El Experimento: la naturaleza humana a examen
En estas semanas que preludian las hipócritas fiestas navideñas, he venido acumulando el visionado de algún film que analiza, deseándolo o no, la condición perversa de nuestra sociedad y su compromiso para crear individuos indeseables y bienes de consumo satisfacedores de las necesidades (y conflictos) más insubstanciales.
Me pasó ayer cuando revisaba, por enésima vez, Celebración/Festen de Thomas Vintenberg, el primer dogma y -aún hoy- uno de los mejores (algunos diréis que lo tenía fácil pero también la estoy comparando con obras tan lúcidas como el Mifune de Kragh-Jacobsen) y me pasó hace una semanas con el visionado de El Experimento, film alemán de ascedencia vaticinadora que nos da de bruces contra el reverso más tenebroso, de ésta, nuestra (aparente y desencantada) sociedad.

El Experimento muestra, efectivamente, la investigación en la que dos grupos de personas -de diversa condición social y motivaciones- se prestan a renunciar a la mayoría de sus derechos civiles y a vivir, encerrados, en una institución donde sus roles habituales (de taxista, kiosquero, empleado de terminal de aeropuerto...) serán asimilados (literalmente) por los de carcelero y preso. Dicho experimento, financiado por los contribuyentes por cuenta de una Facultad de Medicina (y de un director de experimento demasiado entusiasmado con el proyecto que tiene entre manos), tendrá aparejada como elemento motivante y a la finalización del mismo, una cantidad de dinero -juzgamos- no muy disparatada, y más de una acertada reflexión.
Con esta sencilla propuesta (que entusiasmaría a más de un productor televisivo), asistimos a una indagación lúcida sobre la naturaleza destructiva del hombre y su irrefrenable deseo de poder y superioridad para con sus iguales, su adaptabilidad para la asunción de nuevos roles provenientes de situaciones de desigualdad (pensad en los funcionarios conniventes con quienes perpetan un golpe de estado), y su ineludible condición automasoquista.
El guión se centra, únicamente, en algunos personajes (un periodista en paro que trabaja de taxista y que busca en el experimento y en su cámara oculta, la oportunidad de recuperar su anterior puesto de trabajo; un quiosquero tristón y depresivo que echa de menos la compañía; un oficial del ejército infiltrado...) y sobre ellos, construye un entramado más o menos efectista, repleto de momentos de auténtico brío y de otros, que dejan que la acción fluya con una cierta diligencia. Todo junto ofrece como resultado uno de los filmes más incisivos de los que he tenido oportunidad de visionar en los últimos tiempos y, sin duda, el más desesperanzador de todos ellos.
Buen cine europeo, sí señor.
Lo más destacado: las excelentes interpretaciones de todos los protagonistas y la credibilidad de la historia en general.
Lo menos destacado: menos participantes en el experimento hubiera resultado igual de eficaz.
Calificación: 8,5
Me pasó ayer cuando revisaba, por enésima vez, Celebración/Festen de Thomas Vintenberg, el primer dogma y -aún hoy- uno de los mejores (algunos diréis que lo tenía fácil pero también la estoy comparando con obras tan lúcidas como el Mifune de Kragh-Jacobsen) y me pasó hace una semanas con el visionado de El Experimento, film alemán de ascedencia vaticinadora que nos da de bruces contra el reverso más tenebroso, de ésta, nuestra (aparente y desencantada) sociedad.

El Experimento muestra, efectivamente, la investigación en la que dos grupos de personas -de diversa condición social y motivaciones- se prestan a renunciar a la mayoría de sus derechos civiles y a vivir, encerrados, en una institución donde sus roles habituales (de taxista, kiosquero, empleado de terminal de aeropuerto...) serán asimilados (literalmente) por los de carcelero y preso. Dicho experimento, financiado por los contribuyentes por cuenta de una Facultad de Medicina (y de un director de experimento demasiado entusiasmado con el proyecto que tiene entre manos), tendrá aparejada como elemento motivante y a la finalización del mismo, una cantidad de dinero -juzgamos- no muy disparatada, y más de una acertada reflexión.
Con esta sencilla propuesta (que entusiasmaría a más de un productor televisivo), asistimos a una indagación lúcida sobre la naturaleza destructiva del hombre y su irrefrenable deseo de poder y superioridad para con sus iguales, su adaptabilidad para la asunción de nuevos roles provenientes de situaciones de desigualdad (pensad en los funcionarios conniventes con quienes perpetan un golpe de estado), y su ineludible condición automasoquista.
El guión se centra, únicamente, en algunos personajes (un periodista en paro que trabaja de taxista y que busca en el experimento y en su cámara oculta, la oportunidad de recuperar su anterior puesto de trabajo; un quiosquero tristón y depresivo que echa de menos la compañía; un oficial del ejército infiltrado...) y sobre ellos, construye un entramado más o menos efectista, repleto de momentos de auténtico brío y de otros, que dejan que la acción fluya con una cierta diligencia. Todo junto ofrece como resultado uno de los filmes más incisivos de los que he tenido oportunidad de visionar en los últimos tiempos y, sin duda, el más desesperanzador de todos ellos.
Buen cine europeo, sí señor.
Lo más destacado: las excelentes interpretaciones de todos los protagonistas y la credibilidad de la historia en general.
Lo menos destacado: menos participantes en el experimento hubiera resultado igual de eficaz.
Calificación: 8,5
10/12/2004 22:17 Enlace permanente. Tema: críticas.
Comentarios » Ir a formulario
![]()
Autor: ronny
,l., mn n cnj ncn cvnfbfbc b v bbnkbjbm k hvk,jcjm cxb,l jmk,xcv,kj j mbvk bj j b
Fecha: 07/10/2009 16:08.










