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El cuaderno rojo
Un año más saco mi cuadernillo rojo a pasear por territorios financiados por la pasión y por el recuerdo. Son éstas, en fin, las transcripciones literarias de esas notas que, entre sueño y sueño, he escrito durante mi estancia en Granada como parte del staff organizativo del I Festival Internacional de Cine Clásico RETROBACK.
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En breve:
Día 24. Sábado.
RETROBACK 2009: La contracrónica (primera parte)
Día 24, sábado:
I
Aterrizo y ya encuentro el segundo motivo para celebrarlo. Mis particulares miedos a aviones, alturas y turbulencias dejan paso a un efusivo saludo después de tanto tiempo, a una caterva de ancianos sin maletas a punto de iniciar una revolución social y a una indescifrable sensación de buen rollo dentro de un coche. Observo que esto no ha hecho nada más que empezar y que ya me siento como en casa. Lo celebro, claro, transitando por caminos nostálgicos mientras afilo los lápices preso de la expectación. Me gustaría saber italiano, eso ya lo anticipo.
II
Esperaba ansiedad y algunos nervios a unas horas del inicio y me encuentro con la agradable comprobación de que todo está hecho como debe; así que una tras otra, las primeras horas en Granada pasan tan rápidas como repletas de conversaciones cinéfilas y de alguna delicia culinaria, y de varios intercambios dialécticos de aroma lúcido con Javier mientras se cierra el apetito tras los postres en busca de la primera gran noticia del Festival: habrá lleno en la gala de inauguración.
III
Al son de la música de su padre se presenta Mónica y su espectáculo sobre el escenario del Teatro Isabel la Católica. Apenas sí hay palabras o discursos y sí una actuación, de veras, soberbia que es acertadamente recompensada con aplausos; digno punto de partida de un Festival de claro aroma evocador cuyos primeros efluvios se proyectan embebidos de música y cinefilia. Respiramos, claro, satisfechos.
IV
Cena uno acompañado de aquéllos con los que más cómodo se siente mientras participo de todas y de cada una de las conversaciones que se me antojan; todas ellas -advierto- parecen formar parte de un mismo ideal romántico. Me siento a gusto, ya lo digo, rodeado de gente sin máscaras.
V
Que bien duerme uno aquí, suspiro en mitad de la noche.
RETROBACK 2009: La contracrónica (segunda parte)
Día 25; domingo:
VI
Antes de la primera película dejamos un espacio para el contexto. Y en Granada los márgenes saben a Alhambra y a Historia en formato pedregoso. Llueve pero no se desluce su encanto. Es verdad que cautiva más allá de sus anacronismos o de su inexcusable condición de negocio turístico. Seducido por los muros de otro tiempo, en fin, paseo a escasos metros del grupo igual que Simbad en su último viaje fantástico. Aquí no hay homúnculos espías ni sectas Tugg pero sí una aura mítico cuyos epítomes comienzan a cristalizarse al lado del sombrero de Jacques Champreaux. Es un marco idílico para soñar despierto, reflexiono, mientras compruebo de primera mano como la batería de mi cámara de fotos fallece por agotamiento, antes de llegar a un último rincón, si cabe, más fascinante. Otro día será, me digo.
VII
La respuesta granadina a Una vela para el diablo del no menos granadino Eugenio Martín vuelve a ponernos los pies en el suelo. Es una cinta de terror de concepción dramática y atmósfera in crescendo restaurada para la ocasión por cuenta (y gracias al esfuerzo) del Festival. Pocos acuden a la presentación de esta cinta poderosa, excelentemente recompuesta, uno de esos títulos de género reivindicables que componen la parcialmente excelente filmografía de Eugenio Martín. El propio director proyecta un cierto deje de decepción rápidamente soslayado por el aplauso que le brindamos los que estamos. Habrá tiempo para la revancha, pienso.
