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El Cronicón Cinéfilo

Mar adentro: libertad y muerte

En la sorprendente filmografía de Amenábar pueden encontrarse con idéntico grado de naturalidad: estudiantes y profesores de la facultad de imagen aficionados a las snuff movies, mundos imaginados vividos como reales fruto del capricho de una corporación prospectiva, o historias de fantasmas victorianos con problemas de identidad..., pedazos de cine fantástico, en definitiva, que encuentran un hueco reconocido (por la mayoría de la crítica apelando a la complicidad y la contundencia de sus valores narrativos) y admirado (sobretodo por el público, aceptador de todas y cada una de las propuestas del director con un creciente nivel de expectación) en todo el firmamento cinéfilo, gracias a la habilidad e indiscutible talento narrativo del director.

Amenábar mirando Mar Adentro


Mar Adentro se desmarca de sus precedentes únicamente en el plano argumental, sumiendo la mayor parte de su metraje en el ámbito de la realidad (en sentido estricto), herencia de su basamento biográfico que, en buena lógica, sustrae la posibilidad de un final fundamentado en el efecto sorpresa de carácter fantástico (antes al contrario, el film se resuelve sin sobresaltos y con un desarrollo previsible). Pero, sin embargo, no deja de ser un film de Amenábar, el “brandman” con una personalidad más acusada y sugestiva a la hora de abordar los géneros que habitan la cinematografía hispana. Y como tal, Mar Adentro se rebela como un film dinámico y bien construido, deudor de conceptos provenientes del cine de Spielberg (equilibrio marciano entre los momentos dramáticos y el humor, preciso retratador de las convivencias familiares) y de Hitchcock (entendido como dominador absoluto de los gustos de un público cuyas emociones y sentimientos doblega y moldea a su antojo), y donde todos los elementos (musicales, fotográficos, interpretación de los actores, montaje...) que lo componen actúan de manera sinérgica entre sí, reforzando todas y cada una de las escenas en los momentos más intensos, con una funcionalidad envidiable que, algunos, en un alarde de puridad escrupulosa, considerarán redundante y repetitivo...

Mar adentro prosigue dando forma a los tópicos conceptuales conformadores de la filmografía amenabariana: triángulos amorosos (idealizados o no) de destino trágico; entramado relacionado con la muerte; delirios oníricos que adornan las ensoñaciones de sus personajes (seguramente, la escena más prescindible de la película sea aquella en que la mente de Sanpedro/Bardem abandona su cuerpo inerte y viaja, montaña arriba, en dirección a la playa para consumar una idealizada historia de amor pero, a pesar de todo, está afectada de un magnetismo imperturbable y seductor, una excepción fantasmagórica que aporta un grado de turbación a un conjunto hiperrealista y, claramente, melancólico).

Amenábar y Mateo Gil, conscientes del material dramático que tienen entre manos, se convidan a construir un guión repleto de momentos de humor (algunos altamente sarcásticos) cómplice y ciertamente, recurrente que, intercalados a lo largo del metraje, hacen llevadero un film de temática escabrosa y concepción desasosegante. Es, precisamente, la naturalidad con la que el director hispano-chileno afronta una historia tan contundente, uno de los activos más valorados por una platea de espectadores que asistían, conmovidos, a esa montaña rusa emocionante e intensa con la que Alejandro Amenábar ha querido conciliarse con el género melodramático a cambio de dos horas de auténtica doctrina cinematográfica.

En un film que destaca, sobremanera, por el notable nivel de sus interpretaciones, debemos enfatizar el trabajo impagable de Javier Bardem, transmutado por cuenta de su talento y por Jo Allen en Ramón Sampedro, completando un trabajo perfecto, cuya excelencia y repercusión colinda(rá) con el que Marlon Brando ejecutara para El Padrino de Coppola. Los gestos, la mirada, la apostura, el acento, su mera presencia en pantalla, se constituye por sí solo en un reclamo suficiente para aconsejar el visionado de tan estupenda y necesaria película.

Puntuación: 8,5

Lo más destacado: El trabajo de los actores y el dinamismo de la narración.

Lo menos destacado: que Amenábar acabe por tomarse demasiado en serio y consienta en alejar su obra de los géneros clásicos y, claro está, los límites argumentables ineludibles en toda adaptación biográfica.

4 comentarios

Job -

No. Definitivamente, "Mar adentro" no me parece una buena película. Salí del cine emocionado, y dos mesos después casi la detesto. Es carrinclona, sensiblona y sentimentaloide, y, lo peor, profundamente española. Y lo peor es la gente que ha surgido diciendo que el que piense que esta es una mala película es que no sabe de cine. Por supuesto, nos encontramos enfrente del caso clásico de que lo comercial a veces es bueno (dado que el mundo parece ya reconocer que mucho de lo comercial es nefasto). Por supuesto, lo comercial tiene grandes obras y grandes cineastas. Pero cuando hay algo que se considera bueno, como es este el caso, se promociona a más no poder. Hasta después de los Oscar no hemos parado de oir hablar de "Mar adentro" (ya ni hablo de los desproporcionadísimos 14 goyas que recibió, incluso en el de mejor guión donde, por cierto, el mejor guión del año ('La mala educación'), por su complejidad y originalidad, no estuvo ni nominado). Insisto: Es demagógica y estafadora, porque emociona utilizando las herramientas más extremas. Y eso que Amenábar decía que para él lo importante es la sutileza...
Esta es una película pastosa y cargadita cargadita de lágrimas y mocos.

Deshagámonos de responder "Amenábar y Almodóvar" cuando se nos pregunta qué cine español nos gusta. ¿Dónde está ya Berlanga? ¿Y el Fernán-Gómez de "El extraño viaje"? ¿Y Victor Erice?
Y pese a todo, como ya he dicho, yo salí satisfecho del cine. Y es que, por encima de todo, "Mar adentro" es una película contagiosa.

J. P. Bango -

Niñaaa! Un saludo! Déjate caer por estos lares cinéfilos más a menudo.

Cardu - Aurora -

En "Mar Adentro" encontré un mundo de sentimientos. Amor, Amistad, Familia; todos ellos bien definidos por los personajes que Amenábar nos muestra en este film.

Extraordinarias (por supuesto a mi parecer) las interpretaciones de Javier Bardem (actor que hasta esta película no había pertenecido a mi grupo de preferidos), así como la de Mabel Rivera.

No me despido sin enviarle un gran saludo a este gran crítico de cine y desearle que todo le vaya muy bien.

(Perdón, se me olvidaba una nota referente a esta película de cara a los Oscars. Si no le dan
el Oscar a la mejor película y a la mejor interpretación, el motivo será el mismo por el que se lo otorgaron en su día a Pedro Almodóvar).

Cardu

Juanlo -

Un acto de propaganda como en los tiempos de Lenin. Cine valiente y poco mas. Agujero narrativo de 45 minutos. Bardem muy bien. ¿Tu trabajas para PRISA?