Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2004.
Escenas de una sala de cine
Siempre merece la pena... Por eso: un fotograma que convulsiona a tus sentidos, una remesa de momentos inolvidables, secuencias o diálogos, músicas o hallazgos visuales, emparentados con la genialidad, restos de talento, en definitiva, que se posan sobre el celuloide más inane para construir, con alguna premisa sugerente, una película memorable, una ficción capaz de sublimar las sensaciones, de repletarnos de quietud, terror, o fascinación, a cambio de dos horas de nuestro tiempo... representa una buena inversión. Si señor. Y nunca me arrepiento.
El cine necesita la oscuridad tanto como James Bond su pistola... Y lo mismo respecto al silencio. Todo lo que no es oscuridad y silencio lo distrae: aquella niña preguntona que no entiende por qué, “¿por qué mami han enterrado a esa señora”?; el movil de la otra y los mensajitos, y el ruidito y el vibrador... (del móvil); la luz del acomodador en tus narices, una voz: “la una y la tres libres... las dos siguientes son las vuestras” y tres o cuatro sombras y sus vasos de cola intercediendo entre la pantalla y mis expectativas; esas risitas ante una escena repleta de crueldad adicionadas con un “toooma geroma!!”, ¡demonios!, ¡hay una linea verde que atraviesa la pantalla...! Y no se quita...
¿Quién es más culpable?, ¿la niña que no sabe porque enterraron a La Novia o la madre que la llevó al cine? Bueno, teniendo en cuenta que en la primera parte, hubo quien dejó a su hijo, y a toda la cuadrilla de preescolares que le acompañaban, en las primeras butacas precelebrando su fiesta de cumpleaños (literal), el asunto de la niña no es tan grave. Sobretodo si cuento que, tras el film, la niña explicaba a su madre (con pelos, señales y un sentido de la lógica aplastante) el entramado de todo lo que acababan de ver y, más aún, su moraleja. Mientras la madre abrazaba más fuerte a su pequeña -loando su precoz ingenio-, a uno le costaba disimular una sonrisa a hurtadillas de tan singular muestra de afecto: la niña orgullosa de su logro y la madre incapaz de admitir que, efectivamente, no se ha enterado de nada de lo que ocurrió en la última media hora. ¡Y eso que todos estuvimos callados!
¡Ay...!, ¡qué grande es el Cine!
Soledad

He sido tocado por el destino. Soy su prisionero. Prisionero de mi propia conciencia. El amor por la chica que siempre quise debe ser ocultado. Conmigo, siempre estará amenazada por aquellos que luchan contra mí. Sin ella, recorro un sendero solitario. Mi historia siempre tratará de la pérdida de una chica… y todos los días me pregunto, ¿Cuánto tiempo podré soportar esta soledad?
Via Cine.eol.us
Mar adentro: libertad y muerte
En la sorprendente filmografía de Amenábar pueden encontrarse con idéntico grado de naturalidad: estudiantes y profesores de la facultad de imagen aficionados a las snuff movies, mundos imaginados vividos como reales fruto del capricho de una corporación prospectiva, o historias de fantasmas victorianos con problemas de identidad..., pedazos de cine fantástico, en definitiva, que encuentran un hueco reconocido (por la mayoría de la crítica apelando a la complicidad y la contundencia de sus valores narrativos) y admirado (sobretodo por el público, aceptador de todas y cada una de las propuestas del director con un creciente nivel de expectación) en todo el firmamento cinéfilo, gracias a la habilidad e indiscutible talento narrativo del director.

