El fantasma de la Ópera: mascarada bohemia
Joel Schumacher, uno de los directores que durante los últimos años se está empeñando en hacerse un hueco dentro de los posicionamientos del Cine artesano de Autor (no hay contradicción, creedme), dirige esta adaptación del musical de Andrew Lloyd Weber (que a su vez adaptaba el cuento de Gaston Leroux), con un enorme respeto hacia sus fuentes y productor y sabiendo que tiene entre manos una historia universal, de carácter simplista pero recurrente (la de Bellas y bestias), donde los héroes se enamoran ipso facto, las tinieblas ocultan pasionales fantasmas, los regentes de la ópera disfrutan de un presente bufonesco (vease Moulin Rouge) y los finales se resuelven con emotivos y solaces culminaciones.
El fantasma de la ópera recupera la historia musicada de Cristine, una joven huérfana y corista que, en secreto, recibe clases de canto de una sombra funesta, un hombre deformado pero talentoso, un fantasma exiliado en las catacumbas de la ópera que ha tenido por bien enamorarse de aquella hermosa e ingenua joven que le sigue creyendo un ángel enviado por su padre muerto para potenciar sus aptitudes musicales. El fantasma, proveedor artístico de las obras representadas en la ópera, concibe un Don Juan musicado para dar la alternativa a su ángel para lo cual tendrá que deshacerse de la primera diva de la compañía y, de paso, confirmar la reciprocidad del enamoramiento. Pero el joven y apuesto propietario de la Ópera, amigo de infancia de la protagonista, intentará sabotear el destino soñado por el Espectro...

Aprovechando los recursos de producción generosos en el apartado de la dirección artística (algo que el antiguo decorador Joel Schumacher suele agradecer) y la música pegadiza, populista pero inspirada de Lloyd Weber, los responsables construyen una película recargada de canciones y dramas, amores imposibles y desencantos variados, atrezzo decimonónico y escotes sugerentes, humor grandguiñolesco y destinos trágicos. Schumacher levanta así una película de corte independiente que debe tanto de la historia de Leroux como del estilo arrojado de Baz Luhrmann y que encumbra al cineasta a la cima de los artesanos competentes, conocedores de las connotaciones lúdicas del ritmo (estamos hablando de un musical), del protagonismo mesurado de los escenarios, de la eficacia de un montaje competente y acompasado.
Por eso El Fantasma de la Ópera de Andrew Lloyd Weber rezuma un halo de película bientencionada, indulgente, bohemia. Algo hortera si se quiere pero sumamente disfrutable a pesar de los múltiples excesos (los decorados suntuosos, la excentricidad de alguno de sus personajes, el empalagamiento de alguna de las canciones), las deficientes interpretaciones de sus jóvenes (y angelicales) protagonistas (a excepción de Gerarld Butler) y la sensación de déja vu del conjunto. Cine musical de ascendencia romántico que hará las delicias de aquellos que aún piensan que todavía es posible conciliar el gozo con el amor.
Lo más destacado: la secuencia que nos muestra el pasado del fantasma (una lección narrativa de Schumacher) y el número musical de Masquerade.
Lo menos destacado: Que tengamos que esperar al DVD para disfrutar con plenitud (y de forma simultánea) de las excelencias de las versiones doblada y original.
Calificación: 7
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un día más
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El fantasma de la ópera recupera la historia musicada de Cristine, una joven huérfana y corista que, en secreto, recibe clases de canto de una sombra funesta, un hombre deformado pero talentoso, un fantasma exiliado en las catacumbas de la ópera que ha tenido por bien enamorarse de aquella hermosa e ingenua joven que le sigue creyendo un ángel enviado por su padre muerto para potenciar sus aptitudes musicales. El fantasma, proveedor artístico de las obras representadas en la ópera, concibe un Don Juan musicado para dar la alternativa a su ángel para lo cual tendrá que deshacerse de la primera diva de la compañía y, de paso, confirmar la reciprocidad del enamoramiento. Pero el joven y apuesto propietario de la Ópera, amigo de infancia de la protagonista, intentará sabotear el destino soñado por el Espectro...

Aprovechando los recursos de producción generosos en el apartado de la dirección artística (algo que el antiguo decorador Joel Schumacher suele agradecer) y la música pegadiza, populista pero inspirada de Lloyd Weber, los responsables construyen una película recargada de canciones y dramas, amores imposibles y desencantos variados, atrezzo decimonónico y escotes sugerentes, humor grandguiñolesco y destinos trágicos. Schumacher levanta así una película de corte independiente que debe tanto de la historia de Leroux como del estilo arrojado de Baz Luhrmann y que encumbra al cineasta a la cima de los artesanos competentes, conocedores de las connotaciones lúdicas del ritmo (estamos hablando de un musical), del protagonismo mesurado de los escenarios, de la eficacia de un montaje competente y acompasado.
Por eso El Fantasma de la Ópera de Andrew Lloyd Weber rezuma un halo de película bientencionada, indulgente, bohemia. Algo hortera si se quiere pero sumamente disfrutable a pesar de los múltiples excesos (los decorados suntuosos, la excentricidad de alguno de sus personajes, el empalagamiento de alguna de las canciones), las deficientes interpretaciones de sus jóvenes (y angelicales) protagonistas (a excepción de Gerarld Butler) y la sensación de déja vu del conjunto. Cine musical de ascendencia romántico que hará las delicias de aquellos que aún piensan que todavía es posible conciliar el gozo con el amor.
Lo más destacado: la secuencia que nos muestra el pasado del fantasma (una lección narrativa de Schumacher) y el número musical de Masquerade.
Lo menos destacado: Que tengamos que esperar al DVD para disfrutar con plenitud (y de forma simultánea) de las excelencias de las versiones doblada y original.
Calificación: 7
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19/12/2004 16:24 Enlace permanente. Tema: críticas.
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Autor: Spaulding
Pues que suerte ha tenido aún de poderse enganchar un tanto con la película. Es que yo la encontré tan barroca, kistch y sobrecargada que me crispó como hacía tiempo no me ocurría.
Y eso que tuve la oportunidad de verla en vose, que sufrirla doblada debe de ser un castigo aún mayúsculo.
Y eso que tuve la oportunidad de verla en vose, que sufrirla doblada debe de ser un castigo aún mayúsculo.
Fecha: 19/12/2004 20:22.
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Autor: J. P. Bango
Je! Hombre, tanto como castigo... Digamos que es más "cercana"...
En fin, créeme que he visto películas infinitamente peores y no todas tenían a Renee Zelweger de co-protagonista.
Eso sí: este Fantasma creo que no admite términos medios. O la odias o no la odias ;)
En fin, créeme que he visto películas infinitamente peores y no todas tenían a Renee Zelweger de co-protagonista.
Eso sí: este Fantasma creo que no admite términos medios. O la odias o no la odias ;)
Fecha: 20/12/2004 21:23.
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Autor: Spaulding
Lo de que sea más cercana, no se lo voy a negar. Lo que ocurre es que, personalmente, no entiendo el concepto de cine musical "doblado".
Coja por ejemplo "Pal Joey", con Frank Sinatra y cambie esa VOZ (la VOZ) por la del hijo de Julio Iglesias, por ejemplo... O por la de cualquier otro, por la el mejor que tengamos en España... Y eso, siempre será un castigo.
Coja por ejemplo "Pal Joey", con Frank Sinatra y cambie esa VOZ (la VOZ) por la del hijo de Julio Iglesias, por ejemplo... O por la de cualquier otro, por la el mejor que tengamos en España... Y eso, siempre será un castigo.
Fecha: 21/12/2004 08:14.










