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La Guerra de los Mundos: Holocausto Alienígena
Spielberg vuelve al Cine Alienígena, asimilando su condición de autor mayúsculo pero también de último clavo al que nos agarramos aquellos que creemos que en el cine de consumo sigue habiendo lugar para el talento. Y lo hace adaptando una historia tantas veces acomodada, La Guerra de los Mundos, en diferentes productos y proyectos narradores de esta invasión alienígena planificada con propósitos genocidas por cuenta de una horda de marcianos (o no) devotos de los rayos destructores...
Un entramado manido para un espectador contemporáneo, está claro, acostumbrado a cohabitar en las sobremesas con invasiones variadas que como Mars Attacks, Independence Day o las series V o El Día de los Trífidos, comparten más de un punto en común con la novela de Welles (H.G.) que, sin embargo, conserva el aplaudible honor de haber sido la primera de asomarse al cielo (con recelo) y detectar en él mucho más que una (devastadora) amenaza.
Pues eso. Welles (H.G.) dicta el prólogo; ya saben:
Un entramado manido para un espectador contemporáneo, está claro, acostumbrado a cohabitar en las sobremesas con invasiones variadas que como Mars Attacks, Independence Day o las series V o El Día de los Trífidos, comparten más de un punto en común con la novela de Welles (H.G.) que, sin embargo, conserva el aplaudible honor de haber sido la primera de asomarse al cielo (con recelo) y detectar en él mucho más que una (devastadora) amenaza.
Pues eso. Welles (H.G.) dicta el prólogo; ya saben:
“Nadie hubiera creído, en los ultimos años de este Siglo, que los asuntos humanos fueran vigilados de una forma atenta y detallada formada por inteligencias mayores que la del hombre y sin embargo tan mortales como la suya; que mientras los hombres se atareban en sus asuntos eran escrutados y estudiados, quizá casi tan estrechamente como un hombre con un microscopio puede escrutar a las transitorias criaturas que pululan y se multiplican en una gota de agua...”
...y Spielberg pone, al servicio de la causa, toda su maquinaria productiva: su incuestionable talento narrativo y el virtuosismo técnico que lo da soporte. Para empezar, altera el punto de vista de la historia y se olvida de generales con bigote, de armas de destrucción masiva de ascendencia controvertible, de científicos orates fabricantes de proyectiles atómicos y de Presidentes coleccionistas de aviones de combate. Aquí Tom Cruise protagoniza todos y cada uno de los planos que componen el film. Y su papel no es, precisamente, de ranger justiciero que se ha pasado media vida compilando armas en su bunker de Texas esperando una invasión similar, sino el de un padre de familia, en realidad, un desperfecto de padre: separado, haragán, desorganizado, mecánico sin serlo, estibador portuario de rudimentarias aptitudes incapaz de comprender ni uno sólo de los problemas que acucian a ese par de hijos que este día le está tocando cuidar.
Este día, digo, por alusiones, es el Día de la Invasión. Todo sucede de pronto. Resuenan ecos de rayos en el horizonte precedidos de un ruido devastador. El barrio se contagia de misterio (la atmósfera es sombría y turbadora) y expectación. Los vecinos se reúnen en torno a un pequeño cráter que parece haber centralizado todas las sacudidas. El Apocalipsis –están a punto de descubrirlo-, se está concibiendo bajo el asfalto...
Este día, digo, por alusiones, es el Día de la Invasión. Todo sucede de pronto. Resuenan ecos de rayos en el horizonte precedidos de un ruido devastador. El barrio se contagia de misterio (la atmósfera es sombría y turbadora) y expectación. Los vecinos se reúnen en torno a un pequeño cráter que parece haber centralizado todas las sacudidas. El Apocalipsis –están a punto de descubrirlo-, se está concibiendo bajo el asfalto...

La primera hora es ejemplar, paradigmática, superando con nota alguno de los mejores comienzos de la historia del Cine de la que también forman parte dos películas del cineasta: Indiana Jones y el Templo Maldito y Salvad al Soldado Ryan. En este fragmento introductorio, el despliegue de talento es incontenible, alcanzando su cenit en un plano-secuencia argumentativamente menor pero rotundamente reivindicable: la huida por la autopista que provoca la primera crisis de Rachel (Dakota Fanning insuperable, para variar), con el protagonista sorteando coches abandonados y tipos desorientados en busca de su identidad... La cámara vuela, se mete en el coche y sale con la misma facilidad con la que antes había entrado mientras la niña trata de recuperar su espacio proxémico y los dos adultos su capacidad analítica y cordura... No se puede hacer mejor. En el plano virtuoso Spielberg sigue sentando cátedra y es el único capaz de demostrarlo de año en año. Debería fundar una escuela pero no lo hace aun a sabiendas de que nadie sabría imitarlo. Si otro le escribiera los finales pasaría a la historia como uno de los mejores... pero no adelantemos los hechos. Seguimos en la autopista, huyendo hacia la nada. La película funciona de forma cabal durante unos minutos más hasta que la fatiga se apodera del cineasta (nunca del espectador) tras una brillante hora y media, coincidiendo con la aparición del personaje de Ogilvy (por cierto, ¿Por qué diantres recluta para su ejército partisano a un padre con su niña?), que preludia la parificación del universo spielbergiano con el de uno de sus seguidores más destacados: M. Night Shyalaman y, curiosamente, con su peor película, Señales, revirtiendo las reglas de la intertextualización maestro-seguidor, reubicando la película en el terreno del terror psicológico en su modalidad claustofóbica que emparenta también a este segmento del film, pues sí, con La Noche de los Muertos Vivientes de Romero del mismo modo que el segmento de la Ciudad Devastada le debía, y mucho, a Roy Ward Baker y a su Quatermass and the Pit (o a su actualización pro-explotation: Lifeforce).

La película se oscurece, se enroca, tomando formas y colores pre-apocalípticos, ritmo y textura de obra de consumo concebida con propósitos moralizantes... La Guerra de los Mundos se transmuta, por lógica deducción, en una película melodramática, apoyando toda su fuerza en la relación existente entre el padre y sus hijos, dejando de lado (nunca se pretendió algo diferente) la acción y los alienígenas... En este sentido, la invasión es sólo un pretexto, aunque terrorífico, y queda siempre en segundo plano, contextualizando la huida de todos los personajes, en realidad, sirviendo de contorno ruidoso a la historia de este estibador que busca en su evasión los términos de una redención inexcusable.
La sensación que deja el visionado de La Guerra de los Mundos es contradictoria. Su virtuoso comienzo la convierte de golpe en una de las películas más impactantes de lo que va de año y, sin duda, en el blockbuster de la temporada. Los temas con los que entronca su entramado son más que apasionantes: refugiados huyendo de lo inevitable, ambiente pre-apocalíptico teñido de rojo, redención familiar por cuenta de una amenaza maldita... Spielberg resuelve la mayoría de las situaciones que plantea de forma brillante (en especial, la del accidente de avión o la secuencia de la pistola) y otras de forma dudosa y reprochable (“la familia todo lo justifica”, parece insinuar): una relacionada con el personaje de Ogilvy y otra con el engolamiento que envuelve a su parte final. Nada nuevo a ese lado del Atlántico...
La sensación que deja el visionado de La Guerra de los Mundos es contradictoria. Su virtuoso comienzo la convierte de golpe en una de las películas más impactantes de lo que va de año y, sin duda, en el blockbuster de la temporada. Los temas con los que entronca su entramado son más que apasionantes: refugiados huyendo de lo inevitable, ambiente pre-apocalíptico teñido de rojo, redención familiar por cuenta de una amenaza maldita... Spielberg resuelve la mayoría de las situaciones que plantea de forma brillante (en especial, la del accidente de avión o la secuencia de la pistola) y otras de forma dudosa y reprochable (“la familia todo lo justifica”, parece insinuar): una relacionada con el personaje de Ogilvy y otra con el engolamiento que envuelve a su parte final. Nada nuevo a ese lado del Atlántico...

