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01/02/2004
Iciar Bollain: La observadora solidaria
Mes 2. Día 1.
Cuando comencé con el blog me propuse revisarlo y evaluarlo mensualmente. La primera conclusión es que sigo. La segunda es que el próximo mes tocará evaluarlo de nuevo.

Por lo demás, ninguna sorpresa en Cinelandia. Los Goyas supusieron la consagración de Iciar Bollain y su Cine Verité. Algunos la descubrieron de niña, con El Sur. Otros de miliciana rebelde en Tierra en Libertad o de protagonista absoluta en Leo. Yo la admiro desde que leí su libro sobre Ken Loach "Un Observador Solidario", un pseudo-cuaderno de rodaje de Carla's Song que resume lo mejor del trabajo cinematográfico del británico. Iciar ha trabajado con los mejores: Erice, Borau, Loach. Y de todos tomó su mirada. Sus ojos.
Ahora es la Sociedad quien tiene la obligación de tomar buena nota.
Cuando comencé con el blog me propuse revisarlo y evaluarlo mensualmente. La primera conclusión es que sigo. La segunda es que el próximo mes tocará evaluarlo de nuevo.

Por lo demás, ninguna sorpresa en Cinelandia. Los Goyas supusieron la consagración de Iciar Bollain y su Cine Verité. Algunos la descubrieron de niña, con El Sur. Otros de miliciana rebelde en Tierra en Libertad o de protagonista absoluta en Leo. Yo la admiro desde que leí su libro sobre Ken Loach "Un Observador Solidario", un pseudo-cuaderno de rodaje de Carla's Song que resume lo mejor del trabajo cinematográfico del británico. Iciar ha trabajado con los mejores: Erice, Borau, Loach. Y de todos tomó su mirada. Sus ojos.
Ahora es la Sociedad quien tiene la obligación de tomar buena nota.
02/02/2004
Muertos que corren
Fue uno de los artículos que, paradójicamente, sobrevivió al ataque vírico que sufrí la semana pasada. Pasó desapercibida pero, a mí, me sigue pareciendo uno de los mejores filmes del año 2003. Y alguien tiene que reivindicarla:
Es 28 días después, y la dirige Danny Boyle.
"El Reino Unido está sumido en una gran crisis apocalíptica provocada por el ignoto virus de la Ira (que, por cierto, hace honor a su nombre con extremado rigor). El virus ha hecho estragos y, sólo 28 días después de su primer contacto con un ser racional, la humanidad se ha transformado en una comuna de animales rabiosos que ataca, de forma salvaje, cualquier vestigio de vida anterior.

Jim, un mensajero que despierta de un coma en un hospital vacío, retoma la historia de Resident Evil desde su plano final iniciando, con un notable desconcierto, la búsqueda de algún par que responda al interrogante de qué ha ocurrido. Sumido en un entorno fatuo pero inquietante, el protagonista va a dar con sus huesos a una Iglesia preñada de hombres infectados por el terrible virus. Tras su primer contacto con una amenaza que no sabe interpretar, es rescatado por un dúo de supervivientes que malvive en el entresuelo de un supermercado.
28 días después/28 days later: Danny Boyle, 2003, retoma los argumentos post-apocalípticos de El día después/The day Alter: Nicolas Meyer, 1983; La hora final/On the beach: Stanley Kramer, 1959, El último hombre vivo/The omega man: Boris Sagal, 1971; o Apocalipsis/The Stand: Mick Garris, 1994, aportando un neologismo de carácter técnico en formato digital que adquiere su mayor virtuosismo efectista a la hora de concebir al infectado. Como ocurría con aquéllas, los supervivientes tratan de reunir sus fuerzas en torno a un líder casual que, asumiendo su papel, readaptará los recursos con los que cuenta el grupo en pro de la pervivencia de todos. La sinergia pretende revertir el estado caótico en el que se encuentran invitándose a la resolución de un objetivo que suele coincidir con el hallazgo de una tierra quimérica donde puedan redefinir los roles de la neo-sociedad. Esta pretensión se ve aderezada, en el film de Boyle, por la presencia de unos elementos de suspense que ponen, a cada paso , en peligro a los miembros del grupo. Danny Boyle y su guionista, Alex Garland, saben preservar la tensión y el interés de la trama a costa de mantener, casi con exclusividad, el punto de vista del relato.
Como contrapunto ético a la vertiente norteamericana del tema, lo primero que realiza el protagonista es preguntar por el destino de sus padres. Elemento de emoción cotidiana que ralentiza, afortunadamente (y aquí su mayor virtud), el desarrollo de la acción al mismo tiempo que incide en el carácter trascendental de la historia. Además se preocupa de que la composición de plano y el uso de los carteles y grafittis estén afectados de un gran sentido expositivo, lo que le va a servir, entre otros aspectos también destacables (como el acertado uso de la música y el montaje desenfrenado), para dejarnos claro que las coincidencias que el film posee con Resident Evil son meramente casuales.
Boyle, confeso seguidor de la cinematografía zombi, rellena su film de continuos homenajes a los films de Romero . Así el primer ataque en la Iglesia (La Noche de los muertos vivientes/The night of the living dead, Id., 1968); la secuencia del supermercado (Zombie/The dawn of the dead: Id., 1978); y el cuartel de los soldados (El día de los muertos/The Day of the Dead: Id., 1985) se van a constituir en claros referentes de un subconsciente cinéfilo que, aparte de homenajear, pretende actualizar las convenciones del subgénero (parificando los roles sexuales, por ejemplo). Pero Boyle y Garland no se conforman con intertextualizar secuencias claves de los filmes de norteamericano y se incitan a continuar su particular guateque de referencias cinéfilas con Jacques Tourneur: Yo anduve con un zombie/I walked with a zombie, 1943 (la aparición fantasmagórica que el infectado negro realiza en la ventana del cuartel, en la parte final del film); con Resident Evil: Paul Anderson, 2002 (grupo enfrentado a una caterva descontrolada de animales bípedos) y, como curiosidad -seguro que inconsciente-, con un film italiano: Virus/Apocalisse Domani, Anthony M. Dawson: 1980, (película-parábola sobre la barbarie de la guerra y cuyos zombis lo son por causa de un experimento militar -con guerra de Vietnam de fondo- de intención vírica cuyo contagio, manifestación y desarrollo tiene más que un punto en común con 28 días después).

Pero, por encima de todo lo demás, el film del británico (re)incide en una proclama pesimista que se manifiesta, en alto grado, en la parte final del relato: infectado por un temible virus o no, el hombre es un zombi para el hombre. Habituados, pues, al exterminio, los protagonistas utilizarán su instinto superviviente para protegerse, como si lo hubieran hecho desde su nacimiento, de toda la clase de peligros que encierra la nueva sociedad surgida y que tendrán que ver, pero no necesariamente, con las escalofriantes consecuencias del virus.
El epílogo instala al film de Boyle en el nicho de los conformistas pero se lo perdonamos a sabiendas de que cualquier otro final hubiera recordado, en exceso, al primero de los filmes de Romero. Y, creemos, ya había agotado el cupo de los homenajes.
Lo más destacable: la seriedad con la que Boyle afronta el tema y su retorno, por la puerta grande, al ámbito de los creadores cinematográficos.
Lo menos destacable: la sobreactuación de las latas de una conocida marca de refrescos y los (muy) prescindibles cinco minutos iniciales y finales.
J.P. Bango"
Es 28 días después, y la dirige Danny Boyle.
"El Reino Unido está sumido en una gran crisis apocalíptica provocada por el ignoto virus de la Ira (que, por cierto, hace honor a su nombre con extremado rigor). El virus ha hecho estragos y, sólo 28 días después de su primer contacto con un ser racional, la humanidad se ha transformado en una comuna de animales rabiosos que ataca, de forma salvaje, cualquier vestigio de vida anterior.