Mar Adentro se desmarca de sus precedentes únicamente en el plano argumental, sumiendo la mayor parte de su metraje en el ámbito de la realidad (en sentido estricto), herencia de su basamento biográfico que, en buena lógica, sustrae la posibilidad de un final fundamentado en el efecto sorpresa de carácter fantástico (antes al contrario, el film se resuelve sin sobresaltos y con un desarrollo previsible). Pero, sin embargo, no deja de ser un film de Amenábar, el “brandman” con una personalidad más acusada y sugestiva a la hora de abordar los géneros que habitan la cinematografía hispana. Y como tal, Mar Adentro se rebela como un film dinámico y bien construido, deudor de conceptos provenientes del cine de Spielberg (equilibrio marciano entre los momentos dramáticos y el humor, preciso retratador de las convivencias familiares) y de Hitchcock (entendido como dominador absoluto de los gustos de un público cuyas emociones y sentimientos doblega y moldea a su antojo), y donde todos los elementos (musicales, fotográficos, interpretación de los actores, montaje...) que lo componen actúan de manera sinérgica entre sí, reforzando todas y cada una de las escenas en los momentos más intensos, con una funcionalidad envidiable que, algunos, en un alarde de puridad escrupulosa, considerarán redundante y repetitivo...
Mar adentro prosigue dando forma a los tópicos conceptuales conformadores de la filmografía amenabariana: triángulos amorosos (idealizados o no) de destino trágico; entramado relacionado con la muerte; delirios oníricos que adornan las ensoñaciones de sus personajes (seguramente, la escena más prescindible de la película sea aquella en que la mente de Sanpedro/Bardem abandona su cuerpo inerte y viaja, montaña arriba, en dirección a la playa para consumar una idealizada historia de amor pero, a pesar de todo, está afectada de un magnetismo imperturbable y seductor, una excepción fantasmagórica que aporta un grado de turbación a un conjunto hiperrealista y, claramente, melancólico).
Amenábar y Mateo Gil, conscientes del material dramático que tienen entre manos, se convidan a construir un guión repleto de momentos de humor (algunos altamente sarcásticos) cómplice y ciertamente, recurrente que, intercalados a lo largo del metraje, hacen llevadero un film de temática escabrosa y concepción desasosegante. Es, precisamente, la naturalidad con la que el director hispano-chileno afronta una historia tan contundente, uno de los activos más valorados por una platea de espectadores que asistían, conmovidos, a esa montaña rusa emocionante e intensa con la que Alejandro Amenábar ha querido conciliarse con el género melodramático a cambio de dos horas de auténtica doctrina cinematográfica.
En un film que destaca, sobremanera, por el notable nivel de sus interpretaciones, debemos enfatizar el trabajo impagable de Javier Bardem, transmutado por cuenta de su talento y por Jo Allen en Ramón Sampedro, completando un trabajo perfecto, cuya excelencia y repercusión colinda(rá) con el que Marlon Brando ejecutara para El Padrino de Coppola. Los gestos, la mirada, la apostura, el acento, su mera presencia en pantalla, se constituye por sí solo en un reclamo suficiente para aconsejar el visionado de tan estupenda y necesaria película.
Puntuación: 8,5
Lo más destacado: El trabajo de los actores y el dinamismo de la narración.
Lo menos destacado: que Amenábar acabe por tomarse demasiado en serio y consienta en alejar su obra de los géneros clásicos y, claro está, los límites argumentables ineludibles en toda adaptación biográfica.

