La Casa de las Dagas Voladoras: Esteticismo romántico
Identificar y capturar al nuevo Jefe del Clan de las Casa de las Dagas Voladoras se convierte en la prioridad de los cuarteles del ejército de Fen Tiang. Alentados por la recompensa que conllevaría su captura, dos de los oficiales del acuartelamiento idean un plan: apresar a una de las notables del clan opositor, la hija ciega de uno de sus antiguos jefes, y forzar de ella una confesión que permita localizar su paradero. La testarudez de la mujer, sin embargo, hará que los captores improvisen un plan alternativo: uno de ellos la liberará de la prisión, se ganará su confianza y escapará con ella buscando que la huida les lleve al lugar donde se oculta el grupo rebelde.
El viaje, sin embargo, no ha hecho más que empezar y liberada y libertante se pierden en un bosque colorista, hostigados por una caterva de perseguidores ávidos de presas; campo de cultivo ideal, ya veis, para la cristalización de una historia de amor furtiva, que pone en riesgo las misiones de ambos y que, en último término, cuestionan su posicionamiento en un conflicto que no permite el desahogo emocional, el disfrute pleno del amor.

La Casa de las Dagas Voladoras es una película, a priori trivial y previsible, que, jugando con el tópico de la pareja que huye, se transmuta por cuenta de un guión adicto a los giros inesperados, en una orgía de golpes de efecto y resoluciones de culebrón, sabiamente sazonadas con secuencias de índole refulgente que tratan de dotar de apostura y factura relevante a esta película de artes marciales, a este wuxia travestido de cuadro pictórico-colorista, cuya apariencia remite, ineludiblemente, a Hero, la anterior película de Zhang Yimou.
Y es que, si algo caracteriza a este trabajo, es su cuidada realización, la búsqueda insobornable de una estética personal y preciosista, capaz de hacer de cada plano y secuencia, una experiencia visual deslumbrante, gozosa, seductora. Aspectos filo-visuales que el bueno de Yimou aprovecha, de manera más inspirada que en Hero, para desajustar los ritmos habituales de este tipo de producciones, y recrearse en los nobles hábitos de la conversación, muchas veces solaz, otras veces redundantes y mejorables, pero que sin embargo sirven para dar cuerpo y fuerza a este triángulo amoroso de aires trágicos imbuido en una historia bélica que queda siempre, y se agradece, en segundo y tercer plano.
Embebidos de policromía y lirismo, pues, los personajes rehuyen su condición de arquetipos previsibles, ocultando una doble vida, una intención diferente de aquélla que dicen seguir o venerar, dando fondo y sustancia a un argumento entretejido sobre la base del engaño pero también sobre la dicotomía existente entre el compromiso y el deber, entre el amor subyacente y el deseo de libertad, dejando un reducto, por supuesto, para el wuxia sobrenatural, donde las dagas vuelan dibujando caprichosas trayectorias y los cazadores se encaraman sobre los árboles de bambú para obtener el mejor ángulo de sus presas.
Eso es lo que también hace, en fin, Zhang Yimou: revestir de preciosismo una historia simple pero disfrutable, esencialmente bonita aunque trágica, para dotar de forma y contenido deslumbrante a esta película acertadamente titulada, La Casa de las Dagas Voladoras.

Lo más destacado: sus diez primeros minutos, dominados por la belleza incontenible de Zhang Yimou.
Lo menos destacado: que algunos de los diálogos no estén a la altura del cuidado extremo que caracteriza al resto de los apartados creativos presentes en el film.
Calificación: 8
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Autor: Andolini
Fecha: 03/03/2006 12:54.
Autor: Agente Cooper
En otro orden de temas, "El nuevo mundo" de Malick también se las trae. La película más soporífera y fallida que he visto en años.
Fecha: 03/03/2006 17:28.
Autor: Roberto
Me da la impresion de que Yimou se cansó hace mucho tiempo de remar contra la corriente. Lo cierto es que le entiendo.
Saludos
Fecha: 05/03/2006 18:34.
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Autor: sazmann
Fecha: 20/04/2006 13:27.










