Melville
Maestro y referente de toda una generación de directores (coetáneos: Truffaut, Chabrol, Rivette..., y no coetáneos: Tarantino, John Woo o Jim Jarmush), concebidor de una filmografía corta pero admirable, que apenas si admite obras menores o prescindibles, antes al contario, formada por una buena colección de obras maestras acostumbradas a resistir el paso del tiempo, cualquier análisis o crítica, también hoy día, treinta y cinco años después de su muerte.
Deformador de los géneros y de sus constantes, Melville siempre permaneció al margen de los focos y de las modas, cuando cimentaba la base de un cine -realista pero contestatario- sobre el que después se iba a asentar toda la Nouvelle Vague o cuando construía para los restos la fachada de un género, el noir, cuyas constantes y arquetipos ya había caído en desuso, cuando no en el más indigesto de los olvidos.
Creó alrededor de sus personajes todo un submundo poblado de gánsteres de medio pelo, jugadores de casino, asesinos a sueldo, cantantes de cabaret, viudas lesbianas o curas con un hálito de santidad. Personajes subsumidos en unos entramados cuya naturaleza bien podría encuadrarse en la de una tragedia griega (o japonesa, según se mire), contribuyendo a conformar la mitología de un cine más popular y, de paso, sembrar de seguidores a toda una generación venidera (haciendo especial hincapie en el cine hongkonges policiaco de los finales de los ochenta).
Cineasta en continua búsqueda de la evolución de su lenguaje, maestro de los set pieces y los fundidos a negro, del fuera de plano, de los encuadres inspirados, exponente y precursor de dos de los géneros que mayor relevancia internacional otorgaría a la cinematografía francesa (La nouvelle Vague y el Polar), a Melville, sin embargo, se le sigue negando su incuestionable capacidad innovadora en el plano formal, el entendimiento de su obra como un todo operístico, donde la técnica y la lírica persiguen un mismo fin: la recreación de una Historia, así, en mayúsculas.
Renovó los códigos de los géneros y los dotó de una forma recurrente para potenciar un argumento donde, contradictoriamente, el protagonista no es ni el género ni la forma, sino el Hombre: el personaje -que protagoniza el film- y el espectador -que recibe su mensaje.
Abordó el género bélico desde la perspectiva del resistente, quizá homenajeando su propio pasado, quizá definiéndose como un hombre enfrentado contra un sistema del que no tardó en asegurarse su independencia, acortando los costes de producción de sus películas, contratando a actores semidesconocidos, rodando en espacios naturales, en un principio, desafiando las normas establecidas, después, tratando de encontrar un hábitat, el que todo creador demanda, donde el principal motor de una historia lo mueva no una oficina de producción sino la Libertad, entendida como concepto de partida.

Director de Bob Le Flambeur, El Confidente, El Silencio de Un hombre, El ejército de las sombras, El Círculo Rojo... Fue Jean Pierre Melville. Es uno de los cineastas más influyentes del mundo del celuloide.
Próximamente en RETROBACK, 2009, un repaso a los títulos más destacados de su filmografía, en formatos de alta calidad.
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Autor: Cinelandia
Felicidades, un gran artículo.
Un saludo
Jordi Revert
Fecha: 06/10/2008 00:59.
Autor: J. P. Bango
Fecha: 07/10/2008 18:00.
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Autor: REFO
Un maestro entre maestros.
http://refoworld.blogspot.com/2006/11/le-samoura-el-silencio-de-la-muerte.html
Fecha: 09/10/2008 10:37.










