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El Cronicón Cinéfilo

Historias de Cine III: The End

Ya abandonasteis la idea de estar viviendo en un sueño donde el futuro se sirve en tres actos celosamente estructurados por individuos recién salidos de la facultad de los sueños ilusorios, justo allí donde los riesgos nunca se consuman y cuando se consuman, aparece alguien encargado de contaros que todo, absolutamente todo, era mentira…

Ya dejasteis de vivir como propias las experiencias idealizadas de otros, los duelos y abatimientos de los que tú, amiga, nunca podrías salir sin mi ayuda y en el pasillo, te acuerdas de recuperar las prisas, salir por la puerta de emergencias, vomitar tu odio en el aparcamiento tras los huesos de un conductor novel que, efectivamente, no parece ser muy hábil al volante…

Y bajo vuestros pies repudiáis los restos de una vanidad que antes había sido un sabor salado, algo caliente, y un bote de cola con hielo y pajita, condenado a perdurar sólo hasta que a la salida, seducido por los colores y el ruido, por los gritos de unos niños que aprenden la doctrina del consumismo, te acuerdas de esa moneda, ay, y de esa caricia que el otro día te regalaron cuando en una situación parecida… la invitaste a otra bolsa de palomitas.

Y aquí quedo yo. Con la escoba en una mano y mis lágrimas, enjugadas, en la otra, esperando en la penumbra de una sala desalojada de sueños que este director presuntuoso del que tanto hablan se haya dignado esta vez a poner tras los dichosos títulos de crédito que sólo yo veo, el destete de la protagonista que anunciaban en aquel chat de internet.

Precisamente hoy que soy consciente, más que ningún otro día, de ser una de aquellas ficciones autocomplacientes de la que tanto acostumbran a crear estos personajillos engreídos y sin talento que pululan por la red de redes creyéndose, ingenuos ellos, que alguna vez vivirán de su saber cinéfilo…

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