Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005.

El Aviador: Obsesión por el Cine

Hijo de empresario petrolífero heredero de una gran fortuna, productor de cine dueño de la RKO, cineasta perfeccionista desalentado por los musas de la inspiración, personaje aficionado a los excesos dimanantes de la industria del cine, amante de portada de tabloide de gran parte del star system femenino de los años 30, constructor de aviones apasionado del riesgo, amigo de sus amigos, piloto osado coleccionista de records... El perfil de un personaje como Howard Hugues se ajusta tanto al cine espectacular pero desgarrador, exquisitamente formal pero vibrante, que a nadie puede extrañarle que el bueno de Scorsese, habituado a retratar a los habitantes de la América del Siglo XX, se haya fijado en su figura para éste, de momento, su último film.



Biopic desmesurado de alguna de las vivencias que definen la vida de Hugues (el rodaje de Los Angeles del Infierno: el mejor momento de la película; su romance con Katharine Hepburn; los efectos del Desorden Obsesivo Compulsivo...; el accidente de avión que sobredimensionó las consecuencias de la enfermedad...), The Aviator se presenta como un film construido a mayor gloria de ese Oscar que tanto ansía: obra maestra en lo formal, poseedora de más de una secuencia deslumbrante (y no todas protagonizada por aviones) y magníficamente interpretada... Su primera hora recoge, probablemente, segmentos del mejor cine hecho en lo que va de año con sus planos de grúa imposibles, su reparto coral extraordinario, su autoconvencimiento de estar formalizando una gran Obra. La película adolece, sin embargo, de una arritmia incesante a partir de dicho momento, repitiendo situaciones (en especial, referidos a la obsesión del personaje con su enfermedad) y mostrándose demasiado interesado en la anécdota, en el carácter heroico de Howard Hugues, en su caprichoso modo de entender la realidad.

Sin alejarse, del todo, del cine de ascenso y caída de la que suele participar la cinematografía de Scorsese, El Aviador interpretado por Leonardo Di Caprio rehuye la condición perdedora de aquéllos (Jack LaMotta, Bill El Carnicero, Travis Bickle...), definiéndose como un héroe en toda regla, un héroe americano, capaz de pelearse incluso con su propio gobierno para poner en marcha el más megalómano de sus sueños. En este sentido, Scorsese toma partido por Hugues encarándolo a un ogro con voz y rostro de Alec Baldwin, director de la PanAm, que hace las veces de oponente del protagonista, y convierte la película en un biopic de aires hagiográficos despojado de cualquier rastro de autocrítica que resta contundencia al retrato pretendido por Scorsese.

Es, precisamente, la personalísima elección de los momentos de la vida de Howard Hugues expuestos por el cineasta, lo que da sentido y textura (para bien o para mal) al film. Así, de los múltiples amoríos de Hugues, el guionista John Logan escoge el que, a decir verdad, parece el más aburrido, el de una Cate Blanchett metamorfoseada en el papel de Katherine Hepburn con voz adusta y nula complicidad (suponemos que por eso ganó el Óscar). Traspiés elegido a propósito que compensa con la presencia de una muy maternal Ava Gardner (interpretada con gran seguridad por Kate Beckinsale) pero que resta enteros e interés a esta vida cinematografiada, definitivamente, intensa a nivel conceptual pero severamente redundante.

No es mejor película que Gangs of New York, por ejemplo, pero se defiende, sin desdoro, de la mayoría de los biopics contemporáneos porque tiene algo que los demás no tienen: pretensión de ser una Obra Maestra.

Lo más destacado: su condición de espectáculo total; la puesta en escena; la fotografía; la interpretación de Leonardo Di Caprio.

Lo menos destacado: la rosebudiana escena final; se echa de menos un mayor grado de sordidez.

Calificación: 7
02/03/2005 23:32 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 2 comentarios.

Alien Vs Predator: Menage a tròis alienígena

Paul Anderson, otrora director de culto gracias a la historia de amor existencial narrada en Shopping, comenzó el proceso de fagocitación en la industria norteamericana con un film menor, Mortal Kombat que lo convirtió de ipso facto en la alternativa módica a los Renny Harlin o Wolfgang Petersen de turno y, de paso, atiborró su cartera con proyectos fundamentalmente basados en el uso de los efectos especiales (Resident Evil, Horizonte Final, Soldier...). A pesar de los pesares, Paul W.S. Anderson ha logrado sobrevivir a la servidumbre del artesanazgo gracias a su pericia para crear ambientes recurrentes y, por encima de todo, por tomarse muy en serio cualquiera de los engendros que le ocupan.

Con este currículum, Anderson se presentaba como candidato idóneo para juntar para el Cine dos franquicias de género que ya habían convivido en el campo en el cómic con un éxito relativo. Y sí. Desde su mismo comienzo la película exhuma una extraña fascinación, a buen seguro, proveniente de reunir en un mismo plano (literalmente) dos siniestros personajes cinematográficos que, por separado, han posibilitado todo un universo conceptual y formal a sus espaldas (o lo que tengan) y que, encima, acumulan con sus películas y secuelas un buen puñado de momentos destacables.



Depredador, obra de asentamiento del otrora buen director de acción John McTiernan, supondría la consagración definitiva de Arnold Schwarzenegger como icono del cine de los 80 con una obra que, inconscientemente concebida como un remake de de La Presa de Walter Hill, se atrevía a mezclar el cine bélico (sección comandos) con el de extraterrestres, la supervivencia en entornos selváticos y la aventura de acción...

Alien no se quedaba atrás en su conjugación de géneros, juntando el terror con la ciencia ficción o el suspense, en un entorno cerrado (una nave de transporte minero) acechado por un peligroso y brutal ente extraterrestre. Al contrario que la secuela de Depredador (redundante) cada una de las continuaciones y derivaciones de Alien dignificaban a su precedente, enriqueciendo su universo y presentando una visión propia y definitoria del talento imaginativo y visual de cada uno de los autores que osaron arrimarse a la guarida del extraterrestre.

Estos precedentes, claro, imposibilitaban una gran obra conciliadora entre ambos personajes pero, al menos, abrían la posibilidad de que el resultado fuera... divertido. Pues así es. El argumento es estrafalario y no parece importarle mucho a los responsables del film toda vez que sólo necesitan una excusa menor para propiciar el enfrentamiento. Así, nos encontramos con pasajes que nos recuerdan tanto a Parque Jurásico, Cube, La Cosa o Stargate como a alguna de las películas de cada una de las sagas. Por ello, y una vez que el grupo de notables (científicos y exploradores, montañeros y porteadores) se adentra en el corazón de la Antártida y se sumerge en la construcción piramidal surgida dentro del hielo, todo el interés de la película se centra en cuándo y con qué talante aparecerán en escena los verdaderos protagonistas de la misma. A partir de ahí, los humanos caen a gran velocidad -señal inequívoca que su presencia es, simplemente, contextual- y la película recupera su apostura inverosimil. Paul Anderson, fiel a su (no) estilo, toma rápidamente partido por el despliegue tecnológico (acercando demasiado su cámara a los monstruos) y por la simpatía guerrera de la raza (de)predadora. Y, embriagado, se olvida de todo lo demás.