La Guerra de los Mundos es, en fin, una propuesta multigenérica (terror, ciencia ficción y drama) terriblemente disfrutable, sostenida por dos interpretaciones más que convincentes, y por un envoltorio técnico artístico de primera generación que oculta, sí, el carácter intrascendente y vacuo de su argumento (El Valor familiar enfrentado a cualquier dificultad por muy irresoluble que esta parezca: para sobrevivir ya tenemos el Deux ex machina) pero que devuelve, y en plena forma, a uno de los mejores cineastas de su generación al oficio que una vez sirvió para encumbrarle: el de prestidigitador visual.
Lo más destacado: Varias secuencias imprescindibles.
Lo menos destacado: la mala interpretación de Tim Robbins en un papel que, definitivamente, debió recaer en un actor más comprometido con las servidumbres de la actuación.
Calificación: 8,5
Lo más destacado: Varias secuencias imprescindibles.
Lo menos destacado: la mala interpretación de Tim Robbins en un papel que, definitivamente, debió recaer en un actor más comprometido con las servidumbres de la actuación.
Calificación: 8,5
La Paradoja Publicitaria
Hoy, en mi día-uno-después-de-vacaciones (de una semana, no tiréis las campanas al vuelo), tocaba post existencial para compensar el oprobio emocional soportado durante unas horas en las que además, las hadas de las urgencias parecían haberse aliado, para hacer del día una experencia francamente inaguantable. Pero hete aquí que se me ha ocurrido poner la tele (algo que no suelo hacer habitualmente fuera de la temporada futbolera) y me topado con un anuncio publicitario ciertamente paradójico que, en verdad, cambió el objeto y sentido del tema previsto. En realidad, la tele anunciaba un film: Independence Day.
Parece mentira pero es cierto. ¿De verdad quieren que la gente vea una versión extendida de Independence Day? ¿Se atreven a decirlo? ¿Cuál será la próxima? ¿Bridget Jones 2 en 3D? ¿Ace Ventura 2 subtitulada? ¿Hermana, pero qué has hecho... en Scope? ¿Annie Hall muda?
En fin, mañana todo volverá a ser como siempre. Yo, sometido a una rutina stajovista. Ellos, compensando con balsámica ración de refrescos los excesos de su fiesta del día de la Independencia...
“Independence Day”, decía, “por primera vez, en televisión, la versión extendida...”. ¡Y gratis!
Parece mentira pero es cierto. ¿De verdad quieren que la gente vea una versión extendida de Independence Day? ¿Se atreven a decirlo? ¿Cuál será la próxima? ¿Bridget Jones 2 en 3D? ¿Ace Ventura 2 subtitulada? ¿Hermana, pero qué has hecho... en Scope? ¿Annie Hall muda?
En fin, mañana todo volverá a ser como siempre. Yo, sometido a una rutina stajovista. Ellos, compensando con balsámica ración de refrescos los excesos de su fiesta del día de la Independencia...
La madriguera de conejos
MORFEO: ¿Te gustaría saber lo que es? Matrix nos rodea. Está por todas partes, incluso ahora, en esta misma habitación... Puedes verla si miras por la ventana o al encender la televisión. Puedes sentirla cuando vas a trabajar o cuando vas a la iglesia, cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.
NEO: ¿Qué verdad?
MORFEO: Que eres un esclavo, Neo. Igual que los demás, naciste en cautiverio, naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar... Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos...

NEO: ¿Qué verdad?
MORFEO: Que eres un esclavo, Neo. Igual que los demás, naciste en cautiverio, naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar... Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul fin de la historia: despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos...

El Paraíso de los Perdidos
En esta paradójica existencia suelen mezclarse los días en que tras una alegría insuperable le siga un llanto difícil de consolar, esa sensación de vacío impertinente derivada de esta característica tan humana de creerse el centro del mundo siendo, simplemente, partículas intrascedentes de un universo insondable.
Pero debemos rehuir los epitafios hipócritas y mirar al futuro a sabiendas de que todavía estamos a tiempo de cambiarlo. En Europa, en África o en Irak, por supuesto. La muerte, esto también lo sabéis, nunca entendió de nacionalidades. Tampoco lo debería hacer el dolor, el tiempo y atención prestada al mismo...
Bueno, hoy tocaba el post de Lost, esos supervivientes (o no) de un accidente aéreo perdidos, pues sí, en una isla (o no), inmersos en un argumento vibrante y gozoso que aúna el drama intimista-existencial con la aventura extrema, el terror modalidad monster movie con la ciencia ficción conceptual, es decir: Defoe, Verne, Haggard, Stevenson, Doyle...
Utilizando, de forma brillante, los mecanismos de los seriales de toda época y condición, sacándole un gran partido al clifthanger, dosificando –a cuentagotas- la información esencial definidora de cada episodio, Lost se ha convertido en la serie más seductora de lo que va de temporada estival (con perdón de 24 o Mujeres desesperadas) y, sin duda, la que más seguidores está condenada a acumular en el competido prime time de la noche de los jueves..
Los más impacientes, los que no tenéis fuerzas ni espíritu para poder superar la espera semanal, podéis visitar Lostzilla, una web fanófila repleta de spoilers, argumentos y resúmenes de todos los capítulos, rumores, noticias... en castellano. En fin, el paraíso de los perdidos.
Pero debemos rehuir los epitafios hipócritas y mirar al futuro a sabiendas de que todavía estamos a tiempo de cambiarlo. En Europa, en África o en Irak, por supuesto. La muerte, esto también lo sabéis, nunca entendió de nacionalidades. Tampoco lo debería hacer el dolor, el tiempo y atención prestada al mismo...
Bueno, hoy tocaba el post de Lost, esos supervivientes (o no) de un accidente aéreo perdidos, pues sí, en una isla (o no), inmersos en un argumento vibrante y gozoso que aúna el drama intimista-existencial con la aventura extrema, el terror modalidad monster movie con la ciencia ficción conceptual, es decir: Defoe, Verne, Haggard, Stevenson, Doyle...
Utilizando, de forma brillante, los mecanismos de los seriales de toda época y condición, sacándole un gran partido al clifthanger, dosificando –a cuentagotas- la información esencial definidora de cada episodio, Lost se ha convertido en la serie más seductora de lo que va de temporada estival (con perdón de 24 o Mujeres desesperadas) y, sin duda, la que más seguidores está condenada a acumular en el competido prime time de la noche de los jueves..

