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El Cronicón Cinéfilo

DCD: homenaje al tío Hitch

McGuffin: La excusa/pretexto/gimmick/gancho argumental que el director necesita para a) motivar a sus personajes, b) entretener a los espectadores, c) ocultar sus perversiones y constantes conceptuales. El McGuffin alcanzaría su lexicalización definitiva con una conversación con Truffaut (la del cazador de leones en Escocia) y con el libro inolvidable al que dio lugar. Por deformación (y dando la vuelta a su significado primigenio: es decir, "la nada", el McGuffin suele ser lo único destacable de las películas escritas con desidia.

Sospecha: La de los prismáticos de James Stewart; la de Teresa Wright para con su tío Joseph Cotten en La Sombra de una duda; la de Joan Fontaine respecto a la ama de llaves de Rebeca; la del vaso de leche que porta Cary Grant en -faltaría más- Sospecha.

AnimalesJunto con los niños, los únicos personajes que no se dejaban manipular por el tío Hitch. La leyenda dice que aconsejaba no rodar ninguna película con ellos. Lo dijo pero no lo cumplió: con los segundos amplió los límites del Cine de Terror hasta coquetear con la intolerabilidad (la secuencia de las gafas) y con los primeros, lo dio sentido (al filmar la irracionalidad de la violencia) y textura (con algunos planos antológicos y el uso impresionista del color).

Los niños y los pájaros


Actores: Herramientas al servicio de la causa.

Trenes: El mejor de los decorados hitchcocknianos: en él desaparecen ancianas aficionadas a las canciones silbadas (Alarma en el Expreso), se planean intercambios de asesinatos (Extraños en un tren), se conocen caballeros caraduras (Sospecha), se presentan a personajes cansados de huir de si mismos (La sombra de una duda) o sirven de preludio (elíptico) para actos sexuales de naturaleza explícita (Con la muerte en los talones)

Madre: La protagonista de la última etapa del mejor Cine de Hitchcock (desde Psicosis a La trama, pasando por Los Pájaros y Marnie). Dicen que el Cine de Spielberg presume de alguna fijación similar. No sé yo.

Marnie: La sublimación del Cine de Alfred Hitchcock. Descriptor del personaje hitchcockniano por excelencia: ambiguo, subyugador, apasionante, inolvidable.

Televisión: Medio anteriormente respetado que permitía series de una hora de duración, en blanco y negro, contenedoras de historias de intriga, terror y suspense escritas por Henry Slesar, Robet Bloch, Ray Bradbury, Marian Crockrell, Roald Dahl, Fredric Brown, Evan Hunter...

The Alfred Hitchcock Presents


Suspense: el plano medio de una bomba a punto estallar.

Cine: Un tipo en primer plano. Vamos a ver lo que está viendo. Supongamos que ve a una mujer con un bebé en los brazos. Ahora cortamos y recogemos su reacción ante lo que ve: él sonríe. ¿Cómo es el personaje? Es un hombre agradable, simpático... Ahora vamos a colocar un plano de una chica en bikini. Él mira. La chica en bikini. Él sonríe... ¿Qué nos parece ahora? Un viejo verde. Ya no es el mismo caballero a quien le gustaban los bebés..

Cameo: ornamento egocentrista presente en todas las películas del Maestro desde El enemigo de las rubias. Algunos tan hilarantes (e imaginativos) como el que protagoniza en Náufragos/Lifeboat (un anuncio en el periódico de unas pastillas adelgazantes) y otros, simplemente, rutinarios que sirven para atraer la atención del espectador desde la primera secuencia. Algo habitual en el cine de hoy (preguntad a Shylaman), uno de los más llamativos lo protagonizó Amenábar en Los otros al transformarse, nada más y nada menos, en uno de los cadáveres que aparecían en el libro de los muertos.

Hitchckoniano: adjetivo de naturaleza homenajeadora que define las mejores secuencias de suspense (y no sólo de suspense) de todos los tiempos.

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Sólo quedan ocho días


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2 comentarios

J. P. Bango -

En La Posada de Jamaica y en El Proceso Paradine, sí señor. En la primera era además productor. Y en la segunda, el juez... Me temo que tampoco se dejaba manipular.

Por cierto: La noche del cazador une, con una eficacia que Hitchcock enviadiaría en su momento, todas estas premisas.

Spaulding -

En realidad no solo incumplió la premisa de no trabajar con niños y animales. Había una tercera premisa que tampoco respetó: trabajar con Charles Laughton.