Jim, un mensajero que despierta de un coma en un hospital vacío, retoma la historia de Resident Evil desde su plano final iniciando, con un notable desconcierto, la búsqueda de algún par que responda al interrogante de qué ha ocurrido. Sumido en un entorno fatuo pero inquietante, el protagonista va a dar con sus huesos a una Iglesia preñada de hombres infectados por el terrible virus. Tras su primer contacto con una amenaza que no sabe interpretar, es rescatado por un dúo de supervivientes que malvive en el entresuelo de un supermercado.
28 días después/28 days later: Danny Boyle, 2003, retoma los argumentos post-apocalípticos de El día después/The day Alter: Nicolas Meyer, 1983; La hora final/On the beach: Stanley Kramer, 1959, El último hombre vivo/The omega man: Boris Sagal, 1971; o Apocalipsis/The Stand: Mick Garris, 1994, aportando un neologismo de carácter técnico en formato digital que adquiere su mayor virtuosismo efectista a la hora de concebir al infectado. Como ocurría con aquéllas, los supervivientes tratan de reunir sus fuerzas en torno a un líder casual que, asumiendo su papel, readaptará los recursos con los que cuenta el grupo en pro de la pervivencia de todos. La sinergia pretende revertir el estado caótico en el que se encuentran invitándose a la resolución de un objetivo que suele coincidir con el hallazgo de una tierra quimérica donde puedan redefinir los roles de la neo-sociedad. Esta pretensión se ve aderezada, en el film de Boyle, por la presencia de unos elementos de suspense que ponen, a cada paso , en peligro a los miembros del grupo. Danny Boyle y su guionista, Alex Garland, saben preservar la tensión y el interés de la trama a costa de mantener, casi con exclusividad, el punto de vista del relato.
Como contrapunto ético a la vertiente norteamericana del tema, lo primero que realiza el protagonista es preguntar por el destino de sus padres. Elemento de emoción cotidiana que ralentiza, afortunadamente (y aquí su mayor virtud), el desarrollo de la acción al mismo tiempo que incide en el carácter trascendental de la historia. Además se preocupa de que la composición de plano y el uso de los carteles y grafittis estén afectados de un gran sentido expositivo, lo que le va a servir, entre otros aspectos también destacables (como el acertado uso de la música y el montaje desenfrenado), para dejarnos claro que las coincidencias que el film posee con Resident Evil son meramente casuales.
Boyle, confeso seguidor de la cinematografía zombi, rellena su film de continuos homenajes a los films de Romero . Así el primer ataque en la Iglesia (La Noche de los muertos vivientes/The night of the living dead, Id., 1968); la secuencia del supermercado (Zombie/The dawn of the dead: Id., 1978); y el cuartel de los soldados (El día de los muertos/The Day of the Dead: Id., 1985) se van a constituir en claros referentes de un subconsciente cinéfilo que, aparte de homenajear, pretende actualizar las convenciones del subgénero (parificando los roles sexuales, por ejemplo). Pero Boyle y Garland no se conforman con intertextualizar secuencias claves de los filmes de norteamericano y se incitan a continuar su particular guateque de referencias cinéfilas con Jacques Tourneur: Yo anduve con un zombie/I walked with a zombie, 1943 (la aparición fantasmagórica que el infectado negro realiza en la ventana del cuartel, en la parte final del film); con Resident Evil: Paul Anderson, 2002 (grupo enfrentado a una caterva descontrolada de animales bípedos) y, como curiosidad -seguro que inconsciente-, con un film italiano: Virus/Apocalisse Domani, Anthony M. Dawson: 1980, (película-parábola sobre la barbarie de la guerra y cuyos zombis lo son por causa de un experimento militar -con guerra de Vietnam de fondo- de intención vírica cuyo contagio, manifestación y desarrollo tiene más que un punto en común con 28 días después).

Pero, por encima de todo lo demás, el film del británico (re)incide en una proclama pesimista que se manifiesta, en alto grado, en la parte final del relato: infectado por un temible virus o no, el hombre es un zombi para el hombre. Habituados, pues, al exterminio, los protagonistas utilizarán su instinto superviviente para protegerse, como si lo hubieran hecho desde su nacimiento, de toda la clase de peligros que encierra la nueva sociedad surgida y que tendrán que ver, pero no necesariamente, con las escalofriantes consecuencias del virus.
El epílogo instala al film de Boyle en el nicho de los conformistas pero se lo perdonamos a sabiendas de que cualquier otro final hubiera recordado, en exceso, al primero de los filmes de Romero. Y, creemos, ya había agotado el cupo de los homenajes.
Lo más destacable: la seriedad con la que Boyle afronta el tema y su retorno, por la puerta grande, al ámbito de los creadores cinematográficos.
Lo menos destacable: la sobreactuación de las latas de una conocida marca de refrescos y los (muy) prescindibles cinco minutos iniciales y finales.
J.P. Bango"
04/02/2004
El affaire Janet Jackson y el Surrealismo
Hoy tocaba hablar de Dalí, de Walt Disney y, sobretodo, de los sueños que sufría Gregory Peck en la magnífica Spellbound de Hitchcock... Pero no será así (exceptuando la foto).

Es curioso, ¿verdad?, que el hecho de que Janet Jackson enseñe un pecho en el descanso de la Superbowl (en el grueso de una actuación soporífera, por cierto), genere un escándalo de proporciones esperpénticas que dé la vuelta al mundo en menos de veinticuatro horas. Más curioso es, si cabe, que todo esto suceda en un país que mira para otro lado cuando alguno de sus aliados en oriente medio consientan sobre su territorio la existencia de no pocos asesinatos selectivos, que se muestra ajusticiador y poco dialogante cuando trata con los civiles de los países que ocupa, que presume orgulloso de mantener (¿secuestrados?) en Guantánamo a varias centenas de personas a los que aun no ha sometido a juicio justo…
En Cinepatas.com, atribuyen al film Moulin Rouge el siguiente diálogo entre una señora que contempla un cuadro del bohemio Toulouse Lautrec y el propio autor del mismo:
—Señora: Mira esta mujer, se está desnudando, ¡y en presencia de un hombre! Es indecoroso.
—Toulouse Lautrec: Um, perdone Madame. Esa dama no está desnudándose sino vistiéndose; el caballero que la contempla es su esposo; celebran su vigesimosegundo aniversario y van a salir a cenar con su hijo mayor que es taxidermista. Me deprime que pensara usted maliciosamente de personas tan dignas. Esto corrobora lo que siempre he mantenido: el mal sólamente existe en la mirada del que observa; por lo tanto, le agradecería a usted que deje de mirar mis cuadros.
Y aunque ya os advierto que habiendo visto Moulin Rouge más de una vez no recuerdo haber presenciado esta conversación en ningún momento, no encuentro mejor manera de denunciar la hipocresía latente del affair Janet Jackson y, a la vez, confirmar que efectivamente, lo más triste de nuestra realidad comienza a hacerse palpable sólo dos minutos después de los títulos de crédito del film que acabamos de ver.
Así de grande es el Cine. Y el surrealismo, claro.

