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Seconds (Plan diabólico, 1966)

Frankenheimer concibe una sociedad imperfecta e infeliz impostada en el epicentro mismo del american way life. Arthur es un empleado de banca taciturno a pesar de su éxito social, seguramente económico. La vida que esperaba no es la que tiene en un despacho donde destacan, expuestos en una repisa, los premios deportivos que ganara en su juventud. Su rostro aviejado y su orondo cuerpo, corrompido por el paso del tiempo y el conformismo, anhela una vida alternativa, idealizada, distinta. Pronto descubrirá que su deseo interno no es personal ni secreto: más aún, sabrá que otros detectaron antes esa necesidad (la regeneración) y la desarrollaron como otro negocio cualquiera.

La sociedad que presenta Frankenheimer se muestra, en este contexto, impiadosa, mercantilizando incluso los propios sueños. El hombre no es sino un peón subsumido en un Sistema que, por encima de todo, lo necesita como consumidor y como votante, y lo desprecia, en términos más que metafóricos, cuando ideológica e intelectualmente se asienta fuera de él. En este sentido, el hombre se sabe atrapado por una pesadilla kafkiana de la que resulta difícil desligarse sino es mediante la rebelión. Director y guionista no tardan en dejarnos claro que incluso la más de integrista de las revoluciones también forma parte del Sistema

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08/05/2008 09:01 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: FIJR GRANADA No hay comentarios. Comentar.

El Ritmo Maldito

Mes Indy en El Zoom:

Ahí os dejo un fragmento de mi artículo, "El Ritmo Maldito" que podéis leer íntegro en la citada web.

 

Le atribuían a Goldwyn una máxima que decía que una película debía comenzar con un terremoto y luego ir más allá. El Templo Maldito se sale de los márgenes: el protagonista huye del Shangai ocupado, perseguido por las deudas y los gángsteres, y va a parar a la India donde tras infiltrarse en la secta Thuggee, cuya naturaleza y formas se exageran convenientemente para la ocasión, consigue rescatar a una comuna de niños esclavos para regresar después, camino a Delhi, radiante y feliz con el tesoro que buscaba bajo el brazo. Claro que sus propósitos no son altruistas y que el antihéroe, a fuerza de querer serlo, se convierte en héroe y, por tanto, en antagonista de si mismo, incluso en niñera, es decir, en una parodia. Gracias a eso, también tiene sentido su carácter de superhombre, capaz de saltar de una avioneta en una zodiac y sobrevivir al intento. Y eso es solo el principio, porque ¿qué importancia tiene la verosimilitud en una historia cuya naturaleza la define la ausencia de límites?

Al contrario que En busca del Arca Perdida, donde el leitmotiv argumental (la búsqueda) importaba tanto o más que la consecución última del macguffin (el hallazgo), El Templo Maldito renuncia a cualquier idea de Macguffin para no desviar la atención de la masa. Ya no nos importan las motivaciones de los personajes, ni las disputas o duelos que las financian, ni la codiciada búsqueda de un arca o unas piedras mágicas o el mismísimo Santo Grial. Ni siquiera nos importa que se consiga el objetivo de marras, o que esta vez los malos no sean los nazis: no en vano, la película se desmarca de cualquier contexto reconocible en occidente. Porque en El Templo Maldito no importa la Búsqueda ni el Hallazgo sino el Ritmo. Esto por encima de todo lo demás.

 

13/05/2008 12:05 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: J. P. Bango en la web Hay 5 comentarios.

TOP 7: Casas Encantadas en el Cine

1.- Al Final de la escalera / The Changelling, 1980 (Peter Medak): Uno de los máximos exponentes del cine de fantasmas contemporáneo, y sin duda el más influyente (Poltergeist, The Ring, Dark Water, Los Otros, El Orfanato…) de todos ellos. Lúcida mixtura entre el cine de casas encantadas y el policiaco, la historia de este músico colapsado por un drama personal que se traslada a una nueva vivienda para reencontrarse consigo mismo, se verá perturbada por la presencia de un fantasma infantil que exige un ajuste de cuentas con el tipo más poderoso de la ciudad. Extraordinaria en cuanto a la dirección artística, brillante en cuanto al fondo, The Changelling destaca por su ausencia de efectismos y por su delicado equilibrio formal (música, montaje, trabajo de cámara), siendo una de sus más destacables marcas de identidad la utilización de objetos cotidianos como elementos desencadenantes del terror más absoluto (en la retina: una pelota humedecida bajando por una escalera, una silla de ruedas desvencijada, un espejo roto…). Una película magnífica.