Los más impacientes, los que no tenéis fuerzas ni espíritu para poder superar la espera semanal, podéis visitar Lostzilla, una web fanófila repleta de spoilers, argumentos y resúmenes de todos los capítulos, rumores, noticias... en castellano. En fin, el paraíso de los perdidos.
El Apéndice Prospectivo
Recupero para El Cronicón el apéndice que escribiera hace unas semanas para El Sitio con motivo de la finalización del artículo serializado republicado por aquellos lares en las últimos meses y que los más veteranos ya conocíais en su integridad [1 y 2] a través de El Cronicón Fantástico de Terror Universal.
El apéndice prospectivo:
1.- El Arquetipo amoroso:
En el listado de temas prospectivos que, en su momento, elegí como arquetípicos de esta apasionante rama de la ciencia ficción cinematografiada, descarté, por subsidiario, uno de los subplots más utilizados en todos los géneros objeto de representación dramática: el romanticismo. Me equivoqué. Dos recientes obras, Código 46 de Michael Winterbotton y 2046 de Wong Kar-Wai, retoman la constante amorosa no ya sólo como un apéndice secundario de unos argumentos mayores trufados de acción y f/x sino como leitmotiv primario, justificador de todo el proyecto, motor necesario e ineludible del desarrollo de ambas películas.
No son una excepción: Metrópolis, Fortress, Brazil, Ghost in the Shell, Mad Max, THX 1138, Inteligencia artificial, El Show de Truman y por encima de las demás, Abyss, están claramente inspiradas en esta constante romántico-amorosa que, naturalmente, merece como la que más formar parte de esta vetusta, ahora ya lo sé, recopilación dogmática.
Corregido queda.
2.- La Seducción Visual:
A medida que los efectos especiales avanzan en el campo de la renderización de carácter realista, que las técnicas de CGI consiguen animar a las masas como insectos en un enjambre digital, aumentan, también, las posibilidades de la infografía en el desarrollo de las películas prospectivas (puede verse en los decorados detallistas de las ciudades y paisajes del futuro) y, por ende, en la espectacularidad y relevancia de todo lo filmado. Sin embargo, los primeros pasos dados en este sentido parecen apostar únicamente por el plano contextual, deseando dar empaque y textura modernista a unos entramados menores (casi siempre camuflados en thrillers de acción), compensando con espectáculo vanal y arquitectura modernista la mayoría de las lagunas definitorias de buena parte de estos filmes de ciencia ficción.
La Forma y el Fondo, como tantas otras veces, se enfrentan también en este género en eterna búsqueda de un equilibrio que, por un lado, reavive el interés del público (y de la crítica) por unos conjuntos temáticos que, ya en su día, posibilitaran obras magníficas como 2001 o Blade Runner y, de otro, aleje inexorablemente al género de las cenagosas marismas del cine de consumo.
3.- La Bella y la Bestia:
La notable dicotomía existente entre la novela y el cine prospectivo encuentra un singular consuelo en el gran éxito que la Bestia (el Cine) ha podido disfrutar más allá de su condición de producto estrictamente fanta-científico (sobretodo en su vertiente iconográfica y visual) en contraste con el fuerte componente endogámico, cuasi-clandestino, pésimamente difundido de la Bella (la literatura), contenedora de historias fascinantes y fascinadoras y, sin embargo, condenada a sobrevivir a su coetaneidad por cuenta y riesgo de unos pocos, veneradores entusiastas todos ellos de una vertiente literaria exiliada de los circuitos de distribución oficialistas y/o rentables.
En este sentido, el Cine, arte popular y recurrente por excelencia, ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos rebajando su nivel dogmático y aumentando, en proporciones similares, su apostura de cine de consumo, de explotaition lúdica y, eminentemente, olvidable. Desposeído de trascendentalidad, pues, asumiendo su condición de producto alimenticio, ha conseguido encontrar un hueco en el corazón del público medio. Los efectos especiales, ya lo sabéis, ponen el resto...
4.- El Futuro Presente:
En perpetua espera de que la adaptación para el cine de El Juego de Ender y La Sombra de Ender por obra de Orson Scott Card (que debiera suponer el regreso de Wolfgang Petersen al género de Ciencia Ficción) se convierta en tangible realidad, en las próximas semanas (y meses) llegarán a nuestras carteleras tres obras prospectivas que, de algún manera, revitalizarán las Constantes objeto de nuestro estudio con ingentes dosis de adrenalina:
a) La Isla/The Island del terrible y temido Michael Bay apostará fuerte (y seguramente con oportunista polémica) por el tema de la clonación, enfrentando a dos réplicas humanas, conocedoras de su condición de taller de repuestos orgánicos, contra la sociedad hipócrita que las ha fabricado. Como de Michael Bay podemos esperar cualquier cosa, y pocas positivas, esperamos este producto con una cierta cautela pero con el convencimiento de saber que se convertirá en uno de los blockbuster del verano...
b) The Fountain de Darren Aranofsky, la gran esperanza blanca de la ciencia ficción contemporánea y, según se anuncia, uno de los mejores guiones realizados para el celuloide (también se convertirá en una Historia Gráfica) llegará en navidades contándonos la odisea de un hombre, superviviente a tres edades temporales diferentes (o eso dice su pressbook), con un único y edificante propósito: encontrar el elixir de la vida que permita rescatar a su mujer de las siniestas garras de la Enfermedad...
c) La apuesta española (aunque sea en cuanto a capital de producción) será Rottwailer, remake de El Perro de Isasi Isasmendi (una de las películas favoritas de quien esto firma) que a su vez adaptada el relato homónimo de Vázquez Figueroa, y que narrará la historia de una persecución a muerte entre un perro robotizado y un running man de aires yanquis en una Iberia futurista, decadente e insana, con la inmigración como testigo contextual.
En fin, disfrutad del género: por lo que queda por venir y por lo que ya ha venido. Por lo segundo, el Diccionario debe servir para abrirles el apetito y despertad su interés por esta apasionante temática. Respecto a lo primero... pues habrá tiempo para analizarlo, naturalmente.
Nos vemos en los cines.
El apéndice prospectivo:
1.- El Arquetipo amoroso:
En el listado de temas prospectivos que, en su momento, elegí como arquetípicos de esta apasionante rama de la ciencia ficción cinematografiada, descarté, por subsidiario, uno de los subplots más utilizados en todos los géneros objeto de representación dramática: el romanticismo. Me equivoqué. Dos recientes obras, Código 46 de Michael Winterbotton y 2046 de Wong Kar-Wai, retoman la constante amorosa no ya sólo como un apéndice secundario de unos argumentos mayores trufados de acción y f/x sino como leitmotiv primario, justificador de todo el proyecto, motor necesario e ineludible del desarrollo de ambas películas.

No son una excepción: Metrópolis, Fortress, Brazil, Ghost in the Shell, Mad Max, THX 1138, Inteligencia artificial, El Show de Truman y por encima de las demás, Abyss, están claramente inspiradas en esta constante romántico-amorosa que, naturalmente, merece como la que más formar parte de esta vetusta, ahora ya lo sé, recopilación dogmática.
Corregido queda.
2.- La Seducción Visual:
A medida que los efectos especiales avanzan en el campo de la renderización de carácter realista, que las técnicas de CGI consiguen animar a las masas como insectos en un enjambre digital, aumentan, también, las posibilidades de la infografía en el desarrollo de las películas prospectivas (puede verse en los decorados detallistas de las ciudades y paisajes del futuro) y, por ende, en la espectacularidad y relevancia de todo lo filmado. Sin embargo, los primeros pasos dados en este sentido parecen apostar únicamente por el plano contextual, deseando dar empaque y textura modernista a unos entramados menores (casi siempre camuflados en thrillers de acción), compensando con espectáculo vanal y arquitectura modernista la mayoría de las lagunas definitorias de buena parte de estos filmes de ciencia ficción.
La Forma y el Fondo, como tantas otras veces, se enfrentan también en este género en eterna búsqueda de un equilibrio que, por un lado, reavive el interés del público (y de la crítica) por unos conjuntos temáticos que, ya en su día, posibilitaran obras magníficas como 2001 o Blade Runner y, de otro, aleje inexorablemente al género de las cenagosas marismas del cine de consumo.
3.- La Bella y la Bestia:
La notable dicotomía existente entre la novela y el cine prospectivo encuentra un singular consuelo en el gran éxito que la Bestia (el Cine) ha podido disfrutar más allá de su condición de producto estrictamente fanta-científico (sobretodo en su vertiente iconográfica y visual) en contraste con el fuerte componente endogámico, cuasi-clandestino, pésimamente difundido de la Bella (la literatura), contenedora de historias fascinantes y fascinadoras y, sin embargo, condenada a sobrevivir a su coetaneidad por cuenta y riesgo de unos pocos, veneradores entusiastas todos ellos de una vertiente literaria exiliada de los circuitos de distribución oficialistas y/o rentables.
En este sentido, el Cine, arte popular y recurrente por excelencia, ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos rebajando su nivel dogmático y aumentando, en proporciones similares, su apostura de cine de consumo, de explotaition lúdica y, eminentemente, olvidable. Desposeído de trascendentalidad, pues, asumiendo su condición de producto alimenticio, ha conseguido encontrar un hueco en el corazón del público medio. Los efectos especiales, ya lo sabéis, ponen el resto...
4.- El Futuro Presente:
En perpetua espera de que la adaptación para el cine de El Juego de Ender y La Sombra de Ender por obra de Orson Scott Card (que debiera suponer el regreso de Wolfgang Petersen al género de Ciencia Ficción) se convierta en tangible realidad, en las próximas semanas (y meses) llegarán a nuestras carteleras tres obras prospectivas que, de algún manera, revitalizarán las Constantes objeto de nuestro estudio con ingentes dosis de adrenalina:
a) La Isla/The Island del terrible y temido Michael Bay apostará fuerte (y seguramente con oportunista polémica) por el tema de la clonación, enfrentando a dos réplicas humanas, conocedoras de su condición de taller de repuestos orgánicos, contra la sociedad hipócrita que las ha fabricado. Como de Michael Bay podemos esperar cualquier cosa, y pocas positivas, esperamos este producto con una cierta cautela pero con el convencimiento de saber que se convertirá en uno de los blockbuster del verano...
b) The Fountain de Darren Aranofsky, la gran esperanza blanca de la ciencia ficción contemporánea y, según se anuncia, uno de los mejores guiones realizados para el celuloide (también se convertirá en una Historia Gráfica) llegará en navidades contándonos la odisea de un hombre, superviviente a tres edades temporales diferentes (o eso dice su pressbook), con un único y edificante propósito: encontrar el elixir de la vida que permita rescatar a su mujer de las siniestas garras de la Enfermedad...
c) La apuesta española (aunque sea en cuanto a capital de producción) será Rottwailer, remake de El Perro de Isasi Isasmendi (una de las películas favoritas de quien esto firma) que a su vez adaptada el relato homónimo de Vázquez Figueroa, y que narrará la historia de una persecución a muerte entre un perro robotizado y un running man de aires yanquis en una Iberia futurista, decadente e insana, con la inmigración como testigo contextual.
En fin, disfrutad del género: por lo que queda por venir y por lo que ya ha venido. Por lo segundo, el Diccionario debe servir para abrirles el apetito y despertad su interés por esta apasionante temática. Respecto a lo primero... pues habrá tiempo para analizarlo, naturalmente.
Nos vemos en los cines.
La partida de ajedrez

