¡Constancia al inconstante!
En poco más de diez días se va otro año. No voy a decir que ha sido un año más, porque no lo ha sido: la satisfacción de dos publicaciones en otros tantos relatos escritos me allana el camino hacia ese auto-conocimiento (¿confianza?) que toda persona que disfruta escribiendo necesita, para aposentarse en el limitado panteón de aquellos que se sienten conformes con lo que hacen, con cómo lo hacen.
Es insuficiente pero no debo pedir mucho más. Esos dos relatos han sido lo único que he podido terminar de escribir y/o promocionar en todo lo que va de año. Y ambos deben su existencia a los últimos meses del 2004. En este sentido, puedo decir que el 2005 no ha sido nada productivo pero, voy a ser auto-indulgente, diciendo, simplemente, que éste ha sido un Año de Transición (el motivo principal de la ausencia de más textos escritos posibilitará otro editorial en días sucesivos) dentro de un lustro dedicado, casi por entero y para mi desgracia, a la Transición.
Es así y no lo es. En este año, las letras, los textos que he escrito y/o planificado, han surgido con una gran fluidez, dando forma y formato digerible a aquello ideado por una imaginación, la mía, del todo punto saboteada por la indolencia y el conformismo. Palabras, frases confortables que provocan un cúmulo de sensaciones gozosas se han amontonado al otro lado de la pantalla haciendo posible lo imposible: ser capaz de transmitir lo que pienso (ahora, por ejemplo, sobre el Cine) con algún texto prescindible y otros que no lo son tanto y, entre estos, alguno que me gustan especialmente y del cual presumo de sentirme orgulloso, igual que un padre debería sentirse de su hijo en el día de su graduación universitaria.
Supongo que el secreto de todo escritor estriba en acumular letras, (pre)textos, palabras encadenadas en el transcurso de los días, meses y años, y en comprobar como éstas se apresuran a ordenarse de forma cada vez más coherente y armoniosa. No hay nada más placentero que encontrar la palabra precisa a aquello que quieres transmitir o comunicar, y que ésta surja de manera espontánea y natural, sin que ello conlleve una renuncia a un estilo singular, personal, reconocible, o caiga en la más que insufrible intranscendentalidad. A la consecución de ese objetivo (todavía lejano, cada vez más cerca) contribuye el día a día de este Cronicón Cinéfilo. No en vano, la principal premisa que justificara la apertura de este personalísimo blog se resume en un lema significativo: asegurar constancia a un inconstante.
Y en esas estoy. Aunque de vez en cuando falte a mi cita con la rutina (fijada en ocho post quincenales) diaria, no es menos cierto que la existencia de este blog ha posibilitado un incremento de calidad global de mi escritura (a pesar de que cada vez tengo menos tiempo para este tiempo de reflexión crítica) y que, en base a ello, pueda afrontar el futuro en estas lides autodestructivas (que otros llaman “proceso de creación literaria”) con la ilusión de aquel que empieza en un arte expresivo cuya único fundamento se resume en dar a conocer a los demás, el inane e insatisfactorio mundo que nos rodea.
Esa constancia es lo que le debo yo al Cronicón y por eso sigo. Como el primer día: ilusionado, satisfecho, creciendo. Incluso en un año de transición. Como éste.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: Andolini
Fecha: 20/12/2005 15:13.
![]()
Autor: J. P. Bango
Fecha: 20/12/2005 20:12.
![]()
Autor: FranOntanaya
Fecha: 21/12/2005 17:45.
Autor: Queco
Fecha: 22/12/2005 10:16.
![]()
Autor: J. P. Bango
¿Lo conseguiremos?
Fecha: 23/12/2005 23:09.
Autor: Javi
Un abrazo.
Fecha: 24/12/2005 09:32.










