Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2005.

Talante, recuerdos y sabotajes

No sé vosotros pero yo, hay días, que soy incapaz de entrar en este Cronicón. Lleva pasando desde hace un par de semanas, en días aleatorios, y por lo que sé, afecta a todas las páginas del servidor de Blogia, y a partir de las cuatro de la tarde.

Si hubiera ocurrido hace poco más de un año, esta visita...



...quizás me hubiera hecho pensar en un sabotaje. Pero no, amigos: debemos suponer que se trata de un fallo técnico, casual y, esperemos, subsanable.

En fin, estos días que se avecinan están repletos de recuerdos cercanos, algunos dolorosos, todos ellos fundamentados en la incertidumbre. Y supongo que El Cronicón lo notará. Cuestiones importantes, trascendentales, en mi vida han pasado por estas fechas, uno, dos, tres, cuatro años atrás. Y, a buen seguro, y dado que mi existencia se rige por una rutina stajovista en la que las fechas adquieren una gran importancia, será difícil que pueda pasarlas por alto. Intentaré, no obstante, que en la medida de lo posible no se vea alterada la cinefilia que suele animar e impulsar a estas (vuestras) páginas.
01/04/2005 20:18 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 2 comentarios.

Los diez mandamientos de un guionista de éxito.

1) Amarás a tus productores sobre todas las cosas (proyectos, sueños o ideales)
2) No tomarás decisiones creativas en vano (o el desempleo llamará a tu puerta).
3) Santificarás los gustos del público (y amén).
4) Honrarás el trabajo de Dalton Trumbo o Leigh Brackett.
5) No serás original (ni lo intentarás).
6) No dejarás de escribir remakes, biopics o adaptaciones de comics (los alquileres no se pagan sólos)
7) No escribirás películas autocomplacientes (tu gusto es solamente tuyo)
8) No visionarás películas de Quentin Tarantino ni las promocionarás.
9) No despreciarás ninguna secuela (ni siquiera la de Bridget Jones!)
10) No codiciarás a la novia de tu director (al fin y al cabo, él es la estrella)
03/04/2005 10:49 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 5 comentarios.

JDC: El Vaso de Leche

Quizá algunos forméis parte de esa conmoción colectiva que, de forma súbita, ha aparecido en la mayoría de estamentos de nuestra sociedad (y en todos sus medios de comunicación) mostrándose afligidos o pesarosos por la muerte de El Papa. O quizá pertenezcáis a aquellos que aún siguen brindado con champán... Tanto para unos como para los otros la aflicción/alegría tornará en olvido/decepción en un breve espacio de tiempo: en quince días habrá sustituto.

Es inevitable. Sucede en todas las clases jerarquizadas y, más aún en aquéllas que se sustentan desde tiempos inmemoriales en las prebendas de la fe y los impuestos, en los gobernantes y en los generales. Al contrario que los grandes personajes que deben su popularidad a su talento o su trabajo (Hitchcock, Picasso, Shostakovich), aquéllos suelen caracterizarse por alcanzar su santidad con un simple nombramiento, la solemnidad por un título tiznado en carmesí, su futuro por cuenta de un pasado oportunista y despótico.

Los Papas no han sido muy cinematográficos: en la retina es fácil recordar a El Cardenal o Las Sandalias del Pescador, alguna hagiografía (técnicamente hablando) olvidable y un par de obras maestras: Amén de Costa Gavras (el Papa actúa por omisión) y El Padrino III de Francis Ford Coppola.



Precisamente, de ésta última quiero destacar una gran secuencia (dentro de una linea argumental que apoyaba una teoría conspirativa de ascendencia didáctica): la de una taza de té que se posa sobre una mesilla que anticipa una de las elipsis más informativas de la historia del Cine Contemporáneo.

El modo en que Coppola narra la escena tiene mucho que ver con una de las secuencias más famosas de la cinematografía hitchcockniana canjeando el té de aquélla por un vaso de leche iluminado de modo refulgente. En fin, esto se trataba de un juego: ¿de qué película de Hitchcock os estoy hablando?
04/04/2005 20:54 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 5 comentarios.