VIII
Nos llegan ecos del éxito de Kuroneko durante la cena, y nos sentimos intensamente complacidos. Me alegro por Kaneto Shindo, poseedor una de las cinematografías más apasionantes y desconocidas de todas y cuantas referencia el Festival, y por aquél que apostó por él, claro, en mitad de este día repleto de conversaciones míticas y cinefilia a granel.
IX
Me entretengo con las sombras, ya de noche, y con el callejero, justo cinco minutos de haber perdido mi móvil (y su jugosa agenda) en las calles nazaríes. Lo recupero gracias a la amabilidad de un taxista, a cambio de ocho euros, unos veinte minutos después. Respiro.
X
Peleado conmigo mismo evito llegar en la hora indicada para disfrutar de los tres primeros minutos de La sangre de las bestias de Georges Franju. Sí llego, afortunadamente, a tiempo de visionar ese hermoso poema visual que sigue siendo, pantalla grande en ristre, la excepcional Ojos sin rostro del mismo Franju. Nunca había gozado tanto esta película como esta noche y así se lo digo a David, de veras orgulloso y solícito, mientras dirigimos nuestros pasos hacia el día siguiente. Siento, indefectiblemente, que el Festival empieza para mí en ese mismo momento.
RETROBACK 2009: La contracrónica (tercera parte)
Día 26 lunes:
XI
Me pierdo con propósitos solipsistas por el centro de la ciudad de Granada tratando de buscar referencias que, en el futuro, me permitan deslizarme a contracorriente. Sin embargo, lo que al principio había sido algo premeditado termina por convertirse en una pesadilla afterhoursiana: tres horas después aparezco tarde en el salón de plenos del Ayuntamiento donde ya no queda nadie en la anunciada rueda de prensa de presentación del Quatermass, con pocas dudas, la publicación más gozosa de todas las que apadrina el Festival. Otro día será, me digo autoirónico.
XII
Comienza el ciclo del cine fantástico italiano con la que es uno de los filmes que mejor lo representan: I vampiri. Observo, quizá preso del júbilo que proyecta sobre mi esta película, que aunque ha envejecido considerable todavía forma parte de un modo de concebir el cine de género claramente ingenuo pero fascinante. Llegarán tiempos mejores en la filmografía del propio Fredda y más aún en el resto del fantascienza, pero no dejan de ser destacables la ingente cantidad de referencias exportables que acabarán derivando de esta histórica película.
XIII
No veo Judex y no me lo perdono. A cambio, acudo a contemplar con Grazziano (comisario de la exposición), y con el resto de la troupe italiana, la muestra de cartelería de su colección expuesta en la Corrala de Santiago. Me sorprende ver la ingente cantidad de historias de carácter pulp que se ocultan en estos estupendos carteles, así como su carácter ajado y mítico. Se me antoja corta la exposición y poco selecta dentro del tono evocador que debe financiarla, pero es suficiente, ya veis, en un ecosistema poblado de nostálgicos y otros especimenes afines dispuestos a saciar sus instintos fanófilo-coleccionistas disfrutando de una muestra como la antedicha.
XIV
Tras el saludo a Pupi Avati logro vislumbrar un par de rostros rebosados de orgullo. Es otro de los grandes logros que deben atribuirse los organizadores del Festival, sobretodo porque Avati trasciende su condición de personaje mediático, resultando una pieza selecta de la que cualquier evento que se precie debería presumir ad eternum. Aquí no se hace, antes al contrario, y eso me gusta todavía más. Asumir este tipo de (lujosas) visitas con naturalidad es el primer paso para un crecimiento exponencial y seguro. Participo de ese orgullo, claro, en mitad de una ultracinéfila conversación con Daniele Terzoli y Javier G. Romero, pero esta vez lo importante es el contexto. Y qué contexto.
