Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2004.
El Cronicón II: El Retorno
¡Toc, toc!, ¿se puede?
A empezar de nuevo toca. La verdad es que han pasado muchas cosas pero otro día comenzaré con el culebrón. Mientras llega, éste sigue siendo un blog de Cine y a eso vamos:
Ya me he enterado de que La Linterna Mágica cierra sus puertas. Una lástima. Era una visita ciertamente indispensable. Pedro, gracias por tus textos. Pero hay más: el Dr. Strangelove se ha transmutado en una simbiosis del Agente Cooper (Kyle McChalan en Twin Peaks) y no sólo ha dado color a su blog sino que lo ha cambiado de dirección (ya está el link corregido). Lo mejor es que sigue siendo el mismo. Lo peor es que tengo un montón de (largos) post pendientes de leer. Nada que no se arregle con tiempo y salud :P
Y muchas gracias a Luis y a la peña de Más te digopor sus palabras y promoción. Nos leemos, tío.
En fin, a ver Cine que es de lo que se trata esto. Mañana, si se puede, más.
A empezar de nuevo toca. La verdad es que han pasado muchas cosas pero otro día comenzaré con el culebrón. Mientras llega, éste sigue siendo un blog de Cine y a eso vamos:
Ya me he enterado de que La Linterna Mágica cierra sus puertas. Una lástima. Era una visita ciertamente indispensable. Pedro, gracias por tus textos. Pero hay más: el Dr. Strangelove se ha transmutado en una simbiosis del Agente Cooper (Kyle McChalan en Twin Peaks) y no sólo ha dado color a su blog sino que lo ha cambiado de dirección (ya está el link corregido). Lo mejor es que sigue siendo el mismo. Lo peor es que tengo un montón de (largos) post pendientes de leer. Nada que no se arregle con tiempo y salud :P
Y muchas gracias a Luis y a la peña de Más te digopor sus palabras y promoción. Nos leemos, tío.
En fin, a ver Cine que es de lo que se trata esto. Mañana, si se puede, más.
13/07/2004 20:41 Enlace permanente. Hay 6 comentarios.
La hora de la araña
Es La Hora de la Araña. No, no me refiero a aquella película protagonizada por Morgan Freeman (abreviador título español del Along Come a Spider Along Come a Spider original). Y, por descontado, no me refiero a la Intertoto Cup que, a partir del sábado, los pupilos de Carlos Ferrando en el Atlético de Madrid intentarán capturar, parece mentira en un equipo de fútbol, disfrazados de telarañas con ojos.
Es, mejor dicho: debería ser la hora de hablar de Spiderman 2, de los fascinantes efectos visuales que rodean su postproducción, del protagonismo del Dr. Octopus, otrora, el único malo del serial Spiderman que mi infancia tebeística añora, de los ojos de Kirsten Dunst… Pero tampoco. O al menos no directamente puesto que hoy quería hablar de Sam Raimi, el director de la secuela que, a buen seguro, llenará los cines europeos próximamente.

En la memoria cinéfila proveniente de mi infancia ochentera perduran varios momentos que yo estimo substanciales para el crecimiento de mi pasión por este arte en movimiento, tantas veces, defenestrado por Jerry Bruckheimer. Uno de ellos, amén de un ciclo televisivo que incluyó el pase de La Máscara del Demonio y Las Tres Caras del Miedo (de Mario Bava) entre otras obras maestras, lo protagoniza el visionado de Posesión Infernal (ahora Evil Dead), el primer film de Raimi y todavía hoy: una de las propuestas más sugestivas y vibrantes del Slasher de bajo presupuesto de los 80. Algún tiempo después, cuando el Drácula de Coppola me reconciliaba con el Cine (desde entonces, en mayúsculas), tuve oportunidad de ver y disfrutar (casi como nunca antes lo había hecho) de la tercera parte de aquel film: Evil Dead III: Army of Darkness (El Ejército de las tinieblas), deslumbrante parificación entre el universo Rayharryhausiano donde, literalmente, puede suceder cualquier cosa, la Heroic Fantasy medieval, el humor (a veces incendiario) antiheróico de Bruce Campbell (un personaje de cómic de por sí) y la voluntad de estilo (encuadres, encadenados…) de un director que no parecía dejarse absorber por las, muchas veces, dudosas tendencias del mainstream.
De cómo diablos (y nunca mejor dicho) las andanzas de Bruce Campbell en busca del Necronomicón acaban en la Edad Media beowulfiana ya os hablaré otro día. Hoy sólo me queda recordar, con nostalgia, los tiempos en los que Sam Raimi rodaba su mejor film sobre superhéroes. ¿Lo adivináis?
¡Darkman!
Es, mejor dicho: debería ser la hora de hablar de Spiderman 2, de los fascinantes efectos visuales que rodean su postproducción, del protagonismo del Dr. Octopus, otrora, el único malo del serial Spiderman que mi infancia tebeística añora, de los ojos de Kirsten Dunst… Pero tampoco. O al menos no directamente puesto que hoy quería hablar de Sam Raimi, el director de la secuela que, a buen seguro, llenará los cines europeos próximamente.

