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El castillo ambulante: Algo bueno que contar
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El Castillo Ambulante: Algo Bueno que Contar
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© J.P. Bango
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ophie regenta la sombrerería de su madre cuando tiene un encuentro casual con Howl, un joven hechicero al que siguen unos espectros de los que no tardan en deshacerse volando juntos por encima de una ciudad de aspecto decimonónico. La Bruja que lideraba a los fantasmas, espectadora directa de la huida, inicia su particular venganza visitando a la joven Sophie en su tienda y profiriéndola una cruel maldición que avieja su cara y su identidad, convirtiéndola en una anciana porfiada, vagamente quejumbrosa.
Lejos de recrearse en su infortunio, Sophie encuentra un raro estímulo en su recién descubierta anciandad, adquiriendo fuerza y coraje para afrontar su nueva situación (se dice: “por lo menos ahora me quedará bien el vestido”), invitándose a buscar su sanación, no podía ser de otro modo, en los brazos de Howl, el mago también dueño del castillo ambulante. Howl es un tipo arrogante y vanidoso, víctima de una contradicción existencial que lo emparenta con un cobarde en mitad de un contexto belicoso dominado por una guerra proterva (subplot no presente en el libro de Diana Wynne Jones y gran acierto de la adaptación), auténtica protagonista emocional de todo el relato.
Una vez que encuentra el Castillo con la ayuda de un espantapájaros vagabundo, la anciana Sophie entra a formar parte de su fauna, convirtiéndose en una criada de tomo lomo y centrando sus esfuerzos en ayudar al desequilibrado Howl, al mismo tiempo que comienza su amistad con Cálcifer, el espíritu del fuego, también protagonista de una maldición, y con el pequeño Marco, el niño aprendiz de hechicero que encuentra en Sophie la madre que siempre anheló tener.
El choque de caracteres opuestos y las pulsiones internas que las animan (como la recuperación del afecto perdido, el hallazgo de un objetivo vital, la resistencia contra la guerra perpetua), se constituyen a partir de ese momento en el motor que promueve y dinamiza el grueso argumental de una película que basa su eficacia en la complicidad desprendida de todos y cada uno de los personajes, de otro lado (y como se ha podido comprobar en el resto de su filmografía), la seña de identidad del cineasta y su principal baza exitosa (en absoluto fácil de conseguir como bien demuestra –o mejor dicho, no demuestra- Katushiro Otomo en Steamboy), incluso en una película como esta donde la espectacularidad y la belleza estética también (ob)tienen un papel formidable que queda, pues sí, sabiamente compensado con otros momentos más intimistas, incluso tiernos, donde la instruida caligrafía de Miyazaki brilla en todo su esplendor.
Los personajes, en fin, no tardan en hacerse dueños inequívocos de este Castillo Ambulante. Así, conoceremos a Howl, un mago joven, excéntrico, maniático y presumido... devorado por una maldición infame que intensifica los términos de su cobardía. Sophie, por el contrario, se rebela trabajadora y discreta, comprensiva y valiente... No teme tanto las consecuencias de su anatema sino encontrarle las vueltas a ese destino que siempre deseó merecer. El resto de los personajes arrastran el peso de otras tantas maldiciones (a excepción de Marco que, pese a todo, utiliza la coartada de una máscara para presentarse ante los demás) como también le sucede a Cálcifer, el motor del Castillo y aquel que soporta sobre sus hombros “flamélicos” -y en exclusiva- el peso hilarante de la película.
De nuevo, todos los personajes (e incluso aquéllos que no lo parecen: como el perro de la Reina o el espantapájaros solícito) se presentan colmados de complejidad, y como ocurre en el resto de la filmografía del director japonés, transformarán su carácter en función del desarrollo del argumento (quizá el ejemplo más significativo es el de La Bruja del Páramo: envejecida posteriormente por otra maldición que asocia su condición, otrora vitalista, a la de una anciana senil y vetusta). También lo hará el Castillo, el personaje más carismático de la película, repleto de gadgets y artificios sorprendentes como esa puerta mágica cuyo umbral va a parar a varias ubicaciones geográficas diferentes, incluso a otras dimensiones (la propia infancia de Howl o al epicentro infernal de la contienda...)
Luego está la Guerra, protagonista residual de alguna de las mejores cintas de Miyazaki y, por extensión, también de este Castillo Ambulante, Hauru no Ugoku Shiro, 2004, al que aporta una dicotomía suculenta que oscila entre la estética, representada en la belleza pictográfica de las batallas aéreas, y la ética, personificada en las dudas que asolan al propio Howl, alguna de cuyas reflexiones hacen emparentar esta cinta de Miyazaki con el género antibélico, gracias a un contexto afortunadamente indefinido donde lo que menos importa son los bandos en contienda y sí los desastres y atrocidades que la propia Guerra deja tras de sí.
El derroche creativo presente en El Castillo Ambulante, en fin, se resuelve inabarcable, no ya de un solo vistazo, sino en posteriores visionados de una historia que se mueve en torno a varios niveles de entretenimiento en función de la edad e intereses del espectador. En este sentido, El Castillo Ambulante obtiene la misma eficacia en el apartado grandilocuente (con esos vuelos majestuosos, con esos acorazados directamente salidos de un manual steam) como en el detallista (donde los objetos y las prendas de vestir adquieren un papel, eminentemente, protagonista), creando una sinergia evocadora, contenedora de momentos plenamente deslumbrantes (que quizá formen parte de lo mejor de la filmografía de Miyazaki) y de otros tantos menos dichosos (pero que no dejan de ser sobresalientes) que compensan la abrumadora sensación de estar contemplando otra obra maestra.
Impresión que se difumina, sin embargo, en una rápida y previsible resolución (nada que ver con Mononoke Hime, pues) que no deja ningún cabo suelto y en la cual todos los personajes se deshacen de sus máscaras (de nuevo, a excepción del pequeño Marco y quizá, por eso –por no haber alcanzado la edad adulta-, el personaje que goza de mayor indefinición) encontrando un resquicio para un discutible pero necesario (a estas alturas de la función) final feliz.
Es fácil regalar epítetos, ya veis, a una propuesta tan sugerente y acertada como ésta, financiada con el talento de uno de los cineastas, ya podemos decirlo, más importantes de la contemporaneidad.
Lo más destacado: que Miyazaki siga sabiendo encontrar, en ese universo delicioso que tan bien representa y dibuja, lúcidas e imaginativas historias que contar.
Lo menos destacado: que todas las derivaciones (explícitas y sucintas) de su argumento se confundan con una falta de profundidad global.
Epílogo:
Y aquí se acaba de momento esta historia plagada de hombres convertidos en cerdos y de padres ausentes, de aviones que podrían no serlo y de adolescentes valerosas, de ecologismo y trascendentalidad, de gente honesta y de paisajes bellos, de cielos abrumadores y de castillos suculentos, de Cine en formato animado capaz de traspasar la frontera última del regocijo, y de la personalidad incontestable que se atreve a firmar semejante catálogo de grandes obras.
Lo mejor de todo esto es que sigue en activo. Y que ya queda menos para que se estrene su siguiente película. Ese día, naturalmente, espero teneros a mi lado en el Cine.
© J.P.Bango, 2007
© Fotos, de sus respectivos propietarios.