Mar Adentro se desmarca de sus precedentes únicamente en el plano argumental, sumiendo la mayor parte de su metraje en el ámbito de la realidad (en sentido estricto), herencia de su basamento biográfico que, en buena lógica, sustrae la posibilidad de un final fundamentado en el efecto sorpresa de carácter fantástico (antes al contrario, el film se resuelve sin sobresaltos y con un desarrollo previsible). Pero, sin embargo, no deja de ser un film de Amenábar, el “brandman” con una personalidad más acusada y sugestiva a la hora de abordar los géneros que habitan la cinematografía hispana. Y como tal, Mar Adentro se rebela como un film dinámico y bien construido, deudor de conceptos provenientes del cine de Spielberg (equilibrio marciano entre los momentos dramáticos y el humor, preciso retratador de las convivencias familiares) y de Hitchcock (entendido como dominador absoluto de los gustos de un público cuyas emociones y sentimientos doblega y moldea a su antojo), y donde todos los elementos (musicales, fotográficos, interpretación de los actores, montaje...) que lo componen actúan de manera sinérgica entre sí, reforzando todas y cada una de las escenas en los momentos más intensos, con una funcionalidad envidiable que, algunos, en un alarde de puridad escrupulosa, considerarán redundante y repetitivo...
Mar adentro prosigue dando forma a los tópicos conceptuales conformadores de la filmografía amenabariana: triángulos amorosos (idealizados o no) de destino trágico; entramado relacionado con la muerte; delirios oníricos que adornan las ensoñaciones de sus personajes (seguramente, la escena más prescindible de la película sea aquella en que la mente de Sanpedro/Bardem abandona su cuerpo inerte y viaja, montaña arriba, en dirección a la playa para consumar una idealizada historia de amor pero, a pesar de todo, está afectada de un magnetismo imperturbable y seductor, una excepción fantasmagórica que aporta un grado de turbación a un conjunto hiperrealista y, claramente, melancólico).
Amenábar y Mateo Gil, conscientes del material dramático que tienen entre manos, se convidan a construir un guión repleto de momentos de humor (algunos altamente sarcásticos) cómplice y ciertamente, recurrente que, intercalados a lo largo del metraje, hacen llevadero un film de temática escabrosa y concepción desasosegante. Es, precisamente, la naturalidad con la que el director hispano-chileno afronta una historia tan contundente, uno de los activos más valorados por una platea de espectadores que asistían, conmovidos, a esa montaña rusa emocionante e intensa con la que Alejandro Amenábar ha querido conciliarse con el género melodramático a cambio de dos horas de auténtica doctrina cinematográfica.
En un film que destaca, sobremanera, por el notable nivel de sus interpretaciones, debemos enfatizar el trabajo impagable de Javier Bardem, transmutado por cuenta de su talento y por Jo Allen en Ramón Sampedro, completando un trabajo perfecto, cuya excelencia y repercusión colinda(rá) con el que Marlon Brando ejecutara para El Padrino de Coppola. Los gestos, la mirada, la apostura, el acento, su mera presencia en pantalla, se constituye por sí solo en un reclamo suficiente para aconsejar el visionado de tan estupenda y necesaria película.
Puntuación: 8,5
Lo más destacado: El trabajo de los actores y el dinamismo de la narración.
Lo menos destacado: que Amenábar acabe por tomarse demasiado en serio y consienta en alejar su obra de los géneros clásicos y, claro está, los límites argumentables ineludibles en toda adaptación biográfica.
Bardem se aficiona a las Copas Volpi
Javier Bardem gana en el Festival de Venecia la Copa Volpi al mejor actor.
Será el primero de la larga lista de premios y reconocimientos que Bardem recibirá por cuenta de su excelsa interpretación en Mar Adentro, por cierto, León de Plata y Premio Especial del Jurado en La Biennale. Ninguno de los premios resultan exagerados.
Será el primero de la larga lista de premios y reconocimientos que Bardem recibirá por cuenta de su excelsa interpretación en Mar Adentro, por cierto, León de Plata y Premio Especial del Jurado en La Biennale. Ninguno de los premios resultan exagerados.
Vértigo y Rashomon en formato catódico
Algo se mueve en las madrugadas de La 2 de Televisión Española... donde, en menos de una semana, hemos podido disfrutar de dos film memorables, Vértigo de Alfred Hitchcock y Rashomon de Akira Kurosawa, sin duda, films paradigmáticos del mejor cine de los años 50.
Vértigo y Rashomon supone el reencuentro con un tipo de Cine que, partiendo de una premisa sugerente, logra cumplir todas las expectativas insinuadas en el punto de partida, a costa de desarrollar el entramado desde un punto de vista original, seductor y apetecible, donde las palabras se rodean de imágenes subyugadoras, sombrías y fascinantes, y la falta de presupuesto se compensa con talento y voluntad de estilo. Un tipo de Cine que, al mismo tiempo que se aleja de los modismos y los tópicos, va acumulando a lo largo de los años una caterva de seguidores de varias generaciones y nacionalidades, iconoclastas amantes de las narraciones extraordinarias que, celosos del talento de los cineastas clásicos, se reúnen al calor de estas proyecciones con la única excusa de reconciliarse con un cine inspirado y, plenamente, satisfactorio.
Vértigo es una obra sobresaliente y descarnada, que se regodea del deseo y sus variantes perversas en la historia de un hombre frustrado que se enamora de una mujer, ya fallecida, a la que una vez creyó amar. Excusa argumental de naturaleza expiatoria que aprovecha, el bueno de Hitchcock, para dar rienda suelta a sus perversiones habituales (fetichismo conducente a la perdición, ambigüedad narrativa, tratamiento titiritero de los personajes y espectadores) a cambio de una obra artística de ascendencia mayúsculas condenada a perdurar ad eternumen las retinas de los espectadores de toda época.

Rashomon, más modesta pero igualmente trascendente, pertenece -con honores-, al club de la reivindicación perpetua tanto por su valor artístico (sus composiciones de plano están afectadas de un gran sentido expositivo) como histórico (al suponer, con su éxito en Venecia, la exportación de cine y cineastas japoneses tan necesarios como Kenji Mizoguchi o Yasuhiro Ozu), pero sobretodo, nos encontramos ante una reflexión sobre el punto de vista y la naturaleza de la humanidad ciertamente lúcida y socarrona.

