Vértigo y Rashomon en formato catódico
Algo se mueve en las madrugadas de La 2 de Televisión Española... donde, en menos de una semana, hemos podido disfrutar de dos film memorables, Vértigo de Alfred Hitchcock y Rashomon de Akira Kurosawa, sin duda, films paradigmáticos del mejor cine de los años 50.
Vértigo y Rashomon supone el reencuentro con un tipo de Cine que, partiendo de una premisa sugerente, logra cumplir todas las expectativas insinuadas en el punto de partida, a costa de desarrollar el entramado desde un punto de vista original, seductor y apetecible, donde las palabras se rodean de imágenes subyugadoras, sombrías y fascinantes, y la falta de presupuesto se compensa con talento y voluntad de estilo. Un tipo de Cine que, al mismo tiempo que se aleja de los modismos y los tópicos, va acumulando a lo largo de los años una caterva de seguidores de varias generaciones y nacionalidades, iconoclastas amantes de las narraciones extraordinarias que, celosos del talento de los cineastas clásicos, se reúnen al calor de estas proyecciones con la única excusa de reconciliarse con un cine inspirado y, plenamente, satisfactorio.
Vértigo es una obra sobresaliente y descarnada, que se regodea del deseo y sus variantes perversas en la historia de un hombre frustrado que se enamora de una mujer, ya fallecida, a la que una vez creyó amar. Excusa argumental de naturaleza expiatoria que aprovecha, el bueno de Hitchcock, para dar rienda suelta a sus perversiones habituales (fetichismo conducente a la perdición, ambigüedad narrativa, tratamiento titiritero de los personajes y espectadores) a cambio de una obra artística de ascendencia mayúsculas condenada a perdurar ad eternumen las retinas de los espectadores de toda época.

Rashomon, más modesta pero igualmente trascendente, pertenece -con honores-, al club de la reivindicación perpetua tanto por su valor artístico (sus composiciones de plano están afectadas de un gran sentido expositivo) como histórico (al suponer, con su éxito en Venecia, la exportación de cine y cineastas japoneses tan necesarios como Kenji Mizoguchi o Yasuhiro Ozu), pero sobretodo, nos encontramos ante una reflexión sobre el punto de vista y la naturaleza de la humanidad ciertamente lúcida y socarrona.

En fin, un cine de alta envergadura que enriquece, sobremanera, el nivel medio de la televisión nacional con la misma diligencia con la que otros, aficionados a la usurpación de léxicos orwellianos, la emponzoñan y destruyen en beneficio de unos cuantos accionistas adictos a promover la estulticia colectiva.
Vértigo y Rashomon supone el reencuentro con un tipo de Cine que, partiendo de una premisa sugerente, logra cumplir todas las expectativas insinuadas en el punto de partida, a costa de desarrollar el entramado desde un punto de vista original, seductor y apetecible, donde las palabras se rodean de imágenes subyugadoras, sombrías y fascinantes, y la falta de presupuesto se compensa con talento y voluntad de estilo. Un tipo de Cine que, al mismo tiempo que se aleja de los modismos y los tópicos, va acumulando a lo largo de los años una caterva de seguidores de varias generaciones y nacionalidades, iconoclastas amantes de las narraciones extraordinarias que, celosos del talento de los cineastas clásicos, se reúnen al calor de estas proyecciones con la única excusa de reconciliarse con un cine inspirado y, plenamente, satisfactorio.
Vértigo es una obra sobresaliente y descarnada, que se regodea del deseo y sus variantes perversas en la historia de un hombre frustrado que se enamora de una mujer, ya fallecida, a la que una vez creyó amar. Excusa argumental de naturaleza expiatoria que aprovecha, el bueno de Hitchcock, para dar rienda suelta a sus perversiones habituales (fetichismo conducente a la perdición, ambigüedad narrativa, tratamiento titiritero de los personajes y espectadores) a cambio de una obra artística de ascendencia mayúsculas condenada a perdurar ad eternumen las retinas de los espectadores de toda época.

Rashomon, más modesta pero igualmente trascendente, pertenece -con honores-, al club de la reivindicación perpetua tanto por su valor artístico (sus composiciones de plano están afectadas de un gran sentido expositivo) como histórico (al suponer, con su éxito en Venecia, la exportación de cine y cineastas japoneses tan necesarios como Kenji Mizoguchi o Yasuhiro Ozu), pero sobretodo, nos encontramos ante una reflexión sobre el punto de vista y la naturaleza de la humanidad ciertamente lúcida y socarrona.

En fin, un cine de alta envergadura que enriquece, sobremanera, el nivel medio de la televisión nacional con la misma diligencia con la que otros, aficionados a la usurpación de léxicos orwellianos, la emponzoñan y destruyen en beneficio de unos cuantos accionistas adictos a promover la estulticia colectiva.
14/09/2004 23:12 Enlace permanente. Tema: cinefilia.
Comentarios » Ir a formulario
![]()
Autor: JIP
Yo es que hae mucho mucho tiempo que ya no soy persona a esas horas... ;)
Fecha: 14/09/2004 22:42.
![]()
Autor: J. P. Bango
Bueno, yo tiro de video, claro. No estaría mal que Kurosawa o Hitchcock tuvieran un lugar preferente en el prime time pero, sin embargo, parece una utopía. Me conformoría conque repusieran los ciclos que, en la década de los ochenta y principios de los noventa, dedicaron a Eisenstein, Tarkovski, Bertolucci o el propio Kurosawa...
Fecha: 14/09/2004 23:18.
Autor: Agente Cooper
"Vértigo" es una de mis 10 películas favoritas de todos los tiempos sin ninguna duda. Y también es mi preferida del tío Hitch con mucha diferencia.
"Rashomon" es buena, está claro, pero no me parece que esté al nivel de Los 7 samuráis, Trono de sangre, Yojimbo, La fortaleza escondida o El infierno del odio...
"Rashomon" es buena, está claro, pero no me parece que esté al nivel de Los 7 samuráis, Trono de sangre, Yojimbo, La fortaleza escondida o El infierno del odio...
Fecha: 18/09/2004 17:31.










