Million Dollar Baby: la madurez del Cineasta
Una de las frases en voz en off (de Morgan Freeman) que jalonan este excelente film de Clint Eastwood nos dice que el Boxeo es un deporte antinatural, que todo va al revés, que a veces sólo se puede pegar un puñetazo retrocediendo...
En el mundo del Cine donde las filmografías se construyen a base de esfuerzo (y talento) en la juventud y se tiran por la borda al dictado de las sirenas del aburguesamiento cuando las canas comienzan a aparecer en un espejo cada vez menos discreto y más onanista, Eastwood, un director/actor/autor septuagenario, sin embargo, se ha acostumbrado a mejorar con cada película y, en su caso, su retroceso vital, lejos de conformarle, le sirve para construir una filmografía cada vez más imprescindible, exigiéndose siempre algo más, rehuyendo los postulados del adocenamiento sin dejar de edificar sus historias sobre pilares más que consistentes: a) el trabajo de sus actores (en especial, él mismo), b) un guión razonable y c) una realización que, desacomodada de artefactos visuales, se rebela absolutamente honesta.

Maggie Fitzgerald, durante el film: Mo Cuishle (una de los mcguffins emocionales de los que se nutre la película), una camarera treintañera que convive con el sueño de ser boxeadora, contacta con un entrenador, Frankie, un dueño de un gimnasio de (intuimos) oscuro pasado (que le granjea sesiones diarias de arrepentimiento en suelo eclesiástico o no y una multitud de cartas devueltas remitidas a su hija) y sentido protector quien, en un primer momento, se niega a hacerse cargo de su entrenamiento y en otro, convencido por el tesón de la joven (y de una secuencia magnífica presidida de un leit motiv de carácter cómplice: un cumpleaños celebrado en la soledad del gimnasio), se atreve a aceptar el encargo de hacer de ella la boxeadora que siempre quiso ser.
Como tantas otras veces (éste es un subgénero que me apasiona especialmente), el cine utiliza al boxeo y a las gentes que pueblan sus gimnasios para hablar de la vida, la soledad, la redención, el éxito, el deseo y la frustración... metáforas conceptuales que no sólo van a definir la película de Eastwood sino el trabajo de todo el elenco artístico interviniente en esta obra inspirada y sumamente emocional que se niega a renunciar a lo sordidez definitoria de este género cinematográfico pero que, al mismo tiempo, se muestra terriblemente respetuoso con sus arquetipos y personajes. Desde este punto de vista, la película recoge muchas de las constantes del género boxístico (aun con discreción) utilizándolos a modo de liberación: la fotografía funciona como un personaje secundario iluminando los combates de boxeo (allí donde los personajes se sienten como desean ser) y dejando en la penumbra, con tomas y secuencias dominadas por clarooscuros de concepción magistral, el resto de estancias (gradas, vestuarios, esquinas de cuadriláteros, habitaciones de hoteles, viviendas...) donde se desarrollan las diferentes (y dolorosas) situaciones planteadas por el argumento.
Million Dollar Baby es, como se ha dicho, un drama desposeído de adimentos maniqueos (por ejemplo: una música redundante) que se ve con el corazón y se siente con las tripas, protagonizado por un trío de perdedores imbuidos en el hostal de los perdedores por excelencia: aquel que acoge a los boxeadores que habiendo conocido el éxito por los puños se muestran incapaces de reconducir sus vidas más allá de los cuadriláteros y sus servidumbres (entended esto como otra metáfora metaexistencialista). También es la historia de una amistad imperecedera forjada con el paso de los años entre dos tipos que una vez se necesitaron y que desde siempre se comprenden pero, sobretodo, Million Dollar Baby es la fábula de un padre que encuentra a un émulo de su hija en una joven luchadora (literal y retóricamente) y, de forma paralela, la de una hija que encuentra en el entrenador la reencarnación de un padre que había sabido amarla y aislarla de un entorno familiar más que pernicioso. Los tres, son personas sin familia que, sin embargo, todavía esperan del futuro una oportunidad de ascendencia redentora que les devuelva, y por la puerta grande, al nicho de los ciudadanos felices.
Para nosotros, espectadores inhabituados a semejante despligue de emociones cinematografiadas, Million Dolar Baby se convierte, en fin, en una de las películas más edificantes y adultas de cuantas se han osado poblar las carteleras en lo que va de año.
