Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2005.
Contrapicados
A veces, una simple historia de fantasmas, se convierte en un hito del cine de terror si sabes colocar la cámara en su sitio:


Y dejar el resto a la imaginación...
HDC: Otra Tuerca Vuelta
Los otros son ellos. Y nosotros, fantasmas sin futuro morando en esta casa que nos pertenece. Nada es lo que parece. Si le llamas tres veces tardarás en deshacerte de él: ¡zumo de cucarachas cuentachistes!
II
Un llanto al final de una escalera donde habita el miedo y el pasado; un crimen sin resolver invocando justicia; un padre poseído por un espíritu macabro; y un hacha; y una puerta que se cierra y otra que se abre en mitad de una noche tapiada de árboles que golpean ventanas, de televisores que secuestran a las niñas.
III
¡Barcos, casas, estancias asoladas por cadenas que se arrastran; sombras que soportan un hondo pesar, luces al otro lado de la puerta! Niños que sólo ven a los muertos, mujeres canijas adictas a los seriales televisivos, viejas que se esconden en un armario, negras con iare de Celestina, puentes entre dos mundos, sin ojos, Y escalofríos, muchos escalofríos, en el cuello de la futura víctima.
IV
Pianos, sí, también pianos; pianos que suenan cuando no deben sonar; cuadros de los antepasados, rasgados, mirándote; cortinas que se abren y cierran inducidas por el miedo y tú y yo abrazados en el sótano... por si acaso.
V
Y tú. Pobre cabrón que no cree en fantasmas condenando a tus hijos una eternidad poblada de ellos; y ella, pobre institutriz educada en los designios decimonónicos del victorianismo, creyéndose culpable de su muerte...
Para siempre.
4400 abducidos
En un formato que quizá no le haga demasiado justicia (salvo para aquellos que presumimos de impaciencia) Antena 3 emitirá el próximo lunes 12 y el martes 13 la primera temporada íntegra de la esperada (y prometedora argumentalmente ) serie de ciencia ficción “Los 4400” , sobre un grupo de personas supuestamente desaparecidas que aparecen, sorpresivamente y dentro de un cometa, convidándose a reiniciar sus vidas y recuperar el tiempo perdido (toda vez que tampoco han envejecido durante el tiempo en que han estado ausentes)... Incapaces de recordar lo que les ha ocurrido pero dotados, esto lo sabrán poco a poco, de extrañas habilidades especiales...

El creador Rene Echevarría también lo es de Médium o de Dark Angel, lo cual nos ya una ligera idea del aire melodramático que debe envolver a este thriller de ciencia ficción catódica que no debemos perder de vista.
Esta vez os he avisado con tiempo. Y si no llegáis, no hay problema, también forma parte de la programación de la nueva temporada de Calle 13 .
Asalto al distrito 13: Tras las huellas de Carpenter... y de MacTiernan
Supongo que tendremos que acostumbrarnos los seguidores de Carpenter a continuas revisiones de su nunca suficientemente valorada obra al servicio del cine de género de perfil alto, pero igual que sucede en el caso del film que ahora nos ocupa, lo que no podremos hacer será ofendernos por su mera existencia (sin entrar a valorar la calidad general del film), toda vez que la propia filmografía de Carpenter (La Cosa, El Pueblo de los Malditos y algunas secuencias de Memorias del hombre invisible) y, por supuesto, la película que se homenajea aquí: Asalto en la comisaría del distrito 13, son a su vez remakes (al menos implícitos) de otras películas e historias anteriores (en especial Río Bravo y La Noche de los muertos vivientes). De hecho, en su constante propósito de revisar coherentemente el cine de género, y llegando el turno a su propia obra, Carpenter reactualizaría pasajes de esta película en algunos de los fragmentos más apasionantes de la divertida (pero menor) Fantasmas de Marte, segunda proto-(a)versión de la película que se valora bajo estas líneas (la primera, sería El Príncipe de las tinieblas).
Una cinta, en fin, que comienza con un prólogo efectista que nos anticipa los miedos emocionales a los que el protagonista principal deberá hacer frente durante el desarrollo del entramado (también nos anticipa el buen pulso narrativo del director), al que le sigue una presentación de personajes (a modo de partida de ajedrez: un esquema narrativo propio de este tipo de películas y que un día os explicaré con mayor profundidad) que no tardará en introducirnos en el interior de una comisaría de policía semiabandonada por cuenta de un traslado que ya vive sus últimos días, en un día, digo, de fin de año donde sólo dos oficiales de policía y una secretaria adicta al sexo (es sólo una definición del arquetipo, no esperéis nada más) se ven sorprendidos por la llegada de un autobús de presos, extraviado en medio de un temporal de nieve, que suma entre sus miembros a un conocido gángster recién capturado que deben cobijar (y proteger) hasta que amanezca. Amanecer que, como ya sabréis todos, tardará demasiado tiempo en llegar...