La sospecha sube por la escalera

A Hitchcock le atraía la historia (que cuestionaba la confianza marital, el enamoramiento ciego, la convivencia interpares... todo un puñetazo a las servidumbres de un matrimonio, como véis) pero quiso llevar el juego del engaño hasta el final, ¡y explicarlo!

Ese final, precisamente, propiciaría el disgusto del propio Hitchcock, sumamente autocrítico con su obra y más que disgustado por el final impuesto por los amables productores de la RKO, tal y como le explicara después a Truffaut. Pero para la retina dejó más de una escena memorable...



François Truffaut: Cuando Cary Grant sube la escalera, está muy bien.

Alfred Hitchcock: Hice poner una luz en el vaso de leche.

François Truffaut: ¿Un proyector dirigido hacia la leche?

Alfred Hitchcock: No, dentro de la leche, dentro del vaso. Porque era necesario que fuera sumamente luminoso. Cary Grant sube la escalera y era preciso que no se mirara más que a ese vaso.


...Y el inicio de su relación profesional con Cary Grant. Es Sospecha. Un Hitchcock menor: plenamente disfrutable; sumamente ambiguo.
06/04/2005 22:14 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 7 comentarios.

DCD: Creatividad

Virus: Afección contagiosa producida por un organismo mutante adicto a la fabricación de remakes, biopics, adaptaciones comicófilas y otras subversiones fotocopiadoras de la cinematografía contemporánea. De momento, sin vacuna.

Remake: Volver a hacer (lo que ya estaba hecho). No es un mal por sí mismo (Hitchcock, Hawks o De Mille hicieron remakes de sus propias obras con gran acierto) sino, más bien, una necesidad alimenticia que nos demuestra, bien y a las claras, el talante comercialoide de buena parte del Cine de serie A y su nula vocación por el riesgo, la transgresión y la heterodoxia.



Intertextualidad: Influencia entre dos o más proyectos artísticos. Según esto, la intertextualidad (por contagio) caracteriza al cine contemporáneo. Ejemplo de tal: buena parte del cine de acción fantástico posterior a Matrix.

Idea: Eureka newtoniana. Elemento singular de naturaleza creativa que suele generar proyectos de ascendencia ensoñadora (prontamente eclipsados por la cruda realidad). Shyalaman suele tener una y en función de ella, es capaz de contarnos toda una película. En plural: origen de enfermedades mentales de todos los que se sitúan a su alrededor (Los guionistas, por el esfuerzo; los directores, por querer imponer la suya; los productores, por ataques de risa perpetuos provocados por la credulidad de los otros dos).

Previsibilidad: Cualidad que define a los finales made in Hollywood. En Cine: la sensación de vacío que deja una mala película tras haber soltado los 6 euros del ala.

Blockbuster: Éxito de temporada. Primera de una serie de películas de similares características, parecido esquema narrativo, e iguales planteamientos y objetivos. Se caracteriza por el exceso de ruido, una estructura de videojuego (en su modalidad arcade) y el protagonismo de tres actores-paradigma de dotada apariencia y más que discutible talento.

Sleeper: Producto sorpresa de la temporada anterior proveniente, por lo general, de los circuitos independientes que debe su éxito al medio de comunicación de masas por excelencia: el boca-oreja. También representa el principio del fin de su director.

Circuito independiente: Cadena de distribuidoras autocalificadas como tales.

Creatividad: Ensoñación egocentrista de la que presumen los parados (o los que estamos a punto de adquirir tal condición) expuesta a modo de reivindicación. Ya lo anticipo: dura justo hasta la firma del siguiente contrato (o lo que se tercie).

Ay, que vida esta.
07/04/2005 20:53 Enlace permanente. Tema: Definiciones de Cine No hay comentarios. Comentar.

El cameo del gran manipulador

Esta semana, y sin pretenderlo, nuestro admirado Alfred Hitchcock se ha colado casi en todos los artículos que han dado sentido a este cronicón. No es nada nuevo, como sabéis, pues con esta mención serán ya (al menos) veinticinco artículos en que, de una u otra manera, han tenido como principal referencia su oronda figura, su genio inclonable, su su cine virtuoso y gratamente manipulador.