“Hayao Miyazaki: Viento Fresco Proveniente de Oriente”
Escorto'07
Avant Petalos Grillados: Experimiento y surrealismo en el ámbito de la ciencia ficción de Serie Z
El Cine es un Arte y como tal un diálogo que pone en comunicación a un emisor y a un receptor. Es el cineasta el que propone el discurso que el espectador recibe, sobretodo, en términos de linealidad. Cualquier obstáculo, por ejemplo la ruptura de los modelos narrativos establecidos como usuales, se manifiesta en términos de (in)comprensión, y ésta, en rechazo (consciente o no). El espectador, de repente, se siente estafado incapaz de comprender la esencia y naturaleza del discurso que le proponen; en este sentido, artista y receptor se distancian no porque falle el código (en este caso, la imagen audiovisual) o el mensaje (el contenido del discurso) sino porque aquello que le plantean (la suma de ambos) no se ajusta a la expectativa creada, o la sabotea de un modo inmisericorde.
Este tipo de obras obligan al espectador a realizar un esfuerzo no tanto para comprender la urdimbre argumental del relato propuesto sino para interpretar –de un modo convincente- el discurso que las propias imágenes exponen, sin llegar a adivinar que ese mismo discurso puede serlo incluso cuando se pervierte y/o transgrede la estructura aristotélica clásica.
A pesar de lo que parece, la frontera entre este Cine experimental y el Cine vinculado a los códigos genéricos es bastante difusa, como bien demuestra buena parte de la filmografía de David Cronenberg o de David Lynch, quienes nunca renunciaron al éxito comercial ni a su etiquetación de autores personales e ineludibles, y cuyo Cine tiende a definirse en el límite de lo que pudiera ser el sumum de la Vanguardia... o una tomadura de pelo de proporciones hercúleas.
Ninguna de estas dos valoraciones queda al margen del visionado de esta singular película corta de César Velasco Broca, Avant Pétalos Grillados, que, sin pretenderlo, se rebela como la quintaesencia del cine de género experimental. Así las cosas, nos encontramos con una obra vanguardista, a todas luces inconvencional, repleta de pasajes evocadores y sugestivos , de vez en cuando bellos, siempre sutiles e insólitos; una especie de relato besteriano con La Cabina de Mercero y las películas de invasiones alienígenas (por ejemplo Están Vivos de John Carpenter) como extraños referentes, en la que una suerte de grillos bípedos secuestran, escopeta de dos cañones en ristre, a varios modelos culturistas pretendiendo un oscuro afán, seguramente depurativo, que culmina con una (extraordinaria) secuencia de aires briandepalmianos en la que la música, el clímax e, incluso, la religiosidad, se funden en una misma ecuación de la que sale victoriosa la más gozosas de las incógnitas: la delectación surrealista.
Naturalmente, el despiece de su argumento no debería importarnos. Avant Pétalos Grillados demuestra estar por encima de él, presentando una sociedad babélica, esencialmente incomunicada (de nuevo tenemos que pensar en La Cabina) en la que los paisajes (siempre periféricos) se pervierten de desolación, y los ciudadanos se acomodan en sus rutinas sin importarles siquiera lo que sucede a su alrededor. Aquí hay ciegos que leen libros tactilomecanografiados mientras escuchan música, estancias vacías y/o semiderruidas asediadas por el silencio, teléfonos que no dejan de sonar y que nadie coge, una especie de sociedad post-atómica que no deja de engendrar sustratos de ascetismo e incomunicación y que sirve de caldo de cultivo ideal para esta invasión extraterrestre, en la mejor tradición del cine de género, que culminará con un enfrentamiento entre el "creador" y su "creación" (¿entre el alumno y el maestro?), condenados ambos a un baño purificador -en blanco y negro- que cierra con brillantez esta gran obra de estilo.
El fondo y la forma van de la mano, ya veis, creando una suerte de obra atmosférica (donde destaca una hipnotizadora utilización del sonido y de la música que, a su modo, recuerda a 2001. Una Odisea del Espacio) que no pretende tanto ofrecer una explicación racional de una historia sino una buena colección de experiencias, algunas de ellas ineludibles. Destacan a) algunas soluciones narrativas: una elipsis con la matrícula de un SEAT 1430 de protagonista; un plano encadenado entre una montaña de mierda y un rascacielos fútil; b) visuales: un plano general con una bandera agitada sobre un edificio de cristal; una oficina siniestra repleta de humanos que no lo parecen...; y c) también una decidida voluntad inconformista. La suma de todo ello hace de Avant Pétalos Grillados una película vocacionalmente experimental, conceptualmente postmodernista, alegóricamente dicksiana (aquí sabemos que no por casualidad), que se nutre de una Forma peculiar para construir un (tras)Fondo espeso pero evocador, raro pero absorbente, que rebasa cualquier vínculo con la convencionalidad hasta hacer de su visionado una práctica, sencillamente, obligatoria.
Hay dos modos de ensamblar el discurso en el Cine. Acoplándolo a los cánones establecidos... o quebrantándolos. La validez de ambas propuestas la decide el espectador, es decir, tú y yo. Yo, esta vez, me quedo con la rompedora cinta de Velasco Broca, Avant Pétalos Grillados: una película experimental delicadamente perturbadora.
Lo más destacado: la osadía de la propuesta, su dirección de Arte.
Lo menos destacado: que su primer visionado deje insatisfecho a la mayoría.
Calificación: 9
Escorto, 1: Sección oficial Cortos
Al lado de Avant Pétalos Grillados, el resto de la competición oficial ofreció una calidad más que cuestionable:
La parabolica de Xavi Sala toma prestada una referencia cinéfila ineludible (de E.T.) y la convierte en un relato más o menos dinámico sobre la incomunicación, la comunicación y otras bagatelas existenciales en el marco de una comunidad rural sobrepasada por la irrupción estruendosa de una antena parábolica construida por un arquetipo más que reconocible. Sin dejar de ser cadencioso y levemente mordaz (el mensaje es sucinto pero contundente: nadie puede escapar de la globalización) no deja de ser un relato concebido en torno a una única anécdota incapaz de rehuir su condición de tal. Aceptable.
Tras las puertas de Chema del Pozo y Alberto Quintanilla, relato de género que no quiere serlo en torno a un asesino (que no lo parece), un payaso (con pocas ganas de vivir) y un padre y un hijo (que no merecen tal condición), se revela como un corto vacío de sustancia y henchido de forma, tan opresivo en sus intenciones como exagerados son los modos de quienes las interpretan, resultando mucho menos de lo que pretende ser; o lo que es lo mismo: un producto insatisfactorio y recargado, que hace un uso inadecuado de la voz en off (por ejemplo, redundando el mensaje final de la historia), y que exuda un cierto tufillo de autoindulgencia del todo punto desaconsejada a una producción que se mueve entre varios códigos genéricos sin sentirse a gusto en ninguno. Decepcionante.
Lo obvio y lo obtuso de Nuria Polo, es un documental que no tiene nada que ver con Roland Barthes pero sí con las imágenes y los diferentes modos de interpretarlas, sobretodo cuando el receptor de la misma carece del esencial sentido de la vista. Documental de objetivos terapéuticos, sorprende en tanto se permite experimentar con la forma y con las imágenes, mientras nos hace partícipes de su propio mensaje, y cómplices –entregados- de su resultado final. Lo consigue únicamente a medias. Estimable.
El pan nuestro de Aitor Merino cuenta una historia cuya conclusión no deja de insinuar durante todo lo que dura la proyección, lo cual hace que sobren la mayoría de sus diálogos y situaciones, la absurda (y tramposa) conversación del asalto y algunos planos maniqueos. Queda sin embargo el rescoldo de estar contemplando una obra concienciada y concienciadora, de corte emocional, bien narrada. Pero no quiere renunciar a unos efectismos tan previsibles como archivistos. Mejorable.
Huida de Adriana Franco es una historia que se cuenta desde dos planos formales: uno, auditivo, que nos presenta a uno de los personajes al otro lado del hilo telefónico; y, otro, visual, que nos muestra las secuelas de dicha conversación. Breve y contundente.
