Fellini retro
Adalid de lo grotesco y de lo absurdo, hizo de la hipérbole y de la exageración su marca de identidad, su territorio reconocible. Asumió riesgos porque no sabía hacer otra cosa. Y se atrevió a crear para sí solo un universo audiovisual no apto para todos los públicos, porque entrar en el territorio de Fellini se asemeja más a una violación que a un acto propio de vouyerismo, porque no se hace para contemplar una ficción sino para invadir el subconsciente de aquel que la concibe, embriagado de recuerdos y de atribuciones oníricas, cultivados en su misma infancia, allí donde se gestó la personalidad universal que acabaría siendo, el creador que ahora todos reconocen. Y es que el Cine de Fellini era, por encima de todo, una autobiografía en perpetuo estado de gestación.
Definió su obra a través del exceso. Y sin embargo, se le recuerda por su indudable capacidad para crear iconos (La Dolce Vita, Amarcord). Así de visionarios eran sus modos de entender el arte cinematográfico, así sería el legado que dejaría para los restos. Concebidor de eso que aprendió enseguida Terry Gilliam y antes que él Karel Zeman, y entre uno y otro, Fellini, maestro de todos los extravagantes, de los creadores de delirios, de los diseñadores de personajes acostumbrados a cohabitar la entrevela, echando mano de la imaginación o de sus sueños para sortear cualquier revés o impostura; una alternativa al neorrealismo rosselliano (al que Fellini le debe más que a nadie) pues no hay mejor manera de burlarse de la realidad que creándose una propia, aun preñada de mujeres de tetas gordas y labios poco refinados, o de payasos que se creen donjuanes, o de Giuliettas que se creen espíritus con cuernos en mitad de la nada.

Aprendió a hacer Cine tomando como base sus propios recuerdos, desposeyéndolos de aditivos o de interpretaciones metafísicas, travistiéndolo de ropajes oníricos y grandguiñolescos, convirtiendo la realidad en sueño. Y se llenó de Verdad en esa interpretación mística que haría de su propia vida en Ocho y medio y en Amarcord, dos de sus obras más destacadas de una filmografía inabarcable.
Poeta y visionario, mejor contador de historias que cineasta, italiano universal: Federico Fellini. Próximamente en Retroback (enero 2009) en Granada, una ciudad ideal, me cuentan, para semejante despliegue cinefílico, en copias de altísima calidad, una selección de sus obras más significativas. Por ejemplo:
Los inútiles
Las noches de Cabiria
La Strada
La dolce vita
Ocho y medio
Julieta de los espíritus
Satyricon
Los clowns
Roma
Amarcord
Casanova
A gozar, que es ya es mucho.
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Autor: David
Fecha: 09/08/2008 23:48.
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Autor: Tonio L. Alarcón
Fecha: 11/08/2008 12:56.
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Autor: J. P. Bango
Fecha: 11/08/2008 17:13.
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Autor: Shangri-La
Fecha: 12/08/2008 00:40.
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Autor: J. P. Bango
Fecha: 12/08/2008 08:54.
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Autor: Jordi
Sobre Fellini podríamos estar hablando un blog entero, así que dejémoslo en su trono de maestro y recordemos que hacen falta varios visionados de su biografía para llegar a entender los infinitos recovecos de su mundo onírico, neorrealista, surrealista, excesivo, hipnótico, cautivador, autobiográfico... Podríamos decir tanto, y nos quedaríamos tan cortos...
Dejo caer aquí, con su permiso, todo lo que en su día dije de Fellini y la importancia en su cine de lo visual en relación con el "Art Cinema":
http://docs.google.com/View?docid=dcsfvsnd_18fdx7nfhp
Fecha: 12/08/2008 14:34.
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Autor: comunllum
http://fueradeguion.blogspot.com
Fecha: 12/08/2008 19:55.










