Se muestran los artículos pertenecientes al tema Memoria de El Cronicón.
24/03/2008
Historias de Cine: Enajenado
En el Drácula de Bram Stoker todos habían contado su experiencia en primera persona, menos Él.
El castillo:
Después de tantos siglos condenado a vagar sin rumbo por las servidumbres de la inmortalidad, me encuentro de bruces con mi destino enmarcado en una foto rebozada en bronce y plata: la imagen de una ninfa atrapada en el tiempo cuyos designios —me dice, ingenuo— le pertenecen en exclusiva. Le costará salir de los míos, eso puedo jurarlo.
El viaje:
Acopio enseres que bien podían hacerme falta al otro del canal: ropajes de estos tiempos, sombreros que no lo parecen, tierra de mi tierra, un baúl plagado de recuerdos..., y me embarco rumbo a lo desconocido esperando recuperar en mi destino el vestigio de un amor proscrito arrebatado por una guerra financiada, lo sé ahora, por servidores del Dios que hoy me repudia.
La Tempestad:
Llueve. No puedo eludir la zozobra que me provoca la necesidad de alimento y tengo que salir fuera para satisfacer el instinto que define mi condición animal. Vomito sangre entre la tormenta, embriagado por las almas que he de someter para seguir manteniendo a buen recaudo la mía. Pero cada vez estoy más cerca de ella. Podría detener la tempestad si quisiera.
Sangre:
Someto a aquella que la protege embebido de hemoglobina, sexo y laberintos de cuento, y me topo con ella al otro lado del jardín, empapada de lluvia y de deseo, tan arrebatadora y bella como siempre, ¡oh, destino!. La prohíbo que vea el aspecto de mi verdadero rostro y ya lo siento: hoy solo quiero saciar mi sed de sangre. Mañana, ya veremos.
La linterna mágica:
Rejuvenecido, paseo por las calles de una ciudad abierta y mestiza, donde un lobo blanco amenaza a los clientes de un salón de té tumultuoso, antes de rendirse —como yo mismo— seducido por aquella linterna mágica que estrella contra la pared fragmentos de las vidas de otros. Ahora sé que todo es posible estando ella tan cerca de mí.
La Princesa:
No sabe que ya es mía. Disimula su condición de hembra enamorada hablándome de los suyos, de dudas y recelos que dice tener, de esperanzas sustentadas en el trabajo de un gris empleado de inmobiliaria. Me considera un desliz furtivo, un hombre exótico y aventurero, un príncipe de cuento enajenado, mientras bebe otro trago de absentha al compás de la música prohibida. Sus ojos, iluminados por unas velas de ascendencia feérica, contienen los restos de la hermosa princesa que un día fue.
La niebla:
Convertido en niebla verde y densa atravieso la puerta esperando encontrarme su cuerpo y su voluntad, compartir con ella mi carne y mis desvelos, hacerla partícipe de un juego donde siempre pierde el inmortal. Ellos no lo comprenden e interrumpen el ritual a medio camino del éxtasis. Tratan de protegerla, ¡arrebatándomela!, sin comprender que —de veras— yo soy su salvación y ellos, individuos castrados por la moral, poco más que su condena. Pero en la noche soy más que una bestia; su cruz, ¡un vestigio pretérito en vías de extinción!
Acorralado:No huyo, me repliego, tratando de buscar fuerzas en la tierra que me vio nacer, sin olvidar su aroma ni aquellos ojos liberados, ni sus labios recogiendo de mi pecho la esencia hemoglobínica de la que aun retiene mi sabor. Y si no lo comprenden peor para ellos. Hoy me sentí inmortal y lo seguiré siendo para siempre… con ella a mi lado.
La llamada:
Me arrinconaron en la ciudad mestiza robando mi tierra, matando a los míos, a quienes me sirven… No quiero venganza pero sí volverla a ver. Regreso al hogar herido en una batalla en la que hace tiempo debí haber participado y sé, a fe ciega, que ella vendrá tras de mí. Entonces, la llamo. Y mi voz solo es un eco que se pierde en las montañas. Y la reclamo, a pesar de que un círculo de fuego obstruye mis pensamientos, sabiendo que su conciencia –y alma- ya no es suya sino mía, y que los intentos de sus acompañantes pronto se sabrán baldíos cuando sus huesos se despeñen por este precipicio, tú y yo lo sabemos, que acabará conduciéndoles hacia el abismo. Ahora sé que no moriré sin verte otra vez.