Una de sus mayores aficiones (seguramente la más onanista) fue la del cameo. Estas dos páginas (en inglés; en alemán) ofrecen una exhaustiva recopilación de sus apariciones. La mayoría de ellas dotadas de una gozosa atracción por la ironía.

La prueba:

09/04/2005 19:29 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 5 comentarios.

Blade Trinity: Duelo de vampiros sin garra

Blade vuelve, y lo hace con una tercera parte más luminosa (y que desprecia, en cierta manera, el trabajo que en sentido contrario ideara el bueno de Guillermo del Toro) y previsible, con más buenos que malos, con malos mucho menos seductores y con un montón de ganas de dar por finiquitada la serie a pesar de la renovación/rejuvenecimiento de sus arquetipos/protagonistas.

Un equipo de vampiros liderados por Danica Dalos (una Parker Posey genial) encuentra en el desierto jordano la tumba de Drácula (el cómo han dado con ella se omite, por supuesto) quien, tras despertar de su sueño centenario, devora a uno de sus congeneres y se traslada, claro, a EE.UU, para continuar su lucha contra los humanos que, aunque no lo saben, cuentan con la ayuda del lacayo vampiro por excelencia: el mutante Blade. Paralelamente a esta búsqueda, la singular vampira planea dejar fuera de control a nuestro amigo espadachín orquestando una campaña de desprestigio que le hará culpable del asesinato de un humano y que posibilitará su entrada en el calabozo con la connivencia de un más que despistado departamento del FBI. Pero Blade no está solo pues a su sombra está germinando una guerra de guerrillas que enfrentará a los vampiros contra los humanos y de la que los Nightstalker (vigilantes de la noche aficionados al exterminio vampírico, aquí liderados por Hannibal King, un ex-lacayo resentido, y por Abigail Whistler, una auténtica hija de... Whistler), tendrán mucho que decir (de hecho, casi más que el propio Blade).



Blade vuelve a cambiar de adversario enfrentándose al vampiro malvado por excelencia, Drácula (con poca entidad y menos presencia: en realidad, es como si no estuviera toda vez que no ofrece nada que no hayamos visto ya en las películas anteriores), redenominado Drake, tampoco sabemos muy bien porqué y sobretodo por qué lo saben los Nightstalker, y lo hace con un cierta desidia, sin apenas dejar un espacio para el humor (lo intenta Hannibal sin mucha suerte), repartiendo golpes a diestro y siniestro, con su moto y su chupa de cuero, con el acompañamiento de Abby Hustler, una suerte de Amazona (con su arco y todo), guapa pero de mirada adusta, de apariencia invencible pero escasa comicidad, para recuperar, después y sin mucho esfuerzo, la línea argumental de las otras, enfrentando al grupo de vigilantes a una comuna de vampiros sustentados por una entidad corporativa de origen farmacéutico que tiene como líderes a un par de chupasangres más virtuosos que los demás.

Wesley Snipes (extraño en él) se mueve como un personaje secundario en esta película que parece más un episodio piloto (caro, eso sí) de una serie de televisión que una película de Serie A al uso (a estas alturas, el formato catódico parecería el más viable para no seguir degenerando la historia; no toda va ser Buffy, ¿verdad?) y que cuenta con un buen puñado de lagunas argumentales, con un guión que sirve de excusa preparatoria de las numerosas pero poco sorprendentes escenas de acción, y con unos diálogos que, digamos, se resuelven con poca fortuna (algunos incluso de forma vergonzante). Obviando, pues, estos primeros (y rápidamente perceptibles) elementos definitorios, el cineasta/productor/guionista David S. Goyer sabe salvar su producto a base de ruido y testosterona, un par de ideas argumentales sugerentes (que no sabe explotar: la granja humana y los perros vampiro) y una endemoniada (y necesaria, visto lo visto) atención por el ritmo (algo de lo que carecen las ineficaces Constantine o Elektra).