En la memoria cinéfila proveniente de mi infancia ochentera perduran varios momentos que yo estimo substanciales para el crecimiento de mi pasión por este arte en movimiento, tantas veces, defenestrado por Jerry Bruckheimer. Uno de ellos, amén de un ciclo televisivo que incluyó el pase de La Máscara del Demonio y Las Tres Caras del Miedo (de Mario Bava) entre otras obras maestras, lo protagoniza el visionado de Posesión Infernal (ahora Evil Dead), el primer film de Raimi y todavía hoy: una de las propuestas más sugestivas y vibrantes del Slasher de bajo presupuesto de los 80. Algún tiempo después, cuando el Drácula de Coppola me reconciliaba con el Cine (desde entonces, en mayúsculas), tuve oportunidad de ver y disfrutar (casi como nunca antes lo había hecho) de la tercera parte de aquel film: Evil Dead III: Army of Darkness (El Ejército de las tinieblas), deslumbrante parificación entre el universo Rayharryhausiano donde, literalmente, puede suceder cualquier cosa, la Heroic Fantasy medieval, el humor (a veces incendiario) antiheróico de Bruce Campbell (un personaje de cómic de por sí) y la voluntad de estilo (encuadres, encadenados…) de un director que no parecía dejarse absorber por las, muchas veces, dudosas tendencias del mainstream.
De cómo diablos (y nunca mejor dicho) las andanzas de Bruce Campbell en busca del Necronomicón acaban en la Edad Media beowulfiana ya os hablaré otro día. Hoy sólo me queda recordar, con nostalgia, los tiempos en los que Sam Raimi rodaba su mejor film sobre superhéroes. ¿Lo adivináis?
¡Darkman!
Cine Filosofal
Navegando por ahí me encontré una definición de lo que es el Cine ciertamente paradigmática: "una combinación entre ciencia y reflectores, fama y fortuna"

La linterna mágica de entonces que, aún hoy, se niega a abandonar nuestra memoria cinéfila ;D

La linterna mágica de entonces que, aún hoy, se niega a abandonar nuestra memoria cinéfila ;D
Los dos McGuffin de Pulp Fiction
Habla el Capitán Koons (con la voz y el rostro de Christopher Walken):