Escorto 2: Sección Oficial
Equipajes de Toni Bertard: multipremiado pero trival relato dialéctico entre dos personajes que no se conocen hasta que entablan un curioso juego de personalidades en el que sólo uno de los dos puede salir victorioso. A su buen montaje, guión e interpretaciones le sobra la presencia de un segundo final entrecréditos (o final alternativo) que sabotea toda la esencia del corto. Sobrevalorado.
Casting de Koen Suidgeest narra las dificultades y cotidianidades de una buena colección de actores enfrentados a una selección que no persigue otro objetivo que su propia reivindicación (como personas) y promoción. Se nos ocurre una segunda parte con otro tipo de profesionales, con los mismos problemas y sin tanta vocación por la autoindulgencia. Emocionante únicamente en su tramo final.
Ludoterapia de Leon Seminiani: otro corto de personajes y parejas en vías de extinción que destaca por un montaje a todas luces sobresaliente y por unas interpretaciones femeninas muy por encima de la de sus parteneires. Su correcta dirección y factura, el tono cómplice de los personajes y su autoasumida ausencia de pretensión, hace de este cortometraje uno de los mejores vistos en la Sección Oficial a concurso (lo cual nos dice mucho de los demás).
La Marea de Ivan Sainz Pardo, Jim-Box y Dirk Soldner: hipnótico y atmosférico relato sobre la identidad y el paso del tiempo, que aprovecha los escasos recursos con los que cuenta y una serie de objetos con cualidades alegóricas para contarnos una historia profundamente existencial, levemente lynchiana, que se pervierte de metáforas y de densidad, afortunadamente, para salirse de la convención que suele protagonizar la mayoría de los cortometrajes nacionales. Un corto magnífico en cuanto esencia y resultado.
El viaje de Said de Coke Riobóo: bienintencionado y competente corto de animación que, sin embargo, adolece de una importante cuota de falta de pretensión. Su tono, marcadamente social y crítico, contrasta con algunas soluciones de guión más bien paródicas que sabotean el signíficado último del corto, el mensaje que llega al espectador. Nada nuevo a este lado del estrecho.
Elena Quiere de Lino Escalera, es un corto realizado sobre una única excusa argumental (es decir, como casi todos los presentados en la sección oficial) que se alarga sobremanera buscando el lucimiento de los actores y del equipo técnico, al mismo tiempo que se desluce el trabajo de todos los demás (especialmente el del director, incapaz de aplicar otro tipo de recurso cinematográfico distinto a la letanía). Insuficiente.
Escorto, día 3: Sección Oficial Cortos
En Lo importante de Alauda ("Clases Particulares") Ruiz de Azúa, "lo importante" no es ganar sino participar y el Capello de turno no es sino un Antonio Resines interpretando a su propio arquetipo. Previsible incluso en su twist final, supone -para quien esto escribe- una de las grandes decepciones del Festival.
Padam de José Manuel Carrasco, ofrece todo lo contrario: una gran interpretación femenina, un montaje frenético, y un gusto imparable por el ritmo incluso en un corto como este, esencialmente existencial y romántico, con reminiscencias sociales, y con pocas aureolas de pretensión. No hay mucho más pero es suficiente no ya para contentar a la audiencia sino para no ser causa de una deserción imparable. Regular.
Violeta, la pescadora del mar negro de Marc Riba y Anna Solanas: lóbrego y sobrecogedor corto de animación en stop-motion, cuya negritud y valentía formal haría palidecer incluso al lado más oscuro de Tim Burton. Contundente y brutal incluso en sus escenas menos perniciosas, se revela como un cortometraje insano, amoral, arisco; una rara simbiosis en la que el fondo, forma y duración van de la mano para construir uno de los mejores cortos de animación del año.
Temporada 92-92 de Alejandro Marzoa se concibe como una especie de Sketch televisivo en torno a una de las grandes verdades de la afición futbolera: su incorruptibilidad. Con semejante excusa, los protagonistas se advienen a enfrentarse en un duelo (dialéctico pero fraternal) que pondrá a prueba incluso a su amistad. No tardarán en descubrir que el poder demiúrgico del fútbol no tardará en ponerse de su lado. Una historia que no interesó a casi nadie y aburrió a todos los demás.
Traumalogía de Daniel Sánchez Arévalo: bien fotografiado y mejor interpretado: un corto en el mejor sentido de la palabra, con una excusa argumental que pronto deja de serlo para convertirse en el epicentro de todo un entramado de relaciones y convenciones saboteadas, con la Familia, como concepto, y las servidumbres que de ella se derivan, como leitmotiv argumental. Sin renunciar al humor (más o menos negro en función de lo cerca que estén o no del padre enfermo) o al drama (propio de su génesis argumental), su visionado se complementa con un buen número de referencias –intertextualizaciones- cinéfilas, al compás del buen pulso narrativo de un director, aquí extraordinariamente competente, como Daniel Sanchez Arévalo, en su regreso al formato corto. Sobresaliente.
Garto de Luis Gómez es un ejercicio de estilo que aparte de mostrar las aptitudes animadoras del equipo técnico y un cierto tufillo evocador de ciertos cortometrajes hollywoodienses, se conforma con contar una historia que no lo es, un par de secuencias más o menos dinámicas, y un cierto halo de intrascendencia. No hay historia pero sí talento para la animación. Demasiado poco, claro, para una Sección Oficial.
Historias de un boletín (I): Sentir Escorto
Compromiso: Cinco Días, veinte cortos, cuatrohuevos, sesenta horas sin dormir, una entrevista, varias sorpresas, tres emociones, dos reencuentros con el pasado, un deseo de estar al otro lado, esa oscuridad que todo lo domina, aquella linterna mágica brillando en todo su esplendor. Y Cine, mucho Cine, Cine por los cuatro costados… esquinas incluidas. Precisamente en una papelera descubrí un currículo que exhalaba Cine hasta en los puntos y aparte… ¿qué digo puntos y aparte? Eran fundidos a negro. ¿Qué dónde fue? Después te lo cuento.
El otro día trataban de explicarme que un corto no puede recibir el mismo tratamiento que una película. Algo que dura diez minutos no puede ser Cine, igual que no es Pintura un cuadro fragmentado; música una melodía sin acabar; literatura el capítulo errático de una novela… Pero, ¿quién dijo que una historia que dura diez minutos no esté acabada? Es más: ¿quién decide cuánto debe durar una historia? El Cine lo es más allá de cualquier criterio mercadotécnico y no hay mayor criterio mercadotécnico que la duración. En este sentido, no es difícil afirmar que el Cine comienza a serlo cuanto más alejado se encuentra de una duración estándar. Más categórico aún: ¡el Cine lo es cuando lo dicen las personas que lo hacen! Y eso es lo que hicieron ellos. Decirlo… y hacerlo. ¿Dónde? Paciencia…
Dicen que los sueños se nutren de utopías. Nosotros no entendemos de quimeras pero sí de deseos que de vez en cuando se cumplen. Y nuestro deseo se teje sobre ideas, se asienta sobre celulosa y se degusta junto a los amigos también al lado de un bar. Lo mejor es que nuestro sueño forma parte de uno mayor que algunos fines de semana al año se hace tangible. Mejor aún, una gran colectividad puede participar de él. El secreto estriba en quererlo. ¿Quieres? Y quién no, dirás.
