Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007.

El hombre, el monstruo y el olvido

Esta tarde, devorado por la desidia, me tropezaba con el visionado de una de mis películas favoritas: El Hombre y El Monstruo (Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, 1931).


Pocas veces se recuerda al georgiano Rouben Mamoulian como el gran creador de Cine que siempre fue, director visionario, hombre orquesta, perfecto conjugador de talentos, cineasta innovador, inventor de fórmulas, re-elaborador de técnicas cinematográficas aún en uso.

 
Generalmente subyugado por el aviejamiento de su contenido conceptual (a pesar de ser uno de los maestros de lo implícito), el cine de Rouben Mamoulian, sin embargo, sigue estado plenamente vigente en el análisis de sus soluciones formales: planos subjetivos prolongados, pantalla dividida en dos, elipsis en transposición, transiciones sincopadas, planos circulares, profundidad de campo, superposiciones de planos, flashback oníricos, dirección de arte expresionista, montaje simbólico y narrativo... son algunas de las argucias técnicas diseñadas por Mamoulian para vencer el aspecto teatralizado y estático de las primeras películas sonoras.  

 
El Hombre y el Monstruo ofrece un catálogo documentado de todas estas técnicas, revolucionarias del todo punto en la producción norteamericana anterior a 1931, a las que añade un contenido conceptual en el que evoca la dualidad del individuo, provocado por la castración imperante en la sociedad que lo contiene,  como parte de un entramado repleto de erotismo y violencia. Un magnífico ejemplo de la breve pero apasionante cinematográfica de uno de los nuestros, de vez en cuando olvidado, cineasta maldito pero eterno:  Robert (Rouben) Mamoulian.

03/03/2007 19:31 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: cinefilia No hay comentarios. Comentar.

Un masaje en el pie

6. INTERIOR DEL ASCENSOR – POR LA MAÑANA

VINCENT: ¿Qué hizo? ¿Se la folló?

JULES: No, no, no, nada de eso. No fue nada tan malo.

VINCENT: ¿Qué pasó entonces?

JULES: Le dio a ella un masaje en el pie.

VINCENT: ¿Un masaje en el pie?

Jules asiente con la cabeza: «Sí».

VINCENT: ¿Y eso fue todo?

Jules asiente de nuevo con la cabeza: «Sí».

VINCENT: ¿Y qué hizo Marsellus?

JULES: Envió a un par de tipos adonde vivía el samoano. Lo sacaron a la terraza de su apartamento y le hicieron volar el culo por encima del balcón. El negro cayó cuatro pisos. Abajo había una especie de jardín cerrado con cristal, como los invernaderos. El negro lo atravesó. Desde entonces tiene problemas para hablar.

Se abren las puertas del ascensor. Jules y Vincent salen.

VINCENT: Es una maldita lástima.

 


 

7. INTERIOR. PASILLO DEL EDIFICIO DE APARTAMENTOS – POR LA MAÑANA

Jules y Vincent avanzan decididos por el pasillo.

VINCENT: A pesar de todo, quien juega con fuego, se quema.

JULES: ¿Qué quieres decir?

VINCENT: No se le da un masaje en el pie a la nueva esposa de Marsellus Wallace.

JULES: ¿No crees que tuvo una reacción un tanto exagerada?

VINCENT: Probablemente, Antwan no esperaba que Marsellus reaccionara de ese modo, pero tenía que esperar alguna reacción.

JULES: Sólo fue un masaje en el pie. Eso no es nada. Yo le daría un masaje en el pie a mi madre.

VINCENT: Eso es como ponerle las manos encima a la nueva mujer de Marsellus Wallace de una forma demasiado familiar. No es tan malo como comerle el coño, pero estás en el mismo terreno de juego.

JULES: Eh, eh, alto ahí. Comer el coño a una zorra y darle un masaje en el pie no es lo mismo.

VINCENT: No he dicho que sea lo mismo, sino que es el mismo terreno de juego.

JULES: Tampoco es el mismo jodido terreno de juego. Mira, quizá tu método de dar masaje sea distinto al mío, pero tocarle los pies a la dama y meterle la lengua en su cueva más secreta no es el mismo terreno de juego, no es la misma liga, ni siquiera es el mismo jodido deporte. Los masajes en el pie no significan una mierda.

VINCENT: ¿Has dado alguna vez un masaje en el pie?

JULES: No me hables a mí de eso. Soy un maestro dando masajes en el pie.

VINCENT: ¿Das muchos?

JULES: Joder, sí. Tengo mi propia técnica. Ni siquiera hago cosquillas.

VINCENT: ¿Le has dado alguna vez un masaje en el pie a un tipo?

Jules lo mira durante un largo rato. Se muestra enojado.

JULES: Que te jodan.

Echa a caminar por el pasillo. Vincent, sonriente, camina un poco por detrás de él.

VINCENT: ¿Cuántos?

JULES: Que te jodan.