Caballero: "¿Porqué, al menos, no me es posible matar a Dios en mi interior?. ¿Porqué prefiere vivir en mí de una forma tan dolorosa y humillante, puesto que yo le maldigo y desearía expulsarlo de mi corazón?. ¿Sabes?. Estoy a punto de llegar a una conclusión... Creo que Dios es una especie de realidad engañosa, de la cual los hombres como yo no podemos desprendernos... Por eso yo quiero saber. No deseo creer. Ni suponer, sino saber... Deseo que Dios me tienda la mano, ver su rostro y que me hable”.
Muerte: “Pero se calla”.
Caballero: “Así es... Le grito en medio de la noche, pero es como si no hubiera nadie en ningún sitio”.
Muerte: “Puede que no haya nadie”.
Caballero: “Sí, ya lo he pensado. Pero, en ese caso, la vida sería un horror absurdo. Nadie es capaz de vivir con la muerte ante sus ojos y creyendo que todo ha de desembocar en la nada más absoluta”.
Muerte: “La mayor parte de los hombres no piensan ni en la muerte ni en nada”.
Leer más (más que recomendable):
"Ingmar Bergman. Celuloide Obsesivo" (VV.AA./Revista Tijeretazos, 2004 - 33 pag.)
"Apuntes sobre el Cine de Bergman" de Alfredo Garmendia (Revista Tren de Sombras, 2004 - 16 pag.)"
Sobre los pasos de otros
a) El revival surge cuando el espectador se convierte en creador. American Graffiti, Chinatown, Grease o Blade Runner, responden a una conceptuación estética absorbida en la infancia; su Cine no es más que un recuerdo en forma de iconos convenientemente idealizado en su traslación a la gran pantalla.
b) Spielberg sigue los pasos de Hitchcock en Duel como John Carpenter o George A. Romero hacían lo propio con Howard Hawks. A todos les une una misma respuesta emocional: ser agradecido con sus Maestros.
c) Todos estos directores hallaron en la televisión o en los cines de barrio la clase práctica más gozosa de cuantas formaban parte del plan de estudios de la carrera de Cine. Hoy, 12 de julio de 2005, sigue ocurriendo lo mismo.
d) Si en Europa Erice reflexionaba sobre la mitificación de los monstruos en la infancia, los representantes de la generación de los 80 hacían lo propio con las sesiones dobles de los cines de barrio. Del Matinee de Joe Dante al Cinema Paradiso de Tornatore, como véis, solo hay un paso.
e) Cuando Tobe Hooper o Chuck Russell revisionaban en los años 80 clásicos de la ciencia ficción de los 50 lo hacían amparándose en sus recuerdos cinéfilos, creando textura cinematográfica allí donde otros habían sembrado fragmentos de obras/historias entrañables. La falta de pretensiones de ambos (homenajeado y homenajeador) refuerza su inequívoca condición de cine de perfil bajo pero también de Cine exonerado de pretensión, singularmente disfrutable y ameno.
f) A Quentin Tarantino lo define una cinematografía violenta alimentada por visionados incontrolables de cine de consumo, cine ruidoso e insbustancial que, sin embargo, funciona a modo de semillero creativo para deleite y disfrute de las nuevas generaciones. Las fuentes creativas de Tarantino sirvieron para redefinir las bases del cine explotaition de los noventa a expensas de que alguien se vuelva a atrever a hacer Cine del cine menos valorado.
b) Spielberg sigue los pasos de Hitchcock en Duel como John Carpenter o George A. Romero hacían lo propio con Howard Hawks. A todos les une una misma respuesta emocional: ser agradecido con sus Maestros.
c) Todos estos directores hallaron en la televisión o en los cines de barrio la clase práctica más gozosa de cuantas formaban parte del plan de estudios de la carrera de Cine. Hoy, 12 de julio de 2005, sigue ocurriendo lo mismo.
d) Si en Europa Erice reflexionaba sobre la mitificación de los monstruos en la infancia, los representantes de la generación de los 80 hacían lo propio con las sesiones dobles de los cines de barrio. Del Matinee de Joe Dante al Cinema Paradiso de Tornatore, como véis, solo hay un paso.
e) Cuando Tobe Hooper o Chuck Russell revisionaban en los años 80 clásicos de la ciencia ficción de los 50 lo hacían amparándose en sus recuerdos cinéfilos, creando textura cinematográfica allí donde otros habían sembrado fragmentos de obras/historias entrañables. La falta de pretensiones de ambos (homenajeado y homenajeador) refuerza su inequívoca condición de cine de perfil bajo pero también de Cine exonerado de pretensión, singularmente disfrutable y ameno.

