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El Cronicón Cinéfilo

Sin mirar hacia atrás

A veces no tengo nada que contaros. En realidad, es una sana perversión que trato de remediar en cuanto me siento frente al ordenador al abrigo de este teclado de sonido embelesador y, sin embargo, tantas veces distante. Es ahí cuando comienzo a evocar imágenes, diálogos, recuerdos proyectados de aquellas películas que alguna vez tuvieron algo que decirme, y comienzo a dejar que fluyan las palabras, a rellenar espacios de mejorable calado literario con el culto a la cinefilia que hoy me define. Hoy, sin embargo, ya os digo, no he encontrado nada que decir.

Abatido pues por una rutina inclemente que desprecia la iniciativa y la transgresión; desposeído, digo, de la condición lúcida necesaria para abordar temas que, a nosotros espectadores de este mundo, puedan resultar de cierto interés, me he abandonado a la lectura insensata de noticiarios internáuticos buscando, ya veis que ingenuidad, un solaz entretenimiento más allá de las sujeciones de la disección cinéfila, encontrándome de bruces -no podía ser de otro modo y me lo merezco por osado-, con la más cruda y triste realidad: con fragmentos de existencias desencantadas que asaltan verjas y cruzan mares helados y se agolpan por centenares en desahuciados bosques al amparo de aquellos que desde siempre se acostumbraron a hacer su agosto con los sueños e ilusiones de los demás.

Y no puedo evitar pensar en la contradicción que debe asolar a aquellos que tratan de forman parte de una Sociedad cuyo cartel de bienvenida es elevar la cota de su enrejado fronterizo.

Y no puedo siquiera imaginar qué es lo que tratan de dejar atrás, de qué huyen, qué pueden buscar aquellos que, sabiéndolo, vuelven a intentarlo.

2 comentarios

Roberto -

La emigración es un fenómeno que lamentablemente solo puede ser medido cuando realmente uno es partícipe de él. Dejar atrás todo lo que has conseguido o a toda tu gente y a tu familia, para lanzarte en una odisea de la cual nunca imaginas su futuro, es un hecho que pocos comprenden.

Lo digo por experiencia propia porque tb soy emigrante (en este caso de Cuba), y soy un inmigrante afortunado porque no he tenido que saltar una verja con espinas y que un grupo de personas intenten dispararme. Una vez pasado este trago, el camino es parecido para todos.

Un tema muy complejo, sin duda.

Saludos

Amigo Gagarin -

Hoy no encontraste nada sobre lo que escribir, pero sí a quien te leyó.
Duro, o peor: imposible, ponerse , aunque sólo sean 10 segundos, en la piel de uno de esos hombres 'cruzar la valla'.