Es curioso, ¿verdad?, que el hecho de que Janet Jackson enseñe un pecho en el descanso de la Superbowl (en el grueso de una actuación soporífera, por cierto), genere un escándalo de proporciones esperpénticas que dé la vuelta al mundo en menos de veinticuatro horas. Más curioso es, si cabe, que todo esto suceda en un país que mira para otro lado cuando alguno de sus aliados en oriente medio consientan sobre su territorio la existencia de no pocos asesinatos selectivos, que se muestra ajusticiador y poco dialogante cuando trata con los civiles de los países que ocupa, que presume orgulloso de mantener (¿secuestrados?) en Guantánamo a varias centenas de personas a los que aun no ha sometido a juicio justo…
En Cinepatas.com, atribuyen al film Moulin Rouge el siguiente diálogo entre una señora que contempla un cuadro del bohemio Toulouse Lautrec y el propio autor del mismo:
—Señora: Mira esta mujer, se está desnudando, ¡y en presencia de un hombre! Es indecoroso.
—Toulouse Lautrec: Um, perdone Madame. Esa dama no está desnudándose sino vistiéndose; el caballero que la contempla es su esposo; celebran su vigesimosegundo aniversario y van a salir a cenar con su hijo mayor que es taxidermista. Me deprime que pensara usted maliciosamente de personas tan dignas. Esto corrobora lo que siempre he mantenido: el mal sólamente existe en la mirada del que observa; por lo tanto, le agradecería a usted que deje de mirar mis cuadros.
Y aunque ya os advierto que habiendo visto Moulin Rouge más de una vez no recuerdo haber presenciado esta conversación en ningún momento, no encuentro mejor manera de denunciar la hipocresía latente del affair Janet Jackson y, a la vez, confirmar que efectivamente, lo más triste de nuestra realidad comienza a hacerse palpable sólo dos minutos después de los títulos de crédito del film que acabamos de ver.
Así de grande es el Cine. Y el surrealismo, claro.
04/02/2004 21:40 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
05/02/2004
El Cuento de la Doncella
"El Cuento de la Doncella" es un film de Volker Schlöndorff basado en la novela (casi homónima) de Margaret Atwood, ciencia ficción de filiación poético-feminista que constituye una de las películas que mejor encajan en el calificativo diatópico de cuantas ha concebido el cine fantástico. Vista hoy día, 14 años después de su estreno, aun conserva restos de un argumento (adaptado de la novela por Harold Pinter) desesperanzador que tiene como génesis el asentamiento de una dictadura prorreligiosa en Estados Unidos ansiosa de perpetuar por todo la geografía norteamericana su vetusta ideología.
Encontrando fundamentación en los preceptos bíblicos, la sociedad surgida tras una gran catástrofe recluye a las mujeres fértiles para que sirvan de receptáculos seminales de aquéllos en cuya casa sirven; destierran a sus maridos y amantes; y condenan al ámbito de la infravaloración (cuando no la horca) aquellos que se atreven a poner en duda sus preceptos.

A pesar de lo que pudiera parecer, tanto la novela como la película, se niegan a perder el tiempo en criminalizar el comportamiento de los varones con el mismo rigor que recriminan la pasividad, sentimiento acomodado y actitud servil de las mujeres que participan en el mantenimiento de aquel retrógrado status quo. Algo que nos recuerda, otra vez más, que toda revolución empieza y acaba en uno mismo.
Contra los talibanes. O contra quien sea.
Por cierto, recomiendo no perderse el trabajo de Natasha Richardson.
Encontrando fundamentación en los preceptos bíblicos, la sociedad surgida tras una gran catástrofe recluye a las mujeres fértiles para que sirvan de receptáculos seminales de aquéllos en cuya casa sirven; destierran a sus maridos y amantes; y condenan al ámbito de la infravaloración (cuando no la horca) aquellos que se atreven a poner en duda sus preceptos.

A pesar de lo que pudiera parecer, tanto la novela como la película, se niegan a perder el tiempo en criminalizar el comportamiento de los varones con el mismo rigor que recriminan la pasividad, sentimiento acomodado y actitud servil de las mujeres que participan en el mantenimiento de aquel retrógrado status quo. Algo que nos recuerda, otra vez más, que toda revolución empieza y acaba en uno mismo.
Contra los talibanes. O contra quien sea.
Por cierto, recomiendo no perderse el trabajo de Natasha Richardson.
05/02/2004 23:55 Enlace permanente. Tema: Monográficos: El Cine Prospectivo No hay comentarios. Comentar.
07/02/2004
Por mis muelas
Que Tom Hanks acabe arrancándose una parte de su ser en medio de una isla desierta (Naufrago); que el bueno de Jack Nicholson acuda a una clínica para desahogar sus tendencia masoquistas (La Tienda de los Horrores); y que Corbin Bernsten se alimente de los gritos de pánico de sus clientes (El dentista), sólo pueden tener en común varios dolores de muelas inconsolables.

Ya puedo presumir de tener algo en común con estos gigantes del celuloide.

Ya puedo presumir de tener algo en común con estos gigantes del celuloide.
08/02/2004
El retorno de las Estadísticas
Al fin conseguí poner las estadísticas de Nedstat en la Portada (después de casí ¡cuatro semanas! ocultas en la sección de Enlaces -que, naturalmente, pocos visitaban). La solución era tan fácil que hasta me avergüenza hacerlo público. En fin.
Supongo que las estadísticas son una fuente de retroalimentación suficiente como para mantener el blog (aunque nos cueste reconocerlo), algo así como la taquilla del site, con la diferencia de que aquí canjeamos tickets a 6 € por azarosas muestras de afecto y aprobación.
Suficiente. Para presumir de ego ya tenemos a James Cameron. ¿O quise decir teníamos?
Supongo que las estadísticas son una fuente de retroalimentación suficiente como para mantener el blog (aunque nos cueste reconocerlo), algo así como la taquilla del site, con la diferencia de que aquí canjeamos tickets a 6 € por azarosas muestras de afecto y aprobación.
Suficiente. Para presumir de ego ya tenemos a James Cameron. ¿O quise decir teníamos?
08/02/2004 22:10 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
09/02/2004
Tarkovski
Para muchos fue el más grande. Los que somos más aficionados a la Ciencia Ficción le recordamos por dos obras trascendentales para el género: Solaris (Basado en la novela homónima de Stanislaw Lem) y Stalker (Basado en el relato Picnic junto al camino de Arkadi y Boris Strugatski -que también recomiendo leer). Se llamaba Andrei Tarkovski y fue responsable de una de las filmografías más personales, respetadas y premiadas de la Cinematografía mundial.

Podéis descubrir su fascinante universo en múltiples idiomas (también en castellano) en esta magnífica web, probablemente una de las más instruidas, capacitadas y cinéfilas de cuantas pueden encontrarse en la red de redes.
Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Podéis descubrir su fascinante universo en múltiples idiomas (también en castellano) en esta magnífica web, probablemente una de las más instruidas, capacitadas y cinéfilas de cuantas pueden encontrarse en la red de redes.
Espero que lo disfrutéis tanto como yo.
11/02/2004
El hombre franquicia
Estos días he dedicado parte de mi tiempo libre a la reescritura de un artículo que había sido dañado en el descuido vírico que sufrí hace un par de semanas. Se publicará, íntegro, en Terror Universal pero como adelanto, aquí os dejo el texto de Introducción:
"John Carpenter es un cineasta atípico. Ganador de un Oscar en su edad escolar, astuto acaparador de las soluciones narrativas promulgadas por el gran Howard Hawks (que le convierte, todavía, en el gran continuador de su filmografía), el director ha volcado la mayor parte de su obra cinematográfica en el ámbito del género fantástico hasta convertirse en uno de sus maestros más destacados, en una leyenda viva.