Y aquí estoy recién visionada la película de Richet y con la ineludible tentación de comparar ambos productos (ya lo anticipo: incomparables) y, del mismo modo, consciente que el principal estímulo derivado del film del cineasta francés se encuentra no ya tanto en la utilización opresiva de la fotografía ni en sus lúcidos diálogos ni en la especial relación que une a todos los sitiados entre sí (nada de esto existe en esta nueva versión) sino en la loable factura técnica que define y da substancia a esta película de acción, en la acertada narratividad de las secuencias más vibrantes, en la existencia de un ritmo que sabe evolucionar y regenerarse según pasan los minutos, en la proporcionada (y verosímil) utilización de la geografía del espacio filmado (que es justo lo que haría un David Fincher cualquiera sin pretensiones existencialistas)... De hecho, está tan bien contada (siempre sabemos donde están situados los agresores, cuántos son o qué traman –helicóptero habemus-) que le resta eficacia dramática a la propia historia, liberándola de pretextos claustrofóbicos que, naturalmente, hubieran enriquecido éste, de otro lado, luminoso film (y eso que lo primero que se hace es cortar la luz). Ya no hay, pues, elementos de terror abstracto ni situaciones especialmente filo-trágicas (aunque sí hay atisbos de riesgos carpenterianos en relación al destino final de alguno de los personajes: pronto olvidados, eso sí, por una trama que da demasiado protagonismo al perfil psicológico de su –poco carismático- personaje principal) sino un tour de force megaplanificado donde los disparos y las situaciones extremas se acumulan por doquier, a veces con poca lógica, y otras como un mero subterfugio para llegar con pirotecnia allí donde no llega el material escrito.

La película, ya se ha dicho en la introducción argumental, juega sus bazas en torno a la figura de un joven policía castrado por un pasado cuyas circunstancias debe superar; tanto, que incluso se permite el lujo de introducir en el entramado la presencia de una ingenua y poco convincente psicóloga que trata de revertir, sólo de palabra, la condición apocada de un policía que haciendo honor a su condición de estereotipo de origen carpenteriano, debe asumir el liderazgo del grupo amenazado al mismo tiempo que busca en todos los rincones de esa comisaría decadente los resortes que resuelvan su propia superviviencia. Director y guionista se muestran siempre respetuosos con el film de Carpenter (con continuos homenajes a la misma), variando aquellos extremos argumentales más dudosos (que abundaban, afortunadamente, en el original) con el único propósito de dar consistencia y credibilidad a un producto originalmente, ya de por si, bastante increíble; propósito de verosimilitud profundamente antihitchcockniano (también anticarpenteriano, no creáis) que lastran las posibilidades terroríficas de la historia y que la dotan de un inevitable sentido de la previsibilidad así como de una cierta irrelevancia; al fin y al cabo, no es sino un producto de consumo diseñado para ser digerido, deglutido y olvidado a las pocas horas...
Pese a todo, Asalto al Distrito 13 de Jean François Richet se rebela como una película de acción competente que se disfruta más cuando más alejadas quedan las comparaciones con todas sus precedentes, en especial con el opaco, apocalíptico, claustrofóbico y sedicioso film de Carpenter (ahora lo sabemos, un hito del Cine de género de los años setenta), que trata de buscarse un camino propio entre la trillada y vulgar obra de acción contemporánea (y lo logra parcialmente aunque no puede evitar encasillar a sus arquetipos: tara reprochable también a Gabriel Byrne y a Maria Bello, especialmente, mediocres en este film) y que, con la misma perseverancia, lograr traer a la actualidad cinéfila el esquema clásico de los mejores (y más inolvidables) western de acción.
Lo más destacado: el respeto y admiración que exhuma la adaptación de De Monaco y la políticamente incorrecta subtrama corrupto-policial que anima los mejores pasajes del film.
Lo menos destacado: (John Leguizamo aparte) Que toda su solvencia técnica, contradictoriamente, sirva para disminuir la mayor parte del interés dramático de la película.
Calificación: 6,5
Los Cuatro Fantásticos: Vacuidad en formato prescindible
Hace un par de meses utilizaba para resumir el sinsabor general que me había producido el visionado de Batman Begins, un titular bastante significativo: "otra película fallida de superhéroes" que expresaba, también, el carácter reiterado y predecible de todo lo visto. Para definir los 4 Fantásticos ya no se puede hablar de obra fallida, sino de obra absolutamente prescindible, sin ritmo ni gracia aparente, sin atisbo alguno de ingenio o de talento. Es más, ni siquiera es un producto entretenido.