XV
Ya no queda tiempo para acudir a la proyección de La bestia mata a sangre fría pero sí para comprobar in situ el carácter entregado y dispuesto que portan quienes acuden a ella. Hay potencial, pienso, hay potencial…
RETROBACK 2009: La contracrónica (cuarta parte)
Día 27 Martes:
XVI
Disfruto de la proyección de Nuits Rouges de Franju, remontaje en formato comercial del serial protagonizado por “el hombre sin rostro”, precedida de una inteligente presentación de Jacques Champreaux, actor principal y guionista de la misma. Pero más aún lo hago al final de dicha proyección hablando con el propio “hombre sin rostro” de cómo el visionado de Nuits Rouges le ha servido para transportarse a otro tiempo y lugar, precisamente, ese que con tanta lucidez evoca este divertido fumetti “francés” de Georges Franju. De veras, que se trata de una obra realmente entrañable.
XVII
La baja calidad de la copia de La Casa delle finestre che ridono de Pupi Avati convierte su visionado en una auténtico calvario, sobretodo después de percibir, a cinco minutos del comienzo, el primer gesto de desagrado del propio director, uno más entre los espectadores. Irónico, el propio Avati se encarga de recordarnos dicha condición a la conclusión de su obra en forma de reprimenda pública. Quizá sea esta una de las causas, reflexiono ingenuo, por la que el director boloñés se jacte de despreciar el cine de terror contenido en su filmografía. De repente, noto como me sube la fiebre.
XVIII
Trato de insuflar un aire de optimismo a una mesa preñada, en fin, de desencanto mientras compruebo, en carne propia, como lo que aparentaba ser una subida de tensión momentánea termina convirtiéndose en un claro ataque griposo. Procuro llamar a mis leucocitos, esta noche en huelga según advierto, para que acudan, prestos, a mi ayuda diez minutos antes de la próxima proyección, pero todos mis intentos se revelan baldíos, no tardo en percibirlo, mientras aumenta el malestar, la fiebre y la tensión.
XIX
Recibimos el impagable apoyo, y varias palabras de ascendencia cariñosa, de Jacques Champreux y señora, del mismo rango a las que antes habíamos recibido de parte de Eugenio Martín y Lone Fleming. Se agradecen, ya lo digo.
XX
Llegamos tarde pero lo hacemos al último pase del día: La muerte sonríe el asesino de Arístides Massaccessi (a.k.a. Joe D’Amato). Quedan pocas fuerzas, en fin, en este día tan intenso, también gracias a esta ingobernable sensación de fiebre que pone en jaque mi presencia en el Festival en los próximos días. No puedo conciliar pensamiento distinto a éste durante el resto de la noche...
XXI
¡Maldición!, grito tras un incontenible ataque de tos, en mitad de un delirio nocturno claramente inspirado por el affaire Avati.
RETROBACK 2009: La contracrónica (quinta parte)
Día 28, miércoles
XXII
Disfruto del buen cine y de un clímax sobrecogedor en el pase de La Isla desnuda de Kaneto Shindo mientras capto con mi antena ultrasónica una de las frases del Festival: “No ha estado nada mal, ¿verdad?, pese a que no hablan durante toda la película”. Pues no, no está nada mal, les digo, todavía embelesado por la banda sonora subyugante que hace del visionado de esta película una experiencia gozosamente extrasensorial.
XXIII
Resulta especialmente memorable la presentación y visionado de El Precio de un hombre de Eugenio Martín; un euro-western, que diría Javier, tan cercano a Leone como próximo al cenit creativo de su autor, y todo ello a pesar de la unidimensional actuación de Richard Wyler. La sorpresa de la tarde, empero, no lo representa la proyección de esta película, pertinazmente defendida por Tarantino, según me cuentan alguno de sus conocidos, sino el corto documental que la acompaña, en verdad, un auténtico viaje romántico al corazón de Granada, con música original de Ernesto Halfter, una delicada pieza de orfebrería rebosante de buen gusto y mejores maneras, que pone digno colofón a una tarde embebida, sí, de gran cine y sensaciones recuperadas.
