Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2005.

10 directores para el 2005

La Venganza de los Sith: Después del extraordinario divertimento que supuso El Ataque de los Clones (seguramente la mejor Serie B de la historia del Cine), George Lucas volverá en mayo del presente para deleitarnos con la culminación de la saga galáctica, con la conversión ineludible del caballeroso Anakin en su reverso stevensiano: Darth Vader y con la gestación y posterior nacimiento de los gemelos: Luke y Leia. Cine vibrante de linaje imaginativo, únicamente, apto para cinéfilos sin complejos y/o devotos sin remisión.



La Guerra de los Mundos: Un remake de un film naif pero inolvidable sobre el pionero libro de Wells y la leyenda que persigue a la versión teatral del tío Orson, sirven de preludio anecdótico para el reencuentro de Spielberg con Cruise y el Cine de Ciencia Ficción (tras la fascinante versión que del original de Dick, Minority Report, pergeñaran en el 2002). Naves marcianas, extraterrestres hostiles, invasiones de carácter global y un grupo de ciudadanos concienciados darán lugar a una de los blockbuster del año que, deseamos, servirá para recuperar la credibilidad autoral que el bueno de Spielberg se empeñó en tirar por el retrete de La Terminal.

The Aviator: El tercer director de la generación de los setenta aquí comentado, Martin Scorsese, se sirve del propio cine y del pasado floreciente de uno de sus grandes magnates: Howard Hughes (un personaje habitual en las novelas de Ellroy), para vindicarse como superviviente en una industria demasiado acostumbrada a fagocitar el talento de los creadores. A su lado, Leonardo Di Caprio (en uno de los papeles hechos a su medida tras la interesante: Atrápame si puedes), Kate Beckinsale (Ava Gardner), Cate Blanchett (Katharine Hepburn) o Jude Law (Erroll Flynn) tratarán de rememorar, para el gran público, la época dorada del Hollywood de los años 30 y el guionista, el irregular John (RKO 281) Logan, la vida de uno de los empresarios texanos más controvertidos del Siglo XX.

King Kong Otro remake, esta vez de uno de los clásicos del cine de todos los tiempos, King Kong, nos ofrecerá la nueva incursión en el cine de serie A, de alto presupuesto y mayor ruido, del neozelandés Peter Jackson, lejos de la Tierra Media (y de la cansina trascendencia dimanante del día a día de sus pobladores) y cerca del olimpo de los directores mejores pagados que, al menos, nos ofrecerá un buen repertorio de efectos especiales, una caracterización simiesca de naturaleza inolvidable y una nueva relectura del mito entre Bellas y Bestias.

Million Dólar Baby: Clint Eastwood y Hillary Swank reunidos en torno a la consecución de un Óscar en una historia sobre la superación, la igualdad y el éxito. Fórmula arquetípica y un tanto desgastada que en manos de Clint Eastwood se convertirá en una película de autor, paradigmático en cuanto a narración y deudora de unas interpretaciones más que eficaces. La mejor de las versiones de Eastwood (la que se cree cineasta con talento) al servicio de una película que acumulará más de una nominación a los Oscars.

Howl’s moving castle: La película más esperada por quién esto firma, el retorno de Hayao Miyazaki al olimpo de los cineastas lúcidos tras la mayestática e inigualable El Viaje de Chihiro, promete grandes dosis de imaginación, una agraciada factura visual, un score inolvidable a cargo del marciano Joe Hisaishi y la reivindicación definitiva de Miyazaki como uno de los grandes creadores de la cinematografía mundial. Ya cuento los días...



Land of the Dead: Otro de la generación de los 70, pero esta vez en su formato alternativo (Wes Craven, John Carpenter, David Cronenberg...) retorna a la actualidad cinematográfica con un producto hecho a la medida de sus fans: muertos vivientes, tierras apocalípticas, supervivientes coaccionados por el entorno... Romero resurge en el 2005 con ganas de poner (a los muertos) las cosas en su sitio.

Batman Begins: Con la intención de arreglar el desaguisado organizado por Schumacher en las dos entregas anteriores (por no hablar del spin-off bastardo acometido por Pitof), Christopher (Memento) Nolan retoma el mito de Batman desde sus inicios con la intención de devolver al oscuro personaje a la cima de los superhéroes cinematografiados. Atención al reparto: Cristian Bale (éste será su año), Liam Neeson, Morgan Freeman, Michael Caine, Gary Oldman, Katie Holmes, Ken Watanabe y... Rutger Hauer. Expectantes, ¿eh?

Sideways: La película que acumula la mayor colección de críticas positivas, cinta indepediente del año, y mayor número de estrellitas por referencia en prensa, es un película dirigida por Alexander Payne (About Schmicht) y que, a buen seguro, encabezará la lista de nominaciones a los Oscars. Road movie a través de los viñedos californianos, de tintes redentores y tono amable, que encabezará, a buen seguro, mi lista de bluffs particular. Eso sí, atención al regreso de Virginia Madsen.

House of Flying Daggers: Ahora que la actualidad fanófila parece más que dispuesta a reverenciar los trabajos procedentes de la cinematografía asiática (que Spaulding me perdone), a saber, Takashi Miike, Wor Kar Wai o Park Chan-wook, mi propuesta es de uno de los clásicos, Zang Yhimou, y su vuelta al universo fantástico medieval (tras Hero) con La Casa de las Dagas Voladoras, película en la línea de Tigre y Dragón que ha cosechado inmejorables críticas en el mercado estadounidense y que se adivina como una de las competidoras de Mar Adentro en la categoría de Mejor Película en habla no inglesa.
02/01/2005 15:31 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 6 comentarios.

Universo Star Wars

En este año Star Wars, el Cronicón inaugura una nueva subcategoría conceptual dedicada a analizar, desde un punto de vista cómplice, la obra magna de George Lucas. No seguirá ningún tipo de lógica interna ni responderá a una escaleta diseñada con propósitos dogmáticos. Se llamará Universo Star Wars y estará dirigida a todos aquellos que aún creen que El Halcón Milenario sigue siendo, ad eternium, la nave más rápida de la Galaxia y, en general, a los que creen que en el cine todavía queda un lugar para la recreación lúdica de nuestros sueños.

Solo


Tras la generación de la televisión y a la sombra del conflicto vietnamita, se incorporó a la industria cinematográfica una hornada de jovenes (titulados o no) universitarios de ascendencia cinéfila, empeñados en cambiar el modo de concebir el Cine y sus alrededores. Surgidos a la sombra de una industria que necesitaba, con urgencia, remodelar sus cánones productivos, los Coppola, Spielberg, De Palma, Scorsese o Lucas ayudaron a construir el Cine de los Grandes Estudios que hoy conocemos como un objeto de marketing rentable, connivente con el espectáculo y, evidentemente, popular.

