Muertos que corren
Fue uno de los artículos que, paradójicamente, sobrevivió al ataque vírico que sufrí la semana pasada. Pasó desapercibida pero, a mí, me sigue pareciendo uno de los mejores filmes del año 2003. Y alguien tiene que reivindicarla:
Es 28 días después, y la dirige Danny Boyle.
"El Reino Unido está sumido en una gran crisis apocalíptica provocada por el ignoto virus de la Ira (que, por cierto, hace honor a su nombre con extremado rigor). El virus ha hecho estragos y, sólo 28 días después de su primer contacto con un ser racional, la humanidad se ha transformado en una comuna de animales rabiosos que ataca, de forma salvaje, cualquier vestigio de vida anterior.

Jim, un mensajero que despierta de un coma en un hospital vacío, retoma la historia de Resident Evil desde su plano final iniciando, con un notable desconcierto, la búsqueda de algún par que responda al interrogante de qué ha ocurrido. Sumido en un entorno fatuo pero inquietante, el protagonista va a dar con sus huesos a una Iglesia preñada de hombres infectados por el terrible virus. Tras su primer contacto con una amenaza que no sabe interpretar, es rescatado por un dúo de supervivientes que malvive en el entresuelo de un supermercado.
28 días después/28 days later: Danny Boyle, 2003, retoma los argumentos post-apocalípticos de El día después/The day Alter: Nicolas Meyer, 1983; La hora final/On the beach: Stanley Kramer, 1959, El último hombre vivo/The omega man: Boris Sagal, 1971; o Apocalipsis/The Stand: Mick Garris, 1994, aportando un neologismo de carácter técnico en formato digital que adquiere su mayor virtuosismo efectista a la hora de concebir al infectado. Como ocurría con aquéllas, los supervivientes tratan de reunir sus fuerzas en torno a un líder casual que, asumiendo su papel, readaptará los recursos con los que cuenta el grupo en pro de la pervivencia de todos. La sinergia pretende revertir el estado caótico en el que se encuentran invitándose a la resolución de un objetivo que suele coincidir con el hallazgo de una tierra quimérica donde puedan redefinir los roles de la neo-sociedad. Esta pretensión se ve aderezada, en el film de Boyle, por la presencia de unos elementos de suspense que ponen, a cada paso , en peligro a los miembros del grupo. Danny Boyle y su guionista, Alex Garland, saben preservar la tensión y el interés de la trama a costa de mantener, casi con exclusividad, el punto de vista del relato.
Como contrapunto ético a la vertiente norteamericana del tema, lo primero que realiza el protagonista es preguntar por el destino de sus padres. Elemento de emoción cotidiana que ralentiza, afortunadamente (y aquí su mayor virtud), el desarrollo de la acción al mismo tiempo que incide en el carácter trascendental de la historia. Además se preocupa de que la composición de plano y el uso de los carteles y grafittis estén afectados de un gran sentido expositivo, lo que le va a servir, entre otros aspectos también destacables (como el acertado uso de la música y el montaje desenfrenado), para dejarnos claro que las coincidencias que el film posee con Resident Evil son meramente casuales.
Boyle, confeso seguidor de la cinematografía zombi, rellena su film de continuos homenajes a los films de Romero . Así el primer ataque en la Iglesia (La Noche de los muertos vivientes/The night of the living dead, Id., 1968); la secuencia del supermercado (Zombie/The dawn of the dead: Id., 1978); y el cuartel de los soldados (El día de los muertos/The Day of the Dead: Id., 1985) se van a constituir en claros referentes de un subconsciente cinéfilo que, aparte de homenajear, pretende actualizar las convenciones del subgénero (parificando los roles sexuales, por ejemplo). Pero Boyle y Garland no se conforman con intertextualizar secuencias claves de los filmes de norteamericano y se incitan a continuar su particular guateque de referencias cinéfilas con Jacques Tourneur: Yo anduve con un zombie/I walked with a zombie, 1943 (la aparición fantasmagórica que el infectado negro realiza en la ventana del cuartel, en la parte final del film); con Resident Evil: Paul Anderson, 2002 (grupo enfrentado a una caterva descontrolada de animales bípedos) y, como curiosidad -seguro que inconsciente-, con un film italiano: Virus/Apocalisse Domani, Anthony M. Dawson: 1980, (película-parábola sobre la barbarie de la guerra y cuyos zombis lo son por causa de un experimento militar -con guerra de Vietnam de fondo- de intención vírica cuyo contagio, manifestación y desarrollo tiene más que un punto en común con 28 días después).