El Sol:
El último estertor de este día interminable se asoma sobre mi cabeza segundos antes del anochecer. Me defiendo como puedo rodeado de unos tipos que no saben por lo que luchan: lo que tratan de evitar. La última punzada sobre mi corazón me arroja contra sus pies en esa capilla maldita que revela mi verdadera condición: la bestia humillada en que me he convertido.
Redención:
Regados en lágrimas contemplamos el techo que una vez sirviera para dar cobijo a nuestra lealtad. Tengo frío y tantas dudas que, tal vez, hoy sepa que ha llegado mi final. Mi cabeza yace postrada sobre los muslos de ella contemplando como se cierra el círculo que condenó nuestras vidas. También mi muerte, ya véis. Mas no muero… porque el amor nunca muere.
28/09/2007
Memoria: Si quieres ser un buen director debes...
Si quieres ser un buen Director debes...
a) Concebir el espectáculo como un cúmulo de excesos: pantallas gigantes (pero menos), muchos extras (aún virtuales), vuelos de cámara fuera de contexto (a vista de los dioses, normalmente), una campaña de promoción desorbitada (entiéndase literalmente) y más silicona que talento.
b) Ocultar tu competencia narrativa con la connivencia del montador contratado por la productora. Nunca serás capaz de contarnos una buena secuencia de acción pero tendrás trabajo asegurado de la mano de Jerry Bruckheimer & Friends.
c) Sentirte independiente para escribir tus guiones y dependiente para modificarlos, tacharlos, dilapidarlos por capricho de una pléyade de adolescentes ociosos.
d) Ser productor de tus propias películas y tener vocación autocomplaciente. Si te lo montas bien, puedes incluso ganar algún Oscar con discurso pro-santoral de por medio.
e) Dejar el arte para los museos; los diálogos para Woody Allen; los sueños para Calderón.
f) Permitir que los actores se expresen libremente, sobretodo a la hora de negociar sus minutas y salarios (no te convertirá en el tipo mejor pagado del set pero los responsables de marketing de la productora se gastarán una pasta promocionando tu película al objeto de compensar el dispendio contractual).
g) Pedir más de lo que necesites aunque de manera controlada so pena de caer en "El Síndrome Wolfgang Petersen", un alemán con fama (y actitud) de artesano que pidió barcos para Troya y acabó empachado de intemperancia.
h) Contratar a Renee Zellweger para el papel de secuestrada amordazada. Conseguirás su mejor interpretación o, al menos, un monumento financiado por unos cuantos de nosotros.
i) Poner la otra mejilla, claro. (Donde pone "mejilla" podéis poner lo que queráis: la imaginación es gratis –de momento-)
j) Ser paciente con los críticos: de cine saben tanto como tú.
k) Hacer caso a los productores de tus películas tanto fuera como dentro del rodaje. James Cameron, John Carpenter o Peter Jackson han llevado este punto hasta límites (s)extremos.
l) Hablar en el Set con el tono de voz más elevado como te sea posible. No te convertirá en mejor director pero tu entorno creerá que sabes de lo que hablas.
m) Asignar tu Cine a una Escuela de colegas: pertenecerás al Todo sin tener que esforzarte demasiado en tu parte. Los de Nouvelle Vague saben de qué estoy hablando.
n) Firmar autógrafos. Abstenerse de firmar aquellos que te pidan unos tipos con corbata y gafas de sol...
o) Conceder entrevistas a la crème de la crème internáutica. No te leerá nadie pero engrandecerás tu currículum.
y p) Acudir cuando ella silbe, ay.
Un día de estos os contaré lo que no debéis hacer si queréis ser grandes cineastas ;)
01/04/2007
El gran director
Lo siento, pero no quiero ser emperador. No es lo mío
Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía...
Si en Tiempos Modernos Chaplin alertaba a la humanidad del peligro de la tecnificación bruta, en El Gran Dictador hace lo propio con el creciente avance de las dictaduras en la génesis de un conflicto mundial que cambiaría para siempre el concepto de sociedad que hoy conocemos. Vista hoy día, El Gran Dictador es una película arriesgada, necesariamente propagandística y, por encima de todo, lírica. Algunas de sus secuencias siguen ostentando una cualificación artística sobresaliente. El mundo, de veras lo necesitaba.
La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás
La sucesión de secuencias hilarantes, inspiradas en la comicidad del protagonista y en el talento de su puesta en escena, no esconden, sin embargo, una cierta sensación de desasosiego en tanto hemos podido comprobar lo acertadas que eran las predicciones esgrimidas por el cineasta.
Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos seguridad
El final rompe con el discurso cómico del film. El personaje que interpreta Chaplin se deshace del dictador que lleva dentro y también del barbero judío... En la pantalla sólo queda el director de cine y el actor, y en su boca un célebre discurso de unificación democrática... Fue el día en el que el Cine se puso al servicio de la humanidad... El mismo día que, en España, se comenzaba a construir la sombra de un dictador que prohibiría este film durante más de 36 años.
(Leer discurso completo)
09/12/2006
Nostalgia
Y el monstruo se volvió mito.

28/10/2006
Historias de Cine: The End
| Y |
Ya dejasteis de vivir como propias las aventuras de otros, los duelos y abatimientos de los que tú, amiga, nunca podrías salir sin mi ayuda; y en el pasillo te acuerdas de recuperar las prisas, tirar el pañuelo a la basura, salir por la puerta de emergencias, vomitar tu odio en el aparcamiento en el oído de un conductor novel que, efectivamente, no parece ser muy hábil al volante…
Y bajo vuestros pies despreciáis los restos de una jactancia que antes había sido un sabor salado y un bote de cola con hielo y pajita, condenado a perdurar sólo hasta que a la salida, seducido por los colores y el ruido, por los gritos de unos niños que aprenden la doctrina del consumismo, te acuerdas de esa moneda, ¡ay!, y de esa caricia que el otro día te regalaron cuando en una situación parecida… la invitaste a otra bolsa de palomitas.
Y aquí quedo yo. Sólo. Como siempre. Con mis pensamientos y mis historias, con la escoba en una mano y mis lágrimas, enjugadas, en la otra, barriendo sus excrementos y su indiferencia, esperando en la penumbra de una sala desalojada de sueños que este director presuntuoso del que tanto hablan en la tele se haya dignado esta vez a poner tras los títulos de crédito que sólo yo veo, el destete de la protagonista que anunciaban en aquel chat de Internet.
Precisamente hoy que soy consciente, más que ningún otro día, de ser una de aquellas ficciones autocomplacientes de la que tanto acostumbran a crear estos personajillos engreídos y sin talento que pululan por la red de redes creyéndose, ingenuos ellos, que alguna vez vivirán de su escritura…
13/10/2006
Paciencia
Mientras el servidor de Blogia continúa una de las interminables actualizaciones (lleva más de mes y medio dando problemas y no parece atisbarse el final) que erosionan la paciencia de los visitantes (y no visitantes de este blog), aprovecho para rescatar del archivo alguno de los artículos que forjan la memoria de este, siempre vuestro, Cronicón:
Definiciones de Cine: "Todo tiene un principio"
El cine: Dispensario de palomitas y vasos de hielo y refrescos generalmente poblado de tipos que dicen acompañar al que tienen al lado.
Títulos de crédito: la parte de la película que no ven ni siquiera los familiares de los "acreditados".
Taquillazo: El gatillazo de un blockbuster.
Taquilla: Kiosquillo de vidrio y acero que separa a Hannibal Lecter del resto de la humanidad.
Taquillera: Una chica media sorda que te pide que eleves la voz cuando vas a comprar una entrada de Lilian, la virgen pervertida. "¿Cómo...?" Una entrada de Lilian... ¡LA VIRGEN PERVERTIDA!
Entrada o Ticket o boleto: Documento con un valor de seis euros que, al mismo tiempo, le sirve a la tienda de comida de al lado como espacio publicitario y promocional (¿Les estamos financiando sus bocadillos?)
Teaser: Un adelanto o promesa de lo que va a venir pero que, finalmente, no viene o si viene, no se parece a lo anunciado. En política se denomina "programa electoral".
Trailer: Colección de imágenes efectistas de una película que, generalmente, no tiene que ver nada con la misma. Excepción: las que sí tienen que ver, sobretodo en películas de suspense, tienden a sustituirla.
Thriller: Cuando a mitad de El Señor de los Anillos te preguntas si quitaste la luz del coche...
Obra Maestra: Calificación emparentada con lo mayestático y, por tanto, "extraordinario" que los cinéfilos fanáticos solemos utilizar "habitualmente"...
Uma Thurman: Mujer que no existe. En mitología, quimera, utopía, ensoñación.
Director: Un tipo con un ego mayor que el mío. A veces, gris empleado de una multinacional.
Director de Fotografía: Mago, hechicero, Gandalf.