Rebajado, en fin, el suspense definitorio de sus precuelas (por cuenta del exhibicionismo de su director) se acrecienta la sensación de película ya vista y se disminuye considerablemente su interés cinematográfico quedando para la retina, únicamente, la orgía de golpes y argucias que los extraterrestres se profesan para cazarse mutuamente. Uno, el Predator, cazador milenario, armado hasta los dientes (literalmente); el otro, Alien, bicho venial, feo y devastador. A ambos se les une un espécimen humano con mal carácter y presencia testimonial, presa y anfitrión para tan brutos visitantes que ejerce de comparsa sujetavelas en la contienda.

Aliens Vs. Predator se concreta, por tanto, como un tour de force entre alienígenas ubicado en las entrañas (nada frías, por cierto) de la Antártida, con pocas pretensiones y claro afán fanófilo, que gustará (sin exagerar) a los seguidores de ambas sagas y que pasará inadvertido para aquellos que aún creen que los videojuegos se hicieron para adocenar las neuronas de los niños inquietos.

Lo más destacado: que un guión tan poco cuidado de como resultado semejante divertimento cinéfago.

Lo menos destacado: el papel anecdótico de la mayoría de los humanos; el nerviosismo con que Paul Anderson (no confundir con Poul Anderson) resuelve alguna de las secuencias más complicadas.

Calificación: 6
04/03/2005 22:37 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 5 comentarios.

Contradicción vital en Cayo Largo



"La cabeza siempre dice una cosa y la vida nos dice otra. Siempre pierde la cabeza"
06/03/2005 07:48 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 1 comentario.

Letras, Cine y... Pasión

No hace mucho leí por ahí, en un folleto institucional ofertado por los medios públicos animando a los niños para que se adentren en el mundo de la escritura, que el principal problema con que se encuentra un niño (o no) que pretende escribir es su primer contacto con la hoja en blanco; literalmente, hablaba de “enfrentamiento”.

No creo que haya que enfrentarse a un papel en blanco. Hay que acercarse a él, olvidar la idea de oposición, de conquista, de sometimiento. El papel en blanco (la pantalla del ordenador, si queréis) no es sino un intermediario entre tus sentidos (posibilitados por la expresión) y el universo que te rodea. Es un medio, no un objeto. No se rellena, se utiliza. El carácter gozoso que define a la escritura se viene abajo con este tipo de insinuaciones que, proyectadas desde medios oficiales, desnaturaliza el proceso espontáneo de la escritura. Un niño no debe pensar que el folio es su enemigo. Los escritores no tienen enemigos antes de ponerse a escribir. Ven y escriben. Interpretan y escriben. Sienten y escriben. Un niño ve, interpreta y siente. El folio en blanco le permitirá capturar todo eso en formato celuloso (o digital). Nada más. Y nada menos.

Yo no recuerdo cuando comencé a capturar mis pensamientos, alegrías, frustraciones, proyectos, en papel. Recuerdo haber escrito una historia de naufragios, submarinistas y tesoros escondidos en mi época de preescolar (seguramente embriagado de una película de Michael Anderson: Misterio en el barco perdido, dado que el título era similar y encontrado recortes referidos a aquellas fechas que demuestran que había sido emitida por televisión) y que me costaba demasiado trabajo ajustar mi deficiente caligrafía a mi, por aquel entonces, desbordada e influenciable imaginación. Escribir era lento y los resultados, mediocres. En ningún caso satisfacían mis exigencias como lector y, claro está, disentían de lo que realmente pretendía expresar. No era una frustración pero acababa de descubrir que la imaginación y la escritura caminaban por caminos difícilmente convergentes y que el procedimiento en sí tenía tanto de arte como de oficio. Y mi oficio de niño era... ser niño.

Mientras la dialéctica planteada entre las ideas y mis letras se apaciguaba con la edad y el conformismo, me encontré de bruces con un universo visual fascinante, repleto de imágenes inolvidables, de historias magníficas que pasaban de un suspiro; un universo poseedor de una textura, al mismo tiempo, personal y amena. Os lo he contado varias veces ya: el Cine se convirtió en compañero de mis tardes y desvelos. Disfrutándolo, viviéndolo... todo era posible.

El Cine aparcó mi interés por las letras pero no lo enterró. Ocurrió la noche en que el equipo de fútbol dirigido por Vicente Miera se acababa de alzar con la medalla de Oro en los JJ.OO. de Barcelona en una transmisión simultánea con un estadio olímpico que también vibraba con un éxito increíble: el oro de Cacho. Días antes, había visto una película, a decir verdad, fabulosa: El Secreto de la Pirámide de Barry Levinson, y sentía unas ganas ineluctables de transmitir, de capturar, aquellas sensaciones. Animado por el célebre gol de Kiko (entonces Quico) me puse a escribir la que todavía recuerdo como mi primera crítica de cine. Tan amateur como los textos que sigo escribiendo, la gozosa sensación que experimenté con la redacción de aquel escrito (todavía perdido aunque sigo buscándolo) acabaría por reunir en un mismo contexto dos de los tres divertimentos que hoy día me conforman.

El tercero, os lo podéis imaginar, me reunirá esta noche frente a un televisor portando un corazón férvido. Con un poco de suerte, Del Piero no tendrá su día.
09/03/2005 19:59 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 6 comentarios.

DCD: Hoy

Aniversario: Celebración de naturaleza generalmente contradictoria que alude a hechos, acontecimientos, situaciones... ocurridos tal día como hoy en un momento anterior en el tiempo. Artificio recurrente en las portadillas de los telediarios que suele preludiar un sorprendente olvido sólo un día después de manifestarse dicho ejercicio de rememoración colectiva. En cine, adquieren un componente mitómano ciertamente peculiar; ejemplo: hoy hace 74 años que murió Murnau:

Recuerdo: Lugar etéreo de ubicación inexacta en el que se acumulan imágenes, personas y proyectos que ya han tenido lugar. Debra Hill, guionista de Halloween, sostén emocional y monetario de alguna de las mejores películas de John Carpenter, permanecerá en aquel cinéfilo lugar durante largos años.

Duelo: Aflicción litúrgica de aires compadecedores y tristes. En Cine: la parte culminante del western. En historia: resolución drástica de un conflicto en el que se pone en juego la vida y el honor.