En fin, un cine de alta envergadura que enriquece, sobremanera, el nivel medio de la televisión nacional con la misma diligencia con la que otros, aficionados a la usurpación de léxicos orwellianos, la emponzoñan y destruyen en beneficio de unos cuantos accionistas adictos a promover la estulticia colectiva.
Vértigo y Rashomon supone el reencuentro con un tipo de Cine que, partiendo de una premisa sugerente, logra cumplir todas las expectativas insinuadas en el punto de partida, a costa de desarrollar el entramado desde un punto de vista original, seductor y apetecible, donde las palabras se rodean de imágenes subyugadoras, sombrías y fascinantes, y la falta de presupuesto se compensa con talento y voluntad de estilo. Un tipo de Cine que, al mismo tiempo que se aleja de los modismos y los tópicos, va acumulando a lo largo de los años una caterva de seguidores de varias generaciones y nacionalidades, iconoclastas amantes de las narraciones extraordinarias que, celosos del talento de los cineastas clásicos, se reúnen al calor de estas proyecciones con la única excusa de reconciliarse con un cine inspirado y, plenamente, satisfactorio.
Vértigo es una obra sobresaliente y descarnada, que se regodea del deseo y sus variantes perversas en la historia de un hombre frustrado que se enamora de una mujer, ya fallecida, a la que una vez creyó amar. Excusa argumental de naturaleza expiatoria que aprovecha, el bueno de Hitchcock, para dar rienda suelta a sus perversiones habituales (fetichismo conducente a la perdición, ambigüedad narrativa, tratamiento titiritero de los personajes y espectadores) a cambio de una obra artística de ascendencia mayúsculas condenada a perdurar ad eternumen las retinas de los espectadores de toda época.

Rashomon, más modesta pero igualmente trascendente, pertenece -con honores-, al club de la reivindicación perpetua tanto por su valor artístico (sus composiciones de plano están afectadas de un gran sentido expositivo) como histórico (al suponer, con su éxito en Venecia, la exportación de cine y cineastas japoneses tan necesarios como Kenji Mizoguchi o Yasuhiro Ozu), pero sobretodo, nos encontramos ante una reflexión sobre el punto de vista y la naturaleza de la humanidad ciertamente lúcida y socarrona.

En fin, un cine de alta envergadura que enriquece, sobremanera, el nivel medio de la televisión nacional con la misma diligencia con la que otros, aficionados a la usurpación de léxicos orwellianos, la emponzoñan y destruyen en beneficio de unos cuantos accionistas adictos a promover la estulticia colectiva.
Matrix Metacinéfilo
En esta página se analiza exhaustivamente, y con numerosos ejemplos fotográficos, las similitudes entre Dark City y Matrix.... Quienes llevéis siguiendo, durante un tiempo, mis artículos en este Cronicón Cinéfilo, ya habréis podido leer que los hermanos Wachowski también se acordaron de Cameron y sobretodo, de su Terminator, a la hora de dar vida a sus aventuras prospectivas (en fin, también les debió gustar Ghost in the Shell y algún que otro anime). Pero insisto, nadie -y menos en el cine fantástico- posee en exclusiva el monopolio de la originalidad. Y, ironías del destino, se convirtió a su vez en un producto de imaginería altamente imitado y recurrente.

No he venido para deciros cómo acabará todo esto. Al contrario, he venido a deciros cómo va a comenzar... Voy a colgar el teléfono y luego voy a enseñarles a todos lo que vosotros no queréis que vean: Les enseñaré un mundo sin vosotros; un mundo sin reglas y sin controles; sin límites ni fronteras. Un mundo donde cualquier cosa sea posible... Lo que hagamos después es una decisión que dejo en vuestras manos.

No he venido para deciros cómo acabará todo esto. Al contrario, he venido a deciros cómo va a comenzar... Voy a colgar el teléfono y luego voy a enseñarles a todos lo que vosotros no queréis que vean: Les enseñaré un mundo sin vosotros; un mundo sin reglas y sin controles; sin límites ni fronteras. Un mundo donde cualquier cosa sea posible... Lo que hagamos después es una decisión que dejo en vuestras manos.
Recuerdos de Woody
Woody Allen recibe un premio por su trayectoria artística, en el Festival de Cine de San Sebastian .