f) A Quentin Tarantino lo define una cinematografía violenta alimentada por visionados incontrolables de cine de consumo, cine ruidoso e insbustancial que, sin embargo, funciona a modo de semillero creativo para deleite y disfrute de las nuevas generaciones. Las fuentes creativas de Tarantino sirvieron para redefinir las bases del cine explotaition de los noventa a expensas de que alguien se vuelva a atrever a hacer Cine del cine menos valorado.
Todavía cuelan las precuelas
Nuevos tiempos: si el futuro no da más de sí acudimos al pasado, apostamos por un director que busque financiación para proyectos más comprometidos e intimistas, un guionista de perfil bajo acostumbrado a los chascarrillos de taberna y a la pugna superheroica, y un departamento artístico remozador/actualizador de todo lo visto y leído... y, sí, ya tenemos nueva franquicia, energías renovadas; productores satisfechos... Lucas lo llamó Precuela y todos se subieron al carro con ojos codiciosos: hoy día, hasta un thriller de terror de gran éxito artístico y crítico como El Exorcista se atreve a revolver en sus cimientos buscando la forma de generar nuevos dividendos. Ellos fueron tan osados que, incluso, se atrevieron a estrenar en cines una versión remasterizada del gran clásico del cine de terror de los años 70.
Por alusiones clasicómanas, otra imprescindible de los 70, La noche de Halloween, producida por profesionales menos habituados a los modernismos, sobrevive a duras penas entre delirio y delirio con secuelas infinitas cuyo único propósito se resuelve remarcando las propuestas ya descritas en el film original... Tú y yo tenemos la respuesta: ¡Con lo fácil que sería lo de la precuela!
En fin, que todo esto venía a cuento de Batman Begins... Mañana os pongo la crítica.
Por alusiones clasicómanas, otra imprescindible de los 70, La noche de Halloween, producida por profesionales menos habituados a los modernismos, sobrevive a duras penas entre delirio y delirio con secuelas infinitas cuyo único propósito se resuelve remarcando las propuestas ya descritas en el film original... Tú y yo tenemos la respuesta: ¡Con lo fácil que sería lo de la precuela!
En fin, que todo esto venía a cuento de Batman Begins... Mañana os pongo la crítica.
Batman Begins: otra fallida película sobre superhéroes
En fin, volvemos al inicio de la historia, en un Tíbet de tebeo donde nuestro protagonista, un joven Wayne, busca el modo de conseguir su redención en el tortuoso camino del autocastigo. Así se encontrará en una cárcel, rodeado de asesinos de toda estirpe y condición, estudiando sus gestos y actitudes, busando el modo de luchar contra aquella detestable facción de los humanos que, entre otras cosas, posibilitará el asesino de sus padres. Su padre, por alusiones, se revela como un tipo ejemplar (al fin y al cabo, el flashback que nos cuenta su historia no es sino un recuerdo iealiza de su hijo), rico empresario, adalid de los pobres y huérfanos para quien construye, de forma altruista, medios de transporte y orfanatos...
En realidad, Wayne busca en las cárceles asiáticas ese capricho del destino que altere el proceso decadente al que se está encadenando su existencia presente. Por eso, el encuentro con la Liga de las Sombras (hemos visto algo similar en una reciente película de Rob Bowman, ¿verdad?) y el entrenamiento al que ésta le somete, no es sino el impulso que su naturaleza demanda para extraer del mundo de los malvados el aporte colérico que, en último término, necesita para apagar su sed de venganza. Embebecido de conocimientos marciales pero consciente de la delicaa situación que está a punto de acabar con sus convecinos, Wayne no sólo encontrará tras una máscara orejuda la oportunidad de redimirse de su pasado sino también la oportunidad de volver a Gotham City convertido en algo más que un hombre poderoso.
Alejado, por fortuna, de los deficientes precedentes conformadores de la serie Batman, esta precuela superheroica se resuelve de forma irregular (refinada y existencial en su primera parte; atropellada y confusa en la segunda) en una pugna constante por mantener los designios existenciales conformadores de sus fuentes literarias/tebeísticas con las servidumbres ineludibles de una película que pretende (y debe) convertirse en el éxito de la temporada.
El film de Christopher Nolan sestea de un lado a otro queriendo parecer novedoso pero recayendo una y otra vez en los más manidos arquetipos (la chica del superhéroe, los enunciados pseudexistenciales, el malo megalómano –aquí en plural-, la composición y diseño del traje...), que desvirtúan el carácter original de todo lo visto. Hay grandes actores detrás (en especial Cristian Bale en otra de sus turbadoras composiciones), eso sí, que desfilan a lo largo y ancho del argumento, disfrutando en excesos de sus personajes, queriendo formar parte de la franquicia pero sin forzar en demasía sus aptitudes, dejando en la pantalla una cierta sensación de acomodo. También hay un buen puñado de secuencias a destacar (todas encuadradas en su primera hora y media) como la del mafioso incrustado en el foco (magnífico preludio de la bat-señal) o la del primer vuelo del murciélago que nos recuerda a cierto gran héroe catódico de los años 80. Pero sus bondades se acaban con algún chascarrillo de humor cómplice (refiriéndose al bat-movil, Wayne espeta un “¿Lo tienes en negro?”) y una voluntad por hacer de un delirio tebeístico una aventura de carácter realista (aquí no hay superpoderes aunque sí vuelos y aterrizajes increíbles): al fin y a la postre Batman no es sino un ninja aficionado a los gadgets de diseño...
Notan pone algo de su propio universo en la turbadora composición del personaje de Bruce Wayne (igualmente creíble delante y detrás de la máscara) y en los demonios internos que lo corroen, por eso su primera hora y media discurre por el camino de la previsibilidad que envuelve a este tipo de argumentos y, a pesar, del excesivo alargamiento de la introducción... Después de este primer segmento (y aunque ya se había insinuado con anteirioridad una cierta sensación de impericia) es cuando Notan comienza su particular pelea con la cámara, ofreciendo proclamas incontinentes de arritmia. Quiere hacer cine de autor y ofrecer imágenes subyugantes, deudoras seguramente del mundo del cómic, pero no sabe conjugar los elementos presupuestarios con los que cuenta con la intransferible personalidad que definía a sus primeros trabajos. Y, sobretodo, naufraga en la composición, dirección, montaje, narración de las escenas de acción y riesgo; naufragio creativo que alcanza un deficitario cenit en el mismísimo climax final, demasiado largo y confuso como para que pueda interesar a alguien tras 140 minutos de interminable proyección...
Un demérito seguramente atribuible a su segunda unidad, en fin, que el bueno de Notan no puede ni sabe remontar de ninguna manera en un final tan estruendoso y prescindible que sabotea, y de qué manera, las interesantes propuestas (formales y conceptuales) sugeridas en muchos de los minutos precedentes.
Lo más destacado: Cristian Bale: el mejor Batman desde... Adam West.
Lo menos destacado: el nulo punch de Katie Holmes incapaz de variar su rol de Dwason Creek.
Calificación: 6
Sexo Catódico
Ahí os pongo un enlace con mi peculiar acercamiento a la convocatoria de la Banda de Diálogo, ya lo sabéis, un certamen de escenas para bloggers convocado por nuestro amigo Luis que para su primera edición ha preparado una excusa conceptual más que inspiradora: La televisión.
Disfrutad de este "Sexo Catódico" por cortesía de alguno de los personajes más queridos de quien esto escribe y redacta.
Disfrutad de este "Sexo Catódico" por cortesía de alguno de los personajes más queridos de quien esto escribe y redacta.
La ciudad de los muertos y otros relatos
El pasado 30 de junio salía a la venta “La ciudad de los muertos y otros relatos” y sólo unos días después los autores ya contábamos con un par de ejemplares en nuestras casas. El resultado es más que satisfactorio. Diez relatos de otros tantos escritores que tratan de demostrar, de forma indefectible, su voluntad de estilo y gustos literarios, su singular granito de arena en un libro colectivo, ciertamente, evocador que constituye una propuesta conceptual seductora, ideal para introducirnos en el universo creativo de un grupo de autores que tratan de hacer de su estilo una marca reconocible, de sus ilusiones y proyectos, la cristalización de un sueño infantil: llegar a ser escritores.
El resultado global es irregular pero francamente lúdico y reivindicable; se lee de un tirón y ofrece, bien y a las claras, el buen estado de alguno de los juntaletras más prometedores de este olvidado segmento temático-literario denominado: ciencia ficción hispana (entre todos haremos que revierta esa condición residual, ya veréis). Como ya dije en algún foro, deja en el gaznate una sensación a literaratura ya leída (o a película ya vista) pero en su haber sólo pueden apuntarse un buen puñado de ideas fascinantes, una literaratura ágil y liviana (sí, lo sé: la literatura no pesa), un atrevimiento formal más que destacable.
Los relatos son heterogéneos y se amoldan a una gran variedad de estilos y géneros: desde el cyberpunk del relato de Fran Ontanaya a la gozosa hilaridad de la fábula kafkiana “Los miércoles, a media tarde, me convierto en vaca” de Ángel Pérez Jiménez (creo que me desencajé la mandíbula de tanto reírme), pasando por los efluvios teológico-existenciales del siempre inspirado Santiago Eximeno, o el costumbrismo alienígena del irreductible Sergio Gaut Vel Hartman. Y por supuesto, tampoco falta el espíritu de Dick en el relato ganador (y que da título al libro) obra de Antonio Cebrián: una buena historia (previsible pero no por ello menos satisfactoria) que detenta, con merecido orgullo, la bandera imaginaria de esta sugestiva antología.
Mi aportación a esta compilación de talento es un breve relato titulado “La Decisión Final” que nos cuenta en un plano costumbrista (y algo impersonal, hay que añadir), una historia con un leitmotiv ya anunciado en el título pues todo versa en torno a una decisión (más que trascendente; definitivamente inexorable). Para darlo empaque, el relato ofrece como apoyo contextual alguno de las constantes que definen buena parte de mis intereses temáticos (en su modalidad prospectiva) como la falta de identidad, la desigualdad social o la decadencia del modus vivendi actual. Lejos de la gravedad teórica de todo lo dicho, esta historia sirvió sobretodo para reintroducirme en el mundo de los humanos con plena movilidad... La Decisión Final se define, pues, como un relato terapeútico que será mejorado (y complementado) con nuevos relatos e historias en un futuro próximo.
En fin, la edición es francamente buena (aunque la elección de la portada sea discutible) y el esfuerzo que hay detrás (no es difícil de imaginar) titánico. Y sí, se puede adquirir on-line, de momento, a través de la tienda de la editorial que lo promociona y sustenta: Parnaso.
Es una opinión eminentemente subjetiva pero, por supuesto, “La ciudad de los muertos (y otros relatos”, es una antología literaria que merece la pena adquirir.