Honor: Valor legendario atribuido a héroes y románticos ajenos a la realidad y sus servidumbres. En la actualidad: un concepto de ascendencia apasionado que define, únicamente, a los personajes de ficción (literarios o cinematográficos).

Biopic: Género eminentemente cinematográfico (Biographical Pictures) que narra vivencias de tipos reales como si fueran personajes de ficción. Es uno de los géneros que se definen por presentar una mayor homogeneidad y por tanto, su visionado se hace previsible y poco interesante. También sinónimo de Cine de Hollywood.

Añoranza: Recuerdo melancólico e inexorable. Ejemplo contextual: “Yo añoro el Cine Negro”.

Realidad: Género televisivo que alcanzara notables cotas de audiencia a finales de la década de los ochenta con formato de show. Hoy siguen los mismos dramas pero el morbo ha sabido evolucionar. En cine: género de naturaleza, normalmente, didáctico-existencial que nos pone de bruces frente a nuestra más insatisfecha cotidianidad...

Fiebre: Mecanismo de autorresistencia que suele venir acompañado de un sentimiento de empacho y debilidad. En fútbol: lo provoca un mal partido. En Cine: Tres biopics seguidos ;)

Universitas: El Film

Al principio era el guión de un cómic pero no sé dibujar como es debido, ¡cachis! Después pensé que sería divertido verlo convertido en serie de televisión pero sé que ningún televidente perdería su tiempo para ver esto convertido en imágenes catódicas... Ahora es el guión de una película que, claro, nunca llegará a ser película...

Ahí os dejo sus diez primeros minutos:

“UNIVERSITAS: EL FILM”

Jimmy K, K, Jota (INT. FACULTAD CC.II. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE. MADRID.

Una gran fila de estudiantes universitarios se extiende desde la Secretaría de matrículas (en el segundo piso) hasta una escalera. A esta escalera llega Jimmy K (que llega con la cabeza hacia abajo y la mochila a cuestas). Al subir choca su cabeza con el culo de K (lleva minifalda). Jimmy K mira hacia arriba, sorprendido:

Jimmy K: Perdona.
K (sonriente): Si llego a saber que llegabas con tanto ímpetu me habría dado la vuelta.
Jimmy K (más sorprendido aún por la respuesta finge cambiar de tema): ¿No será esta la cola para hacer la matrícula?
K: En esta universidad no encontrarás “cola” más larga que esta.
Jimmy K(vuelve a sonreír): ¿Cómo te llamas?
K: Vas muy rápido, ¿no?
Jimmy: Eso quisiera yo. De momento me conformo con seguir detrás de ti un par de horas más.
K: Supongo que eso es un halago.
Jimmy K: En realidad es una invitación para que te acuestes conmigo esta noche.
K: ¡Je! Mejor me doy la vuelta
K se da la vuelta. Se da cuenta que tiene uno de sus calcetines de colores por debajo del tobillo (el otro lo tiene por arriba) y se agacha sin flexionar las rodillas para subirlo, falsamente ingenua.
Detrás de Jimmy se aproxima Jota, escondido entre la melena, la chupa de cuero, y el walkman. Está fumando un canuto. Con la cabeza agachada, mirando los escalones, se choca contra el culo de Jimmy K. Éste se echa hacia delante asustado (tocando con su pene el culo de K y ésta, a su vez, intentándose incorporarse mete su nuca entre las piernas de la chicaque tiene delante
K: (incorporándose, despeinada): ¿Podemos repetir?
La chica que tiene delante (con los libros de la mano) se da la vuelta indignada. No dice nada.
Jota (visiblemente colocado): Joer. ¿Qué hacéis en medio de la escalera?
Jimmy K: Lo siento (Disculpándose del encontronazo, con K).
K: (le ofrece un papel a Jimmy): Yo sí que lo sentí, y no me disgustó. Aquí tienes mi número de teléfono.
Jimmy K:¿Eso es un sí para esta noche?
K: Un no, no es.
Fundido a negro.

Jimmy K, K, Jota (INT. FACULTAD CC.II. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE. MADRID.

Han pasado unos minutos. Ya no están en la escalera pero siguen en el pasillo. La fila no parece avanzar. Jimmy K; K y Jota están sentados, hombro con hombro, con la espalda apoyada en la pared.

Jota (caballeroso): ¿Queréis un canuto?
K: Ofrécemelo dentro de un rato.
Jimmy K: No gracias. Me duele la cabeza.
K: (le da con el codo a Jimmy k): ¡Chiquillo! Me acabas de robar la excusa que te tenía preparada yo para esta noche.
Jota: ¿Venís juntos?
Jimmy K: No
K: En realidad el quiere acostarse conmigo...
Jimmy K: No. Es ella la que quiere acostarse conmigo.
K: No. Seamos serios. Yo no quiero acostarme contigo. Para follarte no hace falta que nos recostemos.
Jimmy K: Ni esperar a la noche.
K: (acercándo sus pechos al rostro de Jimmy K) Ni esperar a que el pasillo se vacíe de gente...
Jota: ¡Joer! Si seguís así, esta noche no tendré que imaginar mucho a la hora de hacerme una paja.
K: (riéndose) ¿Y por qué tienes que esperar a que se haga de noche?
Jota: (Se queda pensando unos momentos y después se levanta una vez que ha visto el servicio) Ahora vuelvo. Guardarme el sitio.
Jimmy K: (mira a la fila – que no se mueve): No te preocupes. Seguiremos aquí... Justo aquí (irónico).
Jota: Es igual. Vendré rápido (reflexiona sobre si mismo). Como siempre.
Jimmy K y K se miran cómplices. (injerto de champán)
Fundido a blanco.

Jimmy K, K, Jota, Marx, Adolfo, Salomé (INT. FACULTAD CC.II. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE. MADRID.

En el mismo lugar algo de tiempo después. Frente a ellos, se sitúan en la fila Adolfo, Salomé y Marx

Jimmy K: (en referencia a Adolfo y su camisa y su peinado a raya) ¿Crees que ese tipo es de este planeta?
K: No lo sé. Pero te aseguro que ella no se ha acostado aún con él.
Jimmy K: Eres insaciable.
K: Yo no. Mi cuerpo sí.
Jimmy K: (refiriéndose a Salomé): Pues es una pérdida. Es una chica guapísima.
K: (lasciva) Ya lo creo.
Jimmy K: (sorprendido): ¿Almejas y mejillones? Inserto imagen fija secuencia de Espartaco (cómplice)
K: Y gambas, centollos, calamares...
Jimmy K: ¿Y pulpos?
K: Esconde tu mano tras de mí y te contestaré.
Jota que lo ha oído todo se levanta y sale corriendo al servicio (antes echa una mirada a los otros dos)
K y Jimmy K: Sí. Ya sabemos. Te guardaremos el sitio.
Jota. Sí. Y tardaré poco.
Fundido a rojo.