El principal mérito de esta generación, sin embargo, fue el mantenimiento de la autoría, haciendo de su cine un Cine de personalísimo pero reconocible, festivo pero admirado. Gracias a ésto, los autores no sólo consiguieron recuperar el aprecio de las audiencias más jóvenes, sino conservar la mayor parte del control en un producto final tantas veces deteriorado por aquellos que interponen los intereses de los banqueros al noble fluir de las artes creativas.

La Guerra de las Galaxias ayudó, como la que más, a cambiar definitivamente el status quo cinematográfico, quebrando una de las leyes básicas del cine: "la rentabilidad de una película finaliza con la palabra The End". Es entendible, por tanto, que Lucas, en su afán de transgresión, dejara para el final la procesión de nombres responsables de la película (lo que le supondría un encontronazo con los sindicatos, que estuvo a punto de poner fin a la carrera comercial de la película) y, lo que es más importante, que aprovechara el control ejercido sobre todo aquello que excedía su obra creativa para construir el Imperio que hoy preside y fiscaliza. Como ya os he contado en alguna otra ocasión, Lucas hizo de su independencia una marca, una industria per se. Obsérvese, en este sentido, el nombre de una de sus empresas: la compañía de efectos especiales ILM (es decir, Industrial Light and Magic)

Pero Star Wars es mucho más ya veréis, heredera de la tradición westerniana, el space opera en formato pulp, de Tolkien y las mitologías germánicas, Flash Gordon o las monster movies. Cine de aventuras de linaje imaginativo realizado para recuperar, para todos los públicos, las constantes de las historias que siempre nos entusiasmaron.

Ya os contaré, ya.

Reyes

Todos los Reyes son magos, por eso reposan eternamente en sus poltronas refulgentes sin que nadie cuestione las razones que allí le acomodan. El mejor Rey, empero, sigue siendo shakespereano, henchido de celos o de poder, loco de amor fraterno, reconcomido por calaveras insolentes que informan entre las sombras de traidores e intrigas...

Sin saberlo, también son carne de cineastas obstinados, coleccionistas de ego que aspiran a dictar cátedra con textos antiguos que, sin embargo, les identifican y definen. Crean imágenes dónde otros pusieron palabras; secuencias donde había teatro; arte que subyuga arte...



Todos los directores son magos, por eso reposan eternamente en sus poltronas refulgentes sin que nadie cuestione las razones que allí le acomodan.

De éstos, al menos, esperamos que este año no sigan trayendo carbón. La primera en la frente la acaba de dar Oliver Stone con Alexander (otro Rey). La primera conclusión es que su vida resulta inadaptable para el celuloide. La segunda, próximamente en el Cronicón.
06/01/2005 23:41 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 2 comentarios.

Alejandro, Magno pero menos

No es una gran película, ésta, la última producción de serie A del otrora transgresor Oliver Stone basada, como tantas de sus obras (todas mejores que ésta), en personajes históricos de ascendencia magnánima (sean o no reyes), convertidos por su entorno en leyendas vivas y por su conciencia, en seres atormentados, frágiles, enigmáticos.

No es una excepción este Alejandro III, el Magno, Hijo de Filippo II y de Olimpia, Rey de Macedonia y conquistador de todos los mundos conocidos. Un personaje, claro, apasionante a nivel historicista: viajero, conquistador, estratega, fundador de ciudades, comerciante y regente alienador que, empero, resulta poco interesante, incluso antipático, en la adaptación cinematográfica de Stone gracias a un guión místico que navega entre dos conceptos: la épica y la elegía (a priori, tolerables entre sí en manos de gigantes del celuloide como David Lean) sin tener la menor idea sobre como deben fusionarse ambas propuestas. Utiliza la épica de cara a la galería (como un objeto rentabilizable en las campañas de promoción) y la lírica de forma desafortunada (con parlamentos ajenos a la inspiración y escenas relatadas de forma imprecisa y equívoca) y en ninguna de las dos se muestra especialmente brillante: secuencias terriblemente confusas y efectistas en el primer caso y encuadres televisivos y exceso de (irritable) primer plano en las segundas. Perdonable en cualquiera de los discípulos de Jerry Bruckheimer pero poco agradable de presenciar en la briosa y, a menudo, lúcida cinematografía de Oliver Stone.



Con esta premisa, el personaje de Tolomeo se recrea en el cantar de las vivencias de Alejandro de cuya gesta participara activamente (repartiéndose, de paso, el más goloso de los botines: Egipto), ajustando en voz en off los saltos temporales (que no emocionales) de la película y, de paso, saboteando la naturalidad de la misma con el único consuelo de mostrarnos, a lo lejos, el maravilloso Faro o el interior de una de las salas de la Biblioteca de Alejandría en cuya apilación de legajos y papiros interviene el propio jerarca, a mayor gloria de un batallado Anthony Hopkins en uno de los papeles más cómodos de su carrera como cronista hagiográfico de andar por casa. Atajo narrativo de naturaleza impropia para cineastas de la talla de Oliver Stone que da buena muestra de la vacuidad de muchos de los pasajes del film...

Coincido con Jose C. en que, incluso en la película (por no hablar ya de la historia real), se insinúan momentos más gratificantes a nivel narrativo (los asesinatos de Parmenio y Cliso, el odio ascendente de Casandro; la revuelta en el Valle del Indo –risible resulta incluso la aseveración de Crátero) que los elegidos como preeminentes por el director (la relación fraterno-filial que entorpece la cotidianidad victoriosa del Rey Macedonio; el amor que expresa por uno de sus amantes, el General Hefestión, su casamiento con la Bactriana Roxana, sus ansias por superar las leyendas de los héroes clásicos y la asimilación trágica de su destino común). Lastre de naturaleza voluntario que, gracias a la sorprendente impericia del director, hace que los pasajes más apasionantes sean resueltos con presteza con un par de escenas descafeinadas, desprovistas de la contundencia narrativo-visual de otros trabajos de Oliver Stone y, las otras, se culminen con una retahíla de parlamentos exonerados de inspiración, redundantes y poco atractivos, que contagian tedio y arritmia a una película, de por sí, escasamente fluida y tan ambiciosa que no hace más sino sobrepasar las cualidades narradoras del cineasta.

La película se sostiene, pese a todo, gracias al esfuerzo de producción, al talante de los actores (no muy acertados pero francamente comprometidos con el proyecto, en especial Colin Farrell) y algunos aciertos esporádicos conniventes con la naturaleza de espectáculo que rodea a este tipo de obras (preciosismo de alguna de las composiciones paisajísticas; vestuario refulgente; despliegue de caballos y artillería...). Elementos insuficientes para este biopic histórico demasiado personal y simple como para convertirse en una obra recordada.



