Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.
Cuatro años
A todo esto, he pasado por el aniversario de este Cronicón casi sin darme cuenta. Y, ¡demonios!, este es el cuarto año en la red de redes.
Escribir es un acto solitario de concepción onanista que comporta un grado de satisfacción que dura más de cuatro segundos. Te permite descubrir caminos que nunca has recorrido, soñar con mundos idealizados, inventar quimeras autocomplacientes.
Ahora sé que también es un medio para amar al Cine. Cuánto me alegra haberle sido fiel durante todo este tiempo...
La analogía del árbol y el cineasta caducifolio
La analogía del árbol y el cineasta caducifolio: el texto
Enero cuesta siempre, más allá de las servidumbres derivadas del consumismo devastador. Es un mes de propósitos que poco a poco se van desvaneciendo, dinamitados por las interferencias, las dudas, los desvelos o la enfermedad. A febrero apenas llegan los aventureros y los insensatos, e incluso estos últimos tienen complicada su entrada lúcida en el mes siguiente, marzo, más que nada por que ya gastaron lo que les quedaba por gastar: su voluntad.
Abril, sin embargo, echa raíces al albor resplandeciente de unas ideas que brotan en primavera como las hojas de los árboles caducifolios y, como éstas, apenas si llegan al otoño afectadas por el frío del ambiente, es decir, por la indiferencia, construyendo en la superficie boscosa una especie de hojarasca intelectual cuyos restos se sedimentan en condiciones adversas junto a cortezas de decepción y astillas de fracaso.

A los cineastas que se presentan al público cebados por el impacto de sus primeras obras, les ocurre lo mismo que a los árboles caducos: se pervierten de verde, en cheque o en efectivo, en sus inicios y se pasan el resto del año o de su existencia viviendo de las rentas. Lo difícil, como veis, no es brotar sino permanecer íntegro ante el acoso del invierno y más aún, asegurarse un futuro en las lóbregas estepas de la vida en los márgenes de un río donde además de juncos y nenúfares habitan parásitos y depredadores con aspecto y modos de buitres, cuando no de gusanos... En realidad, el verdadero reto lo asumen los árboles perennes. Su fruto, en nuestro caso, su Cine se define como una carrera de fondo: no buscan tanto rellenar un estómago necesitante sino forjar una carrera indiscutible, más que eso, respetable.
Lo pensaba, claro, esta mañana en que mi sobremesa se sublimaba con las imágenes de una película de ideología detestable y apostura absorbente: El triunfo de la voluntad. Quizá Leni Riefensthal también se viera seducida por los poderosos encantos de los medios puestos a su disposición por un aparato ideológico al que debía defender y promocionar solemnemente. Supongo que con los años, mientras sus hojas y desconsuelos se esparcían por la sabana africana, la pobre Leni se hartaba de degustar, en su paladar octogenario, a qué sabe el desabrido presente de aquella que no quiso renunciar... cuando pudo.
Pero el tema iba de árboles y de metáforas, de acomodo y de ambiciones, de oportunidades perdidas y de carreras de fondo, de éxitos de un solo día y de fracasos continuados, de deseo encontrado y de anhelos perdidos, de bosques y de selvas, en definitiva, que dejan de serlo al abrigo de un cambio climático definido por la especulación y la codicia; precisamente hoy, ya veis, al que a uno le aprieta el comienzo de año y se siente, de repente, un híbrido desconcertante, mezcla de insecto y de planta, una especie kafkiana de árbol.
Pero para ser árbol, sea caduco o sempiterno, antes que nada hay que dejar de ser arbusto, qué digo arbusto, una semilla diseminada en este bosque impenetrable, a duras penas explorado, donde apenas a unos pocos osados... les llega el oxígeno.
Diez años no son nada... ¿o sí?
Diez años en la red de redes parece menos que una utopía para cualquier página personal e independiente con aspiración a no dejar de serlo. Pero esa quimera existe: y además se ha convertido en una más que gozosa referencia. Es El Sitio de Ciencia Ficción , que estos días está celebrando su décimo aniversario, y a cuya felicitación se suma este modesto blog, también con un artículo, éste,
De sueños y voluntades
(Especial Décimo Aniversario)Toda empresa surge del empeño de llevar a efecto una idea, generalmente, un sueño que, concebido en una fase de entrevela, se va despojando de su condición quimérica a medida que los pequeños pasos que definen sus inicios se van convirtiendo en grandes invenciones, aderezadas por el poderoso influjo de la retroalimentación y la recompensa emocional. Al principio, es una pretensión meramente egoísta: si uno se obliga a recopilar, catalogar, clasificar, reordenar o sistematizar una ingente cantidad de datos normalmente no lo hace por una simple razón filantrópica sino impulsado por las irradiaciones (delirantes) de la autocomplacencia al calor del aliento de aquel que se sabe pionero… y lo demuestra.
...cuyo contenido íntegro podéis leer en la portada misma de esta magnífica web que es El Sitio .
Enhorabuena, camarada.
Otro de los Inmortales
Es, claro, Humphrey Bogart...
"General, tenga cuidado con su hija. Ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo estaba de pie".
...El único actor del mundo capaz de enunciar este diálogo sin sumergirse en los cenagosos registros de la parodia.

Y, precisamente, por eso (y por un par de decenas de películas más) siga siendo un Inmortal.
The Leopard Man: Un Tourneur menor también es un clásico
Una de las películas más fascinantes de Tourneur...