Lo más destacado: Que siendo como es una historia amarga de tintes trágicos sepa definirse como un cuento (¿moral?) exquisitamente cinematográfico.
Lo menos destacado: que su argumento suscite polémicas y oportunismos exagerados que no produjeron cintas mucho más reprochables (y controvertidas) como Harry El Ejecutor o La Lista Negra.
Calificación: 9
En el mundo del Cine donde las filmografías se construyen a base de esfuerzo (y talento) en la juventud y se tiran por la borda al dictado de las sirenas del aburguesamiento cuando las canas comienzan a aparecer en un espejo cada vez menos discreto y más onanista, Eastwood, un director/actor/autor septuagenario, sin embargo, se ha acostumbrado a mejorar con cada película y, en su caso, su retroceso vital, lejos de conformarle, le sirve para construir una filmografía cada vez más imprescindible, exigiéndose siempre algo más, rehuyendo los postulados del adocenamiento sin dejar de edificar sus historias sobre pilares más que consistentes: a) el trabajo de sus actores (en especial, él mismo), b) un guión razonable y c) una realización que, desacomodada de artefactos visuales, se rebela absolutamente honesta.

Maggie Fitzgerald, durante el film: Mo Cuishle (una de los mcguffins emocionales de los que se nutre la película), una camarera treintañera que convive con el sueño de ser boxeadora, contacta con un entrenador, Frankie, un dueño de un gimnasio de (intuimos) oscuro pasado (que le granjea sesiones diarias de arrepentimiento en suelo eclesiástico o no y una multitud de cartas devueltas remitidas a su hija) y sentido protector quien, en un primer momento, se niega a hacerse cargo de su entrenamiento y en otro, convencido por el tesón de la joven (y de una secuencia magnífica presidida de un leit motiv de carácter cómplice: un cumpleaños celebrado en la soledad del gimnasio), se atreve a aceptar el encargo de hacer de ella la boxeadora que siempre quiso ser.
Como tantas otras veces (éste es un subgénero que me apasiona especialmente), el cine utiliza al boxeo y a las gentes que pueblan sus gimnasios para hablar de la vida, la soledad, la redención, el éxito, el deseo y la frustración... metáforas conceptuales que no sólo van a definir la película de Eastwood sino el trabajo de todo el elenco artístico interviniente en esta obra inspirada y sumamente emocional que se niega a renunciar a lo sordidez definitoria de este género cinematográfico pero que, al mismo tiempo, se muestra terriblemente respetuoso con sus arquetipos y personajes. Desde este punto de vista, la película recoge muchas de las constantes del género boxístico (aun con discreción) utilizándolos a modo de liberación: la fotografía funciona como un personaje secundario iluminando los combates de boxeo (allí donde los personajes se sienten como desean ser) y dejando en la penumbra, con tomas y secuencias dominadas por clarooscuros de concepción magistral, el resto de estancias (gradas, vestuarios, esquinas de cuadriláteros, habitaciones de hoteles, viviendas...) donde se desarrollan las diferentes (y dolorosas) situaciones planteadas por el argumento.
Million Dollar Baby es, como se ha dicho, un drama desposeído de adimentos maniqueos (por ejemplo: una música redundante) que se ve con el corazón y se siente con las tripas, protagonizado por un trío de perdedores imbuidos en el hostal de los perdedores por excelencia: aquel que acoge a los boxeadores que habiendo conocido el éxito por los puños se muestran incapaces de reconducir sus vidas más allá de los cuadriláteros y sus servidumbres (entended esto como otra metáfora metaexistencialista). También es la historia de una amistad imperecedera forjada con el paso de los años entre dos tipos que una vez se necesitaron y que desde siempre se comprenden pero, sobretodo, Million Dollar Baby es la fábula de un padre que encuentra a un émulo de su hija en una joven luchadora (literal y retóricamente) y, de forma paralela, la de una hija que encuentra en el entrenador la reencarnación de un padre que había sabido amarla y aislarla de un entorno familiar más que pernicioso. Los tres, son personas sin familia que, sin embargo, todavía esperan del futuro una oportunidad de ascendencia redentora que les devuelva, y por la puerta grande, al nicho de los ciudadanos felices.
Para nosotros, espectadores inhabituados a semejante despligue de emociones cinematografiadas, Million Dolar Baby se convierte, en fin, en una de las películas más edificantes y adultas de cuantas se han osado poblar las carteleras en lo que va de año.
