Desde el infierno
Todo esto viene a colación precisamente porque acabo de volver a ver Spiderman 2. Los más veteranos lectores de este Cronicón Cinéfilo, recordaréis la crítica y la valoración, más bien despiadada (en comparación a lo que se destila en un garito virtual, éste, acostumbrado a cohabitar con el panegírico), sin duda, por debajo de sus verdaderos méritos (que son muchos: lo sabía entonces y lo repito ahora) y cualidades. Este nuevo visionado subscribe (podía no haberlo hecho, no creáis: la segunda vez suele ser de índole crítica) todas las virtudes comentadas en aquel entonces y subraya alguna más evidente, como por ejemplo el hecho incuestionable de ser un más que digno producto de entretenimiento familiar a todas luces dominado por la lucidez narrativa, incluso en aquellos momentos de fastuosa (y tantas veces incontrolable) y muchas veces prescindible acción pirotécnica.
Esa cualidad, justamente exigible a este director (y no, por ejemplo, a Rob Bowman o Poul Anderson), demuestra que el acomodo sigue, sin embargo, fagocitando buena parte de su talante transgresor, de su condición de heredero contemporáneo del mejor Tex Avery, cualidades que demuestra, y de qué manera, en la necesaria e ineludible secuencia de la matanza del quirófano: tres minutos de gozosa trasgresión formal donde el bueno de Raimi recupera la cámara subjetiva, el montaje simbólico, primario, cuasiexpresionista, la planificación fragmentaria y efectiva, el humor negro de complicidad irrestible (“¿Hay algún mecánico en la sala?”, comenta un cirujano armado de una sierra quirúrgico-industrial momentos antes de amputar los implantes maquinales del Dr. Octopus), puro cartoon de ascendencia bizarra que, directamente, toma sus fuentes de la propia cinematografía de Raimi y, en concreto, de sus dos mejores productos: El ejército de las tinieblas y Darkman.
En esta secuencia, también de aires Cronenbergianos (por cierto, protagonizada por el más cronenbergiano de los antagonistas de Spiderman), Raimi nos da una buena muestra de lo bien que sabe hacerlo cuando deja de lado el compromiso con lo previsible, con lo que sus productores esperan de él como inocuo satisfacedor de gustos prefabricados, de historias inanes y complacientes.

Es un momento cinéfilo brillante, imprescindible, que traiciona en parte al resto de la película, que sabotea su esencia primigenia (por fortuna) para recordarnos que tras ese espíritu aparentemente acomodado ruge el gemido de una bestia que pretende escapar de la trivialidad... que trata de salir del Infierno.
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Autor: John Trent
La escena de la que hablas me parecio muy buena y si que tiene ese toque Raimi de antaño, con la camara alocada y la violencia en cada plano (aunque no haya gore).
Fecha: 23/01/2006 16:07.