The End: El fin en las películas antiguas. A John Ford le gustaba adornarlo con un paisaje crepuscular y formidable. Cuando sale en un film de Miyazaki viene acompañado de una súbita e incontenible emoción y unas terribles ganas de aplaudir y ponerse de pie. En películas de Antonioni, suele preludiar una estampida colectiva hacia el aseo.
J. P. Bango: Servidor.
Comentarios: Lo que a todos nos gusta leer en los blogs. Alimentan egos y dejan señales inequívocas de que algunos de los que pasaron por aquí, llegaron hasta el final del post... ;)
02/07/2006
Dos hombres y un entorno
Rescato del archivo la crítica de una magnífica película: Master And Commander. Al otro lado del mundo:
Se ha acusado, injustamente, a Peter Weir de ser un director carente de estilo propio, incapaz de desarrollar rítmicamente los entramados argumentales que llegan a sus manos, que rehuye la condición de creador propia de su oficio… Quizás, lo que no saben sus detractores es que el estilo Peter Weir no proviene tanto del oficio de cineasta, sino de su preocupación por los formidables entornos en los que envuelve a sus personajes y la motivación que a éstos les inspira. En este sentido Weir es un director personalísimo, una rara avis de inspiración romántica que condena a sus personajes a crecer emocionalmente en un ecosistema extraño pero sugestivo del que no podrán escapar sin comprender la urdimbre que lo sostiene. No extraña, por tanto, que el cineasta australiano se oculte tras los créditos de Galipolli, El Año que vivimos peligrosamente, La Costa de Los Mosquitos, Único Testigo, Fearless y, naturalmente, la película de entorno impostado por excelencia: El Show de Truman.
Impelido por su condición de brillante narrador de contextos, Weir cuenta en Master and Commander. El otro lado del mundo, la historia de dos amigos embarcados en un velero de nacionalidad británica que lucha por restringir el dominio que, del mar, ostentan las tropas del estratega Napoleón. El uno es un tipo afortunado, Capitán experto (suponemos) de glorioso pasado, querido por sus tripulantes, de gran carisma, abnegado. El otro es un galeno dotado de una gran destreza, inquieto, entusiasta, precientífico. A ambos les une su amor por la música y el ron, la camaradería propia de una amistad cuyos orígenes nunca se explican. Desde otro punto de vista, también se narra la historia de una persecución, de un duelo entre dos barcos y capitanes, dos estilos de navegación, dos países en contienda, dos tripulaciones que se temen. Pero esa historia, teóricamente el hilo conductor del film, una historia que a Weir le importa menos.
Las (contadas) escenas de batalla son impactantes, bien planificadas en su origen y rodadas con gran verosimilitud pero prefiere recrearse en la anécdota, en la vida habitual de unos marineros que pasan frío, calor o miedo, echan de menos a sus esposas y cantan canciones populares antes de dormir. De este modo, el director australiano propone una visión novedosa del género de la aventura con barcos, no le importa quien fue Raoul Walsh sino cazar iguanas en las galápagos, jugar al críquet en los tiempos muertos y dejar sonar el violonchelo en alta mar. Se permite el lujo de hablar de barcos fantasmas, de corsarios, de motines, sin perder un fotograma en el rodaje de arquetipos; exhuma cine por los cuatros costados. Estructura su entramado como un gran episodio (no tiene principio ni final) donde van a tener cabida diversas intrahistorias de indudable interés argumental: Jonás y el gafe; el señuelo; las islas galápagos... y rehuye, seguramente porque parte de una base literaria de prospección popular, los personajes almibarados y distantes.
Master and Commander se rebela como un film magnífico, afectado de un bello lirismo, singular en todo cuanto propone. Es una película que departe con la amistad y con la guerra, con los lagartos y las espadas, con el mismo compromiso y rigor.
El director australiano disecciona el hábitat en el que los personajes se desenvuelven con una precisión de cirujano cardiovascular, mostrando sin ningún rubor y a modo de docudrama, el lado oculto de toda gran aventura: su cotidianidad. Y nos la ofrece sin ningún miramiento (véase la amputación del brazo de uno de los jóvenes protagonistas), sin renunciar a la aventura ni a los efectismos. No ganará ningún Oscar importante (quizá el de Crowe, más moderado que de costumbre aunque con los mismos gestos autocomplacientes de siempre; seguramente el de Paul Bettany) pero servirá para reivindicar el trabajo de un director que no merece pasar más tiempo en las cenagosas simas de la infravaloración.
Lo más destacado: Las escenas de las islas galápagos; las constructivas conversaciones de los dos protagonistas; la coherencia del conjunto.