Lo más destacado: Que siendo como es una historia amarga de tintes trágicos sepa definirse como un cuento (¿moral?) exquisitamente cinematográfico.
Lo menos destacado: que su argumento suscite polémicas y oportunismos exagerados que no produjeron cintas mucho más reprochables (y controvertidas) como Harry El Ejecutor o La Lista Negra.
Calificación: 9
17/02/2005 00:33 Enlace permanente. Tema: críticas.
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Autor: Spaulding
Es que este hombre se supera a sí mismo. Mystic River... Million Dollar... Que haga otra película ya mismo, pues cada vez que acudo a un estreno suyo, vuelvo a creer en el cine al 100%
Fecha: 18/02/2005 08:19.
Autor: Jackal
Es que Eastwood es mucho Esatwood. De obra maestra en obra maestra y gano un Oscar porque me toca.
Fecha: 18/02/2005 11:58.
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Autor: Luis
Si por algo estoy jodido es porque no podré ir este fin de semana a ver esta película. Cada vez menos mi acontecimiento anual es Woody Allen y cada vez más lo es Eastwood.
Fecha: 18/02/2005 13:20.
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Autor: Anto
Quien nos iba a decir anosotros que aquel engendro que montaba en un camion con un mono de copiloto, mientras se daba de hostias hasta con el apuntador , se iba a convertir en uno de los directores con mas talento del cine actual. El pobre KEavin Costner se muere de envidia ,jejejej
Fecha: 18/02/2005 14:58.
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Autor: antonimus
este hombre es un monstruo, me parece que lo mismo escorsese se queda sin oscar... otra vez.
Fecha: 18/02/2005 17:26.
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Autor: J. P. Bango
Anto, la del orangután también tenía su historia... Evidentemente, no todo el producto salido de la factoría Malpaso tiene el sello de película imprescindible pero, desde luego, es innegable la capacidad que tiene este cineasta de hacernos olvidar lo mal que lo hacen muchos de sus coetáneos (y muchos otros de generaciones más jóvenes). En la comparación, su filmografía se supravalora: por disfrutable, por bien realizada, por ser, ya lo he dicho otras veces, sobretodo honesta.
Alguien me comentaba hacia poco que también era algo misógina... No sé yo.
Alguien me comentaba hacia poco que también era algo misógina... No sé yo.
Fecha: 18/02/2005 21:06.
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Autor: Ernesto
Cine de miradas y silencios, de sentimientos a flor de piel...uando las luces se encienden, seguimos noqueados y hundidos en la butaca, por el derechazo que Eastwood ha lanzado sobre nuestra débil condición humana.
Fecha: 19/02/2005 11:41.
Autor: marta
Pues yo aun no me he decidido a verla. Me apetece, pero tengo entendido que es de las que te dejan hecho polvo. Sin embargo, he leído tantas cosas buenas sobre ella que en cuanto me lo permita el trabajo igual voy. Suerte que le han dado un Osacr, así durará más en cartel. Ventajas de la mercadotenia.
Fecha: 04/03/2005 18:55.
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Autor: J. P. Bango
Sí. Las palabras de Ernesto son más que acertadas para definir el sentido de un film como este.
Marta, no tengas prisa en verla. Pero cuando lo hagas, enfréntate a ella como si nadie te hubiera aconsejado su visionado. Las buenas películas surgen de la contemplación. Nuestras palabras no hacen más sino limitarla.
Un saludo a ambos y bienvenid@s al Cronicón.
Marta, no tengas prisa en verla. Pero cuando lo hagas, enfréntate a ella como si nadie te hubiera aconsejado su visionado. Las buenas películas surgen de la contemplación. Nuestras palabras no hacen más sino limitarla.
Un saludo a ambos y bienvenid@s al Cronicón.
Fecha: 04/03/2005 23:06.
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Autor: David
sencillamente genial...un film que muestra como a pesar de carencias que alguna personas pueden tener en sus vidas, jamas abandonan la oportunidad de ser perdonados ( no por nada frankie en el film va a misa por 23 años seguidos todos los dias)y ademas el hecho de que en cada dìa puede llegar una nueva oportunidad para redimirse para estas personas que ya han hecho de la tristeza como algo que es parte de su vida....pero no por eso dejan de buscar el camino para olvidar el pasado y crearse un futuro en el cual no cometan esos errores que tanto los atormentan. Una pelicula que serà un clàsico, de esas que marcan hito...
Fecha: 07/04/2005 00:36.