Ninguneado por la crítica norteamericana (que no ven más allá de... su condición de artesano de género) en sus comienzos; de admiración creciente, sin embargo, en el resto de paises (en especial Francia –aunque en menor medida que otros compañeros de generación como David Cronenberg o Brian de Palma-) su filmografía aporta al cine de género, como casi ninguna otra, un sello personal inconfundible (scores, atmósfera sombría, composición de plano, eficacia narrativa) capaz incluso de génerar sobre su futura obra cinematográfica una creciente espectación, una ansiedad por conocer los neologismos conceptuales que el director norteamericano introducirá en su nueva aproximación al Cine Fantástico.
Aleatoriamente aparejado con las productoras de la mayor parte de sus filmes (Sandy King y Debra Hill), y con la seguridad que le ha dado hacer de su nombre una franquicia recurrente (la célebre John Carpenter’s), J. C. se ha convertido en uno de los pocos autores norteamericanos capaz de encauzar su carrera hacia un estadio de coherencia de naturaleza inusual en unas tierras norteamericanas demasiado acostumbradas a invertir en oportunismos y modismos zafios.
Pero lo más destacado de la cinematografía del director norteamericano es que siendo, como se ha dicho, un director circunscrito al género fanta-terrorífico y de ciencia ficción, J.C. ha logrado desplazarse por todos los recovecos del género (desde el Slasher -Halloween- hasta el Terror Claustrofóbico -The Thing-, pasando por el cine de Vampiros -Vampire$-, la fábula distópica de ciencia ficción -Escape from New York- o el cine de alienígenas, hostiles -They Live- o no -Starman) hasta proponer, de todos ellos, una vuelta de tuerca, un punto de vista novedoso que convierte a su Cine (una filmografía preñada de múltiples referencias cinéfilas) en un Cine (de Autor) innovador y sumamente elogiable.
En esta pausa (¿por problemas de salud?) en la que parecen haberse instalado los delirios creativos del cineasta, no está de más recordar la brillante aportación de J.C. al, tantas veces, denostado género Fantástico .

"John Carpenter es un cineasta atípico. Ganador de un Oscar en su edad escolar, astuto acaparador de las soluciones narrativas promulgadas por el gran Howard Hawks (que le convierte, todavía, en el gran continuador de su filmografía), el director ha volcado la mayor parte de su obra cinematográfica en el ámbito del género fantástico hasta convertirse en uno de sus maestros más destacados, en una leyenda viva.

Ninguneado por la crítica norteamericana (que no ven más allá de... su condición de artesano de género) en sus comienzos; de admiración creciente, sin embargo, en el resto de paises (en especial Francia –aunque en menor medida que otros compañeros de generación como David Cronenberg o Brian de Palma-) su filmografía aporta al cine de género, como casi ninguna otra, un sello personal inconfundible (scores, atmósfera sombría, composición de plano, eficacia narrativa) capaz incluso de génerar sobre su futura obra cinematográfica una creciente espectación, una ansiedad por conocer los neologismos conceptuales que el director norteamericano introducirá en su nueva aproximación al Cine Fantástico.
Aleatoriamente aparejado con las productoras de la mayor parte de sus filmes (Sandy King y Debra Hill), y con la seguridad que le ha dado hacer de su nombre una franquicia recurrente (la célebre John Carpenter’s), J. C. se ha convertido en uno de los pocos autores norteamericanos capaz de encauzar su carrera hacia un estadio de coherencia de naturaleza inusual en unas tierras norteamericanas demasiado acostumbradas a invertir en oportunismos y modismos zafios.
Pero lo más destacado de la cinematografía del director norteamericano es que siendo, como se ha dicho, un director circunscrito al género fanta-terrorífico y de ciencia ficción, J.C. ha logrado desplazarse por todos los recovecos del género (desde el Slasher -Halloween- hasta el Terror Claustrofóbico -The Thing-, pasando por el cine de Vampiros -Vampire$-, la fábula distópica de ciencia ficción -Escape from New York- o el cine de alienígenas, hostiles -They Live- o no -Starman) hasta proponer, de todos ellos, una vuelta de tuerca, un punto de vista novedoso que convierte a su Cine (una filmografía preñada de múltiples referencias cinéfilas) en un Cine (de Autor) innovador y sumamente elogiable.
En esta pausa (¿por problemas de salud?) en la que parecen haberse instalado los delirios creativos del cineasta, no está de más recordar la brillante aportación de J.C. al, tantas veces, denostado género Fantástico .

11/02/2004 20:28 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
13/02/2004
Monstruos humanos
Pocos monstruos pueden presumir de existencia más trágica que el Monstruo creado por Victor Frankenstein.

Prohombre adherido a un cuerpo que la sociedad repudia, aprende de la observación de los humanos a los que espía que el único vínculo que puede estacionarlo en el mundo de los hombres es el amor.
Pero…
Sufre en sus carnes el desprecio de su creador, de su reflejo en el agua, y de la sociedad que lo acomoda. Y, acorralado, se convierte en un ser maldito, el monstruo al que todos temen.
El Cine y la novela de Mary Shelley al menos coincidieron en la esencia: sólo hallaremos la felicidad inmersos en un mundo que nos comprenda.
Que comprendamos.
Feliz Viernes 13, y cuidado con el amigo Jason. No sabe nada de Victor Frankenstein, de Mary Shelley, ni de Kenneth Brannagh, Jimmy Sangster, Terence Fisher, Rowland W. Lee o James Whale. Pero me cuentan que ya se está cansando de Fresita.

Prohombre adherido a un cuerpo que la sociedad repudia, aprende de la observación de los humanos a los que espía que el único vínculo que puede estacionarlo en el mundo de los hombres es el amor.
Pero…
Sufre en sus carnes el desprecio de su creador, de su reflejo en el agua, y de la sociedad que lo acomoda. Y, acorralado, se convierte en un ser maldito, el monstruo al que todos temen.
El Cine y la novela de Mary Shelley al menos coincidieron en la esencia: sólo hallaremos la felicidad inmersos en un mundo que nos comprenda.
Que comprendamos.
Feliz Viernes 13, y cuidado con el amigo Jason. No sabe nada de Victor Frankenstein, de Mary Shelley, ni de Kenneth Brannagh, Jimmy Sangster, Terence Fisher, Rowland W. Lee o James Whale. Pero me cuentan que ya se está cansando de Fresita.
14/02/2004
La Noche del Cazador
Es una de esas películas que ganan adeptos con el paso de los años... Leed a Emilio Toibero en Otro Campo, a Jose David Cáceres en Miradas de Cine o a Manuel Márquez en Canalcine y seguro entenderéis porqué.

Leaning; Leaning on the Everlasting Arms...
Leaning; leaning on the Everlasting Arms...