David S. Goyer, cultiva el argumento prebélico ya anunciado en las películas anteriores entre el mundo de los vampiros y el de los humanos (algo parecido ocurría en Underworld, ¿no?), con sus células de resistencia incluidas, con colaboracionistas (naturalmente) en el bando de los poderosos (en la linea de Están Vivos pero sin un ápice de mordacidad), y con brutos torturadores (con voz y formas de Mister H) en el de los vampiros. Todo junto define un film, en fin, menor, olvidable pero decorosamente distraído.

Lo más destacado: la música es menos molesta de lo habitual en la serie Blade.

Lo menos destacado: la nula capacidad de sorpresa de todo el producto; el carácter rutinario de su argumento.

Calificación: 5
11/04/2005 19:21 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 3 comentarios.

La Tumba India: el baile de la cobra

Gozosa penúltima producción del bueno de Lang, y gracias a un baile inolvidable de la no menos inolvidable Debra Paget, en nuestra retina cinéfila siempre quedará un hueco para esta La Tumba India, estupenda continuación de El Tigre de Esnapur que adaptaba la novela de Thea Von Harbou (prueba de que no era rencoroso...) y que aún conserva su apostura delirante, su fisionomía mágica, su aire de aventura imperecedera.



Si no lo habéis visto, hoy es un buen día para hacerlo.
12/04/2005 20:07 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 7 comentarios.

Pensamientos furtivos frente a un espejo (de cine)


Pensamiento 1º:


Escribir es un proceso delirante. A veces sirve como válvula de escape, una brizna de fantasía que ocupa parte del tiempo que debería ocupar en pensar. Pensaré en ello cualquier día de estos...

Pensamiento 2º:


Sólo conozco una certeza. Soy la única persona que estará conmigo el resto de mi vida. Por eso firmé un pacto de no agresión; para cumplirlo debemos llevarnos bien, tú y yo, espejo mío.

Pensamiento 3º:

Decisiones. A veces hay que tomar decisiones. A la mayoría de gente se le activa un mecanismo de refuerzo en su cerebelo que le ayuda a soportar la carga de la decisión; liberados de ella, se autoconvencen para vivir, desde entonces, en el creencia de que acertaron... Yo siempre tomo la decisión contraria a mis propios intereses. ¡Y el jodido mecanismo cognitivo no me funciona!


Pensamiento 4º:

Me aburrió soberanamente la película que vi anoche. Pero volveré a verla. Quizás porque no tenga una mejor cosa que hacer. Quizá porque no tenga nadie con quién vivir... una alternativa más gozosa.

Pensamiento 5º:

Estoy triste. La tristeza es una sensación contradictoria. Me lo hace pasar mal y a la vez me da sueño. Y soñar es reconfortante. Si al menos fuera una depresión me alimentaría a base de pastillas y miraría a la ventana y te vería a tí, querida, regresar con tus buenos modales, con tu sonrisa ineludible y seductora... en lugar de a Gorcha y sus ojos rebosados de ira. Pero no estoy deprimido, ay.

Pensamiento 6º:

Tengo fiebre. No sé cuando empezó pero ya forma parte de la familia. Cuando la peña viene a verme hablo de mí en plural:
- Hoy no podemos salir.
- ¿Quienes?
- Mis virus y yo, por supuesto.

La decisión:

- Iré contigo.
- ¿A pesar de ella...?
- Claro. A pesar de ella.
- ¿Por mí?
- No. Por mi.
- Oye, ¿te desperté?
- No.
- Te daba voces y no me contestabas...
- Pensaba, nada más.
- Me ducho y nos vamos, ¿vale?
- Vale.
- Oye, que si te molesta no vamos hoy. Parece que te estoy obligando...
- No, no. No me molesta. La de Bridget Jones está bien.
- Te quiero, cari.
- Yo también a tí, vida mía.

Elektra: arritmia mercenaria

La excusa: aprovechar la inercia del éxito de las adaptaciones de la Marvel.

El director: Rob Bowman, director de alguno de los mejores episodios de McGyver, o la mítica X-Files (y también de los más trascendentes) y de su adaptación cinematográfica (aún hoy su mejor película), cuenta en su filmografía con una de las producciones más a contracorriente de cuantas se ha atrevido a generar el cine de alto presupuesto: Reign of Fire (El Imperio del Fuego), estimulante producción con aires de Serie B, transformada por cuenta de Bowman en una fábula distópica poblada de dragones y héroes, de ruinas y de acción flemática, donde el hombre, aquí convertido en presa, tiene que aprender a sobrevivir en un entorno hostil que castiga a aquellos que asoman la cabeza con calcina y azufre.

