Blogia
El Cronicón Cinéfilo

Bango y El Cronicón Cinéfilo

28 años. Contable mediocre a punto de dejar de serlo, técnico laboral desactualizado, documentalista en paro. Una de las víctimas de los programas de televisión desposeídos del afecto de la audiencia y de la infravaloración que define, en la mayoría de éstos, al departamento de Documentación que los apoya.

Escritor amateur, cinéfilo empedernido, lector de ciencia ficción, hábil perdedor de tiempo en utopías, aún conservaba intacto el recuerdo de aquella primera vez: ocurrió de niño, en un pase televisivo, a hurtadillas frente a una pantalla en blanco y negro que desconocía el significado de la palabra nitidez; y en ella un mundo de emociones inabarcable: un hombre trataba de sobrevivir a una cotidianidad que se había vuelto contra él; un sujeto condenado –por cuenta de una nube tóxica maldita - a desaparecer, centímetro a centímetro, de la realidad aparente que lo amparaba. Seguramente, El Increíble Hombre Menguante siga siendo una de las monster movies más mordaces y sarcásticas de todos los tiempos y, sin ninguna duda, la que posee una de las metáforas más incisivas para con el género humano. Y, con el mismo compromiso, siga siendo el mismo film lúcido y, a ratos, desasosegante ideado a medias por Richard Matheson y Jack Arnold en la lejana década de los cincuenta. El mismo film -hoy día- casi olvidado por un público joven habituado a dejar parte de sus pagas semanales en los bolsillos de Jerry Bruckheimer o Renne Zellweger...

Pero él, por aquel entonces un crío ingenuo y despistadizo, liberado de la capacidad del raciocinio filosófico por cuenta de un sistema educativo deficiente (y una falta de aptitud considerable –no nos vamos a engañar-), acababa de ser investido con el don de la admiración hacia las obras de creación artísticas, aún menores, y caminaba embriagado por la capacidad de absorción de un medio, el cinematográfico, que utilizaba los recursos propios de su lenguaje para contar historias cautivadoras, fascinantes, ensoñadoras. El medio de expresión ideal para enganchar a un niño de siete años que comenzaba a descubrir que el Mundo no era sino lo que había sobrevivido a una Historia cruenta y descarnada, y el Presente, abarrotado de educadores sin talento, regido por la inflexibilidad de los horarios, las prisas, la formación descafeinada, apenas si estaba dispuesto a dejar protagonismo a la imaginación, y mucho menos, a ese mundo emocionante, seductor, marciano dimanante de la pantalla de cine.

El visionado de El increíble hombre menguante fue uno de los primeros recuerdos de su infancia y, desde luego, el acontecimiento televisivo (junto al mundial 82) que cambió su vida. Después, descubrió Los Héroes del Tiempo y Brazil, Drácula y Edgar Allan Poe, El Imperio Contraataca y aquel ciclo magnífico de Alfred Hitchcock, Clint Eastwood, Charles Chaplin, Andrei Tarkovski…

Contemplando –cautivado- aquella colección de historias, imágenes, momentos extraordinarios se animó, con el paso de los años, a devolver a ese Arte magnífico parte de los grandes instantes que le había hecho pasar. Así que se fabricó un estilo de lenguaje para vindicar, con la pasión que también desprenden estas líneas, el Cine que siempre le gustó y del que sabía escribir. De este modo surgió El Cronicón Cinéfilo y su atención exagerada a los cineastas que admiraba: John Carpenter, David Cronenberg, Stanley Kubrick, Aldred Hitchcock, Brian de Palma, George Lucas, Steven Spielberg, Julio Medem, Ken Loach, Alejandro Amenábar, Terence Fisher, Roger Corman, Joe Dante, Terry Gilliam, Charles Chaplin, Orson Welles, Serguei. M. Eisenstein, Jiri Trnka, Roman Polanski, Quentin Tarantino, Hayao Miyazaki..., y a las constantes irreductibles que definen a la más inspirada de cuantas artes misceláneas pueblan nuestra modernidad: la Cinematografía.

Y así surgió el ardor que anima a estas líneas, el perfil egocentrista que ustedes están leyendo sobre la figura de un tipo discreto y reservado al que, simplemente, le dio por acercarse al mundo del Cine desde las trincheras de la escritura amateur. Justamente quien esto firma.

J. P. Bango

1 comentario

luis -

Me gustan estos ataques de egocentrismo lírico tuyos ;-)