Leaning; Leaning on the Everlasting Arms...
Leaning; leaning on the Everlasting Arms...
15/02/2004
El Poder del Cine
Repitió la anécdota más de una vez, incluso con imágenes ilustrativas en un famoso documental retrospectivo. Es Cine en estado puro en palabras de Hitchcock :
“ Un tipo en primer plano. Vamos a ver lo que está viendo. Supongamos que ve a una mujer con un bebé en los brazos. Ahora cortamos y recogemos su reacción ante lo que ve: él sonríe. ¿Cómo es el personaje? Es un hombre agradable, simpático… Ahora vamos a colocar un plano de una chica en bikini. Él mira. La chica en bikini. Él sonríe… ¿Qué nos parece ahora? Un viejo verde. Ya no es el mismo caballero a quien le gustaban los bebés. Ése es, para mí, el poder del cine ”

“ Un tipo en primer plano. Vamos a ver lo que está viendo. Supongamos que ve a una mujer con un bebé en los brazos. Ahora cortamos y recogemos su reacción ante lo que ve: él sonríe. ¿Cómo es el personaje? Es un hombre agradable, simpático… Ahora vamos a colocar un plano de una chica en bikini. Él mira. La chica en bikini. Él sonríe… ¿Qué nos parece ahora? Un viejo verde. Ya no es el mismo caballero a quien le gustaban los bebés. Ése es, para mí, el poder del cine ”

17/02/2004
Encadenados I
Hace poco más de 100 años, lo que hoy representa el Cine no era más que una quimera, el anhelo de unos pocos que buscaban materializar en soporte filmográfico el lenguaje de los sueños...
Cuando unos empresarios decidieron crear una industria alrededor de aquella extravagante forma de expresión artística, y una vez que el propio arte cinematográfico se había aventurado a poseer un lenguaje propio (aun evolucionado de la fotografía o la literatura), lo hacían a sabiendas de que, tarde o temprano, esa quimera tendría que hacerse realidad. Amparada en aquella hipótesis descabellada, la Realidad comenzó a ser productiva. Hoy día podemos denominarla Primera Quimera de Oro cinematográfica.
La segunda, ya puestos en el tema, la ideó uno de los mas destacados (y mordaces) artistas del Cine, Charles Chaplin, quien allá en 1925, contó la historia de un vagabundo de inspiración romántica que en su búsqueda del dorado metal, en
tierras californianas, halló el sentido de su propia vida.

No sería el primero ni el último en afrontar tamaña hazaña.
(Continuará...)
Cuando unos empresarios decidieron crear una industria alrededor de aquella extravagante forma de expresión artística, y una vez que el propio arte cinematográfico se había aventurado a poseer un lenguaje propio (aun evolucionado de la fotografía o la literatura), lo hacían a sabiendas de que, tarde o temprano, esa quimera tendría que hacerse realidad. Amparada en aquella hipótesis descabellada, la Realidad comenzó a ser productiva. Hoy día podemos denominarla Primera Quimera de Oro cinematográfica.
La segunda, ya puestos en el tema, la ideó uno de los mas destacados (y mordaces) artistas del Cine, Charles Chaplin, quien allá en 1925, contó la historia de un vagabundo de inspiración romántica que en su búsqueda del dorado metal, en
tierras californianas, halló el sentido de su propia vida.

No sería el primero ni el último en afrontar tamaña hazaña.
(Continuará...)
18/02/2004
Encadenados II
Tal y como os anunciaba en el post anterior, el vagabundo de The Gold Rush no había sido el primero pero, sobretodo, no será el último en dejar todo tras de sí en búsqueda de metales preciosos. Siguiendo su estela afortunada el protagonista de Las Minas del Rey Salomón (1950), cazador superviviente en África, se sumerge en la búsqueda de un explorador por cuenta de la mujer de éste (quien le acompaña en su búsqueda) y tras sufrir una ingente cantidad de peligros culminará su aventura frente a la mina de diamantes que da título al film. Hablamos, claro está, del personaje creado por H. Rider Haggard: Allan Quatermain.
Quatermain es un apellido de gran calado cinéfilo que, por distorsión, nuestro subconsciente entronca con la primera gran obra que la Factoría Hammer dedicó al ámbito fantástico: El Experimento del Dr. Quatermass (adaptación cinematográfica del serial televisivo de la BBC creado por Nigel Kneale en 1953). Este film, al que le seguirían dos secuelas más: The X-Unknow y Quatermass and the Pit (sin duda, uno de las mejores cintas de ciencia ficción alienígena)convencería a la productora británica (y las cuentas bancarias de sus socios) de la necesidad de especializarse en un cine de género que acabaría cautivando a millones de personas a lo largo y ancho del planeta: el Fantástico.

Será precisamente uno de aquellos cautivados fans, John Carpenter, quien en 1987 y en plena postproducción de El Príncipe de las Tinieblas, se atrevió a firmar el montaje de su film con el sugerente nombre de, ¿lo adivináis?, Martin Quatermass… ¿Y en homenaje a quién?
Al Cine, naturalmente.
(continuará)
Quatermain es un apellido de gran calado cinéfilo que, por distorsión, nuestro subconsciente entronca con la primera gran obra que la Factoría Hammer dedicó al ámbito fantástico: El Experimento del Dr. Quatermass (adaptación cinematográfica del serial televisivo de la BBC creado por Nigel Kneale en 1953). Este film, al que le seguirían dos secuelas más: The X-Unknow y Quatermass and the Pit (sin duda, uno de las mejores cintas de ciencia ficción alienígena)convencería a la productora británica (y las cuentas bancarias de sus socios) de la necesidad de especializarse en un cine de género que acabaría cautivando a millones de personas a lo largo y ancho del planeta: el Fantástico.

Será precisamente uno de aquellos cautivados fans, John Carpenter, quien en 1987 y en plena postproducción de El Príncipe de las Tinieblas, se atrevió a firmar el montaje de su film con el sugerente nombre de, ¿lo adivináis?, Martin Quatermass… ¿Y en homenaje a quién?
Al Cine, naturalmente.
(continuará)
19/02/2004
Encadenados (y III)
La ascensión de John Carpenter se la debe al éxito que en Europa consiguió la película Asalto en la Comisaría del Distrito 13, en una campaña de distribución exitosa que dirigió un tipo que a Carpenter le cayó simpático: Michael Myers.
Y sí. Michael Myers fue el nombre que John Carpenter puso al Asesino en Serie que protagonizó el film: La Noche de Halloween, precursora del slasher teen y película de serie B más taquillera de los tiempos hasta bien entrada la década de los noventa, y que propició toda una oleada de imitaciones (Viernes 13), secuelas (Sanguinario!) y homenajes: el más evidente, el que le propiciaría Kevin Williamson en Scream, que directamente vuelve a remitirnos a Halloween y a su protagonista principal, Jamie Lee Curtis, hija de Tony Curtis (quien a su vez había sido protagonista psicopático de un celebre film de Richard Fleisher: El Estrangulador de Boston) y Janet Leigh (la primera víctima de Norman Bates en Psicosis y autora de uno de los gritos más recordados de la historia del género).
Tanto El Estrangulador de Boston como Psicosis tienen en común el protagonismo de un serial killer de apariencia bondadosa y actitud cruel. Será precisamente Psicosis, una historia ideada inicialmente para la televisión, la que asienta en el subconsciente cinéfilo el termino psychokiller. Pero el propio Hitchcock ya había trabajado el género de los asesinos en serie anteriormente con uno de sus obras más inspiradas (si cabe): La sombra de una duda.
Lo que no cabe duda es que a Hitchcock le debe el Cine la invención del término McGuffin para definir el entramado superficial, y efectista, que sirve para ocultar un entramado sugerido, y seguramente más atractivo para el cinéfilo. Es Notorious (Encadenados), el film que protagonizaron Ingrid Bergman y Cary Grant, el paradigma de esta concepción, cuyo eje narrativo lo centra el tráfico de Uranio por parte de un grupúsculo de Nazis, pero paralelamente se gusta por poseer una de las historias de amor mejor narradas y más apasionantes de la filmografía del oriundo director nacido en Gran Bretaña que, al igual que Chaplin nacionalizado estadounidense, decidió dedicarse al Cine para poder conquistar su quimera.

