Se muestran los artículos pertenecientes al tema Universo Star Wars.
La sombra del Sith
[spoiler: esta reflexión alude a alguna de las claves que explican La Venganza de los Sith y El Ataque de los Clones. Si no han visto ambas películas y desean acudir inéditos a su visionado, no deberían leer el siguiente post]
Dentro del inmenso catálogo de imágenes subyugantes que conforman el entramado de La Venganza de los Sith destaca, sobremanera, una entrada feérica de Anakin en el templo de los Jedi tomada en plano cenital. La sombra proyectada contra el suelo nos advierte más que subrepticiamente de la presencia ineludible de Darth Vader, y de la inexorabilidad del paso (sangriento) que está a punto de dar. La escena finaliza con una elipsis de ascendencia dramática que sumergirá a Anakin, definitivamente, en el insondable abismo del Lado Oscuro.
Esta secuencia, sumamente lírica, nos remite a otra imagen autocomplaciente dentro del universo Star Wars: la sombra de Anakin arrojada contra el hogar de su madre en Tatooine que pone fin a la matanza de los moradores del desierto en El Ataque de los Clones. Para muchos es una sombra casual, para otros un retoque infográfico que sugería lo inevitable: Anakin se acabará convirtiendo en Darth Vader. Precisamente, ese fragmento filo-trágico de El Ataque de los Clones donde Anakin se pervierte de emociones inconsolables, viene precedido de otra elipsis considerable (ahora lo sabemos: es el verdadero prólogo de La Venganza de los Sith) que descubre una de las claves de la atracción del Lado Oscuro: la debilidad del amor. El mal comienza a hacerse hueco dentro del bastión Jedi, pero Joda, alertado extrasensorialmente por la violenta irrupción de la ira, no sabe ni sabrá como evitar que suceda...
El subconsciente del joven padawan, su lado oscuro, comienza a tomar cuerpo, no podía ser menos, en forma de sombra al igual que la luz de la espada láser en manos de Luke Skywalker introducía a éste en el antiguio mundo de los Jedi. La luz y las tinieblas se enfrentan en una guerra sin cuartel para someterse mutuamente.
El uso expresionista de la Sombra y de las sombras en una saga tan iluminada y luminosa como Star Wars alcanza un delicioso cariz simbólico al final de la hexalogía de Lucas, justamente en el momento en que el climax alcanza su apoteosis en un inspirado montaje paralelo que pone en comparación dos nacimientos antagónicos: el de Darth Vader en una estancia sombría, funesta, terriblemente obscura, y el de los gemelos Luke y Leia en un quirófano antitético y, sobretodo, con el posterior reparto que los reunirá junto a sus familias de adopción frente a unos ocasos bellamente renderizados.
Efectivamente, existe una nueva esperanza bajo los efluvios ventajosos de la luz.
Dentro del inmenso catálogo de imágenes subyugantes que conforman el entramado de La Venganza de los Sith destaca, sobremanera, una entrada feérica de Anakin en el templo de los Jedi tomada en plano cenital. La sombra proyectada contra el suelo nos advierte más que subrepticiamente de la presencia ineludible de Darth Vader, y de la inexorabilidad del paso (sangriento) que está a punto de dar. La escena finaliza con una elipsis de ascendencia dramática que sumergirá a Anakin, definitivamente, en el insondable abismo del Lado Oscuro.

Esta secuencia, sumamente lírica, nos remite a otra imagen autocomplaciente dentro del universo Star Wars: la sombra de Anakin arrojada contra el hogar de su madre en Tatooine que pone fin a la matanza de los moradores del desierto en El Ataque de los Clones. Para muchos es una sombra casual, para otros un retoque infográfico que sugería lo inevitable: Anakin se acabará convirtiendo en Darth Vader. Precisamente, ese fragmento filo-trágico de El Ataque de los Clones donde Anakin se pervierte de emociones inconsolables, viene precedido de otra elipsis considerable (ahora lo sabemos: es el verdadero prólogo de La Venganza de los Sith) que descubre una de las claves de la atracción del Lado Oscuro: la debilidad del amor. El mal comienza a hacerse hueco dentro del bastión Jedi, pero Joda, alertado extrasensorialmente por la violenta irrupción de la ira, no sabe ni sabrá como evitar que suceda...
El subconsciente del joven padawan, su lado oscuro, comienza a tomar cuerpo, no podía ser menos, en forma de sombra al igual que la luz de la espada láser en manos de Luke Skywalker introducía a éste en el antiguio mundo de los Jedi. La luz y las tinieblas se enfrentan en una guerra sin cuartel para someterse mutuamente.
El uso expresionista de la Sombra y de las sombras en una saga tan iluminada y luminosa como Star Wars alcanza un delicioso cariz simbólico al final de la hexalogía de Lucas, justamente en el momento en que el climax alcanza su apoteosis en un inspirado montaje paralelo que pone en comparación dos nacimientos antagónicos: el de Darth Vader en una estancia sombría, funesta, terriblemente obscura, y el de los gemelos Luke y Leia en un quirófano antitético y, sobretodo, con el posterior reparto que los reunirá junto a sus familias de adopción frente a unos ocasos bellamente renderizados.
Efectivamente, existe una nueva esperanza bajo los efluvios ventajosos de la luz.
Dibujando a Yoda