VINCENT: ¿Me darías a mí un masaje en el pie? Estoy un poco cansado.

JULES: Será mejor que te calles. Empiezo a estar harto. Eh, ésta es la puerta.

Los dos hombres se detienen delante de una puerta que ostenta el número «49». Susurran entre sí.

JULES: ¿Qué hora es?

VINCENT (comprueba su reloj).: Las siete veintidós de la mañana.

JULES: Todavía no es la hora. Esperemos un poco.

Se apartan un poco de la puerta, situándose uno frente al otro, y siguen hablando en susurros.

JULES: Mira, el hecho de que yo no le dé un masaje en el pie a un hombre no le hace a Marsellus tener derecho a arrojar a Antwan desde lo alto de un edificio sobre un jodido invernadero y fastidiarle su jodida habla al negro. Eso no está bien, hombre. Si algún hijo de puta me hiciera eso a mí, sería mejor que me paralizara algo más que el habla, porque lo mataría.

VINCENT: Yo no digo que él tuviera razón, pero tú dices que un masaje en el pie no significa nada, y yo digo que sí. Le he dado millones de masajes en el pie a un millón de mujeres y todos significaron algo. Actuamos como si no, pero tienen un significado. Eso es lo cojonudo del asunto. Estas cosas sensuales continúan y nadie habla de ellas, pero uno lo sabe, ella lo sabe, el puto Marsellus lo sabía y Antwan debería haberlo sabido...

[Quentin Tarantino: Pulp Fiction, 1994]

 

07/03/2007 20:21 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 2 comentarios.

El Grial (Extended Version)

A medio camino entra la lucidez y la gnosis, las tinieblas y la ignorancia, se encuentra un limbo de desencantados en eterna búsqueda de un grial que les seduzca y llene, que colme de sentido este presente meditabundo, escéptico, contemplativo.

 

Y en la calle, formando parte de aquel paisaje inevitable, se acumulan junto a los desencantados, ingentes porciones de desengaños, de frustraciones, de pedazos de nostalgia esculpida en las aceras de la inexorabilidad.

 

Y mucha menos lluvia de la deseada, y más lágrimas que sonrisas, también cinismo que de todo ahí, y esa mirada abatida pidiéndote las sobras para comer...

 

Y tu comprensión.

 

Y aquellos que dejaron lo que tenían para aspirar a tener lo que tú no quieres, individuos olvidados que decía Buñuel, casi siempre despreciados, tanto que ni te acuerdas de la primera que los despreciaste; la última vez en este invierno que no lo parece, con el sol a cuestas deshelando témpanos y neuronas, contemplando a las sotanas vistiéndose de uniforme, a las águilas que nunca dejaron de serlo, a los políticos que abandonaron ya sus máscaras dejando al trasluz su rostro ambicioso, su deseo incuestionable de poder.

 

Yo existo, claro, solo, como siempre. Porque existir es el primer síntoma de una soledad que no recuerdas haber merecido, una respuesta escondida en una sima de tristeza inabarcable.

 

Pero aún te quedan esos ojos, un bello recuerdo al margen del martirio, aun pasajeros, en una cotidianidad maldita, descreída, también esta tarde hipócrita.

 

Y yo sigo aquí, ya véis, echándole un pulso a mi presente, a ver si gano, buscándole las vueltas a esta existencia decadente, escupiendo letras sobre losas de mármol blanco, creyéndome escritor sin serlo, sin dejar de hacerlo, deseando alcanzar con las palabras... mi grial particular, mi deseo, sabiendo que cada nueva noche vuelvo a ser otro de aquellos locos desencantados.   

 

Y viendo Cine, claro, para compensar, porque, qué es el Cine sino un sueño... con argumento.
10/03/2007 19:16 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: Ego Hay 3 comentarios.

Zwarboek: El libro Negro de Verhoven

 
Desmitificación de raigambre individualista del mundo de los héroes y los postulados cínicos que los encumbran, Zwarboek, El Libro Negro, redunda en el ideal cinematográfico del cineasta holandés,  en especial, su desprecio explícito contra aquellos que deciden los destinos personales, ofreciendo un retrato de la humanidad inclemente que define al hombre como una suerte de animal superviviente, de vez en cuando depredador, de vez en cuando carroñero, que pesca en río revuelto esperando extraer de él una ventaja que además le confiera poder sobre aquellos que lo perdieron.  El hombre, también en esta película, se convierte en aquello contra lo que combate, no porque quiera sacar partido de la desigualdad sino porque se sabe, temporalmente, bien posicionado en la pirámide alimenticia.