Ruido, fuegos de artificio sin sentido mezclados en un argumento recurrente, otro deja vu en realidad: un experimento científico fallido, una tormenta radiactiva de origen espacial, y una mutación sui generis que hace que nuestros protagonistas, y también el malo de la función, por supuesto, muten, se transformen en entidades sobrenaturales, poderosas... Es la parte más rutinaria de la película, un prólogo quizá demasiado largo, que se sucede de un nudo argumental de naturaleza apocada y previsible que responde a una cadena de tópicos por todos conocidos: se dan cuenta que tienen poderes (con algunos gags que pretenden ser graciosillos), piensan en si mismos en términos de desgracia (para que el espectador les compadezca), se aprovechan de sus cualidades especialísimas para dar rienda suelta a su condición de héroes invencibles (y sin manual de instrucciones: si el protagonista de El Gran Héroe Americano hubiera tenido tal habilidad hubiera cambiado la historia de la Televisión) y se enfrentan, en fin, al arquetipo ambicioso, ese que quiere dominar el mundo, en un final eyaculador dominado por el estruendo y la pixelación exagerada.
No todo es negativo (de ahí la existencia de esta crítica, ya sabéis). La angustia existencial que define a La Cosa cinematografiada (en especial el reencuentro con su esposa) bebe de una de las obras ineludibles de este tipo de subgénero, el Darkman de Raimi, otro tipo sujeto a una deformación física de carácter irreversible que debe hacer frente a la impostura del amor eterno cuando a éste se le pone de frente el tipo más feo del lugar. No es suficiente pero es algo. Como también lo es una Jessica Alba que reivindica un mayor protagonismo para Sue Storm que exceda la conocida historia de amor que debe unirla al poco carismático jefe de cuadrilla al mismo tiempo que debe alejarla del sujeto malicioso que tuvo por bien enamorarse de la misma mujer.

Lejos, en fin, de las dos obras maestras del género: El protegido o Los Increíbles, o de productos menores pero que, sin embargo, conservan rasgos de la personalidad de su director (aun sin mayores pretensiones) como Hellboy, Spiderman 2, X-Men o Hulk, Los 4 Fantásticos sólo tiene sentido como un largo pero prescindible prólogo de una secuela, deseamos más inspirada (toda vez que las presentaciones ya parecer haber quedado hechas aquí), que debe hacer olvidar las sensaciones negativas que deja el visionado de esta insatisfactoria y mejorable cinta de acción fantástica.
Lo más destacado: la secuencia del puente donde los protagonistas descubren, y de qué manera, la complejidad y fortaleza de los poderes que les conforman.
Lo menos destacado: que una secuencia no justifique el precio de una entrada.
Calificación: 4
Canijo... pero matón
Pero, ¿qué hacéis ahí?, ¡corred a verla! (No os arrepentiréis)

[Ya os contaré]
King Kong: El retorno del Rey Jackson
[spoiler: esta reflexión crítica alude a alguna de las claves que explican el argumento de King Kong de Peter Jackson]
Uno no sabe qué pensar o decir cuando se enfrenta a un remake; opinión que se agrava: a) cuando el original proviene de una cinematografía tan alejada de la nuestra como la de los años 30, b) cuando buena parte de las imágenes y secuencias de la película homenajeada forman parte del acervo cinéfilo-cultural de la gran mayoría de los espectadores (sean o no, aficionados al séptimo Arte; con el componente de herejía/blasfemia que origina este hecho en algunos); c) cuando los objetivos e intereses que la hicieron posible nos resultan hoy tan anacrónicos. Con estas cautelas, revisar un clásico incuestionable (e insuperable) como King Kong a estas alturas del nuevo milenio no podemos más sino considerarlo una empresa arriesgada, al menos, a nivel artístico (el rendimiento comercial puede suponerse, máxime cuando el potencial mercadotécnico se rebela tan imparable), un acto de osadía de naturaleza suicida (otros, creyéndose reyes del mundo sin serlo desaparecieron de la parcela autoral aquejados de un miedo escénico incurable) impropia de tipos asentados en una industria que no perdona el fracaso ni a quienes lo promocionan.

Y es que King Kong, no deja de ser una aventura-ficción en formato celuloso con ingredientes de monster movie paleontológica, tratamiento fantasioso en el desarrollo de la acción (que muchos considerarán exagerado y/o desproporcionado), y el eterno dilema entre la Bella y la Bestia (el gran subplot del cine de fantástico) como germen de una gran historia de (des)amor. Es decir, carne de cañón para críticos y puristas, para demandantes de un Cine reflexivo, ajustado, pretencioso, o en su defecto, para nostálgicos adoradores de las siluetas clásicas incapaces de dar su brazo a torcer frente al CGI y el estruendo revienta-tímpanos. Defectos éstos que acumula el King Kong de Peter Jackson con asilvestrado orgullo y que el propio director ni se atreve ni quiere ocultar.
Para contrarrestarlo (y por fortuna), el cineasta neozelandés apuesta por ofrecernos una película pasional y vibrante, una experiencia cinematográfica de ascendencia lúcida que sabe conservar y conserva el atractivo, la esencia, el encanto de las epopeyas de aventura de toda la vida en un argumento evocador que, en palabras de uno de los propios protagonistas, conserva vínculos con El Corazón de las Tinieblas conradiano. Palabras que, de forma singularmente pretenciosa, introducirán al grupo en las fauces de una isla prehistórica donde los conflictos se resuelven en el cuerpo a cuerpo y las bestias se amanceban con plena morbosidad.