Ajeno, en fin, a las consignas del cine de ascenso y caída (veáse la excelente Lawrence de Arabia), la historia de Alejandro Magno discurre por la senda de una Road Movie Historicista de forma desangelada, sin ninguna progresión dramática (sólo crecen las cicatrices en el rostro, brazos, torso del macedonio) y menos fortuna narrativa. Una desilusión en forma de película que únicamente deja el alivio de la presencia de Angelina Jolie (en su papel de madre castradora, confabuladora y frágil) a pesar de lo espaciadas y redundantes que resultan sus apariciones. Ambición y medios derrochados por capricho de un cineasta que debe, ineludiblemente, reencontrar su rumbo lo más alejado posible de las convenciones de la autocomplaciencia.

Calificación: 5

Lo más destacado: algunos atrevimientos formales de Stone: el plano cenital (a vista de pájaro) que preludia la batalla de Guagamela (y que hará las delicias de los aficionados a los videojuegos tipo Age of Empire); el croma rojo que tiñe la batalla en Hidaspes y la voluntad del cineasta de ser fiel (más o menos: no deja de ser cine) a la historia.

Lo menos destacado: uno de los más aburridos (y simplistas) discursos de los que presume la película, el que profesa un Cristopher Plummer inconvincente en su papel de Aristóteles a unos, no menos adustos, jóvenes aprendices de guerreros.
07/01/2005 20:34 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 1 comentario.

La nueva mitología

...Los personajes de Star Wars están mucho más presentes en la memoria colectiva actual que por ejemplo los dioses y héroes griegos; de hecho se podría decir que estas películas "refieren la actuación memorable y ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo prestigioso y lejano".

Artículo de Susana Pajares Tosca: "Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana... Star Wars y la nueva mitología".

Otra visión del universo Star Wars.
09/01/2005 17:59 Enlace permanente. Tema: Universo Star Wars No hay comentarios. Comentar.

Collateral: La noche más larga

El Macguffin: Acostumbrado a la disección de los paisajes urbanos y de sus más turbios y abruptos habitantes, el cineasta Michael Mann se reencuentra con el buen cine de acción con esta vibrante película, Collateral (un vehículo de naturaleza inspirada realizado al servicio del siempre eficaz Tom Cruise), que nos cuenta la historia de un taxista negro, Jamie Foxx, que recoge en una de sus carreras, y sin saberlo, a un asesino a sueldo con billetes de cien en la cartera y voluntad para repartirlos por doquier si el taxista acepta ser su chófer en una noche en la que tiene pendientes unos cuantos "encargos". Desconocedor de las retorcidas intenciones de su cliente, el taxista se verá embarcado en una aventura de carácter ineludible y violenta, que culminará con un tour de force entre los protagonistas.

Los géneros: Con un premisa argumental que entusiasmaría a un primerizo Martin Scorsese, Michael Mann repasa las constantes del cine de ajustes de cuentas gangsteriles aderezado con el de los asesinos a sueldo desde una perspectiva novedosa, la de un tipo corriente al servicio de una compañía de taxis, que comparte, muy a su pesar, el destino violento escogido por su siniestro cliente.



Keywords: Noche; Los Angeles; asesinos a sueldo; asesinatos; mafias; juicios; testigos; droga; taxi; violencia; Tom Cruise; ambiente urbano; duelo dialéctico; metro; tiroteos; todo en un día.

Estímulos: Tom Cruise de malo malísimo; Jamie Foxx dispuesto a heredar la cuota de pantalla que una vez perteneció, casi en exclusiva, a Denzel Washington; un montaje acorde a la naturaleza del producto y un guión con diálogos de ascendencia tarantiniana (pero de previsible desarrollo) hacen del nuevo producto del buen director Michael Mann, uno de los mejores thrillers surgidos en la cosecha del 2004 y, sin duda, en el más audaz y original de todos ellos.

La sobran: Un par de soliloquios pseudoexistencialistas; un desenlace previsible; un punto de partido (en exceso) fundamentado en el azar; la servidumbre comercialoide de tener que atar todos los cabos...

La define: la insistente voluntad del cineasta de reconvertir su trayectoria de exitoso productor televisivo (y no televisivo) en la del buen director que ya es; la base jazzistica que acompaña a toda la película; la fotografía de las (muy cinematográficas) noches angelinas.

La secuencia: Jamie Foxx retomando el control de la conversación (y de su vida) ante un aterrador proto-gángster: Javier Bardem.

El diálogo:

- Te diré la verdad. Pretendía que me llevaras sin enterarte de nada pero el gordo se colocó ante la ventana y cayó en picado. Pasamos al plan B, ¿sigues respirando? Tenemos que ser prácticos, improvisar, adaptarnos al medio, adaptarme, echarle el morro. Y sí, siempre hay que montárselo lo mejor posible.
- Pero... ¿de qué me habla? ¡Acaba de tirar un hombre por la ventana!
- No lo he tirado. Se ha caído.
- ¿Qué le había hecho?
- ¡Qué...?
- ¿Qué le había hecho ese tipo a usted?
- Nada. No le conocía.
- ¿Y así por las buenas va usted y le mata?
-¿Qué pasa? ¿Para matar a un tipo hay que conocerle? –el taxista niega con la cabeza-. Max... Somos seis mil millones de hombres en el planeta y tú te desquicias por un tipo gordo.
- ¿Quién era...?
- Eso que mas te da: ¿has oído hablar de Rwanda?
- He oído hablar de Rwanda...
- Allí mataban a miles de personas cada día; no se había matada tan deprisa y a tanta gente desde Nagashaki e Hiroshima. ¿Te afecta eso, Max?, ¿eres socio de Amnistía Internacional o de Oxfone? ¿De Salvar a las Ballenas o de Greenpeace? No. Pero me cargo a un tipo gordo de Los Ángeles y te cabreas.
- ¡Pero no conozco a nadie en Ruanda!
- Ni al tío del maletero...
- ¡Oh, Dios mío!


En la retina: Max y Jeremy; El silencio de un hombre; Traffic; Noche en la ciudad; Jo, que noche; Taxi de Luc Besson;

Calificación: 8
12/01/2005 21:49 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 9 comentarios.

Érase... Leone

Érase Noddles y Max Bercovic. Cora, Carol y Fat Moe.

Érase la historia de América a través de sus gentes, de aquellos que forjaron sus cimientos al mismo tiempo que sus arrugas. Érase la vida en Cine, el Cine enfatizado.

Érase la historia de una amistad insondable, la de un trío amoroso condenado por el tiempo; la de un tiempo pasado inexorable.

Érase la historia de un pastel... ¿verdad? Tu también la recuerdas...