El resultado global es irregular pero francamente lúdico y reivindicable; se lee de un tirón y ofrece, bien y a las claras, el buen estado de alguno de los juntaletras más prometedores de este olvidado segmento temático-literario denominado: ciencia ficción hispana (entre todos haremos que revierta esa condición residual, ya veréis). Como ya dije en algún foro, deja en el gaznate una sensación a literaratura ya leída (o a película ya vista) pero en su haber sólo pueden apuntarse un buen puñado de ideas fascinantes, una literaratura ágil y liviana (sí, lo sé: la literatura no pesa), un atrevimiento formal más que destacable.
Los relatos son heterogéneos y se amoldan a una gran variedad de estilos y géneros: desde el cyberpunk del relato de Fran Ontanaya a la gozosa hilaridad de la fábula kafkiana “Los miércoles, a media tarde, me convierto en vaca” de Ángel Pérez Jiménez (creo que me desencajé la mandíbula de tanto reírme), pasando por los efluvios teológico-existenciales del siempre inspirado Santiago Eximeno, o el costumbrismo alienígena del irreductible Sergio Gaut Vel Hartman. Y por supuesto, tampoco falta el espíritu de Dick en el relato ganador (y que da título al libro) obra de Antonio Cebrián: una buena historia (previsible pero no por ello menos satisfactoria) que detenta, con merecido orgullo, la bandera imaginaria de esta sugestiva antología.
Mi aportación a esta compilación de talento es un breve relato titulado “La Decisión Final” que nos cuenta en un plano costumbrista (y algo impersonal, hay que añadir), una historia con un leitmotiv ya anunciado en el título pues todo versa en torno a una decisión (más que trascendente; definitivamente inexorable). Para darlo empaque, el relato ofrece como apoyo contextual alguno de las constantes que definen buena parte de mis intereses temáticos (en su modalidad prospectiva) como la falta de identidad, la desigualdad social o la decadencia del modus vivendi actual. Lejos de la gravedad teórica de todo lo dicho, esta historia sirvió sobretodo para reintroducirme en el mundo de los humanos con plena movilidad... La Decisión Final se define, pues, como un relato terapeútico que será mejorado (y complementado) con nuevos relatos e historias en un futuro próximo.
En fin, la edición es francamente buena (aunque la elección de la portada sea discutible) y el esfuerzo que hay detrás (no es difícil de imaginar) titánico. Y sí, se puede adquirir on-line, de momento, a través de la tienda de la editorial que lo promociona y sustenta: Parnaso.
Es una opinión eminentemente subjetiva pero, por supuesto, “La ciudad de los muertos (y otros relatos”, es una antología literaria que merece la pena adquirir.
Absorbiendo nuestra fuerza vital
A medio camino entre el homenaje fantaterrorífico de ascendencia entrañable y el cine de explotación comercial, Tobe Hooper realizó a mediados de los ochenta una película sorprendente que adaptaba con singular estilo pulp la novela de Colin Wilson, Vampiros del Espacio, con un guión de los muy cinéfilos Don Jakoby (Vampiros de John Carpenter) y Dan O´Bannon (Alien) y con la clara intención de hacer de esta historia de invasiones alienígenas un delirio de culto perdurable, ad eternum, en nuestras quebradas retinas cinéfilas.
Actualización “metafísica” de alguno de los grandes clásicos de la Ciencia Ficción clásica como La guerra de los Mundos de Byron Haskin o Qué Sucedió Entonces?, de Roy Ward Baker, la película sigue ofreciendo un buen puñado de imágenes sugerentes en forma de: estaciones espaciales de orientación clarkiana, vampiros siderales dormitando en ataudes de cristal, cometas contenedores de secretos ocultos, ensoñaciones idealizadas con andares y senos de Mathilda May, rayos cósmicos de aires destructores, viandantes orates poseídos por la histeria...
Una gozada.
Una película posterior, Species, heredaría buena parte de las soluciones visuales y conceptuales de Lifeforce con idéntico sabor y textura. Pero faltaba John Dykstra (en los f/x), y sobretodo, Tobe Hooper, otro de los directores de la “Generación Alternativa” al que le costó, y de que manera, superar el desmedido éxito de su estruendosa opera prima.

Actualización “metafísica” de alguno de los grandes clásicos de la Ciencia Ficción clásica como La guerra de los Mundos de Byron Haskin o Qué Sucedió Entonces?, de Roy Ward Baker, la película sigue ofreciendo un buen puñado de imágenes sugerentes en forma de: estaciones espaciales de orientación clarkiana, vampiros siderales dormitando en ataudes de cristal, cometas contenedores de secretos ocultos, ensoñaciones idealizadas con andares y senos de Mathilda May, rayos cósmicos de aires destructores, viandantes orates poseídos por la histeria...

Una gozada.
Una película posterior, Species, heredaría buena parte de las soluciones visuales y conceptuales de Lifeforce con idéntico sabor y textura. Pero faltaba John Dykstra (en los f/x), y sobretodo, Tobe Hooper, otro de los directores de la “Generación Alternativa” al que le costó, y de que manera, superar el desmedido éxito de su estruendosa opera prima.
Aterrada
Había pensado en meterse dentro del armario y esconderse. Pero sabía que él la encontraría.
Había pensado en coger la llave de la habitación y cerrarse por dentro. Pero sabía que él se colaría por el ojo de la cerradura y que se ensañaría con ella como había hecho con aquella niña de la tele.
Le aterrorizaba pensarlo. Había comenzado a oír los ruidos en el desván hacía unas semanas, justo después de que su padre hubiera partido hacia la estación petrolífera. Su madre y ella habían buscado por todos los rincones del desván buscando señales de actividad de algún animal y aunque había venido un hombre de la empresa de su padre para certificar que no había ninguna rata, los ruidos cada vez eran más intensos. Sobretodo por la noche, pensaba la niña, sobretodo cuando su madre se iba a trabajar...
A la semana ya se había acostumbrado a los ruidos pero podía sentir su presencia. En los espejos, en los azulejos del cuarto de baño, tras las ventanas... el reflejo de aquella entidad dominaba todos los rincones de la casa. Y sus pensamientos.
Después vinieron los dibujos. En realidad, ella no se acordaba de haber realizado ninguno de aquellos dibujos pero su madre y su maestra se habían alarmado tanto por su contenido que ella misma se empezó a preocupar. No recordaba haberlos hecho, pero todos tenían su firma, estilo, color...
Sólo recordaba la voz. Esa voz tan aterrorizadora que aunque había pensado en meterse dentro del armario para esconderse, sabía que acabaría encontrándola. Esa misma noche o mañana. Se lo advirtió a su madre el domingo por la tarde:
La madre, ingenua, pensaba que no tenía que haberla dejado ver aquella película.
Había pensado en coger la llave de la habitación y cerrarse por dentro. Pero sabía que él se colaría por el ojo de la cerradura y que se ensañaría con ella como había hecho con aquella niña de la tele.
Le aterrorizaba pensarlo. Había comenzado a oír los ruidos en el desván hacía unas semanas, justo después de que su padre hubiera partido hacia la estación petrolífera. Su madre y ella habían buscado por todos los rincones del desván buscando señales de actividad de algún animal y aunque había venido un hombre de la empresa de su padre para certificar que no había ninguna rata, los ruidos cada vez eran más intensos. Sobretodo por la noche, pensaba la niña, sobretodo cuando su madre se iba a trabajar...
A la semana ya se había acostumbrado a los ruidos pero podía sentir su presencia. En los espejos, en los azulejos del cuarto de baño, tras las ventanas... el reflejo de aquella entidad dominaba todos los rincones de la casa. Y sus pensamientos.
Después vinieron los dibujos. En realidad, ella no se acordaba de haber realizado ninguno de aquellos dibujos pero su madre y su maestra se habían alarmado tanto por su contenido que ella misma se empezó a preocupar. No recordaba haberlos hecho, pero todos tenían su firma, estilo, color...
Sólo recordaba la voz. Esa voz tan aterrorizadora que aunque había pensado en meterse dentro del armario para esconderse, sabía que acabaría encontrándola. Esa misma noche o mañana. Se lo advirtió a su madre el domingo por la tarde:
- Me pasará lo que a aquella niña, la de la tele, la que giraba la cabeza sobre una cama. El diablo se meterá dentro de mí. Me hará daño. Y te haré daño, mami. Lo sé. Él me lo cuenta. Él lo sabe todo de nosotras. Y dice que tú eres nuestra peor enemiga.
La madre, ingenua, pensaba que no tenía que haberla dejado ver aquella película.
La tierra tiembla
Temblores forma parte de esa caterva de películas menores que, de algún modo, vuelvo a ver año tras año, como si de un siniestro ritual se tratara, a pesar de sus más que evidentes defectos o su carácter intrascendente y demencial.
Serie B autoconsciente, monster movie cinéfila y divertida, cinta de humor travestida de película de ciencia ficción, el film de Ron Underwood colecciona una serie de momentos hilarantes, varios diálogos antológicos y un cierto sentido de la comicidad (entre los personajes, y entre éstos y los espectadores).
Gusanos gigantescos, sismógrafos enloquecidos, becarias enamoradizas y un pueblo redneck sometido a los caprichos de la evolución definen esta película de culto cuyas derivaciones ya acumulan hasta tres partes más. Intentos inanes de superar la tremenda comicidad dimanante de la actuación de sus dos grandes protagonistas: Kevin Bacon y Fred Ward. [Y para los carpenterianos, un papel secundario para uno de su habituales: Victor Wong.]