Lo menos destacado: el tono patriotero de alguno de sus discursos y la precipitada resolución de alguna de las intrahistorias.
Calificación: 8
28/06/2006
Love never dies
Mientras continúo con mi reciclaje particular, recupero de las entrañas mismas de este cronicón, una divagación poética en forma de monólogo sobre los últimos momentos de uno de los personajes más fascinantes de cuantos ha dado la mitología de ficción, en este caso, personalizada en el recuerdo de una de las películas favoritas de quien esto firma: el Drácula de Coppola.
El castillo en la montaña:
| D |
espués de tantos siglos condenado a vagar sin rumbo por las servidumbres de la inmortalidad, me encuentro de bruces con mi futuro enmarcado en una foto rebozada en bronce y plata: la imagen de una ninfa atrapada en el tiempo cuyos designios -me dice, incauto- le pertenecen en exclusiva... Le costará salir de los míos, eso puedo jurarlo.
Guerra mística:
Acopio enseres: ropajes, sombreros, tierra de mi tierra, un baúl plagado de recuerdos..., y me embarco rumbo a lo desconocido esperando recuperar en mi destino el vestigio de un amor proscrito; un recuerdo hermoso arrebatado por una guerra proterva, financiada por mercenarios al servicio del Dios que hoy me repudia.
La Tempestad:
Llueve. No puedo eludir la zozobra que me provoca la necesidad de alimento y tengo que salir fuera para satisfacer el instinto que define mi condición animal. Vomito sangre entre la tormenta, embriagado por las almas que he de someter para seguir manteniendo a buen recaudo la mía. Pero cada vez estoy más cerca de ella... Podría detener la tempestad si quisiera.
La linterna mágica:
Rejuvenecido, paseo por las calles de una ciudad mestiza donde los viandantes se confunden con bellas damas y los lobos blancos campan a sus anchas en salones de té tumultuosos junto a una linterna mágica que estrella contra una pared... fragmentos de las vidas de otros. Ahora sé que todo es posible estando ella tan cerca de mí.
La Princesa:
No sabe que ya es mía. Disimula su condición de hembra enamorada hablándome de los suyos, de dudas y recelos que dice tener, de esperanzas forjadas sobre el trabajo de un gris empleado de inmobiliaria. Me considera un desliz furtivo, un hombre exótico, un aventurero, un príncipe de cuento enajenado, mientras bebe otro trago de absentha al compás de la música prohibida. Sus ojos... reflejan los restos de la hermosa princesa que un día fue.
La niebla:
Convertido en niebla, atravieso la puerta esperando encontrarme con su presencia, compartir mi carne y mi sangre con ella, hacerla partícipe de un juego donde siempre pierde el inmortal. Ellos no lo comprenden e interrumpen el momento de éxtasis en pleno lecho nupcial. Atraviesan la puerta con brusquedad: tratan de salvarla... ¡arrebatándomela! Pero en la noche yo soy más que una bestia. Su cruz, ungida en llamas, un vestigio pretérito en vías de extinción.
Recuerdo:
Arrinconan mi presencia en la ciudad mestiza, roban mi tierra, matan a los míos... No quiero venganza pero sí mantener intacto su recuerdo. Vuelvo al hogar herido en una batalla en la que hace tiempo debí haber participado y sé, a fe ciega, que ella vendrá tras de mí. La noto. La reclamo. No moriré sin verla otra vez.
El Sol:
El último estertor de un día maldito se asoma sobre mi cabeza segundos antes del anochecer. Me defiendo como puedo rodeado de unos tipos que no saben por lo que luchan, lo que tratan de evitar. La última punzada sobre mi corazón me arroja contra sus pies en una capilla feérica que rebela mi verdadera condición: la bestia mancillada que siempre fui.
Redención:
Derrotados por el abatimiento contemplamos el techo que una vez sirviera para proteger nuestra lealtad. Mi cabeza yace postrada sobre sus muslos, aterida por el frío y la desolación, mientras sus manos palpan mi sufrimiento y penar, mi agonía: ¡pero me niego a morir mientras queden lágrimas en los ojos... de Elizabetta!
Pero no muero, porque el amor... nunca muere.
24/05/2006
Vinieron de dentro de... la mente de David Cronenberg
Vinieron de dentro de… fue el primer largometraje del canadiense David Cronenberg, después de dos experimentos en el campo del mediometraje (las polémicas Stereo y Crimes of the Future). El título español, ignora el original canadiense Shivers, y se limita a traducir la versión norteamericana (They came from within…). En algunos círculos, se la conoce con el nombre de “The Paradise Murders”, incluso en Argentina llegó a editarse en video con el nombre de “Escalofríos”.
