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El Cronicón Cinéfilo

Rutina catódica

Será, seguramente, fruto de una vida cada vez más imbuida en la rutina y en los quehaceres habituales, que desprecia cualquier vinculación con la creatividad y se identifica, con demasiada facilidad, con el conformismo.... Será, digo, que cada vez somos más conscientes de ser la parte más acomodada de este gris sistema que nos mantiene y sustenta, que hemos habituado a nuestras neuronas a trabajar menos de noche, a estirar las piernas por exceso en nuestros periodos de ocio, a dormitar frente a un televisor petulante que entre basura y basura se atreve a encadenar nuestra existencia a una serie prefabricada, a una ficción tramposa (pero imprevisible) que, encima, se permite el lujo, cada semana, de regodearse de todos sus seguidores haciendo de si misma una experiencia cada vez más emocionante e imprescindible, una obra televisiva lúcida y distraída.

Lo digo porque hoy es jueves y en lugar de estar disfrutando de Inquietud de Manoel De Oliveira tendré que dividir mi cerebelo en el seguimiento de dos series, tan distintas entre sí como esencialmente vibrantes, que están a punto de finalizar sus presentes temporadas. Una, Perdidos, de la que ya os hablé en recientes fechas, se está acostumbrando a rebosar los límites de la emoción ficcionada, de la aventura superlativa y vibrante, con su remedo de tantos cuentos y leyendas, con ese pastiche genérico tan habitual en las producciones cinematográficas de índole evocadoras que provocan y absorben las voluntades de aquellos que tanto disfrutamos con las historias novelescas de toda la vida.



La otra, 24, serie de espías y terroristas, policías reaccionarios y presidentes yanquis en apuros, es tan detestable ideológicamente como sumamente descreída, tan discutible e impertinente como solaz y cimbreante. Es, en realidad y a pesar de las proclamas retrógradas que subyacen en buena parte de sus soluciones argumentales, un serial en el mejor sentido de la palabra, de hecho, representa el paradigma de lo que debe ofrecer un producto de su naturaleza: una formulación de personajes a base de golpes (tiros y disputas internas), un argumento basado en cliffhanger de interés creciente, una acción continuada e imparable, ingentes dosis de emoción y alternativa argumental y, sobretodo, situaciones que sobrepasan el paroxismo. Tanto que estoy seguro que acabará engulliéndose a si misma (así de atrevida es).

Ambas series constituyen, en si mismas, la esencia de la televisión de siempre: naturaleza disfrutable; dramatismo serializado; espectadores expectantes; consumidores satisfechos. Fórmula perfecta, pues, que alcanza en estos productos de género una cuota de calidad estimable y un montón de entusiastas y frecuentes seguidores que esperan, ya véis, el siguiente capítulo con una cierta sensación de apremio.

Es, claro, pura y dura televisión. Ese aparatito diabólico que no para de darnos rutina haciéndonos creer –con una gran convicción- que acabará sentándonos estupendamente. No es difícil pensar en otra metáfora más explícita...

2 comentarios

J. P. Bango -

Comparto tu interés por A dos metro bajo tierra (francamente inmejorable) y, sobretodo, por The Shield: la mejor serie policiaca desde...

Todas mantienen un nivel de calidad encomiable y, por encima de eso, elevan el nivel del formato televisivo considerablemente...

Espero ver de ambas sus terceras temporadas.

Agente Cooper -

Yo de "Lost" y "24" he visto muy poco, pero sí lo suficiente como para advertir que no me interesan. Y es que es difícil que una serie me enganche. Supongo que tiene que ver con que soy bastante poco paciente, me cuesta serle fiel a una serie y suelo detestar la estética televisiva.

De hecho, la única serie que ha conseguido fascinarme de verdad en los últimos meses ha sido "A dos metros bajo tierra", de la que he visto 2 temporadas en DVD y que, para mí, mantiene niveles altísimos de calidad en cuanto a guión, realización e interpretaciones. Esta cuidadísima... y se nota.

Otra que he seguido siempre que he podido ha sido "Los Soprano" (tengo que hacerme con los DVDs), "Buffy Cazavampiros" (una auténtica sorpresa, una serie tremendamente ingeniosa que en absoluto es lo que aparenta) y "The Shield" (excelente serie a la que, incomprensiblemente, no se la suele prestar atención).

(aunque por encima de todas siempre ha estado y estará "Twin Peaks", claro)