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El Cronicón Cinéfilo

Encadenados II

Tal y como os anunciaba en el post anterior, el vagabundo de The Gold Rush no había sido el primero pero, sobretodo, no será el último en dejar todo tras de sí en búsqueda de metales preciosos. Siguiendo su estela afortunada el protagonista de Las Minas del Rey Salomón (1950), cazador superviviente en África, se sumerge en la búsqueda de un explorador por cuenta de la mujer de éste (quien le acompaña en su búsqueda) y tras sufrir una ingente cantidad de peligros culminará su aventura frente a la mina de diamantes que da título al film. Hablamos, claro está, del personaje creado por H. Rider Haggard: Allan Quatermain.

Quatermain es un apellido de gran calado cinéfilo que, por distorsión, nuestro subconsciente entronca con la primera gran obra que la Factoría Hammer dedicó al ámbito fantástico: El Experimento del Dr. Quatermass (adaptación cinematográfica del serial televisivo de la BBC creado por Nigel Kneale en 1953). Este film, al que le seguirían dos secuelas más: The X-Unknow y Quatermass and the Pit (sin duda, uno de las mejores cintas de ciencia ficción alienígena)convencería a la productora británica (y las cuentas bancarias de sus socios) de la necesidad de especializarse en un cine de género que acabaría cautivando a millones de personas a lo largo y ancho del planeta: el Fantástico.

Quatermass and the Pit


Será precisamente uno de aquellos cautivados fans, John Carpenter, quien en 1987 y en plena postproducción de El Príncipe de las Tinieblas, se atrevió a firmar el montaje de su film con el sugerente nombre de, ¿lo adivináis?, Martin Quatermass… ¿Y en homenaje a quién?

Al Cine, naturalmente.

(continuará)

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