Pero ahí no se acaban los riesgos de esta singular película. En su afán de desmarcarse de la cuestionable e irregular cintas de Guillermin (precedente de ésta, también en cuanto a metraje desorbitado y que el propio Spielberg trató de emular en la todavía interesante El Mundo Perdido: el principal referente del film que hoy nos ocupa), la película de Jackson canjea los juegos sexuales, casi burdos, de la predecesora, en una serie de juegos infantiles, circenses, que requieren de una cierta empatía del espectador, su beneplácito, y que sólo funcionan a medias en tanto que Naomi Watts no es Dianne Fossey y sus movimientos se rebelan demasiado impostados para alguien que está a punto de ser devorada por un animal gigantesco, seguramente maloliente. Pero no molestan, ya digo, pues cumplen con su misión de comunicar las emociones de un animal, Kong, el Rey de la Selva, más Rey que nunca en este ecosistema preñado de hostilidad y bestias atemporales, a pesar de sus heridas físicas y sobretodo existenciales, en una cueva escavada en lo alto de una montaña guarecida por los huesos de quienes debieron ser iguales, quizá la hembra que ya no tiene, a buen seguro, la última de su especie. En los ojos de Kong, la cámara de Jackson insiste en ello constantemente, refulge el destello de una tragedia ineluctable.
Los personajes que jalonan el film cumplen sus objetivos como arquetipos, protagonistas subsidiarios de esta historia de amor tan compleja (la subtrama que más le interesa a Jackson -y a mí- y a la que más tiempo y metraje dedica). Aquí, el aventurero Driscoll (Adrien Brody) se transforma en un guionista teatral, un comediante hábil con las letras y sus servidumbres, embarcado por cuenta de un engaño en una aventura extraordinaria: la filmación de una película en las inmediaciones de una isla desconocida, y que gracias de ella, acaba convirtiéndose en un superviviente nato, en un hombre de acción idealista, en un émulo de Indiana Jones sin látigo. Tercer vértice de un triángulo amoroso saboteado por la desdicha y la inexorabilidad, el bueno de Driscoll tendrá que recorrer medio mundo, escalar más de una cima, para conseguir abrazar a quien ama y, de paso, encontrar un halito de reciprocidad.

El resto de secundarios posibilita una identificación/asociación entre los cineastas y los aventureros, y sobre las indeseables vertientes que la puesta en marcha de un proyecto audiovisual conlleva, tema espinoso éste en el que Jackson se siente más que a gusto, dando buena cuenta de los productores y de si mismo, en esa simulación a lo Orson Welles realizada por Jack Black, cuya mirada excéntrica protagoniza alguno de los mejores momentos del film (relación entre Kong y Ann Darrow excluída).
Una vez presentados los personajes, en fin, la acción se divide en tres grandes bloques conceptuales divididos en otros tantos subepígrafes que bien podríamos emparentar con la praxis aristotélica: introducción (hasta que llegan a la Isla), nudo (mientras están en la Isla), desenlace (cuando regresan a Nueva York); unidades capitulares culminadas por sendos clímax que conforman la estructura argumental del King Kong de Peter Jackson, resolviendo con proclamas clasicómanas los entuertos en que se ve imbuido por cuenta de un departamento de producción adicto a los fuegos de artificio y a la pirotecnia desmedida. En el fragmento más reprochable de este film, una camada de Brontosauros asustadizos perturba la vida y los destinos de buena parte de los aventureros, persiguiéndolos y aplastándolos por doquier en medio de una confusión propiciada por un grupo de Velocirraptores spielbergnianos. Es una secuencia menor, exhibicionista y reprochable, insertada entre otras igual de exhibicionistas pero menos reprochables que sirven para subrayar el carácter residual (pero animoso) de otra de las vertientes definitorias de este tipo de películas: su incontenible despliegue de efectos especiales; despliegue que aquí, sin embargo, cumple con la prometida labor de aunar homenajes de índole cinefílico (desde O’Brien a Harryhausen, pasando por la propia trilogía tolkiana) con una sana y vacua intrascendentalidad argumental, que rellena de impostada adrenalina digital los tiempos muertos en que Kong y Ann Darrow descansan a salvo del peligro.
Son muchas, variadas, en fin, las sensaciones satisfactorias que deja el visionado del último trabajo de Peter Jackson, al igual que su anterior trabajo (aun discutible), una alabanza a la fantasía cinematografiada repleta de f/x y personajes invencibles, valerosos o cobardes, ambiciosos o nobles que, sin embargo, sufren y se enamoran, mueren y (sobre)viven en un hábitat devastador donde, pese a todo, aún queda un resquicio para la ternura, el afecto, la aventura sin fin...