Este reloj que tengo aquí fue comprado por tu bisabuelo. Lo compró durante la Primera Guerra Mundial en una pequeña tienda de Knoxville, Tennesee. Fue llevado por el soldado Doughboy Erine Coolidge el día en que zarpó para París. Fue el reloj de guerra de tu bisabuelo. hecho por la primera empresa que fabricó relojes de pulsera, porque, hasta entonces, la gente sólo llevaba relojes de bolsillo. Tu bisabuelo llevó ese reloj durante cada uno de los días que estuvo en la guerra. Luego, una vez que hubo cumplido con su deber, regresó a casa junto a tu bisabuela, se quitó el reloj de la muñeca y lo guardó en una vieja lata de café. Y en esa lata permaneció guardado hasta que tu abuelo, Coolidge, fue llamado por su país para servir en ultramar y luchar de nuevo contra los alemanes. En esa ocasión la llamaron la Segunda Guerra Mundial. Tu bisabuelo le entregó el reloj a tu abuelo para que le trajera buena suerte. Desgraciadamente, la suerte de Dañe no fue tan buena como la del viejo. Tu abuelo era marine y resultó muerto junto con otros muchos marines en la batalla de la isla Wake. Tu abuelo se enfrentaba a la muerte y lo sabía. Ninguno de aquellos muchachos se hacía ilusiones sobre la posibilidad de salir con vida de aquella isla. Así que, tres días antes de que los japoneses ocuparan la isla, tu abuelo, que entonces tenía veintidós años de edad, le pidió a un artillero de un transporte de la Fuerza Aérea, llamado Winocki, un hombre al que jamás había visto en su vida, que le entregara el reloj de oro a su pequeño hijo, el de tu abuelo, al que tampoco había podido llegar a conocer. Tres días más tarde, tu abuelo había muerto. Pero Winocki mantuvo su palabra. Una vez terminada la guerra, visitó a tu abuela y le entregó el reloj de oro a tu padre, que por entonces aún era un niño. Este mismo reloj de oro. Tu padre llevaba este reloj de oro en la muñeca cuando su avión fue derribado sobre Hanoi. Fue capturado y encerrado en un campo de concentración vietnamita. Sabía que si sus carceleros le descubrían el reloj, se lo confiscarían. Según veía las cosas tu padre, ese reloj era tu propio derecho de nacimiento. Y estaba dispuesto a que lo condenaran antes de que cualquier ojos rasgados fuera a poner sus manos amarillas sobre el derecho de nacimiento de su hijo. Así pues, lo ocultó en el único lugar donde sabía que podía esconder algo. En el trasero. ) ¡Durante cinco largos años llevó este reloj escondido en el trasero! Luego, cuando ya estaba a punto de morir de disentería, me entregó el reloj. Yo también oculté este incómodo montón de metal en mi trasero durante otros dos años. Luego, al cabo de siete años de prisión, fui enviado de regreso a casa con mi familia. Y ahora, hombrecito, te entrego a ti el reloj.
Es, naturalmente, una de las escenas más recordadas de Pulp Fiction y, a la vez, la demostración del talento inagotable de Quentin Tarantino. Me explico: Pulp Fiction narra tres historias entrecruzadas (a saber, “Vincent Vega y la esposa de Marcellus Wallace”; “El Reloj de Oro” y “Jules, Vincent, Jimmie y El Lobo”) y en ellas, a grosso modo, intervienen dos McGuffin (objeto o situación que funciona de elemento motivador de las acciones de los personajes): por un lado, el desencadenante de la última historia (aunque en orden cronológico en el film aparezca en primer lugar), narra la recuperación de un maletín por parte de dos matones al servicio de Marcellus Wallace. Y, de otro, la existencia de un reloj de oro, de gran valor sentimental para su dueño (como se ha visto), que un boxeador deja atrás en su huída de la mafia tras haber ganado una pelea que había pactado perder previamente.
Tarantino (y su co-guionista: Roger Avary) trata sendas excusas argumentales de un modo distinto. En el caso del maletín, oculta su contenido a conciencia y como buen McGuffin, su interior sólo les interesa a sus personajes (quedando claro, incluso, que no tienen ningún problema en matar por él). En el otro caso, el del reloj de oro, Tarantino viola una de las reglas fundamentales de este tipo de artificio narrativo, explicándolo hasta el desasosiego. Y, de ambos y opuestos sentidos, sale airoso.
El por qué será objeto de estudio en las siguientes décadas.