Esta multiciplicidad de títulos aún pudo ser más estrafalaria si se hubiera admitido uno de los títulos alternativos con los que Cronenberg denominaba al film: La Orgía de Los Parásitos Asesinos, título de ascendencia explícita que, sin embargo, hubiera reducido aún más su distribución en el mercado internacional, seguramente, enmascarándolo como una producción de serie Z.

El film, cuya premisa sorprende por su audacia (los habitantes de un solitario edificio son infectados por un extraño parásito que les convierte en zombies violadores incapaces de refrenar sus impulsos sexuales), es resuelto con una cierta holgura talentosa por Cronenberg introduciendo los que van a ser los principales pilares/sustentos de su filmografía: enfermedad, instrumentos quirúrgicos, monstruos fálicos y, naturalmente, retazos de “nueva carne”:
“Roger, anoche tuve un sueño muy preocupante: en ese sueño, yo estaba haciendo el amor con un desconocido y tenía un problema porque era anciano… y se moría… y olía mal… y me resultaba repulsivo. Pero entonces, me dijo que todo era erótico, que todo era sexual, ¿sabes de qué hablo…? Me dijo que incluso la “carne vieja” era carne erótica y que el amor era una enfermedad maravillosa entre dos criaturas extrañas… que incluso morir era un acto de erotismo… que hablar era sexual… que, incluso, “existir” era algo sexual… Y yo le creí, ¿sabes?, e hicimos el amor maravillosamente…”
Cronenberg alterna momentos de gran brillantez (el clímax final alrededor del edificio Starliner: asfixiante homenaje a La noche de los muertos vivientes –tema al que volvería con su siguiente trabajo Rabia) con momentos caligráficamente irregulares (ralentizaciones de Barbara Steele, rigidez de las cámaras…), pero por encima de todo, es consciente como el que más del material conceptual que tiene entre manos. Visto en perspectiva, es envidiable la voluntad de estilo que se deducen de la mayoría de las situaciones planteadas por Cronenberg quien, por aquel entonces ya comenzaba a sentar las bases ideológicas de un Cine, hoy día, tan reconocible y admirado.
Esta monster movie singular, ha generado diversas suspicacias y leyendas -algunas de las cuales exculpadas con la posterior filmografía del autor (léase, denuncia de las enfermedades venéreas, misoginia, o, incluso, violencia de género). El propio David Cronenberg, divulgaba en una reciente entrevista a la Revista Cinefagia la anécdota que propiciara, por aquel entonces, este último rumor:
“Todavía estoy en contacto con esa actriz... y no me refiero a ese tipo de contacto. Es cierto. Es una historia larga y divertida. En realidad yo nunca he golpeado a nadie excepto a Susan Petrie, esta actriz. Eso sucedió porque ella me lo pidió y me gusta consentir a mis actores...
Ella era una actriz canadiense, muy popular, muy hermosa y una muy buena actriz. Shivers fue mi primer largometraje. Había hecho películas underground antes pero nunca había hecho una cinta profesional con todo un equipo técnico. Había hecho mis otras películas sólo y ahora tenía a muchos técnicos a mi disposición. Estaba trabajando con actores profesionales que tenían más experiencia que yo. Llegó un momento en que teníamos que hacer una escena donde su personaje debía llorar y ella me dijo que tendría que golpearla. Le pregunté por qué y me dijo que porque no podía llorar, era una película muy importante para ella, con un personaje sexy, algo superficial y se trataba de una escena muy emocional. Dijo que no tenía la técnica actoral para llorar y que por eso quería que la golpeara.Yo no quería hacerlo, pero di la órden a los técnicos de preparar todo y entonces ella y yo fuimos a otro cuarto y todos se preguntaban a dónde había ido la actriz, oyeron los golpes y entonces ella salió llorando. La primera vez que le pegué me dijo que le tenía que pegar más fuerte, que no le estaba haciendo nada, y eso era porque yo no quería golpearla. Ella salió llorando y los técnicos no daban crédito porque nunca habían visto que yo hiciera algo semejante, no suelo gritar en el set. Se acostumbraron pronto porque había muchas escenas donde ella lloraba y llegaron a verlo como algo normal, decían: "Ah, sí, tiene que llorar otra vez, pégale y vamos a hacer la escena"
Entonces la actriz Barbara Steele llegó para hacer sus escenas. No sé si conocen a Barbara Steele. Ella hizo muchas películas de terror, trabajó con Fellini... Mide alrededor de 1.80, es una mujer muy hermosa. Llegó al set para hacer una escena con esta actriz, y no había tenido la oportunidad de visitar el set con anterioridad, y antes de que hicieran la escena, le dije: "Espera un momento, Barbara" y empecé a golpear a Susan hasta que ella empezó a llorar y se sentó junto a Barbara para hacer la escena. En ese momento Barbara dijo: "Basta, dejen de filmar" y me agarró, porque es muy alta, es más alta que yo, y dijo "Nunca había visto algo tan horrible en toda mi vida. He trabajado con Fellini, con grandes directores y nunca había conocido a un director tan cruel." Entonces yo le dije que por favor no me pegara, le expliqué que Susan me había pedido que lo hiciera. Barbara preguntó "¿En serio?", le dije que sí, y ella dijo: "¿y yo tengo que llorar en alguna escena?"