Serie B autoconsciente, monster movie cinéfila y divertida, cinta de humor travestida de película de ciencia ficción, el film de Ron Underwood colecciona una serie de momentos hilarantes, varios diálogos antológicos y un cierto sentido de la comicidad (entre los personajes, y entre éstos y los espectadores).

Gusanos gigantescos, sismógrafos enloquecidos, becarias enamoradizas y un pueblo redneck sometido a los caprichos de la evolución definen esta película de culto cuyas derivaciones ya acumulan hasta tres partes más. Intentos inanes de superar la tremenda comicidad dimanante de la actuación de sus dos grandes protagonistas: Kevin Bacon y Fred Ward. [Y para los carpenterianos, un papel secundario para uno de su habituales: Victor Wong.]
Están vivos: Parábolas de Ciencia Ficción
Estos últimos días he ocupado buena parte de mi tiempo libre en rematar, corregir y (que ingrato es esto) aligerar, la segunda parte de mi estudio sobre John Carpenter. En unos días, tres o cuatro, ya estará acabado y a vuestra disposición en la revista Terror Universal. Mientras tanto, y para abrir boca ahí os dejo uno de los capítulos como primicia, en este caso, dedicado al análisis de una de sus películas más singulares: They Live!
Parábolas de Ciencia Ficción (Están Vivos)
En los últimos estertores de la era Reagan y con la guitarra a cuestas, Carpenter vuelve al Cine de Ciencia Ficción Extraterrestre con Están Vivos, una vuelta de tuerca a las invasiones alienígenas cinematografiadas, contracultural, antiglobalizadora y, conscientemente, transgresiva.
A expensas de un nuevo salto evolutivo en el desarrollo de los efectos especiales, el cine de ciencia ficción de invasiones alienígenas permanece aletargado en el ámbito de las series de televisión populistas (V), los homenajes de índole autocomplaciente (¿hay alguno que no lo sea?), y las actualizaciones de viejos éxitos de los 50 (Invasores de Marte), todos ellos, convertidos en productos nostálgicos de un cine, el de ciencia ficción de invasiones marcianas, pergeñado en los años de la posguerra al abrigo de las paranoias propiciadas por la Guerra Fría.
John Carpenter no descuida en Están Vivos la premisa adoctrinadora de aquellos envejecidos filmes pero, fiel a su estilo, lo hace subvirtiendo sus esquemas ideológicos al convertir, por primera vez en la historia del cine, una película de ciencia ficción en una crítica deconstructiva e insolente del capitalismo más visceral y feroz. (Ideología nada ajena, sin embargo, en la ciencia ficción literaria y que, en cierto modo, ya había inspirado la sugestiva Halloween III. Las máscaras de Halloween, la secuela más sediciosa y cáustica del Slasher de Carpenter).
El argumento va a definir al film: John Nada, obrero en paro sin oportunidad de dejar de serlo, transeúnte secular de una ciudad que lo aísla y desprecia, (osea, candidato ejemplar para representar uno de los antihéroes carpentenianos) encuentra, por casualidad, una remesa de gafas de sol extraviadas que, como no podía ser de otro modo, recoge, guarda y, en último término, utiliza para si mismo. Las gafas, le van a presentar una visión de su cotidianidad sorprendentemente novedosa: muchos de los viandantes ocultan tras sus facciones humanas una apariencia ¡alienígena! Pero el hallazgo llega más allá cuando descubre mensajes subliminares impostados en los anuncios publicitarios y en los medios de comunicación que promueven un consumo compulsivo y enfermizo, o que la mayoría de los policías, políticos y hombres de negocios pertenecen a dicha facción invasora (algo que de modo menos belicoso volvería a insinuar Barry Sonnenfeld en MIB). Carpenter convierte, de repente, al invasor alienígena en un asociado del sistema capitalista y, más aún, en su principal promotor y sustento.
John Nada se sumergirá, sin quererlo y superado por el descubrimiento que acaba de realizar, en un supramundo desconocido que le emparentará a sectas que predicen el fin del mundo (asimilación conceptual que unifica, ideológicamente, Estan vivos con el anterior film de Carpenter), a una resistencia activa formada por desposeídos y marginados (ya os digo que no hay mensaje más revolucionario en la cinematografía contemporánea) y, finalmente, al conocimiento de un complot que perfeccionará la invasión alienígena y que Nada y sus colegas se aprestarán a evitar de algún modo.

Carpenter retoma el tópico de la invasión de ultra cuerpos con notable sarna y mala uva, dándole a McCarthy (y a sus acólitos seguidores) donde más debía dolerle, al mismo tiempo que se invita a realizar la ciencia ficción parabólica más rompedora y subversiva de la década de los 80.
El próximo film, realizado cuatro años después de aquella invitación revolucionaria a la desobediencia (el mayor período inactivo de su carrera, por cierto) volvería a reencontrar a Carpenter con uno de los Grandes Estudios...
© J.P.Bango 2005
Parábolas de Ciencia Ficción (Están Vivos)
En los últimos estertores de la era Reagan y con la guitarra a cuestas, Carpenter vuelve al Cine de Ciencia Ficción Extraterrestre con Están Vivos, una vuelta de tuerca a las invasiones alienígenas cinematografiadas, contracultural, antiglobalizadora y, conscientemente, transgresiva.

A expensas de un nuevo salto evolutivo en el desarrollo de los efectos especiales, el cine de ciencia ficción de invasiones alienígenas permanece aletargado en el ámbito de las series de televisión populistas (V), los homenajes de índole autocomplaciente (¿hay alguno que no lo sea?), y las actualizaciones de viejos éxitos de los 50 (Invasores de Marte), todos ellos, convertidos en productos nostálgicos de un cine, el de ciencia ficción de invasiones marcianas, pergeñado en los años de la posguerra al abrigo de las paranoias propiciadas por la Guerra Fría.
John Carpenter no descuida en Están Vivos la premisa adoctrinadora de aquellos envejecidos filmes pero, fiel a su estilo, lo hace subvirtiendo sus esquemas ideológicos al convertir, por primera vez en la historia del cine, una película de ciencia ficción en una crítica deconstructiva e insolente del capitalismo más visceral y feroz. (Ideología nada ajena, sin embargo, en la ciencia ficción literaria y que, en cierto modo, ya había inspirado la sugestiva Halloween III. Las máscaras de Halloween, la secuela más sediciosa y cáustica del Slasher de Carpenter).
El argumento va a definir al film: John Nada, obrero en paro sin oportunidad de dejar de serlo, transeúnte secular de una ciudad que lo aísla y desprecia, (osea, candidato ejemplar para representar uno de los antihéroes carpentenianos) encuentra, por casualidad, una remesa de gafas de sol extraviadas que, como no podía ser de otro modo, recoge, guarda y, en último término, utiliza para si mismo. Las gafas, le van a presentar una visión de su cotidianidad sorprendentemente novedosa: muchos de los viandantes ocultan tras sus facciones humanas una apariencia ¡alienígena! Pero el hallazgo llega más allá cuando descubre mensajes subliminares impostados en los anuncios publicitarios y en los medios de comunicación que promueven un consumo compulsivo y enfermizo, o que la mayoría de los policías, políticos y hombres de negocios pertenecen a dicha facción invasora (algo que de modo menos belicoso volvería a insinuar Barry Sonnenfeld en MIB). Carpenter convierte, de repente, al invasor alienígena en un asociado del sistema capitalista y, más aún, en su principal promotor y sustento.
John Nada se sumergirá, sin quererlo y superado por el descubrimiento que acaba de realizar, en un supramundo desconocido que le emparentará a sectas que predicen el fin del mundo (asimilación conceptual que unifica, ideológicamente, Estan vivos con el anterior film de Carpenter), a una resistencia activa formada por desposeídos y marginados (ya os digo que no hay mensaje más revolucionario en la cinematografía contemporánea) y, finalmente, al conocimiento de un complot que perfeccionará la invasión alienígena y que Nada y sus colegas se aprestarán a evitar de algún modo.