Érase Leone manejando el tiempo (narrativo o no) a su antojo; un puñado de actores... inigualables; una fotografía adimentada de una música hermosa. ¡Cuatro horas fabulosas!

Érase el mejor flash-back de la historia del Cine. Érase el Cine...

Sin más palabras.

Érase una vez en América
14/01/2005 23:49 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 4 comentarios.

Los mitos de Tarantino

Sin duda, es uno de los directores que más me entusiasman y, desde luego, el que poseé un universo creativo más singular en el actual panorama cinematográfico. Es Tarantino y este artículo, "De Tarantino, los perros y Madonna", es la recomentable (y curiosa) revisitación de su universo conceptual concebida por Dayamick Cisneros en Miradas, la revista de la EICTV de La Habana. Densa, pero original es, naturalmente, una estupenda muestra de esta sección veterana en el Cronicón denominada: Lo mejor de la web.

16/01/2005 15:39 Enlace permanente. Tema: lo mejor de la web No hay comentarios. Comentar.

About Golden Globe Awards

a) La muletilla más oída en estos últimos días: Los Globos de Oro son la antesala de los Oscars. Tan repetida que suena ya a eructo...

b) El carácter exagerado del premio en cuestión lo otorga su propia denominación: "Globo".

c) Supongo que será cuestión de Marketing pero a la parcelación anacrónica que divide por sexos el trabajo actoral (insisto: me parece asombroso que en este nuevo Milenio aún se sigan consintiendo estos deslices conceptuales), hay que sumar la subdivisión entre Mejor Película Dramática y Mejor Película de Comedia o Musical... Cuidado con las segmentaciones de raigambre comercialoide que al final van a coexistir tantas categorías como películas presentadas a concurso.

d) Me alegro del premio concedido a Mar Adentro a pesar de que intuimos los méritos de la distribuidora norteamericana en el asunto. En fin: Javier Bardem lo borda y Amenábar vuelve a darnos una lección narrativa de carácter sobresaliente y un conocimiento de las inquietudes emocionales de los espectadores que haría las delicias del mejor Hitchcock. Buen narrador, artista multimedia, centrado... ¿No será un marciano?

e) Ya sabéis que me encanta Natalie Portman por su linaje galáctico pero darla un premio por una película en la que interpreta a una bailarina de streptease previo acuerdo para eliminar del montaje final sus escenas de desnudo... limita, ciertamente, el alcance y la gravedad de su interpretación, ¿verdad?

f) El titular es evidente: El Cine Clásico reclama su lugar en el mainstream hollywoodiense: Clint Eastwood Vs. Martin Scorsese. Una gran noticia para los directores de la generación de los 70 y una pésima para la contemporánea que nos confirma una tenue realidad cimentada en los productos de índole acomodaticios y en las inquietantes servidumbres dimanante de los terribles screen (teen) test. ¡A ponerse las pilas, toca!

g) Jaime Foxx, efectivamente, se encuentra en pleno proceso de fagocitación de la figura de Denzel Washington. Si yo fuera este último, estaría temblando: ¡incluso tiene talento!

h) Premio para Sideways que se decanta como la principal apuesta del cine ¿independiente? de cara a los próximos Oscars. Ay, ay, ay, que me huele a chamusquina...

i) Y solo ha sido el principio. El 27 de febrero, más.
17/01/2005 21:46 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 4 comentarios.

El Lobo: entre la parodia y el cine de acción

El lobo, aka Jose María “Txema” Loygorri, un joven oficial de albañilería inmerso en un entorno dominado por la violencia, se infiltra en un grupo terrorista con el objeto de desmantelar su cúpula directiva y, de paso, redimir su culpa (y condena) por su participación en un atentando financiado con propósitos independentistas. Dentro de la organización, y mientras recoge datos de los dos grupos dominantes (el teórico-conciliador: representado por un Jorge Sanz castrado por las trabas de un guión insuficiente; el drástico-violento: interpretado por Patrick Bruel a modo del Franco Nero de Por un puñado de dólares) le da tiempo a a) ganarse la confianza del jefe Nelson; b) follarse a su más devota (y desalmada) seguidora (como en James Bond, sí); c) actuar como jefe de un comando; d) propiciar la infraestructura de la organización en territorio nacional; e) traicionar a todos sus compañeros de batallas y f) teñirse el pelo de rubio.

Con la pesada losa que supone el construir una obra sobre un infiltrado de los (oscuros) servicios secretos franquistas como si de un héroe de cinta norteamericana se tratara, la película de Courtois se sostiene a duras penas con un entramado de arquetipos conceptuales e interpretativos de naturaleza simplista y resultados casi paródicos, y un sentido del ritmo diseñado para compensar los desaciertos de un guión que persigue ajustar cuentas con tantos y tan crueles demonios que acaba por entronizar la figura del Lobo (ojo, dije "entronizar" en lugar de "definir") por encima de los interesantes giros argumentales a los que podía haber dado lugar la historia y, sobretodo, por encima de las primigenias pretensiones de quienes la concibieron.

El Lobo perseguido por su presente


Es precisamente esa desidia a la hora de definir y componer el trabajo interpretativo; esa incapacidad para hacer creíbles las situaciones que les ocupan, esas peroratas de intelectual de perfil bajo que predican alguno de ellos; esa falta de competencia esgrimida por el cineasta para proyectar una cierta afinidad para con los personajes y sus motivaciones, la que anula cualquier vestigio de cine veritè, quedando únicamente el sustrato del thriller (de Serie B) como único e insuficiente elemento definitorio de la película y, en consecuencia, como irrefutable prueba del desacierto dimanante del conjunto. Un resultado, naturalmente, por debajo de las expectativas que aleja al film de Courtois, y más que nos pese, de cualquier filiación con el cine de Costa Gavras, Ken Loach o, incluso, Imanol Uribe, al argumento, de su verdadero origen: la realidad (algo impropio de un biopic: cualidad ésta y por ejemplo, que sí poseía el Alejandro de Oliver Stone).

La película, empero, consiente sobre si misma algún momento destacable (casi todos ellos) de la mano de José Coronado. El actor, habituado a la composición de personajes despreciables, ejerce de si mismo dando vida al siniestro agente del servicio secreto que posibilita la infiltración de El Lobo. Torturador y conspirador a partes iguales, despiadado instrumento al servicio de una tiranía insana (no os asustéis pero muchos de éstos aún siguen entre nosotros con otras pieles, puestos, objetivos), el personaje interpretado por Coronado sale victorioso en la pugna de antagónicos que le enfrenta a a) el Lobo (al que utiliza a su antojo); b) a las huestes del poder franquista (que le da de comer) y c) a Nelson, el daguerrotipo de terrorista tradicionalmente enfrentado a Jean Claude Van Damme, que el bueno de Courtois presenta como malvado de la historia.