Luego quedan las emociones: a los tipos habituados al estrés, por ejemplo, éste que escribe, cualquier evento que lo saque de la rutina lo distrae. Lo mejor es que aquí no hablamos de distracciones sino de compromiso. Y el compromiso es por una causa que merece la pena. ¿Cambiar el mundo, decís? No. Pero casi. Porque aquí no se trata de cambiar el Mundo que nos cobija sino aquel que nos contiene y (con)forma como personas. En este mundo interior es tan lícito emocionarse con una historia (aun corta) como ayudar a la organización de un evento cuyo principal propósito sigue siendo la promoción y universalización de esta pasión que a todos une. ¿El dinero, preguntas? Dije pasión no perversión…
Me invito a relatar mi experiencia en el pasado año y lo único que se me ocurre es recurrir a este formato tan idealizado. Pero si conseguís leer entre líneas no tardaréis en descubrir que no es tan idealizado como parece. Las gestas las engrandecen los epítetos y las rebajan las esposas de los muertos. Entremedias están los que lo cuentan no como fue sino como lo sintieron. Y lo que se pudo sentir en este Festival fue mucho más trascendente que cualquiera de las palabras que precedan a este párrafo. ¿Qué te gustaría venir a comprobarlo? ¿Y a qué esperas, lumbreras?
Historias de un boletín (II): Garabatos surrealistas
Los seleccionadores y programadores de Escorto tuvieron a bien regalar a los primeros espectadores una tarde emparentada con el riesgo poniendo sobre la pantalla fragmentos de un Cine que, en esencia, rehuye su condición acomodada, transgrede las formas, y se inspira en las vanguardias culturales (por ejemplo el dadaísmo) para mostrar un modo de entender la narración cinematográfica alejada de cualquier tipo de norma, dando como resultado un producto (tangencialmente artístico) terriblemente visceral, sesudamente provocador.
Perteneciendo a un amplio espectro temporal que abarca más de setenta años, las obras de Buñuel (Un perro andaluz); Angelino Fons (Garabatos) y César Velasco-Broca (Avant Petalos Grillados) vistas en su conjunto, subvierten las mismas convenciones (formales y conceptuales) y persiguen los mismos objetivos, que no son tanto el desconcierto del espectador sino invitarlo a que se adentre en su propio universo creativo, haciéndole partícipe de una experiencia que, por encima de todo, necesita de su complicidad (y paciencia) para comprender y asimilar todo el torrente ideológico que se le plantea
La (contra)crónica oficial de Escorto'07 (primera parte)
Comienza la contracrónica, de nuevo, con la complicidad de una libreta roja que se las ve y se las desea para robarme algo de tiempo de una agenda tan apretada como ésta de Escorto’07. Quitándole, pues, horas al sueño (si es que es de algún modo posible en jornadas de veinte horas) y al descanso, apoyado en las embestidas creativas de las primeras horas del día, dibujo los esbozos de más de cincuenta ítems que tendrán que servir de apoyo de esta crónica alternativa en primera persona que debiera dar por concluido mi análisis de este (siempre vuestro) Festival. Ahora sé que cincuenta capítulos se siguen quedando cortos. Y que esto, naturalmente, no ha hecho nada más que empezar.
I
Llego, pero esta vez no lo hago solo. Me encuentro con Roberto y con su entusiasmo: juntos construimos un par de tipos impacientes a los que no tardan en dar la bienvenida, no puede ser de otra forma en estas tierras escorialenses, abriéndonos las puertas de par en par. En el interior se cuecen nervios y expectativas: el trabajo de un año se juzga en cinco días que están a punto de pasar; en el primero podemos palpar el ímpetu, oler el contexto, sentirse parte de la expectación. En los pasillos se suceden los reencuentros y los saludos; y el Cine como eje central de cada conversación comienza a adueñarse de un ambiente preñado de efusividad y amiguismo... Señores: esto ya empieza a ilusionar.
II
Sobrio y contenido: el primer aplauso es insincero y se lo lleva Avant Petalos Grillados de Velasco Broca. Pocos, entre el público, se han interesado por este trabajo salvo éste que escribe y aplaude: las nominaciones, me dicen, son exageradas; el argumento, inexistente; el tono, petulante... Tú y yo sabemos, sin embargo, que ellos se lo pierden… ¡Viva el bondage surrealista!
III
Alvaro Manso comienza con timidez pero le dura poco. El aplauso de los pocos que somos le hace seguir adelante y superarse: no es un comunicador pero terminará la jornada siéndolo. Eso habla también de su oficio como actor y de cómo un actor puede convertirse en oficiador de espectáculos. Echamos en falta al pianista pero, sobretodo, algo más de talento al otro lado de la pantalla. El porqué lo explicamos con un silogismo en el descanso: el mercado del corto es endogámico y autofinanciable: solo puedo seguir haciendo cortos si triunfo y solo triunfa la convención. Así que con convenciones llegamos al siguiente y merecido estadio. Unos piden dinero para la hucha y otros se acuerdan de fumar: el resto nos frotamos las manos por todo lo que nos queda por delante.
IV
El tercer aplauso se desborda y emociona: todos disfrutan, acaloradamente, de ese brillantísimo cortometraje que ha resultado ser “Garabatos” de Angelino Fons. Su presencia sobre el escenario justifica la naturaleza de este homenaje. No será el último a su costa pero él aún no lo sabe. Ni tampoco nosotros, epatados con el osado contenido que entre los márgenes rezuma este singular y desconocido trabajo que, de todos, exige una más que publicitada revisión. La noche habla de surrealismo y de vanguardia, y el silencio se conforma de miradas suspendidas en el aire que no pueden ocultar lo que sienten. Definitivamente, Angelino Fons también es uno de los nuestros.
V
Buñuel se negaba, categóricamente, a explicar el sentido de las imágenes que filmaba: de esa mano preñada de hormigas y vello de axilas; de esa mujer deseante que nos invita a arrastrar mulas, pianos y maristas; de esa luna feérica seccionada por una navaja de afeitar… Así que los contertulios lo tienen fácil: pueden hablar de cualquier cosa y no desentonan. Se olvidan comentar, y a mi apuntar en la tertulia posterior a la proyección, que también El Perro Andaluz contiene indicios de ¡slapstick!, más allá de esa banda sonora descuidada y provocadora; de su apariencia desordenada y espíritu dadaísta. Claro que nada de esto importa: estoy seguro que Buñuel se estaría partiendo el culo si supiera de todas las elucubraciones y fantasías expositivas en las que termina por convertirse cualquier análisis de su obra. Y es que si el Cine fabrica a sus dioses; los cronistas los hacemos inmortales.
VI
Se reparten boletines a las nueve en punto. Hay trabajo detrás aunque no se note. De hecho, lo único que se nota es su apariencia gráfica y su diseño colorista, a juego con los tonos anaranjados del Festival, por supuesto, también obra y gracia de los creadores de la imagen del mismo: Alex Alonso y Cristóbal Garrido. El feto kubrickiano y nuestras obleas de talento no tardan en pasar volando, literalmente, sobre nuestra cabeza y neuronas con la forma, siempre caprichosa, de un avioncillo de papel. Pienso, así son las metáforas, que todavía pudieron haber tenido un peor fin aquellos textos cuando lo comparo con otro pensamiento que me había asolado esta misma mañana, al descubrir en el retrete de cierto restaurante escorialense, la hoja de un periódico que contenía el último artículo de Francisco Umbral. Perdonadme la maldad: pero pronto se iba a acabar el papel higiénico…
VII
Lo he comprobado una vez más esta misma noche. Es el hombre más feliz del mundo. Cada quince minutos lanza una sonora risotada; entremedias cuenta un chiste de ancianas con cataratas, se derrite evocando una película anacrónica, demuestra su carácter enciclopédico sin necesidad que le pregunten, exhibe su condición irrebatible de arquéologo del cine fantástico. Irradia felicidad por los cuatro costados, que ya es decir de un tipo al que cuesta rodear. Es junto a Luis, su amable y solícito compañero de fatigas, el auténtico animador de los entretiempos. Carlos es más que un miembro del jurado.