Dibujando a Yoda en 12 pasos, una de las actividades infantiles perpetrada por la web oficial de Star Wars: un auténtico y aprovechado site de... película.
La nueva mitología
...Los personajes de Star Wars están mucho más presentes en la memoria colectiva actual que por ejemplo los dioses y héroes griegos; de hecho se podría decir que estas películas "refieren la actuación memorable y ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo prestigioso y lejano".
Artículo de Susana Pajares Tosca: "Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana... Star Wars y la nueva mitología".
Otra visión del universo Star Wars.
Artículo de Susana Pajares Tosca: "Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana... Star Wars y la nueva mitología".
Otra visión del universo Star Wars.
Universo Star Wars
En este año Star Wars, el Cronicón inaugura una nueva subcategoría conceptual dedicada a analizar, desde un punto de vista cómplice, la obra magna de George Lucas. No seguirá ningún tipo de lógica interna ni responderá a una escaleta diseñada con propósitos dogmáticos. Se llamará Universo Star Wars y estará dirigida a todos aquellos que aún creen que El Halcón Milenario sigue siendo, ad eternium, la nave más rápida de la Galaxia y, en general, a los que creen que en el cine todavía queda un lugar para la recreación lúdica de nuestros sueños.

Tras la generación de la televisión y a la sombra del conflicto vietnamita, se incorporó a la industria cinematográfica una hornada de jovenes (titulados o no) universitarios de ascendencia cinéfila, empeñados en cambiar el modo de concebir el Cine y sus alrededores. Surgidos a la sombra de una industria que necesitaba, con urgencia, remodelar sus cánones productivos, los Coppola, Spielberg, De Palma, Scorsese o Lucas ayudaron a construir el Cine de los Grandes Estudios que hoy conocemos como un objeto de marketing rentable, connivente con el espectáculo y, evidentemente, popular.
El principal mérito de esta generación, sin embargo, fue el mantenimiento de la autoría, haciendo de su cine un Cine de personalísimo pero reconocible, festivo pero admirado. Gracias a ésto, los autores no sólo consiguieron recuperar el aprecio de las audiencias más jóvenes, sino conservar la mayor parte del control en un producto final tantas veces deteriorado por aquellos que interponen los intereses de los banqueros al noble fluir de las artes creativas.
La Guerra de las Galaxias ayudó, como la que más, a cambiar definitivamente el status quo cinematográfico, quebrando una de las leyes básicas del cine: "la rentabilidad de una película finaliza con la palabra The End". Es entendible, por tanto, que Lucas, en su afán de transgresión, dejara para el final la procesión de nombres responsables de la película (lo que le supondría un encontronazo con los sindicatos, que estuvo a punto de poner fin a la carrera comercial de la película) y, lo que es más importante, que aprovechara el control ejercido sobre todo aquello que excedía su obra creativa para construir el Imperio que hoy preside y fiscaliza. Como ya os he contado en alguna otra ocasión, Lucas hizo de su independencia una marca, una industria per se. Obsérvese, en este sentido, el nombre de una de sus empresas: la compañía de efectos especiales ILM (es decir, Industrial Light and Magic)
Pero Star Wars es mucho más ya veréis, heredera de la tradición westerniana, el space opera en formato pulp, de Tolkien y las mitologías germánicas, Flash Gordon o las monster movies. Cine de aventuras de linaje imaginativo realizado para recuperar, para todos los públicos, las constantes de las historias que siempre nos entusiasmaron.
Ya os contaré, ya.

Tras la generación de la televisión y a la sombra del conflicto vietnamita, se incorporó a la industria cinematográfica una hornada de jovenes (titulados o no) universitarios de ascendencia cinéfila, empeñados en cambiar el modo de concebir el Cine y sus alrededores. Surgidos a la sombra de una industria que necesitaba, con urgencia, remodelar sus cánones productivos, los Coppola, Spielberg, De Palma, Scorsese o Lucas ayudaron a construir el Cine de los Grandes Estudios que hoy conocemos como un objeto de marketing rentable, connivente con el espectáculo y, evidentemente, popular.
El principal mérito de esta generación, sin embargo, fue el mantenimiento de la autoría, haciendo de su cine un Cine de personalísimo pero reconocible, festivo pero admirado. Gracias a ésto, los autores no sólo consiguieron recuperar el aprecio de las audiencias más jóvenes, sino conservar la mayor parte del control en un producto final tantas veces deteriorado por aquellos que interponen los intereses de los banqueros al noble fluir de las artes creativas.
La Guerra de las Galaxias ayudó, como la que más, a cambiar definitivamente el status quo cinematográfico, quebrando una de las leyes básicas del cine: "la rentabilidad de una película finaliza con la palabra The End". Es entendible, por tanto, que Lucas, en su afán de transgresión, dejara para el final la procesión de nombres responsables de la película (lo que le supondría un encontronazo con los sindicatos, que estuvo a punto de poner fin a la carrera comercial de la película) y, lo que es más importante, que aprovechara el control ejercido sobre todo aquello que excedía su obra creativa para construir el Imperio que hoy preside y fiscaliza. Como ya os he contado en alguna otra ocasión, Lucas hizo de su independencia una marca, una industria per se. Obsérvese, en este sentido, el nombre de una de sus empresas: la compañía de efectos especiales ILM (es decir, Industrial Light and Magic)
Pero Star Wars es mucho más ya veréis, heredera de la tradición westerniana, el space opera en formato pulp, de Tolkien y las mitologías germánicas, Flash Gordon o las monster movies. Cine de aventuras de linaje imaginativo realizado para recuperar, para todos los públicos, las constantes de las historias que siempre nos entusiasmaron.
Ya os contaré, ya.