El planteamiento de la película del cineasta, en fin, oscila entre la trama pseudopolítica y el thriller de acción, sin que podamos tomarnos en serio ninguna de las dos propuestas. La primera porque es una historia mal interpretada, terriblemente simple y perezosamente dialogada. La segunda porque sus persecuciones, torturas, tiroteos y demás coqueteos con los momentos de vértigo (tan cotidianos en este tipo de cinematografías) están afectados de un sentido del ritmo desapasionado y carente de consistencia dramática (consecuencia, claro, de la ausencia total de empatía de sus personajes) y, claro está, de los medios mínimos exigibles al cine de género en sentido estricto.

Todo junto convierte estas dos horas de película en una cinta de acción de serie B sin mayor pretensión que el entretinimiento de una platea demasiado acostumbrada a la simplificación.

Lo más destacado: que a pesar de todo resulta ligeramente entretenida.

Lo menos destacado: su indefinición; la apatía de sus intérpretes; sus (numerosos) arquetipos.

Calificación: 4,5
19/01/2005 22:10 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 2 comentarios.

Monstruos en mi retina

Recupero hoy uno de mis artículos más queridos (y personales), directamente de las entrañas de ese rincón fanta-cinéfilo que siempre fue y seguirá siendo: El Cronicón Fantástico de Terror Universal.

Monstruos en mi retina:

"Se cierra la noche. Jóvenes vírgenes se refugian en un Plymouth del 58 en el aparcamiento de una colina. Mirador improvisado de un pueblo redneck a punto de sufrir una invasión marciana. ¡Son ellos! La humanidad corre un gran peligro: entidades viscosas y amorfas se disponen a adueñarse de una hilera de cines repletos de adolescentes ingenuos.

Matinee: doble sesión matinal donde se proyectan seriales pulp. También se llama así al lugar donde los exhibidores locales ensayan sus gimnicks: el espíritu de William Castle revisitado por Joe Dante: John Goodman interpreta al alter-ego de Castle con más kilos pero con la misma querencia al sarcasmo. Roger Corman, el maestro de Joe Dante, invierte en nieblas y humos para ahorrarse los monstruos. Dante, que siempre fue más explícito, contraataca con los gremlins; ya saben: no le den agua después de la media noche; la comida lo vuelve rebelde como a Cecilia, no hagáis caso de lo que diga papá... La moraleja es transgresora: el peluche más dócil y simpático puede convertirse en un monstruito gamberro de tendencias revolucionarias... Corman es testarudo, y, usufructuario del éxito de su discípulo, realiza una de las películas más descacharrantes de la historia: Los Mounchies (con esos trasuntos de gremlins cuyas tripas son una mano cubierta de un calcetín). Pero no todo es delirio y caricatura cuando se comienza a construir un subgénero: Los Critters es una ciencia ficción simpática que mejora con su primera secuela. Dee Wallace, Leonardo Di Caprio o Angela Bassett (en la aventura espacial de la saga) enriquecen las arcas de la serie B con el mismo entusiasmo con los que los Chiodo Brothers hacen números. Mejor para ellos. Y, mientras, sigue la Navidad.



Los Chiodo Brothers coquetean con el lucimiento a la hora de concebir al monstruo, sí, pero son sólo una isla en un océano inmerso dominado por la mediocridad. Después llega una pobre versión italiana: Los Ghoulies, el monstruo en su versión demoníaca, y varias series B descafeinadas que sirven de prólogo a la secuela definitiva de los Gremlins, Gremlins 2 (una película entrañable pero autocomplaciente) que comienza a agotar la mano que les da de comer, y un remake juguetero de la primera: Pequeños Guerreros/Small Soldiers que la agota definitivamente. Ya es suficiente. La Navidad no es lo que era. Los fantasmas atacan al jefe, pequeños monstruos se quedan solos en casa, y al bueno de Frank Capra se olvidó de dejar legado... Spielberg da forma a un exitoso nuevo género, el fantástico familiar de serie A, dotándolo de pequeños guiños a los orígenes de todos los cineastas (antes de ser artistas fueron espectadores hechizados por la magia del cine). Pero, antes, Spielberg ya había fabricado su propio monstruo (talento propio al margen): la cabeza animatrónica de un gran tiburón blanco. No contaban con un gran presupuesto pero sí con John Williams, y éste se encarga de poner aletas al tiburón apostando por la sugerencia y la implicitud, y el tiburón da miedo, y dinero, y secuelas. Y crea otro subgénero. Los monstruos animales no vuelven a ser lo que eran: Abejas asesinas, pulpos gigantes, babosas infectas y hormigas anarquistas se estrellan en la serie Z más convencional intentando reflotar un género del que Los pájaros/The Birds de Hitchcock había sido sólo un brillante preludio. Pero no todo estaba perdido: se había demostrado que lo que más asusta al espectador es lo que tiene delante. La cotidianidad vuelve a inquietar siguiendo los mismos trazos narrativos de la propuesta del dueto Matheson/Torneaur: El increible hombre menguante. La realidad, señores, es el germen del terror más absoluto.

Monstruos, inquietud, emoción pues, pero también lástima, complicidad, empatía. Así lo entendieron Soedsack y Cooper y todos lloraron cuando el enamorado King Kong sucumbe a los ataques desmedidos de las avionetas en un sky line de Nueva York dominado por el Empire State Building. Los grandes monstruos reivindican su supremacía pero nadie les quiere. Godzilla (Gojira) apuesta por denunciar la estupidez humana; el desastre de Hiroshima y Yokohama sirve de génesis a un monstruo devastador al que pronto se le acompañará de otros monstruos de tamaño antidiluviano como Mosura (Motha) o Gamera. Polillas, galápagos gigantes, dinosaurios... Las maquetas reivindican su lugar en la historia del séptimo arte y el cine japonés da forma a una nueva industria que culminará con el universal nombre de Anime. Roland Emmerich, en cambio, jugueteará con el mito inspirado por Honda con cierto desánimo. Ya no es Hiroshima sino Mururoa la causante de todo el daño: un desliz argumental que colinda con la hipocresía y correción política del país que asila y da de comer al alemán. Roland Emmerich y Dean Devlin siguen acercando su filmografía al género Spielbergiano con resultados cuanto menos loables. Tea Leoni, David Arnold, un monstruo hermafrodita y descomunal (por su tamaño) pero sin carisma y el Madison Square Garden con ocupas variopintos, configuran un todo de amplias pretensiones y resultados de serie B. Lo mejor: las crías de godzilla que nos retrotraen a otro gran clásico de la serie B moderna (y no es una contradicción): Parque Jurásico y, sobretodo, la oscura secuela de esta: El mundo perdido/The Lost World. Y por alusiones, en mi retina, un gran clásico Literario: el Mundo Perdido de Conan Doyle: ejemplar modelo de aventuras literaturalizadas que también goza de adaptación cinematográfica, proto-adaptación más bien en versión muda, dirigida en 1925 por Harry Hoyt.