Todo esto es King Kong de Peter Jackson. Una película que vilipendiarán muchos (que no captarán su condición de historia primaria y superlativa) y les gustará a otros (los menos) y que unos pocos (alguno de estos últimos) vindicaremos con el paso de los años como la aventura apoteósica y respetuosa que siempre quiso ser. Y es.
Lo más destacado: Naomi Watts rechazando el brazo de Adrien Brody al final del segundo bloque conceptual.
Lo menos destacado: que la (supuesta) cursilería de alguna de sus escenas simplifiquen las implicaciones filo-trágicas de esta historia universal.
Calificación: 8,5
¡Constancia al inconstante!
En poco más de diez días se va otro año. No voy a decir que ha sido un año más, porque no lo ha sido: la satisfacción de dos publicaciones en otros tantos relatos escritos me allana el camino hacia ese auto-conocimiento (¿confianza?) que toda persona que disfruta escribiendo necesita, para aposentarse en el limitado panteón de aquellos que se sienten conformes con lo que hacen, con cómo lo hacen.
Es insuficiente pero no debo pedir mucho más. Esos dos relatos han sido lo único que he podido terminar de escribir y/o promocionar en todo lo que va de año. Y ambos deben su existencia a los últimos meses del 2004. En este sentido, puedo decir que el 2005 no ha sido nada productivo pero, voy a ser auto-indulgente, diciendo, simplemente, que éste ha sido un Año de Transición (el motivo principal de la ausencia de más textos escritos posibilitará otro editorial en días sucesivos) dentro de un lustro dedicado, casi por entero y para mi desgracia, a la Transición.
Es así y no lo es. En este año, las letras, los textos que he escrito y/o planificado, han surgido con una gran fluidez, dando forma y formato digerible a aquello ideado por una imaginación, la mía, del todo punto saboteada por la indolencia y el conformismo. Palabras, frases confortables que provocan un cúmulo de sensaciones gozosas se han amontonado al otro lado de la pantalla haciendo posible lo imposible: ser capaz de transmitir lo que pienso (ahora, por ejemplo, sobre el Cine) con algún texto prescindible y otros que no lo son tanto y, entre estos, alguno que me gustan especialmente y del cual presumo de sentirme orgulloso, igual que un padre debería sentirse de su hijo en el día de su graduación universitaria.
Supongo que el secreto de todo escritor estriba en acumular letras, (pre)textos, palabras encadenadas en el transcurso de los días, meses y años, y en comprobar como éstas se apresuran a ordenarse de forma cada vez más coherente y armoniosa. No hay nada más placentero que encontrar la palabra precisa a aquello que quieres transmitir o comunicar, y que ésta surja de manera espontánea y natural, sin que ello conlleve una renuncia a un estilo singular, personal, reconocible, o caiga en la más que insufrible intranscendentalidad. A la consecución de ese objetivo (todavía lejano, cada vez más cerca) contribuye el día a día de este Cronicón Cinéfilo. No en vano, la principal premisa que justificara la apertura de este personalísimo blog se resume en un lema significativo: asegurar constancia a un inconstante.
Y en esas estoy. Aunque de vez en cuando falte a mi cita con la rutina (fijada en ocho post quincenales) diaria, no es menos cierto que la existencia de este blog ha posibilitado un incremento de calidad global de mi escritura (a pesar de que cada vez tengo menos tiempo para este tiempo de reflexión crítica) y que, en base a ello, pueda afrontar el futuro en estas lides autodestructivas (que otros llaman “proceso de creación literaria”) con la ilusión de aquel que empieza en un arte expresivo cuya único fundamento se resume en dar a conocer a los demás, el inane e insatisfactorio mundo que nos rodea.
Esa constancia es lo que le debo yo al Cronicón y por eso sigo. Como el primer día: ilusionado, satisfecho, creciendo. Incluso en un año de transición. Como éste.
El secundario
Hoy toca revisión de alguno de los mejores fragmentos del Pulp Fiction de Quentin Tarantino, en este caso, la aparición de Harvey Keitel (El Lobo), solucionador de problemas profesional, y actor al que le debe, y mucho, el propio cineasta norteamericano.

EL LOBO (Keitel): Tú eres Jimmie, ¿verdad? ¿Es esta tu casa?
JIMMIE (Tarantino): Sí.
EL LOBO (extiende la mano).: Soy Winston Wolf. Soluciono problemas.
JIMMIE: Bien, porque tenemos uno.
EL LOBO: Eso he oído decir. ¿Puedo entrar?
JIMMIE: Por favor.
(...)
EL LOBO: Buen trabajo, caballeros. Pero todavía no hemos terminado.
JIMMIE: Parece mentira que sea el mismo coche.
EL LOBO: Bueno, no empecemos a chuparnos las pollas todavía. Se ha terminado con la fase uno de la operación, la limpieza del coche. Lo que nos lleva directamente a la fase dos. La limpieza de vosotros dos.
(...)
EL LOBO: Muchachos, poneros a trabajar.