Este reloj que tengo aquí fue comprado por tu bisabuelo. Lo compró durante la Primera Guerra Mundial en una pequeña tienda de Knoxville, Tennesee. Fue llevado por el soldado Doughboy Erine Coolidge el día en que zarpó para París. Fue el reloj de guerra de tu bisabuelo. hecho por la primera empresa que fabricó relojes de pulsera, porque, hasta entonces, la gente sólo llevaba relojes de bolsillo. Tu bisabuelo llevó ese reloj durante cada uno de los días que estuvo en la guerra. Luego, una vez que hubo cumplido con su deber, regresó a casa junto a tu bisabuela, se quitó el reloj de la muñeca y lo guardó en una vieja lata de café. Y en esa lata permaneció guardado hasta que tu abuelo, Coolidge, fue llamado por su país para servir en ultramar y luchar de nuevo contra los alemanes. En esa ocasión la llamaron la Segunda Guerra Mundial. Tu bisabuelo le entregó el reloj a tu abuelo para que le trajera buena suerte. Desgraciadamente, la suerte de Dañe no fue tan buena como la del viejo. Tu abuelo era marine y resultó muerto junto con otros muchos marines en la batalla de la isla Wake. Tu abuelo se enfrentaba a la muerte y lo sabía. Ninguno de aquellos muchachos se hacía ilusiones sobre la posibilidad de salir con vida de aquella isla. Así que, tres días antes de que los japoneses ocuparan la isla, tu abuelo, que entonces tenía veintidós años de edad, le pidió a un artillero de un transporte de la Fuerza Aérea, llamado Winocki, un hombre al que jamás había visto en su vida, que le entregara el reloj de oro a su pequeño hijo, el de tu abuelo, al que tampoco había podido llegar a conocer. Tres días más tarde, tu abuelo había muerto. Pero Winocki mantuvo su palabra. Una vez terminada la guerra, visitó a tu abuela y le entregó el reloj de oro a tu padre, que por entonces aún era un niño. Este mismo reloj de oro. Tu padre llevaba este reloj de oro en la muñeca cuando su avión fue derribado sobre Hanoi. Fue capturado y encerrado en un campo de concentración vietnamita. Sabía que si sus carceleros le descubrían el reloj, se lo confiscarían. Según veía las cosas tu padre, ese reloj era tu propio derecho de nacimiento. Y estaba dispuesto a que lo condenaran antes de que cualquier ojos rasgados fuera a poner sus manos amarillas sobre el derecho de nacimiento de su hijo. Así pues, lo ocultó en el único lugar donde sabía que podía esconder algo. En el trasero. ) ¡Durante cinco largos años llevó este reloj escondido en el trasero! Luego, cuando ya estaba a punto de morir de disentería, me entregó el reloj. Yo también oculté este incómodo montón de metal en mi trasero durante otros dos años. Luego, al cabo de siete años de prisión, fui enviado de regreso a casa con mi familia. Y ahora, hombrecito, te entrego a ti el reloj.
Es, naturalmente, una de las escenas más recordadas de Pulp Fiction y, a la vez, la demostración del talento inagotable de Quentin Tarantino. Me explico: Pulp Fiction narra tres historias entrecruzadas (a saber, “Vincent Vega y la esposa de Marcellus Wallace”; “El Reloj de Oro” y “Jules, Vincent, Jimmie y El Lobo”) y en ellas, a grosso modo, intervienen dos McGuffin (objeto o situación que funciona de elemento motivador de las acciones de los personajes): por un lado, el desencadenante de la última historia (aunque en orden cronológico en el film aparezca en primer lugar), narra la recuperación de un maletín por parte de dos matones al servicio de Marcellus Wallace. Y, de otro, la existencia de un reloj de oro, de gran valor sentimental para su dueño (como se ha visto), que un boxeador deja atrás en su huída de la mafia tras haber ganado una pelea que había pactado perder previamente.
Tarantino (y su co-guionista: Roger Avary) trata sendas excusas argumentales de un modo distinto. En el caso del maletín, oculta su contenido a conciencia y como buen McGuffin, su interior sólo les interesa a sus personajes (quedando claro, incluso, que no tienen ningún problema en matar por él). En el otro caso, el del reloj de oro, Tarantino viola una de las reglas fundamentales de este tipo de artificio narrativo, explicándolo hasta el desasosiego. Y, de ambos y opuestos sentidos, sale airoso.
El por qué será objeto de estudio en las siguientes décadas.
Nuevo blog de J. P. Bango
Os presento un nuevo blog, esta vez y como excepción, alejado de la temática cinéfila: Microrrelatos de J. P. Bango. Del creador de la bitácora ya no os cuento nada...Mañana más. Mañana Cine.
Melodías de Seducción
Se ocultó el tiburón porque por aquel entonces los medios técnicos no permitían la autocomplaciencia visual. Mejor. A cambio Steven Spielberg convirtió un best seller de aventuras de dudosa calidad en una inmejorable película de suspense, precisamente, porque se apostó por la sugerencia y la implicitud, o lo que es lo mismo: se dio rienda suelta al talento de John Williams.

La música es un referente indispensable del cine de Steven Spielberg. Más aún: se puede afirmar que juntos construyen una sinergia definitoria de todo su cine. Lo da sentido y textura: lo emparenta, en definitiva, con la expresión artística.
Esta concepción no es exclusiva, ni mucho menos, de este duo de artistas. Por extensión, podemos afirmar que la música se funde con la fotografía, la literatura, el teatro (la expresividad) y la pintura(la escenografía) al objeto de conformar lo que hoy se conoce como Cine. La música, empero, no sólo forma parte de la esencia del propio arte cinematográfico sino que además lo dota de un ritmo y una funcionalidad capaz de subrayar, sugerir o acompañar el desarrollo de un argumento de progresión dramática.
Con el afán de provocar reacciones, el creador de una obra cinematográfica apuesta por colmar los sentidos del espectador. La apuesta por el cúmulo , por descontado, requiere la destreza y habilidad del director de orquesta. Algunos forofos de la serie B (o Z) sabrán reconocer en esta pretensión los intentos vacuos de transgresores como William Castle o John Waters; especialmente este último, impulsor de una técnica del todo punto innovadora : el "odorama", la cual pretendía traspasar el olor de su escatológica película Pink Flamingos, a la sala de cine.
El cine, por ende, se constituye en un arte misceláneo. Esta concepción refundidora convierte al arte cinematográfico en una entidad artística connivente con las diferentes vanguardias propias de las artes que lo conforman. Además de acuerdo a la preeminencia de una u otra variación estilística, la adscripción a una tendencia artística u otra será más evidente: la predominancia de la fotografía y la dirección artística (pintura) dará como resultado un film onírico, expresionista, obscuro o realista. El argumento y la narración darán lugar a un género literario y teatral: intriga, suspense, comedia, drama. La música y el montaje configurarán su cadencia rítmica. La ópera, el musical teatralizado o la música clásica terminarán por adscribirlo a un género musical concreto.
El cine se define según lo expuesto como el arte total por excelencia : la musica , sin lugar dudas , como el más hermoso e imprescindible de sus complementos.
¡Música maestro!