XXIV
Disfrutamos, casi en familia, de este día de transición pensando en lo que va a venir en las siguientes horas, y nos frotamos las manos, de veras, orgullosos, cómplices y testigos de alguna de las metas alcanzadas.
XXV
Constatamos, en la premiere nacional de Il plenilunio delle vergini, su carácter psicotrónico, indefectiblemente casposo, sus efectos especiales de saldo, la complicidad de un público cada vez más receptivo (y extrañamente gratificado), así como entregado al consumo de este tipo de productos. La película es absolutamente delirante, ya que me preguntáis…
XXVI
La fiebre sigue ahí, ma non troppo.
RETROBACK 2009: La contracrónica (sexta parte)
Día 29, jueves:
XXVII
Me llega la confirmación de parte de Carlos que seré yo el encargado de entregar la placa conmemorativa dispuesta por los organizadores del Festival al gran Francesco Barilli, uno de los invitados más ilustres de todos y cuantos visitarán el Festival durante la semana, director de la prodigiosa cinta de terror paranoico italiano: El perfume de la señora de negro. “Vale”, digo con una voz de ultratumba, maldiciendo los designios inoportunos de esta gripe caprichosa.
XXVIII
Una llamada, del todo punto improcedente, sabotea mi concentración y discurso quedando únicamente del mismo su punto y final. Suficiente, me digo, para proyectar mi particular visión sobre esta película, pues sí, “intensamente fascinante”, con pocas dudas, una de las tres mejores películas desconocidas de las que se proyectan en Granada. Me sorprende, una vez más, y durante su visionado, el escaso calado mediático que desprende una película tan escalofriantemente perfecta como ésta, al mismo tiempo que reflexiono sobre el carácter predecible y rutinario que define no ya el gusto de los espectadores, habitualmente consumidores de productos prototípicos, sino por aquellos distribuidores que teniendo en sus catálogos gozosas obras como ésta, las desprecien y destierren al más ignominioso de los olvidos.
XIX
La llegada de la actriz de culto Caroline Munro, cuerpo y rostro icónico para mitómanos varios, algunos de ellos presentes en la recepción de este hotel, nos vuelve a recordar el carácter relevante (incluso a nivel nacional) y cinéfago que oculta este Festival entre sus márgenes.
XXX
Todos los colores de la oscuridad tienden a emparentarse, cromáticamente hablando, con el rojo. No es fruto de la casualidad sino de una copia desusada cuyos defectos, sin embargo, apenas quedan advertidos por el entusiasta público que acude a la última proyección del día. No le queda mal del todo, pienso autoirónico, a una película de ascendencia diabólica como la antedicha.
XXXI
A todo esto, Dario Argento ya está en Granada.
RETROBACK 2009: La contracrónica (séptima parte)
Día 30, viernes.
XXXII
Interesantísima visita a la Abadía del Sacromonte, allende las fronteras granadinas, en compañía de algunos de los no menos interesantes invitados a este Festival. A uno, que siempre lo vencen los contextos, no le queda otra que sucumbir a la tentación de una foto en grupo, desde hoy mismo eterna e inolvidable; en idéntico grado que el resto de mi experiencia en esta ciudad, presiento.
XXXIII
Caroline presenta El viaje fantástico de Simbad a un nutrido grupo de espectadores donde no tardamos en destacar la presencia de varios niños en edad de no poder seguir los subtítulos. No es impedimento, enseguida lo advierto, para que todos los aquí presentes disfruten de este elogioso tributo al cine de aventuras en su modalidad entrañable y para todos los públicos. Y a John Phillip Law, me apuntan; efectivamente, también representa un elogioso tributo al bueno de Law como bien se encargan de recordarnos, personalmente, alguno de sus amigos.