Carpenter retoma el tópico de la invasión de ultra cuerpos con notable sarna y mala uva, dándole a McCarthy (y a sus acólitos seguidores) donde más debía dolerle, al mismo tiempo que se invita a realizar la ciencia ficción parabólica más rompedora y subversiva de la década de los 80.
El próximo film, realizado cuatro años después de aquella invitación revolucionaria a la desobediencia (el mayor período inactivo de su carrera, por cierto) volvería a reencontrar a Carpenter con uno de los Grandes Estudios...
© J.P.Bango 2005
La eterna espera
¿Alguno de ustedes se ha parado a pensar lo que tarda en pasar una eternidad? No. Seguro que no. Ustedes viven en un planeta donde la eternidad es un concepto etéreo, una panacea filosófica sin importancia. Esperando a la eternidad pueden, tranquilamente, morirse. No saben la suerte que tienen...
Yo vivo en un planeta donde la eternidad se manifiesta segundo a segundo. Y yo no puedo morir para superarla, al menos en mi estado embrionario, cuando mis tentáculos reposan dentro de un cascarón ovoide esperando -este es mi sino- la siguiente etapa evolutiva. Para que se produzca este salto liberador a uno de ustedes se le tiene que ocurrir aterrizar en mis dominios, hollar el terreno que una vez pisaron mis antepasados y meter sus narices, literalmente, en el casco de mi nave espacial buscando lo que no hubieran querido -de saberlo- haber descubierto jamás.
Cuando viene a verme una camada de astronautas incautos, las emociones que uno siente por dentro se asimilan a un orgasmo. No. No me mal interpretéis. Mi deseo de carne no tiene nada que ver con el sexo sino con la supervivencia. La sangre me regenera, me convierte en una supraespecie voraz, letal y atlética. Y ellos suelen llegar colmaditos de templada hemoglobina...
Me convido a pasar a mi tercer estadio en cualquier receptáculo orgánico que me permitar asimilar substancias vitales: plasma y líquido amniótico. Salgo después de él, por donde puedo (nunca de manera discreta), y comienzo a estudiar a mis futuras víctimas; las cuento: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... No me gustan los gatos. De momento soy pequeño y huyo. Mañana seré más grande y les plantaré cara. Sólo necesito sus vidas y, a mí, nunca me asustaron los lanzallamas.
Los he devorado a todos. A todos, menos a una... Una hembra. Ella cree que me ha matado. Pero sólo yo sé la verdad. Vuelvo a mi latente estado primigenio: la perpetua e insobornable espera.
Cada vez estoy más cerca de vuestro utópico planeta azul. Y vosotros, víctimas potenciales de mi voracidad, a un paso -sólo uno-, de la extinción.
Yo vivo en un planeta donde la eternidad se manifiesta segundo a segundo. Y yo no puedo morir para superarla, al menos en mi estado embrionario, cuando mis tentáculos reposan dentro de un cascarón ovoide esperando -este es mi sino- la siguiente etapa evolutiva. Para que se produzca este salto liberador a uno de ustedes se le tiene que ocurrir aterrizar en mis dominios, hollar el terreno que una vez pisaron mis antepasados y meter sus narices, literalmente, en el casco de mi nave espacial buscando lo que no hubieran querido -de saberlo- haber descubierto jamás.
Cuando viene a verme una camada de astronautas incautos, las emociones que uno siente por dentro se asimilan a un orgasmo. No. No me mal interpretéis. Mi deseo de carne no tiene nada que ver con el sexo sino con la supervivencia. La sangre me regenera, me convierte en una supraespecie voraz, letal y atlética. Y ellos suelen llegar colmaditos de templada hemoglobina...
Me convido a pasar a mi tercer estadio en cualquier receptáculo orgánico que me permitar asimilar substancias vitales: plasma y líquido amniótico. Salgo después de él, por donde puedo (nunca de manera discreta), y comienzo a estudiar a mis futuras víctimas; las cuento: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... No me gustan los gatos. De momento soy pequeño y huyo. Mañana seré más grande y les plantaré cara. Sólo necesito sus vidas y, a mí, nunca me asustaron los lanzallamas.
Los he devorado a todos. A todos, menos a una... Una hembra. Ella cree que me ha matado. Pero sólo yo sé la verdad. Vuelvo a mi latente estado primigenio: la perpetua e insobornable espera.
Cada vez estoy más cerca de vuestro utópico planeta azul. Y vosotros, víctimas potenciales de mi voracidad, a un paso -sólo uno-, de la extinción.
Cosas raras
Cosas raras STOP Productos informativos heterogéneos STOP Nichos de investigación residual STOP Compendios de curiosidades insanas STOP Spoilers a granel STOP Buscadores de fijaciones extrañas STOP
Leila's Vampires Movie Guide: una de las múltiples listas que aprovechan la versatilidad de la IMDB o de cualquier de sus competidoras, para resumir en un directorio nominal (con pretensiones de exhaustividad) toda la filmografía vampírica. La principal diferencia también es su aspecto más destacado: bien surtida de fotos, de cada película ofrece un contador numérico con los momentos de terror, de sexo, mordiscos y muertes -de humanos o no- contenidas en las mismas).
Base de datos de Escenas Lésbicas: Su explícito título resume, bien y a las claras, su contenido. Una base de datos fotográfica con una exhaustiva selección de películas con un único denominador común. También ofrece su contador particular (¿quién demonios se dedica a esto?) en su versión valorativa: escenas de amor, besos...
Cinemorgue: una de las clásicas de este subcategoría internautica es la web de los spoiler por excelencia. Una recopilación (más que exhaustiva) de muertes ficcionadas de actrices con su correspondiente ficha técnica: foto, causa de la muerte y profusión de detalles sobre la misma. La naturaleza de esta web es un misterio que se me escapa... Tambien existe una versión masculina, con los mismos objetivos e intereses: Cinemorgue 2.
Steven Hill's Movie Title Screens Page: Retomamos la senda de la normalidad con esta esforzada web: un compendio fotográfico que recopila, con aires nostálgicos y evocadores, los títulos (literalmente, el momento en que se inserta el título del film) de un buen número de películas. Francamente interesante.
En fin STOP Que lo disfrutéis STOP O algo.
Leila's Vampires Movie Guide: una de las múltiples listas que aprovechan la versatilidad de la IMDB o de cualquier de sus competidoras, para resumir en un directorio nominal (con pretensiones de exhaustividad) toda la filmografía vampírica. La principal diferencia también es su aspecto más destacado: bien surtida de fotos, de cada película ofrece un contador numérico con los momentos de terror, de sexo, mordiscos y muertes -de humanos o no- contenidas en las mismas).
Base de datos de Escenas Lésbicas: Su explícito título resume, bien y a las claras, su contenido. Una base de datos fotográfica con una exhaustiva selección de películas con un único denominador común. También ofrece su contador particular (¿quién demonios se dedica a esto?) en su versión valorativa: escenas de amor, besos...
Cinemorgue: una de las clásicas de este subcategoría internautica es la web de los spoiler por excelencia. Una recopilación (más que exhaustiva) de muertes ficcionadas de actrices con su correspondiente ficha técnica: foto, causa de la muerte y profusión de detalles sobre la misma. La naturaleza de esta web es un misterio que se me escapa... Tambien existe una versión masculina, con los mismos objetivos e intereses: Cinemorgue 2.
Steven Hill's Movie Title Screens Page: Retomamos la senda de la normalidad con esta esforzada web: un compendio fotográfico que recopila, con aires nostálgicos y evocadores, los títulos (literalmente, el momento en que se inserta el título del film) de un buen número de películas. Francamente interesante.
En fin STOP Que lo disfrutéis STOP O algo.
El retorno del hombre franquicia
Tal y como os adelanté en días previos, ya está editado y colgado en la revista Terror Universal la segunda parte de mi estudio sobre la relación de John Carpenter con el Cine Fantástico, en realidad, una excusa como otra cualquiera para hablaros del Cine de género que más nos gusta y satisface.
[Leer segunda parte completa: John Carpenter y el Cine Fantástico: de Golpe en la pequeña China a Ghost of Mars]
[Leer primera parte: John Carpenter y el Cine Fantástico: de Dark Star a Starman]
[Leer todos mis artículos de El Cronicón Fantástico]

Mediados de la década de los ochenta: JC ha dejado de ser el gran revitalizador del Cine Fantástico para convertirse, con entidad propia, en uno de los subgéneros más reconocibles y substanciales del mismo.
[Leer segunda parte completa: John Carpenter y el Cine Fantástico: de Golpe en la pequeña China a Ghost of Mars]
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