Todo un personaje, este Cronenberg, ¿verdad?
Documentación:
Perfil de David Cronenberg
David Cronenberg y la nueva Carne: el paradójico abrazo a la abyección maquínica
David Cronenberg, y la Nueva Carne
David Cronenberg: Cuerpo, Ciencia y Arte de Vanguardia
Cronenberg en Encadenados (parte I)
Cronenberg en Encadenados (parte II)
eXistenZ, de David Cronenberg: ciberficciones para la posthumanidad
David Cronenberg: la carne real, virtual y monstruosa
David Cronenberg, el cine hecho carne (I) y (II )
28/06/2005
La Memoria: Palabra de Truffaut
Escribir es un acto solitario de concepción onanista que comporta un grado de satisfacción que dura más de cuatro segundos. Te permite descubrir caminos que nunca has recorrido, soñar con mundos idealizados, inventar quimeras autocomplacientes. Escribir es el acto de evasión clandestino que se postraba en los libros que los bomberos pirómanos de Fahrenheit 451 quemaban en aras de la preservación de su distopía.
"Cuando era crítico pensaba que una película para estar lograda debía expresar simultáneamente una concepción del mundo y una concepción del cine. Ya no soy crítico de cine y sé que resulta pretencioso escribir sobre una película que solamente he visto tres veces, pero se trata de unas primeras impresiones, de algo que me gustaría compartir. ¿Fui buen crítico? No lo sé, pero de lo que estoy seguro es de que siempre me colocaba del lado de los pateados contra los pateadores"
Pero el Cine es otra dimensión. Pone imágenes a nuestro imaginario y se dirige a todos nuestros sentidos. Da música a los melómanos, literatura a los lectores, esperanza a todos los demás. Y se permitir el lujo de poseer su propio lenguaje. Un lenguaje escrito. Según esto, escribir sobre cine debe ser un culmen inenarrable... Pues no. Pero es la única manera que hemos encontrado los cinéfilos para apaciguar nuestra frustración de no poder hacer Cine.
El colofón no lo pone Truffaut si no Welles: "Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude"
26/06/2005
La Memoria: Amor por el Cine
El Viaje de Chihiro es un film realizado con las tripas. Reivindicación formidable del mundo de la ilusión, ajuste de cuentas incontenido con el mausoleo de los “mediocres” (el de unos padres que no prevén el peligro, que se inhiben de actuar ante lo desconocido), la historia “cotidiana” de esa “casa de baños para los dioses” (ya sólo este punto de partida es magnífico, ¿verdad?), se constituye en una película infectada por unas altas dosis de imaginación. Sugiere, muestra, evoca y finalmente, estremece y emociona por igual. Ingredientes imprescindibles para configurar un Cine con textura de Gran Cine.
El film de Miyazaki tiene un referente cinematográfico, y que resiste muy bien la comparación, en Los Héroes del Tiempo/Time Bandits (Terry Gilliam 1981),: coincide en cuanto a espíritu y en cuanto a desarrollo argumental. Ambas apuestan por la aventura iniciática de sus jóvenes protagonistas, transgreden las normas físicas del tiempo o del espacio y opinan lo mismo del mundo de los mayores. En las dos, lo que triunfa es la imaginación. Los protagonistas se sumergen en un supramundo delicioso donde detrás de cada esquina puede pasar, literalmente, cualquier cosa. Desde este punto de vista, ambos films se van a identificar con el Cine en si mismo, con su esencia. La intensa emoción que sentí aquel día, pues, encontraba ahí su justificación.
