.

Es un hombre lobo. Dije rural pero bien pudiera haber dicho urbano, pues de todos los mitos cinematográficos que deben su universalización a la edad de oro del género fantástico, ha sido éste, sin duda, el que más y mejor ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, prácticas, arquetipos... Es más: es el grueso conceptual que mayor libertad y mayor dosis de heterodoxia permite a aquellos que se atreven a moldear sus historias en torno a la figura de este personaje dicotómico y, sin embargo, fascinante, permitiendo en su seno, películas notables y, pese a todo, distantes entre sí como El Hombre Lobo, Lobos Humanos, Aullidos, Un hombre lobo americano en Londres, Ginger Snaps, Dog Soldiers, En compañía de lobos...

Pero éste no es un post convencional pues aprovecho para inaugurar una sección nueva: El Top de El Cronicón, con una particularidad substancial, y es que será un listado sugerido por los propios lectores/visitantes de este blog que simplemente tendrán que dejar su opinión en los comentarios sobre cuáles son sus películas preferidas en relación al tema propuesto. El de este mes, y por si no se había notado: "el Cine y El Hombre Lobo"; pasadas las semanas (justo los días en que el artículo deje la portada: unos veinticinco) escribiré un post-resumen con una breve sinopsis o reseña de aquellas películas más comentadas o valoradas por aquellos de vosotros que participen de la encuesta.

Y sí. Seré el primero en votar.