El Lobo y Jimmie se dan media vuelta y se dirigen al dormitorio, dejando a Vincent y a Jules en la cocina.
VINCENT [Travolta] (dirigiéndose a su espalda).: Un «por favor» sería agradable.
El Lobo se detiene y se da media vuelta.
EL LOBO: ¿Cómo has dicho?
VINCENT: He dicho que un «por favor» sería agradable.
El Lobo da un paso hacia él.
EL LOBO: A ver si lo entiendes a la primera, amigo. No estoy aquí para decirle «por favor» a nadie. Estoy aquí para deciros lo que hay que hacer. Y si la autoconservación es uno de los instintos que posees, será mucho mejor que lo hagas, y rápidamente. Estoy aquí para ayudar. Si mi ayuda no es apreciada, os deseo mucha suerte, caballeros.
JULES: Las cosas no son así, señor Wolf. Su ayuda es claramente apreciada.
VINCENT: No quería faltarle al respeto. Simplemente, no me gusta que nadie me ladre órdenes.
EL LOBO: Si soy cortante, es porque el tiempo es un factor importante. Pienso con rapidez, hablo con rapidez y necesito que actuéis con rapidez si es que queréis salir de esto. Así que, por favor, con azúcar encima si os complace, pero limpiad el jodido coche.
(...)
JIMMIE: Tienes que comprender algo, Winston. Deseo ayudar a tus muchachos y todo eso, pero estas son mis mejores sábanas. Fue un regalo de boda de mi tío Conrad y mi tía Ginny, y ellos ya no están con nosotros...
EL LOBO: ¿Me permites que te haga una pregunta, si no te molesta?
JIMMIE: Desde luego.
EL LOBO: ¿Eran millonarios tu tío Conrad y tu tía Ginny?
JIMMIE: No.
EL LOBO: Bien, pues tu tío Marsellus sí lo es. Y estoy seguro de que si tío Conrad y tía Ginny fueran millonarios, no te habrían regalado un dormitorio completo, algo que tío Marsellus está más que dispuesto a hacer. (Saca un rollo de billetes.) A mí me gusta el roble. Eso es lo que hay en mi dormitorio. ¿Y a ti Jimmie? ¿Te gusta el roble?
JIMMIE: El roble está bien.
(...)
Mañana seguimos...
Top Cronicón: El hombre-lobo (Resultados de la encuesta)
Es estimulante conocer las opiniones, los comentarios de aquellos que pasáis a formar parte de esta cotidianidad cronicófila y, de vez en cuando, ya véis, también sirve de materia prima para crear cinéfilos y ultragozosos post.
1) En Compañía de Lobos (5 votos):
El mito del Hombre Lobo desposeído de las vertientes terroríficas (a pesar de su apariencia barroca y preciosista); toma su punto de partida en la literatura de Ángela Carter y en el propio cuento de Perrault: Caperucita, del mismo modo que después lo harían Atom Egoyan (El viaje de Felicia) o Matthew Wright (Freeway). Todavía sigue siendo la mejor película de Neil Jordan, un buen director, mejor director cuanto más cerca del cine de género (con pedigrí) se siente. Película de aires oníricos de obligada revisión trienial.
2) Dog Soldiers (4 votos):
Delirante subproducto de terror que mezcla con notable inteligencia filo-fragmentos de gore, comedia, bélico, western, aventura y ritmo cimbreante. Película descubrimiento del prometedor Neil (The Descent) Marshall, es uno de los divertimentos de serie B más desternillantes de los que recuerde haber rendido pleitesía . Y no me canso. En la retina: la secuencia del superglú
2) Aullidos (4 votos):
Una de las películas míticas de cuantas jalonan la filmografía licantrópica que será recordada ad eternum por su sincero y arrebatador plano final: algo que siempre esperamos que hiciera el amigo Urdaci. Cinta de terror y misterio, lúcida mezcolanza entre cine de Serie B y el cine de género adolescente, aún conserva la apostura de obra ineludible y transgresora, de film mítico e incuestionable. Película del otrora prometedor, luego reconvertido en hábil fabricador de productos cinéfilo-entrañables, Joe Dante. Sigue siendo su mejor cinta (con permiso de los Gremlins).
2) Ginger Snaps (4 votos):
Moderna cinta de culto travestida de película costumbrista-existencial de ascendencia adolescente (¿y van..?) que narra, de primera mano, el problema de la mocedad a modo de cuento de terror donde un par de hermanas, también amigas, sucumben a la maldición licantrópica por cuenta de un animal buscador de sangre fresca. Y sí. Hablamos de la menstruación: identificación-asociación del cambio hormonal teen similar al ya experimentado, con similares perspectivas y resultados, en el Carrie de Brian de Palma, y al igual que ésta: cinta aderezada de no pocas dosis de casquería, crisis existenciales y entorno castrador. Una película a descubrir.