Pero, por encima de todo lo demás, el film del británico (re)incide en una proclama pesimista que se manifiesta, en alto grado, en la parte final del relato: infectado por un temible virus o no, el hombre es un zombi para el hombre. Habituados, pues, al exterminio, los protagonistas utilizarán su instinto superviviente para protegerse, como si lo hubieran hecho desde su nacimiento, de toda la clase de peligros que encierra la nueva sociedad surgida y que tendrán que ver, pero no necesariamente, con las escalofriantes consecuencias del virus.
El epílogo instala al film de Boyle en el nicho de los conformistas pero se lo perdonamos a sabiendas de que cualquier otro final hubiera recordado, en exceso, al primero de los filmes de Romero. Y, creemos, ya había agotado el cupo de los homenajes.
Lo más destacable: la seriedad con la que Boyle afronta el tema y su retorno, por la puerta grande, al ámbito de los creadores cinematográficos.
Lo menos destacable: la sobreactuación de las latas de una conocida marca de refrescos y los (muy) prescindibles cinco minutos iniciales y finales.
J.P. Bango"
Es 28 días después, y la dirige Danny Boyle.
"El Reino Unido está sumido en una gran crisis apocalíptica provocada por el ignoto virus de la Ira (que, por cierto, hace honor a su nombre con extremado rigor). El virus ha hecho estragos y, sólo 28 días después de su primer contacto con un ser racional, la humanidad se ha transformado en una comuna de animales rabiosos que ataca, de forma salvaje, cualquier vestigio de vida anterior.

Jim, un mensajero que despierta de un coma en un hospital vacío, retoma la historia de Resident Evil desde su plano final iniciando, con un notable desconcierto, la búsqueda de algún par que responda al interrogante de qué ha ocurrido. Sumido en un entorno fatuo pero inquietante, el protagonista va a dar con sus huesos a una Iglesia preñada de hombres infectados por el terrible virus. Tras su primer contacto con una amenaza que no sabe interpretar, es rescatado por un dúo de supervivientes que malvive en el entresuelo de un supermercado.
28 días después/28 days later: Danny Boyle, 2003, retoma los argumentos post-apocalípticos de El día después/The day Alter: Nicolas Meyer, 1983; La hora final/On the beach: Stanley Kramer, 1959, El último hombre vivo/The omega man: Boris Sagal, 1971; o Apocalipsis/The Stand: Mick Garris, 1994, aportando un neologismo de carácter técnico en formato digital que adquiere su mayor virtuosismo efectista a la hora de concebir al infectado. Como ocurría con aquéllas, los supervivientes tratan de reunir sus fuerzas en torno a un líder casual que, asumiendo su papel, readaptará los recursos con los que cuenta el grupo en pro de la pervivencia de todos. La sinergia pretende revertir el estado caótico en el que se encuentran invitándose a la resolución de un objetivo que suele coincidir con el hallazgo de una tierra quimérica donde puedan redefinir los roles de la neo-sociedad. Esta pretensión se ve aderezada, en el film de Boyle, por la presencia de unos elementos de suspense que ponen, a cada paso , en peligro a los miembros del grupo. Danny Boyle y su guionista, Alex Garland, saben preservar la tensión y el interés de la trama a costa de mantener, casi con exclusividad, el punto de vista del relato.
Como contrapunto ético a la vertiente norteamericana del tema, lo primero que realiza el protagonista es preguntar por el destino de sus padres. Elemento de emoción cotidiana que ralentiza, afortunadamente (y aquí su mayor virtud), el desarrollo de la acción al mismo tiempo que incide en el carácter trascendental de la historia. Además se preocupa de que la composición de plano y el uso de los carteles y grafittis estén afectados de un gran sentido expositivo, lo que le va a servir, entre otros aspectos también destacables (como el acertado uso de la música y el montaje desenfrenado), para dejarnos claro que las coincidencias que el film posee con Resident Evil son meramente casuales.
