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El Cronicón Cinéfilo

Punch Drunk Love: sinfonía de amor

Alejado de las duraciones inverosímiles que protagonizaran sus anteriores y reconocidos trabajos, Paul Thomas Anderson (a quien muchos ya consideran un Autor: veremos como le trata el paso del tiempo y las retrospectivas), trata de retomar aliento entre la mass media con una comedia apasionada donde el argumento funciona por pura complicidad a raíz de una excusa argumental de naturaleza kafkiana impregnada de no pocas dosis de surrealismo; un argumento, digo, invocado por la irrupción de un objeto, un pequeño piano, que rescata de su cotidianidad al protagonista y que impulsa, irremediablemente y hasta el fin, el desarrollo de toda la acción (puramente emocional) posterior.

En la oquedad de un despacho entretejido de sombras y frustraciones, no tardamos en reconocer (y comprender) a Barry Egan (Sandler, en uno de los papeles más soportables de su carrera), un tipo -gris y poco exitoso- exiliado de las convenciones del amor y la compostura; un joven administrador castrado incapaz de desarrollar su vida en plenitud por el acoso y azote al que le someten sus siete hermanas (impagable la contundencia/eficacia de la primera y única reunión familiar), alguna de ellas, empeñada en que el bueno de Barry logre enamorarse de una de las amigas de ésta.

Dos sucesos más, relacionados con actos del protagonista, precederán a la historia de amor (contumaz) insinuada en el título de la película: una, el descubrimiento de un error publicitario que le permitirá acumular pudding en ingentes cantidades para poder canjearlos después por millas de vuelo gratis (por cierto, basado en un hecho real y génesis motivadora de la película), y una llamada a una línea de sexo telefónico resuelta con una absurda conversación verborreica que, en último término, le convertirá en víctima (ma non troppo) de un peculiar grupo de estafadores (y que iniciará la más importante de cuantas subtramas contextuales se encargar de nutrir a la película).



El cineasta norteamericano juguetea con los personajes y los diálogos, estira los planos y los deforma a su antojo, consigue una unidad formal sobresaliente y colorista y se recrea -podíamos decir que en exceso- de un singular talento para la narración de secuencias cómplices (no es difícil identificarse con las situaciones que acontecen a este personaje) y/o surrealistas. Firma, en definitiva, los pedazos del Cine ultraplanificado que definen a este Punch Drunk Lovem como una historia de amor personalísima, absorbente y delicada, en la que Paul Thomas Anderson maneja con soltura los hilos de la narración absoluta, despojando a la película de cualquier residuo de cine comercial al uso, y al mismo tiempo dotándola de artificios y maniqueísmos que redundan y dotan de un gran efectismo a la historia; una historia, en la que destaca, por encima de todo (y de una manera sobresaliente), el uso emocional de la música y la banda sonora; el carácter psicodélico de las transiciones; la utilización de los colores y los espacios en consonancia o no con el estado de ánimo de los personajes, sin perder ni un ápice de ternura, empatía y tensión dramática.

Punch Drunk Love es -en su condición de fábula psicodélica y en fin-, una sublimación del amor en el Cine, arquetípico y lineal pero profundamente necesario en un modo de entender un tipo de Cine -y ocasional subgénero-, la comedia romántica, demasiadas veces mancillado por aquellos que pretendieron hacer de la experiencia amorosa cinematografiada... la práctica supraterrenal que nunca fue.

Lo más destacado: la interpretación de Adam Sandler; el inteligente uso narrativo concedido a unos objetos que finalmente no sirven para nada (el harmonio; el traje azul; la montaña de pudding...)

Lo menos destacado: que su (falsamente) aparente falta de pretensiones desvirtúe su inequívoca condición de comedia clarividente y mordaz.

Calificación: 8

5 comentarios

Queco -

Estupenda película. La disfruté un montón. Y tiene varias escenas que me pusieron la carne de gallina, de geniales.

Javier -

Una película estupenda que por no tener esa "grandilocuencia" al nivel de (por ejemplo) Magnolia al principio no te impresiona tanto, pero que luego te va gustando cada vez más.

Otro punto bueno es que el argumento es incluso verosímil, perfectamente creíble y seguible...lo que le da ese aspecto delirante y surreal (kafkiano es otro buen calificativo) no es tanto lo que pasa como la manera de mostrarlo. Por ejemplo, me encanta ese inicio en el que Adam Sandler sale del garaje lentamente, como atemorizado, sin que se vea gente, con la cámara en primera persona...casi como si estuvieras viendo una peli de zombies...y de repente ocurre el accidente sin sentido justo delante de él, un coche volcando a toda velocidad...me parece una manera estupenda de mostrar esa especie de miedo absurdo que le provoca a su personaje el mundo en general...la idea de salir del cascarón.

J. P. Bango -

Sí. Prometí no volver a criticar Magnolia hasta no visionarla en mejores condiciones, así que he de darle una segunda oportunidad.

Me ha hecho gracia el comentario de Roberto. Efectivamente, uno tiene la sensación de estar presenciando una película de Wes Anderson.

Roberto -

Lo cierto es que cogí con ganas esta pelicula, y me resultó muy interesante la manera de abordar el tan trillado "boy meets girl" partiendo de ciertos tics pero consiguiendo un resultado sorprendente.

Sin embargo, a partir del viaje de ambos a Hawaii, se le va la mano a Paul T. Anderson. Su presunta autoría le lleva a jugar en el terreno que mas le plazca y la peli se resiente. Es que al final, parece que estoy viendo una obra de Wes Anderson, mas que de Paul T. Anderson.

Saludos

luis -

Conseguir que nos identifiquemos con semejante personaje tiene tela...Para mi infinitamente mejor que Magnolia.