Ella: Una mujer resucitada, una asesina a sueldo, una mercenaria con remordimientos, de oscuro pasado y neblinoso futuro. Elektra, un personaje de cómic, un personaje de otra película (Daredevil), a la que le cuesta tomar las riendas de su atormentada vida y más aún: cumplir alguno de los objetivos financiados por su talante mercenario.



El argumento: El Kimagure y La Mano, las fuerzas del bien y del mal (por decir algo: en realidad, no parece haber mucha diferencia entre unos y otros), sumidas en una soterrada pugna por someterse mutuamente (No, no es X-Men), ven la posibilidad de desequilibrar sus respectivas fuerzas con la posesión de “El Tesoro” (No, no es El Chico de Oro). Elektra, una asesina resentida cuya formación y capacidad debe a los primeros, se verá metida en medio de todo el embrollo en una batalla trascendental donde, entre otras cosas, tendrá que enfrentarse con su pasado (No, no es Kill Bill)

El Gancho: Jennifer Ganer, de la serie Alias (que pasara con más pena que gloria en las parrillas de telecinco) con su mirada trágica y su vestido rojo; luchas de artes marciales (sin gran inspiración, por cierto) y una estructura narrativa menos convencional (aunque no por ello igual de previsible) que de costumbre.

Los malos: inocuos y vulnerable (a pesar de la extraordinaria capacidad de sus poderes –y del enorme juego que deberían dar con algo más de imaginación de por medio), olvidables y subsidiarios.

Los temas: Redención; venganza; lucha marcial; infancia perdida; superpoderes; corporaciones; mercenarismo...

El tono: Tremendismo conceptual, ritmo aletargado, (total) ausencia de humor y (falta de) comicidad; textura expresionista pero apagada.

La frase: (Más que una frase paradigmática, una amenaza:) “Llegarán más... Y lo que llegará será peor”

Lo más destacado: También son sus principales defectos. El tremendismo cuasi trágico que anima a todo el film (habitual en la filmografía de su director) y su nula vocación por la comercialidad (bien entendida) a pesar de ser un producto diseñado para rebozarse en ella.

Lo menos destacado: la voz en off de los títulos de crédito -que rebela la naturaleza de El Tesoro- y el esquema narrativo de la primera hora de película -que oculta la naturaleza de El Tesoro- no pueden responder a las intenciones de una misma persona (¿O sí?)

Calificación: 4

El veredicto: Decepción. Los ingredientes (y si no que se lo pregunten a Quentin Tarantino), el director (se lo toma todo muy en serio) y la protagonista (que ve) deberían haber dado mucho más vibrante, original y ameno.
17/04/2005 14:20 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 3 comentarios.

Hace un año

Hoy, hace más o menos un año, no podía escribir, leer o mantener una posición erguida; me quebraba el dolor y la incertidumbre. No dejaba de empeorar. En veinte días había cambiado mi vida sin haber mediado ningún accidente traumático, algún síntoma previo. Del todo a la nada. Deseaba proyectar tranquilidad: a mi alrededor se acumulaban rostros de pesadumbre.

No descubro nada. Vivimos en la creencia de la inmortalidad, de la omnipotencia, de la inmunidad autocondicionada. Pero todo es mentira. Lo primero que aprendemos en la escuela es un silogismo socrático: todos los hombres son mortales. Al rato ya se nos ha olvidado. Es más, consideramos a la enfermedad como una anécdota, el dolor una consecuencia casual. Celebramos nuestros cumpleaños como si hubiera algo que festejar pero nunca nos paramos a pensar en el reverso tenebroso de este tipo de celebraciones: todos los años pasamos, sin darnos cuenta, por la fecha de nuestra muerte.