La música es un referente indispensable del cine de Steven Spielberg. Más aún: se puede afirmar que juntos construyen una sinergia definitoria de todo su cine. Lo da sentido y textura: lo emparenta, en definitiva, con la expresión artística.
Esta concepción no es exclusiva, ni mucho menos, de este duo de artistas. Por extensión, podemos afirmar que la música se funde con la fotografía, la literatura, el teatro (la expresividad) y la pintura(la escenografía) al objeto de conformar lo que hoy se conoce como Cine. La música, empero, no sólo forma parte de la esencia del propio arte cinematográfico sino que además lo dota de un ritmo y una funcionalidad capaz de subrayar, sugerir o acompañar el desarrollo de un argumento de progresión dramática.
Con el afán de provocar reacciones, el creador de una obra cinematográfica apuesta por colmar los sentidos del espectador. La apuesta por el cúmulo , por descontado, requiere la destreza y habilidad del director de orquesta. Algunos forofos de la serie B (o Z) sabrán reconocer en esta pretensión los intentos vacuos de transgresores como William Castle o John Waters; especialmente este último, impulsor de una técnica del todo punto innovadora : el "odorama", la cual pretendía traspasar el olor de su escatológica película Pink Flamingos, a la sala de cine.
El cine, por ende, se constituye en un arte misceláneo. Esta concepción refundidora convierte al arte cinematográfico en una entidad artística connivente con las diferentes vanguardias propias de las artes que lo conforman. Además de acuerdo a la preeminencia de una u otra variación estilística, la adscripción a una tendencia artística u otra será más evidente: la predominancia de la fotografía y la dirección artística (pintura) dará como resultado un film onírico, expresionista, obscuro o realista. El argumento y la narración darán lugar a un género literario y teatral: intriga, suspense, comedia, drama. La música y el montaje configurarán su cadencia rítmica. La ópera, el musical teatralizado o la música clásica terminarán por adscribirlo a un género musical concreto.
El cine se define según lo expuesto como el arte total por excelencia : la musica , sin lugar dudas , como el más hermoso e imprescindible de sus complementos.
¡Música maestro!
Quatermass fue el primer gran éxito
Primero fue una mini serie creada por Nigel Kneale para la BBC. Después se convirtió en una serie de películas que forman parte de cualquier antología de ciencia ficción como unas de las mejores del género.

Es El Experimento del Dr. Quatermass, el film de Val Guest que supuso el lanzamiento definitivo de un tipo de Cine, el de la compañía Hammer, que tantas veces coqueteó con la excelencia cinematografiada.
Documentación:
El Sitio del Dr. Quatermass (en inglés)

Es El Experimento del Dr. Quatermass, el film de Val Guest que supuso el lanzamiento definitivo de un tipo de Cine, el de la compañía Hammer, que tantas veces coqueteó con la excelencia cinematografiada.
Documentación:
El Sitio del Dr. Quatermass (en inglés)
Jack Burton en la Pequeña China
Sax Rohmer, Fumanchu, y los seriales de entreguerras en los años 30, la productora Golden Harvest, Los Shaw Brothers, el cine de artes marciales de los 70 , y la apostura insolente de otro de los homenajeadores de aquéllas: Indiana Jones. El legado de referencias cinéfilas en el que se mueve Golpe en la Pequeña China no parece achicar a su artífice a la hora de abordar una visión personalísima sobre el tema.