Jimmy K, K, Jota, Marx (INT. FACULTAD CC.II. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE. MADRID.

De nuevo los tres sentados (unos metros más cerca del objetivo). Jota se rasca los genitales. Porta un gesto dolorido.

Marx (acercándose al trío): Perdonad pero, ¿no sabéis hablar de otra cosa que no sea el sexo?
K: ¡Ostras! Faltaba el voyeur.
Marx: Lo digo en serio. Hay gente muriéndose de hambre en medio puto planeta y vosotros sólo pensais en hacer tiempo para follar.
Jimmy K: Creo que ese discurso le convendría mejor oírlo al “amigo” que tienes delante.
K: (a Marx) Igual te interesa hacer un menage a trois...
Marx: (ignorándolos) ¡Bah..! Es inútil. Todo el puto mundo se va al carajo y nadie hace nada por evitarlo.
Jimmy K: ¿Cómo te llamas?
Marx: ¿También quieres ligar conmigo?
Jimmy K: A mi no me gustan los mariscos pero ella (en referencia a K) quizá siga interesada en el menage a trois.
Jota: ¡Callad de una vez! ¡Que ya no quiero ir más veces al water..!
Marx: ¿Y tu que haces en el servicio?
Jota: Acordarme de tu hermana más veces de las que debo.
Marx: Si no fueras un enano... (Jota se levanta: es mucho más alto que Marx) te mataría a ostias.
Jimmy K: Bueno. Supongo que también ayuda la pegatina de “No Violencia” que tienes en la carpeta.
K: ¡Vamos amigo, siéntate con nosotros y deja de entorpecer la vista! Por allí se acerca otro culo respingón (en referencia a una chica que ya ha hecho la matrícula que cruza por delante del trío sentado).
Jimmy K: ¿Y también virgen?
K: Esta noche te lo digo (K se levanta y se tropieza, muy sensualmente, con ella. La chica la devuelve una mirada cómplice).
Fundido a rosa.

Jimmy K, K, Jota, Marx (INT. FACULTAD CC.II. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE. MADRID.

Los cuatro están sentados junto a la pared, un poquito más cerca de la puerta que da acceso a la Secretaría.

Jimmy K: Joer! Esto no parece serio.
K: ¿Y qué lo es?
Jota: ¿Los políticos?
Los tres se ríen
Marx: Hay políticos serios.
Jimmy K: Pero no los vota nadie.
Marx: No saben apreciar lo bueno
Jota (saboreando el canuto y en referencia a ello) Eso les dije yo a mis viejos cuando me pillaron fumando un canuto.
K: Eso les dije yo a mis viejos cuando me pillaron tirándome a mi osito de peluche.
Jimmy K: Pues meter a vuestros padres en una maleta y embarcarlos con destino a Australia.
K: Ya lo hice. No veas lo que me costó trocearlos... (Los tres la miran extrañados) ¡Que es broma! (siguen mirándola sin decir nada). ¡Chicos..!
Jimmy K: Vosotros al menos conocéis a vuestro padre.
K: ¿Tu no..? ¡Oh! ¡Pobrecillo! (bromeando) Tendré que esforzarme más esta noche para consolarte... (atusándole el pelo)
Marx: ¿Tu todo lo solucionas acostándote con la gente?
K: ¿Tu no?
Marx: Yo sólo creo en la revolución.
K: Pues entonces deberías afiliarte a mi partido. Te aseguro que cambiarías el mundo.
Fundido a negro

Jimmy K, K, Jota, Marx (INT. FACULTAD CC.II. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE. MADRID.

Los cuatro se sitúan en la Puerta de la Secretaría. Ya han recuperado su puesto en la fila (delante de ellos están Salomé y Adolfo):

Jimmy K: Ya falta menos...
K:¿Para lo de esta noche o para hacer la matrícula?
Jimmy K: Para lo que más te apetezca.
K: (le da la mano a Jimmy) Me llamo K. K de Kate.
Jimmy K: A mi me llaman Jimmy. Jimmy K. Y no me preguntes de dónde me viene la K... porque no lo sé.
K: ¿Así que tu vida es un misterio?
Jimmy K: Mi futuro lo es.
Jota: ¿Quieres un canuto para que deje de serlo?
Jimmy K: No insistas. No se cual es mi futuro. Pero quiero tenerlo.
Jota: La marihuana no es mala.
Jimmy K: Yo no lo digo. Lo dice ese (señala a Adolfo que está hablando con un Guardia de Seguridad con el canuto de Jota como leit motiv).
Jota: ¡Coño, la pasma!
Marx: No es la pasma. Es un “securata”.
Jota: Ya. ¿Y tú como los distingues?
Marx (bromeando): Por el tamaño de la “pipa”
K: (sin bromear) ¡Anda!, ¡como yo!
Los tres miran a K
Jimmy K: Te aconsejo que lo apagues.
Jota busca desesperado un cenicero y como no lo encuentra, introduce el canuto en bolso de la chica que tiene delante (Salomé). El bolso comienza a humear. El grupo mira para otro lado
Jota: Por cierto. Yo me llamo J. Jota de Jonás. Pero el que me llame Jonás una vez os juro le arranco los huevos... (Mira a K) O análogos.
Fundido a negro

Jimmy K, K, Jota, Marx, Adolfo, Salomé (INT. SECRETARÍA. FACULTAD CC.II. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE. MADRID.

Ya están en la Secretaría de Matrículas y el bolso continúa echando humo aunque nadie parece haberse dado cuenta. El guardia de seguridad está husmeando a Jota y este le ignora.

