Hace un año
Hoy, hace más o menos un año, no podía escribir, leer o mantener una posición erguida; me quebraba el dolor y la incertidumbre. No dejaba de empeorar. En veinte días había cambiado mi vida sin haber mediado ningún accidente traumático, algún síntoma previo. Del todo a la nada. Deseaba proyectar tranquilidad: a mi alrededor se acumulaban rostros de pesadumbre.
No descubro nada. Vivimos en la creencia de la inmortalidad, de la omnipotencia, de la inmunidad autocondicionada. Pero todo es mentira. Lo primero que aprendemos en la escuela es un silogismo socrático: todos los hombres son mortales. Al rato ya se nos ha olvidado. Es más, consideramos a la enfermedad como una anécdota, el dolor una consecuencia casual. Celebramos nuestros cumpleaños como si hubiera algo que festejar pero nunca nos paramos a pensar en el reverso tenebroso de este tipo de celebraciones: todos los años pasamos, sin darnos cuenta, por la fecha de nuestra muerte.
Yo sabía que no iba a morir, claro, aunque tardé en tener un diagnóstico del que me pudiera fiar (me hubiera creído cualquier cosa, ciertamente). Lo que no sabía era el límite máximo de mi degradación física o si de veras era posible su reversibilidad. La incertidumbre me embargaba. El desconocimiento de su progresión, lo anómalo de su naturaleza, aumentaba mis niveles de ansiedad.
Podía abrir los ojos, eso sí, y mantenerme en una posición tumbada sin mucho dolor. Veía; esto sería fundamental. No dejé de ver películas: buenas, malas, muy malas. Revisé y visioné todo lo que pude y si hubiera podido más lo habría hecho. Seis meses pululando alrededor de una cama o un sofá dan para muchas horas de cine, os podéis imaginar: sólo la imposibilidad de reflexionar por escrito sobre lo que veía me frustraba. Pero para aquel entonces ya conocía el nombre de la enfermedad, comenzaba a pensar que la solución era viable o posible.
Hace seis meses que comencé a trabajar de nuevo en la ocupación residual y puramente alimenticia de la que tanto me está costando escapar (de no hacerlo, acabará conmigo); siete desde que me reincorporé a la cotidianidad balsámica de este Cronicón. El primer post se regó en lágrimas. Durante mucho tiempo mi pensamiento había sido la inexorabilidad, la decadencia, la irreversibilidad. Esas letras ajadas significaron mucho para mí.
Aun convivo con el temor de una recaída pero con el conocimiento somero de la enfermedad. Sé que una vez se detuvieron sus síntomas y sé que pueden volver a detenerse si hiciera falta. El dolor se ha vuelto soportable. La certidumbre es algo más que una victoria.
Naturalmente, puedo volver a escribir.
No descubro nada. Vivimos en la creencia de la inmortalidad, de la omnipotencia, de la inmunidad autocondicionada. Pero todo es mentira. Lo primero que aprendemos en la escuela es un silogismo socrático: todos los hombres son mortales. Al rato ya se nos ha olvidado. Es más, consideramos a la enfermedad como una anécdota, el dolor una consecuencia casual. Celebramos nuestros cumpleaños como si hubiera algo que festejar pero nunca nos paramos a pensar en el reverso tenebroso de este tipo de celebraciones: todos los años pasamos, sin darnos cuenta, por la fecha de nuestra muerte.
Yo sabía que no iba a morir, claro, aunque tardé en tener un diagnóstico del que me pudiera fiar (me hubiera creído cualquier cosa, ciertamente). Lo que no sabía era el límite máximo de mi degradación física o si de veras era posible su reversibilidad. La incertidumbre me embargaba. El desconocimiento de su progresión, lo anómalo de su naturaleza, aumentaba mis niveles de ansiedad.
Podía abrir los ojos, eso sí, y mantenerme en una posición tumbada sin mucho dolor. Veía; esto sería fundamental. No dejé de ver películas: buenas, malas, muy malas. Revisé y visioné todo lo que pude y si hubiera podido más lo habría hecho. Seis meses pululando alrededor de una cama o un sofá dan para muchas horas de cine, os podéis imaginar: sólo la imposibilidad de reflexionar por escrito sobre lo que veía me frustraba. Pero para aquel entonces ya conocía el nombre de la enfermedad, comenzaba a pensar que la solución era viable o posible.
Hace seis meses que comencé a trabajar de nuevo en la ocupación residual y puramente alimenticia de la que tanto me está costando escapar (de no hacerlo, acabará conmigo); siete desde que me reincorporé a la cotidianidad balsámica de este Cronicón. El primer post se regó en lágrimas. Durante mucho tiempo mi pensamiento había sido la inexorabilidad, la decadencia, la irreversibilidad. Esas letras ajadas significaron mucho para mí.
Aun convivo con el temor de una recaída pero con el conocimiento somero de la enfermedad. Sé que una vez se detuvieron sus síntomas y sé que pueden volver a detenerse si hiciera falta. El dolor se ha vuelto soportable. La certidumbre es algo más que una victoria.
Naturalmente, puedo volver a escribir.
19/04/2005 20:01 Enlace permanente. Tema: Otros temas.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: REFO
Ánimo J.P.
Yo tampoco sabía nada, pero lo está usted haciendo muy bien.
Yo tampoco sabía nada, pero lo está usted haciendo muy bien.
Fecha: 21/04/2005 17:30.
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Autor: Spaulding
Ignoraba su situación. Ánimo y a seguir. La buena gente siempre sale adelante.
Un fuerte abrazo.
Un fuerte abrazo.
Fecha: 21/04/2005 19:15.
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Autor: J. P. Bango
No hay problema: a día de hoy estoy de puta madre y con el tiempo no será más que una anécdota (cruzo dedos).
Gracias por vuestras palabras.
Gracias por vuestras palabras.
Fecha: 21/04/2005 19:29.
Autor: Steam Man
Siempre hay subidas y bajadas... por lo demás y sin que sirva de precedentes comentaré que el 19 de Abril es el dia de Mi cumpleaños así que un post muy curioso en este dia (aunque lo haya descubierto dias pasados)...
Saludos
Saludos
Fecha: 22/04/2005 09:25.
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Autor: Maria
Me ha parecido muy interesante. Gracias por permitirme a mi también darme a conocer.
Es un rincón familiar y acogedor donde el visitante se siente como en casa.
Es un rincón familiar y acogedor donde el visitante se siente como en casa.
Fecha: 22/04/2005 11:03.
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Autor: José Manuel
Mucho ánimo y a seguir escribiendo tan bien de cine. Aquí estaremos para leerte.
Gracias por todo.
Gracias por todo.
Fecha: 22/04/2005 23:39.