Golpe en la Pequeña China lo protagoniza un camionero aficionado a las camisas de tirantes, de aires rudos y descarados que, sin buscarlo ni pretenderlo (característica habitual de los films del norteamericano), se ve imbuido en una aventura extraordinaria (literalmente) discurrente por todos los recovecos de la iconografía pulp de origen chinesco. Es, naturalmente, otro de los anti-héroes consumados por John Carpenter y por Kurt Russell, pero al contrario que Snake Plissken (1997...) o que McReady (The Thing), los movimientos y decisiones de este bruto personaje se definen con la torpeza y la imprudencia, con la hosquedad y la destemplanza. En su afán de recrear un personaje despojado de cualquier vestigio de genialidad, Russell construye a Jack Burton como un ser autoparódico y ciertamente, gracioso en la mejor tradición de la comedia gruesa norteamericana.
En su argumento se mezclan secuestros a pie de aeropuerto, mafias chinas aficionadas a los juegos de magia (olvidaos de Manhattan Sur) y a las patadas de kárate, una estupenda Kim Katrall presumiendo de ojos verdes, émulos canijos de Bruce Lee, un malo megalómano y pasajes desbordados de imaginación .
Sin dejar un respiro al espectador, algo habitual en la filmografía de Carpenter, la acción presume discurrir por los más variados géneros, desde la explotation de artes marciales, hasta la heroic fantasy propiamente dicha, recolectando de todos ellos un deje homenajeador que va a convertir al film de Carpenter en un ejercicio cinéfilo autocomplaciente y vibrante, construido para aficionados sin perjuicios de toda edad y condición. Es decir, uno de los antecedentes más inspirados de la, de otra parte, mayestática Kill Bill. Para estas alturas el cineasta norteamericano deja claro que su enorme capacidad para la reinvención autoral no tiene límites.
Carpenter exonera a su película, en fin, de cualquier raigambre con lo trascendente hasta el punto de reclamar, del espectador, una complicidad necesaria para disfrutar, en toda su plenitud, la excelencia de este magnífico pastiche.
Hoy me lo pasé en grande revisando este film.

Golpe en la Pequeña China lo protagoniza un camionero aficionado a las camisas de tirantes, de aires rudos y descarados que, sin buscarlo ni pretenderlo (característica habitual de los films del norteamericano), se ve imbuido en una aventura extraordinaria (literalmente) discurrente por todos los recovecos de la iconografía pulp de origen chinesco. Es, naturalmente, otro de los anti-héroes consumados por John Carpenter y por Kurt Russell, pero al contrario que Snake Plissken (1997...) o que McReady (The Thing), los movimientos y decisiones de este bruto personaje se definen con la torpeza y la imprudencia, con la hosquedad y la destemplanza. En su afán de recrear un personaje despojado de cualquier vestigio de genialidad, Russell construye a Jack Burton como un ser autoparódico y ciertamente, gracioso en la mejor tradición de la comedia gruesa norteamericana.
En su argumento se mezclan secuestros a pie de aeropuerto, mafias chinas aficionadas a los juegos de magia (olvidaos de Manhattan Sur) y a las patadas de kárate, una estupenda Kim Katrall presumiendo de ojos verdes, émulos canijos de Bruce Lee, un malo megalómano y pasajes desbordados de imaginación .
Sin dejar un respiro al espectador, algo habitual en la filmografía de Carpenter, la acción presume discurrir por los más variados géneros, desde la explotation de artes marciales, hasta la heroic fantasy propiamente dicha, recolectando de todos ellos un deje homenajeador que va a convertir al film de Carpenter en un ejercicio cinéfilo autocomplaciente y vibrante, construido para aficionados sin perjuicios de toda edad y condición. Es decir, uno de los antecedentes más inspirados de la, de otra parte, mayestática Kill Bill. Para estas alturas el cineasta norteamericano deja claro que su enorme capacidad para la reinvención autoral no tiene límites.
Carpenter exonera a su película, en fin, de cualquier raigambre con lo trascendente hasta el punto de reclamar, del espectador, una complicidad necesaria para disfrutar, en toda su plenitud, la excelencia de este magnífico pastiche.
Hoy me lo pasé en grande revisando este film.
El Tio Jess al habla
No os perdáis la entrevista que Sara Rodriguez Mata realiza a Jesus Franco en la revista Terror Universal en donde habla de su faceta menos conocida como artista: la de músico.
Y lo mejor de todo es que sólo es la primera parte.
Y lo mejor de todo es que sólo es la primera parte.
Curso de Cine
Esa rara avis que es la página web del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, nos sorprende -otra vez- este verano con el Proyecto Media que tiene como objetivo: "...dotar a los profesores y alumnos de enseñanzas medias de material on-line para abordar el universo de los medios de comunicación de masas".
Como este es un blog de Cine, nos vamos a centrar en la interesantísima introducción que realizan los profesionales que subscriben este Proyecto, del Cine y de todo lo que le rodea (Historia del Cine, Corrientes Artísticas, Cine Español, Géneros Cinematográficos, La Industria, Cine y Sociedad, Lenguaje Fílmico, El Guión de Cine...)
Sin duda, Media Cine es una de las propuestas más interesantes que circulan por esta, nuestra, red. No dudéis en visitarla.
Como este es un blog de Cine, nos vamos a centrar en la interesantísima introducción que realizan los profesionales que subscriben este Proyecto, del Cine y de todo lo que le rodea (Historia del Cine, Corrientes Artísticas, Cine Español, Géneros Cinematográficos, La Industria, Cine y Sociedad, Lenguaje Fílmico, El Guión de Cine...)
Sin duda, Media Cine es una de las propuestas más interesantes que circulan por esta, nuestra, red. No dudéis en visitarla.
Carpenter define El Terror
Recupero de la web de Fotogramas (cada vez más trabajada, cada vez menos prescindible), un fragmento de la entrevista que en Octubre de 2001 realizaron a John Carpenter.