Nuestra quimera.
Y sí. Michael Myers fue el nombre que John Carpenter puso al Asesino en Serie que protagonizó el film: La Noche de Halloween, precursora del slasher teen y película de serie B más taquillera de los tiempos hasta bien entrada la década de los noventa, y que propició toda una oleada de imitaciones (Viernes 13), secuelas (Sanguinario!) y homenajes: el más evidente, el que le propiciaría Kevin Williamson en Scream, que directamente vuelve a remitirnos a Halloween y a su protagonista principal, Jamie Lee Curtis, hija de Tony Curtis (quien a su vez había sido protagonista psicopático de un celebre film de Richard Fleisher: El Estrangulador de Boston) y Janet Leigh (la primera víctima de Norman Bates en Psicosis y autora de uno de los gritos más recordados de la historia del género).
Tanto El Estrangulador de Boston como Psicosis tienen en común el protagonismo de un serial killer de apariencia bondadosa y actitud cruel. Será precisamente Psicosis, una historia ideada inicialmente para la televisión, la que asienta en el subconsciente cinéfilo el termino psychokiller. Pero el propio Hitchcock ya había trabajado el género de los asesinos en serie anteriormente con uno de sus obras más inspiradas (si cabe): La sombra de una duda.
Lo que no cabe duda es que a Hitchcock le debe el Cine la invención del término McGuffin para definir el entramado superficial, y efectista, que sirve para ocultar un entramado sugerido, y seguramente más atractivo para el cinéfilo. Es Notorious (Encadenados), el film que protagonizaron Ingrid Bergman y Cary Grant, el paradigma de esta concepción, cuyo eje narrativo lo centra el tráfico de Uranio por parte de un grupúsculo de Nazis, pero paralelamente se gusta por poseer una de las historias de amor mejor narradas y más apasionantes de la filmografía del oriundo director nacido en Gran Bretaña que, al igual que Chaplin nacionalizado estadounidense, decidió dedicarse al Cine para poder conquistar su quimera.

Nuestra quimera.
21/02/2004
Urbes Obscuras
"Cuando las urbes sueñan con la postmodernidad"" es un excelente e instruido artículo (atención a las muy informativas notas a pie de página) de Julio Angel Olivares Merino que constituye la urdimbre de aquello, que en aplicación de la más estricta subjetividad, he categorizado como "Lo mejor de la Web".

El aliciente: que después de haberlo leído te entran ganas de volver a ver Dark City, nada más y nada menos, la propuesta de Ciencia Ficción distópica más perspicaz y vanguardista de la última década.

El aliciente: que después de haberlo leído te entran ganas de volver a ver Dark City, nada más y nada menos, la propuesta de Ciencia Ficción distópica más perspicaz y vanguardista de la última década.
22/02/2004
Cuando Val Guest dominaba la Tierra
Hoy me apetecía hablar de Val Guest, un director semi-desconocido, pero no por ello menos personal, a propósito del visionado de uno de los filmes predilectos –imagino- de Rob Bottin: Cuando los Dinosaurios Dominaban la Tierra.
Director de la primera incursión de la Hammer en el ámbito fantástico, fue junto con el gran Terence Fisher, uno de los pioneros soportes creativos a sueldo de la productora británica. Su ego responde en los títulos de crédito de El Experimento del Dr. Quatermass, Quatermass II, y El día que la Tierra se incendió/The Day the Earth Caught Fire (todas ellas acompañadas de una agraciada fotografía en blanco y negro).
El éxito de aquellos filmes, más la secuela de Hace un millón de Años de la que os hablaba, propiciaron su participación en la poca exitosa Casino Royale, una película que parodiaba con exceso de verborrea y poco sentido del humor el universo (por aquel entonces, aun no del todo asentado) de la serie Bond.

Después, el paso del tiempo y el trabajo rutinario para un par de productoras televisivas se aliaron para dejar en el abandono a un tipo como Val Guest, no lo olvidemos, el tipo que puso ese collar de dientes a la no menos olvidada, Victoria Vetri.
Director de la primera incursión de la Hammer en el ámbito fantástico, fue junto con el gran Terence Fisher, uno de los pioneros soportes creativos a sueldo de la productora británica. Su ego responde en los títulos de crédito de El Experimento del Dr. Quatermass, Quatermass II, y El día que la Tierra se incendió/The Day the Earth Caught Fire (todas ellas acompañadas de una agraciada fotografía en blanco y negro).
El éxito de aquellos filmes, más la secuela de Hace un millón de Años de la que os hablaba, propiciaron su participación en la poca exitosa Casino Royale, una película que parodiaba con exceso de verborrea y poco sentido del humor el universo (por aquel entonces, aun no del todo asentado) de la serie Bond.

Después, el paso del tiempo y el trabajo rutinario para un par de productoras televisivas se aliaron para dejar en el abandono a un tipo como Val Guest, no lo olvidemos, el tipo que puso ese collar de dientes a la no menos olvidada, Victoria Vetri.
23/02/2004
El muerto y su sombra
This is the story of a man named Hutter and his wife Ellen...
Pero no sólo eso. También es uno de los films más paradigmáticos de la edad de oro del expresionismo y una de las obras más brillantes de un director que apenas si pudo ser testigo de la repercusión historicista que adquiriría el conjunto de su breve carrera.
Es Nosferatu, puro Cine: fotografía pasional en movimiento.

(Leer artículo de Images of Journal, en inglés, aquí)
Pero no sólo eso. También es uno de los films más paradigmáticos de la edad de oro del expresionismo y una de las obras más brillantes de un director que apenas si pudo ser testigo de la repercusión historicista que adquiriría el conjunto de su breve carrera.
Es Nosferatu, puro Cine: fotografía pasional en movimiento.

(Leer artículo de Images of Journal, en inglés, aquí)
24/02/2004
Dime de qué te disfrazas...
Tony Curtis y Jack Lemmon perseguidos por los gángsters; Robin Williams asimilado a un padre que busca recuperar el amor de su hijo; un periodista con la voz de Dustin Hoffman que pretende hacerse un hueco ante las cámaras de televisión revirtiendo las reglas de la Naturaleza...
La Reina Amidala vestida de Padme acudiendo a un mercado de jedis de segunda mano; Frodo y Sam emparentados con el ropaje de los orcos en la inmediaciones de Mordor; Welles disfrazado de cadáver desaparecido en las alcantarillas de Viena; Nicholson suplantando el rol de un orate en el manicomio del Infierno; Mitchum disfrazado de párroco adicto a aquello del dejar-que-las-viudas-se-acerquen-a-mí...

Ninguno necesitó de Martes de Carnaval para congraciarse con su otro yo. Y no, ninguno de éstos podrá superar la apostura y gracejo de los disfraces de Mortadelo.
Del Mortadelo de Ibáñez, naturalmente.
La Reina Amidala vestida de Padme acudiendo a un mercado de jedis de segunda mano; Frodo y Sam emparentados con el ropaje de los orcos en la inmediaciones de Mordor; Welles disfrazado de cadáver desaparecido en las alcantarillas de Viena; Nicholson suplantando el rol de un orate en el manicomio del Infierno; Mitchum disfrazado de párroco adicto a aquello del dejar-que-las-viudas-se-acerquen-a-mí...