VIII
Algo enrarece el ambiente y no es la gente que falta y por la que se lleva trabajando tanto tiempo, ni el cansancio que ya se acumula sobre las baldosas, ni el desprecio hacia ese boletín que sigue por los suelos. Mi sospecha se confirma con la respuesta a una de mis preguntas: “no se sirve alcohol en la Casa de Cultura”. "¡Demonios!", pienso, y después exclamo: "¡Y qué haremos cuando llegue REFO?". "Ya ves", me contestan. Y reímos. ¿Qué remedio?
IX
La cena se retrasa y nos desgasta: Manso cuenta batallas y yo repudio de las patatas: ingrediente de todos y cada uno de los platos que nos presentan. Eva nos cuenta el origen de una encerrona de la que ella misma es y será protagonista. Pero no tarda en empaparse de esa esencia cinéfila que a grandes dosis se percibe en el ambiente. La noche se ameniza con las charlas y el bueno rollo: todos viven en el mismo mundo aun perteneciendo a planetas diferentes. Eva no tarda en comprobar que no hay encerrona. Y que todo esto no es sino el germen de un fin de semana inolvidable.
X
Si la vida es sueño yo estoy “viviendo” generosamente. Se lo digo a Roberto y se descojona. Me prometo acabar con el día antes que el día acabe conmigo, pero no puedo. Quiero contar ovejitas pero en mi mente solo aparecen lobos. ¡Lobos con forma de contable! Cuando despierto, el sueño vuelve a comenzar: el sol deja de serlo entre las sábanas; las ardillas persiguen la ropa interior (¿será un homenaje a alguien en particular?); la niebla se dispersa por el horizonte al igual que los lobos y los contables. Hoy ponen Cine para desayunar… Sigo aquí, claro. Y esto es solo el principio.
La (contra)crónica oficial de Escorto'07 (segunda parte)
Sueño con lobos en lugar de serpientes: tratan de engullirme pero se atoran, como le pasaba también a Silvio Rodríguez, no con el trébol de mi sien sino por mi obstinación por cambiar el Estado de las Cosas. La mí(s)tica continúa y también mi libreta roja, dejando al trasluz las tripas de este que escribe y siente. Esta semana canjeo decadencia por estilo. Nadie notará la diferencia.
XI
Día dos. Sesión Informativa: el nivel baja respecto al año pasado pero no es en absoluto desdeñable. Me sorprende la valentía expositiva del gran Jorge C. Dorado, tratando de sacar adelante con su trabajo de cámara y talento, en Distancias, una historia que no lo merece. Lástima. La que da, por cierto, el personaje que interpreta Natalia Dicenta a mayor gloria de su ego en Propiedad Privada, un corto sobre terrorismo al que le sobran sus últimos cuatro minutos. De la jornada matutina me quedo, sin embargo, con el rostro de apoplejía que esgrime el protagonista de Miramar st. mientras comienza a ser consciente de su condición de animal con cuernos. Desde Forrest Gump no se ha visto mejor utilidad metafórica de una caja de bombones…
XII
La comida se aliña de Cine y otras monsergas, también de género, mientras los grupos de pares van cambiando de componentes: todos nos sentimos a gusto en cualquier mesa, más aún al lado de Carlos, cuyo anecdotario fanófilo parece no tener fin. Pero la conversación torna a cómic y a otros temas bizarros y ahí me desmarco: del noveno de los artes solo puedo opinar… mintiendo.
XIII
El boletín se viste de gala con dos nuevos fichajes: Carlos completa su artículo con inusitada rapidez; Tonio contraataca con una gran capacidad de síntesis. Yo adapto mi artículo al espacio que queda y me siento satisfecho: de repente, he compartido un reducto literario con tipos a los que admiro y respeto. Lo siento, sin embargo, por Roberto que no pudo llegar a tiempo. Prometo compensarle al día siguiente y se lo digo. Hoy comprendo que edición también significa (s)elección.
XIV
Aparece Oti en la sala en mitad de la proyección… y me saluda. A ambos nos emparenta el mismo ideal cinefílico… y el mismo interés por divulgarlo. La complicidad es instantánea, en este ambiente de utopías y Cine. La sección oficial fluye, sí, con pocas sorpresas y menos riesgo. Salvo La Marea. Iván Sainz Pardo llega tiempo de presentarnos los créditos y admite no querer explicar el argumento con vistas a no sabotear su esencia. Ni falta que hace. Para explicitar ya tenemos el resto de la Sección Oficial. Por alusiones, la vida sigue y “Elena quiere…”. Quiere sexo, sí, pero tarda más de veinte minutos en hacerlo público. Entremedias, a alguno le pueden los bostezos, al otro la paciencia: a la anciana que tengo a unos metros a mi izquierda le hace gracia el atrevimiento lenguaraz de Elena. Me alegro por la anciana. ¿O debería no alegrarme?
XV
Descanso y a por otra: el boletín sabe mejor que el día antes… ma non troppo. Hoy no hay avioncillos de papel y sí expectación subyacente: viene Jorge Guerricaetxeverría a defender Mirindas Asesinas. Y sí, es una obra que ha envejecido considerablemente. Lo que antes era fuerza y transgresión ahora en su chiste alargado: y para colmo yo sigo apreciando un error de guión imperdonable. Pero está claro que esta noche lo que menos importa es mi opinión. Jorge expele cercanía y buen rollo: de nuevo esa esencia indescifrable vuelve a sentirse en Escorto.
XVI
Noto a Raúl preocupado: el esfuerzo hasta llegar aquí ha sido mayor del que nos cuentan y la gente tarda en responder más de lo que debiera. En el descanso han desertado unos cuantos, sobretodo los que no pertenecen a este mundillo. Es una lástima y todos lo sabemos: pero ninguno de los directores merece ese disgusto. En la mesa redonda (que no es ni mesa ni redonda como bien nos recuerda Álvaro Manso) se sientan las personas y se levantan las palabras: todo ocurre como debe y también esto es por culpa del trío mencionado. Y como es un éxito, así hay que decirlo.
XVII
El anecdotario de Jorge Guerricaetxeverría desluce al resto de los contertulios; algo que, por otro lado, los propios contertulios ya vaticinaban. Como no hay lugar para el debate queda una clase magistral de guión y otra de supervivencia. No dejo de tomar nota: en realidad, me imagino impartiendo esta misma charla con el paso de los años… Cuando despierto lo hago rodeado de aplausos: Jorge parece haberse merecido la Cena.
XVIII
Comienza el trasiego de tarjetas y teléfonos: unas pasan de mano en mano y otras van al bolsillo que no deben. La mayoría se perderán en el olvido salvo una, quizá la tuya, que cambiará una carrera profesional. Así se les gasta el Cine con los talentosos.
XIX
El cansancio del día no invita a una cena de pie así que nos sentimos extraños en este restaurante que no lo parece. Lo compensa la compañía de Tonio y Roberto Alcover Oti, Y de Lía, naturalmente, que sin quererlo me hace la pregunta de la noche: “¿Cuál es tu película favorita?” Yo contesto, claro, por cortesía, tratando de sustraerme del ambiente, explicando los motivos de esta pasión extraña que me hace adorar a aquella cinta tan imperfecta que, de veras, la explico, cambió mi vida. El resto es amenidad y encanto.
XX
Extenuación y sueño a partes iguales. La mención del “hasbeen” en la tertulia me ha hecho llorar. Yo también “fui”… sin merecerlo y “dejé de serlo”… cuando lo hice. La melancolía me obliga a olvidarme de un nuevo cambio de habitación y de este desvelo que, una noche más, se niega a irse. No me importa la vigilia en estos días en los que, como diría Fito, nos toca “sentir… que no estamos muertos”.
Mañana más. Y mejor.
