FAUNA
Todo ocurre a través de una ventana.
Los héroes ganan las batallas y se quedan con el mejor de los botines. Ellos escuchan la música, su música, y esparcen su melena al viento. Besan a la chica, de tu parte, y cabalgan contra el ocaso poniendo fin a una aventura. Saben que el público les quiere. Saben, claro, que paga(rá) por verlos.
Los otros también saben aunque no son sabios. Conocen las llaves de la manipulación y se entregan a ella sin miramientos. Son alquimistas: convierten el Arte en dinero. También son magos, sí, pues hacen magia: de otro modo no se explica que alguien pague lo que paga por ver a ya sabéis quién haciendo amigas en las cárceles de Tailandia, y pueda dormir sin remordimientos. Ay.
Luego estamos nosotros. Los listos. Sabemos tanto de Cine que hacemos de cada crítica una aventura literaria, de nuestros parlamentos y textos una doctrina que seguir. Nuestra profesión es sólo una afición y de ella hacemos partícipes a nuestros lectores. Creemos, ya véis, que tenemos lectores. No sólo nos puede el orgullo sino también la vanidad y el exceso de ego. Firmamos nuestras críticas y las ponemos estrellitas, tomates o números. También dormimos a pierna suelta.
Todos (ellos y nosotros) adquirimos nuestro sentido entorno a él.
Sí. Él.
Los héroes ganan las batallas y se quedan con el mejor de los botines. Ellos escuchan la música, su música, y esparcen su melena al viento. Besan a la chica, de tu parte, y cabalgan contra el ocaso poniendo fin a una aventura. Saben que el público les quiere. Saben, claro, que paga(rá) por verlos.
Los otros también saben aunque no son sabios. Conocen las llaves de la manipulación y se entregan a ella sin miramientos. Son alquimistas: convierten el Arte en dinero. También son magos, sí, pues hacen magia: de otro modo no se explica que alguien pague lo que paga por ver a ya sabéis quién haciendo amigas en las cárceles de Tailandia, y pueda dormir sin remordimientos. Ay.
Luego estamos nosotros. Los listos. Sabemos tanto de Cine que hacemos de cada crítica una aventura literaria, de nuestros parlamentos y textos una doctrina que seguir. Nuestra profesión es sólo una afición y de ella hacemos partícipes a nuestros lectores. Creemos, ya véis, que tenemos lectores. No sólo nos puede el orgullo sino también la vanidad y el exceso de ego. Firmamos nuestras críticas y las ponemos estrellitas, tomates o números. También dormimos a pierna suelta.
Todos (ellos y nosotros) adquirimos nuestro sentido entorno a él.
Sí. Él.