Ninguno necesitó de Martes de Carnaval para congraciarse con su otro yo. Y no, ninguno de éstos podrá superar la apostura y gracejo de los disfraces de Mortadelo.
Del Mortadelo de Ibáñez, naturalmente.
26/02/2004
Lluvia en el Corazón
En Oficialsites.com pueden leerse frases de cine ciertamente recurrentes. No os perdáis ésta, según dicen, extraída del guión de El mismo amor, la misma lluvia:
"Perder a alguien por miedo. Dejar pasar el amor de verdad por temor al dolor. Malgastar la existencia y el talento en un trabajo absurdo. Guiarse por la esperanza y no por la experiencia. ¿La vida? La vida es eso que discurre mientras tratas de averiguar qué es la vida, soltó John Lennon. Se vive en un país en el que suceden cosas. Las cosas pasan y quedan en los libros de Historia. La historia personal la conforman recuerdos y personas. Las personas van y vienen. Hasta que una noche de lluvia quedan grabadas a fuego en el corazón."
Mejor que Allen, ya véis.
"Perder a alguien por miedo. Dejar pasar el amor de verdad por temor al dolor. Malgastar la existencia y el talento en un trabajo absurdo. Guiarse por la esperanza y no por la experiencia. ¿La vida? La vida es eso que discurre mientras tratas de averiguar qué es la vida, soltó John Lennon. Se vive en un país en el que suceden cosas. Las cosas pasan y quedan en los libros de Historia. La historia personal la conforman recuerdos y personas. Las personas van y vienen. Hasta que una noche de lluvia quedan grabadas a fuego en el corazón."
Mejor que Allen, ya véis.
27/02/2004
Remakes apócrifos
Parece ser cierto que Naomi Watts será la protagonista de la nueva versión de King Kong que el orondo director neozelandés Peter Jackson pretende estrenar en las postrimerías del año 2005 (no penséis que es mucho, que el tiempo vuela).

Pues vale. Me niego a pertenecer al bastión de los que odian-los-remakes-por-costumbre así que, habida cuenta de que no ha sido Rene Zellweger la elegida para sustituir a Fay Wray, no se me ocurre otro motivo para sojuzgar un film que aun no he visto.
Y ahí voy: es curioso que aquellos que lanzan exabruptos por doquier cuando algún autor comete el sacrilegio de adaptar la obra de otro, se olvida de que todo el mundo cultural tiene su génesis en la multirreferencia y en la reciprocidad. Del mismo modo que no existe conocimiento que no se base en otro anterior, parece difícil admitir que una obra contemporánea pueda existir sin un referente (consciente o inconsciente) anterior. No quiero decir, sin embargo, que formen parte de mi catálogo de preferencias films tan poco estimulantes como Psycho, La Jaula de los Grillos o Vanilla Sky. Pero tampoco puedo negar de alguno de estos filmes una cierta insolencia formal, un riesgo derivado de la afrenta que supone transformar el talante creativo de otro a tu propio Universo. Además, el director adaptador se somete a juicio de comparación y se sabe obligado de dar su propia visión sobre una historia que ya existe (cuestión de consecuencias imprevisibles como bien se puede comprobar de El Planeta de los Simios).
Y lanzo un reto: ¿a ver quién se atreve a hacer un remake de un film de David Cronenberg?
(Continuará...)

Pues vale. Me niego a pertenecer al bastión de los que odian-los-remakes-por-costumbre así que, habida cuenta de que no ha sido Rene Zellweger la elegida para sustituir a Fay Wray, no se me ocurre otro motivo para sojuzgar un film que aun no he visto.
Y ahí voy: es curioso que aquellos que lanzan exabruptos por doquier cuando algún autor comete el sacrilegio de adaptar la obra de otro, se olvida de que todo el mundo cultural tiene su génesis en la multirreferencia y en la reciprocidad. Del mismo modo que no existe conocimiento que no se base en otro anterior, parece difícil admitir que una obra contemporánea pueda existir sin un referente (consciente o inconsciente) anterior. No quiero decir, sin embargo, que formen parte de mi catálogo de preferencias films tan poco estimulantes como Psycho, La Jaula de los Grillos o Vanilla Sky. Pero tampoco puedo negar de alguno de estos filmes una cierta insolencia formal, un riesgo derivado de la afrenta que supone transformar el talante creativo de otro a tu propio Universo. Además, el director adaptador se somete a juicio de comparación y se sabe obligado de dar su propia visión sobre una historia que ya existe (cuestión de consecuencias imprevisibles como bien se puede comprobar de El Planeta de los Simios).
Y lanzo un reto: ¿a ver quién se atreve a hacer un remake de un film de David Cronenberg?
(Continuará...)
28/02/2004
La Cuenta Atrás
Queda un día para la Ceremonia de los Oscars y, lo admitamos o no, suele ser un tema recurrente en los debates cinéfilos de el día después. Y esto sucede año tras año. Me apetece poneros aquí la Crónica de la pasada edición, escrita un 24 de marzo, en un contexto marciano que ahora nos parece muy, muy lejano:

Son los óscars unos premios contradictorios. Por un lado no me interesan en absoluto, y de otro, siempre acabo escribiendo de su resultado. En este caso, además, la contradicción se extendió al desarrollo de toda la ceremonia (palmarés incluido). Me explico:
En estos días inciertos se hieren personas con “fuego amigo”; las muertes se denominan “daños colaterales”; los Presidentes del Gobierno “condenan el pacifismo”; las bombas son “inteligentes”; el Ministro del Interior se santigua por actos violentos esporádicos que los Ministros de Exteriores consienten (en el exterior, eso sí) en forma de bombardeos masivos; los ataques unilaterales se redenominan “guerras preventivas” (¿qué prevén?, ¿la guerra?, ¿quienes son los precogniscentes?); se nomina (pido disculpas a la RAE) a Renne Zellweger como “mejor actriz del año...”. Si Groucho Marx levantara la cabeza no haría películas sino documentales. La realidad supera su sarcasmo. Y Luis Buñuel de
camino al paro, naturalmente (¡ah, perdón!, que no hay paro).
En este contexto historicista, la ceremonia transcurrió por el ámbito de la expectativa. Se esperaba una entrada de famosos funesta, con trajes cautelosos, mohínes serios, falta de glamour y fue más de lo mismo pero con menos metros de alfombra roja y algún vestido negro que, como contrapunto, servía para adelgazar envergaduras (exageradamente en algún caso australiano que todos podimos comprobar). Se esperaba también algo más que una palomilla plateada en la solapa (que se asimilaba a una joya, un adorno más); que Susan Sarandon se saliera más del guión; que otros se unieran a su causa. Se esperaba, en definitiva, una versión light (el “lightismo” es un invento norteamericano, no hay que olvidarlo) de esa ceremonia (irrepetible) goyesca que sirvió para reunir a los artistas españoles en torno al círculo del compromiso. Pero todo parecía impostado: 45 segundos para invertir en loas egocéntricas, agradecimientos al entorno (¿alguien contó las veces que se dio las gracias a Miramax?) y demás manifestaciones, dejaban muy poco espacio para la reivindicación (¡Ole los cojones -que me perdone también Halle Berry que no voy por ahí- de Adrien Brody!: se alargó todo lo que quiso, mandó callar a la banda de música del “saboteador” Bill Conti, soltó unas lágrimas en pro de la paz y, aprovechando el viaje –y para rehuir cualquier blacklist improvisada-, se acordó de un soldado amigo suyo que pierde su tiempo en la retaguardia kuwaití). Así las cosas, los premios “menores” (con todos mis respetos para los directores artísticos, ambientadores, trajeadores, técnicos de sonido y demás miembros de los títulos de crédito que sólo unos pocos leemos) sirvieron para sumergir la ceremonia en las marismas del tedio de la misma forma que se le negaban al film
de Scorsese los óscars que más merecía. (Eso sí: óscar para el ausente Mizayagi; para Eminem, para Golldenthal; para Conrad Hall hijo –¡Demonios!, ¿dónde se quedaron el resto de las nominaciones de Road to Perdition? ¿la habrán visto los
nominadores oficiales de la academia?)
Y en esto apareció Michael Moore y provocó el espasmo colectivo de una platea que convirtió los aplausos del principio en abucheos surrealistas (y yo, ingenuo de mí, seguía pensando en que al final llegarían las reivindicaciones). Lo mejor, el acertado y, por desgracia realista, comentario de Steve Martín. Lo peor, que se tilde de orate al más cuerdo (y empático) de todos los que acudieron a la gala.
Y llegó el “momento Almodovar” que diría aquel. Y ganó su segundo óscar. ¿Por qué sigo sin soportar su cine? ¿Qué he hecho yo para esooo? Y amortizó como nadie los 45 segundos (implicitud, que es lo que más añoro yo de su cine). En fin: yo siempre preferí “Y tu mamá también” de Alfonso Cuarón (una road movie sorprendente que hay que ver subtitulada para captar en toda su intensidad), pero igual sirve este galardón para conciliarme, al menos, con la última parte de su filmografía del manchego (aunque soy poco optimista al respecto).
Y llegó el “momento Polanski”. Lo mejor de una noche rutinaria donde los alemanes no subieron a recoger su óscar (bueno, aquí quizás sea coherencia). Para mí fue el gran triunfador, aún ausente. ¿Mejor guión adaptado, mejor director, mejor actor principal, no hacen la mejor película..? Y encima lo merecía. Lo dicho. Una ceremonia, íntegramente, contradictoria.
Siempre nos quedará... seguir protestando" .
Uff!, como pasa el tiempo...

