ROMA: Están locos estos romanos

Defenestrada por el capricho del televidente de a pie, demasiado cansado a estas horas del día como para detener su intelecto más allá de las trivialidades impostadas, del esperpento redundante y prescindible que domina el medio televisivo (y por ende, las audiencias y el share), la superproducción Roma ha pasado de puntillas por ésta nuestra actualidad catódica hasta el punto de convertirse en la gran olvidada de la temporada, posiblemente en el mayor fracaso de audiencia de los últimos tiempos.  

 
Pero no parece habérselo merecido,  y es que esta primera temporada se ha caracterizado por una despliegue técnico-artístico poco más que deslumbrante, capacidad inusual en estas lides catódicas que ha permitido al director de fotografía jugar con las texturas y el aspecto cromático de la obra,  y al director de cada capítulo, usar a su antojo las luces y las sombras al objeto de componer una obra dramática de aires expresionistas que además de atractiva, mantiene una absoluta coherencia formal con todo lo narrado.

 
Es esta ambientación, digo, la gran baza con la que cuenta esta historia,  rodada en Cinecittá,  que pierde un agradecido tiempo en presentarnos el día a día de los habitantes de la gran capital del Imperio Romano, introduciéndose en sus tabernas, foros, mercados, plazas, circos,  templos de culto, hogares... y haciendo de todo ello un gozoso entorno contextual y didáctico acerca de una organización político-social cimentada,  huelga decirlo, sobre el trabajo de las castas inferiores y/o los esclavos. 

 

 

Pero esto, que es mucho, es lo de menos en una serie, Roma, que no renuncia a su condición de ficción televisiva y por ello, que debe y sabe manejarlos  resortes del ritmo, contener la emoción, mantener el interés de la intriga semana en semana, hacer del siguiente capítulo una experiencia ineludible y de su conclusión, aún conocida, una respuesta diletante y liberadora.  Y todo eso lo consigue ROMA, a pesar de buena partes de sus propuestas quedan enterradas bajo el lodo de una estructura coral que debe cubrir demasiados frentes, también políticos, y demasiados años (aunque no lo parezca), sin que llegue nadie a explicar las motivaciones que asolan a los personajes, quedándose sólo en los actos, en la anécdota, entendiendo la trama (sobretodo la política) desde una perspectiva cuasi-periodística (incluso de periodismo amarillo), que la despoja, pues, de buena parte de la  sustancia dramática que debería protagonizar una ficción de semejante trascendencia histórica.

 
Interés trágico-dramático que sin embargo, si "anima" el día a día de los dos protagonistas, digamos reales, de la serie: Lucio Voreno y Tito Pullo, basados en personajes reales (sendos centuriones nombrados por César en uno de sus libros-testimonio), transformados aquí en una suerte de pareja de hecho, centurión y legionario,  inseparables y nobles amigos que,  al igual que le sucedía al bueno de Forrest Gump,  se convierten en inesperados testigos e, incluso, en personajes de una extrema relevancia (especialmente delirante en este sentido es el papel atribuido de Tito Pulo en varios capítulos) en la resolución de buena parte de cuantas subtramas componen esta interesante primera temporada.

 
La acción queda así concebida como una simple sucesión de hechos, aleatoriamente explicados, sumergidos en un entorno fascinante en donde tienen cabida, a) disputas entre familias rivales comandadas por sendas arpías adictas a la conspiración pública, b) complots fraticidas entre patricios estrategas al mando del ejército más profesionalizado de la historia, c) retazos de leve confrontación política

Y d) alguna generosa ración de sexo, transgresión social y violencia. Caracteres estos también definitorios de un espectáculo televisivo sustentado sobre un armazón, a todas luces,  irresistible.

 
Lo más destacado: el trabajo de unos actores cuya caracterización y rasgos se aproximan, y de qué modo, a los estándares romanos.

 
Lo menos destacado: las elipsis temporales, abundantes y desprendidas, restan progresión dramático-lógica a la subtrama política.

 
Un deseo: Ya supongo que la segunda temporada debería versar, en justicia, sobre la sucesión de Cayo Julio César por parte de Octavio, Bruto y Marco Antonio. Pero, qué narices, a uno le gustaría ver un spin off con Cleopatra...

 
Calificación: 7,5

19/01/2006 20:59 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: críticas.

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Autor: Dr. Strangelove

Buen análisis y certero. Coincido contigo plenamente. Sólo le pondría un pero. No hay protagonistas que empujen la compleja trama argumental y ninguno de los personajes cae simpático, son todos ruines, egoístas, ambiciosos... A pesar de todo magnífica serie. Si nunca la reponen estaré orgulloso de haberla grabado.
Por cierto Julio César fue uno de mis primeros pacientes. Que descanse en paz.
Saludos

Fecha: 20/01/2006 07:34.


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Autor: txolo

Yo no creo que haya sido una serie que haya pasado de puntillas. Teniendo en cuenta que la ha emitido un canal nuevo, ha tenido muchos seguidores, pasando del millón en más de una ocasión. Además ha sido junto a "Noche Hache" lo más visto del nuevo canal.

Fecha: 21/01/2006 14:03.


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Autor: Manuel Márquez

Enhorabuena por tu magnífico comentario acerca de una serie cuya valoración positiva (acerca de la cual tuve ocasión de incluir un suelto, dentro de un artículo sobre Varietés artísticas, en mi blog hace ya algunas fechas) comparto plenamente contigo, si bien con un único matiz: puestos a pedir un spin-off con garantías de plena solvencia, la pieza a cobrar no es Cleopatra, sino Atia; la mujer completa, lo tiene todo, y nada es bueno. Ideal...

Un cordial saludo.

Fecha: 21/01/2006 14:49.


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