La (contra)crónica oficial de Escorto'07 (tercera parte)
Cuarenta y cinco minutos exactos. Dicen que Leonardo Da Vinci dormía cuarenta y cinco minutos con vistas a sacar el máximo partido de su genialidad. También dicen que Leonardo Da Vinci era bajito. Bien. Aquí se acaban las comparaciones. Yo-necesito-dormir-más-de-cuarenta-y-cinco-minutos y cuando no lo hago, no soy persona, no puedo escribir, no soy persona; no puedo pensar, no soy persona; no puedo idear mis crónicas, no soy persona… pero sí un profesional. Día 3, ¡avanti!
XXI
Sesión Informativa: Tercer día. El corto Reciclaje de Juanjo Iglesias ofrece tantas divisiones de opiniones como destinos se presentan en el horizonte del personaje abandonado del corto. Ya veis que nos pasamos el día reivindicando la transgresión y ante ella no dejamos de poner caras de desconcierto. Están locos estos críticos… Esta disensión no sucede con Madres, exitoso pero supravalorado corto de Mario Iglesias que contiene, muy a mi pesar, alguna de las imágenes más melifluas de la Historia del Cine. Huyo de la indignación, tras veinte interminables minutos, y del hastío que me produce tal cúmulo de secuencias redundantes, y me refugio en el visionado de Perpetuum Mobile, un corto que no dice nada más allá de su fachada formal y su apariencia técnica y que, sin embargo, cumple -al igual que Garto- con el propósito de mostrar un ejemplo práctico de lo que saben hacer sus autores con unos programas de renderización. Respiramos.
XXII
Trato, unas diez veces, de mandar un saludo a los oyentes de Radiocine.org respondiendo a la petición de nuestra amiga Eva pero las únicas palabras que salen de mi boca se resuelven atropelladas, cuando no confusas. Definitivamente, debo intensificar la práctica de la oratoria y la improvisación. O dedicarme a vender cacahuetes en la selva amazónica.
XXIII
El sueño acumulado me impide valorar como merece esa conversación tan amena (y freakie, sí, qué se le va a hacer) que precede a nuestro encuentro, absolutamente surrealista, con el doble del Capitán Alatriste, aquí transmutado en una especie de camarero de hechuras decimonónicas y pose siniestra, ya habréis oído hablar de él, cuya gravedad de carácter se intensifica cuando le repito una vez más que no… que no quiero primer plato. Las risas y el surrealismo se mezclan pues con la comida (y con mi segundo plato) mientras los potenciales spotistas del próximo año se frotan las manos, ansiosos ellos, porque con el camarero bipolar de su lado optarán a un premio seguro, sí o sí.
XXIV
El boletín seduce también a Roberto Alcover Oti (uff, que largo) y de la unión resulta un artículo mítico (de gran título; pronto de culto) con referencias expresas a Camile Plagia. Así que al resto solo nos queda dejarnos llevar: Tonio, tejiendo otra de sus lúcidas y breves tesinas; Roberto García-Ochoa, adoctrinando al personal sobre lo que deben o no hacer por las mañanas… A mi me toca descanso así que aplaudo, no tanto porque me apasionen los artículos (que también) sino para evitar que me venza este descortés ataque de sueño.
XXV
Tarde irregular en la Sección Oficial que se compensa, no podía ser de otro modo, con el visionado reparador de dos cortos inmensos: Violeta, la pescadora del Mar Negro y Traumología (que no Traumatología como también nos recuerda Álvaro Manso) como paso previo a otra tanda de sketchs-no-finalistas que siguen sacando su jugo a la palabra Escorto… cuando no se dedican a devorar cristales con los ojos (sic) y/o tocarse la nariz con la lengua a cámara lenta (sic). La sorpresa nos la trae el descanso en forma de poltergeist: los boletines se han ido… ¿volando?, ¿corriendo?, ¿teletransportándose?; ¿alguien ha visto los ochenta boletines del día 3?, ¿alguna rival de Camile Plagia en El Escorial, quizá?
XXVI
Ya sabéis que no me gusta Backwoods. Y no porque no me seduzca su punto de partida (un revoltijo cinefílico mezcla entre Deliverance, Perros de Paja y La Caza) ni su atmósfera insana (absolutamente conseguida) ni alguno de sus actores (Luis Homar está im-pre-sio-nan-te) ni sus hechuras formales (magnífica fotografía y dirección artística) sino por la insatisfacción que impele un resultado final repleto de concesiones (algún desnudo por allí) y medias tintas (algún personaje que no sabe muy bien que pinta en la película por acá), que no toma partido por ninguno de los géneros con los que entronca ni por resolver lógicamente alguna de las situaciones que plantea. Pero me gusta, sin embargo, El Tren de la Bruja (gracias, REFO) y más aún las palabras de un gran Koldo Serra que, sin dejar de evitar un cierto tono de sarcasmo, se intuyen cargadas de razón y de clarividencia. Quizá con un Director’s cut…
XXVII
Liberto y su litrona presentan una suerte de hagiografía, en formato corto, del mundo de las enfermeras y sus pensamientos internos, mezclando el cine documental con el idealizado, la literatura con ínfulas de pretensión con el relato cuasirrealista pero no consigue el objetivo deseado y sí la indiferencia de un público del todo punto vacunado contra este tipo de productos redundantes… y sin enjundia. Pero es un buen contraste en esta noche donde estos cineastas nos cuentan cómo se llega del corto al largo, del largo al corto… del largo al paro. Y ya paro, sí señor: que hoy toca censurar la pretensión.
XXVIII
Vigalondo tiene preparada una sorpresa pero la deja para el final. Antes nos presenta Choque y nos demuestra que sí: que tiene un verbo grácil y distendido, que maneja a las audiencias y a los presentes, que sabe como levantar la expectación y promocionarse, que expone y habla tal y como escribe, que maneja los tiempos muertos y los silencios, que contesta atinadamente y de forma cómplice, más aún en compañía de esta camada de admiradores suyos que han colapsado el auditorio. Al final de la tertulia viene la sorpresa. Y sí, realmente, lo es: no ha contradicho a Liberto Rabal en toda la noche. Una auténtica sorpresa, ya lo creo, y de las gordas. ¿O acaso esperábais otro tipo de sorpresa?
XXIX
Nos apagan las luces mientras cenamos: invitación sucinta a abandonar las mesas y las conversaciones, todas de ascendencia bizarra, y a esa sepia tan deliciosa que tanto nos estaba gustando a Eli Martín y a mí. Todavía queda otra parada en mitad de la noche escorialense: nos damos cuenta que el tiempo pasa como la vida, pero no las ganas de seguir empapándose del Cine y de las conversaciones que le dan épica y sentido. Hoy ha sido un buen día y una mejor noche: y todo se lo debemos a las secciones paralelas y a quienes las idearon, financiaron y posibilitaron. Escorto huele a triunfo, una vez más. Y todos sabemos quienes son los responsables, quién se oculta entre la sombra.
XXX
Le hablo a J. Domingo de mis experiencias y de mis textos, de una frase que llama su atención, que yo le traduzco, y de las ganas que uno tiene de hacer pública la idea de lo que es la cinematografía y su naturaleza, y de cómo deben ambas comunicarse. Él me contesta hablando pero de si mismo... y me emociona. Me veo reflejado en él pero no lo digo; y y lo que tampoco le digo es cuánto lo admiro y envidio: es la prueba viviente de que puede hacerse..., de que es posible..., de que todavía se está a tiempo... Y su felicidad detrás de la cámara y sempiterna sonrisa nos demuestra, empíricamente, que es verdad, que el camino de las baldosas amarillas sigue delante para quien quiera verlo, aunque a veces esta niebla maldita se empeñe en hacernos creer que ya no existe. Gran tipo este J.Domingo.