Yo sabía que no iba a morir, claro, aunque tardé en tener un diagnóstico del que me pudiera fiar (me hubiera creído cualquier cosa, ciertamente). Lo que no sabía era el límite máximo de mi degradación física o si de veras era posible su reversibilidad. La incertidumbre me embargaba. El desconocimiento de su progresión, lo anómalo de su naturaleza, aumentaba mis niveles de ansiedad.

Podía abrir los ojos, eso sí, y mantenerme en una posición tumbada sin mucho dolor. Veía; esto sería fundamental. No dejé de ver películas: buenas, malas, muy malas. Revisé y visioné todo lo que pude y si hubiera podido más lo habría hecho. Seis meses pululando alrededor de una cama o un sofá dan para muchas horas de cine, os podéis imaginar: sólo la imposibilidad de reflexionar por escrito sobre lo que veía me frustraba. Pero para aquel entonces ya conocía el nombre de la enfermedad, comenzaba a pensar que la solución era viable o posible.

Hace seis meses que comencé a trabajar de nuevo en la ocupación residual y puramente alimenticia de la que tanto me está costando escapar (de no hacerlo, acabará conmigo); siete desde que me reincorporé a la cotidianidad balsámica de este Cronicón. El primer post se regó en lágrimas. Durante mucho tiempo mi pensamiento había sido la inexorabilidad, la decadencia, la irreversibilidad. Esas letras ajadas significaron mucho para mí.

Aun convivo con el temor de una recaída pero con el conocimiento somero de la enfermedad. Sé que una vez se detuvieron sus síntomas y sé que pueden volver a detenerse si hiciera falta. El dolor se ha vuelto soportable. La certidumbre es algo más que una victoria.

Naturalmente, puedo volver a escribir.
19/04/2005 20:01 Enlace permanente. Tema: Otros temas Hay 9 comentarios.

White Noise (Más allá): La voz de los muertos

En la marisma homogeneizadora en que parece haberse transformado la cinematografía contemporánea de género este White Noise se presenta como un auténtico paradigma de la intertextualización (bienentendida: aquella fundamentada en la influencia) al recopilar de aquí y de acullá un sin fin de ideas y conceptos por todos reconocibles, cuando no ya vistos con anterioridad.

Así, un poco de Ghost, otro de The Ring, otro de Dragonfly, otro de Frequenzy y, sorprendentemente, otro poco de Edición Anterior, dan como resultado este White Noise, film de tensión y escalofrío protagonizado con talante alimenticio por Michael Keaton en el papel de un arquitecto que tras sufrir la pérdida de su esposa en una accidente de coche recibe una misteriosa llamada telefónica de la misma, procedente, pues sí, del más allá. Sumido en el dolor de su desaparición y mientras trata de comprender la naturaleza y sentido de la llamada, conocerá a un tipo que dice haber ideado un sistema de video y audio capaz de recepcionar la voz e imágenes de los fallecidos.



La película se inicia con una frase de Edison que justifica el leit motiv de la misma, la posibilidad teórica de comunicarnos con los muertos gracias al progreso de la técnica: a partir de ahí pretende conseguir para los EVP lo que Poltergeist había sido para los fenómenos extraños (un film fundacional) y lo hace con una gran atención al efectismo sonoro sin olvidar el reconocible costumbrismo shyamalanista de su desarrollo y que contrasta con la parte final, demasiado confusa (también a nivel visual) e inconvincente como para tomarla realmente en serio, como para que adquiera la textura terrorífica que se presume a un producto de su naturaleza.

White Noise sabe sobrevivir a su prólogo, rutinario y poco atractivo, que invita al primer bostezo con demasiada prontitud, y a la buena colección de personajes insubstanciales que va acumulando en su entramado. Salvados, en fin, estos elementos, el director sabe crear una tensión suficiente (suficiente para que la historia fluya con una cierta inquietud, se entiende) e, incluso, sabe llevarla hasta extremos de verdadero escalofrío invirtiendo en atmósfera y en peaks sonoros, en imágenes subyugadoras procedentes de una televisión cansada de emitir la voz de los m uertos.

En una rama del Terror tan negligentemente explorada como ésta se echa en falta una mayor energía, mayor dosis de anticonvencionalismo y un final más impactante. Pero no deja de ser esta película británica un buen ejemplo de cine de género de perfil bajo, discurrente y vagamente solaz. Es, en fin, un ejemplo arquetípico de la época de transición en la que se inscribe el Cine de Terror contemporáneo.