Nunca había sido capaz de enamorarme, no había encontrado a la mujer perfecta; siempre había algo malo. Y entonces conocí a Doris, una mujer maravillosa, con una gran personalidad. Pero por alguna razón, no me atraía sexualmente, no me preguntes por qué. Luego conocí a Rita, un animal, indecente, problemática. Me encantaba irme a la cama con ella, pero después siempre deseaba volver con Doris. Entonces, pensé, si pudiera poner el cerebro de Doris en el cuerpo de Rita sería maravilloso. Y pensé, por qué no?. Así que preparé la operación y todo fue perfectamente, cambié las personalidades e hice a Rita una mujer ardiente, dulce, sexy, maravillosa, madura... Y me enamoré de Doris.
Via Woody Allen en Geocities

Nunca había sido capaz de enamorarme, no había encontrado a la mujer perfecta; siempre había algo malo. Y entonces conocí a Doris, una mujer maravillosa, con una gran personalidad. Pero por alguna razón, no me atraía sexualmente, no me preguntes por qué. Luego conocí a Rita, un animal, indecente, problemática. Me encantaba irme a la cama con ella, pero después siempre deseaba volver con Doris. Entonces, pensé, si pudiera poner el cerebro de Doris en el cuerpo de Rita sería maravilloso. Y pensé, por qué no?. Así que preparé la operación y todo fue perfectamente, cambié las personalidades e hice a Rita una mujer ardiente, dulce, sexy, maravillosa, madura... Y me enamoré de Doris.
Via Woody Allen en Geocities
Una Historia China de Fantasmas
No hay mejor manera de reconciliarse con el cine de naturaleza entrañable que revisando filmes como Una Historia China de Fantasmas, sin duda, una de las propuestas orientales más recordadas, y veneradas por quien esto escribe y, naturalmente, por todo aficionado de género que se precie.
Una Historia China de Fantasmas, tal y como su título español advierte, es un cuento de fantasmas cinematografiado, exonerado de toda pretensión y manierismo por cuenta de un guión rebozado de sencillez y, sin embargo, imaginativo y delirante, cimentado sobre una compilación de escenas de ascendencia hermosa, (montadas de forma intuitiva y funcional) sazonadas –no por casualidad- de un humor cómplice y sumamente grotesco.

El film de Ching Siu Tung (que finalmente, daría lugar a una trilogía) narra la historia de un joven estudiante (también cobrador de impuestos), destinado a una aldea provinciana rodeada de bosques misteriosos que ocultan cementerios y templos repletos de espectros y aparecidos. Ante la imposibilidad de costearse un alojamiento, decide pasar la noche en un templo (dicen) maldito donde, sin saberlo, tendrá su primer contacto con demonios y fantasmas, entidades sobrenaturales que desean, ante todo, saciar sus estómagos diabólicos con almas jóvenes, objetivos despreocupados de bellos espíritus con apariencia de mujer y aviesas intenciones.
Investido con el don de la impericia, sin embargo, el joven estudiante logra sobrevivir al acoso de los demonios en su primera noche y, más que eso, comienza a sentirse atraído por una hermosa fantasma que, en un acto de caridad extraordinario, se convida a perdonarle la vida. Aunque el estudiante desconoce la condición de la joven (no sólo es un espectro condenado sino que además está prometida al mismísimo Señor de las Tinieblas), se propone liberarla de la pena que la aprisiona. Cándido pero valeroso, el estudiante se aliará con un rudo luchador (habituado a las luchas con espíritus desorientados) y se adentrará hasta el mismísimo infierno para intentar salvar el alma de su amada.


Una Historia China de Fantasmas está llena de imágenes fascinantes: demonios deslenguados, vuelos imposibles, artes marciales de linaje mágico, avernos envueltos en niebla, cabezas mordedoras, túnicas extensibles hasta el infinito... Pedazos de Cine Fantástico, por encima de todo fantástico, reunidos en torno a una historia cautivadora y, definitivamente, imperecedera.
Una Historia China de Fantasmas, tal y como su título español advierte, es un cuento de fantasmas cinematografiado, exonerado de toda pretensión y manierismo por cuenta de un guión rebozado de sencillez y, sin embargo, imaginativo y delirante, cimentado sobre una compilación de escenas de ascendencia hermosa, (montadas de forma intuitiva y funcional) sazonadas –no por casualidad- de un humor cómplice y sumamente grotesco.

