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El Cronicón Cinéfilo

El fuego de la venganza: Redención en tres actos.

No es un mal film este Man on Fire de Tony Scott, como tantas otras veces, más inspirado que su hermano Ridley, en esta historia de un tipo duro y de más duro, aún, pasado, contado bajo la perspectiva de la narrativa clásica. En su homenaje, y dado que a su heterogeneidad conceptual le cuesta soportar un análisis en conjunto (la percepción global del film rebaja notablemente su interés además de acercarla, peligrosamente, a conceptos ideológicos de ascendencia detestable...), procederé a comentar la película en tres partes:

La introducción:

Unos rótulos nos ponen en alerta de a) el gran número de secuestros que soportan las grandes ciudades mexicanas y b) las más numerosas mafias que se mueven en torno a este negocio delictivo. Es un dato introductor que flota a lo largo de la primera hora de película pero que sólo tiene una importancia contextual. Lo importante en esta primera parte es la presentación de los personajes. Y ahí es donde el cine de Tony Scott adquiere mayor dinamismo: Denzel Washington es un agente (suponemos) de la CIA retirado que visita a un ex-camarada a quien los negocios y la fortuna le han sonreido en el país vecino. Aprovechando la inercia del anfitrión exitoso, logrará convencer a nuestro amigo para que acepte una oferta de trabajo: ser el guardaespaldas de la hija (Dakota Fanning) de un empresario (Marc Anthony) mexicano.



La atmósfera de esta primera parte nos recuerda a Traffic, con calor y sentido coral, con tipos embebidos de frustración y con una impresión formal que realza las emociones/sentimientos de los personajes. También está Dakota Fanning, la nueva niña prodigio del cine hollywoodiense justificando, como la que más, sus honorarios, devorándose a sus oponentes interpretativos, repartiendo credibilidad y talento en cada uno de los numerosos planos que protagoniza en una introducción dominada por un buen pulso narrativo y una sabia utilización de los escenarios.

Todo junto construye una base suficientemente sólida para que el nudo de la historia funcionara por pura inercia.

El nudo:

Pero no. Tony Scott rompe el estilo narrativo y apuesta por la brusquedad. Es una subparcela totalmente opuesta a la anterior, de un ritmo exacerbado y poco justificable, arbitrario e inúltimente enérgico que presume de las vísceras y los comportamientos viscerales y/o primarios que colindan con lo reaccionario. Esta parte central (la que más dura y lo que perdura tras su visionado) se define por el uso irracional de la violencia, la inexistencia de momentos de intriga y/o drama, la persevarancia de una cámara alocada y molesta. Es, sí, la historia de la reacción de un tipo al que le arrebataron, de cuajo, el clavo ardiendo al que se había agarrado para poder sobrevivir a sus recuerdos.

El desenlace:

El final retoma el aliento, el pulso narrativo de la primera parte pero ya no nos vale. Es de corte redentor, habitual en los productos hollywoodiense financiados con propósitos moralistas, y apropiado, y no está exonerado de un cierto componente lírico-existencial que, sin embargo y en fin, resulta insuficiente para compensar la descarga de adrenalina de aires fascistoides que le precede.

Lo más destacado: Dakota Fanning (otra vez); el uso del las texturas y el color; la excelente primera hora de película.

Lo menos destacado: que la heterogeneidad planteada por el guión de Helgegand la entienda el bueno de Scott como un campo de pruebas; el autocomplaciente tono videoclipero de muchas de sus secuencias; su duración.

Calificación: 6

2 comentarios

J. P. Bango -

Es una película, ciertamente, a la que le falta un mínimo equilibrio. La primera parte puede entenderse como redundante, está claro, pero fluye con una cierta competencia. La tara, en tal caso, sería la excesiva duración de la misma más que las propuestas repetitivas de su planteamiento (es como si Tony Scott o su guionista Helgeland necesitaran una justificación empática para la sanguinolenta orgía que sucede en el nudo

Por cierto, Tony Scott (como Joel Schumacher) son artesanos más que competentes.

Spaulding -

Lo encuentro un film correcto, ante todo por esa parte central, a lo Harry el Sucio, ciertamente distraida y violenta.

Me sobra, en exceso, toda la primera hora, para mí repetitiva hasta límites insospechados. Y, por supuesto, ese final redentor (como usted muy bien define), resulta un tanto molesto.