...poseedora de alguna de las mejores secuencias rodadas por un cineasta (como la del primer asesinato) acostumbrado a rodar secuencias más que formidables...

...Los cinéfilos le debemos un reconocimiento crítico generalizado, sin duda alguna.

¡Ándale con las nominaciones!
Salma Hayek presentaba, no por casualidad, las nominaciones a los Oscars con la sonrisa de aquella que se sabía emocionalmente recompensada de antemano si no con un reconocimiento personal (dietas aparte) sí con el reconocimiento de aquellos a los que representa y/o, en su defecto, quiere. Lanzó un exabrupto exagerado, como estaba en el guión, por la nominación de Penélope Cruz, cuya carrera y cuenta corriente se presumen más que envidiables, y se sintió satisfecha del éxito de algunos de sus compatriotas, en especial, de Alejandro González-Iñarritu, director de una cinta magnífica desde cualquier punto de vista: Babel.
No cabe duda de que el ceremonial Hollywoodiense se ha convertido en una plataforma ilusoria de expansión y vindicaciones multiculturales donde incluso los negros o los inmigrantes hispanos obtienen su parte del pastel (con todo lo que representa en las condiciones políticas actuales). Es una ficción, claro, porque estamos hablando de Cine pero representa un antiguo ideal en el que incluso los sueños más inverosímiles, de repente, parecen conquistables... incluso para las minorías (minorías en cuanto a su relación con los cetros de poder, se entiende).
México, sin duda alguna, singulariza los mimbres patrióticos de esta (re)conquista. El trío de cineastas encabezado por Iñarritu y secundado por el talento y talante de Cuarón y Del Toro (respectivamente), lideran una revolución eminentemente transgresora: su Cine no solo NO renuncia a su calidad de espectáculo de masas, sino que se ve impregnado de un cierto toque autoral, asimilable (aunque no equiparable... todavía) a la Generación de los Setenta. Es un Cine que fusiona los intereses del autor, productor y espectador en un único contenedor, una obra cinematográfica, capaz de llegar a un amplio espectro poblacional... y dejarlo satisfecho.
Es una Revolución, ya lo digo, cuya génesis puede perpetrase a finales del próximo mes de febrero. Yo no la veré y como siempre, prometeré no hablar de ella y, también como siempre, negaré esta promesa preso de la indignación provocada por la concesión de un premio importante a una película tan mejorable e irregular como The Departed. No digo que Scorsese no merezca el reconocimiento mediático que otorga la dichosa estatuilla pero, con pocas dudas, debería obtenerlo con un vehículo con el cual pueda sentir el orgullo de merecerlo.
Aunque, vaya, tampoco está nada mal pertenecer al mismo club que Hitchcock, Tourneur, Lang, Frankenheimer... o Cuarón.
Videodrome en pdf
Con algunos días de retraso, os dejo el link donde podéis leer íntegro, con sus respectivos enlaces y mayor variedad fotográfica, el artículo de Videodrome en su versión pdf, reeditado y actualizado, naturalmente, para un lector como tú.
[Leer La extraordinaria historia de un hombre (re)programado por la televisión ]

DDC: Estirpe Goyesca
Estirpe: Popularmente, familia. Comunidad de hombres y mujeres unidos por razones sanguíneas. Los miembros de una estirpe o clan suelen perseguir propósitos que les identifica como un colectivo que, además, posee una idiosincrasia variopinta que les hace eternamente reconocible. La estirpe más recordada en el campo del celuloide de ficción es la de Corleone. En un ámbito más cotidiano suele servir para definir a los miembros de una familia de artistas, actores, cineastas. Muy de vez en cuando, también sirven para dar sentido al Síndrome del Parapeto cuando, por ejemplo, alguien envía a su hermano a ceremoniales de marcado carácter triunfalista donde siempre existe la posibilidad/riesgo de perder.
Rabieta: Lo que no se siente cuando a uno lo premian.
Pe: Apócope de Pene, Pecador, Perorata, Pesado, Película y cuantas palabras deseen redenominar con dicho aféresis. Últimamente toca Penélope, que además de ser una de la protagonistas de los Autos Locos también es el nombre de pila de una expresentadora de televisión que lleva desde hace años con la quinta marcha puesta persiguiendo el objetivo evidente de obtener, no exagero, la beatificación patria. También es sinónimo de éxito.
Toro: Símbolo ibérico por excelencia extrañamente asociado al despertar del Nuevo (y gozoso) Cine Mexicano.
Diferido: Dícese de aquellas emisiones, usualmente, deportivas cuyo sentido épico de desvirtúa por la acción insolente de un vecino sordo aficionado a la radio. En EE.UU, dichas emisiones persiguen que los senos de las cantantes afroamericanas se mantengan ocultos de la voracidad onanista de un adolescente ocioso. En España, persiguen que el personal se conecte a Internet cansado de aguantar los chistes impostados de los presentadores/invitados de turno. En ceremonias concursales, francamente, no sabemos muy bien que coño pintan.
Corbacho: allá Steve Martín. Dícese del presentador adicto a la parodia y al transformismo que, manejando con buen tino la suerte de la improvisación, se siente capacitado de convertir una emisión en diferido, previsible y condenada a la inopia, en un espectáculo dinámico, levemente solaz y atrevido. No siempre lo consiguen, pero se agradece el intento.
Goya: un reconocido pintor deminonónico que presta su apellido y estampa a los premios anuales de la Academia de... ¡Cine!