La (contra)crónica oficial de Escorto'07 (cuarta parte y última)
Me despierto antes que nadie. Esto es lo corriente en un tipo habituado a festejar su júbilo en soledad. Camino por las calles de ese camping que no lo parece y me encuentro con esta mañana de sábado a mis pies, saboreando la experiencia vivida, deseando que lo que aún quede fluya como sus organizadores merecen. Escribo mi último artículo entre árboles y guardias jurado, en una suerte de paz interna impostada por un modo de entender la naturaleza… absolutamente urbano. Y como esto va de contradicciones hoy no me castigo recordando lo poco que dormí ayer (porque no fue para tanto) ni lo poco que nos queda para volver a la prisión que da sentido y financia a nuestras rutinas y vidas. Porque esta tarde queda la Gala y esto, a poco que nos descuidemos, vuelve a empezar.
XXXI
Día cuarto y último. Veo dos buenos cortos en la sesión informativa. Uno, absolutamente marciano, For(r)est in the Des(s)ert, hecho de retales y de vísceras de anfibio, una especie de collage sofisticado (“un juguetito”, lo califica Lía López Jaumandreu, ocasional presentadora del evento) con la ausencia y la madurez como leitmotiv. El otro, nos sorprende más aún, Vestido Nuevo, cuenta lo que buena parte de los cortos actuales (una historia social basada en una única excusa argumental), pero a medida que avanza se va descomponiendo en matices y ganando en profundidad (dramática y técnica) amplificando el sentido de la anécdota que lo justificaba hasta convertirse en la magnífica historia que finalmente consigue ser. De Con Lengua no queda mucho que decir: una anécdota, un clímax que no lo es, un duelo entre dos actores que nunca están a la altura de sus personajes... Vamos a comer.
XXXII
¿O no? De repente, presenciamos otro corto, esta vez en la modalidad work-in-progress y rellenamos un listado de preguntas que gentilmente reparten con vistas a que el propio público emita una valoración sobre lo visto. Es un test-screening de lo más osado sometido al juicio no ya de un público palomitero (no tendría sentido, el público palomitero no sabe ni lo que es un corto) sino de los asistentes a una sección informativa de un Festival en su turno de mañana: es decir, miembros del jurado hambrientos, cronistas oficiales derrotados por el sueño, críticos acostumbrados a escribir con cizalla, y demás sujetos instruidos en el noble arte de enjuiciar el trabajo audiovisual… alegremente: el resultado, no es difícil imaginar tras lo oído en los pasillos, no deja en buen lugar el trabajo presentado pero sus autores no deben desesperar y sí tomar nota: la conclusión general es que todo puede solucionarse en la sala de montaje… y de sonido.
XXXIII
Comemos. La presencia de una avispa en el restaurante me desorienta y debilita, y cuando vuelvo a la realidad, más de cuarenta minutos después, los mejores momentos (que han debido justificar la carcajadas de Koldo, Tonio, Carlos, Luis y J.M.) ya han pasado. Entonces nos llama la responsabilidad y pedimos el portátil a J.Domingo: el boletín ya no va a color y ni siquiera tenemos impresora. Pero queda una hora por delante y podemos hacerlo. No lo digo yo, sino Roberto, sin cuyo tesón y entusiasmo nunca se hubiera podido concretar este cuarto boletín que ahora tengo entre las manos. El resultado es descompensado pero sincero: hay textos de Luis Alboreca, de Roberto Alcover Oti y de éste que ahora presume de ello. Pero el mérito sigue siendo de Roberto García-Ochoa y de los responsables del restaurante, y de las fotocopiadoras del Ayuntamiento y de su Concejal de Cultura, que han puesto su grano de arena para sacar adelante algo a lo que yo había renunciado, durante esta última hora, no menos de treinta veces.
XXXXIV
Llegamos a San Lorenzo, que es pueblo con más cuestas que Monasterios, y no lo hacemos precisamente los primeros. Siento la expectación de los momentos previos, de lo que se cuece entre bastidores, de esos nervios que algunos se atreven a ocultar. Y oigo el bullicio de los que esperan, de esa gente que se agrupa en la calle y de otros tantos preparando una gala que debe funcionar correctamente. Los premios y agasajos esta vez son para otros, por ejemplo: para los alumnos del Taller de Cine que de forma paralela han estado desarrollando su actividad en El Escorial. Vemos en la gala su trabajo y esfuerzo con el formato y la textura de tres cortos amateurs. A alguno de ellos, esta experiencia le cambiará la vida, seguro.
XXXXV
Asensio presenta su spot-homenaje en un nuevo y flamante auditorio que, sin embargo, posee un retroproyector y un sonido que no están a la altura de la función. Nada de esto me impide disfrutar, sin embargo, del sorprendente homenaje a la segunda temporada de Lost que, con la forma de spot promocional de Escorto, nos ha tenido a bien regalar el bueno de J.M. Por cierto, no es la primera vez que nos ofrece una muestra de su talento. ¿Algo querrá decir, no?
XXXVI
La ceremonia final relega a Alvaro Manso a cometidos, más o menos, bufonescos dejando el resto del protagonismo y la oratoria a una de las presentadoras de Veo En Corto. La gala se desmerece, pues, perdiendo buena parte de su sentido sarcástico y capacidad de improvisación. Lo perdonamos por la interrupción constante de Nazan Grein, los músicos de la gala, ansiosos por rellenar los entretiempos con toneladas de improvisación y mejores maneras. Cuando volvemos asistimos, de testigos, al indisimulado éxito de REFO y a un show a costa de las chicas de Jacinto Venaverme. Definitivamente, los spots siguen siendo un gran invento.
XXXVII
Subo a otorgar uno de los premios en calidad de jurado de spots y lo hago acompañado de un aplauso cuya intensidad se magnifica al albor de la exagerada definición que sobre mi persona esgrime un apasionado Raúl Cerezo. De repente, no sé donde esconderme.
XXXVIII
Un trasunto de Johnny Knoxville aparece en el escenario, tripazo en ristre, y comienza a lanzar camisetas: cuando se quita la máscara descubrimos a Raúl Cerezo, preñado de stress y serotonina, recuperando el aliento y la sonrisa explicando que sí, que todo estaba preparado. El rostro cariacontecido de Coti y el silencio expectante de la sala al presenciar semejante momento-jackass… parece indicar lo contrario. Falsa alarma: todos sabemos que en realidad es un homenaje inconfeso a Cary Grant y al slapstick.
XXXIX
Se aprietan entre sí los asistentes y no por el frío, sino alrededor de una meses repletas de dádivas alimenticias y algo de lomo embuchado. Alfredo Llorens se lamenta de la rotura de alguno de los trofeos mientras Eli Martin recopila trinaranjus y yo, que no sé hacer otra cosa, colecciono recuerdos, conversaciones y saludos: de Queco Ágreda, de Koldo Serra, de Velasco Broca… Alberto Quintanilla, co-director del oscuro corto Tras las Puertas, me recuerda cuan delgada es la frontera entre la crítica y la opinión a la ligera. Le presento a Roberto Oti Alcover, quien admite defender su corto, y me obligo a pensar en lo que dice. Claro, que en este trabajo nadie se libra de la crítica ni de la ligereza:
La decision final de J.P. Bango es un decepcionante relato sobre una familia que debe abandonar a su sirviente dummy, criminales reeducados y condicionados para servir, ante una inminente catastrofe. Muy frio, la historia nunca llega a interesar…
XL
Fiesta. A juzgar por los pocos aparcamientos y aceras que quedaban libre en la noche de San Lorenzo, podíamos presumir que la algazara iba a continuar durante toda la noche. Pero, a excepción de Roberto, que se va de pesca, y de algún que otro clon de REFO, que se va de birras, al resto nos empieza a doblegar el cansancio mientras recopilamos teléfonos, e-mails y sensaciones. Lo siento, pero no se me ocurre otra despedida mejor que la concebida esta misma mañana, cuando abandonamos la Casa de Cultura de El Escorial en dirección a la Gala:
Huele el aire a despedida y a nostalgia: los pasillos se disuelven siguiendo el rastro de la rutina que solo unos días después conseguirá atrapar a estos locos. En las paredes quedan los carteles y en el limbo los recuerdos, el saludo de aquél al que hacía tiempo al que no veías; las secuelas de esa conversación inolvidable… Es corto como todo lo bueno; y como todo lo bueno merece que vuelvas a luchar por ello: a ser patrocinador o mecenas, director o figurante, aficionado o amante de este modo de entender las cosas, de este modo de entender el ¿Arte? Adiós entonces, camaradas, y hasta la próxima. La vida sigue su ciclo y el cuerpo nos sabe a victoria.