Monstruos, sí, extensiones imaginativas de nuestros miedos. Drácula, Frankenstein, Hombres Lobo, La Momia: mitos recogidos de la literatura, del subconsciente colectivo: ¿Quién no ha jugado a ser un dios? ¿Quién no ha tenido alguna vez miedo? Monstruos en nuestra retina, en nuestros sueños, bajo nuestras camas o en el armario (el de la Troma era gay, por descontado). Un Jorobado en NotreDame, un fantasma en cada ópera, un museo de cera siniestro, una mujer pantera, un adolescente descomplejado, un zombie paseando, una momia retornada, ese vampiro en la ventana, un hombre sin rostro, una retina desbocada…

Monstruos con forma, deformados y amorfos. Un terror que no tiene forma, el corazón de Steven McQueen en un puño (Larry Cohen contraatacaría con una versión apócrifa dónde la masa se constituía de ¡un yogourt mutante!) y varias señoras vomitando la misma gelatina asquerosa que en la pantalla les de miedo. The Blob: una masa viscosa que se nutre de los gritos de cientos de púberes en la frontera de la edad edulta. Su secuela: The Blob II fue dirigido por el televiso Larry Hagman. Su remake forma parte del ideario creativo de (los otrora prometedores) Chuck Russell y Frank Darabont.



Sí. La humanidad. La humanidad sigue estando en peligro de la mano de Christian Niby (de Howard Hawks en realidad). John Carpenter da consideración de obra maestra al mito y consigue sobrepasarlo: La cosa. Oscuridad, frío, desconfianza, inquietud, terror. El terror y la ciencia ficción se unen con más convicción que en Alien (otra gran Monster Movie); los efectos especiales no solo secundan la historia: le dan un sentido puramente expresionista. John Carpenter, el gran monstruo, se confirma como un hacedor de milagros porque logra transmitir inquietud durante más de una hora (una panacea en los tiempos que corren). El cine de terror alcanza la categoría de Gran Cine. Sin embargo, este film, terminará por expulsar a Carpenter de la serie A, convirtiéndolo en un director independiente, en un autor con mayúsculas. El destino se vuelve a formar desatinado; los monstruos, en cierto sentido, se aburguesan. Surge la autoparodia: los Hombres de Negro transforman los monstruos extraterrestres en traficantes de tabaco, en emigrantes ilegales. La ciencia ficción más seria convierte las invasiones marcianas en fantochadas al servicio de la mass media con música de David Arnold. La comicidad cromática de Tim Burton convierte a los monstruitos verdosos de su Mars Attacks en una excusa crítica de los excesos consumistas de la sociedad de fin de siglo. Y Verhoeven, siempre nos quedará Verhoeven, da la vuelta a un reaccionario texto de Heinlein convirtiéndolo en una de las películas más subversivas de fin de siglo. Los insectos extraterrestres de Starship Troopers apenas si pueden defenderse de sus agresores terráqueos. La barbarie domina nuestra cultura sin atisbo alguno de piedad y las Naciones Unidas necesitan un enemigo para justificar sus gastos militares. El futuro no deparará nada nuevo. Y mientras, los monstruos del cine se humanizarán en sentido inverso. El monstruo ya no se ve dominado por la ternura, por un sentimiento colindante con el amor, sino que es el propio humano quien se transforma en monstruo. La maldad se parifica. Robert Louis Stevenson ya lo sabía. Ralph Fiennes y Steven Spielberg construyen el paradigma del monstruo humano en La Lista de Schindler. La realidad insiste en recuperar nuestros miedos endémicos.

Ninguna sociedad progresa en la paz.

La guerra es el origen de nuestro progreso.

La reorganización contínua del poder es el leit motiv que mueve a la humanidad... Pareto y su "Teoría de la rotación de las élites" trasladada a soporte celuloso.

Monstruos de cine, sí. Humanoides del abismo, Vampira, Tor Johnson y un jersey de Angora; pulpos de látex y cartón piedra, Bela Lugosi y su ataúd, balones de playa con patas (cortesía de unos primerizos Carpenter y O´Bannon), serie B desprejuicida pero talentosa, Vampiros del Espacio, ¿Qué sucedió Entonces?

Pues que unos ejércitos con tecnología primitiva se alían con el azar, con la música, con elementos químicos y bacterianos y con la atmósfera, y ganan la batalla contra el invasor: finales, ya lo saben, producto de un guionista desidioso. Y para compensar: extraterrestres que solo vagan en nuestros sueños; héroes cotidianos enfrentados a una anomalía que surge de repente; la primera víctima (la ingenuidad); la primera vez (inolvidable); el científico de turno (al que nadie creía), el niño degustador de comics (el alter ego del director), Dick Miller (persiguiendo extranjeros), senso pulp (y más papel amarillento), Not of this Earth (ni de otra), el monstruo del 1000000 de años (por lo menos), Larry Cohen y sus cocodrilos urbanos, Estoy Vivo, sí señor, y muchos freaks, una parada de monstruos que no lo son (otro monstruo que sí lo es: Tod Browning), y O´Brien y Harryhausen para dar forma a nuestros temores resolviendo una ecuación cinéfaga: NUESTRO MIEDO + anarquía argumental + monstruos entrañables = el DELEITE. El fin.



¿El fin?"

"Monstruos en mi retina" es un artículo de J. P. Bango

El Acorazado en 625 lineas

Esta vez os lo anuncio con antelación, no os quejéis, para que programéis los videos con tiempo: mañana arribará (o no) el Acorazado Potemkin en el puerto de Odessa, a eso de las 23:45 h y por La 2 de RTVE, capitaneado por un creador de alta arcunia (artística), Eisenstein, el tipo que mejor partido supo sacar a uno de los gimnicks cinematográficos por excelencia: el montaje.

Pero no sólo el montaje realza el cine de Eisenstein: también lo hace el simbolismo, la metáfora, la retórica aplicada sobre celuloide. Por eso sus obras se estudian en las escuelas de Cine y por eso se siguen admirando por encima del carácter revolucionario de sus primeras películas, o del contestarismo militante de las últimas.

Cine al servicio de la causa que se define, sobretodo, por el ritmo. De ahí la importancia que le otorga al montaje, a sus planos en movimiento, a los momentos de preparación del climax, a la resolución del mismo... Por eso su filmografía posterior se lo pondría tan fácil a Prokofiev: heredero melómano de las inquietudes rítmicas del cineasta y, aún hoy, uno de los mejores compositores de la historia del celuloide (y más allá).