Son los óscars unos premios contradictorios. Por un lado no me interesan en absoluto, y de otro, siempre acabo escribiendo de su resultado. En este caso, además, la contradicción se extendió al desarrollo de toda la ceremonia (palmarés incluido). Me explico:
En estos días inciertos se hieren personas con “fuego amigo”; las muertes se denominan “daños colaterales”; los Presidentes del Gobierno “condenan el pacifismo”; las bombas son “inteligentes”; el Ministro del Interior se santigua por actos violentos esporádicos que los Ministros de Exteriores consienten (en el exterior, eso sí) en forma de bombardeos masivos; los ataques unilaterales se redenominan “guerras preventivas” (¿qué prevén?, ¿la guerra?, ¿quienes son los precogniscentes?); se nomina (pido disculpas a la RAE) a Renne Zellweger como “mejor actriz del año...”. Si Groucho Marx levantara la cabeza no haría películas sino documentales. La realidad supera su sarcasmo. Y Luis Buñuel de
camino al paro, naturalmente (¡ah, perdón!, que no hay paro).
En este contexto historicista, la ceremonia transcurrió por el ámbito de la expectativa. Se esperaba una entrada de famosos funesta, con trajes cautelosos, mohínes serios, falta de glamour y fue más de lo mismo pero con menos metros de alfombra roja y algún vestido negro que, como contrapunto, servía para adelgazar envergaduras (exageradamente en algún caso australiano que todos podimos comprobar). Se esperaba también algo más que una palomilla plateada en la solapa (que se asimilaba a una joya, un adorno más); que Susan Sarandon se saliera más del guión; que otros se unieran a su causa. Se esperaba, en definitiva, una versión light (el “lightismo” es un invento norteamericano, no hay que olvidarlo) de esa ceremonia (irrepetible) goyesca que sirvió para reunir a los artistas españoles en torno al círculo del compromiso. Pero todo parecía impostado: 45 segundos para invertir en loas egocéntricas, agradecimientos al entorno (¿alguien contó las veces que se dio las gracias a Miramax?) y demás manifestaciones, dejaban muy poco espacio para la reivindicación (¡Ole los cojones -que me perdone también Halle Berry que no voy por ahí- de Adrien Brody!: se alargó todo lo que quiso, mandó callar a la banda de música del “saboteador” Bill Conti, soltó unas lágrimas en pro de la paz y, aprovechando el viaje –y para rehuir cualquier blacklist improvisada-, se acordó de un soldado amigo suyo que pierde su tiempo en la retaguardia kuwaití). Así las cosas, los premios “menores” (con todos mis respetos para los directores artísticos, ambientadores, trajeadores, técnicos de sonido y demás miembros de los títulos de crédito que sólo unos pocos leemos) sirvieron para sumergir la ceremonia en las marismas del tedio de la misma forma que se le negaban al film
de Scorsese los óscars que más merecía. (Eso sí: óscar para el ausente Mizayagi; para Eminem, para Golldenthal; para Conrad Hall hijo –¡Demonios!, ¿dónde se quedaron el resto de las nominaciones de Road to Perdition? ¿la habrán visto los
nominadores oficiales de la academia?)
Y en esto apareció Michael Moore y provocó el espasmo colectivo de una platea que convirtió los aplausos del principio en abucheos surrealistas (y yo, ingenuo de mí, seguía pensando en que al final llegarían las reivindicaciones). Lo mejor, el acertado y, por desgracia realista, comentario de Steve Martín. Lo peor, que se tilde de orate al más cuerdo (y empático) de todos los que acudieron a la gala.
Y llegó el “momento Almodovar” que diría aquel. Y ganó su segundo óscar. ¿Por qué sigo sin soportar su cine? ¿Qué he hecho yo para esooo? Y amortizó como nadie los 45 segundos (implicitud, que es lo que más añoro yo de su cine). En fin: yo siempre preferí “Y tu mamá también” de Alfonso Cuarón (una road movie sorprendente que hay que ver subtitulada para captar en toda su intensidad), pero igual sirve este galardón para conciliarme, al menos, con la última parte de su filmografía del manchego (aunque soy poco optimista al respecto).
Y llegó el “momento Polanski”. Lo mejor de una noche rutinaria donde los alemanes no subieron a recoger su óscar (bueno, aquí quizás sea coherencia). Para mí fue el gran triunfador, aún ausente. ¿Mejor guión adaptado, mejor director, mejor actor principal, no hacen la mejor película..? Y encima lo merecía. Lo dicho. Una ceremonia, íntegramente, contradictoria.
Siempre nos quedará... seguir protestando" .
Uff!, como pasa el tiempo...
29/02/2004
Evaluación positiva
Mes 3. Día 1.
La evaluación del presente mes sigue siendo positiva, así que, al menos, puedo decir que seguiré otro mes más. Próxima revisión: el día 31.
Mientras tanto, queda disfrutar de los Oscars (TM) (Lista de ganadores). Y para los que les guste la buena cocina ahí se queda una recomendación, Zatoichi, seguramente, una de las propuestas cinéfilas más estimulantes del año.
Aun me dura la emoción.
La evaluación del presente mes sigue siendo positiva, así que, al menos, puedo decir que seguiré otro mes más. Próxima revisión: el día 31.
Mientras tanto, queda disfrutar de los Oscars (TM) (Lista de ganadores). Y para los que les guste la buena cocina ahí se queda una recomendación, Zatoichi, seguramente, una de las propuestas cinéfilas más estimulantes del año.
Aun me dura la emoción.
29/02/2004 07:55 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.