Lo más destacado: la idea de base.

Lo menos destacado: el desarrollo de la idea de base.

Calificación: 5
21/04/2005 19:50 Enlace permanente. Tema: críticas No hay comentarios. Comentar.

El psychokiller ochentero

Suele cubrirse el rostro, seguramente, para homenajear a dos de los serial killer más famosos de la década de los setenta: Leatherface y Michael Myers. Es un tipo hábil en la cerceración de gargantas, que antes habían sido profundas, y que ahora acuden solaces a un camping para desfogarse. Es un serial killer moralista, vagamente inspirado en la ejemplificación del mal carpenteriano, aficionado a los cuchillos y a la venganza reaccionaria, a la amputación de miembros ajenos y a la metafísica. Le pone, ya lo sabéis, la resucitación.

Es un asesino, ya véis, arquetípico, adicto a la hemorragia y a las visceras, que se viste de Jason o de poli garrulo, da sustos en trenes mágicos, o junto a un lago, odia a Clint Eastwood y a su pistola revanchista, y nunca aparecería en una película de Spielberg.

Suele reinventarse cada Viernes 13, en Nueva York, en el Infierno o, incluso, en el futuro. Los libros de Thomas Harris lo aviejaron... y hasta hoy.
22/04/2005 22:11 Enlace permanente. Tema: Constantes en el Cine de Género No hay comentarios. Comentar.

Breve Encuentro

"Este sufrimiento no puede durar. Debo recordarlo y tratar de controlarme. Nada dura realmente. Ni la felicidad ni la desesperación. Ni siquiera la vida dura tanto. Llegará un día en el futuro en el que no piense en esto nunca más; un día en el que pueda mirar atrás y decir en paz y tranquilidad lo tonta que fui... ¡No, no, no quiero que ese momento llegue nunca! Quiero recordar cada minuto, siempre, siempre hasta el fin de mis días."



Antes de que Julia Roberts o Renee Zellweger desvirtuaran las historias de amor en el Cine, el Cine daba forma a una de las cintas de amor más inolvidables.

Es Breve Encuentro. Lo íntimo llegó antes de lo épico en el universo David Lean."
24/04/2005 17:57 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 6 comentarios.

Efectivamente, Solo se vive una vez

Es la segunda vez en este mes y, podéis creerme, no me importaría en absoluto de que se repitiera semanalmente la presencia de una película del gran Fritz Lang, en prime time, y en las televisiones públicas.

Mañana, por cortesía de Garcia y acólitos, tocará el turno de Sólo se vive una vez/You Only Live Once, segunda película norteamericana de Lang (también con Sylvia Sydney de protagonista); un policiaco (antecedente del Cine Negro que definiría con Los Sobornados o La Mujer del Cuadro) extraordinario, cimbreante, frenético, fatalista, arrebatador e irrepetible que aun conserva momentos de delicado sentido cinematográfico, textura de obra maestra sempiterna.

Y todos, la hayáis visto o no, recordaréis su final ad eternium.



Fritz Lang forever.
25/04/2005 20:26 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 3 comentarios.

Más allá de Tannhäuser

La blogosfera pierde enteros y calidad con la marcha de uno de sus baluartes literarios, el blog Tannhauser sostenido hasta el día de ayer por el gran Javier Iglesias Plaza, cuyos designios creativos, terriblemente sinceros e inspirados (pero también autodestructivos y nihilistas), definían una subparcela conceptual tantas veces saboteada por aquellos que confunden verbo con pedantería, fluidez narradora con palabras futiles y vacuas (no me miréis...).



Tannhauser era diferente. Unía a esa gran calidad, no exenta de riesgo, una vocación experimentadora y puramente emocional que transgredía los cánones no ya de lo políticamente correcto sino de lo literariamente correcto, rebuscando entre las palabras aquella que expresara mayor hondura y sinceridad, y en la forma (terriblemente visceral), una vía de escape en la que sofocar las decepciones provocadas por la rutina.