2.- ¡Suspense! / The Innocents, 1961 (Jack Clayton): La mejor de las adaptaciones de la novela Otra vuelta de tuerca de Henry James, autor-renovador del género de fantasmas en su vertiente gótica, también es la que más ríos de tinta ha dejado correr, fundamentalmente, por su cariz ambiguo y onírico. Cinta parabólica y perversa, representación despiadada de la educación y de los valores nefastos que de vez en cuando la edifican, The innocents (obviaremos el absurdo título español, con signos de admiración incluidos) The Innocents no es sino la historia de una obsesión, narrada desde un punto de vista subjetivo (extraordinaria Deborah Kerr en uno de los mejores papeles de su carrera), hermosamente fotografiada por Freddie Francis y dirigida con brío por Jack Clayton, responsable último de esta obra de fantasmas y otros demonios internos, contenidos en el seno de una casa que custodia un terrible secreto. Los rigores de la represión moral se vomitan en forma de paranoia sufrida por una institutriz con exceso de celo, demostrando que los verdaderos fantasmas no se ocultan en el interior de una mansión aislada, envuelta en brumas y recuerdos, sino en el cerebro de uno mismo, esperando a que bajemos la guardia.

3.- La casa encantada / The haunting, 1963 (Robert Wise): Uno de nuestros artesanos favoritos firma esta obra a medio camino entre el drama psicológico y el cine de terror, basándose en el relato “The Haunting of Hell House”, de la escritora Shirley Jackson. Las angulaciones de cámara, los contrapicados, las composiciones de plano y la puesta en escena se convierten en las herramientas que utiliza Wise para transmitir el clima de inquietud y terror que desprende toda la cinta, transformando la casa de la colina que da origen a la historia en un auténtico edificio enfermo, diríase que fantasmagórico, incluso aunque entre sus muros no se ocultará presencia espectral alguna. Bellamente fotografiada (esto es habitual en el género), poseedora de un sutil erotismo (protagonizado por algunos rebrotes lésbicos), sabe mantener en todo momento la ambigüedad de su propuesta, representando el punto de inflexión de un subgénero, el de casas encantadas, que continuará en la década de los setenta con filmes como Terror en Amytville, Pesadilla Diabólica o La Leyenda de la Casa del Infierno, su más que digna sucesora.

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21/05/2008 11:29 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: El Top del Cronicón Hay 3 comentarios.

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal. El mito se brinda un homenaje

Indy envejece, como nosotros. También lo hace Harrison Ford a pesar de los esfuerzos del Bótox, o Karen Allen, tan vivaz y divertida como en En busca del Arca Perdida pero con la mirada puesta en el crepúsculo en los planos desenfocados, quizá rememorando tiempos mejores, por ejemplo su magnífica composición en Starman, la cinta más incomprendida de John Carpenter y que acabó por condenarla al olvido. El que no envejece nunca es Spielberg para júbilo de todos nosotros, y para júbilo de la cuenta corriente de sus productores, cómplices subsidiarios de un modo de entender el espectáculo cinematográfico que aún no tiene seguidores, aunque sí imitadores incapaces de comprender la esencia misma de una historia como ésta. Que es la misma que define nuestros recuerdos, por cierto. Es como si nosotros, espectadores adictos a la melancolía, volviéramos a ser lo que éramos gracias al Cine. En particular, a esta película cuyos primeros compases (melódicos y modélicos) nos introducen, a golpe de látigo e impostura, en nuestros años de preescolar, y un poco más allá, en aquella edad maldita en que solamente los héroes de las películas conseguían salir airosos de los reveses existenciales que brindaba la vida.