"Solo hay dos maneras de hacer terror, solo dos: la primera es la que te presenta a una persona, puede ser una o varias, eso da igual, enfrentadas a un peligro exterior del rollo tío, hay algo ahí fuera que nos está esperando, ya puede ser un bosque o una mansión. Pero es eso: te enfrentas contra un miedo que procede del exterior. El segundo es el hombre enfrentado al terror que surge de un lugar mucho más aterrador, de su propio interior, el miedo que surge del corazón. Yo siempre he hecho la primera clase de historias, y admiro a los que son capaces de hacer películas con la maldad que surge del propio ser humano, porque tengo la profunda convicción de que son mucho más difíciles"
Para seguir leyendo esta entrevista, Pulse aquí

"Solo hay dos maneras de hacer terror, solo dos: la primera es la que te presenta a una persona, puede ser una o varias, eso da igual, enfrentadas a un peligro exterior del rollo tío, hay algo ahí fuera que nos está esperando, ya puede ser un bosque o una mansión. Pero es eso: te enfrentas contra un miedo que procede del exterior. El segundo es el hombre enfrentado al terror que surge de un lugar mucho más aterrador, de su propio interior, el miedo que surge del corazón. Yo siempre he hecho la primera clase de historias, y admiro a los que son capaces de hacer películas con la maldad que surge del propio ser humano, porque tengo la profunda convicción de que son mucho más difíciles"
Para seguir leyendo esta entrevista, Pulse aquí
Reivindicando a David Twohy
En el Club de mis reivindicaciones habituales se encuentra, casi íntegra, la filmografía de David N. Twohy.
Como guionista David Twohy se inició, a finales de los 80, en el cine fantástico de Serie B con dos de sus productos más competentes: Critters 2 y Warlock, el Brujo. Su digno trabajo en estos filmes, tuvo su confirmación con el guión de El Fugitivo (obra del otrora prometedor Andrew Davis), Waterworld (aun hoy, la mejor película de Kevin Costner, a pesar de las difícultades de su producción), y Velocidad Terminal (vibrante y, a ratos, brillante subproducto de acción y paracaidismo al servicio de Charlie Sheen). Curiosamente, su mayor desliz (imperdonable, la verdad) es su participación en la horrorosa G.I. Jane de Ridley Scott y, en menor medida, su adaptación del Impostor de Dick (dirigida por el inane Gary Fleder).
Pero si hoy en día es conocido Twohy es por su trabajo como director dedicado, con exclusividad y a la manera de Carpenter, al Cine de Ciencia Ficción.
Su primer trabajo para el cine, en este campo, fue The Arrival(que en España se tradujo con el infame y poco atrayente título de “¡Han Llegado!”), una notable revisitación del cine de invasiones alienígenas de los años 50, versión “suplantadores”, un tanto naif en sus pretensiones (Los extraterrestres, que viven en el subsuelo terrestre para rehuir el frío, tratan de aumentar la temperatura global del planeta para posibilitar una colonización más eficaz) pero entrañable y, por voluntad propia, insubstancial (The Arrival sería continuada, con irregular fortuna, por Kevin S. Tenney en un subproducto titulado The Second Arrival -que en España se tradujo como Segundo Contacto-, protagonizado por el hermano del personaje principal de aquélla, con poco carisma y menos acierto).
El segundo trabajo de David Twohy es Pitch Black, cinta de Ciencia Ficción y Terror, protagonizada (más o menos) por Vin Diesel, y que se constituye en una película sugestiva y cimbreante a costa de subvertir el género de invasiones extraterrestres. En el film de David N. Twohy (guionizado por los Hermanos Wheat -After Midnight), los humanos se convierten en casuales invasores de un planeta cuya idiosincracia desconocen por completo hasta el punto de provocar la escabechina que, de forma efectista pero siempre espectacular, acabará con los huesos de la mayoría de ellos en las fauces de unos aliens de apetito centenario. Terror, Ciencia Ficción, e Intriga, se funden en su argumento con ingentes dosis de pericia. Para entonces, Twohy se confirmaba en una figura a seguir.
La esperada Below se constituye en el tercer trabajo de David N. Twohy, inédito en España (no sabemos por qué), que narra un extraño descubrimiento consumado por los tripulantes de un submarino aliado en plena II Guerra Mundial. Siendo la película con mejores críticas de Twohy y el hecho de que esté coescrita por Darren Aronofsky, no parece haber ayudado a su difusión, algo ciertamente extraño.

