Alien acecha en la sombra

Anoche, en un ejercicio de rememoración nostálgica (algo que suelo hacer de vez en cuando, no creáis) me propuse revisitar/revisionar el primer Alien, aquel film que revolucionara la estética de la ciencia ficción prospectiva a costa de mezclar, en poco menos de dos horas, arquetipos provenientes de a) la monster movie de serie B, b) del género de naves espaciales de atmósfera densa (It! The Terror Beyond Space de Edward L. Cahn), c) del slasher de mediados/finales de los 70 (La Matanza de Texas, Las Colinas Tienen Ojos), d) del terror psicológico en su modalidad claustrofóbica (Sola en la oscuridad), e) del cine de parásitos alienígenas (La invasión de los ladrones de cuerpos), f) del art-escenic previo a la eclosión del cyberpunk, g) de la arquitectura orgánica de aires lovecraftianos inspirada por Giger...

Retazos de cine corporativo-minero, inteligencia artificial, androides al servicio de la empresa, acción pirotécnica, sustos in fade, animal attack movies, vampirismo subrepticio, monstruos ocultos entre las sombras, ecos al Joseph Conrad de El Corazón de las Tinieblas (que tanto inspirara a la generación de los 70)... definen, en fin, esta película extraterrestre, rara avis en la filmografía del cineasta británico, ejemplo paradigmático de lo bien que pueden conjugar el terror más abstracto con la ciencia ficción al uso.



Fruto de la imaginación de un cinéfilo compulsivo como Dan O’Bannon el guión de Alien le sobrevino como una nueva vuelta de tuerca a su primer film, Dark Star (escrito en colaboración con John Carpenter), trasladando los postulados cómico-paródicos de aquélla a vertientes más próximas al cine de terror (un grupo aislado acechado por un depredador asesino). El guión, claro, se le fue de las manos y pasó de una productora a otra, incluyendo la de Roger Corman, hasta que su compañero de fatigas Ron Shusset contactó con Walter Hill y David Giller y, con ello, conseguieron dar continuidad a un proyecto que a medida que tomaba forma y cuerpo se iba sofisticando y encareciendo.

La elección del director, sin embargo, sería aún más complicada toda vez que el propio Walter Hill, Robert Aldrich, Jack Clayton o Peter Yates se habían negado a firmar una monster movie espacial preñada de efectos especiales y con cierto tufillo a subgénero de consumo. Ridley Scott, director de spots publicitarios que había presentado su ópera prima en Cannes, Los Duelistas, aceptaría el encargo de dirigir Alien para promocionarse dentro del entramado hollywoodiense. Un encuentro con Giger, a quien Dan O’Bannon había conocido mientras preparaba con Alejandro Jodorowsky una adaptación de Dune, dotaría al film de una textura orgánica inconfundible y de un monstruo, en verdad, singular, temible y fascinante.



Un equipo artístico completado por Moebius o Carlo Rambaldi, culminaría una obra que, gestada desde presupuestos mercantiles y morales próximos a la Serie B, acabaría convirtiéndose en la cinta de culto notable y vanguardista que hoy muchos admiramos, en el origen de una saga galáctica heterogénea, visualmente seductora, conceptualmente generosa, dotada de un ritmo contemplativo y una intriga creciente, un talante descriptivo pero nada rutinario, ajeno a la previsibilidad y al adocenamiento, donde los personajes se sumergen en el auténtico corazón de las tinieblas, en el hábitat de una bestia insana, y acaban devorados por su apetito inapelable, por un instinto mutante y superviviente que, imaginamos, le ha servido para perpetuar su especie ad eternium...



Su primera hora, en fin, seguirá siendo y por mucho tiempo, uno de los planteamientos más sugerentes de la SF contemporánea.

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Autor: Perraco

Vistas Alien y Blade Runner uno pensaba, rediós!, qué bueno es este Scott... pero visto todo lo rodado luego por el menda, uno acaba por pensar que en esas dos primeras pelis, los que eran rematadamente buenos eran todos esos "monstruos" que mencionas y que trabajaban codo a codo con él...

Definitivamente, el talento no se pega...

ciao.

Fecha: 09/06/2005 19:35.


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Autor: J. P. Bango

Nunca me ha parecido un gran director. Sí un superviviente de una industria acostumbrada a devorar a sus especímenes más caprichosos.

Rodearse de los mejores es el modo de ocultar la falta de talento propia, claro.

Un saludo, Perraco.

Fecha: 09/06/2005 22:22.


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