Secretaria: (con voz de ogro) Becarios a la otra fila por favor (plano de esa fila: enorme)
Estudiante 1: Pero en aquella fila me dijeron que era aquí.
Secretaria: ¡Pues se equivocaron! ¡Ale a la otra! (sin mirar al siguiente). ¡El siguiente!
Estudiante 2 le entrega los papeles.
Secretaria: ¡Pero bueno! ¡Otro que lo trae sin rellenar! ¿Ustedes quieren entrar en la Universidad o en el parvulario? (pone un sello a unos papeles y se los vuelve a entregar a Estudiante 2) ¡Ale, te pongo un sello como que te faltan casillas que rellenar y me vienes mañana!
Estudiante 2: Pero si hoy es el último día.
Secretaria: Pues te vuelves a la fila y lo rellenas mientras te vuelve a tocar... Te aseguro que te dará tiempo... ¡El siguiente!
Adolfo: Aquí tiene señorita.
Secretaria: (cambia el gesto mientras mira la pulcritud del impreso de solicitud de matrícula): Muy bien, muchacho... No cabe duda de que tu llegarás lejos... No como otros (observa a Jota que, ante la ausencia de canuto, ha optado por morderse los pulgares de sus manos). ¡El siguiente por favor!
Salomé: Buenos días (olisqueando)
Secretaria: ¡Buenos días..! Lo serían mejor si su compañero le hubiera rellenado la matrícula (sigue pasando hojas). Bueno. Quizás lo haya hecho.
Del bolso de Salomé cada vez sale más humo.
K: (susurrando al oído de Jimmy y en referencia al humo) Se le están quemando las compresas...
Marx (sonriendo a regañadientes): Como no nos llegue el turno pronto se va a armar la marimorena.
Aparece una llama en el bolso de Salomé.
Jimmy K: Se armó.
Secretaria (que ya llevaba unos segundos olisqueando, descubre el humo y la llama): ¡Fuego, fuego! (gritando)
Salomé se asusta cuando ve su bolso y lo tira sobre la mesa donde se recogen los expedientes de los alumnos (el de Adolfo incluido). Los papeles de la mesa comienzan a arder (incluido el expediente de Adolfo) y Secretaria se pone histérica.
Jota: ¡Dejadme a mí!
Jota salta hacia el otro lado, coge un vaso de agua y lo tira encima de lo papeles. No funciona. La llama cada vez es más grande.
Secretaria: (más histérica aún) ¡FUEGO, FUEGO!
Jota busca algo con lo que apagar al fuego pero no encuentra nada. Desesperado pero con naturalidad, coge la peluca de la Secretaría y apaga el fuego a golpes ante el asombro de todos los presentes
Jota: ¡Ale! ¡Apagado! ¿Empezamos las clases ya?

Constantine: Antihéroes Desangelados

A la hora de analizar críticamente los filmes que forman parte de esta columna, más o menos semanal, referida a obras cinematográficas de una cierta actualidad, suelo evitar compararlos con sus originales literarios, comiqueros o biográficos porque forman parte de otro medio de expresión, otros lenguajes, otros públicos. En este caso, además, ni siquiera conozco la obra de cómic Hellblazer que dicen inspira a este aburrido Constantine así que todo el juicio de opinión que tenéis oportunidad de leer en las siguientes lineas quedará, sobretodo, al margen de su adecuación o no al espíritu del cómic original entrando a valorar aquellos aspectos que como espectador más os pueden interesar a la hora de decidir si realmente merece la pena o no pagar los 6 euros por esta película (más o menos lo que hice con la imperfecta Hellboy) y, naturalmente, cual es el grado de satisfacción que el visionado de la cinta rezuma en su conjunto.



Constantine es Cine, o eso dicen, al menos hay fotogramas en movimiento y una cierta voluntad de estilo, actores que interpretan (o que cobran por ello) y un director que nos quiere contar una historia. Querer no es poder, eso lo deja claro casi de inicio, con un prólogo efectista que nos presenta a un adusto personaje que el director no tarda en olvidar y que, por alguna razón, dirige sus pasos a Los Ángeles. Simultáneamente y ya entrados en el argumento, nos presenta a John Constantine, un fumador empedernido, enfermo terminal de cáncer por ende, atormentado exorcista en sus ratos libres que detecta, con una extraordinaria capacidad para la deducción, un comportamiento extraño en las fuerzas demoníacas; dicho en términos lucasianos, intuye que algo se mueve en el lado oscuro. El tercer personaje en el que se sostiene el argumento es el interpretado por Rachel Weisz, una policía católica con problemas de remordimientos que acaba de sufrir la pérdida de una hermana gemela, interna en un sanatorio, por cuenta de un suicidio cuyo fundamento decide a investigar. La intuición le llevará a relacionar la muerte de su hermana con el trabajo del vendedor de reliquias John Constantine. La cena, os lo podéis imaginar, está servida...

El director, Francis Lawrence, consciente del producto que tiene entre manos trata de buscar sus señas de identidad en los encuadres rebuscados (divertidos al principio y que, en cierta manera, aluden al origen tebeístico de la historia), en la planificación de las escenas más ordinarias, pero se muestra más que ineficaz a la hora de definir el estilo genérico del film. No es cine de Terror porque no asusta. No es cine de Intriga porque el argumento queda claro desde el principio. No hay suspense porque nadie sospecha de nadie. No es cine de Aventura, en fin, porque a nadie le interesa la investigación. Con esta indefinición, y dado que las pistas/piezas fluyen por sí mismas y las interpretaciones sobre las mismas parecen escritas de antemano, a los guionistas y director únicamente les queda el recurso del humor (sutil) para conjugar con menos brío que intención los diferentes elementos (algunos interesantes: la dirección artística, su juego cromático, el carácter descreído de alguno de sus personajes en oposición con el carácter devoto de la mayoría) que componen este, por lo demás, ultralitúrgico film.



La ineficacia de dicha conjugación deriva, claro está, en una cierta sensación de fatiga a partir de su primera media hora que desvirtúa su condición como cine espectáculo total. En ese justo momento, la historia nos deja de interesar, el ritmo se vuelve desangelado y los parlamentos de sus protagonistas promulgan una trascendencia que sus responsables creativos no saben contar en imágenes(algo parecido le sucedía a Matrix Reloaded).

Bebe de muchas fuentes (de Ghostbuster 2 a El Fin de los Días) y de todas destaca lo más efectista. Hay una muchacha que es víctima de una posesión que trepa por las paredes, salta sobre su cama, y repudia al exorcista con voz gutural y ojos embebidos de rabia (pero no es El Exorcista); también hay ángeles alados y demonios feos en una lucha sin cuartel en nuestro paraíso terrenal (pero no es Ángeles y Demonios). De hecho, se parece más a Cielo sobre Berlín, City of Angels o, sobretodo, a Sin Noticias de Dios de Agustín Díaz Yanes, que a cualquiera de las referidas, fundamentalmente por su condición descreída, algunos apuntes formales y el aire decadente-existencial del todo.

En fin, es suficiente: Constantine es una película sobre un tipo en busca de la redención de su alma en una tierra de nadie plagada de almas que dioses y monstruos pretenden arrebatar por doquier. También es una película superheroica que se muestra profundamente católica, incluso, reverencial en alguna de sus arquetipos (el sacrificio, la fe, la liturgia...) y, del todo punto, inhábil a la hora de hacer partícipes de una cierta comicidad/empatía a sus intérpretes. Si hubiera habido más talento y oficio de por medio, a sus responsables les hubiera quedado un estupendo y caro remake de la excepcional Vampiros de John Carpenter (con John Constantine asimilando el papel de Jack Crow, Rachel Weisz/Angela-Isabel el de Katryna y Beeman el de Padre Adam Guiteau). Así, nos conformamos con imaginar lo que debiera haber sido y no es, este irregular y mesuradamente disfrutable film de Francis Lawrence.