Al próximo mes, si no hay novedad, se estrenará en España la segunda parte de Pitch Black (condición que se ocultará convenientemente, dado el poco éxito que en Europa tuvo la cinta de Vin Diesel), titulada Las Cronicas de Riddick, cuyo argumento e imágenes parece devolvernos al mejor David Twohy de los últimos años.
Mientras esto sucede, sus seguidores seguimos esperando la obra que lo termine de ubicar, definitivamente, en el sitio que se merece.
Como guionista David Twohy se inició, a finales de los 80, en el cine fantástico de Serie B con dos de sus productos más competentes: Critters 2 y Warlock, el Brujo. Su digno trabajo en estos filmes, tuvo su confirmación con el guión de El Fugitivo (obra del otrora prometedor Andrew Davis), Waterworld (aun hoy, la mejor película de Kevin Costner, a pesar de las difícultades de su producción), y Velocidad Terminal (vibrante y, a ratos, brillante subproducto de acción y paracaidismo al servicio de Charlie Sheen). Curiosamente, su mayor desliz (imperdonable, la verdad) es su participación en la horrorosa G.I. Jane de Ridley Scott y, en menor medida, su adaptación del Impostor de Dick (dirigida por el inane Gary Fleder).
Pero si hoy en día es conocido Twohy es por su trabajo como director dedicado, con exclusividad y a la manera de Carpenter, al Cine de Ciencia Ficción.
Su primer trabajo para el cine, en este campo, fue The Arrival(que en España se tradujo con el infame y poco atrayente título de “¡Han Llegado!”), una notable revisitación del cine de invasiones alienígenas de los años 50, versión “suplantadores”, un tanto naif en sus pretensiones (Los extraterrestres, que viven en el subsuelo terrestre para rehuir el frío, tratan de aumentar la temperatura global del planeta para posibilitar una colonización más eficaz) pero entrañable y, por voluntad propia, insubstancial (The Arrival sería continuada, con irregular fortuna, por Kevin S. Tenney en un subproducto titulado The Second Arrival -que en España se tradujo como Segundo Contacto-, protagonizado por el hermano del personaje principal de aquélla, con poco carisma y menos acierto).
El segundo trabajo de David Twohy es Pitch Black, cinta de Ciencia Ficción y Terror, protagonizada (más o menos) por Vin Diesel, y que se constituye en una película sugestiva y cimbreante a costa de subvertir el género de invasiones extraterrestres. En el film de David N. Twohy (guionizado por los Hermanos Wheat -After Midnight), los humanos se convierten en casuales invasores de un planeta cuya idiosincracia desconocen por completo hasta el punto de provocar la escabechina que, de forma efectista pero siempre espectacular, acabará con los huesos de la mayoría de ellos en las fauces de unos aliens de apetito centenario. Terror, Ciencia Ficción, e Intriga, se funden en su argumento con ingentes dosis de pericia. Para entonces, Twohy se confirmaba en una figura a seguir.
La esperada Below se constituye en el tercer trabajo de David N. Twohy, inédito en España (no sabemos por qué), que narra un extraño descubrimiento consumado por los tripulantes de un submarino aliado en plena II Guerra Mundial. Siendo la película con mejores críticas de Twohy y el hecho de que esté coescrita por Darren Aronofsky, no parece haber ayudado a su difusión, algo ciertamente extraño.

Al próximo mes, si no hay novedad, se estrenará en España la segunda parte de Pitch Black (condición que se ocultará convenientemente, dado el poco éxito que en Europa tuvo la cinta de Vin Diesel), titulada Las Cronicas de Riddick, cuyo argumento e imágenes parece devolvernos al mejor David Twohy de los últimos años.
Mientras esto sucede, sus seguidores seguimos esperando la obra que lo termine de ubicar, definitivamente, en el sitio que se merece.