No era la primera vez que me cautivaba tanto una película. Me había ocurrido con Dersu Uzala (la magistral película de Kurosawa) y, como habréis podido deducir, con Time Bandits, ambas en sus pases televisivos. Y sí, soy optimista, y se que me ocurrirá alguna otra vez. Pero, ¿por qué el Cine era capaz de emocionarme hasta ese punto?
La primera película de la que tengo recuerdos es El increible hombre menguante de Jack Arnold. Era una película que hablaba de lo insignificantes que somos los seres humanos en comparación a la complejidad y riqueza del hábitat que nos rodea. Exagerando se puede decir que ese film es un ajuste de cuentas con la humanidad, una invitación a “menguar” inconscientemente nuestra soberbia. No he vuelto a ver esa película desde aquella primera vez (la ví aproximadamente en 1985 ó 1986, con unos ocho años) y, sin embargo la recuerdo con una gran nitidez y clarividencia. Lo cierto es que, aquel día, la casualidad y Jack Arnold habían comenzado a sentar las bases de una pasión cinéfila que el tiempo, y el buen cine, se empeñó en consolidar. Recuerdo, eso sí, fragmentos de películas anteriores o simultáneas a aquella: alguna película de Tarzán con porteadores devorados por los cocodrilos o desgajados en dos por cuenta de alguna tribu indígena o cayendo por un precipicio no sin antes rebotar en alguna roca maldita (en fin, ya sabeis que el escándalo de aquellos films eran los trajes de Maureen O’Sullivan); recuerdo también la proyección de Ben-hur que era cita obligada en el colegio cada año e, incluso, un film de Woody Allen en Super 8 (después supe que era Toma el Dinero y Corre) salpicado con las risas de los míos cuando cierta lluvia impertinente atentaba contra la patética pistola de jabón de Allen. Tambien recuerdo alguna secuencia de Miguel Strogoff (probablemente la versión de Carmine Gallone, 1956) y el hecho manifiesto de que me fascinó, pero ahí no admiraba el Cine, como tal, sino la aventura: la posterior y estimulante lectura del libro de Verne me confirmó esa primera impresión. Lo cierto es que ví todas esas películas en una vieja televisión de blanco y negro que no dejaba de parpadear y, que los calores estivales no dejaban de distorsionar la mayoría de las imágenes que hoy venero... Los tiempos cambian. ¿Os creeriáis que siempre he tenido la sensación de haber visto aquellos films en color?
El Cine es un arte misceláneo (volveré algún día sobre este punto); un arte dinámico dirigido a los sentidos y que sólo adquiere su verdadero significado a través de la retroalimentación: igual que la literatura, la pintura o la fotografía. Desde este punto de vista, se puede decir que el Cine es un arte que depende, exclusivamente, de sus receptores. Más aún: van a ser los receptores del propio Cine quienes le van a atribuir un sentido. Su sentido. Y es ahí cuando entra en juego la emotividad, el estremecimiento, lo cautivador, la belleza, la exageración, el terror, lo pasional. Un “film total” es capaz de sugerir todas esas sensaciones en poco en más de hora y media de proyección. No dudéis que El Viaje de Chihiro es capaz de todo eso, y mucho más.
Sólo unos días después, en una tienda contigua al recinto comercial donde había visto El Viaje de Chihiro tuve entre mis manos el video de aquel film. Experimenté toda una colección de emociones, renovadas por la curiosidad de volver a sentir aquello que ya echaba de menos. Pero lo dejé ahí. Quizás tuve miedo de analizarla. Nada nuevo. El Cine es el refugio ideal para los miedosos. Ahora puedo deciros que era la primera vez en mi vida que un mismo film me había estremecido dos veces. Mi intelecto trató de protegerme en primer lugar, de justificarme, después. Entonces acudió a mi mente el fragmento de una bella poesía de Cernuda:
Si no te conozco no he vivido
Si muero sin conocerte
no muero
Porque no he vivido.
El día en el que el cine entró en mi vida, (gracias a que el entrañable Chicho Ibáñez Serrador se decidió a quitar uno de los dos rombos que casi siempre acompañaban a las películas seleccionadas para su programa “Mis terrores favoritos”), encontró, dentro de mí, un recoveco de carácter etéreo ubicado entre las tripas y el corazón. De que debió sentirse cómodo en aquel sitio ya tenéis pruebas suficientes...