Boyle, confeso seguidor de la cinematografía zombi, rellena su film de continuos homenajes a los films de Romero . Así el primer ataque en la Iglesia (La Noche de los muertos vivientes/The night of the living dead, Id., 1968); la secuencia del supermercado (Zombie/The dawn of the dead: Id., 1978); y el cuartel de los soldados (El día de los muertos/The Day of the Dead: Id., 1985) se van a constituir en claros referentes de un subconsciente cinéfilo que, aparte de homenajear, pretende actualizar las convenciones del subgénero (parificando los roles sexuales, por ejemplo). Pero Boyle y Garland no se conforman con intertextualizar secuencias claves de los filmes de norteamericano y se incitan a continuar su particular guateque de referencias cinéfilas con Jacques Tourneur: Yo anduve con un zombie/I walked with a zombie, 1943 (la aparición fantasmagórica que el infectado negro realiza en la ventana del cuartel, en la parte final del film); con Resident Evil: Paul Anderson, 2002 (grupo enfrentado a una caterva descontrolada de animales bípedos) y, como curiosidad -seguro que inconsciente-, con un film italiano: Virus/Apocalisse Domani, Anthony M. Dawson: 1980, (película-parábola sobre la barbarie de la guerra y cuyos zombis lo son por causa de un experimento militar -con guerra de Vietnam de fondo- de intención vírica cuyo contagio, manifestación y desarrollo tiene más que un punto en común con 28 días después).

Pero, por encima de todo lo demás, el film del británico (re)incide en una proclama pesimista que se manifiesta, en alto grado, en la parte final del relato: infectado por un temible virus o no, el hombre es un zombi para el hombre. Habituados, pues, al exterminio, los protagonistas utilizarán su instinto superviviente para protegerse, como si lo hubieran hecho desde su nacimiento, de toda la clase de peligros que encierra la nueva sociedad surgida y que tendrán que ver, pero no necesariamente, con las escalofriantes consecuencias del virus.
El epílogo instala al film de Boyle en el nicho de los conformistas pero se lo perdonamos a sabiendas de que cualquier otro final hubiera recordado, en exceso, al primero de los filmes de Romero. Y, creemos, ya había agotado el cupo de los homenajes.
Lo más destacable: la seriedad con la que Boyle afronta el tema y su retorno, por la puerta grande, al ámbito de los creadores cinematográficos.
Lo menos destacable: la sobreactuación de las latas de una conocida marca de refrescos y los (muy) prescindibles cinco minutos iniciales y finales.
J.P. Bango"
02/02/2004 23:56 Enlace permanente. Tema: críticas.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: Francis
Siento mucho llevarte la contraria, pero tengo que decir que este film sólo me hizo reír y perder dos horas. Mejor dicho, creo que aprendí mucho: cómo cometer un sinfín de errores, por Danny Boyle.
Una historia ya muy manida (como, por ejemplo, del videojuego Resident evil). Unos actores muy pobres. Un doblaje patético (ya sé que Boyle no tiene la culpa de esto). Una música absurda y sinsentido en todo momento. Escenas sobrantes (bastantes). Escenas cómicas (y, en este caso, estúpidas) dentro de un contexto supuestamente dramático; por ejemplo: la escena en el coche dentro del túnel, la escena del supermercado, escena del beso en la casa, al final. En fin, me pareció de lo peor que he visto últimamente.
Una historia ya muy manida (como, por ejemplo, del videojuego Resident evil). Unos actores muy pobres. Un doblaje patético (ya sé que Boyle no tiene la culpa de esto). Una música absurda y sinsentido en todo momento. Escenas sobrantes (bastantes). Escenas cómicas (y, en este caso, estúpidas) dentro de un contexto supuestamente dramático; por ejemplo: la escena en el coche dentro del túnel, la escena del supermercado, escena del beso en la casa, al final. En fin, me pareció de lo peor que he visto últimamente.
Fecha: 31/01/2005 22:04.
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Autor: J. P. Bango
No lo sientas Francis. Es una opinión tan válida como la mía.
La verdad es que no tengo un gran concepto del cine de Boyle a pesar de que Tumba Abierta (no tanto Trainspotting) me parece un film harto destacable.
Pero esta película me gustó, ya lo creo, sobretodo por su carácter dogmático.
Un saludo y bienvenido al Cronicón.
La verdad es que no tengo un gran concepto del cine de Boyle a pesar de que Tumba Abierta (no tanto Trainspotting) me parece un film harto destacable.
Pero esta película me gustó, ya lo creo, sobretodo por su carácter dogmático.
Un saludo y bienvenido al Cronicón.
Fecha: 01/02/2005 23:14.