3) Un hombre lobo americano en Londres (3 votos):
Quizá la primera película de terror que éste que escribe recuerda, aunque finalmente resultara ser una comedia (qué se la va a hacer): los cinco primeros minutos aún perduran, inconmovibles en mi trasnochada imaginación infantil (al igual que la secuencia de la célebre transformación). Pertenece a aquellos tiempos en que de John Landis se podía esperar a) una película generacional, b)una revisión de los códigos cinéfilos diseñada para adolescentes con dos dedos de frente y c) algo de mala uva. Tiempos pasados, claro.
4) Lady Halcón (2 votos):
Dos votos cinéfilos para la más inconvencional de cuantas historias sobre hombres-lobo ha conocido el Séptimo Arte. Reivindicación ultrarromántica del mundo de las leyendas y sus complejidades, la película de Richard Donner aún conserva el aroma de película de aventuras, de historia de amor primaria y universal de antaño. Pero, naturalmente, no deja de ser una película sobre un hombre-lobo condenado (claro, esto es habitual en el género, ya veréis) por una maldición ventajista, a los tristes efluvios del desamor perpetuo, cristalizando con hechos aquello del “tan cerca, tan lejos”. ¿El malo? El obispo por supuesto.
4) Teen Wolf (2 votos):
Comedia adolescente y menor que, sin embargo, cautivaría a toda una generación de televidentes en aquellos tiempos en que dos únicos canales vertebraban nuestra cotidianidad catódica. Vista en perspectiva, aún conserva afilados y cómplices gags de humor (ya no se hacen películas así, creedme) en una historia que, naturalmente, sirve como ineludible metáfora de los cambios provocados por la adolescencia (de ahí su título en España: De Pelo en Pecho). Justo como Ginger Snaps, pero sin su carga existencial. Todos recordamos el partido de baloncesto de marras.
4) Lobos Humanos (2 votos): Cinta de gozoso (y metafórico) argumento (por cierto, de aires carpenterianos) que traslada el mito de los hombres-lobo a los suburbios de una gran ciudad donde los crímenes de esta raza prohomínida de ascendencia indígena, pasan bastante desapercibidos en la idisiosincracia de una comunidad habituada a despreciar el destino de los desharapados. Cinta cuasi-olvidada, seguramente de culto, y una de mis favoritas: queda dicho.
Top Cronicón: Cine de Fantasmas
Comienzo otra encuesta, y como aquélla, dedicada a extraer de vuestras opiniones un corpus de conocimiento sobre una de las esferas definitorias de alguna de las vertientes del cine de género, en este caso, también referida al cine de terror y, en concreto, a una de sus modalidades más espeluznantes: el Cine de Fantasmas (por cierto, en absoluto exclusivo del cine de terror y, por supuesto, en absoluto exclusivo del cine oriental con ínfulas de modernismo).

El primer comentario, el mío.
Inocente, ma non troppo
Día de santos inocentes, de bromas y tonterías a granel que, por supuesto, voy a ignorar solemnemente, como Rajoy ignora las llamadas de Aznar. Aunque la verdad no sería nada difícil sumarme a la colección de titulares impostados que coronarán los telediarios en el día de hoy:
- ¡Juan Pablo II resucita... y el Vaticano se declara en quiebra!: "¡Cómo vamos a pagar ahora el sueldo de dos Papas?", protestan mirando al cielo.
- ¡Ratzinger se deja bigote!: "Ya tenía el tricornio, y era lo único que me faltaba", dice.
- "Se confirma boda gay entre Aznar y Bush. Oficia la ceremonia Carrod Rovira".
- Noticia bomba: ¡Fraga fue abducido en Palomares!: "Tuvimos que soltarlo de ipsofacto", explican los extraterrestres, "su cabeza no entraba en la cápsula de teletransportación".
- "Acebes se desnuda frente a la Moncloa como protesta contra los matrimonios entre homosexuales: Bono (Pepe) y Moratinos, cada uno en un extremo, sujetan una de las pancartas aunque admiten no saber qué diablos están haciendo allí.
- Detienen a Losantos en un MacDonald por exhibir desnudo un lema de corte liberal: "I was a teenager catalonian product’s boicoteador". "Me dijeron que estos también eran catalanes, ¡mierda!".
- ¡El Rey trabajará al fin, más allá de Nochebuena!
- Florentino Pérez admite no tener ni idea de fútbol" "Ni falta que me hace", dice, orgulloso.
- Ronaldinho madridista: ¡y gratis!, gracias a una multinacional de dentríficos... argentina. Ver para creer.
- Fernando Alonso cambia los coches por los caballos: "como jinete de turf tambien puedo conseguir el Príncipe de Asturias", se justifica.
Aunque también podría haber redirigido los bulos "inocentes" al ámbito que a nosotros nos interesa:
- Almodóvar, dirigirá la cuarta parte de Blade, Blade’s Mother, protagonizada por Chus Lampreave embetunada.
- Amenábar vuelve al género de terror con un documental-protesta titulado: "Las rebajas apestan... o algo". Produce Julio Medem. Patrocina: elcorteinglés.
