Cypher: Identidades virtuales

 

Sullivan se aburre: su mujer ya no le quiere y su trabajo lo detesta. Es lo que tiene ser contable cuando se ha nacido para propósitos antitéticos. Por eso acepta explícitamente una nueva oferta: trabajará para una gran corporación informática como espía industrial. En cierto modo, le apasiona la idea de escapar de su previsible existencia para sumergirse en un mundo adrenalínico donde tendrá oportunidad de conocer a femme-fatales rebozadas de misterio, dar buena cuenta de sus interminables cigarrillos y vasos de whisky, presumir de su recién descubierta pasión por el golf, codearse con otros tipos que, como él, asisten a las convenciones ocultando una doble identidad...

 

Pero esto solo es el principio: luego vienen las pastillas de colores, los lavados de cerebro, los antídotos color verdoso y los escenarios virtuales y la trama de Cypher se enmaraña y lo que parecía ser la historia de un arquetipo kafkiano sometido a los rigores del cambio laboral acaba convirtiéndose en un tech-noir donde nada es lo que parece y donde las grandes corporaciones informáticas conspiran por dominar a sus oponentes en una guerra soterrada entre empresas que llevan sus maquinaciones hasta el extremo, llegando a cuestionar, a poner en duda, incluso, la realidad (incierta) que acoge a nuestro protagonista.

 

Una atmósfera densa y una puesta en escena minimalista (no tanto como Cube, claro), le sirven a Vincenzo Natali (un director personalísimo y, a ratos, extraordinario) como ingredientes formales necesarios para construir un thriller de espías ultramoderno y fascinante, donde la dosificación de la información juega un papel determinante a nivel narrativo (de nuevo, volvemos a remitirnos a Cube y eso significa coherencia) que permite dar buena cuenta de la pericia expositiva del cineasta, de su talento, sobre la base de un relato paranoico sostenido sobre una estructura de cajas chinas.

 

Punto de partida suficiente para que Natali convierta una guerra de guerrillas entre empresas informáticas a lo William Gibson, en una experiencia metafísica que haría las delicias de Philip K. Dick en una historia que cuestiona constantemente los límites de la realidad a través de su principal fuente de captación: la percepción.

 

Cypher, en fin, se encuadra en un subgénero, el cine de espías, adaptado a los tiempos que corren (donde no hay naciones que pueden competir con sus oponentes de igual a igual pero sí compañías informáticas con un potencial suficiente como para dominar el mundo a su antojo) y llevando sus propuestas hasta el paroxismo. Pero también es una obra compleja y absorbente, una cinta de cine negro adaptada a los tiempos que corren,  construida  sobre la base de un guión pluscuamperfecto, vanguardista, multigenérico, que en el último momento se desmarca por una  inesperada tercera vía, esta vez  romántica, que termina por definirse como verdadero hilo conductor y leitmotiv de un argumento, pues sí, definitivamente apasionante.

 

Lo más destacado: la secuencia del lavado de cerebro: uno de los mejores momentos de la ciencia ficción contemporánea.

 

Lo menos destacado: que la (compleja) intriga informática reste espectadores (ab initio) a esta magnífica reivindicación del cine de género de perfil alto. 

 

Calificación: 9

06/07/2006 22:19 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: críticas.

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Autor: John Trent

Aunque Cube me parece bastante recomendable, aun no me ha dado por ver este Cypher, que en cierto modo se puede decir que me da pereza, pese a la cantidad de buenas criticas, incluida esta, que he leido sobre ella.

Fecha: 10/07/2006 21:00.


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