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El Cronicón Cinéfilo

Blade Trinity: Duelo de vampiros sin garra

Blade vuelve, y lo hace con una tercera parte más luminosa (y que desprecia, en cierta manera, el trabajo que en sentido contrario ideara el bueno de Guillermo del Toro) y previsible, con más buenos que malos, con malos mucho menos seductores y con un montón de ganas de dar por finiquitada la serie a pesar de la renovación/rejuvenecimiento de sus arquetipos/protagonistas.

Un equipo de vampiros liderados por Danica Dalos (una Parker Posey genial) encuentra en el desierto jordano la tumba de Drácula (el cómo han dado con ella se omite, por supuesto) quien, tras despertar de su sueño centenario, devora a uno de sus congeneres y se traslada, claro, a EE.UU, para continuar su lucha contra los humanos que, aunque no lo saben, cuentan con la ayuda del lacayo vampiro por excelencia: el mutante Blade. Paralelamente a esta búsqueda, la singular vampira planea dejar fuera de control a nuestro amigo espadachín orquestando una campaña de desprestigio que le hará culpable del asesinato de un humano y que posibilitará su entrada en el calabozo con la connivencia de un más que despistado departamento del FBI. Pero Blade no está solo pues a su sombra está germinando una guerra de guerrillas que enfrentará a los vampiros contra los humanos y de la que los Nightstalker (vigilantes de la noche aficionados al exterminio vampírico, aquí liderados por Hannibal King, un ex-lacayo resentido, y por Abigail Whistler, una auténtica hija de... Whistler), tendrán mucho que decir (de hecho, casi más que el propio Blade).



Blade vuelve a cambiar de adversario enfrentándose al vampiro malvado por excelencia, Drácula (con poca entidad y menos presencia: en realidad, es como si no estuviera toda vez que no ofrece nada que no hayamos visto ya en las películas anteriores), redenominado Drake, tampoco sabemos muy bien porqué y sobretodo por qué lo saben los Nightstalker, y lo hace con un cierta desidia, sin apenas dejar un espacio para el humor (lo intenta Hannibal sin mucha suerte), repartiendo golpes a diestro y siniestro, con su moto y su chupa de cuero, con el acompañamiento de Abby Hustler, una suerte de Amazona (con su arco y todo), guapa pero de mirada adusta, de apariencia invencible pero escasa comicidad, para recuperar, después y sin mucho esfuerzo, la línea argumental de las otras, enfrentando al grupo de vigilantes a una comuna de vampiros sustentados por una entidad corporativa de origen farmacéutico que tiene como líderes a un par de chupasangres más virtuosos que los demás.

Wesley Snipes (extraño en él) se mueve como un personaje secundario en esta película que parece más un episodio piloto (caro, eso sí) de una serie de televisión que una película de Serie A al uso (a estas alturas, el formato catódico parecería el más viable para no seguir degenerando la historia; no toda va ser Buffy, ¿verdad?) y que cuenta con un buen puñado de lagunas argumentales, con un guión que sirve de excusa preparatoria de las numerosas pero poco sorprendentes escenas de acción, y con unos diálogos que, digamos, se resuelven con poca fortuna (algunos incluso de forma vergonzante). Obviando, pues, estos primeros (y rápidamente perceptibles) elementos definitorios, el cineasta/productor/guionista David S. Goyer sabe salvar su producto a base de ruido y testosterona, un par de ideas argumentales sugerentes (que no sabe explotar: la granja humana y los perros vampiro) y una endemoniada (y necesaria, visto lo visto) atención por el ritmo (algo de lo que carecen las ineficaces Constantine o Elektra).

David S. Goyer, cultiva el argumento prebélico ya anunciado en las películas anteriores entre el mundo de los vampiros y el de los humanos (algo parecido ocurría en Underworld, ¿no?), con sus células de resistencia incluidas, con colaboracionistas (naturalmente) en el bando de los poderosos (en la linea de Están Vivos pero sin un ápice de mordacidad), y con brutos torturadores (con voz y formas de Mister H) en el de los vampiros. Todo junto define un film, en fin, menor, olvidable pero decorosamente distraído.

Lo más destacado: la música es menos molesta de lo habitual en la serie Blade.

Lo menos destacado: la nula capacidad de sorpresa de todo el producto; el carácter rutinario de su argumento.

Calificación: 5

3 comentarios

J. P. Bango -

A mí la segunda me gustó, en comparación con la del amigo Norrington, claro, y más que nada por el estilo gótico de Del Toro que por la propia historia en sí.

Ésta, desde luego, parece cualquier cosa menos la obra personal de un guionista.

Jackal -

Es sin duda la peor de la trilogia. Es raro que David goyer sea el guionista de las dos primeras! Un wesley snipes con más cara de palo que en las otras dos y el único que se salva es Ryan Reynold con su humor.

Spaulding -

La verdad es que ésta no la he visto. Me quedé en la anterior, la del Toro. Y es que me pareció más de lo mismo. ¿No saben hacer otra cosa, esta gente, que alargar los éxitos hasta el infinito?