XXXIV
La más esperada de las películas programadas por el Festival, en su modalidad de cine inclasificable y de difusión limitada, Huella de pisadas en la luna, rebasa todas mis expectativas. Advierto en su fotografía preciosista (de un tal Vitorio Storaro) y en su música envolvente (del no menos reconocido Nicola Piovani) y barroca una decidida voluntad por trascender su condición de cine de género; pero no se quedan ahí sus pretensiones: Bazzoni es capaz de elevar hasta el paroxismo las ideas visuales y conceptuales que ya inspiraran La mujer del Lago en 1965, haciendo de esta película una especie de continuación emocional de texturas bellas e inspiradas, que amplifica el sentido de aquélla y la extiende hacia el ámbito de lo magistral. El tejido celuloso del que se nutre, en fin, Le Orme de Luigi Bazzoni está más próximo a Andrei Tarkovsky y a Andrej Zulawski que al de cualquiera de sus coetáneos, sean sus compatriotas o no, demostrando en formato tangible, no ya solo la heterogeneidad fascinante que define al cine fantástico italiano en su completitud, si no la posibilidad cierta de encontrarse con joyas ocultas como ésta tantos años después de su estreno. Aplaudo, claro.
XXXV
Una cena en un restaurante japonés se convierte repentinamente en mítica no solo por las bondades ínclitas de la cocina en cuestión sino por la compañía de todos y cuantos en ella coincidimos. Como alma máter y epicentro de la misma se presenta Dario Argento, rabiosamente feliz y distendido, más radiante todavía cuando más alejado de los protocolos se siente, dando rienda suelta a su verborrea mientras echa mano de un anecdotario inagotable, además de sarcástico. Me duele la mandíbula media hora después, no digo más.
XXXVI
Llegamos por los pelos a la presentación de Suspiria en la concurridísima (y repleta de fans) sala principal de una de las sedes que acogen el RETROBACK. Demuestra el carácter mediático-fanófilo que todavía posee Argento por estas tierras y, más aún, el tono mercadotécnico que durante décadas adornó su carrera. Y todavía le queda cuerda, ya lo digo.
XXXVII
El sueño y el cansancio acumulado pone fin al día minutos antes del fin de la proyección de Suspiria así que abandono la sala, junto con mi libreta roja, para empezar a tomar notas de ese cúmulo de sensaciones (muchas de ellas, inolvidables) que han hecho de este día, viernes, 30 de enero de 2009, uno de los días más especiales (e interesantes) que éste que escribe y rememora ha tenido por suerte disfrutar.
RETROBACK 2009: La contracrónica (octava parte)
Día 31 sábado
XXXVIII
Segundo día de lluvia en mi segunda visita a la Alhambra. Evidentemente, no es difícil aventurar quien es el gafe.
XXXIX
La rueda de prensa de Argento deja un titular para los medios que no por conocido, pues ya era vox populi en todos ellos, no deja de tener su miga: Natalie Portman protagonizará el remake de Suspiria. Mis dudas siguen siendo las mismas: lo que parece haber hecho Argento no es sino constatar a través de sus palabras la existencia de dicho rumor, nunca confirmar la noticia; el revuelo mediático a estas alturas, sin embargo, ya es imparable.
XL
Tarde de pausa cinéfila en una semana de tan frenética actividad. Nuestros huesos van a parar a un auditorio poblado de gente y de políticos, y de aplausos que se reparten, con gran merecimiento, entre todos los que contribuyen a hacer de este Festival una experiencia tan gratificante y amena. Comparto dicha alegría como uno más, vítores incluidos.
XLI
Recibo de parte de David una cuota de merecimiento totalmente inesperada en su generoso discurso de clausura. Se lo agradezco después, pero menos aún de lo que debería, placenteramente abrumado por unas palabras de corte sincero y reivindicador. Todavía tiemblo, ya lo digo.
XLII
El concierto dura menos de lo que todos creíamos, sí.