Lo más destacado: Que sabe encontrar un camino propio (y más o menos original) dentro del previsible (y cada vez más prescindible) terreno de las adaptaciones tebeísticas contemporáneas.

Lo menos destacado: Que Keanu Reeves no sea Robert Forster.

Calificación: 5.

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15/03/2005 20:28 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 7 comentarios.

Fauna

Todo ocurre a través de una ventana.

Los héroes ganan las batallas y se quedan con el mejor de los botines. Ellos escuchan la música, su música, y esparcen su melena al viento. Besan a la chica, de tu parte, y cabalgan contra el ocaso poniendo fin a una aventura. Saben que el público les quiere. Saben, claro, que paga(rá) por verlos.

Los otros también saben aunque no son sabios. Conocen las llaves de la manipulación y se entregan a ella sin miramientos. Son alquimistas: convierten el Arte en dinero. También son magos, sí, pues hacen magia: de otro modo no se explica que alguien pague lo que paga por ver a ya sabéis quién haciendo amigas en las cárceles de Tailandia, y pueda dormir sin remordimientos. Ay.

Luego estamos nosotros. Los listos. Sabemos tanto de Cine que hacemos de cada crítica una aventura literaria, de nuestros parlamentos y textos una doctrina que seguir. Nuestra profesión es sólo una afición y de ella hacemos partícipes a nuestros lectores. Creemos, ya véis, que tenemos lectores. No sólo nos puede el orgullo sino también la vanidad y el exceso de ego. Firmamos nuestras críticas y las ponemos estrellitas, tomates o números. También dormimos a pierna suelta.

Todos (ellos y nosotros) adquirimos nuestro sentido entorno a él.

Sí. Él.
17/03/2005 20:31 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 7 comentarios.

Animal Attack Movies.

Estreno nueva sección: Las Constantes en el Cine de Género, un epígrafe que tendrá por objeto categorizar a nivel conceptual los diferentes arquetipos definitorios del mejor y más gozoso cine de género. Os dejo con las Animal Attack Movies:

Lo comentaba en el Artículo Semillas de Maldad: Los niños malvados del Cine de Terror que los veteranos del Cronicón ya conocéis: El Cine puede generar horror incluso de sus arquetipos más inocentes. Es más: gusta de recrearse en un juego de ascendencia demiúrgica consistente en hacer tremendamente verosimil la propuesta más inverosimil. La Animal Attack Movie se basa en este plantamiento cuando consiente sobre si misma la existencia de pájaros, pulpos, arañas, abejas, ranas, serpientes, gatos, perros, ballenas, mosquitos, cucarachas, grizzlies, dragones de Komodo, búhos, monos, murciélagos e incluso babosas con extrañas fijaciones asesinas que no sólo per/revierten el status quo terrestre sino que promulgan un protagonismo inusual en estas lides biológicas. Es un subconjunto conceptual dentro del cine de terror, además, liberado de las servidumbres de la religión, la fe o a la duda existencial, con lo que únicamente apela a la sorpresa para justificar su punto de partida y al exterminio sistemático y ordenado de los pobladores de una tranquila y próspera ciudad (costera o no) para poner término a su plantamiento.

Como se ve, el miedo tiene aquí su origen en la irracionalidad, en el carácter arbitrario e inexplicado del comportamiento animal. La atribución de poderes/comportamientos humanos a estos animales altera dicho componente irracional (definitorio de filmes-arquetipo como Los Pájaros o Tarántula), y los aleja, irremediablemente del terror propiamente dicho, arrimándolos a otros subgéneros que también cuentan con un alto grado de aceptación entre el público (La aventura romántica: King Kong; la acción científica: Deep Blue Sea; el suspense premeditado: Tiburón) y que también constituyen una subcategoría en este conjunto conceptual de ascendencia prolífica que, sin embargo, se remite con demasiada urgencia a sus arquetipos y constantes.

El Escondite: Juegos Perversos

Exiliado Hitchcock de la actualidad del suspense oficialista por obvios motivos de salud, las décadas de los ochenta y noventa quedaron huérfanas del cuidado de algún autor que renovara las expectativas de un género que, fundamentado con exclusividad en los códigos del macguffin, dejaba demasiada libertad a la trampa narrativa, y ninguna a las derivaciones subrepticias que elevaban el interés por el Cine de Hitchcok hasta límites objeto de adoración y/o culto.

Debido a la rápida amortización comercial de sus propuestas, no tardaría en convertirse en el género favorito de los artesanos de mayor futuro (Curtis Hanson: Bad Influences; Wolfgang Petersen: La noche de los cristales rotos; Barbet Schroeder: Mujer Blanca Soltera Busca), mientras el propio mercado cultivaba la necesidad de un sustituto que la prensa poco ilustrada no tardaría en atribuir con más oportunidad que acierto a mecanicistas como Shyamalan o Amenábar (dos excelentes narradores, dicho sea de paso). Ahora ya sabemos que el puesto sigue vacante, precisamente, porque el talento es inclonable. Mientras tanto, productos como este “El Escondite” sobreviven en las carteleras mundiales con un relativo éxito lo que garantiza al género una continuidad al margen de su valor (objetivo) en el campo de la creatividad y la expresión artística.

El escondite es un ejemplo más que paradigmático de este cine de suspense actual, sustentando en un millar de trampas narrativas, una sorpresa (por esperada) poco sorprendente y un final estruendoso que pone decibelios y códigos morales reparadores donde debiera haberse cristalizado el terror más absoluto. No es un mal film, por descontado: generoso en el apartado formal (en la linea del Darkness de Balagueró pero sin su contundencia), considerablemente entretenido por cuenta de las situaciones que plantea (desde el célebre amigo invisible de su premisa a la referencia sucinta a alguno de los mitos de la literatura victoriana que definen su parte final) y con una duración y dirección ajustadas que en ningún momento permiten que el espectador baje la guardia.

Hide and Seek (a.k.a.: El Escondite; es lo mismo pero no es lo mismo, ¿verdad?) nos introduce en la vida de una familia, compuesta por una niña de 10 años y un padre con rostro de Robert de Niro, justo el mismo día en que asisten al suicidio de la madre de la primera y esposa del segundo, y el cambio drástico y doloroso que provoca dicha muerte en la cotidianidad de ambos. La niña ha apostado por el silencio para sobrevivir al duelo y el padre, que no ha sabido prever el suicidio, tratará de impedir, a toda costa, que su hija conviva con el estigma de un drama así (de hecho, la progresión del argumento reflexiona, sarcásticamente, sobre esta idea: la de un padre, un psicólogo –seguramente exitoso dado el tren de vida que insinúan sus casas y decisiones- que se ve claramente incapaz de conseguir que alguno de los miembros de su familia haga de la estabilidad psicológica una práctica rutinaria). Instalados ya en el campo, la niña comienza a despreciar sus muñecas a cambio de la compañía de un nuevo confidente, Charlie, un amigo invisible al que le gusta, no sabemos porqué, el detectivesco juego del escondite.



