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El Cronicón Cinéfilo

Dark Water: Melodrama de Terror

Drama familiar aderezado con cine de fantasmas, o al revés, y con el atenuante de ser obra del singular Hideo Nakata (The Ring), Dark Water nos cuenta la historia de la relación que una despistadiza madre, en vías de separación, mantiene con su pequeña hija (adicta a la exploración de recovecos oscuros) y su traslado y posterior convivencia en un viejo edificio de apartamentos, desvencijado y con constantes fugas de agua, que además guarda en su interior un terrible secreto.

Dark Water: Una historia japonesa de fantasmas


Dark Water se adentra en el mundillo de los fantasmas cinematografiados con un profundo respeto, husmeando en los orígenes de su condición espectral y dotándoles de una conciencia intuitiva y victimista, pero sobretodo presume de contar una historia de aparecidos renunciando expresamente a los efectos digitales (y, casi, a los no digitales), asesinatos sangrientos de ascendencia carnicera o sustos basados en el estruendo estereofónico, al introducir los elementos sobrenaturales de la narración con extremada naturalidad, alternando efectismos vistos más de una vez (pero, terriblemente, funcionales: grifos goteando, aguas turbias –imagen recurrente en el cine de terror contemporáneo-, ascensores con cámara de video, ruidos de cañerías) con imágenes turbadoras (como la creciente mancha de humedad que adorna el techo de la habitación de la niña o la incesante lluvia, cuya severidad se prolonga justo hasta el epílogo del film) que consiguen proyectar un cierto deje de inquietud y desasosiego. Nakata hace avanzar con altos niveles de angustia esta historia de fantasmas (imaginados o no) ideada, con brio narrativo y una cierta emotividad, a la medida de espectadores enamorados del melodrama sobrenatural.

El film de Hideo Nakata, en fin, se rebela como una obra de cariz pausado, contenedora de un par de interpretaciones brillantes (en especial la de la niña), un edificio enfermo que actúa de mcguffin delicioso, algunos personajes prescindibles (en especial, el abogado) y momentos de terror excelentes repercutidos sobre elementos sumamente cotidianos: una mochila roja escolar, un chubasquero amarillo, una mancha de agua en el techo, un operario inoperante... Imágenes suficientes, en definitiva, para rescatar del olvido a este pequeño film de género, que otras historias -más petulantes y caras- merecerían con mayor justicia.

Lo más destacado: La sobriedad del conjunto y la contundencia de su antepenúltimo final.

Lo menos destacado: Personajes prescindibles que sabotean el desarrollo de la narración.

Calificación: 7

2 comentarios

J. P. Bango -

Sí. Esto realmente motivaría una reflexión sobre el género de terror, últimamente, preocupado por ocupar sus fotogramas en cabriolas técnicas y efectismos de sonido, antes que indagar sobre la naturaleza del miedo y los turbios asuntos que lo conforman...

Quizás, el mayor desliz que cometen sus guionistas es la prefabricación de los momentos de "susto", algunos tan calculados y mecánicos que resultan fríos y terriblemente risibles.

Como contraposición a esto, The Ring (la de Nakata) obviaba la composición mecanicista, hasta el punto de convertir la famosa escena del televisor en una de las más terroríficas de los últimos años. En fin, quede este post para reivindicar a tipos como este Hideo Nakata y su cine de terror costumbrista...

Un saludo.

PaRaP -

Me encanta cuando el terror usa elementos cotidianos. No digo que no me maraville ante películas como Alien, però sólo cosas como The Ring, que juega con cintas, televisores, circulos dejados por un vaso, un teléfono sonando, etc. me han llegado a producir verdadero pánico.

Puede que sea por eso que me gusta tanto Stephen King, un escritor que siempre ha jugado con elementos triviales que nos rodean, desfigurandolos hasta obtener rostros terroríficos que, sin duda, han ocupado mis sueños en más de una noche.

¿Lo paradójico? Bienvenidos sean!

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