El mejor ejemplo de la cinematografía de Eisenstein lo sigue constituyendo el Acorazado Potemkin, experiencia de carácter didáctica (también desde el punto de vista historicista, no creáis) que sobrepasa los límites de la Obra Maestra. Gozosa colección de epítetos superlativos -ya véis-, para ésta, una de mis películas favoritas que muchos de vosotros ya conocéis y otros (espero los que más) disfrutaréis en toda su penitud al objeto de saciar vuestro (maltratado, últimamente) apetito cinefílico.

Que os aproveche.



24/01/2005 20:13 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 7 comentarios.

Si quieres ser un buen Director debes...

a) Concebir el espectáculo como un cúmulo de excesos: pantallas gigantes (pero menos), muchos extras (aún virtuales), vuelos de cámara fuera de contexto (a vista de los dioses, normalmente), una campaña de promoción desorbitada (entiéndase literalmente) y más silicona que talento.

b) Ocultar tu competencia narrativa con la connivencia del montador contratado por la productora. Nunca serás capaz de contarnos una buena secuencia de acción pero tendrás trabajo asegurado de la mano de Jerry Bruckheimer & Friends.

c) Sentirte independiente para escribir tus guiones y dependiente para modificarlos, tacharlos, dilapidarlos por capricho de una pléyade de adolescentes ociosos.

d) Ser productor de tus propias películas y tener vocación autocomplaciente. Si te lo montas bien, puedes incluso ganar algún Oscar con discurso pro-santoral de por medio.

e) Dejar el arte para los museos; los diálogos para Woody Allen; los sueños para Calderón.

f) Permitir que los actores se expresen libremente, sobretodo a la hora de negociar sus minutas y salarios (no te convertirá en el tipo mejor pagado del set pero los responsables de marketing de la productora se gastarán una pasta promocionando tu película al objeto de compensar el dispendio contractual).

g) Pedir más de lo que necesites aunque de manera controlada so pena de caer en "El Síndrome Wolfgang Petersen", un alemán con fama (y actitud) de artesano que pidió barcos para Troya y acabó empachado de intemperancia.

h) Contratar a Renee Zellweger para el papel de secuestrada amordazada. Conseguirás su mejor interpretación o, al menos, un monumento financiado por unos cuantos de nosotros.

i) Poner la otra mejilla, claro. (Donde pone "mejilla" podéis poner lo que queráis: la imaginación es gratis –de momento-)

j) Ser paciente con los críticos: de cine saben tanto como tú.

k) Hacer caso a los productores de tus películas tanto fuera como dentro del rodaje. James Cameron, John Carpenter o Peter Jackson han llevado este punto hasta límites (s)extremos.

l) Hablar en el Set con el tono de voz más elevado como te sea posible. No te convertirá en mejor director pero tu entorno creerá que sabes de lo que hablas.

m) Asignar tu Cine a una Escuela de colegas: pertenecerás al Todo sin tener que esforzarte demasiado en tu parte. Los de Nouvelle Vague saben de qué estoy hablando.

n) Firmar autógrafos. Abstenerse de firmar aquellos que te pidan unos tipos con corbata y gafas de sol...

o) Conceder entrevistas a la crème de la crème internáutica. No te leerá nadie pero engrandecerás tu currículum.

y p) Acudir cuando ella silbe, ay.

Un día de estos os contaré lo que no debéis hacer si queréis ser grandes cineastas ;)
25/01/2005 21:38 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 6 comentarios.

Crónicas de unas candidaturas anunciadas

Las nominaciones/candidaturas/postulados a los Oscars confirman varias tendencias en el mainstream hollywoodiense que no por repetidas son menos edificantes:

a) La pugna directa existente entre los productos artísticos tutelados por Martin Scorsese (The Aviator) y Clint Eastwood (Million Dolar Baby). Ya lo he dicho en alguna otra ocasión: la institución hollywoodiense no busca una beligerancia entre dos de sus tótems creativos sino un tirón de orejas hacia el grupeto de cineastas jóvenes que se declaran incapaces de generar películas de índole competente en un mercado cada vez más saturado de productos clónicos, con un escaso valor artístico y menos transgresión formal. El resto de candidaturas (Mike Leigh o Taylor Hackford) no hacen más sino confirmar esta inclinación desesperanzadora.



b) La doble nominación de Mar Adentro (“De Sii Insaid” como diría la bella Scarlet Johanson en reciente ceremonia) en las categorías de Mejor Película de habla no inglesa y Maquillaje. La primera, no por esperada, resuelve un algoritmo de ascendencia lógica: un tema que no deja indiferente; una narración fluida y acertada y una campaña de promoción acorde a las necesidades de la película. La de maquillaje, seguramente adecuada, no sirve de coartada para desmerecer el inmenso, estratosférico, trabajo de Javier Bardem (con el que ganó la Copa Volpi al mejor actor en el Festival de Venecia) que se constituye en el reclamo más atrayente de una película, por otra parte, gozosamente recomendable.

c) La candidatura de Natalie Portman como Mejor Actriz de Reparto por Closer nos devuelve a una eterna promesa de aires adolescentes y pose galáctica (huelga decir porqué) al paraiso terrenal de las actrices de talento y futuro; justo el mismo oasis, ya sabéis, en el que reposan las ilusiones de Scarlet Johanson, Kirsten Dunst, Hillary Swank, Reese Whiterspoon, Claire Danes o Kate Winslet.

d) Desmesurada volverá a ser la nómina de Biopics (Biographical Pictures) presentes en la ceremonia (Ray, Mar Adentro, The Aviator, The Motorcycle Diaries, Vera Drake) de los Oscars. Más que una tendencia, lo que se confirma es la predilección que los estamentos hollywoodienses dispensan a este tipo de producciones ensalzadoras de egos y vivencias ajenas. Nada nuevo en aquellas tierras que, sin embargo, se está convirtiendo en la única excusa argumental que encuentran los guionistas para levantar sus proyectos más ambiciosos. O eso o es que no se da más de sí.

e) Un actor, Clint Eastwood, de registro tan limitado que sólo sabe interpretar un personaje (y que como a Bogart: no le hace falta más), consigue una de las nominaciones de mayor resonancia. Inesperado pero no sorprendente, lo más injusto sería que (la candidatura) fuera por una interpretación residual (esperemos que no sea así) en su carrera.

f) Fahrenheit 9/11, autoliberada de la nominación por voluntad de Michael Moore, y Los Increíbles, exiliada a la categoría de Cine de Animación por el trazo de sus personajes, quedan fuera de la lucha por la candidatura a la Mejor Película por la rigidez de unas normas que debieran revisarse desde ya.

g) ¿Y el 27 de febrero, qué? Pues más de lo mismo: escotes sugerentes, ropa de Armani, discursos política(exagerada)mente correctos, las lágrimas de Jamie Foxx, otro chiste oscular de Adrien (peligro de encasillamiento) Brody, Martin Scorsese reivindicado, un discurso sentido en la despedida-homenaje del gran Sidney Lumet y una ristra de bostezos al día siguiente propiciado por toda aquella comunidad de cinéfilos que, despreciando este tipo de ceremonias y agasajos, no resistirán la tentanción de verlos, comentarlos, revisarlos. Qué es justo lo que haré yo.