El escondite es cine de suspense, en fin, provisto de algún susto sonoro y cierto grado de inquietud (creciente pero mesurada) que, sin embargo, se resuelve como una serie B al uso que defraudará a todos aquellos que esperen de este correcto producto una perorata de ascendencia shyamalista pero que, sin embargo, satisfacerá a todos y cuantos se acerquen al cine para pasar un buen rato de suspense, artificioso, rutinario y políticamente correcto.

Lo más destacado: la madurez interpretativa de la joven Dakota Fanning, en absoluto, sobrepasada por el entorno, temática y compañeros de reparto.

Lo menos destacado: el talante alimenticio (y desnaturalizado) de las interpretaciones de Robert de Niro, Elizabeth Shue y Famke Jansen.
23/03/2005 20:16 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 4 comentarios.

Palabra de Kubrick

2001 es una experiencia no verbal; de dos horas y 19 minutos de película, sólo hay un poco menos de 40 minutos de diálogo. Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Como diría McLuhan, en 2001 el mensaje es el medio. Quise que la película fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al espectador a un nivel interno de conciencia como lo hace la música; "explicar" una sinfonía de Beethoven sería castrarla levantando una barrera artificial entre la concepción y la apreciación. Eres libre de especular como quieras acerca del significado filosófico y alegórico del film -y esa especulación es una indicación de que ha triunfado en llevar a la audiencia a un nivel más profundo- pero no quiero trazar un camino verbal para 2001 que cada espectador se sienta obligado a seguir o incluso tema haber perdido el hilo. Creo que si 2001 triunfa, es en llegar a un amplio espectro de gente que no había tenido un pensamiento sobre el destino del hombre, su papel en el cosmos y su relación con más altas formas de vida. Pero incluso en el caso de alguien que es más inteligente, ciertas ideas encontradas en 2001 pueden, si se presentan como abstracciones, caer a menudo sin vida y es automáticamente asignado a la oportuna categoría intelectual; experimentado en un contexto cinematográfico visual y emocional, sin embargo, tocan la fibra más profunda de la existencia de cada uno

25/03/2005 20:04 Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 4 comentarios.

El Hundimiento: La agonía del monstruo

Dentro del imponente catálogo de biopics sobre personajes de una relativa trascendencia histórica que pervierten las carteleras en la actualidad, la osadía de adaptar la vida de un tipo tan desagradable y adusto como Hitler no hace más sino introducirnos en el carácter especialísimo de esta película, en su clara disposición a película expuesta, realizada a contracorriente y, evidentemente, trascendental. Más y cuando faltaba una obra definitiva sobre el tema.

Esto es lo que pretende ser El Hundimiento, ya os lo podéis imaginar, al menos, pretende serlo sobre los últimos días del genocida en un búnker de Berlín preñado de azulejos y aduladores, de desencanto y frustración.



La película tiene dos referentes literario-biográficos de los que toma su punto de partida: por un lado, el libro de investigación historicista “El Hundimiento: Hitler y el final del Tercer Reich” de Joachim Fest, y de otro: “Hasta el último momento: La secretaria de Hitler cuenta su vida” de Traudl Junge. A través de esta última (cuyas declaraciones reales protagonizan el prólogo y el epílogo del film), nos introducimos en el entorno de Hitler, en medio de una selección de personal en que un puñado de entusiastas candidatas se disputan el puesto de secretaria particular del Führer. A partir de ahí, y aunque el principal hilo conductor de la historia sigue siendo la mirada entre inocente y cándida de la mencionada Traudl Junge, Bruno Ganz (transmutado por cuenta de su talento en la reencarnación humanizada de Hitler) comienza a dar rienda suelta a sus parlamentos y citas, a su mirada turbadora y sus gestos estudiados, y altera el carácter coral de la película hasta adueñarse de ella en su totalidad. Mientras tanto y para compensar semejante despliegue interpretativo, nuestra retina se queda con una de las secuencias más escalofriantes del cine contemporáneo: la que protagoniza una Magda Goebbles, embebida de nacionalsocialismo y enajenación, administrando personalmente y con alevosía, las dosis de cianuro necesarias para acabar con la vida de sus cinco hijos.

El cineasta Olivier Hirschbiegel, autor de la interesante El Experimento (con quien comparte más de un elemento en común), se recrea en la apariencia documental de la historia, en la disección quirúrgica de unos personajes llevados al límite y de forma inexorable por voluntad y méritos propios, pero fracasa en tanto no puede o no sabe convertir el verismo inherente a semejante despliegue y ambientación en Cine, en substancia cinéfila inolvidable.

Así las cosas, el tempo narrativo se ve claramente saboteado por la estructura de la película que teniendo como eje central el hundimiento del Führer (el guía) y de todo lo que representaba (política e ideológicamente) pretende hacer más accesible su entramado adentrándonos en las vivencias de una serie de personajes (más o menos anónimos, más o menos anodinos) que pululan a su alrededor (La camarilla de Generales aduladores; Goebbles y familia; la traición oportunista de Himmler) o en la devastada ciudad (un niño perteneciente a los juventudes hitlerianas y un médico de la GESTAPO encontrándose de bruces frente a los horrores de la Guerra) de forma aleatoria, con una exigua continuidad dramática y graves síntomas de arritmia. Son intrahistorias desestructuradas y desposeídas de una conjunción dramática, pues, que resta enteros (como film) a El Hundimiento de Hirschbiegel pero le otorga un gran valor como documento historicista. El problema es que estamos en presencia de una película no de un documental y que los espectadores están acostumbrados (quizá mal acostumbrados) a otros ritmos y texturas a la hora de afrontar el visionado de una película de 152 minutos.



La desnuda ambientación de la cinta (sin artificios –porque artefactos sí hay- ni ornamentos pero gratamente honesta en sus planteamientos) y el excelente trabajo de los actores quedan minimizados, en fin, ante el desequilibrio de una película que quiere ser ejemplificadora y definitiva y se queda (que no es poco) en un retrato decadentista (la agonía del régimen se extiende a la agonía de la propia ciudad) y patético (representado en el convencimiento de Hitler en el éxito de un contraataque ilusorio pergeñado contra los soviéticos al mismo tiempo planificaba su propio suicidio) de un pueblo condenado por alguien que creyéndose el más ambicioso de los hombres no supo ni quiso evitar convertirse en el tipo más odiado del planeta.

