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El Cronicón Cinéfilo

La hora de la araña

Es La Hora de la Araña. No, no me refiero a aquella película protagonizada por Morgan Freeman (abreviador título español del Along Come a Spider Along Come a Spider original). Y, por descontado, no me refiero a la Intertoto Cup que, a partir del sábado, los pupilos de Carlos Ferrando en el Atlético de Madrid intentarán capturar, parece mentira en un equipo de fútbol, disfrazados de telarañas con ojos.

Es, mejor dicho: debería ser la hora de hablar de Spiderman 2, de los fascinantes efectos visuales que rodean su postproducción, del protagonismo del Dr. Octopus, otrora, el único malo del serial Spiderman que mi infancia tebeística añora, de los ojos de Kirsten Dunst… Pero tampoco. O al menos no directamente puesto que hoy quería hablar de Sam Raimi, el director de la secuela que, a buen seguro, llenará los cines europeos próximamente.

Embeth Davitz con vértigo


En la memoria cinéfila proveniente de mi infancia ochentera perduran varios momentos que yo estimo substanciales para el crecimiento de mi pasión por este arte en movimiento, tantas veces, defenestrado por Jerry Bruckheimer. Uno de ellos, amén de un ciclo televisivo que incluyó el pase de La Máscara del Demonio y Las Tres Caras del Miedo (de Mario Bava) entre otras obras maestras, lo protagoniza el visionado de Posesión Infernal (ahora Evil Dead), el primer film de Raimi y todavía hoy: una de las propuestas más sugestivas y vibrantes del Slasher de bajo presupuesto de los 80. Algún tiempo después, cuando el Drácula de Coppola me reconciliaba con el Cine (desde entonces, en mayúsculas), tuve oportunidad de ver y disfrutar (casi como nunca antes lo había hecho) de la tercera parte de aquel film: Evil Dead III: Army of Darkness (El Ejército de las tinieblas), deslumbrante parificación entre el universo Rayharryhausiano donde, literalmente, puede suceder cualquier cosa, la Heroic Fantasy medieval, el humor (a veces incendiario) antiheróico de Bruce Campbell (un personaje de cómic de por sí) y la voluntad de estilo (encuadres, encadenados…) de un director que no parecía dejarse absorber por las, muchas veces, dudosas tendencias del mainstream.

De cómo diablos (y nunca mejor dicho) las andanzas de Bruce Campbell en busca del Necronomicón acaban en la Edad Media beowulfiana ya os hablaré otro día. Hoy sólo me queda recordar, con nostalgia, los tiempos en los que Sam Raimi rodaba su mejor film sobre superhéroes. ¿Lo adivináis?

¡Darkman!

2 comentarios

J. P. Bango -

El más divertido por descontado. Ya de paso, reivindicaremos a Bruce Campbell como único actor del mundo capaz de salir airoso en un papel tan autoparódico como el de Ash.

Un saludo.

JIP -

Larga vida a Ash... el más tonto y divertido de los antihéroes...