Hasta entonces, sigue quedando mucho (y a ratos buen) Cine por delante.

Si quieres ser un un cineasta con futuro NO debes...:

a) Volver a ver tus películas: puede que te gusten tanto como para convertir tu filmografía en un remake continuo. Desperfecto conocido como el “Síndrome Pedro Almodóvar”.

b) Supeditar tu carrera a una estrella. Los cuernos son habituales, las demandas exageradas y el lastre creativo... una perdición.

c) Hacer mucho caso a tu orgullo. El orgullo es un concepto de la infancia cuyo significado se pierde cara a cara con un banquero o productor.

d) Ponerte a dieta: la robustez define a los cineastas más avispados. No sirve para hacer películas pero te asegura una poltrona más grande.

e) Creerte el Rey del Mundo cuando te den un Oscar por tu película más deficiente. Creerás que has puesto el nivel demasiado alto y de retirará del cine una buena temporada.

f) Actuar si no sabes (También denominado “Sindrome Fernando Colomo”).

g) Convertir tus cameos en una práctica de índole onanista. Seguro que ya lo imagináis pero éste se llama “Síndrome Shyalaman”

h) Hacer una película de superhéroes. A pesar de tu estilo, tu talento, tu capacidad, tu maestría, tu aptitud... lo único que conseguirás -por mucho que lo intentes- será hacer otra película de superhéroes.

i) Encariñarte demasiado de un personaje. Suele posibilitar la existencia de finales demasiado forzados o risibles. Osea, 28 días después.

j) Dirigir la tercera parte de Bridget Jones. Ya no es sólo por tu currículum. Imagina lo que dirían tus hijos cuando en el colegio les pregunten por la profesión de su padre.

k) Hacer una película con cualquiera de los actores de Friends. No vale la pena el esfuerzo. Será otra película de los actores de Friends.

l) Reivindicarte ante una platea de críticos de postín. Tu tienes el talento: ellos la pluma y el medio de comunicación...
28/01/2005 21:40 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 3 comentarios.

Sky Captain y El Cine del Mañana

Yo era uno de lo que lo estaba exigiendo así que no voy a rasgarme las vestiduras: ésta sí que es una película diferente.

Una oleada de secuestros implica a una hornada de destacados científicos internacionales, alerta a una avispada periodista, Polly Perkins, que tras contactar, en secreto, con un científico que se cree amenazdo, descubre detrás de todo el complot a un misterioso nombre: Totemkoff. De forma simultánea, la ciudad de Nueva York está recibiendo el ataque de una oleada de Robots Gigantes que destrozan todo a su paso y que sólo cuenta con la resistencia del Capitán Sky apoyado por su equipo de mercenarios libres al servicio de la humanidad.

Sky Captain y El Mundo del Mañana


Sky Captain es una experiencia visualmente fascinante, seductora, atractiva, un auténtico producto del Siglo XXI que busca en la forma un estilo propio alejado de las proclamas oficialistas y en el ritmo, un modo de emparentarse con el mejor cine de aventuras, con el cómic de entreguerras que pretende homenajear y con la comedia de acción interpares. La experiencia es, en parte, fallida pero nunca por cuenta del director, ni de su terco atrevimiento por mostrarnos su estimable trabajo en el campo de las texturas, sus bellas composiciones pictográficas, el vibrante hilo conductor de la película. Falla por dejadez a la hora de compensar el inmenso trabajo formal con un guión bienintencionado pero previsible; cómplice pero edulcorado; y en el carácter adusto de unos actores, de acuerdo, comprometidos pero poco inspirados, quizá aturdidos de hablar a la nada.

La excelente fusión entre el cine de animación y los personajes de anatomía real dimanantes de este espectáculo cinematográfico queda así atenuado por una película que se autoexige demasiado (como ejemplo de esto se puede destacar las secuencias en que la periodista asiste impotente a toda una colección de situaciones fotografiables con dos únicas fotos pendientes en su carrete que no malgasta, claro, pensando que el futuro le deparará algo aún más sorprendente) a nivel visual y demasiado poco en todos aquellos conceptos (empatía, control del exceso, equilibrio genérico) que definen a obras tan imprescindibles y estimables como Indiana Jones y el Templo Maldito.

Sky Captain y El Mundo del Mañana


El film-experimento de Kerry Conran, por tanto, es un proyecto ambicioso y honesto, impropio de estos tiempos deteriorados por películas cortadas por un mismo patrón, al que les cuesta disimular sus defectos de guión pero que con parecido compromiso, logra recrearse en la narración de una acción sin fin bigger than life, a ratos espectacular y, siempre, progresiva. Un producto altamente disfrutable, por ende, espectacular y audaz a partes iguales, brillante en la forma y profusamente anticonvencional, que sin embargo encuentra en los arquetipos de índole simplista un cómodo jergón para aposentar el carácter iconoclasta (y revolucionario) del proyecto.

Un producto competente en cualquier caso.

Lo más destacado: su insolencia conceptual; su realización a contracorriente...

Lo menos destacado: Exigimos un Spin-off con Angelina Jolie, esta vez sí, de protagonista.

Calificación: 8
29/01/2005 23:52 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 3 comentarios.

Sueños goyescos

Me preguntaréis, ¿y de los Goya, qué?

Pues que el único que no ganó premio por su participación en Mar Adentro fue Benjamín Fernandez por su labor en la dirección artística (de otra parte, también bastante acertada).

En fin, el monólogo de premios contagió un tedio invencible a la gala que, aparte de serios y profundos bostezos, desvirtuó el halo sorprendente que, en teoría, debe definir a este tipo de ceremonias.

Sin sorpresa y con sueño, conocí al resto de ganadores navegando por internet en el primer albor de este mismo día. Justamente, aquí.

Pensad que al próximo año alguno de vosotros subirá al estrado a recoger su premio. Los sueños son lícitos y la Caballé inmortal. Entonces, yo me haré más eco de esta ceremonia, definitivamente, condenada a vivir tiempos mejores, presentaciones más lúcidas, espectáculo de verdad.

REFO lo explica mejor que yo.
31/01/2005 21:54 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 6 comentarios.


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