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El Cronicón Cinéfilo

El Maquinista: Paranoias y Remordimientos

Crear una ficción en torno a una paranoia suele ser materia prima de directores habituados a la transgresión (Cronenberg, Ferrara, Carpenter, Gilliam) por eso llama tanto la atención que una película con preclaras aspiraciones comerciales como The Machinist pierda tanto tiempo y metraje en desarrollar ideas y conceptos provenientes de un Cine, pues sí, no apto para todos los públicos e intelectos. Y aunque el director Brad Anderson ya había mostrado previamente sus notables aptitudes para la creación de atmósferas de terror cercanas a la heterodoxia (ver Session 9), no deja de sorprender el ambiente turbio y arriesgado que rezuma el visionado de esta interesante (y sorprendente) película.

Con esta aplaudible intención, Anderson nos va presentando el argumento de un individuo insomne y desmejorado que oculta, esto lo sabemos desde el prólogo, un secreto inconfesable; un misterio que, sospechamos, debe tener directa relación con la extraña enfermedad que lo asola. Incapacitado para comprender la causa última de su debilitamiento y condenado, al mismo tiempo, a vivir la funesta realidad en que se desarrolla su existencia (y contra la que llega a reaccionar de forma violenta), el hombre comenzará a indagar sobre su cotidianidad al hilo de desentrañar el sedimento misterioso que envuelve su vida.



A pesar de que a la premisa argumental (una falsa paralipsis que en algunas secuencias -mensajes en el frigorífico incluido- llega a recordarnos a Memento) le cuesta soportar la duración de un largometraje al uso, la presencia perenne de un transformado (e inquietante) Cristian Bale y su puesta en escena adulterada y poco convencional (más y cuando hablamos de una película de capital español) le otorga una apostura atractiva e intemporal, no apta para adictos a los modismos y, con el mismo compromiso, aconsejada para admiradores de los ritmos y texturas shyalamanistas, estilo del que también bebe este correcto film de Brad Anderson.

Ajeno a las prerrogativas del cine dramático (que debieran definir el estilo de su sinopsis argumental), pues, el cineasta norteamericano opta por rebozar a la película de inteligentes retazos de cine de género en su modalidad de thriller paranoico, fundamentado en el comportamiento autodefensivo que asume el protagonista en tanto se cree víctima de una conspiración que, entre otros asuntos, pretende expulsarle de la fábrica en la que trabaja, cuando no -directamente-, su muerte; actividad en la que también colabora la presencia de un no menos inquietante personaje, cuya presentación actúa a modo de catarsis.

La confusión entre la realidad y el delirio, entre la sustantividad y la ensoñación, define a un entramado, en fin, que se regodea en exceso de su original punto de partida pero que, sin embargo, sabe parecer (y ser) uno de las mejores historias de terror psicológico producidas por estos lares en lo que va de década.

Lo más destacado:
la encomiable labor interpretativa (a todos los niveles) del cada vez más imprescindible Cristian Bale.

Lo menos destacado: que el resto de actores no sepan evitar su condición de meros y funcionales arquetipos.

Calificación: 7,0

3 comentarios

Iban -

El maquinista es una película *increíble*. A primera vista puede parecer una locura, pero cuando te vas adentrando en el thriller descubres una trama inquietante, que muy bien supo interpretar Christian Bale. A mí me encantó y será una de mis proximas adquisiciones en DVD :-)

El Gato -

Todavía no he visto El maquinista.

Me han hablado muy bien de ella, pero tener como protagonista a Christian Bale..., no sé, le sigo viendo como a aquel chico "espesito" de El imperio del Sol. Parece que no ha cambiado tanto después de American phyco, El imperio del fuego o Batman beguins.

Bueno, démosle otro voto de confianza.

EKI -

Estoy mayoritariamente de acuerdo, aunque he de reconocer que depués de tanto bombo que se le dio me esperaba quizás un poquito más. Acabé con una sensación parecida que con session 9, que estamos ante el trabajo de alguien que sabe hacer cosas entre bien y muy bien hechas pero que no acaba de dar de sí todo lo que podría, no acaba de pulir esos detalles y rematar una gran faena.