XLIII
Me siento fuera de contexto en una cena donde el contrapunto antiprotocolario vuelve a pertenecer, y en exclusiva, al bueno de Dario Argento. Todavía no lo sabemos, pero en estos momentos se están gestando anécdotas e historias varias para poder contar durante años. Siempre en un ámbito privado, claro…
RETROBACK 2009: La contracrónica (novena parte y última)

Día 1, Domingo
XLIV
Último día del Festival que sabemos de despedidas y de adioses, en mitad de una mañana dominada por la arrebatadora personalidad competitiva de Nadal. Le viene a uno, que es muy nostálgico, la irreprimible sensación de inexorabilidad, y se le vuelve a hacer un nudo en la garganta mientras encamina sus pasos, de nuevo, hacia el corazón de la ciudad intentando compensar con el cine, como ha hecho siempre, aquéllos déficit que le comportan su vida real.
XLV
Constatamos de primera mano el éxito entre el público de la retrospectiva de Federico Fellini, así como el buen hacer, y la presencia subyugante, de Barbara Steele en Ocho y medio. Me sorprende y me alegra, a partes iguales, la demostración de buen gusto cinéfilo que ostenta el público granadino. “Una respuesta así obliga a exigirse cada vez más”, escribo en mi cuaderno.
XLVI
Última cena y es al lado de dos de las tres personas con las que más a gusto me he sentido en este Festival. La noche es de balances y de opiniones, de sensaciones vividas y de puntos a mejorar en el futuro. Pero sobretodo es tiempo de reafirmaciones y de optimismo, de aprender a encajar los “peros”, de saber que se ha dado en el clavo y de agradecer, claro, a todos los allí presentes… la mayor parte de las bondades antedichas.
XLVII
Insisto en la idea, con la coartada de la pantalla grande por delante, que Angustia de Silencio de Lucio Fulci no solo es la mejor película de su autor, sino la que contiene alguna de las secuencias más escalofriantes de todo el cine de terror europeo en la década de los setenta. Y encima es una obra de estilo, me jacto de decir, ya después de su proyección, en mitad de una noche de lluvia, de veras impertinente e inoportuna.
XLIX
Gracias por todo, les digo, embebido de sinceridad, al final de esta crónica sentimental en rojo .
El perfume de la dama de negro

Es la película de Francesco Barilli un collage de secuencias intensamente fascinantes, donde predomina un indudable sentido estético (variaciones cromáticas, planos detallados, encuadres pictográficos…) así como una preclara voluntad de hacer de su visionado una experiencia de lo más estimulante no ya por la naturaleza intrínseca del propio argumento (que también, ya veréis) sino por el elogiable trabajo escénico (juego de espejos incluido) que lo da forma y sentido. Nada de lo que aparece en la película, sin embargo, parece casual, antes al contrario: pretende formar parte de un todo conceptual claramente planificado y armónico. Los objetos de los que se nutre (jarrones, mariposas disecadas, flores amarillas…) se presentan adicionados de ornamentos poéticos; no se trata, empero, de una mera acumulación de recursos escénicos, sino de ofrecer al espectador un buen número de pistas (luego convertidas en elementos desconcertantes) y estímulos conceptuales, capaces de establecer una comunicación entre el espectador y la propia obra que visiona, lo que da una idea del tono marcadamente pretencioso (sin que debamos entender esta afirmación en términos peyorativos) que envuelve a la película en su completitud, así como su carácter indudablemente sugestivo.
Valkiria
El personaje que interpreta Cruise no anda muy lejos de esta concepción mítica del buen patriota; el film deja de lado cualquier referencia expresa que refleje su afinidad (pasada o presente) al partido nazi, dejando todo el protagonismo a su condición de mártir por una causa plenamente subjetiva, como se ve, pero inexplicada. Desposeída de imbricaciones de índole moralista, a Valkiria de Synger/Cruise solo le queda, entonces, regodearse de su condición de thriller de espionaje de ambientación bélica (en realidad, parece una recreación de alto presupuesto del cine de comandos de los años cincuenta o sesenta, naturalmente, sin Robert Aldrich de por medio), construido a la mayor gloria de un actor cuyo mayor inconveniente sigue siendo el prejuicio que los demás tienen sobre su trabajo, nunca su propia incompetencia; esta vez, interpreta a un personaje de tintes heroicos (además de redentores, una constante en el cine norteamericano actual: imaginamos el por qué); un carácter que termina convirtiéndose en verdadero leitmotiv de una cinta que, como adición, revela un mensaje de origen cristiano en su moraleja final.