El film de Ching Siu Tung (que finalmente, daría lugar a una trilogía) narra la historia de un joven estudiante (también cobrador de impuestos), destinado a una aldea provinciana rodeada de bosques misteriosos que ocultan cementerios y templos repletos de espectros y aparecidos. Ante la imposibilidad de costearse un alojamiento, decide pasar la noche en un templo (dicen) maldito donde, sin saberlo, tendrá su primer contacto con demonios y fantasmas, entidades sobrenaturales que desean, ante todo, saciar sus estómagos diabólicos con almas jóvenes, objetivos despreocupados de bellos espíritus con apariencia de mujer y aviesas intenciones.
Investido con el don de la impericia, sin embargo, el joven estudiante logra sobrevivir al acoso de los demonios en su primera noche y, más que eso, comienza a sentirse atraído por una hermosa fantasma que, en un acto de caridad extraordinario, se convida a perdonarle la vida. Aunque el estudiante desconoce la condición de la joven (no sólo es un espectro condenado sino que además está prometida al mismísimo Señor de las Tinieblas), se propone liberarla de la pena que la aprisiona. Cándido pero valeroso, el estudiante se aliará con un rudo luchador (habituado a las luchas con espíritus desorientados) y se adentrará hasta el mismísimo infierno para intentar salvar el alma de su amada.


Una Historia China de Fantasmas está llena de imágenes fascinantes: demonios deslenguados, vuelos imposibles, artes marciales de linaje mágico, avernos envueltos en niebla, cabezas mordedoras, túnicas extensibles hasta el infinito... Pedazos de Cine Fantástico, por encima de todo fantástico, reunidos en torno a una historia cautivadora y, definitivamente, imperecedera.
Dark Water: Melodrama de Terror
Drama familiar aderezado con cine de fantasmas, o al revés, y con el atenuante de ser obra del singular Hideo Nakata (The Ring), Dark Water nos cuenta la historia de la relación que una despistadiza madre, en vías de separación, mantiene con su pequeña hija (adicta a la exploración de recovecos oscuros) y su traslado y posterior convivencia en un viejo edificio de apartamentos, desvencijado y con constantes fugas de agua, que además guarda en su interior un terrible secreto.

Dark Water se adentra en el mundillo de los fantasmas cinematografiados con un profundo respeto, husmeando en los orígenes de su condición espectral y dotándoles de una conciencia intuitiva y victimista, pero sobretodo presume de contar una historia de aparecidos renunciando expresamente a los efectos digitales (y, casi, a los no digitales), asesinatos sangrientos de ascendencia carnicera o sustos basados en el estruendo estereofónico, al introducir los elementos sobrenaturales de la narración con extremada naturalidad, alternando efectismos vistos más de una vez (pero, terriblemente, funcionales: grifos goteando, aguas turbias –imagen recurrente en el cine de terror contemporáneo-, ascensores con cámara de video, ruidos de cañerías) con imágenes turbadoras (como la creciente mancha de humedad que adorna el techo de la habitación de la niña o la incesante lluvia, cuya severidad se prolonga justo hasta el epílogo del film) que consiguen proyectar un cierto deje de inquietud y desasosiego. Nakata hace avanzar con altos niveles de angustia esta historia de fantasmas (imaginados o no) ideada, con brio narrativo y una cierta emotividad, a la medida de espectadores enamorados del melodrama sobrenatural.
El film de Hideo Nakata, en fin, se rebela como una obra de cariz pausado, contenedora de un par de interpretaciones brillantes (en especial la de la niña), un edificio enfermo que actúa de mcguffin delicioso, algunos personajes prescindibles (en especial, el abogado) y momentos de terror excelentes repercutidos sobre elementos sumamente cotidianos: una mochila roja escolar, un chubasquero amarillo, una mancha de agua en el techo, un operario inoperante... Imágenes suficientes, en definitiva, para rescatar del olvido a este pequeño film de género, que otras historias -más petulantes y caras- merecerían con mayor justicia.
Lo más destacado: La sobriedad del conjunto y la contundencia de su antepenúltimo final.
Lo menos destacado: Personajes prescindibles que sabotean el desarrollo de la narración.
Calificación: 7