Lo más destacado: el trabajo de todos sus actores, en especial, Bruno Ganz; su gélida y acertada dirección artística; el verismo de la película en general.

Lo menos destacado: la falta de garra de toda la cinta a pesar de los temas y subtramas que la conforman.

Calificación: 7
27/03/2005 10:50 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 10 comentarios.

Visiones 2005 y el Síndrome de Kubrick

El otro día me comunicaron oficialmente que uno de mis relatos inéditos ha sido seleccionado para su inclusión en la antología “Visiones 2005” que se editará a finales de año por la AEFCFT. Me alegré profundamente. Es un relato que he escrito, reescrito, revisado, reinterpretado, reactualizado una infinidad de veces hasta que ha conseguido la forma, el sentido, el tono que juzgaba necesario para poderlo presentar a algún concurso o convocatoria. Es algo absolutamente inhabitual: primero porque nunca dispongo de tiempo suficiente como para realizar semejante ejercicio de autocomplaciencia; segundo, porque cuando comienzo a escribir cualquier historia la tengo tan enfermizamente planificada que el proceso de escritura se resuelve como un acto mecánico, rutinario, donde ya están previstos los errores (formales y conceptuales), los objetivos, el resultado. Una revisión es una cuestión impensable cuando te puede un orgullo cuya naturaleza se resume en la siguiente frase: no soporto que una de mis ideas sobrepase mi propia capacidad para plasmarla sobre papel.

Ese es el quid: una historia ha de gustarme plenamente. En fondo y forma. Lo exijo cuando critico y, naturalmente, lo exijo cuando me autocritico. Sin embargo, nada de esto era posible con esta idea. Cada vez que la finalizaba, más insatisfacción me producía. Empecé a escribirla en 1995 y cada tres años ha conocido de una versión diferente. A veces he alterado unas frases, otras veces su sentido completo. Nunca me gustó el resultado.

Comencé la última reescritura en febrero de este año, después de haber leído la decepcionante versión anterior y con el único apoyo de las notas de trabajo primigenias (una breve indagación documental y la escaleta del entramado) y alguna frase que estimaba significativa y que, ciertamente, me apetecía conservar. Esta vez sí, la historia fluyó por si misma.

He convertido un relato de quince páginas en una experiencia Kubrickiana. No tengo futuro alguno en el ejido de la escritura pero me impongo objetivos y se cumplen. Esta historia se lo merecía y me alegro. También apreté los dientes.

Pero siento estar tan cansado.
29/03/2005 22:51 Enlace permanente. Tema: Otros temas Hay 3 comentarios.

Un largo domingo de noviazgo: En las trincheras del Amor

El cineasta Jean Pierre Jeunet, (cuya lúcida filmografía revolucionara el cine europeo de principios de la década de los noventa con filmes de tan fascinante tono visual -y ritmo- como Delicatessen o La Ciudad de los niños perdidos; y que haría las américas consiguiendo una fusión perfecta entre el universo mercadotécnico del Alien de David Giler y Walter Hill y su propio universo creativo: sobrecargado, barroco y rimbombante), se acerca al entorno literario del Sebastièn Japrisot con la adaptación de Largo Domingo de Noviazgo, una película de amor y trincheras, de guerra y esperanza que retoma al arquetipo cinematográfico de Amelie no solo por la coincidencia de protagonista: Audrey Tatou, sino en cuanto a espíritu (optimista y alambicado), escenografía (personaje secundario de la cinta) y resultado (una gran película).



Largo Domingo de Noviazgo es sobretodo una película de personajes y de pequeñas gestas porque tan importante es la historia que actúa como leit motiv: la esperanza que promueve la investigación de una amada para demostrar que su novio -supuestamente ajusticiado en la contienda- no ha muerto, como el resto de historias que el desarrollo de la investigación va dejando a la luz: la de la viuda quejumbrosa que perdió en la guerra tanto a su marido como a su amante; la de otra viuda (vengativa) que va sembrando de cadáveres y desquites los campos de batalla de la posguerra (los prostíbulos y los comercios) a costa de aquellos que posibilitaron la muerte del suyo...

La película se compone de diferentes pistas y rastros, literariamente muy jugosos pero cinematográficamente más discutibles, que alargan y desarman una y otra vez las indagaciones de la protagonista, cuyo devenir se frustra o emociona en función de una carta, un nombre, un acertijo, un recuerdo, una entrevista, una corazonada. La historia está bien narrada (literalmente) y escrita, y oscila entre la autocomplacencia y el cine de intriga, el bélico y el romántico, la tragedia y la comedia surrealista, pero destaca, sobremanera, por la composición colorista de cada una de sus secuencias, la planificación marciana de cada una de ellas, el autoconvencimiento de su autor de estar haciendo una obra diferente. Gracias a ese talento para narrar el artificio extravagante podemos disfrutar, a lo largo y ancho de todo el film, de las calles de la posguerra en un París preolímpico; de los trenes atravesando los campos de trigo; de un faro de ascendencia medemniana, de una trinchera ubicada en las mismísimas puertas del infierno.



El film de Jeunet acumula sobre su seno un gran variedad de planos adulterados en el ámbito cromático (interiores y exteriores), intrahistorias divertidas (la relación de la protagonista con sus tíos; los derrapes del cartero...), metáforas de ascendencia poética (el uso retórico del Albatros; el pañuelo en la mano herida, las letras en el árbol calcinado). Planos tan bellos y atinados que nos cuesta darnos cuenta de que estamos en presencia de una gran tragedia: la que provoca la guerra sobre aquellos que la sustentan con sus vidas, futuros y corazones. La que viven aquellos que sufren las consecuencias del campo de batalla más allá de las servidumbres de las trincheras y los generales.

No lo he dicho todavía: es una película de la Primera Guerra Mundial... pero no tiene mucho que ver con Senderos de Gloria o El Barón Rojo o Gallipolli o Capitán Conan. También es una película de una viuda que espera el retorno de su amado... pero no es El Regreso, Sommersby, El invierno de las Anjanas o Los otros. Es, simplemente y en fin, una película de Jean Pierre Jeunet: técnicamente impecable; visualmente arriesgada; conceptualmente transgresora.

Lo más destacado: el (personalísimo e) intransfirible universo de Jeunet y el (provocador) surrealismo de alguna de sus escenas.

Lo menos destacado: la confusa intriga (de capas de cebolla) que conforma el eje central de la historia.

Calificación: 7,5
30/03/2005 23:14 Enlace permanente. Tema: críticas Hay 9 comentarios.


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