Extraodinariamente humanista (post-humanista como él mismo se definiría), cronenbergiano de postín, Roybattiano si se quiere y siempre buen escritor, JIP deja la blogosfera por la puerta grande, con un incremento de visitantes diario, y con la satisfacción de haber contribuido a forjar la independencia y lucidez que hoy día define y anima a buena parte de este submundo internáutico.

Para nosotros, lectores ocasionales de aquel (su) universo, lega una estimulante colección de artículos, poemas y relatos cotidianos que podremos consultar a través del archivo con el respeto a quien una vez quiso y supo convertir su experiencia vital en fragmentos de literatura de alta alcurnia.

Nos seguiremos leyendo, camarada.

El fuego de la venganza: Redención en tres actos.

No es un mal film este Man on Fire de Tony Scott, como tantas otras veces, más inspirado que su hermano Ridley, en esta historia de un tipo duro y de más duro, aún, pasado, contado bajo la perspectiva de la narrativa clásica. En su homenaje, y dado que a su heterogeneidad conceptual le cuesta soportar un análisis en conjunto (la percepción global del film rebaja notablemente su interés además de acercarla, peligrosamente, a conceptos ideológicos de ascendencia detestable...), procederé a comentar la película en tres partes:

La introducción:

Unos rótulos nos ponen en alerta de a) el gran número de secuestros que soportan las grandes ciudades mexicanas y b) las más numerosas mafias que se mueven en torno a este negocio delictivo. Es un dato introductor que flota a lo largo de la primera hora de película pero que sólo tiene una importancia contextual. Lo importante en esta primera parte es la presentación de los personajes. Y ahí es donde el cine de Tony Scott adquiere mayor dinamismo: Denzel Washington es un agente (suponemos) de la CIA retirado que visita a un ex-camarada a quien los negocios y la fortuna le han sonreido en el país vecino. Aprovechando la inercia del anfitrión exitoso, logrará convencer a nuestro amigo para que acepte una oferta de trabajo: ser el guardaespaldas de la hija (Dakota Fanning) de un empresario (Marc Anthony) mexicano.



La atmósfera de esta primera parte nos recuerda a Traffic, con calor y sentido coral, con tipos embebidos de frustración y con una impresión formal que realza las emociones/sentimientos de los personajes. También está Dakota Fanning, la nueva niña prodigio del cine hollywoodiense justificando, como la que más, sus honorarios, devorándose a sus oponentes interpretativos, repartiendo credibilidad y talento en cada uno de los numerosos planos que protagoniza en una introducción dominada por un buen pulso narrativo y una sabia utilización de los escenarios.

Todo junto construye una base suficientemente sólida para que el nudo de la historia funcionara por pura inercia.

El nudo:

Pero no. Tony Scott rompe el estilo narrativo y apuesta por la brusquedad. Es una subparcela totalmente opuesta a la anterior, de un ritmo exacerbado y poco justificable, arbitrario e inúltimente enérgico que presume de las vísceras y los comportamientos viscerales y/o primarios que colindan con lo reaccionario. Esta parte central (la que más dura y lo que perdura tras su visionado) se define por el uso irracional de la violencia, la inexistencia de momentos de intriga y/o drama, la persevarancia de una cámara alocada y molesta. Es, sí, la historia de la reacción de un tipo al que le arrebataron, de cuajo, el clavo ardiendo al que se había agarrado para poder sobrevivir a sus recuerdos.

El desenlace:

El final retoma el aliento, el pulso narrativo de la primera parte pero ya no nos vale. Es de corte redentor, habitual en los productos hollywoodiense financiados con propósitos moralistas, y apropiado, y no está exonerado de un cierto componente lírico-existencial que, sin embargo y en fin, resulta insuficiente para compensar la descarga de adrenalina de aires fascistoides que le precede.

Lo más destacado: Dakota Fanning (otra vez); el uso del las texturas y el color; la excelente primera hora de película.

Lo menos destacado: que la heterogeneidad planteada por el guión de Helgegand la entienda el bueno de Scott como un campo de pruebas; el autocomplaciente tono videoclipero de muchas de sus secuencias; su duración.

Calificación: 6
29/04/2005 20:25 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.


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