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El Cronicón Cinéfilo

Spiderman 2: la máscara del héroe

Un verano, digamos, ajetreado no me permitió ver en los cines la última película del bueno de Sam Raimi, en fin, ya lo sabéis todos: Sam Raimi no es lo que era. Lástima. Su cine, de ritmo frenético, chascarrillos hilarantes, montaje exacerbado y trabajo de cámara que lo hacía salir de lo habitual (y que alcanza su cima en la monumental Darkman) ha dejado paso a un artesano de productos de alto standing, bien producidos y mejor remunerados, que le permiten mostrarnos su maestría en la narración de las secuencias de acción y algún que otro momento destacable en un conjunto global defenestrado por las exigencias simplistas de los consumidores de palomitas a granel.



Spiderman 2, continúa la senda de su precedente como si no hubiera pasado el tiempo (esto es sencillo de resolver: no pasó apenas tiempo), repitiendo los entresijos emocionales que frustan la labor de superhéroe de la araña bípeda y la historia de amor que le une a Mary Jane (maravillosa Kirsten Durnst). También nos transforma en formato celuloso a uno de los mejores antagonistas de Spiderman: El Dr. Octopus, el científico brillante que –deseando cambiar el mundo para bien- transformó su conducta y objetivos por cuenta de una comuna de tentáculos de ascendencia parásita y esclavizadora.

El resto es más de lo mismo: efectos especiales digitales perfectamente integrados con las imágenes de acción real (que alguna tiene, sí), excelente dirección artística, interpretaciones estereotipadas y más o menos soportables y alguna escena de acción destacable entre otras más rutinarias y ruidosas.

Es un producto competente, no creáis, de trasfondo existencialista y, a veces, trágico (la base comicófila aporta su grano de arena en estas lides tremendistas), sobretodo gracias al personaje de James Franco (cuya complejidad y evolución se frustra, en un descuido de guión difícil de perdonar, por su presencia en la ceremonia del final) y al epílogo que se atreve a protagonizar bajo la tutela de su padre fantasma (y que augura antagonista en la próxima nueva secuela). No deja de repetir clichés y arquetipos harto manidos: la kriptonita emocional que perturba los poderes del arácnido; algunos rescates autocomplacientes (el de su tía, por ejemplo); la relación de alumno-maestro existente entre el antihéroe y su oponente… Y cuenta con algún que otro momento poco usual en estas contiendas superheroicas: a) la cantidad de veces que nuestro amigo se desenmascara, reclamando una cuota de protagonismo que, esperamos, en nada tiene que ver con el contrato de Tobey McGuire, y que normaliza la relación del pueblo y su héroe (véase: el rescate en el metropolitano); y b) el modo de resolver alguno de los conflictos planteados, desde el duelo entre los dos antagonistas a la relación platónica que une a Peter Parker con Mary Jane.

La película de Raimi, ya lo sabéis, no pasará a la historia de las adaptaciones cinematográficas de concepto superheroico pero se sabe construir una identidad reconocible en régimen de franquiciado que vaticina alguna secuela más y pingües beneficios económicos a menos que a los productores del asunto les dé por encargarle el trabajo al bueno de Joel Schumacher para que transforme esta historia de amor y superhéroes de aroma clásico y medios de producción abrumadores, en un espectáculo paródico con luces de discoteca y trajes ajustados. Mientras esto ocurre, Spiderman 2 se suma a la lista de divertimentos prefabricados ofertados por este, de otro lado poco brillante, año cinéfilo.

Calificación:6,5

Lo más destacado: El Dr. Octopus y los ojos de Kirsten Dunst.

Lo menos destacado:El carácter subsidiario del novio de Mary Jane.

4 comentarios

J. P. Bango -

Agente, coincido en tus apreciaciones sobre Raimi y la secuencia del quirófano. Si toda la película hubiera sido así, seguro que subiríamos esa nota...

Yo creo que el mejor Raimi no volverá: de hecho, hasta prepara un remake de Evil Dead. Pero al menos se permitirá la insolencia de autohomenajearse en todos sus próximos films. Algo es algo...

Agente Cooper -

Me pareció floja porque el guión me resultó infantiloide, sonrojante por momentos, y la dirección de Raimi, aunque solvente, carece de la energía y la chispa de otros tiempos. Cuando vi el cameo de Bruce Campbell y la fenomenal escena " 100% raiminiana" en la que Octopus se carga a los médicos pensé: "Ojalá toda la película hubiera sido así".
¿Por qué no hacer algo parecido a lo que hizo con Darkman? Los personajes son muy diferentes, sí, pero me refiero a que Spider-Man 2 carece del genio refrescante que sí tiene Darkman.
¿Hemos perdido al Raimi de antaño para siempre?... Me temo que sí.

J. P. Bango -

Completamente de acuerdo, sí. Pero debemos pedirle más a Raimi y a esos medios de producción tan epatantes. De lo contrario, el acomodo se instalará, peligrosamente, en nuestro divertimento (artístico) favorito.

Spaulding -

A mi parecer, aún siendo un producto estereotipado, me gustó bastante más que la primera entrega. No es que la tenga muy fresca. La ví en verano y, como todas las de este tipo, cuando sales del cine casi no te acuerdas ni de lo que acabas de ver. Pero tiene momento muy curiosos, cuando, por ejemplo, en pleno dilema de aparcar o no para siempre el disfraz de Spiderman, ve como apalizan a un tipo por la calle y sigue andando,sin plantearse casi el ayudarlo.

Curiosa, vaya. Y además mezcló bien la comedia con el drama interno del personaje.