En fin, no debemos considerar esta cuarta parte como bastarda por estar pasada de años o de efectos especiales, o por haber despedido al bueno de Frank Darabont que, a buen seguro, habría concebido una historia mucho más lustrosa que esta colección de clichés y arquetipos, de lugares comunes de un género que la trilogía antigua había glorificado ya, y para siempre. Debemos considerarla, eso sí, un acto de nostalgia, presto y dispuesto para una comunidad de seguidores entusiastas que, por un día, necesitan volver a sentir lo que una vez sintieron, por melancólico que sea su designio, y de otros, que ya habrán adivinado que sucedáneos insustanciales como La Momia o La Búsqueda, le deben todo al personaje creado por George Lucas, del mismo modo que éste le debía lo mismo a Flash Gordon o a James Bond, o a los seriales que animaron su infancia.

En este marco, ya lo digo: más jamesbondiano que nunca, son los soviéticos y no los nazis (a pesar de los esfuerzos de Darabont en este sentido) quienes asumen el papel de malo. De hecho, los mejores momentos de la película los protagoniza el propio contexto en el que se ubica, llegando al paroxismo en esa huida (a lo Harold Lloyd) donde los agentes de la KGB se topan con una manifestación anticomunista. Y por supuesto, no debemos olvidar a Cate Blanchett, que se adueña de la función en su papel no de villana sino de antagonista, una parapsicóloga stalinista al mando de una investigación cuya naturaleza haría estremecer de placer al mismísimo Hellboy. No es la única referencia actual que encontramos en esta película (Stargate, La momia 2, Expediente X: la película), pero sí la que más nos sorprende, más y cuando el propio Spielberg ya se había acercado al tema, con brillantez, en Taken (Abducidos).

Y es que lo que menos importa aquí es la historia (divertida, cimbreante, excesiva) sino la vuelta de un icono, con heridas pero íntegro, más acompañado que nunca a pesar de que sus mejores momentos (como la fabulosa huida del principio) los siga viviendo en solitario, embriagado por las canas y por las cicatrices, acaparando para sí los chistes sobre la edad que antes habían sido exclusivos de Sean Connery, con su sombra proyectándose sobre la pared, igual que antaño, si bien esta vez tras los focos no se oculta Douglas Slocombe sino Janusz Zaminski, que es igual de brillante pero más artificioso. Quizá sea éste el más estimulante de sus ganchos, pero no el único. Lo mejor es comprobar que lo de siempre (su ritmo, su comicidad, sus guiños cinéfilos) siguen funcionando con Ford y no lo harían con ningún otro, como bien demuestra su gag final.

Porque, en realidad, El reino de la Calavera de Cristal no es sino otra montaña rusa, repleta de chispa y aventura, que nos devuelve lo mejor del Cine de Spielberg, desposeído de anclajes melodramáticos y/o ajustes de cuentas particulares, que es capaz de concebir el espectáculo sin otra excusa distinta al divertimento, con la delectación como indiscutible elemento motivador, aunque esto suponga, como ocurría en El Templo Maldito, renunciar a la verosimilitud o a la lógica. Como en aquélla, ésta es su mejor baza. Lo peor es que la historia importa más a los personajes que a los espectadores y esto sorprende en una saga donde el argumento nunca importó lo más mínimo. También sorprende, y mucho, el protagonismo otorgado al personaje interpretado por John Hurt, de cariz absurdo y conducta insoportable, que salva al resto del grupo de vez en cuando con argucias deux ex machina y ofrece explicaciones irrisorias que nadie pide, ni necesita. Menos una historia como ésta, poseedora, claro que sí, de un final delirante, como no podía ser menos, tan carente de emoción como cargado de efectismos, una conclusión más que mejorable que, sin embargo, apenas si desluce las sensaciones, la mayoría de ellas satisfactorias, que dimana la última película de Steven Spielberg.

No dejéis que se os la cuenten.

Lo más destacado: los guiños referenciales.

Lo menos destacado: sin entrar a valorar la idoneidad de su macguffin: la total ausencia de emoción en el tramo final de la cinta.

Calificación: 7,5

26/05/2008 08:40 Autor: bango. Enlace permanente. Tema: FIJR GRANADA Hay 5 comentarios.


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