Palmarés Escorto 2007
EDISON “ AYUNTAMIENTO DE EL ESCORIAL” AL MEJOR CORTOMETRAJE+ premio esfera 7 y 1200 euros
TRAUMALOGIA de Daniel Sánchez Arévalo
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LA PARABÓLICA de Xavi Sala
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PADAM...de Jose Manuel Carrasco
EDISON a la MEJOR DIRECCIÓN
LEÓN SEMINIANI por Ludoterapia
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DANIEL SÁNCHEZ ARÉVALO por Traumalogia
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BEATRIZ REVILLA, TOMAS CIMADEVILLA, DAVID SERRANO Y AITOR MERINO por El pan nuestro
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VICTORIA RAMOS por Tras las puertas
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EDISON a la MEJOR EDICIÓN
JAVIER DIAZ VEGA Y VELASCO BROCA por Avant petalos grillados
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COKE RIOBOÓ por El Viaje de Said
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EDISON al MEJOR VESTUARIO
MÓNICA CRISTOFOLETI por Traumalogia
EDISON AL MEJOR DISEÑO GRÁFICO
THOMAS STEINBORN por Con lengua
EDISON AL MEJOR CARTEL OFICIAL ESCORTO´07
DAVID UTRERO
EDISON “SÉPTIMO VICIO” DEL JURADO AL MEJOR ESPOT
Un spot de...Miguel Angel Refoyo “Refo”
EDISON AL MEJOR ESPOT DEL PÚBLICO AL MEJOR ESPOT
Flash escorto de Jacinto Venaverme
MENCIONES AL MEJOR ESPOT SEGÚN LOS VOTANTES DE LA WEB
Un spot de...Miguel Angel Refoyo “Refo”
Quiero la cabeza de Fernando Moreno de Daniel Romero
Flash escorto de Jacinto Venaverme
EDISON HONORÍFICO
Angelino Fons
MacLane y la Fisicidad del Antihéroe
MacLane y la Fisicidad del Antihéroe: Podéis leerlo completo en El zoom erótico:
La delimitación entre el bien y el mal de vez en cuando queda difuminada al albor de la tentación (ese lado oscuro de indudable ascendencia bíblica) o la rutina (eso que saboteaba las existencias de Los Increíbles en el film epónimo), tornando los efluvios triunfalistas que animaron las primeras gestas en una especie de lacra existencial que erosiona y emponzoña la cotidianidad del héroe. En ese contexto grisáceo surge la figura del antihéroe como una suerte de involución (debida por motivos emocionales) que acecha al héroe que no quiere serlo. El antihéroe no busca su destino: se topa de bruces con él. Y si ejecuta acciones que, objetivamente, podían calificarse como heroicas, lo hace fundamentalmente para salvar su cuello… o el de su mujer. Aquí nos encontramos con MacLane: el único héroe de la década de los ochenta que ha sabido distanciarse del carácter reaccionario de los miembros de su generación, hasta entonces guiados por instintos tan primarios como la venganza o la ira, para convertirse en salvador de aquellos que lo necesitan por el simple hecho de pertenecer al bando de los buenos y estar en peligro. Una panacea, en realidad, en forma de concesión a un público que ha perdido (sobretodo a raíz del affaire Rodney King) toda fe en la Policía.
(...) MacLane es un héroe peculiar: no quiere serlo ni merecerlo y su físico no responde a la lógica de la década. Apenas si hay anabolizantes debajo de esa camiseta de tirantas directamente heredada de Jack Burton (el antihéroe bufonesco que Kurt Russell interpretaba en la archiincomprendida Golpe en la Pequeña China de John Carpenter), y su principal habilidad es la elocuencia (mediando o no palabrotas de por medio). No en vano, Willis trata de convertir en un héroe de acción el arquetipo esencialmente verborréico (y levemente misógino) que lo hizo famoso con Luz de Luna. Apoyándose en su principal arma, no tardaremos en comprobar que no le hará falta mucho más que un walkie talkie para hacer frente y liquidar a todos los captores.
Memoria: Si quieres ser un buen director debes...
Si quieres ser un buen Director debes...
a) Concebir el espectáculo como un cúmulo de excesos: pantallas gigantes (pero menos), muchos extras (aún virtuales), vuelos de cámara fuera de contexto (a vista de los dioses, normalmente), una campaña de promoción desorbitada (entiéndase literalmente) y más silicona que talento.
b) Ocultar tu competencia narrativa con la connivencia del montador contratado por la productora. Nunca serás capaz de contarnos una buena secuencia de acción pero tendrás trabajo asegurado de la mano de Jerry Bruckheimer & Friends.
c) Sentirte independiente para escribir tus guiones y dependiente para modificarlos, tacharlos, dilapidarlos por capricho de una pléyade de adolescentes ociosos.
d) Ser productor de tus propias películas y tener vocación autocomplaciente. Si te lo montas bien, puedes incluso ganar algún Oscar con discurso pro-santoral de por medio.
e) Dejar el arte para los museos; los diálogos para Woody Allen; los sueños para Calderón.
f) Permitir que los actores se expresen libremente, sobretodo a la hora de negociar sus minutas y salarios (no te convertirá en el tipo mejor pagado del set pero los responsables de marketing de la productora se gastarán una pasta promocionando tu película al objeto de compensar el dispendio contractual).
g) Pedir más de lo que necesites aunque de manera controlada so pena de caer en "El Síndrome Wolfgang Petersen", un alemán con fama (y actitud) de artesano que pidió barcos para Troya y acabó empachado de intemperancia.
h) Contratar a Renee Zellweger para el papel de secuestrada amordazada. Conseguirás su mejor interpretación o, al menos, un monumento financiado por unos cuantos de nosotros.
i) Poner la otra mejilla, claro. (Donde pone "mejilla" podéis poner lo que queráis: la imaginación es gratis –de momento-)
j) Ser paciente con los críticos: de cine saben tanto como tú.
k) Hacer caso a los productores de tus películas tanto fuera como dentro del rodaje. James Cameron, John Carpenter o Peter Jackson han llevado este punto hasta límites (s)extremos.
l) Hablar en el Set con el tono de voz más elevado como te sea posible. No te convertirá en mejor director pero tu entorno creerá que sabes de lo que hablas.
m) Asignar tu Cine a una Escuela de colegas: pertenecerás al Todo sin tener que esforzarte demasiado en tu parte. Los de Nouvelle Vague saben de qué estoy hablando.
n) Firmar autógrafos. Abstenerse de firmar aquellos que te pidan unos tipos con corbata y gafas de sol...
o) Conceder entrevistas a la crème de la crème internáutica. No te leerá nadie pero engrandecerás tu currículum.
y p) Acudir cuando ella silbe, ay.
Un día de estos os contaré lo que no debéis hacer si queréis ser grandes cineastas ;)











