¡Ándale con las nominaciones!
Salma Hayek presentaba, no por casualidad, las nominaciones a los Oscars con la sonrisa de aquella que se sabía emocionalmente recompensada de antemano si no con un reconocimiento personal (dietas aparte) sí con el reconocimiento de aquellos a los que representa y/o, en su defecto, quiere. Lanzó un exabrupto exagerado, como estaba en el guión, por la nominación de Penélope Cruz, cuya carrera y cuenta corriente se presumen más que envidiables, y se sintió satisfecha del éxito de algunos de sus compatriotas, en especial, de Alejandro González-Iñarritu, director de una cinta magnífica desde cualquier punto de vista: Babel.
No cabe duda de que el ceremonial Hollywoodiense se ha convertido en una plataforma ilusoria de expansión y vindicaciones multiculturales donde incluso los negros o los inmigrantes hispanos obtienen su parte del pastel (con todo lo que representa en las condiciones políticas actuales). Es una ficción, claro, porque estamos hablando de Cine pero representa un antiguo ideal en el que incluso los sueños más inverosímiles, de repente, parecen conquistables... incluso para las minorías (minorías en cuanto a su relación con los cetros de poder, se entiende).
México, sin duda alguna, singulariza los mimbres patrióticos de esta (re)conquista. El trío de cineastas encabezado por Iñarritu y secundado por el talento y talante de Cuarón y Del Toro (respectivamente), lideran una revolución eminentemente transgresora: su Cine no solo NO renuncia a su calidad de espectáculo de masas, sino que se ve impregnado de un cierto toque autoral, asimilable (aunque no equiparable... todavía) a la Generación de los Setenta. Es un Cine que fusiona los intereses del autor, productor y espectador en un único contenedor, una obra cinematográfica, capaz de llegar a un amplio espectro poblacional... y dejarlo satisfecho.
Es una Revolución, ya lo digo, cuya génesis puede perpetrase a finales del próximo mes de febrero. Yo no la veré y como siempre, prometeré no hablar de ella y, también como siempre, negaré esta promesa preso de la indignación provocada por la concesión de un premio importante a una película tan mejorable e irregular como The Departed. No digo que Scorsese no merezca el reconocimiento mediático que otorga la dichosa estatuilla pero, con pocas dudas, debería obtenerlo con un vehículo con el cual pueda sentir el orgullo de merecerlo.
Aunque, vaya, tampoco está nada mal pertenecer al mismo club que Hitchcock, Tourneur, Lang, Frankenheimer... o Cuarón.
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Autor: REFO
Pero los Oscars son así. Un circo sin gracia y mucha pompa.
Fecha: 25/01/2007 10:54.
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Autor: J. P. Bango
Tengo la sensación de que harán justicia con Scorsese el año que menos se lo merecía. Ellos se lo pierden: nosotros ganamos a Cuarón... y una obra mayestática.
Fecha: 25/01/2007 22:25.