[leer crítica completa en séptimovicio.com]

Gran Torino
...No quiero decir tras lo antedicho que la última obra de Eastwood represente un paso atrás en su filmografía, más bien sugiere una lógica evolución de las constantes de una trayectoria que lleva no menos de veinte años ejerciendo sobre si misma el derecho a la autocrítica. No es una cuestión baladí en una carrera que ha propiciado en los últimos años, al menos, una decena de autoexorcismos: desde el director cínico de Cazador blanco, corazón negro al entrenador desclasado de Million Dollar Baby, pasando, inexcusablemente, por el cazarrecompensas retirado de Sin Perdón: un western crepuscular que no solo ponía en su lugar a los arquetipos concebidos a partir de la imagen que Eastwood heredó del cine de Leone, sino al propio género aludido tras una década sumamente oscura que había enterrado sus caracteres en catacumbas enteramente financiadas por la nostalgia. Gran Torino pretende hacer lo propio con el thriller setentero así como con el estereotipo que el propio Clint Eastwood había contribuido a forjar sobre su persona; no es, sin embargo, Walt Kowalski una evolución de Harry Callahan como insinúan sus teaser promocionales sino su reverso decadente en tanto el primero va a perseguir resultados diametralmente opuestos a los que podría perseguir Dirty Harry, aderezados además por el desencanto (y mala conciencia) que justificará sus acciones hasta el final. En su necesidad constante de confrontar lo nuevo con lo que no lo es, Eastwood opta por reinterpretar un personaje que se sabe de memoria: viejo malencarado y antisocial, eterno aspirante a encontrar una oportunidad de redimirse más allá de la familia y de los especímenes sediciosos que de vez en cuando la conforman (como ocurre en Million Dollar Baby, la familia es retratada aquí con pinceles ásperos, subrayando sus modos carroñeros, tangencialmente despiadados); si bien en Gran Torino el camino hacia la redención es mucho más que paroxístico, incluida una mesiánica (casi crística) y liberadora secuencia final, que hurga en la herida desmitificadora que persigue toda la cinta y, por extensión, el último tramo de la filmografía de su autor.
[leer artículo completo en septimovicio.com]

FAUNA
Los héroes ganan las batallas y se quedan con el mejor de los botines. Ellos escuchan la música, su música, y esparcen su melena al viento. Besan a la chica, de tu parte, y cabalgan contra el ocaso poniendo fin a una aventura. Saben que el público les quiere. Saben, claro, que paga(rá) por verlos.
Los otros también saben aunque no son sabios. Conocen las llaves de la manipulación y se entregan a ella sin miramientos. Son alquimistas: convierten el Arte en dinero. También son magos, sí, pues hacen magia: de otro modo no se explica que alguien pague lo que paga por ver a ya sabéis quién haciendo amigas en las cárceles de Tailandia, y pueda dormir sin remordimientos. Ay.
Luego estamos nosotros. Los listos. Sabemos tanto de Cine que hacemos de cada crítica una aventura literaria, de nuestros parlamentos y textos una doctrina que seguir. Nuestra profesión es sólo una afición y de ella hacemos partícipes a nuestros lectores. Creemos, ya véis, que tenemos lectores. No sólo nos puede el orgullo sino también la vanidad y el exceso de ego. Firmamos nuestras críticas y las ponemos estrellitas, tomates o números. También dormimos a pierna suelta.
Todos (ellos y nosotros) adquirimos nuestro sentido entorno a él.
Sí. Él.