Dark Water se adentra en el mundillo de los fantasmas cinematografiados con un profundo respeto, husmeando en los orígenes de su condición espectral y dotándoles de una conciencia intuitiva y victimista, pero sobretodo presume de contar una historia de aparecidos renunciando expresamente a los efectos digitales (y, casi, a los no digitales), asesinatos sangrientos de ascendencia carnicera o sustos basados en el estruendo estereofónico, al introducir los elementos sobrenaturales de la narración con extremada naturalidad, alternando efectismos vistos más de una vez (pero, terriblemente, funcionales: grifos goteando, aguas turbias –imagen recurrente en el cine de terror contemporáneo-, ascensores con cámara de video, ruidos de cañerías) con imágenes turbadoras (como la creciente mancha de humedad que adorna el techo de la habitación de la niña o la incesante lluvia, cuya severidad se prolonga justo hasta el epílogo del film) que consiguen proyectar un cierto deje de inquietud y desasosiego. Nakata hace avanzar con altos niveles de angustia esta historia de fantasmas (imaginados o no) ideada, con brio narrativo y una cierta emotividad, a la medida de espectadores enamorados del melodrama sobrenatural.
El film de Hideo Nakata, en fin, se rebela como una obra de cariz pausado, contenedora de un par de interpretaciones brillantes (en especial la de la niña), un edificio enfermo que actúa de mcguffin delicioso, algunos personajes prescindibles (en especial, el abogado) y momentos de terror excelentes repercutidos sobre elementos sumamente cotidianos: una mochila roja escolar, un chubasquero amarillo, una mancha de agua en el techo, un operario inoperante... Imágenes suficientes, en definitiva, para rescatar del olvido a este pequeño film de género, que otras historias -más petulantes y caras- merecerían con mayor justicia.
Lo más destacado: La sobriedad del conjunto y la contundencia de su antepenúltimo final.
Lo menos destacado: Personajes prescindibles que sabotean el desarrollo de la narración.
Calificación: 7
Incorrest@s
Suponemos que debido al poco interés que parece despertar su Sección Oficial, hoy ha sido noticia en el Festival de Cine de San Sebastian 2004, la retrospectiva "Incorrest@s", que versa sobre un cine de autor que se "mofa" de los mitos y tabues de la sociedad de la que forman parte...
En fin, en la bastante representativa selección programada se mezclan títulos de culto (Arrebato de Zulueta o ), títulos más o menos provocativos (La vida de Brian de Terry Jones, Pink Flamingos de John Waters...), películas magníficas (Meet the Feebles de Peter Jackson, Zero en Conducta de Jean Vigo), tostones variados (Los Idiotas de Lars Von Trier) y naturalmente, un film de David Cronenberg (Crash). Interesante, de todas formas, contraprogramación cinéfaga proyectada para espectadores como usted.

En fin, en la bastante representativa selección programada se mezclan títulos de culto (Arrebato de Zulueta o ), títulos más o menos provocativos (La vida de Brian de Terry Jones, Pink Flamingos de John Waters...), películas magníficas (Meet the Feebles de Peter Jackson, Zero en Conducta de Jean Vigo), tostones variados (Los Idiotas de Lars Von Trier) y naturalmente, un film de David Cronenberg (Crash). Interesante, de todas formas, contraprogramación cinéfaga proyectada para espectadores como usted.

Niños malvados en el Cine de Terror
A partir de hoy, la portada de la revista Terror Universal abre un hueco a otro de mis artículos: Semillas de Maldad: Los Niños Malvados del Cine de Terror. Análisis cinéfago de más de una veintena de filmes (¿Quien puede matar a un niño?, Estoy Vivo, Ojos de Fuego, El pueblo de los malditos...) con un denominador común recurrente en el cine de género: los niños malignos.
Que lo disfrutéis.

Que lo disfrutéis.

Kurosawa On Line

Paseando por la red, y al objeto de devolver -algún día que otro- a la bitácora su condición primigenia, os he preparado una breve selección de links en castellano (y en inglés) dedicados a una figura cinematográfica de primera categoría: Akira Kurosawa, el brillante director de Dersu Uzala:
Magnífico especial de la revista Tijeretazos sobre el director japonés.
Imprescindible para cinéfilos, cuenta con una lujosa selección de textos.
Completo ensayo sobre Kurosawa en formato .doc
Exahustivo estudio sobre la obra del genial cineasta realizada por los amigos deMiradas de Cine con su habitual estilo convergente y analizador.
Homenaje a Kurosawa desde Encadenados.org
En Inglés:
El Site de referencia














