Escenas de una sala de cine

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Siempre merece la pena... Por eso: un fotograma que convulsiona a tus sentidos, una remesa de momentos inolvidables, secuencias o diálogos, músicas o hallazgos visuales, emparentados con la genialidad, restos de talento, en definitiva, que se posan sobre el celuloide más inane para construir, con alguna premisa sugerente, una película memorable, una ficción capaz de sublimar las sensaciones, de repletarnos de quietud, terror, o fascinación, a cambio de dos horas de nuestro tiempo... representa una buena inversión. Si señor. Y nunca me arrepiento.

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El cine necesita la oscuridad tanto como James Bond su pistola... Y lo mismo respecto al silencio. Todo lo que no es oscuridad y silencio lo distrae: aquella niña preguntona que no entiende por qué, “¿por qué mami han enterrado a esa señora”?; el movil de la otra y los mensajitos, y el ruidito y el vibrador... (del móvil); la luz del acomodador en tus narices, una voz: “la una y la tres libres... las dos siguientes son las vuestras” y tres o cuatro sombras y sus vasos de cola intercediendo entre la pantalla y mis expectativas; esas risitas ante una escena repleta de crueldad adicionadas con un “toooma geroma!!”, ¡demonios!, ¡hay una linea verde que atraviesa la pantalla...! Y no se quita...

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¿Quién es más culpable?, ¿la niña que no sabe porque enterraron a La Novia o la madre que la llevó al cine? Bueno, teniendo en cuenta que en la primera parte, hubo quien dejó a su hijo, y a toda la cuadrilla de preescolares que le acompañaban, en las primeras butacas precelebrando su fiesta de cumpleaños (literal), el asunto de la niña no es tan grave. Sobretodo si cuento que, tras el film, la niña explicaba a su madre (con pelos, señales y un sentido de la lógica aplastante) el entramado de todo lo que acababan de ver y, más aún, su moraleja. Mientras la madre abrazaba más fuerte a su pequeña -loando su precoz ingenio-, a uno le costaba disimular una sonrisa a hurtadillas de tan singular muestra de afecto: la niña orgullosa de su logro y la madre incapaz de admitir que, efectivamente, no se ha enterado de nada de lo que ocurrió en la última media hora. ¡Y eso que todos estuvimos callados!

¡Ay...!, ¡qué grande es el Cine!
03/09/2004 23:23 Enlace permanente. Tema: Historias de Cine.

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