Apocalypto: ampuloso delirio sobre la naturaleza humana y los miedos que la desvirtúan.
A Gibson le pone la provocación (y yo no iba a ser menos con el subtítulo que acompaña a este análisis): por eso se muestra rotundo en las propuestas y ensoñaciones que, de vez en cuando, financia para propugnar no ya los valores que lo definen como persona (más o menos resumidos en la defensa ultraortodoxa de los valores familiares de ascendencia cristiana) sino para construir (autoconstruirse más bien) una cinematografía hiperbólica y expuesta que, en ningún caso, deja al espectador indiferente, le guste o no lo que visiona.
Con esta premisa, poco hay en la película que nos recuerde su epitema central, una recreación de los últimos días de la cultura y civilización maya, y sí, mucho, de un cine absolutamente emocional pero adrenalínico, provocador pero desperfecto, que se define a través de la mezcla de géneros y artificios, de convenciones y arquetipos, en aras a conseguir un resultado con pretensiones autorales, sí, pero terriblemente desequilibrado y partidista; un resultado, decía, capaz de movilizar una opinión pública de índole dicotómica en la que tanto aduladores como detractores contribuyan (queriéndolo o no) a engrandecer el ego y, por extensión, la cuenta corriente de un director al que no le hace falta, ni mucho menos, instalarse en los impostados designios de la sobrevaloración como ya le ocurrió con Braveheart.
Como aquélla, Apocalypto es una película de aventuras esencialmente climática que no tarda en olvidarse de sus fuentes históricas para recrearse en la eterna lucha entre el perseguido y el perseguidor, entre los valores tradicionalistas y aquellos que lo ponen en riesgo para saciar la necesidad alimenticia (o no) del colectivo. Funciona a duras penas como film metafórico, con ese imperio decadente víctima de su propia voracidad, pero sí lo hace como viaje iniciático al interior de una civilización milenaria asfixiada por las intemperancias y la voracidad, protagonizado por un joven perteneciente al más idealizado de cuantos poblados mayas se atrevieron a describir los antropólogos/historiadores. Asistimos, en este contexto, a la cotidianidad de un grupo de cazadores (y sus familias) subsumidos en un bosque hostil pero generoso con aquellos que mantienen intacto su status quo. La irrupción violenta de un grupo de guerreros en el poblado, y el secuestro de todos los adultos con fines, digamos, litúrgicos, sirve como elemento desencadenante de todo lo que vendrá después: la peregrinación forzada al epicentro (urbano) de la civilización maya, y la persecución de índole vengativa que provoca la huida de uno de los capturados que a) por un lado, se niega a aceptar su condición de víctima expiatoria y b) trata de rescatar a su familia del pozo inmundo en el que se escondieron durante el asalto.

El argumento es tan simple como abrupto/apabullante su resultado en un film con pretensiones ejemplificantes que obtiene su mayor virtud de un clímax de más de una hora de duración sustentado en la eficacia de una persecución tal y como hicieran en su momento películas tan estimables como El Malvado Zaroff, La Presa o Depredador. Sin embargo, lo mejor de Apocalypto se oculta en los márgenes de la propia película, en algunos segmentos, directamente, extrapolados del cine fantástico (tal y como sucediera en La Pasión de Cristo), una especie de subtrama alternativa que comienza con un eclipse endemoniadamente rápido (y cuya exégesis fundamenta buena parte de los postulados hiperbólicos que definen a toda la cinematografía de Gibson), y que continúa con los vaticinios de una niña-oráculo que los guerreros encuentran en el bosque, a los pies del cadáver de su madre y como ella, víctima de una enfermedad seguramente contagiosa que, de repente, la hace presagiar todo y cuanto va a ocurrir en lo que queda de metraje, por ejemplo, el último elemento de género fantástico que define al film: la transfiguración del protagonista en un auténtico jaguar en la mejor tradición del cine de transfiguraciones animales y, en especial, al remake El Beso de la Pantera, una película que comparte con este Apocalypto su genuina condición de tripi cinematográfico.
Es decir: que pudo ser peor de lo que es.
Lo más destacado: su carácter absolutamente contracorriente, la utilización emocional de los escenarios y la coherencia con la que despacha sus últimas secuencias.
Lo menos destacado: su discurso maniqueo, el carácter estereotipado/idealizado de los personajes, su falta de equilibrio y de contención.
Calificación: 6
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Autor: Max Renn
No es fácil ver cine tan visceral ni tan poderoso. Gibson es un tipo atrevido que no deja títere con cabeza (para bien o para mal).
El paralelismo con "El beso de la pantera" me ha gustado.
Fecha: 08/02/2007 22:24.
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Autor: Alvy Singer
Fecha: 11/02/2007 01:38.
Autor: Aurora
Impresionante la fotografía y la banda sonora.
Yo os la recomiendo.
Fecha: 07/03/2007 00:42.