 

Film situado en las antípodas de Lista de Schindler (otra lista de judíos con objetivos diametralmente opuestos) Zwarboek, nos ofrece una nada complaciente versión de la Historia y los axiomas exagerados que la definen, para narrar las desdichas de una joven judía alemana, oculta, como el resto de su familia aunque en diferentes estancias, en el seno de una comunidad católica holandesa, en mitad de la Segunda Guerra Mundial. Una serie de azarosas desgracias la convertirán en la única superviviente de una matanza maldita que la acabará convirtiendo en miembro de la resistencia activa contra la ocupación alemana, primero, y después en una agente infiltrada en un cuartel de la GESTAPO, donde tratará de llevar a cabo una misión financiada a partes iguales por el deseo de venganza y el instinto de conservación.

 

Traiciones, sexo, violencia, humillación, degradación y ventajismo se juntan, como en las mejores cintas de Verhoeven, para forjar una obra contundente y dramática, inconformista e insaciable,  que transforma el recuerdo romántico de la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial hasta definirse, y ya era hora, como la película definitiva sobre un tema tantas veces idealizado, en realidad, el cineasta europeo hace lo mismo que hizo con la Edad Media en Los Señores del Acero: no conformarse jamás.

 

Una gran película.

 

Lo más destacado: su inconformismo y voracidad y una magnífica conclusión (alargada, afortunadamente, para no dejar cabos sueltos) que subraya su discurso moral (el lobo es un lobo para el hombre) y calado categórico.

 

Lo menos destacado: que haya pasado desapercibida para casi todos.

 

Calificación: 8

15/03/2007 23:55 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: críticas Hay 5 comentarios.

Gwemoul: The Host (avance)

Una monster movie -con todos los ingredientes necesarios como para serlo- en la cual lo que menos importa al director es el monstruo, solo puede resultar una película de gran categoría. Y The Host no es, en absoluto, una excepción...

 

 


 

 

18/03/2007 11:51 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: cinefilia Hay 7 comentarios.

La secuencia: Primera Plana

Hay en Primera Plana/The Front page, Billy Wilder (1974) una secuencia que me gusta especialmente.

 


 

Un hombre condenado a muerte se escapa de sus captores el día antes de su ajusticiamiento. Mientras toda la ciudad lo esta buscando, la policía aprovecha para limpiar sus trapos sucios, por ejemplo, ajusticiando a un grupo de anarquistas en mitad de la noche. Entretanto, a nuestro amigo, herido por una bala perdida, le ha dado tiempo a esconderse solo a unos metros de donde le tenían preso, en concreto, en la sala de prensa que ocupan aquellos que van a radiar/retransmitir la ejecución.

El protagonista, un periodista a punto de retirarse interpretado con pulcritud por Jack Lemmon, le ayuda a ocultarse en el buró-escritorio de uno de sus colegas de profesión, en ese momento y como los demás, pendiente de las palabras del alcalde en el vestíbulo de la prisión. El periodista promete seguir ayudándole con la esperanza de poder contar en exclusiva la historia de su huida, en realidad, pretende ir publicando noticias y entrevistas de su persona que, en último caso, pongan en evidencia la incompetencia (de otro lado manifiesta) del Marshall y del Alcalde.

El reo mancha el escritorio con su sangre que el periodista se apresta a limpiar de inmediato para que nadie se de cuenta. Para ello utiliza uno de sus pañuelos que, cuidadosamente, dobla y vuelve a introducir en su chaqueta.

Cuando el periodista dueño del escritorio llega a la sala de prensa se empeña en abrirlo para escribir su crónica. Lemmon reacciona con varias excusas dilatorias que impiden, en primer término, al otro periodista escribir su información. En ese momento, Lemmon parece controlar la situación pero una última exigencia obliga al escritor a abrir definitivamente su buró. Cuando el reo está a punto de ser descubierto por el grupo, el personaje interpretado por Lemmon, reacciona súbitamente poniendo el pañuelo sobre el rostro del escritor y haciéndole ver que sufre de una hemorragia nasal que hay que cerrar rápidamente, enviándole al baño para que se cure y, tras él, envía a su imberbe ayudante al que secuencias antes Lemmon había advertido que aquel periodista al que acompaña debía ser la última persona con la que debiera coincidir en un cuarto de baño (insinuando, irónicamente, su supuesta condición homosexual).

Todavía sigue siendo una de las soluciones argumentales más divertidas que recuerdo.

23/03/2007 22:22 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: cinefilia No hay comentarios. Comentar.

Una "casa" sin tejado

Me gusta este artículo tanto como la serie (House) a la que se refiere:

 

"La mirada de House sorprende porque es una mirada nueva alejada de los tópicos idealistas. El espectador espera cada capítulo para saber que tiene que decir el médico huraño sobre un tema que le atañe. Y tiene el añadido de que Gregory House no va a hablar con los modales de un santurrón para pedirnos nuestro amor o nuestra admiración incondicional. Pontifica agarrado a su bote de vicodina como un yonki desesperado. Escucharle sale gratis en términos de transferencia".

 

Pueden leerlo íntegramente en el Blog decano de José C., un sitio al que conviene volver regularmente.

 

28/03/2007 23:03 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: lo mejor de la web No hay comentarios. Comentar.


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