- Santiago Segura anuncia alguno de los cameos de Torrente IV: El Eyaculador: Renne Zellweger en el papel de monja nudista y Nacho Vidal como "El Inquisidor Acebes". Tiemblan las taquillas.
- Alex de la Iglesia se hace monje budista: "Para tomarme el pelo me basto yo solito, declaró recientemente en La Razón".
- Spielberg prepara la cuarta parte de Parque Jurásico: se rumorea que Zaplana, Acebes y Berlusconi realizarán algún cameo simbólico.
- Proyectan realizar la cuarta parte de Terminator sin Terminator. ¿Motivo? El amigo Arnold se ha autoejecutado asimismo. "Era de justicia", comenta desde el limbo, "era el único malo que quedaba vivo".
- Woody Allen se retira: "no puedo competir con el humor de Bush: los mata a todos de risa", comenta, desilusionado, en una fiesta de aires setenteros rodeado de gaiteros asturianos.
O, naturalmente, que aquí no se libra naide, que diría Paco Martínez Soria, a nuestro querido entorno blogosférico:
- Spaulding se confiesa: "entre Aznar y yo hay algo más que una buena amistad".
- Cierra Un Mundo desde el Abismo : REFO alude motivos socio-políticos: "montaré una comuna hippy con un grupo de mujeres desempleadas en frente del Ministerio de Trabajo". Caldera se atrinchera en el sótano: "los salmantinos atacan a los bejaranos: ¡es el colmo del nacionalismo!"
- Javier Iglesias cierra Tannhauser un día después de su segunda reapertura, preso de la fama: "me confundían constantemente con Manolo Escobar y uno ya está harto de contestar e-mails de marujas", dice el buen hombre, descreído.
- Queco Ágreda anuncia un remake agreste de "Y si no, nos enfadamos" y, atención, pide la colaboración de J.P.Bango para el guión. "Eso está hecho, camarada", dice éste, entusiasmado.
- Vidas ajenas: Absence no desmiente los rumores: "es cierto, perdí la virginidad frente a un poster de Marujita Díaz".
- "Yosoyelquesoy" se cambia de nombre por el de: "yosoyelquesoyyseloqueseysidigoloquedigoesporalgocoño". Pero, de momento, seguimos sin saber por qué diantres llamó a su blog "El Zoom Erótico" .
- "La comunidad PASPESPUYAS abre un nuevo blog dedicado a estudiar la evolución proteínica en los almuerzos de los epicúreos búlgaros en la estación veraniega y su relación con el ciclo menstrual de las mujeres Wattusi". Lo seguiremos con lógica expectación, por descontado...
El top del 2005
Como ya viene siendo habitual en este cada vez más rutinario blog, último día del año significa: balance.
Y ahí van, con una advertencia: no son las mejores del año pero sí son las que más me han sorprendido (por múltiples razones que podéis conocer pulsando en los respectivos enlaces) entre el grupo de películas, menos numeroso de lo que me gustaría, visionadas durante el año en curso.
1) Million Dollar Baby : Cine, boxeo, vida. Un puñetazo en las entrañas de la existencia: amarga, desbordada, talentosa. Nadie narra mejor las emociones como Clint Eastwood sin apenas articular un gesto o cambiar su apariencia o tono de voz. Y es porque es un cine que huele a verdad, a verdad dolorosa y controvertible.
2) Sin City : Película experimento, cómic devastador y brutal. Una delicia con retazos de cine negro que ataca a todos los sentidos y a todos deja satisfecho. Radiografía de la violencia estilizada y transgresiva, cine negro enmascarado de sordidez pixelada.
3) Episodio III: La venganza de los Sith : mayestática culminación de la hexalogía galáctica capaz de fundir en una los dos universos que, en un intervalo de veinte años, cautivaron a dos generaciones (de gustos diferentes, ahora ya se sabe) de espectadores adolescentes. Malos diálogos, sí. Resolución previsible, sí. Y sin embargo, como diría Arthur C. Clarke, una película que representa algo más que el fin de nuestra infancia.
4) King Kong: cinefilia en sentido desbordado, cinta hiperbólica y exagerada, monster movie total: bellas y bestias, ternura y afecto, exilios impostados, hombres y gorilas que buscan su lugar en el mundo. Merian C. Cooper se sentiría más que satisfecho.
5) La Guerra de los Mundos : Segundo remake de esta selección y una de las mejores película de invasiones alienígenas que uno recuerda haber presenciado. El punto de vista se invierte: no hay presidentes heroicos ni batallas aéreas. Solo un padre y una hija que tratan de ponerse a salvo, contra todo y todos. Y, sí, también hay cinco secuencias insuperables.
Menciones especiales a:
1) The Descent : Camino al infierno (y sus aledaños existenciales).
2) Un largo domingo de noviazgo : En las trincheras del amor (de diseño).
3) El Hundimiento : la agonía del monstruo (los últimos días de una bestia).












